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Presentación del número Temas de portada |
Capacitar en cultura: una necesidad estratégicaHéctor Ariel Olmos (*) La capacitación en cultura se ha convertido en una necesidad estratégica porque es esencial para la construcción de poder en el sector. ¿Qué se entiende por poder en política cultural? El fortalecimiento de la capacidad de decisión cultural en el sentido que entiende Bonfill Batalla (1) en el juego cotidiano de la política en el que cada sector busca aumentar su espacio de influencia. La unesco (1997) afirma que «el empoderamiento, basado en el principio de la autodeterminación cultural, es un objetivo al que aspiran particularmente las minorías. Por ejemplo, las poblaciones autóctonas que reclaman una devolución de poder a sus comunidades». Pero señala que es clave el acceso al poder «la formulación y aplicación de medidas concretas para promover dicho acceso es tarea tanto del Estado como de la sociedad civil. Solo la participación más amplia posible de todos los niveles de las sociedad en la vida cultural garantiza una vida plenamente democrática» (2) Se da el juego entre lo instituido desde el Estado y lo instituyente, que ha de venir de la sociedad civil: es responsabilidad del Estado asegurar que las instituciones públicas promuevan la contribución equitativa de todos los sectores de la sociedad. Desde el punto de vista de la sociedad civil, el empoderamiento exige el acceso a la información, así como a los canales de expresión, representación y corrección. Como se construye poder La ética ha de regir todas las acciones. Básicamente exige cumplir con lo que se dice, no prometer más de lo que se puede hacer y restituir el valor político a la palabra empeñada. Esto conlleva el respeto por el otro -un legítimo otro en la convivencia, al decir de Maturana a quien se ha prometido y a aquellos con quien se trabaja cotidianamente. Con tal entender como punto de partida, se construye poder:
La formación Para llevar a cabo estos enunciados se requiere personal altamente capacitado, con conocimientos y destrezas especiales. Por eso la formación, que es transversal a todos ellos, deviene en una de las líneas claves para la construcción de poder en el sector cultural. La eficacia y la eficiencia son imprescindibles para crecer desde la gestión. La formación debe apuntar a tres niveles:
Al mismo tiempo, es necesario desarrollar una metodología especial que tome en cuenta la existencia de una sociedad multicultural dado que gran parte de nuestros países tienen poblaciones de procedencias distintas y reconozca las diferencias favoreciendo la integración y el respeto mutuo, en momentos en que se dan inquietantes señales de fragmentación. Una definición clara Toda estrategia en formación cultural debe partir de una definición clara del concepto de cultura sobre el que se estructurarán las acciones. Porque el plan dependerá exclusivamente del marco en que se inserte: según se conciba a la cultura serán las actividades de capacitación que se organicen. Un modelo cerrado propondrá programación de artes y espectáculos, bellas letras. Modelo que en sus expresiones más «progresistas» señalará la importancia de «la democratización de la cultura» y la necesidad de «llevarla» a quienes no tienen acceso a ella. El modelo Malraux en la Francia gaullista, es un buen ejemplo: no habrá un solo ciudadano que no tenga a su alcance la posibilidad de acceder al disfrute de las grandes obras del espíritu. Y para eso se abren, a lo largo y ancho del territorio, «Casas de la Cultura»: equipamientos que posibilitan la realización de conciertos, muestras, teatro, cine... Incluso, en sus variantes más osadas puede llegar a proposiciones como «el Ministerio de Cultura (o el organismo que fuere) debe ser de y para los artistas». En Argentina se realizaron varios intentos de poner en marcha este planteo. En cambio, un modelo abierto considera a la cultura como «una forma integral de vida creada histórica y socialmente por una comunidad a partir de su particular manera de resolver desde lo físico, emocional y mental las relaciones que mantiene con la naturaleza, consigo misma, con otras comunidades y con lo que considera sagrado, con el propósito de dar continuidad y sentido a la totalidad de su existencia»(3). Planificar con un criterio regional de integración Una política cultural no puede plantearse en la actualidad a espaldas de las dinámicas de internacionalización que se están produciendo. Cuando los países integran bloques regionales, es aconsejable en realidad, imprescindible que desarrollen políticas culturales complementarias, que consideren a la región como un todo que necesita conocerse y crecer para mejorar, de manera interna, las condiciones de vida de sus poblaciones y, hacia fuera, su posición en el mundo. Las culturas encuentran los vasos comunicantes con más rapidez que los grupos, que a menudo rivalizan con dureza. En este campo, no existen las relaciones idílicas. Hay que desarmar bolsones de prejuicios vinculados a situaciones socioeconómicas y devenires históricos que contribuyeron a la cristalización de estereotipos que dificultan el conocimiento auténtico y, por lo tanto, la búsqueda de objetivos comunes. El argentino arrogante, el brasileño divertido, el mexicano machista, el chileno solapado, el paraguayo cerril, el peruano ladino, el caribeño haragán son figuras que poco y nada tienen que ver con las verdaderas idiosincrasias de nuestros pueblos y deben desmontarse para que el entendimiento y el desarrollo conjuntos sean posibles. Tarea que ha de conjugarse con las políticas educativas en especial con los programas de Ciencias Sociales en donde habría que empezar a considerar las guerras entre nuestros países como guerras civiles y desestructurar los discursos patrioteros en donde el malo de la película será siempre el vecino. El pasaje del Estado-nación al Estado-región es una forma de enfrentar las restricciones, los efectos negativos y las oportunidades de la globalización y, a la vez, la mejor manera de negociar con otros bloques de poder. Esto, que es ineludible para la concepción de la totalidad de las políticas públicas, en el área de cultura se vuelve vital a la hora de diseñar estrategias de creación y producción. ¿Cómo llegar a estos objetivos si no existe el personal capacitado? ¿Quién puede en nuestros países abocarse a semejante tarea, sin distinción de ámbitos privados o públicos? Aquí aparece el interrogante sobre los contenidos. ¿En qué capacitar? El grupo de especialistas convocados por el Consejo de Europa, referido por Schwarz(2000) recomienda los siguientes ítems para capacitar al personal de gestión cultural:
Considero que además resulta fundamental:
Este último ítem es esencial para el mutuo aprovechamiento del vínculo entre la gestión y la comunidad, puesto que contribuirá a legitimar la gestión ante la gente y la comunidad se beneficiará de una tarea bien implementada. Por ejemplo, ¿sería posible estudiar a fondo las estrategias de organización y supervivencia del Carnaval en el noroeste argentino que ha resistido todos los embates culturales imaginables, incluida la supresión de los feriados y los impedimentos a todo tipo de reunión durante la Dictadura militar para emplearlas en la gestión? Esta práctica proviene de la tradición oral y no han sido nunca necesarios los aparatos del Estado para su continuidad. Allí se dan las funciones, las redes, la comunicación, responsabilidades, niveles Argentina: lo oficial Quizás lo que sigue podría tomarse como ejemplo de lo que no debe hacerse en la formación. La capacitación en cultura en la Argentina no obedece a ningún plan estructurado ni a consenso de ningún tipo. Existen una multitud de ofertas a nivel público y privado pero sin un eje que las articule. La Secretaría de Cultura de la Nación que tiene rango de ministerio ha abierto una subárea de capacitación, dentro de la Coordinación de Acción Federal, dependiente de la Dirección Nacional de Acción Federal e Industrias Culturales. Una minicaja de quinta categoría en este juego de cajas chinas a la argentina, que intenta responder con el mínimo presupuesto a las necesidades de todo un país. Recordar el axioma: cuanto más líneas tiene la tarjeta de presentación menos relevante es el funcionario. No obstante, funcionarios casi maniatados por la inexistencia presupuestaria realizan encomiables esfuerzos para ofrecer alguna respuesta, aunque sea integrando cursos por un convenio con el Instituto Nacional de la Administración Pública (inap)(4), con el objetivo de acumular puntaje en sus carreras administrativas. La escasa jerarquía del área muestra que no se la considera de importancia estratégica para la gestión de Cultura. En el año 2001 la Secretaría de Cultura llevó a cabo un Diploma de Postgrado en Gestión y Política Cultural en convenio con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (flacso), que se discontinuó en el 2002 y se retomó en el 2003, ya sin financiamiento del Estado. La experiencia de asociación con universidades no se ha ampliado, no solo en esta área sino tampoco en las demás. La ciudad de Buenos Aires que cuenta con el presupuesto de Cultura más importante del país beca a sus agentes en un postgrado en Administración de Teatros que imparte la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, pero no tiene una estructura propia de capacitación dentro de esta área. En las administraciones provinciales se intentan acciones loables, como las encaradas por la provincia de Santa Cruz, en asociación con la Universidad Nacional de la Patagonia y el plan orgánico el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, que creó una Dirección de Investigación y Capacitación. La exigencia civil La sociedad civil hace sus aportes. Por eso aparecen propuestas de universidades públicas y privadas, de fundaciones, de organizaciones diferentes, para suplir las carencias. Cabe señalar que aun cuando en esta lista (que no es de ningún modo exhaustiva) se incluyan universidades públicas, no significa que remitan a una política estatal: corresponden a iniciativas de las casas de altos estudios que, en Argentina, son autónomas. a) Instancias de grado
b) Instancias de postgrado Maestrías y Especializaciones
Diplomados
Ocasionalmente se efectúan reuniones y congresos, con cierta espectacularidad por el relieve de las personalidades convocadas locales y del extranjero pero sus resultados, recomendaciones, sugerencias, jamás son tenidos en cuenta por las autoridades, que por lo común desconocen el capital humano con el que cuenta el país. También ocurre que cuando los coordinadores de las distintas ofertas formativas se conocen entre sí, acuerdan el aprovechamiento de un especialista extranjero para «sacarle el jugo» repartiendo los gastos. Pero no hay sistemas de compatibilidades entre las diferentes instancias a pesar de que en muchos casos los mismos docentes dictan similares contenidos. Y esto obedece a que no existen criterios acordados, ya sea para unificar las propuestas o diferenciarlas por especificidades. Las orientaciones responden más a la intuición, al «olfato» del director. Tampoco coinciden los perfiles de los egresados (en algunos casos ni siquiera hay perfil). En este sentido, cabe señalar el apoyo que en general brindan la aeci, la oei, unesco, los servicios culturales de las embajadas (con especial mención de las de España y Francia) y el Parlamento Cultural del Mercosur (parcum), entre otros. Pero falta tejer las redes que permitan estructurar eficazmente esos esfuerzos. La convocatoria que tienen estas ofertas (la lista no es exhaustiva) demuestra con claridad dos cosas:
Nos encontramos en un punto neurálgico. La calidad del capital humano será el factor determinante del éxito o el fracaso en la ejecución de una política cultural. Por eso, la capacitación se convierte en una necesidad estratégica. BibliografíaConsejo de Europa (1999): Sueños e identidades. Una aportación al debate sobre Cultura y Desarrollo en Europa, Barcelona, Interarts/Península, Colección El Observatorio. Martinell, Alfons (2002): «La gestión cultural: singularidad y perspectivas de futuro los agentes» en Alvarez, Marcelo y Lacarrieu, Mónica, compiladores(2002) en La (indi)gestión cultural, Buenos Aires, ciccus. Olmos, Héctor Ariel (2004): Cultura: el sentido del desarrollo, México, conaculta, colección Intersecciones Nº.2 (2004): «Políticas culturales y gestión» en SantillánOlmos, El Gestor Cultural. Ideas y experiencias para su capacitación, Buenos Aires, ciccus. Olmos, Héctor Ariel y Santillán Güemes, Ricardo(2000): Educar en Cultura, Buenos Aires, ciccus. (2003): La Educación Artística en una política Cultural, en Impulso Cultural Nº.0, México, sec, conaculta. Schwarz, Isabelle (2000): «Linking cultural management to local development The role of transnational cultural networks» en Interarts, Barcelona, include. The Cultural Manager as Key Agent for Local Development. UNESCO (1997):Nuestra diversidad creativa, México, Ediciones UNESCO Notas(1)Citado por Ricardo Santillán Gúemes (2000) El campo de la cultura : en Olmos-Santillán (2000) Educar en cultura, Buenos Aires CICCUS pp. 52-55 (2) UNESCO (1997): Nuestra diversidad creativa, México, Ediciones de UNESCO. (3). Olmos Santillán (2000): Educar en cultura, Buenos Aires, CICCUS, pp.38-73 (4) El INAP impartió las primeras maestrías en Cultura Argentina y en Gestión Cultural en el primer lustro de los 90, luego fueron desarticuladas en la gestión de Claudia Bello (presidencia de Carlos Menem), quien dejó sin embargo un área de capacitación que funcionó con seminarios itinerantes hasta 1999, año en el que el gobierno de De la Rúa el presidente fugitivo de los cacerolazos del 2001- la desmanteló. Héctor Ariel Olmos(*) Héctor Ariel Olmos es profesor en Letras por la Universidad de Buenos Aires y magister en Cultura Argentina por el Instituto Nacional de la Administración Pública (inap), de Argentina, diplomado en Cooperación Cultural Iberoamericana, por la Universidad de Barcelona, España. Ha realizado estudios de postgrado sobre Economía de la Cultura en Francia y en España. Ocupó distintos cargos de conducción en el área Cultura de Argentina. Consultor de instituciones públicas y privadas en cultura y educación, ha asesorado a los gobiernos de distintas provincias de la Argentina, y a organismos de otros países. Actualmente, actúa en diferentes áreas de la gestión al Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y es profesor en universidades de Argentina, México y Colombia. Acaba de publicar en México Cultura: El sentido del desarrollo, (conaculta, colección Intersecciones Nº. 2) donde explora las políticas culturales y su gestión en Iberoamérica y El gestor cultural. Ideas y experiencias para su capacitación (Buenos Aires, CICCUS) compilación con Ricardo Santillán Güemes, trabajo en el que se entrecruzan las nociones básicas que debe manejar el gestor cultural con la experiencia concreta de diversos profesionales.
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Estudios y
experiencias
Héctor Ariel Olmos
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