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Número 8 - abril-junio 2006

Imaginarios urbanos, espacio público y ciudad en América Latina

Florencia Quesada Avendaño(*)


Resumen: Se hace una caracterización general de las ciudades latinoamericanas contemporáneas, de sus principales problemas tales como: crecimiento de la población, segregación, pobreza, economía informal, la transformación del espacio público y el abandono del viejo centro histórico, la conformación de múltiples focos de desarrollo y crecimiento, y los nuevos usos y formas del espacio público y privado. Además, se analiza como estos cambios urbanos, y la conformación de las megaciudades y otras aglomeraciones urbanas latinoamericanas, han modificado las formas de vivir, percibir e imaginar la ciudad. Se explora como las representaciones simbólicas e imaginarios urbanos de los habitantes, según su condición económica y socio-cultural determinan los usos y vida cotidiana en las ciudades latinoamericanas.

Algunas cifras

Según un informe de las Naciones Unidas sobre las aglomeraciones urbanas realizado en el 2003, de las 24 megaciudades del mundo (con más de 8 millones de habitantes), cuatro se encuentran en América Latina: Ciudad de México (18,7 millones, la segunda ciudad más grande del mundo), São Paulo (17,9 millones), Buenos Aires (13 millones) y Río de Janeiro (11,2 millones). Lima, con 7,9 millones pronto formara parte de estas cifras oficiales que la colocarán entre las megaciudades latinoamericanas.(1) Entre 1950 y el año 2005 el porcentaje de la población urbana en América Latina y el Caribe pasó de 41,9% a 77,6%. Se estima que para el año 2030 esta cifra aumentará a 84,6%. Actualmente la mayoría de la población en América Latina y el Caribe es urbana, más que la población urbana europea (73,3%) y un poco menor que la población urbana norteamericana (80,8%).(2)

Según un informe de la CEPAL, sobre el Panorama Social de América Latina y el Caribe 2004, del total de la población pobre en el año 2002, el 66,2% vivía en zonas urbanas. En otras palabras alrededor de 146,7 millones de personas pobres viven en la ciudad. Con respecto a la distribución geográfica de la población pobre, casi la mitad se concentra en tan solo dos países: Brasil (30%) y México (17%). En Colombia y en el Istmo Centroamericano la población pobre en el año 2002 representó alrededor de un 10% del total regional.(3) En ese mismo informe de la CEPAL se señaló, que uno de los rasgos más sobresalientes de la situación social de América Latina es la marcada desigual distribución del ingreso que prevalece en la mayoría de los países, con la consiguiente polarización y segregación social. Los grupos más ricos reciben en promedio el 36,1% del ingreso de los hogares, aunque en países como Brasil, ese porcentaje supera el 45%.

Las ciudades latinoamericanas

La descripción general de algunas cifras y porcentajes del panorama urbano en América Latina y el Caribe, permite contextualizar y comprender de forma sintética el complejo panorama que caracteriza a las ciudades latinoamericanas en la actualidad. Me refiero al crecimiento urbano sin control —producto de la migración interna, tanto de zonas rurales, de otras ciudades y de países limítrofes— que ha provocado la formación de las megaciudades y grandes aglomeraciones, la extensión de los cinturones de miseria en las periferias urbanas, la continua segregación de la población en ghettos y residenciales exclusivos, la transformación del espacio público y la perdida de significación de los lugares públicos tradicionales como las plazas o parques centrales y del creciente aumento de las desigualdades. Los altos niveles de contaminación del aire y de los ríos, el colapso de algunos servicios públicos, la insuficiencia de recursos de las municipalidades para hacer frente a las necesidades de la población, el precario transporte público y el congestionamiento del tráfico urbano, se suman a esta lista de problemas urbanos que son el pan de cada día de las ciudades latinoamericanas. La fusión de todos estos factores, han provocado el deterioro de las condiciones de vida en general de los habitantes en las urbes, especialmente para los sectores pobres y de extrema pobreza que cada día son más numerosos en la ciudad.

Dentro de este complejo panorama es necesario entender cómo viven, perciben e imaginan las ciudades sus pobladores y como se modifican estas percepciones, como producto de las transformaciones en la ciudad. Las formación de megaciudades y otras grandes aglomeraciones en América Latina, plantean nuevos retos y formas de cómo analizar lo urbano, es dentro de este contexto que es fundamental repensar que está ocurriendo con la dimensión cultural en las ciudades latinoamericanas.(4)

Como apuntó el historiador e urbanista argentino Jorge Hardoy, lo que prevalece en América Latina desde hace varias décadas es una ciudad-región que combina las peores consecuencias de un masivo crecimiento demográfico y de un crecimiento físico sin controles, que han producido a la vez dos ciudades paralelas: la legal y la ilegal. La primera es parte de la historia oficial. La segunda está formada por los barrios pobres y las urbanizaciones ilegales y constituye un componente esencial de la ciudad latinoamericana contemporánea.

La ciudad ilegal, con un mosaico de nombres diferentes de acuerdo con cada país latinoamericano (callampas en Chile, pueblos jóvenes en Perú, favelas en Brasil, villas miseria en Argentina, vecindades o colonias populares en México, tugurios en Costa Rica, ranchos en Venezuela y Guatemala), ha transformado la estructura y el paisaje de las ciudades latinoamericanas. Estos asentamientos se localizan en los sitios menos favorecidos de la ciudad, generalmente en las laderas de las montañas o en los cauces de los ríos y están propensos a inundaciones y deslizamientos que ponen en riesgo la vida de sus pobladores. Si los asentamientos no son intervenidos por las autoridades, con el tiempo se convierten en permanentes y se comienzan a instalar algunos servicios públicos. En Lima y en sus desérticos suburbios hoy viven más de 2 millones de personas en los denominados irónicamente “pueblos jóvenes”. El ejemplo emblemático de la consolidación de un asentamiento ilegal y de su exitosa organización comunal es la Villa El Salvador en Lima, pero, la mayoría de estos asentamientos en medio del desierto, no cuentan con los mínimos servicios como agua potable.

El aumento de la economía o sector informal en las ciudades latinoamericanas es otro de los muchos problemas que aquejan por igual a las urbes en la región. Este sector informal, representado de manera más visible por los miles de vendedores ambulantes, está presente en las calles y aceras a lo largo y ancho del continente y plantea serios problemas de índoles social y económico. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo, el empleo urbano informal aumentó entre 1990 y 2003 del 43% al 46% en toda la región. La proporción de hombres empleados en la economía informal urbana también aumentó en la última década del 39,5% al 44% y afectó más a las mujeres, cuyo porcentaje se incrementó del 47,5% al 50%. En países como Perú, Bolivia y Ecuador y varios países centroamericanos este sector informal representa más del 60% de la PEA.(5)

El centro histórico y/o el casco antiguo de la ciudad, expresión de la traza fundacional propuesta por los colonizadores españoles, la retícula ajedrezada que constituía hasta alrededor de 1950 el corazón de las ciudades latinoamericanas, ha tenido un proceso de clara decadencia y degradación y una disminución de sus habitantes. El incremento de la contaminación, el tráfico y el fuerte congestionamiento en esas áreas centrales no estimula tampoco la inversión pública o privada. Los antiguos centros históricos, por ejemplo en el caso de las capitales centroamericanas, han sido tomados por los vendedores ambulantes que proliferan en sus estrechas aceras y calles y los comercios de baratijas “made in China” ahora colman los viejos almacenes comerciales. Muchos de estos edificios permanecen abandonados y en un continuo deterioro. La ausencia de recursos locales y la falta de interés para fomentar la inversión, no presentan un futuro muy alentador y existen pocas perspectivas a corto plazo para la transformación y renovación de los distritos centrales.

El proceso de deterioro se ha revertido en algunos casos a partir de la década de 1990, como en Lima, Quito, Bogotá y la Ciudad de México, que han llevado a cabo proyectos de restauración de sus antiguos centros históricos. Las que en otro tiempo fueran congestionadas calles y aceras llenas de ventas ambulantes, han sido literalmente limpiadas y los vendedores relocalizados a otros puntos de la ciudad, el patrimonio arquitectónico ha sido restaurado y se han creado bulevares peatonales y otros servicios que intentan recrear o emular a las ciudades de inicios del siglo XX. Casi como un modelo repetitivo, se vuelven a instalar faroles, bancas y todo tipo de infraestructura de inicios del siglo pasado, para emular ese glorioso pasado urbano que se ha idealizado. En algunas ciudades se impulsan proyectos de repoblamiento del antiguo centro. Por ejemplo, en San José, la Municipalidad como parte del Plan Director Urbano, ha propuesto la reutilización de los viejos comercios, y la remodelación de sus estructuras para convertirlos en edificios de apartamentos mixtos. Con esas medidas, se intenta dar vida y nuevos usos y funciones al centro tradicional “abandonado” por los sectores medios y altos; pero estos son apenas proyectos que la mayoría se quedan en el papel.

Al mismo tiempo, la segregación residencial sigue en incremento y se ha acentuado el proceso con una creciente polarización del espacio urbano. Con los crecientes niveles de delincuencia, secuestros, y otros crímenes, el enclaustramiento de las familias ricas en zonas protegidas, es la norma. El modelo de condominio de lujo con sistemas de seguridad privados se ha extendido en las ciudades de América Latina de forma generalizada. Las clases medias, que cada vez son menos numerosas, también han adoptado un sistema similar de vivienda en condominios o multifamiliares, con organización barrial. El acceso a estas antiguas vías públicas, ahora es privado, y el paso es regulado por los vecinos y los nuevos sistemas privados de seguridad mantenidos por los vecinos. Lo que también ha producido cambios sustanciales en el uso de las vías públicas, ahora convertidas en privadas.

En suma, la segregación espacial y el abandono del centro tradicional, plantea una transformación importante en los usos tradicionales del espacio público en la ciudad latinoamericana. No sólo las elites se segregan cada día más, sino también otros grupos sociales medios y populares siguen un patrón similar por razones de seguridad. Estos factores unidos al crecimiento en la periferia y diversificación de servicios, da como resultado que ya no exista un solo centro, sino múltiples centros dispersos. Las megaciudades latinoamericanas y otras capitales de “menor tamaño” son hoy día policéntricas, con diversos polos de desarrollo. A pesar de que en algunas de ellas todavía existe un centro simbólico, en la mayoría de las ciudades ya no es posible definir cuál es su centro. Las megaciudades y grandes aglomeraciones urbanas latinoamericanas se extienden como una gran mancha que se pierde en el horizonte, cuyos habitantes difícilmente llegan a conocer en su totalidad, y mucho menos a transitar o a imaginar en conjunto.

Un fenómeno de finales del siglo XX, en la mayoría de las ciudades latinoamericanas, es la proliferación de los macrocentros comerciales a la manera norteamericana, que representan hoy día un papel cultural de importancia. Los malls han producido nuevos “seudo-espacios públicos” para el consumo de un estilo de vida, que imita la cultura estadounidense, dominados y controlados por grandes franquicias extranjeras. En estos espacios se promueve un modelo de vida, representado, sobre todo, por los valores y cultura de los Estados Unidos. En ellos se consume desde comida rápida o chatarra, vestimenta de todo tipo, video juegos, discos compactos y diversos entretenimientos (como los multicines con el monopolio de la producción hollywoodiense). Además se ofrecen servicios públicos diversos, gimnasios, discotecas, oficinas públicas, todo en un solo espacio.

Los malls son lugares donde la arquitectura monumental importada, está asociada con el paseo y la recreación, pero ante nada son espacios creados y pensados para el consumo. A la vez, son un nuevo espacio público para la distinción y diferenciación simbólica especialmente de las clases altas y medias. La construcción ilimitada de estos “moles/males” comerciales (pareciera que se reproducen como hongos en el bosque), en diferentes puntos de la ciudad, no sólo ha cambiado el paisaje urbano, sino que también ha transformado el uso del espacio público en las ciudades de América Latina, además de reestructurar, en forma concentrada las inversiones, los servicios y provocar la desaparición de pequeños comercios y locales que no pueden competir con ellos.

La percepción de seguridad que se tiene de estos lugares, por sus condiciones de infraestructura, distinción, higiene y seguridad, también fomentan el uso de estos espacios comerciales para la sociabilidad. Por ejemplo, los padres de familia, preocupados por la seguridad de sus hijos —especialmente de los adolescentes—, prefieren que estos socialicen y se diviertan en el mall con sus amigos, en un ambiente cerrado y seguro, a que frecuenten otras zonas de la ciudad consideradas y percibidas como peligrosas. En suma, los centros comerciales han transformado de manera fundamental el uso del espacio urbano y del consumo, incluido el consumo cultural en las ciudades latinoamericanas.

La ciudad: las formas de vivirla, de imaginarla y de ¿compartirla?

La población urbana adopta diferentes estrategias y formas de vivir la ciudad de acuerdo con sus condiciones económicas y socio-culturales, cada habitante tiene formas diferentes de pensar e imaginar la ciudad, y adoptan prácticas territoriales particulares.(6) Según García Canclini, la ciudad “se concibe tanto como un lugar para vivir, como un espacio imaginado”. (7) Y las representaciones simbólicas o imaginarios urbanos permiten entender como el ciudadano percibe y usa la ciudad y como elaboran de manera colectiva ciertas maneras de entender la ciudad subjetiva, la ciudad imaginada, que termina guiando con más fuerza los usos y los afectos que la ciudad “real”.

La creación de las megaciudades en el caso de México, Brasil, Argentina y Perú, entre otras al igual que la formación de grandes aglomeraciones urbanas latinoamericanas, han modificado significativamente los usos, formas de vivir, pensar e imaginar a la ciudad. Gustavo Remedi argumenta, que como parte del proceso de transformación urbano de las últimas décadas, en las ciudades latinoamericanas se ha dado una transformación del modelo cultural. Remedi se refiere a cuatro fenómenos espaciales que han sido determinantes: “la emergencia de ‘zonas’ y ‘locales’ especializados para el paseo y el consumo, ‘la casa mundo’, ‘el barrio-mundo’ y el aumento de la importancia de los espacios públicos y virtuales (teléfono, radio, internet, video)”.(8)

La percepción y determinación que una zona de la ciudad es la más peligrosa, es la que incide en la decisión de transitar, habitar, o invertir en ella, no siempre basada en hechos y datos reales, sino muchas veces definida por la percepción que tenemos de esa zona específica de la ciudad y de ese “mapa mental” que nos hemos formado de ella. Algunos sectores, son considerados por ciertos grupos sociales como “peligrosos” por esas zonas violentas e inseguras nunca se transita. Para las elites urbanas, que se han recluido en sus “burbujas” y mundos exclusivos de condominios cerrados, clubes, escuelas, centros comerciales; el antiguo centro ha perdido sentido y valor. Ahora es un espacio “vacío”, según su nueva reconceptualización de la ciudad, ya no vale la pena frecuentarlo. Estos centros tradicionales, simbolizados por el parque o plaza central, que todavía conforman el centro histórico y son patrimonio arquitectónico en muchas ciudades latinoamericanas, han sido “tomados” especialmente por los sectores populares en la vida cotidiana, como lugar de trabajo y diversión, lo mismo que los nuevos inmigrantes que dan nuevos usos y funciones a ese espacio público.

Las percepciones reales o imaginadas de la inseguridad en las ciudades, no sólo han motivado a no frecuentar ciertos espacios, sino que también por temor a ser asaltado, secuestrado o agredido sus habitantes se han literalmente enclaustrado en sus espacios cerrados y privados, como ya lo analizamos. José Fuentes Gómez, menciona que esos “imaginarios asociados al miedo forman un conjuntos de imágenes concretas que en ciudades como Bogotá o México pueden llegar a dominar los imaginarios urbanos. Lejos de ser ficticios, tales imaginarios “encarnan la tensión social y el antagonismo de clases”.(9)

La percepción de la inseguridad está cada vez más generalizada en la población latinoamericana, el incremento de esta percepción tiene una base real en el aumento de los delitos, pero también está se promueve y se incentiva por el tratamiento de la noticia y sensacionalismo en los medios de comunicación.(10) En muchas de las grandes ciudades latinoamericanas, el encierro es la norma, en Buenos Aires, estos espacios son conocidos como “barrios con candado” y en la Ciudad de México se les denomina “fraccionamientos privados”. Se vive entre rejas, casa enrejada, barrio enrejado y vigilado, automóviles con múltiples alarmas antirobo, lo que también ha modificado el uso del espacio público para dar paso a una privatización del espacio, y a la vez ha debilitado el sentido comunal de los barrios y los lazos de solidaridad.

Para analizar un caso más específico, nos referiremos a una capital secundaria, San José, y al Gran Área Metropolitana (GAM) de la cual es parte. Un espacio de apenas 1.778 km2 que incluye a las principales ciudades del Valle Central y en el que vive más de la mitad de la población nacional. San José, sufre de los mismos problemas de las grandes megaciudades a una escala pequeña. Según un estudio realizado por el psicólogo Marco Fournier, la percepción de inseguridad en Costa Rica es desproporcionada con respecto a la inseguridad real. La sensación de inseguridad se origina de la crisis económica crónica del país y también por la frecuencia con que los medios de comunicación presentan los hechos delictivos de forma sensacionalista y distorsionada, entre algunas de sus causas.(11)

En San José y el GAM se vive siempre con miedo, a ser asaltado en la calle, en el autobús, en el carro, pero también dentro de su propia casa. Las viviendas difícilmente se dejan solas, y sus habitantes se vuelven esclavos de ellas. Los pobladores viven refugiados en “fortalezas”, reforzados con candados y cadenas: una ciudad hecha cárcel. El fenómeno afecta tanto a ricos, como clases medias o populares que invierten sumas considerables en instalar sistemas de seguridad para sus viviendas y automóviles, de acuerdo con sus posibilidades y recursos.

En el documental realizado por Hernán Jiménez sobre el fenómeno de encarcelamiento voluntario en San José: Doble llave y cadena: el encierro de una ciudad, se analizan estos imaginarios y percepciones de los costarricenses, y como los habitantes de San José cada vez más viven entre rejas.(12) Las viviendas, escuelas, parques y hasta iglesias rodeadas de barrotes y todo tipo de sistemas de seguridad, se asemejan a cárceles. Como dice el dicho popular: “los ciudadanos viven entre rejas y los delincuentes andan sueltos.” Esta actitud que revela un cambio cultural y social de gran trascendencia en la ciudad, forma parte de esos imaginarios urbanos de las grandes aglomeraciones latinoamericanas. Este cambio mental y cultural contrasta notablemente con el mito del pacifismo, con el cual siempre se ha caracterizado a Costa Rica, a su capital y por ende a sus habitantes. El punto central del documental, es que aunque probablemente los niveles de delincuencia e inseguridad se han incrementado en San José en los últimos años, son determinantes las percepciones de esa inseguridad y miedo que han creado una especie de paranoia en sus habitantes, y que los ha llevado de forma generalizada a protegerse y a aislarse.

Como lo analiza Jiménez en el documental, el modelo de aislamiento ha erosionado el sentido de comunidad en los barrios y residenciales. Los niños y niñas de sectores medios y altos salen muy poco a jugar en las calles, se vuelven cada vez más sedentarios y dependientes de la televisión o el nintendo, como formas de diversión dentro de su casa. Estas practicas y forma de vida, fomentan el individualismo y sedentarismo desde pequeños. Este fenómeno esencialmente urbano, Jiménez lo contrasta con la vida al aire libre, segura y tranquila en que todavía viven los habitantes de las zonas rurales del Valle Central.

Los inmigrantes nicaragüenses, la minoría de mayor importancia en la capital y en Costa Rica, forma parte de ese imaginario negativo y psicosis del miedo y de la “otredad”. Los nicaragüenses son percibidos como una amenaza(13) A estos se les achacan todos los males nacionales, incluidos la inseguridad y delincuencia, aunque irónica y contradictoriamente estos representan, entre otras cosas, una mano de obra fundamental para Costa Rica (construcción, servicio doméstico, agricultura). Estas percepciones y actitudes, promueven la xenofobia y el racismo y el consiguiente aislamiento de sus habitantes y la vida entre rejas.

Como lo analizamos, la segregación espacial y el crecimiento desmedido de las ciudades ha dado como resultado la existencia de muchas ciudades en una sola. Ciudades policéntricas, con una gran diversidad de formas de vivirla, pensarla y de apropiarse de diferentes espacios dentro de la misma. Como bien lo ha estudiado García Canclini para el caso de la Ciudad de México (identificó al menos cuatro diferentes ciudades), en los usos de la ciudad y los viajes urbanos que realizan sus habitantes se ha perdido la experiencia del conjunto urbano y se ha debilitado el sentido de solidaridad y el sentimiento de pertenencia.(14)

Como se presenta de forma crítica e irónica en la película mexicana Todo el poder de Fernando Sariñana, la visión total de la urbe y las percepciones de esa megaciudad, están fuertemente condicionadas por los medios de comunicación, como la televisión y la radio que son determinantes en la opinión pública.(15) En esta comedia urbana, el helicóptero que sobrevuela la ciudad, y cuenta cada mañana el estado general del tránsito —y de paso se refiere a la corrupción de sus políticos e inseguridad de los ciudadanos de forma irónica— es el único que puede dar una visión de conjunto de esa gigantesca mancha urbana que es la Ciudad de México. En otras palabras, sólo desde los aires es posible abarcar la vastedad de la segunda ciudad más grande del mundo, con volcanes de fondo y contaminación extrema.

Pero también, son las ciudades latinoamericanas —tanto las megaciudades como aglomeraciones medianas y de menor tamaño— los espacios donde convergen siglos de historia, y se superponen y entremezclan de muy variadas formas diferentes momentos históricos. Las ciudades latinoamericanas, son más que grandes cifras de pobreza, violencia y desigualdad social. Son también mestizas e híbridas, con una gran complejidad multicultural. Dentro del caos, también se generan formas creativas para enfrentar los problemas y se crean expresiones culturales originales que reflejan y representan ese mestizaje y confluencia de procesos. En un estudio que realizó Silverio González sobre el significado de Caracas para sus habitantes, quedó patente que esa capital es percibida como una ciudad caótica, pero al mismo tiempo, como un lugar de oportunidades. Como expresó un joven estudiante que cita González: “Caracas es el centro de muchas cosas, de muchas actividades, es una mezcla de valores, de cultura, de ideas, de ideologías… es como un volcán, ya sea por manifestación de alegría o por algo negativo”.(16)

Comprender y valorar la ciudad latinoamericana es tratar de conciliar esa diversidad de realidades y discursos, para buscar formas de coexistencia ante la diversidad, que tienden a expresarse en racismo, conflicto, polarización y miedo. La cultura urbana, o más bien las culturas urbanas, tienen un papel central en este proceso. ¿De qué forma es posible construir espacios públicos en las ciudades latinoamericanas contemporáneas dentro de dinámicas más democráticas y menos segregacionistas? ¿Cómo incorporar a los millones de pobres urbanos a las estructuras urbanas “legales” con los mismos derechos y posibilidades que el resto de los ciudadanos?

Según García Canclini, la pregunta central de lo que él denomina la multiculturalidad urbana, es comprender como coexisten las diversas ciudades y grupos en la ciudad latinoamericana contemporánea ¿Cómo se puede comprender una ciudad que ya no tiene centro y aparece disgregada, ciudades que están llenas de contradicciones, ciudades con los últimos avances tecnológicos y de comunicaciones y al mismo tan incomunicadas y congestionadas al interior de su propio entorno urbano?

En suma, lo esencial es como lograr la inclusión cultural de diversos sectores sociales, dentro de esa complejidad urbana y retomar los espacios públicos de la ciudad que tienden a la continua privatización del espacio. Cómo incorporar a los 146 millones de pobres —que arrojan las cifras oficiales— que viven en las márgenes, excluidos de la ciudad. Tarea ardua e imposible con el presente “modelo” de crecimiento urbano y económico que promueve una creciente segregación y polarización social. Y que excluyen a un “ejército” cada vez mayor de indigentes que colman las periferias urbanas, muchos de los cuales intentan ganarse la vida desde muy temprana edad, entre actos de magia y limpieza de parabrisas en las calles y semáforos latinoamericanos.


Notas

Florencia Quesada(*)

Doctorante en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Helsinki y de Historia de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) en París. Obtuvo un D.E.A en historia de la Université de Paris 1-Panthèon Sorbonne. Ha sido investigadora en la Universidad de Costa Rica. Actualmente es investigadora del Instituto Renvall, Universidad de Helsinki, e imparte cursos en esa universidad. También es profesora del programa AMELAT, de estudios avanzados de América Latina. Se ha especializado en la historia urbana de América Latina, especialmente de Guatemala y Costa Rica, como su libro, “En el Barrio Amón. Arquitectura, familia y sociabilidad del primer residencial de la elite urbana de San José”.

(1) Population Division of the Department of Economic and Social Affairs of the United Nations Secretariat. Urban Agglomerations 2003. http://www.un.org/esa/population/publications/wup2003/2003urban_agglo.htm

(2) Population Division of the Department of Economic and Social Affairs of the United Nations Secretariat. World Population Prospects: The 2004 Revision and World Urbanization Prospects: The 2003 Revision. http://esa.un.org/unpp/

(3) División de Desarrollo Social, Estadísticas y Proyecciones Económicas, CEPAL. Panorama Social de América Latina 2004. New York: CEPAL-Naciones Unidas, 2004. http://www.eclac.org

(4) García Canclini, Néstor. Imaginarios urbanos. Buenos Aires: EUDEBA, 1999, p. 76.

(5) Panorama Laboral 2004. Lima: OIT/Oficina Regional para América Latina y el Caribe, 2004. http://www.oit.org.pe/portal/despliegue_seccion_panorama.php?secCodigo=22

(6) Para el caso de Bogotá ver: Silva Armando. Bogotá Imaginada. Bogotá: Taurus, Convenio Andrés Bello, 2003.

(7) García Canclini, Op. Cit., p. 107.

(8) Remedi, Gustavo. “La ciudad latinoamericana S. A. (o el asalto al espacio público)”. Escenarios 2, No. 1, abril 2000, http://www.escenario2.org.uy/numero1/remedi.htm.

(9) Fuentes Gómez, José H. “Imágenes e imaginarios urbanos: su utilización en los estudios de las ciudades.” Ciudades. Imaginarios Urbanos, No. 46. abril-junio, 2000, RNIU, Puebla, México, pp. 3-10, p. 9.

(10) División de Desarrollo Social, Estadísticas y Proyecciones Económicas, CEPAL. Panorama Social de América Latina 1998. New York: CEPAL-Naciones Unidas, 1999. http://www.eclac.cl/publicaciones/DesarrolloSocial/0/lcg2050/Sintesis_1998.pdf

(11) Fournier, Marco Vinicio. “La violencia en Costa Rica: un problema estructural”. Revista de Ciencias Penales. Mayo-99, Año 11, No. 16. http://www.cienciaspenales.org/revista16f.htm

(12) Jiménez, Hernán. Doble Llave y Cadena: El Encierro de una Ciudad. Documental, Costa Rica, 2004, 42 min.

(13) Para un análisis de la construcción histórica de esa otredad y de la situación contemporánea ver Sandoval García, Carlos. Otros amenazantes. Los nicaragüenses y la formación de identidades nacionales en Costa Rica. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2002.

(14) García Canclini. Op. Cit., pp. 77-81. y García Canclini, Néstor, Castellanos Alejandro y Mantecón, Ana Rosas. La ciudad de los viajeros. Travesías e imaginarios urbanos: México, 1940-2000. Colección Antropología México: UAM / Grijalbo, 1996.

(15) Sariñana, Fernando (director). Todo el poder. México, 1999.

(16) González Téllez, Silverio. “Significado de Caracas para sus habitantes.” Ciudades. Imaginarios Urbanos, No. 46. abril-junio, 2000, RNIU, Puebla, México, pp. 18-24, p. 21.