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Número 9 - julio - octubre 2006

Jóvenes y cultura

María Paulina Soto Labbé (*)


Introducción

Este documento de opinión y análisis, tiene como finalidad situar algunas reflexiones y vivencias en el mañoso entrecruce entre juventudes y cultura. Digo mañoso porque es imposible pensar la una sin la otra, pero para conocer, los que trabajamos con la cabeza, acostumbramos a segmentar la realidad.

La narración se situará en el escenario llamado Chile urbano y transitaremos desde el cierre de la década de los años 80, a la actualidad. El actor analizado, son los jóvenes y el objeto de observación, sus lenguajes socio-culturales. La utilización del concepto generación, involucra disquisiciones desarrolladas en una ponencia anterior, donde en lo esencial, se rescata el concepto como referencia a los rasgos compartidos por sujetos que actúan en un escenario y época marcados por hitos y procesos, los que determinan su emergencia pública. De esta manera, generación, no se utiliza acá, en relación a un grupo humano delimitado por la edad.

0. Quien mira y habla

Uno, cuando dice “uno” quiere decir: yo y los como yo. Deshonesto o irreal, el caso es que a veces hablaré desde ese uno colectivo, otras, desde mi biografía y en ocasiones, como cronista o narradora de unas imágenes entrecortadas y sesgadas, siempre extraídas de mi propia forma de descomponer la realidad.

I. Crónica de un mal entendido

“¿Quién mató a Gaete?/ Lo mató la Corte Suprema o murió de pura pena/ lo mataron los nuevos tiempos porque el Gaete no cachó los nuevos vientos/” (Mauricio Redolés1)

Fue un comienzo lleno de ruidos.1989, es el año en que por hitos y convenciones de calendario, supondremos que nace la denominada generación de los 90. En su infancia, sonaban los ritmos de “Chile, la alegría ya viene2 y se le adelantaba la agenda de la transición política. Les correspondió ser herederos de la generación de los ochenta –ultrapolitizados, identificados con el “antipinochetismo” y repletos de discursos  utópicos-, y en este escenario, sus propias temáticas quedarían subsumidas en las demandas generales de la población, reflejo de una mayoritaria esperanza en los cambios. De este proceso, fueron pequeños testigos y el inicio de sus vidas juveniles, estuvo repleta de demandas “inflacionadas”, propias y ajenas.

Entre las ajenas, “los ochentistas” quisimos creer que se iniciaba una década con síntomas de apertura, mientras nuestros sueños apalabrados, gritados y rayados en cientos de murallas, comenzaban a quedar lentamente olvidados en las calles y plazas que habían sido ocupadas alegre y vehementemente para agitar y motorizar un “NO+”3 a la dictadura militar que nos había acompañado desde temprana edad.

Emerge entonces, un silencio público y en la política de estrado, hay lugar sólo para rostros y discursos antiguos y cada vez más alejados de estas dos generaciones de jóvenes, no tan jóvenes y los jóvenes-jóvenes. La representación de las convulsiones producidas, por la estratificación de las oportunidades e instauradas por el nuevo modelo socio-económico, se habían agudizado con la crisis económica de comienzos de los 80s. Estas convulsiones pasaron por nuestros propios cuerpos y en esta transición, fueron a parar a otras manos y a otros sujetos sociales que se habían constituido en tales, antes del Golpe militar de 1973 y que claramente tenían muy poca semejanza con los adolescentes que comenzaban a preferir exteriorizar su ruido interior en recitales, carretes 4 o en el estadio, donde claramente se sentían más protagónicos.

La denominada brecha generacional no era el único problema de este comienzo de transición, las expectativas de cambio tropezaban con los déficit estructurales del modelo económico. Recuerdo el primer balance de la transición política relacionado con la abrumadora cesantía juvenil de entonces y arrastrada desde la crisis de los 80; sólo uno de ocho trabajos que se habían creado en los primeros años de la transición política, lo ocupaba un joven. Lacra crónica que nos acompaña hasta la actualidad 5 y que pervive entremezclada con la informalidad y el abuso contractual.

Diagnóstico: Las cosas no marchaban bien.

En la lectura de los desgastadamente esperanzados, comenzaba a cristalizarse la convicción de que habíamos confiado en un desenlace irreal: “... y todos creímos en el cuento al final,  no era cierto,  el problema de fondo era otro, lo que pasa es que hubo un cambio de escenografía nada más" .

El discurso escepticista comienza a masificarse y la generación heredera, reemplazará el de la esperanza por un no-discurso y una actitud de indiferencia, de ironía, de reivindicación de la marginalidad social, o de una creciente adicción a la depresión y frustración 6.

Una de las mejores frases que recuerdo para expresar este cambio cultural sustantivo, es de Irene Agurto: Los jóvenes han aprendido otros mecanismos más perversos que subversos ” (Agurto:1994:363).  Ya no se organizan, no conspiran en grande, prefieren el truco y la careta y sólo los “pavos 7 ” se enfrentan oponiendo su rabia contenida.

Un concepto expresará como ninguno esta nueva anti postura social y política de los jóvenes; no estar “ni ahí”. El “niahinismo 8se instala en la jerga especializada y academicista como la representación máxima de una nueva forma de anomia social, aquella categoría que había sido aplicada a las poblaciones juveniles más empobrecidas de los años 80s, comenzaba, como una peste, a contagiar a la juventud no importando su ubicación socio-económica. Emergencia de conceptos, investigaciones, encuestas y mediciones para tratar de entender estos síntomas.  Estrategias y políticas de “integración”, la franja etaria para ser considerado joven en las políticas públicas, se expande desde los 25 años a los 29 años, los  mecanismos de promoción ya no convencen, las alternativas están desgastadas y por sobre todo, hay estigma comunicacional: para la prensa, esta será la generación de los jóvenes-problema.

Al no poder identificar su lugar, se les transformará en sospechosos de todo. Como respuesta a esta marca, los nombres de los grupos de rock urbano, reflejarán perfectamente este estigma. La nueva irreverencia es asumir todas las etiquetas de lo antisocial, ellas son su identidad; “Los peores de Chile”, ”Culpables de todo”, “Arkolikos Anónimos”, “Los BBS Paranoicos”, ”Los Profiados”, “Idolos de Nadie” “Retorcidos”, “Las Perejilas”,  etcétera. Estas señales también delatan una influencia musical e infiltraciones ideológicas tardías del punk británico y de otras corrientes contraculturales que a esa altura estaban suficientemente globalizadas.

Sus propios temas comienzan a confundirse con los que instalan los medios de comunicación y los agentes de poder que los digitan; violencia irracional, drogadicción, desborde de la sexualidad, suicidio. Todas estas patologías son atribuibles a la "enfermedad" que padecen. A esta mirada clínica, se agregan los mecanismos de control y represión.

Sin embargo y avanzada la década de los 90, los síntomas de desajuste que alarmaban, empiezan a traspasar las barreras etarias. Ya no son sólo los jóvenes los violentos y la toxicomanía (ilegal y legal), se convierte en un problema que cruza transversalmente la sociedad, los niveles de insatisfacción, de inseguridad y la enajenación consumista, rebalsan las categorías sociológicas clásicas que permitían entender y perfilar a los sujetos y su proyecto de vida.

En medio de este estado de confusión, muchos jóvenes no se inscriben en los registros electorales, ni desean ejercer ciudadanía política en su sentido más restrictivo 9. Carecen de integración simbólica con el acto, pues ya ha perdido sentido para ellos 10. Este síntoma de la enfermedad, se instala con consensuada preocupación en las distintas estructuras de poder y en la opinión pública, pues pone en interdicto el mecanismo formal de estabilidad y normalidad democrática. Los jóvenes deben delegar su cuota individual de poder, como todos los otros ciudadanos. Como ninguno, este síntoma activó la temática de lo juvenil al interior de la sociedad del poder o del poder de la sociedad. Con su ausencia electoral, estaban haciendo subversión, aún sin concertarse para ello.

Balance de mediados de la década: se había producido un mal entendido o un grave problema comunicacional.

II. Reporte del clima: hoy, el amor no comprometerá, las pasiones serán ocasionales y efímeras, la ternura y el erotismo serán instrumentales, habrán sólo algunas palabras en el cielo  y se esperan leves precipitaciones ideológicas por la tarde.

“Había acontecimientos, imágenes, sonidos, cuyo sentido de entrada radica en uno mismo, que fueron no tanto tomados, sino reducidos a palabras, y que más allá de las palabras, son aún más profundos y plenos de sentido que ellas mismas. Sueño con un hombre que olvida las lenguas de la Tierra hasta no comprender cuanto se dice en  ninguna de ellas”. (Elías Canetti)

¿ Se pregunta Canetti por el silencio o por lo que nos sustraen las palabras?.

El signo es siempre institucional y por tanto reducido a un grupo humano, no obstante, evoca imágenes que se perciben de distinta manera. Las señales y lenguajes de los 90 nos obligaron a preguntarnos por nuestros propios signos y sentidos, por palabras a las que le suponíamos un solo significado. “En el habla, la subjetividad se socializa” (Manuel Canales). Estas tránsfugas de subjetividades de los noventas, no llegaron a través de las palabras, o ellas, se hicieron insuficientes incluso siendo verdaderas catedrales góticas de racionalidad argumental, como es el caso de los denominados estudios culturales de la postmodernidad. 

¿Qué hay a la base de este cambio de códigos de comunicación y sus decodificadores?.

En mi opinión, un factor decisivo fue la discontinuidad histórica entre generaciones, producida por todas las formas de contrarrevolución conservadoras eclosionadas en la segunda mitad del siglo XX, destinadas a reprimir las dos formas masivas de revolucionar el mundo. De ellas, sólo la socio-política fue convertida en trauma. La segunda –la cultural-, se incrustó en un número crítico de gente que sobrevivió y logró  transmitir, mal o bien,  una visión de mundo que ya no volverá atrás desde que se proclamara a todos los vientos la consigna; “sexo, drogas y rock and roll”. La reivindicación de Eros en los proyectos de vida de cada ser humano, nos distanció radicalmente de la  trayectoria sufriente y culposa de la lectura vulgarizada del cristianismo tercermundista. Este es un factor de trascendencia y subversión en cualquier construcción civilizatoria, pero además, una vez adquirida la experiencia de sus beneficios, es irrenunciable.

En el caso chileno, la inteligencia represiva fue mucho más dura contra todas las versiones de Che Guevara, mientras contra las de John Lennon, fueron más indulgentes. Lo que sostengo es que si hubo una revolución que “pasó de largo”,  fue aquella que no era asesinable,  torturable ni desaparecible: la de la reivindicación del placer y de la risa. No planteo que este sea en la actualidad un escenario cercano siquiera a la realización de esta utopía, sino más bien que en la cotidianeidad motorizó muchos proyectos de vida y se transformó en una dimensión y medida de las cosas para muchos sujetos, desde hace ya tres generaciones.

A pesar que los hijos de los “sesentistas” suelen expresarse con compasión frente a los fracasados proyectos y estrategias generacionales de sus padres, esta distancia legítima no ha tenido potencia transformadora. “Creo que todo el mundo está más o menos atrapado o prisionero por los valores del pasado y de los valores de otros, y que el mundo sólo dispone del vocabulario heredado.  Claro está que hay oposición  antisocial, pero es al mismo tiempo otra cosa:  a la crítica de los valores de los adultos se añade algo más difuso. Se trata de intentar, por lo menos inicialmente, recrear la fiesta en su cuerpo inmediatamente y también en grupo en una forma colectiva. Podemos discutir sobre el valor de la fiesta, pero a ese nivel es en el que podemos situar el placer. Es importante entender por eso, no solamente el goce, sino la oposición a las nociones de aprendizaje, de lecciones, de normas, de instalación razonable, todas las nociones que las generaciones pasadas enseñaron y aprendieron para sobrevivir” (Oliverstein: 1985:12).

Inmensos problemas de injusticias y muerte nos siguen rodeando y no existe un código comunicacional fluido para representar lo que todo ello significa, las palabras para nombrarlos y expresar en ellas toda la carga del enfado, el horror, y la impotencia, son insuficientes e inadecuados. Es el conjunto y la misma diversidad de señales juveniles, las que testifica este reclamo ante la pérdida de lenguajes que expresen a cabalidad sus reclamos ante procesos en los que los jóvenes más lúcidos  no intervienen y que además, se intensifican y desarrollan a gran velocidad.

Creo que la limitante más frecuente en los estudios y diseños de políticas dirigidas al mundo juvenil,  es que se basan en la entrada a sus "mundos de vida", con patrones y modelos sociales petrificados. Durkheim nos indica con mucha claridad,  que sólo accederemos a entender otros mundos de vida, cuando aprehendamos las formas reales de integración socio-cultural de cada colectivo o sociedad. El no "apalabramiento" de muchos de los rasgos de expresión socio-cultural de los jóvenes en la actualidad, debiera llevarnos a reflexionar y balancear los errores que conlleva este déficit de lenguaje y decodificadores. En mi opinión, es infértil arriesgarnos a volver sobre paradigmas eurocentristas que han sido aplicados a la fuerza.

El error estás muy cerca. A comienzos de la década de los 90s se leyó las conductas juveniles como des-control social  y por ello, se les etiquetó como la "generación problema y sin voz". Se pensó que la ausencia de un discurso ordenador y explicativo de sus conductas rituales,  radicaba en que no tenían nada que decir y que eran meros actos sin sentido; carretear, la violencia en los estadios, el no inscribirse en los registros electorales o votar blanco y nulo, eran meros actos irracionales y no ameritaban más lectura que el desprecio de la lógica 11.

A esta falta de decodificadores desde la academia y la política, se suma una síntesis de crítica que hacen los propios jóvenes, a la herencia valórica de las generaciones antecesoras y a su exceso de apalabramiento. Una de las consecuencias de esta crítica, es el eclecticismo en las conductas. Emergen expresiones difusas e híbridas; se entremezclan discursos tradicionales con estéticas modernistas; dirigentes comunistas fuman pito 12, católicas conservadoras, se disfrazan de hippys,  jupys con vocación mística orientalista, discursos  marginales en los barrios ricos, legitimación del robo como mecanismo para acceder a un determinado status de integración social y rastas hechas en la peluquería.  Por su parte, la música deja de ser "discurso con melodía", las opiniones en fanzines y grafittis son drásticas y nada condescendientes. Los comics, tanto en sus temáticas como en sus dibujos, expresan de manera grotesca cánones estéticos casi incomprensibles para los más viejos. “Basta para acabar de convencerse, que el inmenso movimiento de la música "pop" se canta en un lenguaje ininteligible para  la mayoría de entre ellos y que los periódicos "underground" están llenos de onomatopeyas o de juicios de valor tanto breves como definitivos y de dibujos grotescos y deformados que escapan totalmente a nuestros criterios de belleza. (Olievenstein:1985:11)

III.-  El Estado ¿se clandestinizó o se disfrazó de global?

"No quiero que mi casa esté amurallada por todos lados y mis ventanas tapiadas. Quiero que las culturas de todas las tierras se difundan por mi casa tan libremente como sea posible. Pero me niego a que alguna de ellas  me avasalle". (M. Gandhi)

En nuestros países, y en particular en Chile, el Estado antecede la constitución de la nación y su influencia en la emergencia de actores sociales, es indiscutible. Como hemos señalado, en esta década, el actor juvenil entra en las preocupaciones públicas asociado a la preocupación que genera su ausencia en las formas de representación política formal y específicamente en el espacio electoral.

En 1994, el Primer Informe Nacional de Juventud emitido por el organismo público a cargo del tema 13, abrió un espacio, o tal vez llenó un vacío, oficializando a través de él, un llamado al diálogo intergeneracional para la comprensión de los cambios que estaban aconteciendo. En el artículo que prologa la publicación, Pancho Estévez 14 señalaba: “(este informe) representa un punto de inflexión en una línea de continuidad que habiendo comprendido a distintas generaciones, manifiesta una misma preocupación e interés por los temas juveniles. Un recorrido de historias compartidas e identidades nunca acabadas y siempre buscadas, que vinculan a jóvenes de hoy con jóvenes de ayer, en un reconocimiento de diferencias y similitudes” (Estévez: 1994:11).

Al calor de este llamado, se abre un espacio a la divulgación de investigaciones sobre jóvenes, realizadas por jóvenes. Con ello, se comienzan a reconocer las representaciones juveniles desde una perspectiva más certera y sin manipulación informativa o política. Esto que parece una obviedad, no estuvo a la base de la obsesiva y voluntariosa orientación estatal de "integrar" a los jóvenes a un determinado proyecto, a una forma de ser y de vivir. Este planteamiento cruza hasta hoy, las discusiones sobre políticas juveniles en Chile.

Por su parte, el desafío no era menor, puesto que los investigadores acostumbrados a analizar discursos más o menos cerrados, desde entrevistas hasta encuestas, debimos aprender a decodificar rituales.

"Podemos observar una reflexibidad colectiva plural dentro de estas acciones colectivas,  que operan como procedimientos según los cuales un grupo o comunidad busca representar, entender y actuar sobre sí misma. Esencialmente esta "reflexividad pública" toma la forma realizativa de una praxis interactiva. Los lenguajes a través de los cuales un grupo comunica consigo mismo, no están únicamente confinados a los actos del habla; aquellos incluyen gestos, música, danza, representación simbólica. Esta reflexividad pública está también vinculada con la "liminalidad".(Beriaín:1990:49)

La socióloga argentina, Silvia Salzman de Cirasino señala al respecto: “El actual es un momento de gran riqueza simbólica y débil estructuración, donde el desenfreno es normal y los elementos de la cultura rompen sus ataduras habituales, cambian su configuración y se combinan imágenes extrañas y a veces aterradoras; la propia imagen del hombre aparece transformada. En este marco los ritos, por fugaces que sean , son una ‘representación dramática’ que articula un conjunto conceptual y nos muestran el rastro que nos permite describir la singularidad de la sociedad y la cultura contemporánea".

Ella  realiza un análisis de los ritos en la sociedad actual, etapa que denomina de "situación liminal",  de tránsito, de espera, o marginal. En esta etapa, pareciera que los individuos o grupos, están separados de su condición anterior y no incorporados a la nueva: "...se hallan fuera de la esfera de control normal, flotando fuera de las reglas".  En estos períodos, "vemos a hombres cuyo carácter extralógico se manifiesta en distintos modos de comportamiento: destructivo, creador, ridículo, irónico, enérgico, doliente, lascivo, sumiso, retador, pero siempre imprevisible."

Nos apoyamos entonces en una muy pequeña panoplia de enfoques que nos ayudaban a comprender el cambio de eje o de mirada. Jesús Ibáñez por ejemplo nos indicaba: "Los gestos y los movimientos traicionan a menudo las palabras"  (Ibáñez:1978:330).  Así como la voz es particularmente temporal, hay modos de expresión esencialmente espaciales, entre otros, aquellos que se refieren a los movimientos figurales del cuerpo. Cuando los cuerpos dicen más que las palabras.

Por su parte,  “el ‘imaginario del Estado supone que no hay diferencias o ‘desviaciones de sentido’ dentro de la sociedad, al menos él no se ocupa de ellas de otra manera que no sea considerándolas como ‘patologías’ o ‘anomias’. (...) la ‘cultura de Estado’ no distingue culturas sino sociedades, a lo más suponen que existe una identidad entre la sociedad y la cultura, lo cual lo libera de fenómenos que exceden el discurso social. Simplemente no los distingue” (Loreto López) .

Los propios investigadores jóvenes han reconocido este desajuste entre la mirada institucional y lo que ellos desde adentro observan: "Desde la institución, las políticas juveniles nos consideran como sector marginal y no participativo, al que hay que integrar o constituir en sujeto desde un escenario que no es el propio. No ven que los jóvenes siguen estableciendo sus prácticas y lazos sociales en la presencia (rito) y no en la reflexión (proyecto), en relaciones sociales no sujetas a la contractualidad, no formuladas en un papel, sino atravesadas por la experiencia establecidas en un vínculo prerreflexivo" (Matus: 1995). Complementa Contreras, en su estudio sobre el carrete:  "...es posible reconocer en el carrete un resabio antiautoritario duro en la agresividad contra lo institucional..." (Contreras:1994:49)

Como hemos dicho, entre los rasgos más notables de las conductas juveniles de ésta generación, está el distanciamiento y desprestigio de la cultura que se crea en torno a lo institucional o a sus espacios tradicionales de expresión (política y partidos políticos principalmente). Si bien este distanciamiento no ha modificado su rumbo, se observan indicios de reagrupamiento, alza de la voz en espacios públicos, definición de códigos de pertenencia valórica, entre otros. Por ejemplo en las últimas dos décadas, en el mundo juvenil,  la cultura "underground" apuntaba fuertemente a la idea de no ser "capturados", "cercados", ni por la estructura de poder tradicionales, ni por el mercado. Hoy esta propuesta radical, que se protegía con códigos propios y escapaba  a la comunicación intermediada por los medios de masas,  está en MTV, en Internet y en las tiendas de los mall, también los primeros “okupas” establecen mecanismos de interacción con la comunidad donde se instalan, dirigentes “garreros15” negocian con parlamentarios en la Moneda, Federaciones estudiantiles recuperan lentamente su rol de actores sociales, los comunicadores jóvenes y anodinos, comienzan a verse obligados a tomar postura política o ideológica.

Es indudable que la investigación en temas juveniles viene desde hace largo tiempo reclamando enfoques más culturalistas, históricos y etnográficos que permitan de manera más sustantiva conocer la sensibilidad juvenil actual. (Soto: 1996:43)

Nunca, como en las últimas décadas, hubo tantos jóvenes en Chile, aún cuando esta curva comienza a decaer. El alza de la tasa de crecimiento durante la segunda mitad del siglo instaló a los jóvenes como actor indiscutido del quehacer social, económico y cultural. Al respecto, las políticas estatales, han derivado de una lógica de intervencionismo que ha ratos se ha extremado en ambas direcciones; o desde los dispositivos de control indiscriminados (detención por sospecha), hasta la “política de la no política”.

La constante, sin embargo,  ha sido la idea de integrar a los jóvenes cuando éstos se escapan de los procesos definidos desde las estructuras de poder. Pienso que acompañar, es un concepto que disuelve, en parte, la anterior tendencia y disminuye las aprehensiones de los propios jóvenes  respecto de las instituciones formales. Las políticas nacionales están dirigidas a los denominados “sectores vulnerables” en esta misma idea  de la integración social, confundiendo este mecanismo de regulación social, recreativo, preventivo y formativo, con lo esencialmente creativo y liberador que es y debe ser la cultura.

Acompañar implica ir al lado, conocer, hacerse cómplice de los avances  y de los nuevos lenguajes, recorrer los mismos territorios y sobre todo definir criterios que rompan las fronteras  y compartimentos entre lo formal y lo informal, lo profundo y lo entretenido, lo político y lo deportivo, lo recreativo de lo serio, entre otras tantas dicotomías absurdas. Excepcionalmente será un desafío  establecer parámetros que si respeten las diferencias  cuando éstas sean esenciales para el acceso y oportunidad de algunas minorías discriminadas en tanto tales; etnias, sectores rurales, discapacitados, madres adolescentes, homosexuales y lesbianas,  toxicómanos, entre otros. Ninguno de ellos ha renunciado a sus derechos humanos.

Finalmente, las deformaciones que generan la imposición de culturas dominantes y la mercantilización del acceso, promoción y difusión de las actividades culturales de interés juvenil, sigue siendo una responsabilidad esencial del Estado, pues ambos fenómenos son efecto propio de la economía neoliberal en boga. No se podrá esperar del mercado que regule tales deformaciones. Como lo indica el Informe Mundial de Desarrollo Humano de 1999, “la nueva cultura transportada por la expansión de los mercados mundiales es inquietante (...) Las corrientes de cultura de hoy son desequilibradas, cargadas en un sólo sentido, de los países ricos a los países pobres”.

IV. Ensayando tipologías de análisis.

El desafío sigue siendo entender más que intervenir, pero entonces avanzamos en el  segundo lustro de la década, con notables riesgos y esfuerzos de comprensión. El enfoque cualitativo de investigación y las diversas disciplinas de las ciencias sociales y del arte, se complicaron, se concertaron en algunos encuentros de investigadores jóvenes o nuevos “juventólogos” y de esta manera, se acercaron a través de estudios breves pero profundos y apoyados en técnicas transfronterizas. Ellos nos permitieron en ese momento y en la actualidad, tener un buen registro de rituales y expresiones juveniles de aquella década.

Sintiéndome parte de este proceso, me he apoyado en varios de estos textos y en un siempre arbitrario esfuerzo por identificar grandes líneas ideológicas que ordenen discursos, conductas y rituales, me he autorizado a proponer al menos cuarto “mundos de vida” de adscripción de los jóvenes post ochentistas:

  1. Los jóvenes de la integración social.
  2. Los jóvenes en exclusión social.
  3. Los jóvenes del margen  tribal.
  4. Los jóvenes de la frontera global.

1. Los jóvenes integrados de los noventa, no desconocen y por tanto no niegan necesariamente los desajustes del modelo que se les ofrece. Sin embargo, han desarrollado mecanismos de adaptación -como la mayoría del mundo adulto-,  pues no están dispuestos a la “muerte social” que implicaría situarse en un espacio de disputa con ese modelo. Estos mecanismos que soslayan el proceso, son irónicos (juegos), cínicos (máscaras y disfraces) o de entrega (ceder). Su opción es por la sociedad expresada en “los otros”, a los que apelan como anclaje último. Un porcentaje mayoritario de la sociedad transita su juventud preparándose para cumplir y reproducir iguales roles de adultos, que sus antecesores. La 3º Encuesta nacional de juventud16, diseña tipologías para el análisis de los resultados. Entre estas, la que más se asimila a mi propuesta de tipología de jóvenes integrados, es aquella donde se ubican los que opinan por ejemplo, que la juventud es un período para “prepararse para tener éxito” y que para ello hay que “ser constante y trabajador” y, “tener un buen trabajo”. Que tienen cierta resignación con la pobreza, puesto que señalan que se debe a la falta de oportunidades, pero que siempre existirá. Según esta misma encuesta, este es un segmento cercano al 26,8% de la población encuestada, constituyéndose en el segundo grupo más numeroso adscrito a este tipo de opiniones. Según nivel socio económico, éste tipo de jóvenes se encuentran igualmente distribuidos en los sectores alto, medio y bajo, es decir, no pueden ser adscribibles a una clase social determinada.

2. Los lenguajes de la exclusión están más asociados a factores socio-económicos y  emergen junto al derrumbe del modelo promocional de escolaridad y trabajo digno, para salir de la pobreza. Cansados ya del sacrificio y el esfuerzo al que han apostado, desean la integración social y no logran acceder a ella a través de los mecanismos legales de construcción del “otro” al que aspiran ser; ni a través de los roles de estudiante-profesional, o de trabajador. El consumo y el status que él asigna, no es posible salvo robando o endeudándose de por vida. Su habla deseperanzada, es de subsistencia y no tienen energía colectiva y gregaria para irrumpir en forma de reclamo y resistencia. Es la situación que genera mayores índices de frustración y depresión. Es el espacio de los perdidos, de los que están más alejados del centro, de los que sobran y lo saben. Aquí es donde se legitima el individualismo a ultranza, el “todo vale” o “sálvate solo”. Tienen un discurso conservador y defensivo frente a la pobreza. En el ejercicio de adscripción  a la tipología de la encuesta del INJUV, son fácilmente asimilables quienes señalan que la juventud es el período para “encontrar pareja y formar familia” o para “hacer amigos”. Destacan la falta de espacio en las viviendas y el maltrato psicológico en las familias. Para tener éxito en la vida hay que ser constante, tener apoyo de los padres y fe en Dios. En estos segmentos es donde más evangélicos y mormones aparecen. La pobreza se produciría por la falta de oportunidades, la falta de ayuda del gobierno, la flojera y los vicios de las personas. Son un grupo reducido de la muestra, constituyendo el 11,2% de la misma.

3. La  sub cultura del margen, se sitúa en unos bordes distintos a los de la exclusión, pues se genera no sólo por motivos económicos y de acceso, la mayor de las veces es un sendero en el que se sienten cómodos, se pueden filtrar hacia los centros, pero les seduce más este “otro” y derrotero propio. Muchos,  pudiendo estar, no quieren estar en el centro al que les tocó pertenecer por herencia, no creen en él y se desplazan y recrean  en este nuevo espacio de refugio. No apuestan al “modelo” de éxito que les han replicado los adultos, cuestionan las opciones de ser y reivindican el querer por sobre el deber ser (¿cultura hedonista o reivindicación de los afectos por sobre las obligaciones?). Es una no propuesta, nace sustancialmente contestataria, poco autónoma, existe gracias a lo opuesto y sin embargo es la única que sugiere a través del discurso y los rituales, una construcción de cultura y pertenencias  disidentes y con perspectiva.

Adscribiéndolos a los estudios de los 90, podría decirse que son los mayores generadores de las denominadas “tribus urbanas”.

4. Los jóvenes de la frontera global, serían producto de las nuevas condiciones comunicacionales, o sea del desplazamiento y circulación de información y mensajes, en su forma virtual y material. Ellas estarían generando un cierto tipo de sujeto de frontera. Estos serían los habitantes que se ubican en el deslinde mismo, ni de un lado ni de otro, respecto de un centro socio-cultural masivamente deseado, destruyendo la compulsión por definirse en relación a él. Integran a su identidad, lo local y lo extranjero, tienen una mayor aceptación a la otredad y al devenir, pues aprenden a vivir en el espacio del intercambio. En su vida diaria, están expuestos a esta inmensidad de mensajes de otros, que circula dentro de la frontera comunicacional y a la vez  porfían espacios de autonomía y expresión individual. Toman especializadamente lo que necesitan y dejan pasar.

 En este espacio de todos y de nadie, se pueden reforzar las miradas especulares, los otros sabrán quién eres por ti mismo, a través del juego de la distinción y llevando al extremo tus particularidades,  pues es ello lo que te caracteriza e identifica. Descubrir tu ser distinto  y mostrarlo, es una característica generacional que es el valor de ser y atreverte a enfrentar los costos de la diferencia y de la individuación.  Esta experiencia de hacerte más individuo, viviendo en el medio -no mediatizado-, es una hipótesis que se podría semejar a la esperanza que declara Martín Hopenhayn: “Quisiera pensar  otra opción que me seduce y provoca, en la que la globalización podría  movilizar energías liberadoras. Me refiero al enriquecimiento transcultural, el encuentro con el radicalmente –otro. Allí, los jóvenes, por su mayor permeabilidad a nuevas expresiones y sensibilidades, cuentan con la primera opción de protagonismo” (Hopenhayn:1997:16).

A modo de cierre

En definitiva estas muchas señales, no congelan el problema, pues el período de prueba y transición  en las biografías individuales, es cada vez más prolongado y  extiende la incomodidad, como si no quisieran o pudieran  convertirse en adultos rápidamente. Paralelamente es impresionante la enorme sed de espiritualidad y ternura que se demanda, para transitar este confuso y prolongado período.

Yo, por mi parte, tengo la impresión de estar siempre en una expedición hacia lo desconocido, a la manera de un explorador que espera con ansia la sorpresa. En este vértigo,  el análisis de los discursos constituye solo una fuente más de interpretación de estas realidades imposibles de aprehender del todo, y el trayecto ha sido igual de experimental que el camino que están recorriendo los jóvenes que han transitado hacia una adultez incómoda y lejana, indagando ritual tras ritual y territorio por territorio, aquellas emociones,  palabras y actitudes que les hagan sentido.

Las huellas que marcan un camino y permiten a otros orientar las rutas ya probadas, están borrosas y desgastadas o han conducido reiteradamente a ninguna parte.

En definitiva, ésta parece ser una generación que en esta tensión entre razón y subjetividad, cerró el diafragma de sus emociones para disminuir los riesgos de los excesos de luz. Así se abrió un periodo de blanca oscuridad y las huellas que en ella se distinguen, están aún muy difusas y bifurcadas.

“¿Pero hay algo más, o el gesto se agota en este grito que mira hacia el cielo? Quizás el paganismo neotribal de nuestras ciudades responde todavía a una sed de utopías: voluntad micro-utópica que busca aglutinarse en tribus o pequeños grupos, y quiere construir imaginarios irreductibles  a la lógica del mercado, al consenso de la superestructura y  a la racionalización del trabajo”. (Hopenhayn: 1997:15)

Carreteando en la frontera, en  un sendero entre dos campos. Este podría ser el mundo imaginado de Jonh Lennon. Lo que es claro, es que se expande una ideología de la mano de esta generación, que ha aprendido, bien o mal,  a transitar no a un lado u otro, sino que dentro de la frontera misma.

Referencias

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BERIAIN, Josetxo. 1990.  Representaciones Colectivas y Proyecto de Modernidad. Editorial Anhtropos. Barcelona.

Contreras, Daniel. 1994. “Sujeto Juvenil y Espacios Rituales de Identidad: El Caso del Carrete”. Programa de Investigadores Jóvenes de la Escuela de Planificadores Sociales de SUR. Santiago, Chile.

Duarte, Claudio. ------. Juventudes de Chile. Colección Nosotros los Chilenos. LOM Ediciones Ltda... Santiago-Chile.

Durkheim, Emil. 1987. El Suicidio. (1897) Premia Editora.  2° edición.  Tahuapán Puebla, México.

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Hevia de la Barra, Felipe y Luco B.,Javiera: "Etnografía de la Fiesta Juvenil". Investigación preparada por CORSAPS para la O.M.S. Preinforme. Santiago, Diciembre  1994.

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Hopenhayn, Martín. 1997. “Nuclearse, Resistirse, Abrirse; Las tantas Señales en la Identidad Juvenil”. En: Revista Chilena de temas Sociológicos. Universidad Católica Blas Cañas.

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Matus, Cristian. 1995.  “Cultura, Rock y Modernización: Una mirada desde la sensibilidad juvenil”. Tesis Antropología. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile. Santiago, Chile.

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Salzman de Cirino, Silvia. 1995. “La Fugacidad del Rito en la Sociedad Contemporánea”. Ponencia en las V Jornadas  sobre alternativas religiosas en Latinoamérica. Santiago, Chile.

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Notas

1 Poeta y cantautor chileno.

2 Durante 1989, este fue el jingle de la campaña que invitó a la población a votar No en un plebiscito donde se definió la continuidad del dictador Augusto Pinochet en el poder.

3 Consigna sintética antidictatorial, rayada en los muros por el grupo de intervención artística CADA, y posteriormente masificada.

4 "El carrete es la fiesta ritual, el encuentro transversal entre personas que poseen biografías fuertemente disímiles que se descubren así mismos y a los otros como sujetos. Está asociado a la realidad juvenil y posee una cualidad específica, se concurre a él en búsqueda de sentido, de refuerzo y de identidad" en Contreras, pp.47. Existe un énfasis diferenciador que señala el estudio etnográfico de la fiesta y es el siguiente: " la fiesta, a diferencia del carrete... es un espacio de formas... a la fiesta se va con una intención... la fiesta es anónima no da cabida  a la intimidad, los individuos se reconocen por la imagen, los movimientos, el modo de bailar...Distinto es el carrete, allí la gente se conoce, el ambiente es íntimo, los individuos están unidos por la amistad, el cariño, las afinidades musicales o estéticas. En el carrete existe la noción de compartir algo..."  en Hevia y Luco. pp.6 . En nuestra opinión y con independencia  de los énfasis que cada práctica contenga, este concepto nos acerca a varios de las actividades y escenarios habituales de los jóvenes actualmente, llámense fiestas, peregrinaje urbano, conciertos, partidos de fútbol, incluso mochileo.

5 La situación de desempleo juvenil ha persistido ; “Chile es uno de los países latinoamericanos, junto a Argentina, Colombia y Panamá, que poseen los más altos índices de desempleo juvenil, el que en todos los casos es superior a dos dígitos, alcanzando en nuestro país un nivel cercano al 20%” (INJUV: 2000:74). De esta manera duplica el nivel país. “Por ejemplo, en septiembre de de 2004 el desempleo a nivel nacional llegaba a 9,7%, mientras que en el grupo de entre 15 y 24 años es más alto y subía hasta el 21,7%” (Duarte: 6)

6 La socióloga Silvia Salzman, realiza un análisis de los ritos en la sociedad actual, etapa que ella denomina: en "situación liminal",  de tránsito, de espera, o marginal. En esta etapa, pareciera que los individuos o grupos, están separados de su condición anterior y no incorporados a la nueva: "...se hallan fuera de la esfera de control normal, flotando fuera de las reglas".  En estos períodos, "vemos a hombres cuyo carácter extra-lógico se manifiesta en distintos modos de comportamiento: destructivo, creador, ridículo, irónico, enérgico, doliente, lascivo, sumiso, retador, pero siempre imprevisible."

7 Tonto, ingenuo.

8 Es un neologismo que proviene a su vez del chilenismo, es decir es el neochilenismo muy masificado: “ni ahí” o “no estoy ni ahí”. Se academiza semejándolo al concepto nihilismo. En rigor, se usa para referir las actitudes de indiferencia social de los jóvenes que no tienen postura definida, opinión ni actitud frente a diversos temas públicos.  

9 Según un estudio de FLACSO-Chile, la participación electoral de los jóvenes dentro del universo electoral ha disminuido drásticamente desde las elecciones de 1989 y hoy sólo representa al 15% del electorado. En la encuesta del INJUV (2004), el 29,9% de los jóvenes se declaró inscrito y un 70,1% se declaró no inscrito. Si esto se desglosa a partir del nivel socioeconómico, se constata que en el estrato alto hay una mayor cantidad de inscritos. Un 35% en el nivel alto, frente a 30,6% en el nivel medio y 27,9% en el nivel bajo (INJ, 2004).

10 Otros datos relevantes de la encuesta, son las razones por las que los jóvenes no están inscritos para votar. En primer lugar, 43,8% no lo haría porque la política no les interesa, luego un 12,3% porque no les “ha dado el tiempo”, y por último 9,0% porque les “da lata hacer el trámite” (INJ, 2004).

11 La socióloga Silvia Salzman, realiza un análisis de los ritos en la sociedad actual, etapa que ella denomina: en "situación liminal",  de tránsito, de espera, o marginal. En esta etapa, pareciera que los individuos o grupos, están separados de su condición anterior y no incorporados a la nueva: "...se hallan fuera de la esfera de control normal, flotando fuera de las reglas".  En estos períodos, "vemos a hombres cuyo carácter extralógico se manifiesta en distintos modos de comportamiento: destructivo, creador, ridículo, irónico, enérgico, doliente, lascivo, sumiso, retador, pero siempre imprevisible."

12 Marihuana.

13 Se trata del Instituto Nacional de la Juventud, quien ha venido desarrollando un aporte en la producción de información y análisis asociado al sector, desde comienzos de la década del 90.

14 El artículo es “El país que amaríamos” y Francisco (Pancho) Estévez, fue el primer y quizás el más destacado director nacional de este Instituto..

15 Pertenecientes a la Garra Blanca, barra de un equipo de fútbol chileno.

16 Se trata de una encuesta que realiza el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) y que cuenta con gran prestigio por lo riguroso de sus procedimientos y porque ha marcado muy certeramente las tendencias juveniles en la última década (INJUV:2000:124).


 

María Paulina Soto Labbé (*)

Investigadora con formación en metodologías cualitativas y con 15 años de docencia universitaria, durante los cuáles ha adaptado las técnicas de las Ciencias Sociales, a la formación investigativa de futuros profesionales de las disciplinas artísticas.

Trabajó varios años en la evaluación de programas de intervención para jóvenes, así como en la realización de estudios para este mismo sector, teniendo como marco las transformaciones socioculturales contemporáneas en la comprensión de temas tales como liderazgo, suicidio, prostitución, uso del tiempo libre, entre otros.

Desde el año 1997 trabaja en la institucionalidad cultural estatal, fundando y coordinando por 8 años, el  Departamento de Estudios y Documentación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Desde este espacio, ha desarrollado un conjunto de estudios sobre el sector cultural, entre los que destaca el proyecto Cartografía Cultural de Chile, Caracterización de los trabajadores de arte y la cultura, Consumo cultural y uso del tiempo libre, Participación de las actividades culturales en la economía del país y Aporte del cine chileno de la última década, en tanto industria cultural, así como constructor de imaginarios sociales. En la actualidad realiza una comisión de servicio en la recientemente creada Unidad de Patrimonio del mismo Consejo, destinada a la creación del Instituto Nacional del Patrimonio.

Ha participado en numerosos espacios de reflexión académica y política entorno a los temas derivados del quehacer  del Estado en Cultura. Actualmente, participa en la Red de investigadores culturales de los países iberoamericanos, lo que le ha permitido construir una visión panorámica sobre las temáticas prioritarias, las metodologías y los enfoques dominantes de la investigación para el sector.