Número 1 / Septiembre - Diciembre 2001

Estudios


Análisis del contenido de una exposición sobre la Protección del planeta
"El jardín planetario. Reconciliar al hombre con la Naturaleza"

(Exposición celebrada en La Villette, Paris, del 15 de septiembre de 1999 al 23 de enero de 2000,
bajo el alto patrocinio de la UNESCO).

Daniel Gil, Amparo Vilches y Mónica Edwards.
Universitat de Valencia (España)
Mario González.
Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Bogotá (Colombia)


Desde hace algunos años se viene insistiendo en la necesidad de que la educación preste una especial atención a la preparación de los ciudadanos y ciudadanas para hacer frente a la situación de crisis planetaria que estamos viviendo (Bybee 1991; Naciones Unidas 1992; Gayford 1993; Orr 1995). Este llamamiento se dirige a los educadores de cualquier materia y nivel y se extiende igualmente a los responsables de la educación “no reglada” (museos, medios de comunicación…). Centrándonos en este último aspecto y, más concretamente, en el papel que pueden jugar grandes exposiciones concebidas para favorecer la reflexión ciudadana, en un trabajo precedente hemos intentado mostrar que la Exposición Mundial celebrada en Lisboa en 1998, marcaba un punto de inflexión en la orientación de las grandes exposiciones internacionales, comenzándose a abandonar el optimismo desarrollista para favorecer la reflexión crítica sobre los problemas del planeta (Gil, Gavidia et al. 1999a).

La exposición “El jardín planetario”, con la que el Parque de La Villette, en París, ha querido celebrar la entrada en el 2000, afianza esta positiva tendencia. Nuestro propósito en este trabajo es, precisamente, analizar en qué medida esta exposición –que ha contado con el patrocinio de la UNESCO y ha tenido un gran impacto internacional- puede haber favorecido que sus visitantes adquieran una percepción global de los problemas a los que se enfrenta el planeta y de las medidas necesarias para hacerles frente.

1. Una gran exposición para favorecer la reflexión ciudadana

El propósito de esta gran exposición –resaltado en el subtítulo- ha sido contribuir a “Reconciliar al hombre con la naturaleza”. Como explica Gilles Clément, comisario de la exposición, “la idea del jardín planetario es ir hacia una ecología humanista que tome al hombre como jardinero de la Tierra, es responsabilizar a la humanidad de su territorio”, pero sin incurrir en un “conservadurismo reaccionario”.

La exposición, destaca la “Guía de la visita”, se compone de tres partes, con las que se pretende mostrar cómo se constituye el “jardín planetario”, cómo se transforma y cómo puede ser cultivado:

La exposición, distribuida sobre una extensión de 3500 m2, constituye un auténtico jardín, formado por plantas y árboles traídos del mundo entero, en el que se respira –pese a la abundancia de público- un ambiente de recogimiento. Ello permite detenerse para disfrutar de la belleza de una diversidad biológica –centrada en la vegetación- y cultural, que se presentan en paralelo al inicio de la exposición. Se crea así un excelente estado de ánimo para reflexionar seguidamente sobre los peligros que amenazan esa diversidad y sobre la necesidad de defender ese patrimonio. En la última parte de la exposición, “el jardín de las experiencias”, se presentan ejemplos concretos de cómo actuar para “consumir sin degradar, producir sin agotar, vivir sin destruir”.

La metáfora de la Tierra como jardín cerrado –pero en transformación- obliga a plantearse la relación de las personas con su ambiente. La exposición pretende de este modo favorecer la reflexión sobre los problemas a los que la humanidad ha de hacer frente. Hemos creído, por ello, que sería útil analizar hasta qué punto ha sido así, es decir, hasta qué punto su contenido ha favorecido una percepción global de los problemas interconectados que caracterizan la actual situación de “emergencia planetaria" (Orr 1995), que hemos sintetizado en la figura 1

Una situación de emergencia planetaria. Problemas y desafíos.

Se trata, pues, de someter el contenido de la exposición a una red de análisis elaborada a partir de la figura 1, que hemos fundamentado en otros trabajos (Gil, Gavidia et al. 1999a; Gil, Vilches et al. 1999; Gil, Vilches et al. 2000). La publicación del libro de la exposición (Clément, 1999) facilita notablemente el análisis que nos proponemos, ya que dicho libro cubre con detalle y fidelidad todo el contenido de la exposición. Como en otros estudios ya realizados (Gil, Gavidia et al. 1999b) adoptaremos un criterio “benévolo”, aceptando cualquier expresión que se refiera, por débilmente que sea, a uno de los aspectos recogidos en la red, para indicar que dicho aspecto ha sido tenido en cuenta. Presentaremos, pues, a continuación, un cuadro en el que se indica el número de referencias a cada uno de los aspectos de la red que hemos encontrado en las páginas del libro y/o durante la visita a la exposición. Tras este análisis cuantitativo, comentaremos con algún detalle el contenido de las referencias, para profundizar en la visión que la exposición proporciona de las relaciones entre desarrollo y defensa del ambiente.

2.¿Qué aspectos se abordan en la exposición?

Una primera ojeada a las cifras del cuadro 1 proporciona ya una información de indudable interés acerca de la orientación del contenido de la exposición. Sorprende, en efecto, el escaso número de referencias a los aspectos del bloque 2, relativos a lo que muchos señalan como causas profundas (y, a su vez, efectos) del actual proceso de crecimiento insostenible y consiguiente degradación del planeta (Tilbury 1995; Daly 1997; Brown y Mitchel 1998; Folch 1998; Maaluf 1999…).

Resulta particularmente inquietante que ni una sola vez a lo largo de la exposición, o del libro, se diga nada acerca de las consecuencias del crecimiento demográfico y de la necesidad de adoptar medidas al respecto (Ehlrich y Ehlrich 1994; Brown y Mitchel 1998; Folch 1998). Tampoco hay referencias, prácticamente, a la incidencia de los desequilibrios en el planeta y de la pobreza de miles de millones de seres humanos (González y de Alba 1994; Delors et al. 1996; Maaluf 1999; Renner 1999).

Cuadro 1. Problemas y desafíos a los que se hace referencia en la exposición

Aspectos considerados

Núm. de referencias

0. Sentar las bases de un desarrollo sostenible

6

1. Poner fin a un crecimiento guiado por intereses particulares a corto plazo

8

1.1. Urbanización creciente, desordenada y especulativa

3

1.2. Contaminación ambiental y sus secuelas

4

1.3. Agotamiento de los recursos naturales

5

1.4. Degradación de ecosistemas, destrucción de la biodiversidad

18

1.5. Destrucción, en particular, de la diversidad cultural

3

2.1. Poner fin al hiperconsumo de las sociedades desarrolladas

2

2.2. Poner fin a la explosión demográfica en un planeta de recursos limitados

0

2.3. Poner fin a los desequilibrios y marginación

2

2.4. Poner fin a los conflictos y violencias asociados a dichos desequilibrios

3

3.1. Impulsar institucionalmente la cooperación, solidaridad y defensa del medio

8

3.2. Una educación solidaria de corresponsabilidad

4

3.3. Esfuerzos de investigación e innovación

37

4. Universalizar y ampliar los derechos humanos

0

4.1. Derechos democráticos de opinión, asociación…

0

4.2. Derechos económicos, sociales y culturales (al trabajo, salud, educación…)

0

4.2*Derecho a investigar cualquier problema, aplicando el principio de prudencia

1

4.3. Derechos de solidaridad (a un ambiente sano, al desarrollo, a la paz)

3

De hecho las cifras del cuadro revelan una clara preocupación por la degradación del medio, en particular por la pérdida de diversidad tanto biológica (apartado 1.4) como cultural (1.5). Aunque la atención a la pérdida de diversidad cultural no aparece tan clara en el número correspondiente de referencias explícitas, cabe señalar que la primera parte de la exposición y las páginas 14 a 28 del libro se detienen en resaltar la diversidad de las culturas, paralelamente a la diversidad biológica, con atractivos ejemplos concretos.

Junto a esta preocupación por la pérdida de diversidad, sólo destacan las numerosísimas referencias al apartado 3.3., es decir, a los esfuerzos concretos de investigación e innovación tecnológicas destinados a favorecer un desarrollo respetuoso con el medio (Gore 1992; Daly 1997; Flavin y Sunn 1999). El número de referencias a la necesidad de acciones institucionales (3.1) o a una educación solidaria (3.2) son, como puede apreciarse, mucho menores. Cabe precisar, además, que de las 8 referencias a la necesidad de acciones institucionales, 7 corresponden a acciones municipales, lo que revela un planteamiento que parece reflejar perfectamente el conocido eslogan “pensar globalmente, actuar localmente”. Un planteamiento hoy cuestionado, en la medida en que se ha comprendido que esas acciones locales no bastan para dar respuesta a problemas que afectan a la globalidad del planeta (González y de Alba 1994; Delors et al. 1996; Deléage y Hémery 1998; García 1999…).

Una vez más, pues, pese al indudable valor de la exposición para llamar la atención sobre problemas como el de la pérdida de diversidad y la necesidad de replantear la relación de los seres humanos con la naturaleza, parece que la cuestión se aborda con los planteamientos claramente reduccionistas que afectan, a menudo, a quienes se ocupan de educación ambiental y que han sido ya reiteradamente denunciados como insuficientes para un tratamiento adecuado de los problemas (González y de Alba 1994; Hicks y Holden 1995; Tilbury 1995; García 1999…).

Procederemos a continuación a un análisis más detenido de los planteamientos de la exposición, recurriendo para ello a comentar el contenido de las referencias que hasta aquí hemos presentado como simples cifras.

3. Las referencias a un desarrollo sostenible

Cabe señalar que, en realidad, no hay referencias explícitas a la idea de desarrollo sostenible (bloque 0 de nuestra red de análisis). Las expresiones utilizadas son vagas y se limitan a la idea de proteger la naturaleza, en el sentido mismo del título de la exposición (“El jardín planetario. Reconciliar al hombre con la naturaleza"):

Merece destacarse una correcta llamada de atención implícita contra la idea de sostenibilidad, entendida como conservación ilimitada de lo existente: “Todo lo que conocemos es nuevo, cuaternario y perecedero…” (página 18). Cabe preguntarse, sin embargo, si no convendría matizar expresiones como ésta que pueden hacer pensar que, puesto que “todo es perecedero”, no tiene sentido hablar (y actuar en pro) de la sostenibilidad.

También merece señalarse que en algunos lugares se incurre incluso en la idea de “crecimiento durable”. Así, en la página 94, se habla de “una economía agrícola respetuosa con el ambiente y capaz de asegurar un crecimiento durable”.

En definitiva, la idea de desarrollo sostenible aparece escasamente tratada y parece más bien referirse a la totalmente opuesta de “crecimiento sostenido”, confusión que ha sido ya denunciada por diversos autores (Almenar, Bono y García 1998; García 1999; Luffiego y Rabadán 2000).

4. Los problemas de la degradación del planeta

Es éste, según las cifras recogidas en el cuadro 1, el apartado mejor tratado, en particular en lo que se refiere a la atención dada a la diversidad, tanto biológica como –lo que es bastante infrecuente (Folch 1998)- cultural. Es conveniente, sin embargo, analizar más detalladamente la atención dada a los distintos aspectos de la degradación del planeta:

Por lo que respecta a las llamadas de atención contra un crecimiento nocivo para el medio físico y los seres vivos, fruto de comportamientos guiados por intereses particulares a corto plazo (apartado 1), los pronunciamientos son, a menudo, bastante indirectos y sutiles:

Cabe señalar, por otra parte, que estas referencias críticas a un crecimiento movido por intereses a corto plazo que encontramos en el libro, pese a su indudable modestia, son aún más explícitas que las que se hacen en la propia exposición.

Entrando ya en los aspectos concretos de la destrucción del medio, hay escasas referencias a la creciente urbanización (apartado 1.1) sin, por lo demás, apenas énfasis crítico: “El trabajo agrícola encadena a la tierra mientras las ciudades encarnan la promesa del placer y la esperanza de acceder algún día a la riqueza” (pág. 108); “la urbanización crece” (página 116); “El hombre habita cada vez más en ciudades” (página 120).

Las referencias a la contaminación y a sus efectos (apartado 1.2) son también, a nuestro parecer, insuficientes. Tan solo aparecen –y de forma incidental- en la última parte de la exposición y del libro:

En conjunto, pues, escaso énfasis en los problemas de la contaminación. Algo semejante ocurre con la atención al agotamiento de los recursos naturales (apartado 1.3):

Las referencias a la importancia de la biodiversidad y a los peligros de su destrucción (apartado 1.4) son, en cambio, muy abundantes en el libro y ocupan una parte importante de la exposición. Y también hay que destacar muy positivamente la importancia concedida a la diversidad cultural (Delors et al. 1996; Naredo 1997; Folch 1988; Maaluf 1999; Mayor Zaragoza 2000). Nos parece cuestionable, sin embargo, la asociación reiterada que se hace entre diversidad y aislamiento: “El endemismo es la diversidad por el aislamiento, diversidad de los seres y las ideas” (pág. 15); “el aislamiento geográfico crea la diversidad” (pág. 19); “de un lado, la diversidad de los seres por el aislamiento geográfico, tal es la historia natural de la naturaleza, del otro, la diversidad de las creencias por el aislamiento cultural, tal es la historia cultural de la naturaleza” (pág. 45).

En nuestra opinión, esta asociación entre diversidad y aislamiento es errónea en un doble sentido: en primer lugar la idea de diversidad sólo puede aparecer cuando se rompe el aislamiento; sin contacto sólo tenemos una pluralidad de situaciones poco diversas y nadie puede concebir –y, menos, aprovechar- la riqueza que supone la diversidad del conjunto de lugares aislados. Por la misma razón no podemos decir que los contactos van a traducirse en empobrecimiento de la diversidad, debido a la inevitable homogeneización: “la mezcla, inevitable mecanismo de la evolución, pone en peligro la diversidad” (pag. 48). Es el aislamiento completo el que se traduce en falta de diversidad en cada uno de los fragmentos del planeta y es la puesta en contacto de esos fragmentos la que produce la diversidad. Naturalmente esa diversidad puede perderse tras la puesta en contacto y conducir a una situación tan escasamente diversa como la que existía en cada fragmento geográfico aislado, en cada cultura aislada. Defender esa diversidad, lograda gracias a la ruptura del aislamiento, se convierte, sin duda, en una prioridad.

Un segundo error, a nuestro parecer, es el tratamiento de la diversidad cultural con los mismos patrones que la biológica. Es cierto que la puesta en contacto de culturas diferentes puede traducirse (y en ocasiones se ha traducido) en la hegemonía de una de esas culturas y destrucción de otras, pero también es cierto el frecuente efecto fecundador, generador de novedad, del mestizaje cultural, con creación de nuevas formas que hacen saltar normas y verdades que eran consideradas “eternas e incuestionables” por la misma ausencia de alternativas. El aislamiento a lo “talibán” no genera diversidad, sino empobrecimiento cultural.

Ello no es óbice, claro está, para coincidir con Gilles Clément en la necesidad de salvaguardar la riqueza que supone la diversidad de seres y culturas. Pero tememos que la atribución de la diversidad al aislamiento pueda ser interpretado por algunos como una defensa de barreras culturales y, más concretamente, ideológicas.

5. La atención a las causas del crecimiento no sostenible

Las cifras del cuadro 1 nos muestran con claridad que la exposición apenas incide en cuestiones como el excesivo consumo de las sociedades desarrolladas, el tremendo crecimiento demográfico de las últimas décadas o los desequilibrios existentes entre distintos grupos humanos y los conflictos y violencias que todo ello genera. Sorprende francamente esta falta de atención a cuestiones fundamentales para comprender y poder incidir en el actual proceso de degradación planetaria (Daly 1997; Brown y Mitchell 1998; Folch 1998; García 1999). Veámoslo con algún detenimiento:

Las dos únicas referencias críticas al consumismo del mundo rico (apartado 2.1) las hemos encontrado en la página 106 (centrada exclusivamente en el abuso del agua: “un exceso de baños, de riegos, de descargas de cisterna”) y en la 108: “hay que limitar el despilfarro de las ciudades ricas que usan sin control materias primas que agravan la contaminación”.

Pero aún se dice menos contra un crecimiento demográfíco (apartado 2.2) que ha sido calificado por muchos como uno de los problemas más graves con los que se enfrenta hoy la humanidad (Comisión mundial del medio ambiente y del desarrollo 1988; Ehlrich y Ehlrich 1994; Brown y Mitchel 1998, Folch 1998). Aunque aparentemente se hacen algunas referencias al crecimiento de la población, en ningún momento apuntan a abordar el problema demográfico:

¿Qué decir, por otra parte, de la casi total ausencia de referencias a problemas como el de los desequilibrios y la pobreza de buena parte de la población del planeta? (apartado 2.3). Apenas un par de observaciones aisladas e indirectas:

En cuanto a los conflictos y violencias (apartado 2.4), de nuevo nos encontramos con referencias escasas e indirectas:

Eso es prácticamente todo lo que se dice acerca de las causas de la degradación de la vida en nuestro planeta.

6. Las acciones positivas propuestas

De los tres grandes tipos de medidas consideradas (acciones institucionales, educativas y de innovación tecnológica) las propuestas recogidas en la exposición –con ejemplos concretos presentados con algún detalle- se centran muy mayoritariamente en innovaciones tecnológicas destinadas a favorecer un desarrollo respetuoso con el medio (apartado 3.3). Propuestas que se extienden desde el uso de satélites de teledetección al de bacterias fijadoras de nitrógeno (pág. 9). El acento se pone en la búsqueda de apoyo en la misma naturaleza, en hacer “con” la naturaleza (página 88), para lo que se proponen una serie de medidas:

Estas propuestas de tecnologías respetuosas con el ambiente se apoyan en algunas acciones institucionales (apartado 3.1), en general puramente locales:

Todas las referencias a políticas institucionales se hacen, como en los ejemplos que acabamos de mostrar, al nivel municipal. Tan solo en una ocasión se habla de una acción de tipo internacional: el salvamento de una especie en peligro “gracias al celo escandinavo, apoyado por el conocimiento alemán y el interés francés…” (pág. 24). Estamos, pues, muy lejos de la defensa de instituciones supranacionales capaces de crear un nuevo orden mundial, basado en la cooperación, la solidaridad y la defensa del medio y de evitar la imposición de valores e intereses particulares (Renner 1993 y 1999; Cassen 1997; Folch 1998; Jauregy, Egea y De la Puerta 1998).

En cuanto al papel de la educación, de nuevo las referencias son muy escasas e indirectas:

Digamos, por último, que la necesidad de universalizar y ampliar los derechos humanos –vista hoy como fundamental para hacer posible un desarrollo sostenible (Escámez 1998; Vercher 1998)- prácticamente brilla por su ausencia. Tan solo tres breves referencias al derecho al desarrollo, entendido, lamentablemente, como “crecimiento durable” (pág. 94).

Conclusiones

Recapitulando lo visto hasta aquí, podemos destacar que tanto la exposición como el libro se apoyan en una presentación atractiva de la diversidad biológica y cultural que incita positivamente a reflexionar sobre la necesidad de preservar esa riqueza. De hecho, en la exposición parece querer mostrarse que, pese a los graves problemas que amenazan la supervivencia de la vida en el planeta, es posible conciliar las actividades humanas con la preservación del equilibrio ecológico, si la humanidad, colectiva e individualmente, asume la función de jardinero planetario. Ello contrasta, afortunadamente, con tantos discursos deprimentes, que se limitan a enumerar peligros y amenazas, que a menudo sólo provocan desánimo (Hicks y Holden 1995; Tilbury 1995; Mayer 1998). Como afirma Folch (1998) “Nuestra intransferible existencia personal cotidiana no será mejor si aumentan nuestras angustias. No nos salvará el sufrimiento (…), sino la lucidez y la eficacia creadora”. Este planteamiento positivo y atractivo, que incluye la presentación cuidadosa de una pluralidad de experiencias reales de tratamiento de problemas ambientales, ha contribuido, sin duda, al notable éxito de la exposición. Éste es un aspecto a valorar y a retener.

Pero junto a ello, la exposición incurre en un reduccionismo de lo que son los problemas de nuestro “Jardín planetario”, que deja de lado cuestiones tan básicas como el problema demográfico o los desequilibrios entre los pueblos del planeta, cuya relación con la degradación del “jardín” está bien establecida (Folch 1998; Brown y Mitchel 1998). Nos tememos que el visitante salga con una percepción parcial de los problemas y con la impresión de que basta -como se sugiere en la última línea del epílogo (pág. 127)- con actuar “localmente en nombre y en conciencia del planeta”.

Congratulémonos, para terminar, de que los grandes complejos museísticos, como el Parque de La Villette, así como las últimas exposiciones mundiales y universales de Lisboa (1998) y Hannover (2000), estén prestando una atención creciente a los problemas del planeta (Gil, Gavidia et al. 1999a). Pero al igual que ocurre con los recientes textos científicos escolares (Edwards 2000), sigue siendo necesaria una revisión a fondo de los contenidos para favorecer una correcta percepción de los problemas y de las medidas a adoptar.

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