Número 5 / Enero - Abril 2003


Clonar o no clonar seres humanos: he ahí el dilema(1)

Inmaculada de Melo Martín

Departamento de Filosofía
St. Mary’s University
San Antonio, Texas, EE.UU.


1. Introducción(2)

Vivimos en una era de avances biotecnológicos. Cada día aparecen, tanto en prestigiosas revistas científicas como en las sensacionalistas, discusiones sobre los aspectos sociales, legales, éticos y científicos de la terapia genética, la fertilización in vitro o los alimentos transgénicos. Por supuesto, estas discusiones acaparan también la atención de muchos especialistas en bioética que relegan otros asuntos como por ejemplo los relacionados con una justa distribución de los recursos médicos limitados. Últimamente, en especial desde el nacimiento de la oveja Dolly, el tema de clonar seres humanos ocupa el interés de muchos.(3)

Nuestra intención con este trabajo es defender que los arguments ofrecidos a favor y en contra de la clonación de seres humanos son problemáticos por las siguientes razones: 1) asumen como verdaderas determinadas creencias o presuposiciones que están lejos de ser incuestionables; 2) tienden a ignorar el contexto en el que se desarrolla e implementa esta nueva tecnología. Analizaremos aquí las presuposiciones que están detrás de los principales argumentos que se han presentado a favor y en contra de la clonación humana. Pensamos que una vez que estas presuposiciones se analizan de manera crítica, los argumentos apoyando y rechazando esta tecnología pierden peso. En primer lugar presentaremos brevemente los principales argumentos que se han ofrecido en contra de la clonación de seres humanos y defenderemos que dichos argumentos no establecen la inmoralidad de esta tecnología. A continuación evaluaremos algunos juicios manifestados en apoyo de la clonación humana. Este análisis mostrará que tampoco estos argumentos prueban lo que se proponen. Finalmente mantendremos que precisamente por ignorar el contexto en el que se desarrolla e implementa esta tecnología, las tesis tanto de críticos como de defensores acaban siendo poco convincentes.

2. Rechazando la clonación de seres humanos. Presuposiciones cuestionables.

La mayoría de los argumentos que se han ofrecido en contra de clonar humanos pueden clasificarse en tres grupos principales: a. Riesgos de daños físicos al clon; b. Riesgos de daños psicológicos al clon; c. Daños sociales.(4) Vayamos analizándolos por orden.

a. Riesgos de daños físicos al clon. Quienes rechazan la clonación humana a menudo mantienen que esta técnica es moralmente impermisible porque no se ha probado su seguridad.(5) Explican que el procedimiento utilizado para crear a la oveja Dolly tuvo éxito en sólo uno de 277 intentos. Por lo tanto, según estos autores, esta tecnología podría producir anormalidades severas en los posibles bebés.

Es díficil, sin embargo, ver cómo este argumento puede apoyar una prohibición total y final de la clonación humana. Para poder probar la necesidad de tal prohibición, sería necesario asumir que es moralmente incorrecto tratar de clonar humanos a menos que se pueda garantizar que el primer bebé que se origine por medio de esta técnica nacerá completamente sano. La razón para esta exigencia es que la experimentación con seres humanos sin su consentimiento es inmoral.

Aunque este argumento tiene más mérito de lo que algunos críticos le han concedido,(6) no puede sustentar la prohibición total y final de esta tecnología. Por supuesto, quienes lo sugieren no necesitan exigir el consentimiento informado del bebé, lo cual sería obviamente imposible. Se puede exigir solamente el consentimiento de los padres, como se hace en cualquier otro caso de experimentación con niños. Es razonable mantener que en estos momentos los padres no pueden dar un consentimiento informado simplemente porque carecemos de información adecuada sobre los riesgos y beneficios de clonar humanos. Los estudios con animales son todavía escasos y los que existen muestran que intentar este procedimiento en seres humanos no es seguro. Obviamente, la falta de información, o la existencia de información inadecuada, puede entorpecer seriamente la posibilidad de dar un consentimiento informado. De esta forma, si los padres no pueden dar un consentimiento explícito, entonces no puede afirmarse que han consentido de parte de los hijos todavía por nacer.

Sin embargo, no existen buenas razones para creer que esta falta de información vaya a continuar en el futuro. En algún momento, podría ser posible tener suficiente información como para poder dar un consentimiento informado. Si esto es así, entonces este argumento en contra de la clonación es sólo un argumento que defiende la precaución. La mayoría de la gente estaría de acuerdo en que en estos momentos dado el conocimiento, o la falta de él, que existe sobre esta tecnología, sería inmoral intentar clonar humanos. Pero si seguridad es lo que se quiere, se puede ciertamente proponer que se investigue más con animales para poder establecer su fiabilidad y eficiencia antes de intentarlo en humanos. Por lo tanto, el rechazo de la clonación basándose en la falta de seguridad de esta técnica no puede probar que la clonación en sí misma es inmoral, sólo puede probar que lo es en tanto en cuanto no haya evidencia que muestre que clonar es razonablemente seguro.

b. Riesgos de daños psicológicos al clon. Los críticos de la clonación también mantienen que esta práctica puede producir daños psicológicos serios en la persona engendrada a través de esta tecnología, tales como la posible pérdida del sentido de individualidad o de identidad única.(7)

Este argumento, sin embargo, parece presuponer que la identidad o individualidad humana viene determinada por la singularidad de nuestro genoma. Esta presuposición sólo puede estar basada en la forma más cruda de determinismo biológico. De acuerdo con esta teoría, la dotación genética de un individuo determina completamente lo que este individuo será. Como nos dice el Premio Nobel Walter Gilbert, pronto seremos capaces de tener un CD con el mapa de nuestro genoma y podremos decir mostrando ese CD, “aquí está un ser humano. Soy yo.”(8) No hay evidencia, sin embargo, que apoye esta clase de determinismo genético. El hecho de que una característica particular vaya a estar presente en un individuo depende no sólo de sus genes, sino también de factores biológicos y ambientales. Así, a pesar de tener prácticamente los mismos genes, los gemelos homocigóticos tienen ciertamente identidades distintas y únicas. Su individualidad no parece verse amenazada por el hecho de no tener genomas únicos.

Otros autores han argumentado que estos daños psicológicos resultan de la violación de lo que Hans Jonas ha llamado “el derecho a la ignorancia”, o lo que Joel Feinberg denomina “el derecho a un futuro abierto”.(9) Jonas mantiene que la clonación de seres humanos, en la que existe un intervalo importante entre el comienzo de las vidas del individuo de que se obtiene el material genético y el individuo clonado, difiere esencialmente de la existencia de gemelos naturales. De acuerdo con Jonas, los individuos originados por clonación saben, o al menos creen saber, demasiado acerca de si mismos. Esto es así porque existe ya otra persona en el mundo que partiendo del mismo punto genético ha hecho elecciones en su vida que están todavía en el futuro de la persona clonada. Esta persona puede sentir que su vida ya ha sido vivida, que su destino ha sido ya determinado.

De manera similar, Joel Feinberg ha defendido que un niño tiene derecho a un futuro abierto. Esto requiere que quienes lo crían no deben cerrar las posibilidades que de otra manera podría tener de construir su propia vida. Así, crear un clon podría violar este derecho porque la persona creerá que su futuro ya ha sido fijado por la elecciones de la persona de la que el individuo es un clon.

Como en el caso de los argumentos acerca de la falta de individualidad, estas llamadas al derecho a la ignorancia o a un futuro abierto se basan en la presuposición cuestionable de que la dotación genética que uno tiene determina completamente la trayectoria de su vida. Pero, como hemos dicho antes, esta presuposición es falsa porque ignora que los genotipos tienen un rango de expresiones fenotípicas, pasa por alto la importancia del ambiente y se olvida de la importancia que las elecciones personales tienen en la creación de una vida única. De esta forma, si la creencia en esta clase de determinismo genético se rechaza, entones no existen más razones para sostener que los derechos a la ignorancia y a un futuro abierto del clon han sido violados, que las que tenemos para decir que tales derechos serían violados por un hermano o hermana mayor. Después de todo, los hermanos y hermanas comparten el cincuenta por ciento de sus genes. Y puede ser el caso de que las elecciones de una hermana mayor influencien la clase de elecciones que la hermana pequeña haga. Si la primera encuentra que su elección profesional le ha permitido tener una vida llena de significado, la pequeña puede decidir seguir sus pasos; si, por el contrario, la hermana mayor encuentra que su vida es terriblemente pobre debido a sus decisiones, la hermana menor puede elegir de manera distinta. En cualquier caso, normalmente no creemos que los padres que tienen varios hijos estén violando el derecho a un futuro abierto o a la ignorancia de sus hijos menores.

Es verdad, sin embargo, que la falsedad de la creencia en el determinismo genético sólo muestra que los derechos de los que hablamos no han sido violados cuando se clonan seres humanos.(10) La falsedad de esta creencia no muestra, de todas formas, que los posibles daños psicológicos no puedan existir, especialmente si la creencia en el determinismo genético está ampliamente extendida. Dos problemas, sin embargo, hacen que este argumento en contra de la clonación no sea convincente. Primero, esta clase de riesgos psicológicos son en estos momentos sólo especulativos, dado que no tenemos experiencias con la clonación de humanos. Segundo, prohibir cualquier práctica basándose en el hecho de que las creencias falsas que los seres humanos sostienen pueden crear daños es significativamente objetable. Este argumento parece presuponer que tenemos que dar peso a las creencias falsas compartidas en vez de, por ejemplo, tratar de eliminarlas a través de la educación.

c. Daños sociales. Varios autores han mantenido que la clonación de humanos puede producir también daños sociales.(11) Entre ellos discutiremos aquí los creados cuando se amenaza la estabilidad familiar y los que se producen al disminuir el respeto por la vida humana.

La apelación a los daños a la familia no es única de los argumentos en contra de la clonación. Esta inquietud ha estado presente también en el desarrollo y uso de nuevas tecnologías de reproducción como la fertilización in vitro. Defensores de este tipo de argumento mantienen que debido a que la clonación permite que el clon pueda tener sólo uno o también varios padres o madres, esta clase de procedimientos amenaza la estabilidad de la familia. La clonación humana parece también promover la confusión sobre quién en realidad es la madre, quién el padre, los abuelos, o los hermanos y hermanas. Por ejemplo, si una mujer desea, usando su propio material genético, emplear la clonación para tener una hija, no está claro, mantienen los críticos, si ella es la madre, o la hermana, o ambas. Tampoco está claro si el abuelo de la niña es en realidad el padre de ésta.

Esta línea argumentativa es, sin embargo, discutible por varias razones. Primero, parece presuponerse que por “familia” sólo puede entenderse la familia nuclear compuesta por el padre, la madre y sus descendientes genéticos. Solamente si se da prioridad a las relaciones genéticas puede existir confusión sobre si alguien es en realidad una hermana o una madre. Obviamente, si valoramos principalmente las dimensiones sociales de la paternidad y maternidad esta clase de confusiones tiende a desaparecer. Segundo, este argumento asume que el concepto de “familia” es inmutable e invariable. Por último, parece que también se presupone que la concepción actual sobre la familia nos ofrece la mejor forma de organización social para originar individuos saludables y sociedades productivas. Todas estas presuposiciones son cuestionables debido al menos a las siguientes razones. En primer lugar, ignoran la evidencia histórica y antropológica que muestra que los seres humanos han adoptado con éxito diferentes clases de arreglos familiares.(12) En segundo lugar, no se ofrecen razones normativas convincentes que muestren que las sociedades construidas sobre la base de la familia nuclear como es normalmente entendida, sean mejores sociedades que las construidas sobre otros tipos de acuerdos familiares. Esto no quiere decir, por supuesto, que el entender la familia como un arreglo caracterizado principalmente por relaciones genéticas no tenga ventajas para los seres humanos. Nuestro propósito es sólo señalar que incluso si esta concepción de “familia” es apropiada, esto en sí mismo no prueba que sea ni la única ni la mejor.

Los críticos de la clonación también mantienen que esta práctica puede disminuir nuestro respeto por la vida humana. Sostienen que la clonación permite que veamos a los seres humanos como reemplazables.(13) El principal problema con este argumento es que, de nuevo, se presupone que los genes determinan la individualidad de las personas. Solamente si éste es el caso podríamos decir que el clon está “reemplazando” a otra persona. Pero, como ya hemos dicho antes, no existe evidencia que apoye esta clase de determinismo genético.

Otra razón que se utiliza para defender la idea de que la clonación puede amenazar el valor que las personas poseen, es que la práctica de la clonación nos invita a ver a los seres humanos como creados de acuerdo con nuestros deseos.(14) Quienes rechazan esta tecnología mantienen que algunas personas pueden originar bebés con genomas que tienen especial interés para quienes utilizan la clonación. De esta forma los niños serían valorados como medios y no como fines en sí mismos. Este argumento es problemático porque parece presuponer equivocadamente que valorar a las personas como fines en sí mismos es incompatible con valorarlas también como medios para algún otro fin.(15) Obviamente, podemos valorar a Pelé por su destreza (valor instrumental) en un equipo de football sin que esto sea faltarle al respeto como persona. Este argumento es también cuestionable porque presupone que clonar personas con características o habilidades particulares garantiza que el clon también poseerá tales características. Por ejemplo no existe ninguna garantía de que un clon de Pelé vaya a ser un jugador excepcional. Las habilidades de Pelé como jugador dependen no sólo de sus genes, sino también del ambiente en el que se desarrolló y de las elecciones personales que adoptó.

Aunque los argumentos que hemos presentado aquí no son los únicos que se han ofrecido en contra de la clonación de seres humanos, son, creemos, los más fuertes. Si nuestro análisis de ellos es correcto, entonces el planteamiento en contra de la clonación fracasa. Esto no significa que estos argumentos carezcan de méritos o que en algún momento no se puedan ofrecer otros que prueben la impermisibilidad de la clonación. Sin embargo, a menos que asumamos que todo lo que se puede hacer debe hacerse, en tanto no existan razones convincentes para no hacerlo, entonces el hecho de que no haya buenos argumentos en contra de la clonación no significa que debamos proceder con esta práctica. Si esto es así, se necesitan argumentos positivos a favor de la clonación de seres humanos.

3. Defendiendo la clonación. ¿Cuáles son los problemas?

Los que defienden la clonación de humanos utilizan a menudo los siguientes argumentos.(16) En primer lugar mantienen que esta nueva tecnología es una respuesta al problema de la infertilidad. Defienden, igualmente, que la clonación de seres humanos es una herramienta importante en la lucha contra las enfermedades genéticas. Finalmente, sostienen que la clonación permitirá a algunas personas la posibilidad de clonar a seres queridos, especialmente niños, que mueran. Analizaremos estos argumentos por orden.

a. Resolviendo problemas de infertilidad. Los defensores de la clonación argumentan con frecuencia que esta práctica puede ayudar a parejas que tienen dificultades para tener hijos propios.(17) Por ejemplo, esta nueva tecnología puede asistir a personas que carecen de gametos viables.

El número de gente que padece problemas reproductivos varía de manera importante dependiendo de qué definición de infertilidad se utilice. Empleando una de las definiciones más aceptadas –imposibilidad de concebir después de 12 meses de intercurso sexual sin protección- la infertilidad afecta a entre un 7 y un 12 por ciento de parejas con mujeres en edad de concebir.(18) Obviamente, cuanto mayor sea el número de parejas que necesitan la clonación como la única posibilidad de tener hijos propios, mayor es también la posibilidad de que esta tecnología sea aceptada.

Dada la importancia que la mayoría de las personas conceden al hecho de tener hijos propios, y dados los serios problemas psicológicos que quienes padecen infertilidad pueden sufrir, los intentos de resolver problemas reproductivos parecen admirables. Sin embargo, esta tesis de que la clonación de seres humanos debe ser permitida porque puede ayudar a los infértiles contiene varias presuposiciones problemáticas. Primero, quienes proponen este argumento asumen que si algo resuelve el problema de la infertilidad, entonces debe aceptarse. Segundo, también asumen que la infertilidad es principalmente un problema médico que requiere una solución tecnológica. Evaluemos, pues, estas dos presuposiciones.

En un mundo con recursos limitados y donde numerosas enfermedades y disfunciones afectan a muchos seres humanos, debemos preguntarnos qué tiene la infertilidad que atrae tanto la atención de médicos, tecnólogos y profesionales de la bioética. Ciertamente, la dificultad de tener hijos propios es un problema que puede resultar estresante y doloroso. Sin embargo, éste es también el caso de muchas otras enfermedades que no han recibido o no reciben tanta atención. Así, a pesar de que los defensores de clonar seres humanos mantienen que esta práctica debe permitirse porque ayudará a la gente que sufre problemas reproductivos, tales autores se olvidan de ofrecer razones de por qué la solución de la infertilidad es un argumento concluyente a favor de la clonación. Para entender la importancia de este punto, debemos prestar atención al contexto en el que se presentan estos argumentos. Si viviésemos en un mundo en el que las mayores causas de estrés y dolor (incluso considerando sólo las producidas por problemas médicos) estuviesen resueltas, podríamos pensar que si aparece una nueva tecnología que puede solucionar problemas reproductivos, entonces debería apoyarse su desarrollo (siempre y cuando los riesgos no superen a los beneficios). Desgraciadamente no vivimos en un mundo así. De todos es sabido que nuestros recursos médicos son limitados y que un número importante de enfermedades y disfunciones afectan a muchas personas. Algunos de estos problemas médicos (i.e. determinados tipos de cánceres) ponen en peligro la vida de las personas que los padecen o reducen considerablemente sus oportunidades. Otros, no parecen afectar nuestras vidas de manera significativa. En este contexto se necesitan establecer prioridades, y se deben ofrecer buenas razones para defender dichas prioridades. La infertilidad no pone en peligro la vida de quienes la padecen, ni parece reducir la igualdad de oportunidades, como muestra el hecho de que un número de personas cada vez mayor decide no tener hijos. Si esto es cierto, los argumentos de quienes respaldan la clonación porque puede ayudar a los infértiles son incompletos. Deben ofrecerse también razones por las cuales si algo soluciona la infertilidad, entonces es bueno y debe aceptarse. Hasta que se ofrezcan dichas razones este argumento está lejos de resultar convincente.

Respecto a la segunda presuposición, que la infertilidad es principalmente un problema médico que requiere una solución tecnológica, es también cuestionable.(19) Nos parece que presentar el problema de la infertilidad de esta forma puede perjudicar los intentos de solucionarlo. Así, al enfatizar las soluciones tecnológicas los partidarios de la clonación pueden enmascarar el hecho de que las principales causas de la infertilidad son prevenibles. Determinadas prácticas sexuales, anticonceptivas y médicas, así como contaminantes ambientales y ciertos conservantes alimenticios constituyen ejemplos de causas prevenibles de la infertilidad. Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) son responsables del 20% de los casos de infertilidad.(20) Cada año miles de mujeres se enfrentan con dificultades reproductivas debido a inflamaciones de la pelvis causadas por ETS. (21) Asimismo los anticonceptivos hormonales tales como depo-provera y otros como los intrauterinos, incrementan también los riesgos de inflamaciones pélvicas y, por lo tanto, de infertilidad. Por otra parte, de acuerdo con algunos profesionales la infertilidad yatrogénica es común. Problemas tales como las infecciones producidas después del parto, o postoperativas pueden desencadenar dificultades a la hora de concebir.(22) La nutrición inadecuada, los problemas de salud y un acceso limitado a los cuidados médicos básicos pueden igualmente fomentar problemas reproductivos; por esta razón, la infertilidad es mayor en comunidades pobres.(23) Existe evidencia de que algunos contaminantes medioambientales son susceptibles de dañar la capacidad reproductiva de hombres y mujeres.(24) De la misma manera prácticas sociales como el retrasar la edad de concebir parecen aumentar los problemas de infertilidad.

Si lo que nos preocupa es la solución de la infertilidad, parece que hay otras formas, posiblemente más efectivas que la clonación, de resolver el problema. Dados los bajos índices de éxito de otras tecnologías reproductivas como la fertilización in vitro, no hay razones para creer que la clonación de humanos vaya a funcionar mejor (o peor). Así, enfatizar la importancia del desarrollo de la clonación como una solución a la infertilidad puede promover políticas públicas que dediquen fondos principalmente para soluciones tecnológicas. De esta forma se pueden poner en peligro programas que promuevan medidas preventivas, como controles más estrictos de determinados contaminantes, o investigación de anticonceptivos más seguros, o programas educativos sobre las enfermedades de transmisión sexual.

Igualmente, si presuponemos que la infertilidad es principalmente un problema médico que necesita una solución tecnológica, podemos ignorar la posibilidad de analizar la infertilidad como un problema que es, en parte, socialmente construido, restringiendo así el ámbito de soluciones que se pueden ofrecer. Creemos que es razonable mantener que existen factores sociales que hacen que la dificultad o imposibilidad de tener hijos propios sea un problema realmente serio. Así pues, cambiar tales factores puede tener un efecto positivo en el problema de la infertilidad. Algunos de estos factores sociales son las presiones pronatalistas que existen en nuestra sociedad, el énfasis que existe en tener hijos genéticamente relacionados, y los lazos inseparables entre mujer y maternidad. Al descuidar estos factores, quienes defienden la clonación como una solución a la infertilidad pierden la oportunidad de ofrecer otras soluciones tales como proponer nuevas políticas sociales que ayuden a modificar la idea de la maternidad como el principal papel de la mujer, que faciliten la adopción, o que promuevan otras formas de ejercer la maternidad.

Algunos podrían objetar que quienes defienden la clonación como una forma de ayudar a los infértiles también apoyan otras formas de solventar el problema. Sin embargo, lo que resulta significativo es que aunque quienes emplean este argumento se esfuerzan en reflexionar sobre lo terrible que puede resultar la infertilidad, raramente aportan soluciones no tecnológicas como una manera de resolver los problemas reproductivos. (25)

Otra posible objeción contra nuestro análisis es que el tipo de soluciones que aquí proponemos requieren cambios institucionales imposibles de lograr.(26) Ciertamente algunas de estas soluciones requieren transformaciones sociales como cambios en las actitudes hacia la mujer y la maternidad, o cambios de las estructuras familiares. Las políticas preventivas requerirían programas educativos, servicios sociales, cambios legislativos de la seguridad laboral, o nuevas políticas medioambientales.

Aún apuntando problemas importantes, esta objeción es cuestionable por las siguientes razones. Primero, si rechazamos determinadas soluciones antes de que se puedan evaluar, es difícil ver cómo se puede hablar de cambios institucionales que son “imposibles.” Sostener que las soluciones alternativas al problema de la infertilidad requieren cambios inviables sin ofrecer evidencia es, obviamente, discutible. Además, sólo si tenemos en cuenta las soluciones que son altamente viables bajo el presente status quo, entonces nuestras evaluaciones promueven de manera incorrecta el cumplimiento de una profecía que favorece las condiciones actuales independientemente de si estas condiciones son adecuadas o no.

Ciertamente, el argumento de que la clonación humana debería desarrollarse y usarse porque puede asistir a quienes padecen infertilidad podría tener más fuerza si la cantidad de gente que se beneficiase de esta tecnología fuese considerable. Sin embargo, y así lo reconocen incluso los defensores de este argumento, no hay razones para creer que el número de personas que la utilicen vaya a ser elevado.(27)

En resumen, si existen otros medios de solucionar los problemas reproductivos, y si es improbable que la clonación de humanos vaya a ser utilizado por un número considerable de gente como forma de resolver dichos problemas, entonces es difícil aceptar la fuerza de un argumento que usa la infertilidad como una de las principales razones para defender la clonación.

b. Luchando contra las enfermedades genéticas. De acuerdo con algunos autores, el argumento más fuerte a favor de clonar seres humanos es que los padres pueden brindar a sus hijos un maravilloso legado genético.(28) Así, parejas con riesgo de transmitir enfermedades genéticas como la fibrosis quística o la enfermedad de Huntington, pueden decidir crear bebes por medio de la clonación para evitar que padezcan estas dolencias.

Quienes justifican la clonación utilizando este argumento han presentado lo que llamaremos aquí la versión fuerte y la moderada. En la versión fuerte, la clonación aparece como la solución a la mayoría de nuestras enfermedades mortales. Así, algunos autores han defendido que más del 70% de las muertes causadas por enfermedades del corazón, por cáncer y por accidentes cerebro-vasculares pueden ser debidas a causas genéticas que es posible prevenir.(29) A éstas deben añadirse también las muertes causadas por enfermedades genéticas tales como Huntington, anemia falciforme, Tay-Sachs o distrofia muscular. Con este panorama es obvio que originar seres humanos por medio de la clonación podría salvar las vidas de un número considerable de personas. Más aún, continúa el argumento, no sólo debe permitirse el uso de la clonación para crear descendientes con el mayor número de cualidades naturales, con los mejores genes y con las mejores posibilidades para disfrutar de una vida larga y saludable, sino que además estamos obligados a utilizar esta tecnología.(30) Esto es así porque sería inmoral elegir condiciones de vida para nuestros descendientes que fuesen menos satisfactorias de lo posible.

Este argumento es cuestionable por varias razones. Primero, en estos momentos no existe evidencia científica que pruebe que la mayoría de las muertes debidas a cánceres, accidentes cerebro-vasculares y enfermedades del corazón se deban a causas genéticas prevenibles. Esto, por supuesto, no quiere decir que la genética no cumpla ninguna función en estas enfermedades, sino que carecemos de evidencia que indique que su papel es tan esencial como este argumento lo presenta. Es decir, este argumento descuida el hecho de que, aunque existen algunos casos en los que el tener un gen particular es suficiente para tener determinada enfermedad, estos casos son raros. En la mayoría de los casos, ciertos genes pueden ser necesarios para que exista una enfermedad, pero esos genes no son suficientes. En tales situaciones, otros factores biológicos o ambientales deben estar también presentes para que la enfermedad se exprese. Por ejemplo, sabemos que ciertos genes están presentes en la enfermedad llamada fenilketonuria (PKU), una acumulación de fenilalanina que produce retraso mental. Sin embargo, aunque la existencia de estos genes ayuda a identificar a los individuos afectados, el tenerlos no es suficiente para padecer la enfermedad. Así, una dieta baja en fenilalanina previene su aparición

Segundo, argumentar que estamos obligados moralmente a crear descendientes con el mayor número de cualidades naturales posibles, los mejores genes y las mejores posibilidades de gozar una vida larga y saludable presupone que los conceptos de “mejores genes” o de “salud” carecen de ambigüedad y no son problemáticos. Sin embargo, como revelan numerosos artículos y monografías que discuten tales conceptos, esta presuposición es claramente cuestionable. Más aún, esta supuesta obligación puede entrar en conflicto con el deseo de tener hijos genéticamente relacionados. Así, y asumiendo que lo que significan los conceptos anteriores está claro para todo el mundo, puede ser el caso de que algunos hijos tendrían mejores vidas si sus padres, en lugar de clonarse ellos mismos, pidiesen ayuda a otros individuos con mejores características genéticas. Esto, por supuesto, podría impedir que algunas parejas tuvieran hijos relacionados genéticamente. Quizás, quienes formulan este argumento puedan indicar si esta obligación moral de mejorar los genes de nuestros descendientes prevalece o no sobre el deseo de tener hijos propios.

Otros autores que defienden también la clonación con el argumento señalado anteriormente, ofrecen en cambio una versión más moderada.(31) Mantienen que la clonación puede ser beneficiosa en aquellos casos en los que la existencia de un gen concreto garantiza la existencia de una enfermedad genética concreta. Esta versión moderada es inmune a las dos críticas que hemos hecho anteriormente contra la versión fuerte. Sin embargo, comparte con ésta el siguiente problema. Ambas versiones parecen presuponer que la clonación es la mejor manera de evitar enfermedades transmitidas genéticamente. Si existen otras técnicas que nos pueden ayudar a conseguirlo, quienes apoyan la clonación de seres humanos utilizando este argumento necesitan demostrar no sólo que ésta tecnología es buena, sino también que es mejor que otras. En estos momentos existen otros medios que pueden utilizarse para evitar el riesgo de transmisión de enfermedades genéticas particulares. Por ejemplo, las parejas pueden usar óvulos o esperma de donantes que carecen de dichas enfermedades. Esta solución, sin embargo, puede resultar poco atractiva para quienes desean tener hijos relacionados genéticamente. También se pueden utilizar técnicas de diagnóstico de pre-implantacion con embriones creados por fertilización in vitro. Estas tecnologías son costosas y no tienen índices de éxito muy elevados, pero en estos momentos no hay razones para creer que la clonación resultase más económica o que tuviese mas éxito. La terapia genética también puede asistirnos en nuestra lucha contra las enfermedades genéticas, y aunque es cierto que no está muy desarrollada, actualmente no se encuentra en peores condiciones que la clonación de seres humanos.

Otro problema con el que se enfrenta la versión moderada del argumento que estamos discutiendo es que no está claro que el usar la clonación para prevenir enfermedades genéticas vaya a ayudar a un número importante de personas. Como dijimos antes, las ocasiones en los que la existencia de ciertos genes garantiza la aparición de una enfermedad son raras. En estos casos, exiten otras alternativas tales como las técnicas de diagnóstico de preimplantación o la donación de gametos. Dada la existencia de otras opciones y considerando que vivimos en un mundo con recursos médicos limitados, este argumento es incapaz de ofrecer bases convincentes para apoyar la clonación humana.

c. Clonando seres queridos. Algunos autores también defienden la clonación argumentando que esta tecnología podría permitir que algunos individuos clonasen a personas que tienen un significado especial para ellos.(32) Por ejemplo, algunas parejas pueden desear clonar a un hijo que acaba de morir. En algunas ocasiones los ejemplos que se ofrecen para apoyar este argumento son verdaderamente imaginativos.(33) Existen sin embargo varios problemas al respecto. En primer lugar, aunque, dada la oportunidad, algunas personas pueden querer efectuar la clonación con este propósito, no hay evidencia de que mucha gente vaya a querer hacerlo así. Puesto que además vivimos en un mundo donde existen otras necesidades al menos igualmente importantes, parece cuestionable apoyar el desarrollo y uso de una tecnología que será probablemente cara y que no favorecerá a un número muy elevado de gente. Segundo, y más importante, no está claro qué tipo de deseo estamos intentando satisfacer en estos casos. Creemos que existen al menos dos posibilidades. Quizás lo que la gente puede querer es reemplazar a aquellos seres queridos que mueren con una nueva copia de tales personas. Es decir, quizás se busca la repetición de una determinada característica como la fuerza física, la belleza, o el interés por la música. O quizás la clonación de un ser querido que muere pueda servir para aceptar la pérdida del original y seguir viviendo.

Si los defensores de este argumento quieren satisfacer la primera clase de deseos, entonces éste es cuestionable porque, o se basa en un crudo determinismo genético, o promueve la satisfacción de deseos basados en creencias falsas. La mayoría de quienes abogan por este argumento reconocen, sin embargo, que actualmente no existe evidencia científica para apoyar el determinismo genético. Están de acuerdo en que el clon de un ser querido que ha muerto no será una copia exacta de este último, sino que podría tener características físicas e intereses diferentes. Por tanto, si reconociendo los problemas que tiene el determinismo genético, todavía se defiende la práctica de clonar en estos casos, entonces se está promoviendo la satisfacción de deseos basados en creencias falsas.

Por otra parte, algunos individuos pueden desear clonar a hijos que mueren como una manera de superar el dolor causado por tal muerte. Entendemos la enormidad del sufrimiento producido por la muerte de un ser querido, especialmente cuando se trata de muertes prematuras, y reconocemos que el intentar paliar este dolor es laudable. Sin embargo, no está claro por qué el promover la clonación es mejor que fomentar el apoyo de familiares, amigos, o instituciones sociales, o mejor que el tener otros hijos.

4. Clonación, ¿una prioridad?

Asumir como verdaderas determinadas presuposiciones que son problemáticas no es el único problema que tienen los argumentos que se han ofrecido a favor de la clonación de seres humanos. Tales argumentos son también cuestionables porque ignoran el contexto en el que esta tecnología se desarrolla y puede usarse.

Con frecuencia, los profesionales de la bioética tienden a generalizar y simplificar determinados problemas eliminando el contexto en el que se presentan. Así se discute sobre las relaciones entre pacientes y doctores, sobre ingeniería genética o sobre tecnologías de reproducción sin tener en cuenta particularidades como la etnia, el género, la clase económica de las personas implicadas, o el contexto en el que se desarrollan tales relaciones o tecnologías. Esta manera de enfocar los problemas puede ser beneficiosa cuando por ejemplo intentamos ofrecer principios éticos. Sin embargo, cuando se ignoran estas particularidades, se corre el riesgo de desatender el análisis de serios problemas morales y la posibilidad de ofrecer ciertas soluciones. Por ejemplo, si ignoramos el género de las personas como una categoría de análisis puede pasar desapercibido el hecho de que la mayoría de consultas médicas son solicitadas por mujeres. Descuidar este dato puede impedirnos analizar las relaciones de autoridad ejercidas por los miembros de una profesión, la médica, constituida principalmente por hombres.

Esta omisión del contexto está presente también en los análisis sobre la clonación de seres humanos. De esta forma, cuando se leen evaluaciones sobre esta tecnología se tiene la impresión de que vivimos en una sociedad donde nuestros problemas más serios y urgentes son el resolver los ruegos de quienes padecen infertilidad, una sociedad donde las enfermedades genéticas parecen ser la principal causa de muertes prematuras prevenibles, donde la individualidad de las personas se ve amenazada constantemente, donde una de las peores cosas que puede pasarles a los niños y niñas es que sus padres tengan expectativas demasiado exigentes y donde se dispone de recursos médicos ilimitados. Probablemente en un mundo con estas características esta clase de debate sobre la clonación tendría sentido.

Pero éste no es el mundo en el que vivimos. El nuestro es un mundo superpoblado, en el que miles de niños tienen una desesperada necesidad de buenas familias; un mundo en el que miles de mujeres que tienen la suerte de tener hijos propios carecen de los recursos suficientes para ofrecerles los cuidados médicos básicos o la nutrición necesaria para que sobrevivan. En nuestro mundo la prevención de la mayoría de las muertes prematuras no requiere terapia genética sino acceso a simples vacunas como las de la tuberculosis o el sarampión, a cantidades básicas de alimentos, o al desarrollo de estructuras sociales que detengan la violencia doméstica e institucional contra los niños y que prevengan accidentes de tráfico especialmente entre los más jóvenes. Padres y madres demasiado protectores y con altas expectativas para sus hijos e hijas no constituyen la principal amenaza contra los niños y niñas de nuestro mundo, tal amenaza viene dada por la falta de nutrición, cuidados médicos, y educación.

Si queremos hacer evaluaciones de la clonación que sean más que discusiones intelectuales, debemos enmarcar tales análisis en el contexto real en el que se puede desarrollar y utilizar esta nueva tecnología. Si así lo hacemos se podrá evidenciar que decidir si la clonación puede usarse legítimamente para evitar el sufrimiento de quienes no pueden tener hijos propios, o ayudar a quienes padecen enfermedades genéticas que no quieren transmitir a sus hijos, o atender las necesidades de quienes desean superar el dolor de la pérdida de un ser querido, no son nuestros principales problemas morales o las preocupaciones más acuciantes de nuestras políticas sociales.

Queremos subrayar, para terminar, que nuestros argumentos no tratan de defender que esta clase de peticiones deba ser completamente ignorada. Por el contrario, un análisis contextualizado puede indicar mejores soluciones que ayuden a quienes padecen infertilidad o a quienes se enfrentan a la muerte de seres queridos. No queremos tampoco propugnar que se acabe con el desarrollo de cualquier tecnología que aparezca hasta que solucionemos problemas más básicos. Vivimos en una sociedad plural con intereses en competición que deben ser considerados. Ni tampoco intentamos promover la eliminación de discusiones intelectuales estimulantes sobre escenarios improbables que pueden surgir con la aparición de nuevas tecnologías. Tales discusiones pueden arrojar luz sobre determinados aspectos que de otra forma pasarían desapercibidos. Lo que intentamos es que no se ignore el contexto en el que aparecen las nuevas tecnologías. Después de todo, se supone que desarrollamos estas nuevas tecnologías con la intención de mejorar la existencia de los seres humanos. Nuestra intención no es otra que llamar la atención sobre el hecho de que la evaluación de nuevas tecnologías requiere discusiones no sólo sobre sus riesgos y beneficios, es decir discusiones sobre los medios, sino reflexiones sobre los fines mismos que estas tecnologías parecen promover.

Notas y Bibliografía

(1). Este árticulo ha aparecido en inglés en Bioethics 16 (3) 2002, p.246-65. Reimpreso con permiso de Blackwell Publishing. Todos los derechos reservados.

(2). Gracias a Beatriz de Melo Martín por su ayuda con la traducción de este artículo.

(3). Ver, por ejemplo, Comité de Expertos sobre Bioética y Clonación, Instituto de Bioética, Informe sobre la Clonación: en las fronteras de la vida (Aranjuez, Madrid: Doce Calles, 1999); L. Kass y J. Wilson, The Ethics of Cloning (Washington, DC: American Enterprise Institute, 1998); J. M. Humber y R. F. Almeder, eds., Human Cloning (Totowa, NJ: Humana Press, 1998); G. McGee, ed., The Human Cloning Debate (Berkeley, CA: Berkeley Hills Books, 1998); M. C. Nussbaum y C. R. Sunstein, eds., Clones y Clones: hechos y fantasias acerca de la clonación (Traducción de María Condor) (Madrid: Cátedra, 2000) (en adelante citado como Nussbaum y Sunstein, Clones y Clones); G. Kolata, Hello Dolly: el nacimiento del primer clon (Traducción de Justo E. Vasco y Cristina Macia) (Barcelona: Planeta, 1998); G. Pence, ed., Flesh of My Flesh (Lanham, MD: Rowman and Littlefiled, 1998); G. Pence, Who’s Afraid of Human Cloning (Lanham, MD: Rowman and Littlefiled, 1997) (en adelante citado como Pence, Cloning); y US National Bioethics Advisory Commission, Cloning Human Beings: Report and Recommendations of the National Bioethics Advisory Commission (Rockville, MD: The Commission, June 1997) (en adelante citado como NBAC, Cloning Human Beings).

(4). Ver, por ejemplo, D. W. Brook, “Cloning Human Beings: An Assessment of the Ethical Issues Pro and Con” en: Clones y Clones, eds. M. C. Nussbaum y C. R. Sunstein (en adelante citado como Brock, Assessment); Pence. Cloning, cap. 9; y NBAC, Cloning Human Beings.

(5). Ver NBAC,Cloning Human Beings; y G. Annas, “Scientific Discoveries and Cloning: Challenges for Public Policy”, en: Flesh of My Flesh. G. Pence, ed. pp. 77-83 (en adelante citado como Annas, Discoveries).

(6). Ver L.M. Silver, “Cloning, Ethics, y Religion” Cambridge Quarterly of Health Care Ethics 7, 1998:168-72; y Pence. Cloning, p. 52.

(7). Ver , L. Kass, “The Wisdom of Repugnance”, en Flesh of My Flesh, G. Pence, ed. pp. 13-37 (en adelante citado como Kass.,Wisdom); NBAC, Cloning Human Beings; A.D. Verhey., “Cloning: Revisiting an Old Debate,” Kennedy Institute of Ethics Journal 4, 1994:227-234; y D. Callahan, “Perspective on Cloning: A Threat to Individual Uniqueness,” Los Angles Times 1993; November 12:B7.

(8). Walter Gilbert, “A Vision of the Grail,” en: The Code of Codes: Scientific and Social Issues in the Human Genome Project, eds. D. J. Kevles y L. Hood (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1992) pp. 83-97. Traducción de la autora.

(9). H. Jonas, Philosophical Essays: From Ancient Creed to Technological Man (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 1974) y J. Feinberg, “The Child’s Right to and Open Future” en: Whose Child? Children’s Rights, Parental Authority, and State Power, eds. W. Aiken y H. LaFollette (Totowa, NJ: Rowman and Littlefield, 1980).

(10). Brock, Assessment, pp. 153-54.

(11). Ver, Annas. Discoveries; y NBAC. Cloning Human Beings.

(12). Ver, por ejemplo, Mary Catherine Bateson, Full Circles, Overlapping Lives: Culture and Generation in Transition (New York, NY: Random House, 2000); Stephanie Coontz, Maya Parson, y Gabrielle Raley, eds., American Families: A Multicultural Reader (New York, NY: Routledge, 1998); Judith Stacey, In the Name of the Family: Rethinking Family Values in the Postmodern Age (Boston, MA: Beacon Press, 1997); Ladislav Holy, Anthropological Perspectives on Kinship (London, UK: Pluto Press, 1996); Stephanie Coontz, The Way We Never Were: American Families and the Nostalgia Trap (New York, NY: Basic Books, 1992); R. Service, Primitive Social Organization: An Evolutionary Perspective (New York, NY: Random House, 1997).

(13). Ver NBAC, Cloning Human Beings; y R. Macking, “Splitting Embryos on the Slippery Slope: Ethics and Public Policy,” Kennedy Institute of Ethics Journal 4, 1994:209-226.

(14). Ver Kass, Wisdom; y NBAC, Cloning Human Beings.

(15). Brock, Assessment, pp. 158-60.

(16). Ver, por ejemplo, Pence, Cloning, pp. ch. 8; y J. Robertson, “Human Cloning and the Challenge of Regulation, ” The New England Journal of Medicine, 339: 2 (1998) (en adelante citado como Robertson, Cloning).

(17). Ver, por ejemplo, R. Winston, “The Promise of Cloning for Human Medicine,” British Medical Journal 314 (1997): 913-14; Pence, Cloning, pp.106-08; y Robertson, Cloning.

(18). Ver, por ejemplo, World Health Organization, Recent Advances in Medically Assisted Conception (Geneve: WHO, 1992); y The New York Task Force on Life and the Law, Assisted Reproductive Technologies: Analysis and Recommendations for Public Policy (New York: The Task Force, April 1998), pp. 10-16 (en adelante citado como NY Task Force).

(19). Ver I. de Melo-Martín, Making Babies (Dordrecht: Kluwer, 1998) ch. 5 (en adelante citado como de Melo-Martín, Babies)

(20). Ver G. B. Ellis, "Infertility and the Role of the Federal Government," en Beyond Baby M, eds., D. M. Bartels, R. Priester, D. E. Vawter, y A. L. Caplan, (Clifton, NJ: Humana Press, 1990), pp. 111-130.

(21). Ver R. Jewelewicz y E. E. Wallach, "Evaluation of the Infertile Couple," en Reproductive Medicine and Surgery, eds., E. E. Wallach y H. A. Zacur (St, Louis, Missouri: Mosby, 1994), pp.364 (en adelante citado como Jewelewicz y Wallach, Evaluation); y B. A. Mueller y J. R. Daling, "The Epidemiology of Infertility," en Controversies in Reproductive Endocrinology and Infertility, ed., M. R. Soules (New York: Elsevier, 1989).. Ver M. S. Henifin,”New Reproductive Technologies: Equity and Access to Reproductive Health," Journal of Social Issues 49:2 (1993): 61-74.

(22). Ver Rowland, Living Laboratories (Bloomington: Indiana University Press, 1992), pp. 231, 257 (en adelante citado como Rowland, Laboratories).

(23)

(24). Ver Jewelewicz y Wallach, Evaluation, p. 364; Rowland, Laboratories, pp. 231; y R. Koval y J. A. Scutt, "Genetic and Reproductive Engineering --All for the Infertile?" en Baby Machine. Reproductive Technology and the Commercialization of Motherhood, ed., J. A. Scutt (Melbourne: McCulloch Publishing, 1988), pp. 33-57.

(25). Ver Pence, Cloning, y Robertson, Cloning.

(26). Ver De Melo-Martin, Babies, Ch. 5.

(27). Pence, Cloning, p.145

(28). Ver J. Robertson, “The Question of Human Cloning,” Hasting Center Report 24 (1994): 6-14 (en adelante citado como Question) Pence, Cloning, p.101; y Robertson, Cloning.

(29). Pence, Cloning, p. 103

(30). Pence, Cloning, p. 114

(31). Ver Robertson, Cloning.

(32). Ver Robertson, Question, Pence, Cloning.

(33). Ver Pence, Cloning, p. 6