Número 5 / Enero - Abril 2003


Desarrollo de una Guía de Evaluación de Impacto Social para Proyectos de I+D+I

Guillermo Aleixandre Mendizábal, Francisco Javier Gómez González y Diego Moñux Chércoles

Guillermo Aleixandre Mendizábal, Universidad de Valladolid
Francisco Javier Gómez González, Universidad de Valladolid
Diego Moñux Chércoles, Centro Tecnológico CARTIF


Palabras clave: Evaluación de impacto social, proyectos de I+D+I, evaluación ex ante y ex post, evaluación cualitativa, centros tecnológicos, sistema español de innovación.

Resumen

Esta comunicación presenta los resultados de un proyecto de investigación llevado a cabo por un grupo formado por investigadores de la Universidad de Valladolid (España) y del centro tecnológico CARTIF (Boecillo, Valladolid). El carácter interdisciplinar del equipo -economistas, sociólogos e ingenieros- es coherente con el espíritu con el que se ha abordado el objeto de la investigación, reflejado en la multiplicidad de enfoques considerados, que van desde la gestión de la tecnología y la dirección de proyectos de ingeniería hasta la sociología de la tecnología, pasando por la economía de la innovación y las políticas de I+D+I.

El objetivo de la investigación era elaborar una metodología de evaluación de impacto social de los proyectos de I+D+I desarrollados en centros o institutos tecnológicos, tomando como referencia y como banco de pruebas los del centro tecnológico CARTIF. La metodología se había de plasmar en una guía de fácil uso, orientada a los propios investigadores -en un contexto de utilización voluntaria- y dotada de dos utilidades claras. En primer lugar, identificar y evaluar ex ante los posibles impactos de los proyectos de I+D+I, ofreciendo recomendaciones para mejorar el “diseño social” de dichos proyectos cuando todavía hay tiempo para que éstas sean incorporadas. En segundo lugar, evaluar ex post los resultados del proyecto, con el objeto de disponer de una realimentación sobre la evaluación ex ante y de impulsar un proceso de aprendizaje para futuros proyectos.

La estructura del artículo es la siguiente. En primer lugar, mostramos los argumentos en los que fundamentamos nuestro estudio. En segundo, describimos la construcción y las características de la metodología en cuatro pasos: problemas y presupuestos de partida, desarrollo de la lista de control de impactos, valoración de los impactos y descripción de los distintos tipos de lista propuestos para los diferentes momentos del ciclo de vida del proyecto. El artículo se cierra con unas breves conclusiones.

1. Fundamentos de la investigación

Los fundamentos para el desarrollo de un trabajo de estas características son, a nuestro entender, de tres clases, y nos hablan de la factibilidad, la oportunidad y la rentabilidad de la inclusión de criterios sociales en los proyectos de I+D+I.

En primer lugar, existen fundamentos teóricos que hacen posible un trabajo de estas características. En la medida en que los estudios sociales de la tecnología y la economía evolucionista han construido una nueva imagen de la tecnología, lejana a los modelos lineales y autónomos del cambio tecnológico, creemos que es posible integrar criterios sociales en la lógica de la investigación científica y del diseño ingenieril. En el primer caso se ha mostrado lo que de social tienen las decisiones tecnológicas —con una aproximación frecuentemente constructivista (Bijker et al, 1987)— y la inseparable dinámica de los procesos sociales y la evolución de la tecnología con un punto de vista, generalmente sistémico, que parte de los trabajos de Hughes (1983 y 1987)—-. Los teóricos de la economía evolucionista, por su parte, han estudiado el papel central, y un tanto imprevisible, del cambio tecnológico en la dinámica económica. Lo han hecho, además, poniendo el énfasis en los procesos de variación y selección de tecnologías, e introduciendo conceptos como el de trayectoria y régimen tecnológico (Nelson y Winter, 1982) o el de sistema de innovación (Lundvall, 1992), que han abierto nuevas perspectivas para el análisis de la tecnología en su contexto socioeconómico.

La integración de ambas tradiciones permite hoy defender, a nivel macro, un nuevo concepto de cambio tecnológico basado en la coevolución de tecnología y sociedad (Rip y Kemp, 1998), en el que, ni la tecnología puede entenderse como determinante del cambio social, ni es posible -como guía de acción política- apostar por modelos simplistas de orientación del cambio tecnológico hacia fines sociales. El objetivo es más bien diseñar estrategias para articular la inteligencia colectiva —incluyendo la evaluación de impacto social—, de forma que los sistemas de innovación, cada vez más complejos, puedan responder a las demandas socioeconómicas (Khulmann, et al 1999). La práctica de la Evaluación de Tecnologías en diferentes contexto europeos (Schot y Rip, 1997) y los esfuerzos por la integración del desarrollo sostenible como principio guía del cambio tecnológico (Weaber et al 2000) son un buen ejemplo en este sentido. Esta visión integrada, por otra parte, permite a nivel micro caracterizar los factores no técnicos que confluyen en el diseño tecnológico, especialmente en los momentos de toma de decisiones (Vergragt, 1988). Ello nos impulsa a pensar en la conveniencia de un trabajo de este tipo, que trata de desvelar algunos de esos factores y de reflejarlos en una guía práctica de evaluación para responsables de proyectos de I+D+I.

En segundo lugar, existen argumentos políticos que muestran la oportunidad de este trabajo. En la medida en que la necesidad de conectar el sistema de ciencia y tecnología con la sociedad es una declaración claramente presente en el discurso político, y que los planes de I+D+I se esfuerzan cada vez más por integrar programas en este sentido, creemos que es oportuno desarrollar herramientas que los apoyen. En efecto, las últimas décadas han visto una sustancial transformación en la forma de entender las políticas de innovación tecnológica (Caracostas y Muldur, 1998). Una vez abandonados los modelos lineales science-push —la “primera fase” de estas políticas—, con sus indicadores de oferta científico-tecnológica representados por el Manual de Frascati (OECD, 1994), se impuso la preocupación por la dimensión no tecnológica de la innovación, en la que se han identificado múltiples barreras a la innovación, todas ellas responsables de la “paradoja europea” (European Commission, 1995). El énfasis por los indicadores de innovación tecnológica representados por el Manual de Oslo (OECD, 1997), y por la competitividad industrial, propio de esta “segunda fase”, se debe ver superado por una preocupación por el impacto de dichas políticas en el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos. Ello se correspondería con una “tercera fase” en las políticas de innovación, que es auspiciada por diversos analistas (Smits et al, 1995) y detectable en diversos documentos de la Unión Europea (European Commision, 1996 y 2000).

En tercer lugar, es posible encontrar fundamentos económicos que nos acercan, quizás, a concebir a la evaluación de impacto social como algo rentable para los agentes involucrados. En la medida en que el auge de la responsabilidad social de la empresa está empezando a impulsar una relación más comprometida de las empresas con su entorno, integrando la cooperación con diversos stakeholders (Halal, 2002), creemos que puede ser rentable, tanto para los centros tecnológicos como para las empresas innovadoras, incorporar criterios de impacto social en la gestión de los proyectos de I+D+I que comparten. Considerando que cada vez son más los estudios y las acciones emprendidas en el campo de la responsabilidad social —siguiendo en muchos casos las recomendaciones del Libro Verde europeo (Comisión Europea, 2001)—, es lógico pensar que esas iniciativas puedan preocuparse en particular por los procesos de innovación, cada vez más estratégicos en todas la organizaciones. No en vano, desde una perspectiva instrumental, la inclusión de criterios de impacto social puede aumentar la confianza de los consumidores en la empresa y reducir la aparición de conflictos. A este proceso puede contribuir también la evolución los modelos de gestión de calidad, que avanzan hacia la inclusión de los resultados sociales de la empresa en sus valoraciones —como es visible en la evolución del modelo europeo de calidad EFQM (Martín-Castilla, 2002)—.

Estos fundamentos se plasman en lo que llamamos el contexto de aplicación de la guía, que se muestra el modelo simplificado de la figura 1. En ella se aprecia que la guía se concibe como un instrumento que puede ayudar a conciliar las dos tendencias descritas en los fundamentos: la que se corresponden con la voluntad política de ampliar el concepto de sistema de innovación hacia lo social, para incluir cada vez más consideraciones sobre el impacto social de la tecnología —en aspectos como el bienestar, la calidad de vida, los riesgos, los dilemas éticos— y la que desde la política social y económica, que comienza a demandar una mayor responsabilidad social por parte de las organizaciones en sus todos sus procesos, incluidos los de innovación. En este contexto de mayor exigencia para los responsables de proyectos de I+D+I, la guía aparece como un instrumento con el que mejorar el diseño social de sus proyectos y avanzar, en un proceso de aprendizaje continuo apoyado en la evaluación, hacia la integración de la evaluación de impacto social en la gestión de proyectos de I+D+I.

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Figura 1

Por último conviene aclarar por qué se ha elegido el centro tecnológico como sujeto de análisis. Esta decisión se apoya en dos hechos: su importante papel en los procesos de transferencia de tecnología y su carácter estratégico, en toda España, dentro de los sistemas regionales de innovación (Fernández y Conesa, 1996; COTEC, 1998). Es más, en la medida en que muchos de los centros e institutos tecnológicos españoles han surgido como consecuencia de políticas autonómicas de fomento de la innovación tecnológica —recibiendo una fuerte cofinanciación pública, o incluso llegando a depender orgánicamente de las administraciones autonómicas—, la sociedad puede y debe esperar de ellos que contribuyan de forma efectiva al desarrollo económico y social de su comunidad autónoma.

2. Construcción de la metodología

2.1. Problemas y presupuestos de partida

El principal problema a la hora de comenzar el proyecto era la escasa investigación realizada hasta ahora con esta perspectiva. Si bien en el caso de la evaluación de políticas científicas y tecnológicas sí existe una tradición académica que ha abordado la dimensión social de dichas políticas (Smits, 1995), incluyendo el problema del desarrollo de indicadores (Itzcovitz et al, 1998; Fernández Polcuch, 1999), y si bien dentro de la Evaluación de Impacto Ambiental existe una categoría dedicada al impacto social (Canter, 1998), apenas existen trabajos que se centren exclusivamente en el impacto social de los proyectos de I+D+I. No en vano, se trata de una dimensión micro en la que resulta muy complicado identificar los posibles impactos —más aún los de carácter social—, lo que constituye el primer paso hacia cualquier evaluación.

En cuanto a los presupuestos de partida, había tres muy claros. En primer lugar, la lógica de la guía debía ser coherente con la gestión de este tipo de proyectos, es decir, tenía que adaptarse a su alcance, a sus fases y a la praxis de los directores de proyectos de I+D+I, de forma que estos puedan incorporar el mecanismo de evaluación de una forma efectiva y poco costosa. Para mantener este sentido práctico ha sido de especial importancia contar con la experiencia del centro tecnológico CARTIF. Sin embargo, la herramienta de evaluación no podía acusar el haber tomado como referencia un centro tecnológico específico, por lo que se puso especial cuidado en mantener el segundo de los presupuestos de partida: la guía debía ser lo suficientemente flexible como para adaptarse a la multiplicidad, tipológica y temática, de los proyectos habitualmente realizados desde estas organizaciones. Para ello, así como para simplificar el procedimiento de evaluación, se han clasificado los distintos tipos de proyectos de I+D+I, de forma que sea posible discriminar los impactos que deben o no considerarse para cada tipo de proyecto. Tras manejar clasificaciones ciertamente complejas, que contemplaban un número elevado de criterios, se optó finalmente por una clasificación simple y coherente con la taxonomía que de la I+D+I hace la OCDE (1994 y 1997), distinguiendo entre proyectos de I+D, proyectos de innovación organizativa, proyectos de Innovación tecnológica de proceso y proyectos de innovación tecnológica de producto.

El tercer presupuesto tiene que ver con el ciclo de vida del proyecto y la naturaleza de los impactos. En la medida en que los impactos deben ser tratados de diferente forma en el momento de diseño del proyecto y en el momento de evaluación final, entendemos que la metodología de evaluación debe concentrarse un número determinado de fases concretas que cubren todo el ciclo de vida del proyecto, y así lo hemos planteado. Para dicho análisis, hemos partido de la teoría de gestión de proyectos (AENOR, 2000), identificando los momentos en lo que se toman las decisiones más relevantes de cara al impacto social. Dichos momentos son: la presentación de una demanda por el cliente —en el caso de existir éste, y que se corresponde con la percepción de dicha demanda por el centro y el planteamiento de una propuesta de investigación en el caso de no existir cliente—; la presentación de la propuesta definitiva por el centro al cliente, tras el proceso de negociación; la fase de diseño e implementación; y por último, el momento de evaluación final, una vez acabado el proyecto. La metodología de evaluación se ha concentrado en dichos puntos.

2.2. Desarrollo de la metodología

La metodología consiste en una lista de control, o checklist, de carácter cualitativo, que recoge los impactos sociales que hemos sido capaces de identificar, y que una vez desarrollada ha sido implementada en una herramienta EXCEL para facilitar su uso. Para elaborar la lista de control se optó por una estrategia “abajo-arriba” (bottom-up) en lugar de una “arriba-abajo” (top-down). Es decir, hemos evitado partir de una serie de categorías de impacto social predeterminadas para después identificar los impactos y factores de impacto que la integran, pues consideramos que podría llevarnos a recaer en las ideas más tópicas al respecto del impacto social. Ello dificultaría hacer frente a uno de los problemas de partida descritos: la dificultad de hacer visibles el mayor número posible de impactos asociables a proyectos de I+D+I, que habitualmente pasan desapercibidos debido a los objetivos y la envergadura de dichos proyectos. Por tanto, comenzamos elaborando una lista de factores de impacto a la que luego fuimos dando forma de lista de impactos agrupados en categorías.

El rango cubierto bajo el concepto "impacto social" es amplio. De hecho, hemos tratado de cubrir no sólo lo que podríamos considerar como estrictamente social, sino todos aquellos aspectos medioambientales y socioeconómicos que habitualmente no son tenidos en cuenta en los mecanismos de toma de decisiones. En el caso de los proyectos de I+D+I, estos mecanismos suelen considerar dos tipos de criterios: viabilidad tecnoeconómica —análisis cuantitativo: retornos de inversión, factibilidad, etc.— y cuestiones estratégicas para el centro y sus clientes —análisis cualitativo—. En este último caso, es frecuente utilizar listas de control para el proceso de toma de decisiones cuando existen riesgos difíciles de sopesar (Hidalgo et al, p.364-366), por lo que podemos considerar que nuestra metodología es coherente con dicho mecanismo.

Siguiendo la estrategia abajo-arriba mencionada, comenzamos reuniendo el mayor número de ideas que pudimos asociar con los efectos sociales de un proyecto de I+D+I. Esa información fue estructurada en forma de factores de impacto e impactos, de forma que el impacto es la idea básica y los factores de impacto las facetas mediante las cuales se puede caracterizar aquellos. Finalmente, los impactos fueron agrupados en cinco categorías que completan el universo de lo social, en el sentido amplio ya comentado. La evaluación se realiza por tanto a través de la valoración secuencial de lo que hemos llamado factores de impacto, que son los ítems que conforman la lista de control, aunque el peso de cada uno de ellos en la valoración numérica final depende de su posición dentro de la categoría, como comentaremos más adelante.

La figura 2 muestra un ejemplo de factor de impacto, el denominado "libertad del consumidor". Como se puede apreciar, cada factor de impacto lanza una pregunta al evaluador, que viene acompañada de uno o más criterios —uno en este caso— que ayudan a su interpretación y contestación. La columna tipo de proyecto indica que este factor de impacto solo debe tenerse en cuenta en el caso de estar evaluando un proyecto de innovación de producto, pues la pregunta carece de sentido para el resto de clases de proyectos. Una vez implementada la lista de control en la herramienta EXCEL, esta discriminación de factores de impacto es automática, de forma que el programa sólo permite contestar las preguntas pertinentes.

Impacto

Tipo

Criterio

Libertad del consumidor ¿Aumenta la gama de productos disponibles en el mercado y, por tanto, la libertad de elegir del consumidor?

Innovación de producto

Contribuye a la introducción de un nuevo producto en el mercado (no se trata de una innovación comercial de uno ya existente).

Figura 2

El número de factores de impacto finalmente identificados asciende a 54, agrupados en 14 impactos. Las cinco categorías en las que finalmente integramos los impactos son las siguientes:

En el anexo se presenta una versión simplificada de la lista de control, conteniendo únicamente el nombre de los factores de impacto, que se disponen en la columna derecha. La columna de la izquierda está dividida en dos: a la derecha se sitúan los impactos mientras que a la izquierda encontramos lo que hemos denominado “bloques de impacto”. Tomando por ejemplo la categoría Aspectos sociales, encontramos que el impacto Calidad de vida (de los usuarios últimos) viene descrito a través de los factores de impacto: Libertad del consumidor, Necesidades vitales básicas, Necesidades y servicios colectivos y riesgos tecnológicos; es decir, el impacto del proyecto sobre la calidad de vida es evaluado a través de estos cuatro factores. La necesidad de los bloques surgió al agregar los impactos y diseñar un sistema de valoración, pues encontramos patrones de semejanza entre las distintas categorías. Así, Aspectos sociales y Aspectos ambientales se dividen en tres bloques conceptualmente iguales: (impactos derivados de los) objetivos del proyecto, (impactos derivados del) diseño del proyecto e (impactos derivados de los) compromisos corporativos (de los agentes involucrados). Los factores de Aspectos ambientales están directamente inspirados en la literatura sobre Ecodiseño (Brezet y van Hemel, 1997), mientras que en el caso de Aspectos sociales, los factores están relacionados con múltiples fuentes de inspiración, desde cuestiones clásicas en política social —desigualdad, integración, economía social— hasta otras menos comunes, como la participación pública en tecnología (López Cerezo et al, 1998) o el campo de las tecnologías para la rehabilitación y el diseño para todos (COTEC, 1997). Por su parte, los factores incluidos dentro de la categoría Aspectos económicos, inspirados en las políticas de desarrollo económico regional, fueron conceptualizados en su totalidad como (derivados de los) objetivos del proyecto.

En cuanto a las categorías Sistema de Innovación y Empleo, éstas no pudieron ser entendidas siguiendo la lógica objetivos/diseñó/compromisos corporativos. Los factores de Empleo fueron fácilmente clasificados en un bloque cuantitativo y otro cualitativo, estando este último inspirado en la sociología laboral. Los de Sistema de innovación fueron clasificados en dos bloques: estructura y cultura del sistema; el primero de ellos es coherente con las consideraciones habituales en economía de la innovación, mientras que el segundo está configurado siguiendo un enfoque de cultura tecnológica, perspectiva adoptada por algunos filósofos y sociólogos de la tecnología (Quintanilla y Bravo, 1997). La cultura tecnológica se considera compuesta por una dimensión cognitiva, otra práctica y otra valorativa, que ofrecen una riqueza conceptual en la que caben desde el impacto negativo que una innovación de proceso puede generar en la empresa —factor cambios traumáticos— hasta el impacto positivo de promoción de cultura tecnológica en la sociedad que cualquier proyecto de I+D+I podría llevar asociado.

Es inmediato constatar que, en algunos casos, los bloques y los impactos son indistinguibles -solo hay una columna izquierda en la lista de control simplificada del anexo-. Esta situación responde al hecho de que al dividir las categorías en bloques conceptuales nos hemos encontrado directamente con los impactos. A pesar que pueda parecer una estructura un tanto confusa, es la que resulta de aplicar el esquema de trabajo descrito, sin forzar en exceso una realidad conceptual inherentemente compleja y diversa dado el amplio espectro de “lo social” que se ha considerado. Tampoco se ha optado por prescindir de ninguno de los dos conceptos —impacto y bloque— porque aportan riqueza allí donde es necesaria y porque, como se explica más abajo, tienen un papel distinto en el momento de la valoración numérica.

2.3. Valoración de impactos

Es pertinente presentar ahora otro de los presupuestos de partida del equipo de investigación: consideramos muy difícil, si no imposible, el asociar valores numéricos a los impactos sociales de un proyecto. Sin embargo, por otra parte, somos conscientes de que una herramienta de evaluación debe proporcionar algún tipo de valoración para permitir al gestor-evaluador detectar los puntos más débiles del proyecto, así como para seguir las mejoras en las distintas evaluaciones acometidas a lo largo del ciclo del proyecto. La dificultad de conciliar ambas tensiones nos ha llevado a apostar por una aproximación de base cualitativa, pero que arroja como resultado valores numéricos para cada una de las categorías. Como se aprecia en la figura 2, los factores se presentan como preguntas que esperan, en la mayoría de los casos, una respuesta Sí/No y, en los menos, una valoración sobre una escala. La pregunta Si/No se ha mantenido siempre que ha sido posible, pues es la que mejor se ajusta con la idea de lista de control cualitativa, en la que se valora simplemente el que el proyecto sea positivo o no en la dimensión social representada por cada ítem. La escala se introduce en los casos en lo que una respuesta afirmativa admite matizaciones -sí, puntualmente frente a sí, intensamente, por ejemplo- o en los que, por la dificultad de lo planteado en el factor, conviene puntuar positivamente el simple hecho de que el investigador analice lo que se le pregunta y penalizar el que no lo haga —puntuando más si, además, considera los resultados de ese análisis de cara al diseño del proyecto— En el caso Sí/No se asigna al factor un valor 1/0, mientras que en la escala se asigna un valor entero comprendido entre -2 y 3 —el caso 0,1,2 es el más común—.

Agregando estos valores parciales, la herramienta EXCEL ofrece como resultado final una valoración numérica, comprendida entre 0 y 1, del impacto sobre cada una de las cinco categorías de impacto. Con ello se pretende ofrecer una visión de conjunto de los efectos del proyecto sobre las cinco categorías de impacto consideradas. Para construir dicho valor agregado, hemos pretendido ser lo más objetivos y rigurosos posibles, sin olvidar que estamos ante una evaluación de base cualitativa. En primer lugar, el valor de cada bloque se construye sumando el de los factores que lo componen; posteriormente, el de las categorías se hace ponderando el de los impactos, en virtud de la ubicación de estos en los bloques de impacto que mencionábamos arriba, cada uno de los cuales pesa lo mismo en el valor de la categoría —1/3 en el caso de existir tres bloques—. La introducción de los bloques no es por tanto gratuita, sino que responde, además de a una búsqueda de paralelismos conceptuales entre categorías, a un esfuerzo por el rigor en la valoración: a la intención de ponderar por igual bloques de impactos que nos parecen igualmente importantes, independientemente del número de factores de impacto que contengan.

De la estrategia de valoración descrita se desprende que los proyectos, al ser evaluados, pueden compensar una mayor valoración en ciertos impactos con una menor puntuación en otros de la misma categoría. Se trata de una decisión que choca con la inconmensurabilidad intrínseca de los impactos sociales considerados, pero que se ha tomado en virtud de la operatividad de la metodología. Se ha renunciado, sin embargo, a que la herramienta EXCEL arroje una única valoración global, como agregado de las de las categorías. Se ha decido así por entender que compensar, por ejemplo, buenos resultados en el efecto reforzador sobre el sistema de innovación con otros malos en los aspectos estrictamente sociales, o en el empleo, supone ir demasiado lejos. Se trata de dimensiones muy distintas, y lo deseable es que el proyecto pueda ofrecer un perfil equilibrado y favorable en todas ellas, en el entendido de que, en función del tipo concreto de proyecto, la valoración será necesariamente más positiva en unas categorías que en otras.

De esta estrategia se deriva también la conclusión de que las valoraciones numéricas deben ser manejadas con cuidado. Pueden ser muy útiles, como se ha dicho, para seguir durante el ciclo de vida los resultados sociales de un proyecto, e incluso para comparar proyectos del mismo tipo que se correspondan con sectores tecnológicos no muy dispares. Desaconsejamos, sin embargo, su uso para comparar proyectos de distinta clase si no se hace atendiendo a factores de corrección, o como simple apoyo de un análisis cualitativo ulterior.

2.4. Configuraciones de la lista de control a lo largo del ciclo de vida del proyecto

Como se mencionaba en los presupuestos de partida, la metodología debe ser capaz de evaluar en diversos momentos del ciclo de vida del proyecto, con el objetivo de asesorar las decisiones de las que se pueden derivar unos u otros impactos sociales. En concreto, apostamos por una evaluación previa (ex ante) en el momento de formulación, otra intermedia (in itinere) en algún momento de la implementación y otra posterior (ex post) una vez finalizado el proyecto, Para ello, la lista de control admite cuatro configuraciones en las que los mismos factores de impacto son formulados de distinta forma, con el objeto de ser coherente con el momento exacto de desarrollo del proyecto.

Una vez desarrolladas, las cuatro listas de control fueron implementadas en una hoja de cálculo EXCEL en la que se programó la estrategia de valoración descrita. Para realizar la evaluación, el responsable debe comenzar eligiendo el tipo de proyecto a evaluar y situarse en la hoja que corresponde a la evaluación requerida (ex ante, in itinere o ex post). Allí encontrará que el programa presenta destacados los factores de impacto a tener en cuenta en ese tipo de proyecto; el resto es legible, pero sus celdas están bloqueadas. Una vez que ha completado la lista de control, el evaluador puede acceder a un resumen con los resultados parciales y totales de cada categoría, así como a un diagrama de barras que facilita la visualización de los resultados de las cinco categorías.

3. Conclusiones

Apoyándose en tres fundamentos de investigación —teóricos, políticos y económicos— y en una serie de presupuestos de partida, el artículo ha presentado una metodología diseñada para la evaluación del impacto social de proyectos de I+D+I en los centros tecnológicos españoles. La metodología consta de cuatro listas de control; para su construcción se ha seguido una estrategia "abajo-arriba" en la identificación de impactos, que finalmente han sido organizados en una estructura que contempla factores de impacto —los ítems de evaluación—, impactos, bloques y categorías. La perspectiva asumida en la conceptualización del impacto social ha sido amplia, con el objetivo de incluir los aspectos sociales, socioeconómicos y medioambientales que se dejan de lado en los procesos de evaluación de proyectos de I+D+I. Como síntesis, nuestra investigación ofrece los siguientes resultados:

Agradecimientos

Este proyecto de investigación gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Programa PROFIT 2001 y 2002 (Programa de Socioeconomía), FIT-080000-2001-87. Los autores desean reconocer el trabajo de otros miembros del equipo que no han participado en la redacción de este artículo: Luis Javier de Miguel González; Patricia Vázquez de Luis, Mónica Antón y Nuria Rodríguez.

Anexo: lista de control esquemática

1. MEDIO AMBIENTE

Impactos derivados del carácter medioambiental de los objetivos o el diseño del proyecto y de los compromisos corporativos de las organizaciones implicadas

Objetivos

Activo

Alivio de impactos negativos (1.1.1)

Sostenibilidad (1.1.2)

Regulación (1.1.3)

Ecodiseño

Del proceso productivo

Activo

Energía: ahorro y renovables (1.2.1)

Materiales (1.2.2)

Proveedores (1.2.3)

Abastecimiento (1.2.4)

Del producto

Activo-preventivo

Análisis de Ciclo de Vida (1.3.1)

Proveedores (1.3.2)

Producción: consumo de energía y materiales (1.3.3)

Distribución (1.3.4)

Uso (1.3.5)

Eliminación / fin de vida (1.3.6)

Información al consumidor (1.3.7)

Compromisos corporativos

Activo-preventivo

Compromisos medioambientales de los clientes, socios y proveedores: (1.4.1)

2. ASPECTOS SOCIALES

Impactos derivados del carácter social de los objetivos o el diseño del proyecto y de los compromisos corporativos de las organizaciones implicadas

Objetivos

Calidad de vida (de los usuarios últimos)

Activo

Libertad del consumidor (2.1.1)

Necesidades vitales básicas (2.1.2)

Necesidades y servicios colectivos (2.1.3)

Activo-preventivo

Riesgos tecnológicos (2.1.4)

Desarrollo social

Activo

Economía con interés social (2.2.1)

Problemas sociales (2.2.2)

Sociodiseño

Activo

Diseño para todos (2.3.1)

Tecnologías para la rehabilitación (2.3.2)

Participación social (2.3.3)

Preventivo

Relaciones sociales (2.3.4)

Compromisos corporativos (dilemas éticos y responsabilidad social de la empresa)

Activo-preventivo

Compromisos voluntarios del centro tecnológico (2.4.1)

Compromisos éticos y sociales de los clientes, socios y proveedores (2.4.2)

3. SISTEMA DE INNOVACIÓN

Impactos estructurales y culturales sobre los agentes innovadores del sistema e impactos culturales sobre la sociedad en general (entorno del sistema)

Estructura del sistema (recursos)

Activo

Capital humano (3.1.1)

Adecuación al medio local (3.1.2)

Novedad (3.1.3)

Potenciación de agentes innovadores del sistema (3.1.4)

Uso alternativo de la tecnología (3.1.5)

Cultura tecnológica de los agentes innovadores

Dimensión cognitiva (saber qué y saber cómo)

Activo

Difusión de la tecnología (3.2.1)

Difusión del conocimiento (3.2.2)

Dimensión práctica (pautas o reglas de comportamiento)

Activo

Coherencia con la política de I+D+I (3.3.1)

Cultura corporativa de innovación (3.3.2)

Cooperación: transversalidad (3.3.4)

Cooperación: interdisciplinariedad (3.3.5)

Dimensión valorativa (valores o sistemas de preferencias)

Preventivo

Cambios traumáticos (3.4.1)

Cultura tecnológica de la sociedad en general

Dimensión cognitiva

Activo

Promoción de la cultura científica y tecnológica (3.5.1)

Dimensión práctica y valorativa

Preventivo

Conflictos con prácticas y valores sociales (3.6.1)

4. EMPLEO

Impactos sobre la creación y la transformación del empleo

Cuantitativos

(creación o destrucción)

Efecto directo

Activo-preventivo

Creación o destrucción de empleo (4.1.1)

Efecto indirecto

Activo

Creación de empresas (4.2.1)

Cualitativos (transformación)

Efecto directo cualitativo

Activo-preventivo

Perfil (4.3.1)

Requerimiento físico (4.3.2)

Integración (4.3.3)

Riesgos laborales (4.3.4)

5. ASPECTOS ECONÓMICOS

Consideraciones económicas de interés estratégico para la región

Objetivos

Activo

Coherencia con la política económica (5.1.1)

Desarrollo endógeno (5.1.2)

Desarrollo equilibrado (5.1.3)

Potenciación de las pymes (5.1.4)

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