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Universidad de la República, Uruguay
Desde que fuera propuesto, a mediados de la década de 1980, el concepto o enfoque de los Sistemas Nacionales de Innovación ha dado lugar a muy variadas definiciones y caracterizaciones. Una de las primeras, debida a Christopher Freeman, describe como SNI a la red de instituciones en los sectores públicos y privados que inician, importan, modifican y difunden nuevas tecnologías (Freeman, 1987: 1). El término nuevas tecnologías no carece de ambigüedad. Por una parte, la novedad tecnológica no puede considerarse sino en relación a un contexto determinado (Kelly et al, 1990: 21): algo concreto es nuevo para un cierto actor y puede no serlo para otro. Por otra parte, nuevas tecnologías refiere a un conjunto de saberes en permanente estado de transformación que, por eso mismo, resulta nuevo para todos los actores. Es en este último sentido que las tecnologías de la información y de la comunicación (TICs) son nuevas, genéricamente, aunque algunas de sus manifestaciones concretas puedan serlo o no para ciertas empresas o ciertos países. Lo mismo puede decirse de otras tecnologías nuevos materiales, nuevas formas de energía, biotecnologías-, usualmente incluidas dentro de la acepción nuevas tecnologías. Lo que hace que este tipo de tecnologías siga siendo nuevo es su estrecha relación con la investigación por definición creadora de novedad- y, también, la necesidad de quienes pretenden interactuar con ellas de familiarizarse con los principios científicos en los que están basadas. Citando nuevamente a Freeman:
...lo que importa es la habilidad de un sistema nacional de ciencia y tecnología para hacer uso de los resultados de la ciencia mundial a efectos de hacer avanzar la tecnología nacional. Es imposible, ciertamente, entender y asimilar nuevos avances en varias ramas de la ciencia sin una participación activa en la comunidad científica internacional. Más aún, es igualmente cierto que la interdependencia entre ciencia y tecnología está creciendo y algunas de las más importante nuevas tecnologías genéricas están íntimamente relacionadas con la ciencia básica (id.: 30).
Desde una perspectiva económica y social, la importancia de una tecnología determinada está asociada a su capacidad de ser vehículo de convergencias tecnológicas amplias (Rosenberg, 1979). En ocasiones la tecnología convergente se encarna en un artefacto -la máquina de vapor, por ejemplo-, o en una familia de artefactos -el sector de bienes de capital-. En otras, la convergencia es provista por una dirección de transformación tecnológica asociada a una determinada familia de principios científicos, lo que ocurre, claramente, en el caso de las biotecnologías o los nuevos materiales. Rosenberg escribió durante la década de 1960 sobre las convergencias tecnológicas producidas por las máquinas-herramientas en EEUU en el período 1840-1910: finalizaba su artículo preguntándose si convergencias tecnológicas similares están ocurriendo en las condiciones del siglo XX; si, por ejemplo, las industrias químicas y electrónica desempeñan el mismo papel de producción de información y transmisión que tuvieron las máquinas herramientas en una etapa anterior de nuestra historia (id: 41). Si llevamos la pregunta de Rosenberg más cerca del fin del siglo XX y la proyectamos hacia el siglo XXI, el papel de producción de información y transmisión se hace claramente reconocible en el conjunto de tecnologías cuya base cognitiva está asociada a las ciencias de la vida.
Los avances en la comprensión de los mecanismos básicos de la vida al nivel más micro y de intervención directa sobre elementos de la vida a través de la ingeniería genética abrió un campo de vastedad y diversidad incalculable a la innovación. Principios similares se aplican para producir novedades en una multiplicidad de ámbitos cuyo único punto en común puede llegar a ser que se dedican a transformar materia viva: los alcances de las convergencias tecnológicas derivadas de estas aplicaciones son incalculables. No es entonces desencaminado afirmar que el desarrollo del conocimiento en el campo biológico durante los últimos treinta años está manifestándose como una nueva base de transformaciones convergentes en la concepción y producción de bienes y servicios que puede conceptualizarse como un sistema de bio-innovación. A medida que las ciencias de la vida y las tecnologías que en ella se basan van cobrando creciente importancia en la producción y distribución de conocimiento, así como en el poder, los riesgos y los conflictos asociados, los procesos de innovación no pueden sino experimentar cambios considerables. Ello es así porque entre los diversos factores que condicionan las trayectorias y las consecuencias de los procesos sociales de cambio técnico, figuran en lugar destacado las características específicas de las tecnologías que, en cada caso, tienen influencias más amplias y profundas. Los cambios en los procesos de innovación (en su orientación, en su financiación, en las formas en que sus resultados son apropiados socialmente) asociados a las ciencias de la vida tienen especial importancia para los países del Sur, por motivos que incluyen tanto amenazas como oportunidades. Las ciencias de la vida parecen llamadas a modificar profundamente las condiciones de la producción agraria, de la que tanto dependen la mayoría de aquellos países. Por otra parte, los procesos de cambio técnico en el agro tienen carácter localizado, con una marcada dependencia del entorno, por lo cual la ausencia o presencia de capacidades endógenas puede incidir considerablemente en ellos. En el campo de la salud, a su vez, la re-emergencia de enfermedades que parecían superadas por la humanidad y la terrible incidencia de otras, nuevas, hace de la innovación en ciencias de la vida cuestión perentoria, estratégica y, también, altamente específica.
Estas ciencias, en el Sur, presentan una característica relevante, junto con su potencial tanto para colaborar a la mejora de la calidad de vida de mucha gente como para traer consecuencias que vuelvan su vida aún más dura: su base cognitiva es allí, en términos generales, relativamente fuerte. En América Latina, todos los indicadores apuntan a denominar a las ciencias de la vida las reinas de la investigación académica(2); similar denominación le cabe, en buena medida, a los desarrollos de aplicaciones de dichas ciencias.
En este trabajo se avanzará en dos direcciones. En la primera, asociada a la "innovación mirada desde el Sur", se aplicará dicha mirada al caso de las ciencias de la vida. En la segunda se presentará sucintamente la aproximación de los enfoques constructivos al estudio de los SNIs en general y se la utilizará parcialmente para describir, a modo de ejemplo, el Sistema de Bio-Innovación en el Uruguay.
Aspectos a destacar en el enfoque de los SNIs cuando se los piensa desde el Sur
Nuestro interés apunta al estudio del cambio técnico-productivo basado en las ciencias de la vida, en un contexto dotado de una cierta unidad, que puede tener carácter local, subnacional, nacional o aún supra nacional. Corresponde pues considerar como innovación a lo que, en ese terreno, es nuevo para la región en cuestión y, además, considerar específicamente la problemática de la difusión dentro de la misma región. En sentido estricto pues, nuestro tema son los sistemas regionales de innovación y difusión basados en las ciencias de la vida.
Mirado desde el Sur, este enunciado suscita un primer problema: si nos interesamos en una cierta región, ¿asumimos que el sistema necesariamente existe? El enfoque de los Sistemas Nacionales de Innovación (planteado inicialmente en trabajos como los de Freeman, 1987; Andersen y Lundvall, 1988; Lundvall, 1988) ha sido elaborado en el Norte a partir de un análisis de procesos realmente existentes que presentan en conjunto un acusado carácter sistémico, por lo cual cabe decir que se ha construido un concepto ex post; por el contrario, la aplicación del mismo en el Sur es más bien de tipo ex ante, pues en general no existen sistemas de innovación propiamente dichos (Arocena y Sutz, 2000). Sin embargo, no resulta de ello que corresponda desechar el uso del término, puesto que analizar la medida en que existen, o pueden existir, auténticos sistemas de innovación debe ser una de las principales metas de esta vertiente de investigación, sobre todo en la periferia.
Una segunda cuestión está vinculada con lo siguiente: ¿los sistemas de innovación tienen algún referente normativo? Edquist (1997: 20) indica que la noción de "óptimo" no existe dentro del enfoque de los SNIs y que por tanto éstos -los reales- no pueden compararse con alguno ideal; indica igualmente que la falta de un "óptimo" impide señalar si un SNI específico se comporta "bien" o "mal". Mirada esta cuestión desde el Sur, no se trata por cierto de buscar algún modelo ideal pero sí de reconocer que hay comportamientos "mejores" y "peores" de los SNIs. Uno de los problemas claves del subdesarrollo consiste en la incapacidad de utilizar con fines de desarrollo las fortalezas existentes en una determinada sociedad, afirma Albert Hirschman. Esta afirmación, leída en "clave SNI", habla de desarticulación, de escasez de densidad relacional: un SNI es "mejor" cuánto más colabora a identificar y a potenciar fortalezas innovativas existentes a través de múltiples interacciones entre actores e instituciones.
Asociado con lo anterior, aparece el problema de cuán natural o deliberadamente influida es la evolución de los SNIs. En el Sur, donde más bien, como vimos, el enfoque no puede presuponer que el sistema de innovación existe, esta cuestión es central. Si no fuera posible actuar sobre la evolución de los SNIs de forma deliberada, apuntando a su emergencia y fortalecimiento, estos, librados a su propia suerte, continuarían probablemente en estado larvario. En este sentido, mirados desde el Sur, los SNIs aparecen claramente como objetos de política. Las crecientes influencias supra-nacionales sobre las posibilidades de la innovación en países periféricos no hace sino acentuar la importancia de las políticas nacionales a ellas dirigidas.
Por último, cabe señalar que los SNIs refieren a interacciones en las que está presente el conflicto. Esta es una dimensión escasamente atendida en el enfoque de los sistemas de innovación, que sin embargo tiene mucha importancia. La conformación y evolución de los SNIs no implica, necesariamente, un juego de suma positiva para todos los actores, sean instituciones, empresas, investigadores o trabajadores. Dicho de otro modo, los SNIs no son socialmente neutros: sus configuraciones afectan de forma desigual a diferentes actores, brindando mejores oportunidades a algunos y amenazando a otros. Esto es por demás evidente en las innovaciones asociadas con las ciencias de la vida.
Desagregación del concepto Sistema de Innovación en Ciencias de la Vida
El término "sistema de innovación en ciencias de la vida" puede resultar demasiado agregado para ser realmente operativo. Varias diferenciaciones parecen necesarias a efectos de entender mejor las dinámicas innovadoras en juego. Por ejemplo, el sector farmacéutico y el sector agropecuario integran por igual dicho sistema sectorial de innovación, pero aunque algunas disciplinas científicas y tecnológicas sean comunes a ambas "bases cognitivas", la estructuración productiva de ambos sectores es lo suficientemente diferente como para necesitar tratamientos separados. En primera instancia, podría hablarse de un "sistema de innovación agropecuario", de un "sistema de innovación industrial" y de un "sistema de innovación medioambiental", los tres en ciencias de la vida. Hay otras avenidas de innovación asociadas directamente a ellas, como los sistemas de equipamiento biomédico, cuyo carácter híbrido en términos de ciencias de base hace que no sea claro que deban integrar este sistema.
Cabe destacar la diferente implantación geográfica de los tres sub-sistemas. El industrial se encuentra concentrado en el Norte. Si pensamos que uno de los ejes fuertes del sistema de innovación industrial en ciencias de la vida está integrado por la industria farmacéutica, la última afirmación parece clara, aunque la producción de fármacos basados en I+D propia ha logrado notables avances en países como India y Cuba. En cambio, los sub-sistemas agropecuario y medio-ambiental se encuentran presentes, aún con muy distintos niveles de estructuración, tanto en el Norte como en el Sur, siendo Costa Rica un buen ejemplo de lo logrado en el último.
Los sistemas de innovación en ciencias de la vida mirados desde el Sur
La noción de SNIs ha atendido especialmente al sector industrial, y en parte por ello lleva a resultados tan distintos en el Norte y en el Sur. Pero las diferencias suelen ser menores si se focaliza la atención en los sectores agrarios o incluso agroindustriales, para cuyo estudio la noción podría haber resultado fecunda hace ya muchas décadas y no sólo en los países desarrollados (Arocena y Sutz, 2000). En diversos países de América Latina, se remonta casi a un siglo atrás la emergencia de encontrar relaciones bien articuladas en el agro entre investigación, experimentación, extensionismo y producción, a los cuales cabe describir como incipientes sistemas de innovación. La creciente importancia de las ciencias de la vida puede llevar a un fortalecimiento o renacimiento de tales sistemas, que tal vez dependan no poco de la trayectoria previa.
La caracterización del enfoque de los SNIs como siendo ex ante en el Sur, sigue resultando válida, en general, para el sub-sistema de innovación industrial en ciencias de la vida. La situación no es la misma para el subsistema agropecuario: según se anotó más arriba, el concepto de sistema de innovación agropecuario puede construirse en varios países del Sur con carácter ex post, a partir del análisis de una experiencia bastante larga e interesante. En cuanto al subsistema de innovación medioambiental, presenta rasgos acusadamente específicos y su carácter es todavía incipiente, aún en el Norte. Por consiguiente, los estudios comparativos Sur - Norte de los sistemas de innovación agropecuario y medioambiental pueden llegar a ser bastante más fecundos que aquellos que, explícita o implícitamente, centran la atención en la industria.
Desde una perspectiva normativa y particularmente relacional, la relativa fortaleza de los sistemas de innovación agropecuarios en el Sur tiene especial importancia. El agropecuario configura, tal como se indicara anteriormente, un espacio productivo no pocas veces el único- que en algún sentido puede ser descrito como formando parte integrada de un sistema de innovación, lo que provee un modelo a nivel nacional. La relevancia de instituciones con mandatos claros y personal competente, la colaboración concertada entre ellas, las políticas de vinculación conocimiento-producción en sus más diversas variantes, el reconocimiento de la necesidad de investigación local, son aspectos que, de ser reconocidos como parte de las fortalezas del sub-sistema de innovación agropecuario podrían colaborar significativamente a entender concretamente de qué se trata, en el Sur, la cuestión de los SNIs. Respecto de éstos en tanto objetos de política, tiene interés notar que los espacios donde se definen acciones respecto de aspectos claves de la innovación en ciencias de la vida están siendo crecientemente supranacionales, muy en especial en todo lo relacionado con las regulaciones medioambientales y la preservación de la biodiversidad y de ciertos recursos clave, como el agua.
Las dimensiones conflictivas de los sistemas de innovación en ciencias de la vida son bastante evidentes y atraviesan por igual el Norte y el Sur. Los desencuentros en torno a la introducción de organismos genéticamente modificados, por dar sólo un ejemplo, muestran claramente ambas cosas. Sin embargo, desde otro punto de vista, la innovación en ciencias de la vida abre, respecto del Sur, un frente de conflictos especialmente fuerte. Esto tiene que ver con la muy escasa atención que reciben las enfermedades de la pobreza en la agenda de investigación biomédica mundial, con las dificultades para darle estatuto obligatorio a códigos de conducta relacionados con el respeto a la biodiversidad y al medio ambiente, con normativas referidas a la propiedad intelectual que pueden tener, según se manejen los conflictos, consecuencias dramáticas sobre la vida de millones de personas en el Sur. La importancia de los sistemas regulatorios supranacionales en ciencias de la vida lo que incluye al conjunto de sub-sistemas de la bio-innovación- pone al conflicto de intereses en el centro del escenario. El enfoque de los SNIs, aplicado a las ciencias de la vida y pensado desde la especificidad los países del Sur es una herramienta potencialmente útil para que las discusiones incluyan aspectos que resultan claves para éstos.
Presentación del enfoque
¿Cuáles son los factores que en mayor medida condicionan las capacidades para la innovación? Sobre ellos corresponderá enfocar la atención en el camino hacia la caracterización de un determinado sistema de innovación nacional o regional. No es fácil encontrar, en la ya copiosa literatura en el tema, referencias a formas "normadas" de caracterización de los SNIs, entendiendo por tales el estudio de un conjunto de aspectos, separados analíticamente, cuya combinación y síntesis de lugar a una caracterización mínima de cualquier SNI.
Desde una analogía pictórica, de lo que se trata es de obtener un cuadro a partir de una serie fija de elementos constitutivos. Una escuela de pintura, desarrollada en Uruguay por Joaquín Torres García en la primera mitad del siglo XX, proponía exactamente ese enfoque: dicha escuela se denomina "constructivismo". Sus cuadros aparecen como combinaciones diversas de un conjunto de elementos constructivos, siendo el resultado visual un conglomerado que posee sentido unitario.
Con inspiración en esta escuela artística es que se propone caracterizar los sistemas de innovación mediante un "enfoque constructivo", es decir, a partir de elementos o módulos que permitan obtener, una vez combinados, un cuadro de situación. En esta perspectiva, dada una nación o región, la investigación procederá sucesivamente a (i) seleccionar los módulos más relevantes, luego (ii) enfocar el análisis en cada uno de ellos y finalmente, a partir de lo averiguado, (iii) estudiar sus interacciones para construir una visión panorámica del sistema de innovación considerado.
La aplicación de este enfoque al estudio del Sistema Nacional de Innovación del Uruguay dio lugar a la selección de ocho módulos, a saber (Arocena y Sutz, 2000):
(1) la dinámica socioeconómica general del país; (2) las tendencias dominantes en la demanda y el uso de ciencia y tecnología; (3) la generación de conocimientos y la formación de gente con capacidad de usarlos; (4) las políticas públicas y el entramado institucional de apoyo a la innovación y la difusión; (5) la relación academia-gobierno-producción; (6) las actitudes colectivas ante la investigación y la innovación; (7) las empresas intensivas en conocimiento y los circuitos innovativos; (8) el papel asignado a la innovación en las estrategias competitivas sectoriales.
Varios de estos módulos son habitualmente tomados en los estudios nacionales de sistemas de innovación. Así, prácticamente en todos los estudios de países contenidos en el libro editado por Nelson en 1993 National Innovation Systems. A comparative análisis- aparecen analizados los módulos (1), (4) y (8); el módulo (3) suele estudiarse desde una perspectiva institucional, en ocasiones ligado al módulo (5). Es menos común la articulación, por demás natural, entre el módulo (2) y el módulo (5): está presente en los análisis en que el usuario juega un papel central, como los de Lundvall (1985, 1988), Porter (1990) y von Hippel (1988). Los módulos (6) y (7) tienen una especial relevancia, a pesar de no estar mayormente integrados a los estudios clásicos de SNIs, especialmente desde la perspectiva de los procesos de desarrollo.
Las decisiones respecto a la innovación dependen en buena medida de los «imaginarios tecnológicos», de lo que diversos actores creen que es posible y deseable lograr : este concepto puede ser aproximado por las actitudes colectivas ante la investigación y la innovación. Los circuitos innovativos, a su vez, remiten a experiencias de relaciones usuario-productor en la solución de problemas que pueden dar lugar a innovaciones. En países con escaso dinamismo innovativo, estos circuitos son el germen de procesos de aprendizaje acumulativo, de construcción de confianza, de efecto demostración acerca de lo que la innovación puede ofrecerle a actores concretos tanto en la producción como en el ámbito social.
El enfoque constructivo extendido a las ciencias de la vida tomando como ejemplo al Uruguay
En aras a la brevedad, y dado que no se persigue más que ilustrar un enfoque incipiente, no nos referiremos a todos los módulos que venimos considerando y agruparemos los comentarios en tres apartados.
i) Estructura institucional de la innovación en ciencias de la vida
Las observaciones que siguen tienen directa relación con las tendencias dominantes en la demanda y el uso de ciencia y tecnología, con la generación de conocimientos y la formación de gente con capacidad de usarlos, con las políticas públicas y el entramado institucional de apoyo a la innovación y la difusión, y asimismo con la relación academia-gobierno-producción.
En el Uruguay, los dos sub-sistemas mayores de bio-innovación son el agropecuario y el de los servicios de salud; en el campo medioambiental, si bien hay capacidades de investigación para abordar los múltiples problemas derivados de un sistema productivo altamente contaminante industria cárnica, láctea y lanera- la articulación sistémica entre actores es aún incipiente. El entramado institucional de generación y utilización de conocimientos en aspectos relacionados con las ciencias de la vida presenta características bien diferentes según se analice el sector productivo agropecuario y el sector de servicios de salud. El primero es sin duda el más denso de los observables a nivel nacional. En materia de I+D pública se destacan tres tipos de arreglos institucionales: los asociados al Ministerio del ramo - Ganadería, Agricultura y Pesca-; los que tienen una fuerte influencia de los productores agropecuarios en su orientación, como el Secretariado Uruguayo de la Lana y el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y, finalmente, los pertenecientes al sector de educación superior.
La importancia relativa de estas instituciones es dispar: el INIA y la Universidad de la República dan cuenta de más del 80% de los investigadores del sector; igual proporción del total de investigadores con nivel de doctorado se concentra en ambas instituciones (Beintema, Hareau, Bianco y Pardey, 2000). Las distancias salariales entre ellas para personal de similar jerarquía resultan extremadamente altas: el promedio salarial del INIA para investigadores del nivel más alto era a mediados de los años 1990 cuatro veces superior al de un profesor titular con dedicación semanal de 40 horas en la Universidad, situación que se ha acentuado recientemente. Así, en las instituciones que abordan I+D en ciencias agrarias fuera del circuito universitario no se da la rotación y selección negativa común en otras dependencias del estado, en que los más capacitados pasan rápidamente al circuito privado o, cuando pueden, a organismos internacionales.
Desde otro punto de vista, el de los recursos que el país dedica a I+D, no hace sino afirmarse la impresión de robustez del sistema de innovación en ciencias de la vida asociado al agro. Tomando el período 1995-1997, para el cual están disponibles los datos exhaustivos más recientes sobre gasto en CyT, el 46% del total de dicho gasto se dedicaba a las ciencias agrarias (basado en Santos, 1998). Por otra parte, y esto es aún más revelador, el 80.3% de la contribución del sector empresarial privado al gasto en CyT en el período mencionado -aunque magro en sí mismo- estuvo dirigido al sector agropecuario.
Las instituciones dedicadas a la investigación en el área de ciencias médicas y de la salud, por otra parte, se encuentran muy concentradas en el sector académico. A diferencia de EEUU o Francia, donde existen instituciones públicas no universitarias ampliamente dotadas de recursos para el fomento de la investigación en salud, en el Uruguay son pocas y mal financiadas las organizaciones dependientes del Ministerio del ramo o descentralizadas que cumplen tal cometido. Llama la atención, además, el escaso peso dentro del gasto nacional en CyT que tienen las ciencias médicas y de la salud: 6.8%, por debajo de todas las demás consideradas -exactas y naturales, ingeniería y tecnología, agrarias y ciencias sociales y humanidades- excepto medio ambiente, con un 2%.
ii) Las percepciones colectivas
Si bien no forma parte habitual del estudio de los SNIs, las opiniones y percepciones públicas en torno a la ciencia, la tecnología y la innovación moldean profundamente el contexto en el cual se desenvuelven tales sistemas. Tales factores constituyen variables profundas, a menudo idiosincráticas y que por lo general cambian lentamente. Tienen pues no poco que ver tanto con la especificidad de los sistemas de innovación como con su dependencia de la trayectoria pasada (path dependency), dos rasgos mayores de las concepciones evolucionistas del cambio técnico.
En el Uruguay, las posiciones de las elites entendiendo por tales empresarios, jerarcas de estructuras públicas, parlamentarios e investigadores- fueron estudiadas a través de un ejercicio tipo Delfos a mediados de 1990, mostrando una clara apreciación positiva sobre las biotecnologías en general, aunque en el caso de los OGMs se entendía que debían definirse controles estrictos a ser supervisados desde la esfera pública. A medida que las posibilidades concretas de autorizar el uso de transgénicos en la agricultura fueron creciendo, la divergencia de posiciones también creció. El cuadro que sigue resume los disensos que emergieron en un amplio debate sobre organismos genéticamente modificados en que participaron mayoritariamente investigadores, llevado a cabo hace un par de años en la Facultad de Ciencias, Universidad de la República (Marín et al, 2001). El debate público sobre estos temas es aún débil ; las decisiones, difícilmente reversibles, que autorizan el uso de transgénicos han sido ya tomadas.
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La aplicación de transgénicos |
Debe hacerse lo más rápidamente posible |
Se hace muy rápidamente y sin todos los resguardos necesarios |
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Los riesgos |
Están bajo control a partir de las reglamentaciones existentes |
La visión "cero duda" es notoriamente peligrosa; en algunos casos el principio de precaución es de rigor |
(en salud humana) hasta ahora se ha demostrado que no hay evidencia de riesgo, lo que no equivale a decir que hay evidencias de que no hay riesgo |
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Los impactos sobre prácticas agrícolas |
Son beneficiosos, porque bajan costos de producción, aumentan la productividad y disminuyen el uso de agroquímicos |
Resultan totalmente antagónicos con el concepto de desarrollo sustentable y con el de manejo biológico de plagas |
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Su aporte a la solución de apremiantes problemas sociales |
Es alta, siendo la única salida viable para proveer alimentos a la creciente población mundial |
Es un discurso de las multinacionales |
Puede dar lugar a una incrementada dependencia económica de los países en desarrollo |
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Los temores y cuestionamientos frente a los OGM |
Deben dar lugar a una educación del público para que crea en los desarrollos científicos y tecnológicos y tenga un buen concepto de la ciencia |
No siempre tienen un fundamento científico adecuado |
Deben ser encarados con seriedad y respeto; la ciencia nunca tuvo derecho a descartar esos temores. Deben ser objeto de un debate amplio, abierto y democrático. |
iii) Las empresas intensivas en conocimiento y los circuitos innovativos
Una de las principales funciones de las empresas intensivas en conocimiento en contextos subdesarrollados es traducir la potencia de las nuevas tecnologías a soluciones realmente adaptadas a las necesidades de clientes diversos, en la producción manufacturera, en el agro o en los más diversos servicios. De este modo, suelen operar como sastres tecnológicos, en estrecha relación con sus usuarios.
Las empresas de este tipo dedicadas a la biotecnología moderna no son demasiadas en Uruguay, a pesar de que desde el punto de vista de la dotación de recursos naturales del país deberían ser por demás importantes. Los apoyos para estas empresas son prácticamente inexistentes: incluso faltan capacidades en organismos públicos de certificación técnica para apoyar iniciativas exportadoras que requieren la medición y homologación de ciertos parámetros de los productos elaborados por ellas. Los campos cubiertos por estas empresas incluyen el agrícola, el veterinario y el de salud humana, pero no el propiamente farmacéutico.
Las empresas intensivas en conocimiento asociadas a las ciencias de la vida no se agotan en las dedicadas a la biotecnología. A justo título podrían ser incluidas las que se dedican a salud humana desde una perspectiva no puramente biológica, como las de ingeniería biomédica. Si ampliamos así el panorama, el conjunto de empresas, y también de equipos de investigación trabajando en temas de directo interés empresarial a nivel local, empieza a resultar, aunque modesto, significativo. Este conjunto constituye uno de los polos, el polo productor de conocimientos e innovaciones, de los circuitos bio-innovativos.
Son varios los circuitos de este tipo que podrían mencionarse vinculados a diversos aspectos de las ciencias de la vida. Algunos han resultado exitosos, como el de la producción de marcapasos electrónicos; otros han resultado restringidos, sin poder pasar de la producción de prototipos, como el de dispositivos biomédicos; otros han resultado encapsulados, dando lugar a innovaciones exitosas que sin embargo no se difunden a una parte importante de quienes necesitan la solución encontrada, como ocurre en el caso de bioreactores para tratamiento de efluentes.
Retomaremos aquí sólo uno, que ejemplifica una categoría nueva: la de los circuitos resucitados, luego de haber sido abortados. El tema de fondo tiene que ver con la producción basada en biotecnología de punta de productos veterinarios dirigidos a sanidad animal. Una empresa de capital nacional tuvo papel protagónico en la producción de una vacuna biotecnológica de alta eficiencia contra un mal endémico del sur de América, la aftosa, elaborada en condiciones de bioseguridad compatibles con las normas internacionales en la materia. A pesar de ello, el circuito innovativo que había comenzado a gestarse en torno a innovaciones asociadas con dicha vacuna, teniendo como polo demandante de conocimiento a la propia empresa y como polos ofertantes un conjunto de equipos de investigación en la universidad uruguaya y también en universidades brasileñas e instituciones internacionales especializadas en el tema, abortó. Ello se debió a la aplicación de un decreto de la década de 1930 por el cual se prohibía la manipulación del virus vivo de cualquier enfermedad que el país no tuviera. El Uruguay, justamente a consecuencia de la exitosa campaña anti-aftosa basada en buena medida en la vacuna producida por la empresa mencionada, fue declarado en 1994 libre del virus de dicha enfermedad: formalmente, el país no tenía aftosa. No puede dejar de mencionarse que las empresas farmacéuticas que entre 2000 y 2002 vendieron centenares de millones de dosis de vacuna ante el rebrote aftósico en Uruguay y Argentina y su agravamiento en Brasil, Paraguay y Bolivia, provienen todas de empresas que producen en países europeos o en EEUU, los que están libres de la enfermedad, como lo estaba el Uruguay en 1994. El resultado de la prohibición de manipular el virus en Uruguay a mediados de los años 1990 implicó descontinuar la línea de producción de vacunas, despedir empleados de alta capacitación y experiencia así como la reconversión productiva de la empresa, que transformó el costoso laboratorio de alto riesgo, en el cual había invertido dos millones de dólares, en planta productora de alimentos en lata para gatos y perros. El circuito innovativo de la aftosa abortó, aunque la dura experiencia vivida no desestimuló la empresa. Actualmente, se encuentran en proceso dos nuevos circuitos innovativos que tienen nuevamente a ésta del lado demandante de conocimiento y del lado de la oferta un grupo universitario de investigación en virología y también una empresa de electrónica médica. En el primer caso se trata del diseño de vacunas de última generación para diversas enfermedades que, como la brucelosis bovina, tienen alta incidencia económica. En el segundo caso, se trata del diseño de dispositivos microelectrónicos programables para grabar la historia clínica y de vida de cada animal, proceso denominado trazabilidad, que ha pasado de ser un elemento optativo para mercados de alto consumo a un requisito obligatorio en el mercado cárnico mundial. La iniciación de estos circuitos hizo uso de la experiencia productiva de la empresa, del conocimiento de la demanda local y mundial que se está en condiciones de satisfacer con ventaja, de la capacidad de reconocer qué conocimiento hace falta para las innovaciones que se buscan y también dónde encontrar quien lo provea. Este sendero acumulativo en materia de innovación se recorrió en buena parte a través de la gran aventura tecnológica de la empresa: la elaboración de vacuna antiaftosa por métodos biotecnológicos de última generación. Este es un caso en que un circuito abortado resucitó: son varios los que no corrieron con esa suerte.
iv) Integración del enfoque
En base al circuito innovativo recién descrito, puede mostrarse la integración del enfoque constructivo. La dinámica socioeconómica general del país sigue concentrada en la producción agropecuaria, con escaso valor intelectual agregado y sin mayor preocupación por incrementar este último, lo que se expresa en una débil demanda por CyT. La política pública no integra la variable capacidades de innovación como una de sus preocupaciones, lo que conduce a toma de decisiones que pueden provocar situaciones de des-aprendizaje, como la que el circuito abortado ilustra. La percepción de la elites frente a la tecnología, y en especial la biotecnología, es dual: por una parte se la considera beneficiosa; por otra, no se apoya su desarrollo local. El relacionamiento entre empresas bio-innovativas y el medio académico es fluido, debido a la importancia que para éstas tiene la innovación en sus estrategias competitivas.
v) El sistema nacional y la innovación en ciencias de la vida
Cuando se aplica el enfoque constructivo al Sistema Nacional de Innovación uruguayo, se dibuja un panorama de ausencias grandes y de presencias significativas pero bastante desconectadas. Cuando el enfoque se concentra en el sistema sectorial de innovación en ciencias de la vida y se le mira más de cerca, las zonas borrosas no dejan de ser grandes ni escasean los trazos fallidos, el cuadro sigue luciendo incompleto, pero la trama pictórica resulta bastante más rica y prometedora; la trama institucional es más densa, las expectativas parecen en conjunto algo más alentadoras, y los dinamismos innovativos son, en promedio, más frecuentes.
La concepción sistémica de la innovación técnico-productiva es una de las aproximaciones teóricas potencialmente fértiles para el estudio de los procesos de transferencia y aplicación de los conocimientos generados por las ciencias de la vida.
En el marco de dicha concepción, denominamos sistema de innovación en ciencias de la vida de una cierta nación o región, sub o supra nacional, al conjunto constituido por las organizaciones, las instituciones, las interacciones entre distintos actores colectivos y las dinámicas sociales generales que, localizadas esencialmente en la nación o región considerada, mayor incidencia tienen en las capacidades allí disponibles para la investigación, el desarrollo experimental, la innovación tecnológica y la difusión de los avances técnico-productivos cuya base cognitiva fundamental la constituyen las ciencias de la vida.
Para el estudio de tales sistemas, especialmente cuando tienen un propósito comparativo, proponemos un enfoque constructivo que procede en tres etapas, seleccionando primero los elementos o módulos con mayor incidencia en la determinación de las capacidades innovativas, estudiando luego cada uno de ellos por separado, y finalmente describiendo sus interacciones mutuas en un cuadro de conjunto del sistema de innovación considerado.
El enfoque propuesto tiene, en el mejor de los casos, un carácter apenas tentativo.
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(1) Este trabajo fue preparado para ALTEC 2003, X Seminario Latino-Iberoamericano de Gestión Tecnológica (México, octubre 22 al 24, 2003), a invitación que mucho agradecemos de la Dra. Gabriela Dutrenit.
(2) Un desglose por disciplinas muestra claramente que las ciencias biológicas son las más extendidas y de mayor peso y tradición, representando alrededor del 57% de la investigación básica de la región (Cetto y Vessuri, 1998: 60) Este dato agregado se confirma a nivel de varios países y da cuenta de una tendencia de larga data. En el Uruguay, por ejemplo, en 1987, un relevamiento del potencial científico y tecnológico nacional mostraba que del orden del 30% de todo el esfuerzo de investigación nacional se destinaba a la investigación en biología, el 11% al área de la salud y el 9% al área agraria. Esto quiere decir que el 50% del esfuerzo de investigación nacional estaba asociado, de una forma u otra, a las ciencias de la vida (Argenti et al 1988). En la década de 1990, casi el 30% de los becarios del Conicet, en Argentina, correspondían al área de ciencias de la vida, así como el 40% de las becas de iniciación y perfeccionamiento otorgadas por la Universidad de Buenos Aires; en Venezuela, el 72% de los investigadores beneficiarios del programa de promoción a la investigación pertenecían al área de ciencias de la vida; en México dicha cifra alcanzaba al 30% (Cetto y Vessuri, 1998).