Número 6 / Mayo - Agosto 2003
Artículos


Manuales de Procedimientos y Práctica Obrera:
Una Tensión Enriquecedora

Ignacio Aranciaga(1)

Este trabajo realiza una investigación enmarcada en los conceptos y herramientas analíticas propias de la sociología de la tecnología, focalizada en la actividad petrolera que se lleva a cabo en el Golfo de San Jorge. A partir de un análisis de un sistema técnico del petróleo en la región, se busca indagar las prácticas sociotécnicas que atraviesan las actividades de los actores intervinientes.


1. Introducción

Describir y analizar un sistema técnico implica indagar acerca de las diferentes características culturales, organizacionales y técnicas que lo definen a partir de la acción de los agentes del proceso productivo. Desde esta premisa, las orientaciones y perspectivas que se propone desarrollar este trabajo son las de generar un marco de comprensión de las diferentes resignificaciones presentes en un sistema técnico petrolero situado en la zona del Golfo de San Jorge, en la Patagonia argentina, e interrogar acerca de un modo de interpretar la “eficiencia tecnológica” como la única posibilidad presunta de aplicación técnica, en una acepción que no tiene en cuenta las dimensiones económicas, sociales y políticas de los agentes del proceso productivo. En las poblaciones establecidas en la zona del Golfo de San Jorge se registra una crisis que no sólo es productiva o tecnológica, sino social y económica. Uno de los motivos por los cuales aún no se han encontrado respuestas satisfactorias para una salida a la crisis, es que se ha reiterado el diagnóstico en que la crisis se debe al cambio en el paradigma tecnológico.

La elección del tema tiene por objeto poder comprender la complejidad de la relación entre sistema técnico y cultura tecnológica incorporada en las prácticas socio-técnicas petroleras. Se busca indagar sobre la triple dimensión que presenta la práctica tecnología: su carácter organizacional, su carácter cultural y su carácter técnico propiamente dicho. Se ha entendido a la tecnología en una concepción artefactual o instrumentista; esto es, considerando a las tecnologías como herramientas o artefactos construidos para una diversidad de tareas. Desde esta conceptualización, el factor fundamental del desarrollo tecnológico sería la difusión de innovación. Se ha concebido a ésta como la fuerza del cambio, y serían las máquinas las que deben deciden sobre la organización. Desde este lugar la tecnología le es extraña al hombre y queda inmovilizado y sin posibilidad de interacción o respuesta frente a ella.

En igual sentido, si la tecnología fuera considerada en el sector petrolero como ciencia aplicada, esto equivaldría a reducirla a un conjunto de “reglas tecnológicas”; a su vez, las reglas tecnológicas serían consecuencias deducibles de las “leyes científicas” y, por lo tanto, el “desarrollo tecnológico” dependería de la “investigación científica”. De esta manera, nuevamente se alejarían las respuestas de salida de la crisis del conjunto de la población, depositándolas en el conocimiento científico. Esto traería como consecuencia generar una “caja negra de la tecnología”, donde los saberes expertos serían patrimonio de una elite y no podrían ser socializados con el conjunto de los operarios de menores calificaciones. Alternativamente, desde un enfoque sistémico se considera que el factor fundamental del desarrollo tecnológico es la innovación social y cultural, la cual involucra no solamente a las tradicionales referencias al mercado, sino también a los aspectos organizativos, y al ámbito de los valores y de la cultura. Este enfoque nos habilita a poder pensar a la tecnología como un sistema de relaciones en el cual estamos involucrados.

2. Caracterización de la zona

A fin de caracterizar sumariamente la región se puede decir que la explotación petrolera de la Cuenca del Golfo de San Jorge, en la Patagonia argentina, se inició a principios del siglo veinte y cobró auge a mediados del mismo, en un contexto dominado por grandes transformaciones en las funciones del Estado y en la estructura productiva y social del país. La explotación petrolera surgió en la región como un ambicioso proyecto del Estado, orientado en lo económico a superar las restricciones de orden energético, en un contexto en el que la oferta nacional no cubría las necesidades de una demanda industrial en crecimiento constante.

Las principales ciudades junto al Golfo de San Jorge son Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia. En la primera, ubicada en el sur de la provincia del Chubut, se produjo el primer hallazgo de petróleo en la región y por este motivo la ciudad fue desde principios de siglo la sede de la empresa petrolera estatal. La segunda, ubicada en la provincia de Santa Cruz, consolidó su crecimiento a partir de mediados de siglo, cuando se descubrió el primer pozo en esta zona. Si bien su historia se había iniciado en el año 1901 con el asentamiento de los primeros pobladores a partir del tendido de la red telegráfica y ocasionalmente sirvió como embarcadero natural de la producción lanar de algunas estancias de sus alrededores, debió esperar hasta el inicio de la explotación del petróleo en la zona en 1944 para comenzar su crecimiento como centro urbano. Este proceso se aceleró durante la presidencia de Arturo Frondizi (1958-1963), con el “boom” petrolero que su política impulsó. A partir de entonces, la producción petrolera iniciada por la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y continuada luego por varia empresas extranjeras marcó hasta la actualidad el perfil socioeconómico de la localidad.

El modelo productivo y organizativo desarrollado por YPF -históricamente, la empresa de mayor facturación de la Argentina- promovió la consolidación y crecimiento de grupos familiares de trabajadores foráneos. Desde entonces, la población de Caleta Olivia ha construido –aún sin hacerlo consciente– una identidad colectiva que la define como una “ciudad del petróleo”. Por este motivo, las profundas transformaciones económicas y políticas de la década de los noventa y sus efectos directos sobre la industria petrolífera (en particular, por la privatización de YPF) no sólo desmantelaron el núcleo productivo, sino también generaron una ruptura del “pacto” o “contrato” organizacional y cultural sobre el que se había asentado la sociedad civil de la ciudad y su área de influencia.

En estos últimos años, la actividad petrolífera aún es significativa pero su modalidad ha cambiado, habiendo devenido en formas descentralizadas, flexibles, privatizadas, con acelerada incorporación de nuevas tecnologías y globalizada. En definitiva, ha ido perdiendo su carácter nacional y también su capacidad organizadora de la vida cotidiana.

En este trabajo se identifican en primer término y en el marco general del proceso que ha sido reseñado, las nuevas configuraciones que han adquirido el conocimiento y el aprendizaje para el sistema técnico petrolero de la Cuenca del Golfo de San Jorge en los tiempos de la globalización. En segundo término, se analizan las transformaciones que ha experimentado el trabajo petrolero, y la forma en que se modifica la relación entre los manuales de procedimiento y las prácticas obreras. En el texto se hace especial mención a las dificultades epistemológicas que presenta este tipo de instrumentación. En tercer término, se observan las particulares motivaciones que circunscriben al accionar de las empresas y de los obreros, la incidencia que tienen en éstos las prácticas antiguas y las dimensiones de seguridad y medio ambiente que han adquirido auge en la década de los noventa. Por último se describen las formas que ha comenzado a adoptar el trabajo petrolero a partir de emergentes modalidades de organización e incorporación de nuevas tecnologías en el sector. El traspaso de una empresa petrolera nacional (YPF) a una trasnacional (Repsol – YPF) llevó aparejado numerosas modificaciones en la concepción del trabajo en el sistema técnico petrolero, variando el aspecto organización, técnico y cultural de la actividad.

3. ¿De qué hablamos cuando hablamos de conocimiento?

Comenzaremos trazando en este apartado algunas líneas acerca de los diferentes tipos de conocimiento que pueden ser utilizados por el sistema petrolero, identificando las actividades de innovación que se promueven y están asociados al sistema y consideraremos también la forma en que la innovación interviene en el proceso de aprendizaje de los agentes.

La centralidad que ha adquirido el paradigma del conocimiento para los sistemas técnicos petroleros nos llama a formular, en primer lugar, algunas consideraciones acerca de este fenómeno en términos generales. El conocimiento se concibe como un elemento constitutivo y articulador de los mencionados sistemas, los cuales comportan fines culturales, organizativos o técnicos, tal como lo son la competitividad, la seguridad y la preservación del medio ambiente, el bienestar común y la eficiencia, la innovación tecnológica. El conocimiento, entonces, puede ser entendido como un fenómeno sistémico, donde el comportamiento de los diferentes agentes en su entorno constituye un indicador importante en la creación de ventajas competitivas y comparativas.

El conocimiento es también el núcleo central del problema de la aplicación de nuevas tecnologías y, en un sentido más amplio, de la búsqueda ideológica de legitimación social en el proceder empresario. Esto nos lleva a pensar que a partir de estos factores, las ventajas competitivas y comparadas son factibles de construcción y tienen una naturaleza dinámica. Es crucial observar cómo los diferentes agentes, el entorno sociocultural, el uso y recepción de los avances en tecnología y el desarrollo de procesos de aprendizaje en el interior de las firmas y el sector, juegan un rol clave en este proceso. (Ernst y Lundvall 1997, Yoguel 2000).

Existen múltiples dimensiones que permiten el desarrollo de conocimiento; entre ellas, el contexto nacional, las relaciones que se van estableciendo entre diferentes generaciones (maestros y discípulos; obreros antiguos y novatos), instituciones determinadas (universidades, institutos, escuelas, empresas y sindicatos) e identidades culturales, sociales y políticas que dan un modo de relación con las instituciones y de interactuar en una comunidad particular. Todo conocimiento se inserta en una estructura social que le da origen y los actores sociales se apropian, modifican y transforman a través de la significación.

Existe dos grandes corrientes en torno a la concepción del conocimiento en las empresas: por un lado, la escuela neoclásica que atribuye la aparición de nuevas tecnologías al resultado de un proceso que da comienzo con las actividades de I+D, seguida por una fase de desarrollo y por fin etapas de producción y comercialización. En este esquema, en el que la empresa constituye una “caja negra” que optimiza su conducta tomando como dado el sistema de precios que constituye el mecanismo de coordinación de los agentes, el conocimiento está incorporado en los precios existentes en el mercado y el capital es maleable. Por otro lado, la escuela evolucionista, según la cual la incertidumbre permite a las firmas y a los agentes auto-organizarse sobre la base de que la información que poseen no es perfecta, sino limitada. Por lo tanto, la necesidad de actuar en condiciones de incertidumbre y con los conocimientos que poseen, constituye un punto de partida que lleva a los agentes a no esperar soluciones mágicas, a tener en cuenta sus capacidades y a pretender desarrollar respuestas propias que “leen” lo que el medio demanda, por lo que están más abiertos a las posibilidades de innovaciones tecnológicas de diferentes tipos. Entienden al conocimiento tácito como específico, difícilmente transferible e imitable; por lo tanto, lo entienden como acumulativo y local, que involucra los saberes no codificados en manuales, los saberes generales y de comportamiento, la capacidad de resolución de problemas no codificados y la capacidad para vincular situaciones, así como para interactuar con otros recursos humanos. En síntesis, el conocimiento permite efectuar una representación mental compleja del proceso de trabajo (Yoguel, 2000).

Las oposiciones evidentes que surgen de estos dos tipos de conocimientos y que merecen ser incorporadas al análisis son las siguientes (López, 1998):

Rullani (2000) habla de un dualismo intrínseco en la naturaleza del conocimiento, simultáneamente tácito (presente en un contexto específico) y explícito o codificado (separado del contexto originario y explicitado a través de un código). El conocimiento es tácito porque siempre se genera en contextos particulares de aprendizaje y hay que readaptarlo en el momento en que se lo usa.

“El conocimiento no puede permanecer tácito dado que solamente a través de su explicitación la experiencia se socializa, es decir, circula por la organización o entre distintas organizaciones.” (Rullani, 2000).

Rullani (2000) citando a Nonaka plantea la producción de conocimiento en la contraposición entre tácito y codificado mediante un “ciclo de conversión” cuyas principales características son las siguientes:

Socialización (tácito-tácito):

  • Observación, imitación y experiencias empíricas.
  • Hacer juntos.
  • Intercambio de experiencias
  • Reflexión de lo que se hace

Externalización (tácito - explícito):

  • Lingüístico comunicacional.
  • Conceptos abstractos.
  • Lenguajes formales y programas de simulación.

Combinación (explicito -explícito):

  • Intercambio y cruce de conocimiento entre contextos.
  • Creación de redes.

Internalización (explicito-tácito):

  • Los explícitos se recontextualizan y pasan a ser tácitos.
  • Usar el conocimiento para desarrollar una acción.

La experimentación se da en un “espacio de interacción” donde hay problemáticas complejas, por lo tanto el conocimiento no usa los canales lógico-racionales sino tiene un carácter circular y de individual pasa a colectivo y formal para volver a alimentar el individual. La organización de la empresa define y moldea el ciclo de conversión cognitiva mencionada más arriba y por lo tanto también produce conocimiento. Este ciclo influye decisivamente sobre la eficiencia alcanzada en el proceso de aprendizaje de la firma. (Rullani 2000 y Yoguel 2000).

En torno a estos procesos de aprendizaje cabe mencionar cuatro tipos de conocimiento vinculados a su vez con el carácter tácito o codificado de los mismos:

· Know what: conocimiento asimilado como hechos o información.

· Know why: conocimiento de carácter científico que se refiere a los principios y leyes de movimiento en la naturaleza.

Estos dos primeros son de carácter codificado y pueden ser adquiridos.

· Know how: habilidades que se adquieren a partir de la experiencia directa en actividades productivas de gestión.

· Know who: conocimiento desarrollado y mantenido dentro de la firma individual o en grupos de investigación.

Estos dos son de carácter tácito y se adquieren a través de desarrollos propios o de actividades de cooperación empresarial o alianzas estratégicas. (Lundvall 1994, Lundvall y Johnson 1994, Lopez 1998 y Yoguel 2000).

El proceso de aprendizaje puede ser concebido como un triángulo donde interactúan el conocimiento académico, el vocacional y el experimental. Por lo tanto la capacidad de las firmas para dar respuesta al aumento de las presiones competitivas depende de la combinación de los conocimientos codificados y tácitos que se procesan en su interior. De esta manera, la generación y circulación de conocimientos en el interior de la firma constituye un proceso complejo cuya intensidad depende de las características del capital humano de la firma, la forma de organización del proceso de trabajo, la interpretación y adaptación del conocimiento codificado externo y la existencia de redes o de distintos tipos de vinculaciones entre agentes (Ducatel, 1997). Ahora bien, la idea de aprendizaje involucra a todos los aspectos de la organización social y la importancia de la innovación es clave donde el proceso de aprendizaje combina la experiencia, la reflexión, la formación de conceptos y la experimentación. (Bessant et. al. citado por Martins Lastres y Feraz 1999).

4. El aprendizaje diferencial en los sistemas técnicos petroleros de la Patagonia

El aprendizaje de una organización va más allá del desarrollo de procesos de entrenamiento y capacitación de tipo convencional: se requieren sistemas y procedimientos aptos para capturar y movilizar el know-how, el know-who, el know-what y el know-why. El objetivo de esos sistemas es involucrar a los trabajadores en las prácticas de aprendizaje y en la articulación y aplicación del conocimiento, lo cual requiere la organización del trabajo en equipo, procesos de capacitación formales e informales a medida que incluidos en una perspectiva de largo plazo y el desarrollo de estrategias prácticas orientadas a que los trabajadores adquieran nuevas habilidades. En este sentido un diagnóstico regional del sector petrolera observa:

“Los cambios tecnológicos que introducen las empresas (dentro de sus posibilidades), junto con las exigencias de competitividad y reducción de costos de producción, producen la necesidad de capacitar a la mano de obra existente. Muchas de las PyMES y fundamentalmente las microempresas no pueden hacerse cargo del financiamiento propio que la capacitación requiere y deben limitarse a cursos gratuitos o de bajo costo, organizados por entidades gubernamentales y no gubernamentales. Además, el personal manifiesta actitudes arraigadas sobre organización y funcionamiento propias de su trayectoria laboral en el ámbito estatal, que dificulta la posibilidad de cambio necesario ante las nuevas exigencias del entorno.”(2)

Con el análisis de estos sistemas es importante observar cómo se fue dando la organización del proceso de trabajo en el sistema técnico petrolero, dado que las innovaciones organizacionales tienen que ver con las ventajas competitivas de las empresas, aunque las microempresas y PyMES regionales se encontraron con innumerables dificultades para llevarlas adelante, según lo resalta el citado informe

“La introducción de nuevas tecnologías, la capacitación de la mano de obra, el aumento de las exigencias en seguridad y medio ambiente, la competitividad y la necesidad de conocer y estudiar el entorno, produce un cambio profundo en la organización interna de las empresas. Aparecen nuevos roles laborales, se fusionan departamentos y oficinas, se insertan cambios a nivel gerencial y administrativo, reestructurando y rotando al personal en diferentes áreas, exigiéndoles multifuncionalidad y nuevos niveles de responsabilidad dentro de la empresa.”(3)

Para las firmas petroleras es central tener la capacidad de “pensar” los procesos innovadores y llevar adelante los cambios tecnológicos habiendo realizado previamente diagnósticos interpretativos de la realidad que les permitan desarrollar estrategias innovativas en base a ellos. En un proceso productivo desterritorializado, como el petrolero, en el que las ventajas competitivas ya no se establecen por la producción en masa, sino a través de la introducción de innovaciones, el conocimiento va adquiriendo centralidad. Por otra parte, se debe mencionar la creciente desigualdad que genera este tipo de proceso productivo globalizado, frente al que las empresas regionales de servicios petroleros encuentran dificultades crecientes:

“Observando los cambios producidos en las empresas dentro del ámbito regional, podemos afirmar que la globalización de la economía y la reconversión productiva impulsaron de manera desigual la modernización de sus estructuras empresarias, en donde las grandes empresas multinacionales tienen la posibilidad de incorporar tecnología, mano de obra calificada y servicios apropiados con las exigencias del mercado. En las empresas regionales el ajuste de costos, la escasez de financiamiento y la falta de infraestructura adecuada, no permite o dificulta los cambios necesarios en sus estructuras para facilitar y/o potenciar su sostenimiento económico.”(4)

La capacidad de aprender determina el éxito de las grandes empresas operadoras petroleras, dado que influye en las posibilidades de generar ventajas competitivas y donde la tecnología es un sistema complejo de generación y difusión de conocimiento codificado y tácito acumulado por las firmas; por eso, aprender no es acumular información sino capacidad de procesarla, de vincular experiencia y de reconocer comportamientos. El aprendizaje, las competencias, las ventajas competitivas y el conocimiento no son naturales sino el resultado de un proceso histórico, social, político y económico por lo tanto:

“(...) la generación de ventajas competitivas intensivas en conocimientos y la complejidad del perfil de sus estructuras productivas constituye un desafío que va mas allá de las conductas de los agentes económicos individuales y requiere de tareas que involucran al conjunto de las instituciones públicas y privadas y actores sociales. En este sentido, el logro de tal objetivo requiere, entre otras cuestiones: (i) la revalorización social del rol de los procesos de aprendizaje, de acumulación y mejora de competencias y de la educación, (ii) la aparición de agentes intermediarios que operen como trasmisores-traductores entre las diversas partes del sistema, que catalicen los procesos de aprendizaje de los agentes y que contribuyan a la creación del mercado, (iii) el desarrollo de ambientes locales generadores de economías externas, (iv) el pasaje de las ventajas competitivas individuales a la construcción de ventajas competitivas de sistemas de empresas y sistemas locales, y (v) el desarrollo de una vinculación Universidad-empresa efectiva que potencie los procesos de aprendizaje codificado y tácito.”(5)

En el marco del proceso de globalización la importancia del conocimiento es crucial; sus características de inagotable, dinámico y relacional abren infinitas posibilidades de realizar procesos sociales innovadores que tiendan, en su desarrollo, a generar y administrar ventajas competitivas y cooperativas.

5. Articulación entre práctica tecnológica y manuales de procedimiento

En este apartado se verá cómo los sistemas técnicos constituyen sus procedimientos a partir de sus manuales, pero epistemológicamente se encuentran con una aporía de aplicación. Luego de revisar la teoría neoclásica(6) se ha observado cómo los evolucionistas incorporan una concepción más dinámica del conocimiento que coloca en otro lugar a los manuales de procedimientos y revaloriza la actuación de los agentes. En lo que sigue se analizará cómo los aspectos técnicos poseen significados que repercuten en otros sentidos y sirven para establecer y sostener, de manera sistemática, relaciones de poder asimétricas. Los sistemas técnicos petroleros son productores, transmisores y receptores de dichos significados. A partir del relato(7) podemos observar cómo perciben los agentes la tensión entre los manuales de procedimiento y la práctica, desde diferentes posiciones en el sistema técnico petrolero. Un ingeniero testimonia:

“los obreros no se salen de los manuales de procedimiento, se respetan porque así se debe trabajar”.

Luego, el mismo ingeniero relativiza la idea diciendo:

“ningún obrero sale con el manual bajo el brazo”.

Concluye afirmando:

“Los manuales de procedimiento no son algo estanco. Cuando se complica la tarea o hay que hacer modificaciones, el ingeniero de producción los va rescribiendo en la medida que van sucediendo las cosas.”

A pesar de que los manuales de procedimientos son presentados por la empresa como constitutivos del modo de trabajo, se observa que se encuentran en un proceso de construcción permanente. Un obrero nos decía al respecto:

“YPF encargó realizar los manuales de procedimiento a una empresa y esos manuales tienen equivocaciones; entonces, le dan a las empresas prestadoras -como la que yo estoy- una planilla para realizar una evaluación de los manuales, para que se vayan corrigiendo según lo que hacemos”.

En el obrar del operario entran en juego la relación con los compañeros, la antigüedad y la experiencia de ellos, así como la educación formal y la proveniente de otras prácticas informales

“Yo aprendí muchas técnicas en la escuela y muchas mañas de mi papá. Mi viejo me enseño cosas: de un tornillo hacía cualquier cosa. Yo todavía necesito esas mañas, uno las va capitalizando y difícilmente va a estar parado por algún problema, a menos que esté destrozado”

Así es como observa un encargado de turno el proceso educación y comprensión que se da dentro del trabajo petrolero gracias a los manuales de procedimientos, el conocimiento tácito y la experiencia acumulada por los agentes

“No es que no se le haga caso a los manuales de procedimiento, sino que estamos siguiendo una línea, sin volver para atrás. Si siempre se hubiera trabajado así, con estos procedimientos, no hubieran ocurrido tantas cosas. Ahora uno puede hacerlo mejor porque ya tiene esos procedimientos. Yo, por lo menos, cuando comencé no existían y las cosas se hacían más a base imitación e intuición. Lo que yo veo ahora es que se puede confiar más en la persona. Cada uno mismo sabe lo que es y lo que no tiene que hacer. Te están diciendo cómo tratar los materiales; si hay puntos de vista diferentes para una operación, perfecto: paramos, analizamos y escuchamos, porque somos todos y estamos todos para actuar. Sobre eso se trabaja”.

Ante la pregunta por los manuales de procedimientos responde:

“En la vida lo que más te ayuda es la experiencia. Nosotros evaluamos todo, miramos todo. El ‘yo lo hacía’, ese es el que estamos tratando de erradicar.”

La principal dificultad que encuentran los manuales de procedimientos estriba en los inconvenientes que se hallan en el establecimiento de correspondencia entre lo general de la norma y lo particular de la práctica. Frecuentemente los Manuales son establecidos en un sustrato artificial que es ya, como tal, resultado de abstracciones, construcciones o convenciones. Sin embargo, es sabido que no existe práctica que no se halle inserta en un marco situacional específicas, concretas y siempre cambiantes, siendo este marco de condiciones el que también preforma en cada caso particular el como de la acción. De allí surge, entonces, la tensión de aplicar normas generales a situaciones individuales y concretas, necesidad derivada de la exigencia de regulación normativa de la práctica petrolera. A esta tensión se la denomina “aporía de la aplicación” (8).

En la práctica tecnológica petrolera se encuentran dos casos llamativos: el de la excepción a la regla y el de la aplicación de las normas de seguridad e higiene. En el primer caso, el agente que alude a su derecho de obrar conforme a una excepción (signada por ejemplo por una coyuntura específica) no pretende expresamente dejar en suspenso la obligatoriedad de la norma fundamental en cuestión, sino que de alguna manera la reafirma, sabiendo que está exceptuándose a la norma. En este sentido,

“no es el pretendido estado de normalidad, sino el estado de excepción el que permite hacer visible el núcleo del ordenamiento que regula la vida dentro de una constitución”(9).

En el segundo caso, las normas de seguridad e higiene se apoyan en un consenso informal que permanentemente está constituyendo tradiciones en la práctica tecnológica petrolera rutinaria. De esta manera, se torna compleja la aplicación de normas establecidas en los manuales de procedimiento, cuando ello implica reformar las tradiciones instituidas. Estos casos son tomados a modos de ejemplo para mostrar las dificultades que se encuentran al aplicar normas del ámbito de lo universal (establecidas por los manuales) a la práctica tecnológica petrolera, cuyas condiciones siempre son singulares y contingentes. La resolución de la tensión implica:

“contentarse con soluciones parciales, que le ponen una y otra vez ante los ojos los límites que le están trazados a su capacidad de fundamentar el obrar”(10).

A pesar de ello las normas de procedimiento logran su pretendida legitimidad racional mediante la demostración de que en la mayoría de los casos el respeto a ellas es conveniente, o incluso necesario para alcanzar el fin que el sistema tecnológico se propone de antemano (perforación o terminación de un pozo, cementación o producción). De esta manera, se observa cómo las organizaciones de los sistemas técnicos petroleros introducen límites a la práctica tecnológica de los agentes. A su vez, es cierto que sólo así puede garantizarse al individuo dicho lugar para desarrollar la práctica tecnológica. A partir de allí las empresas prefiguran las acciones de los agentes, se hacen cargo de la decisión de esa prefiguración, ejercen influencia sobre las decisiones de la práctica tecnológica de los agentes y hasta promueven las alternativas de la misma.

Los manuales de procedimiento cumplen tácitamente la función de contrato ficcional entre la empresa y los agentes, dado que configuran y buscan determinar los ordenamientos para la práctica tecnológica de los agentes. En este sentido, se presupone la efectividad del vínculo y el consenso de ambas partes hacia la práctica tecnológica, aunque de antemano se sepa que el mismo esta condicionado al tiempo y el espacio y se encuentra signado por la actividad fáctica de las prácticas tecnológicas de los agentes.

6. Motivación empresaria en los sistemas técnicos petroleros

En este apartado se examinará el aspecto organizativo del avance tecnológico en las empresas petroleras, en aquello que hace a la conformación de la cultura tecnológica en el sistema tecnológico petrolero en la Patagonia austral y se lo vinculará con el modelo de motivación que Weber describía, en “Economía y Sociedad”, como una compresión interpretativa orientada hacia la acción de los demás.

Las empresas se observan en el proceso de transición y de constante turbulencia por factores tales como el cambio en los patrones de seguridad, nuevas legislaciones en torno al medio ambiente, exigencia por obtener normas de calidad, competitividad internacional y ascendente conflictividad social por causa del crecimiento de la pobreza y del desempleo en la región. En este marco las empresas buscan incorporar nuevas tecnologías de producción y organización en sus operaciones, así también como organizar, generar reglamentaciones y capacitar a sus empleados hacia el cumplimiento de normas de seguridad y previsión de accidentes o incidentes laborales. Estas empresas son las entidades centrales para pensar los procesos innovativos y para llevar adelante cambios tecnológicos. Ellas tienen la capacidad de realizar diagnósticos interpretativos de la realidad que les permitan crearse un panorama de la situación en que se encuentran y desarrollar estrategias innovativas en torno al análisis realizado.

Ahora bien, la incorporación de nuevas tecnologías productivas y organizacionales plantea a las empresas ciertos interrogantes: por un lado, realizan cálculos operativos y económicos que le suministran como resultado la implementación o no de las alternativas tecnológicas innovativas; por el otro, saben que esa elección no es simplemente técnica, dado que generalmente tiene implicancias jurídicas y sociales, tales como la anulación de contratos con empresas de servicios petroleros o el despido de trabajadores. Para atenuar tales interrogantes se hace presente el poderoso discurso de la “eficiencia”, en el que prevalece la consideración de que el objetivo de la empresa es obtener plusvalía de la relación productiva. En otro sentido se puede pensar que este objetivo no es tan simple de alcanzar y no se da linealmente. Existe una complejidad mayor, con múltiples mediaciones entre la relación de dominación y autoridad, a la hora de analizar la cultura técnica incorporada en un sistema técnico petrolero. Para hablar de dominación y autoridad Weber sugería que habláramos del concepto intermedio de “orden”.

El orden que imponen las empresas puede ser observado de dos maneras: una, como no meramente impuesto, sino legitimado por los intereses de todos los intervinientes en el sistema técnico. Ahora bien, ¿cuáles son las creencias y representaciones sustentadas por quienes están sometidos a ese orden? Podemos encontrar diversos motivos que se consideren racionalmente válidos: la naturalidad de que unos manden y otros obedezcan, la racionalidad de las disposiciones técnicas (y por lo tanto su validez), el disciplinamiento producido por el temor a la desocupación y la confianza en que la empresa “sabe lo que hace”, entre otros. Estas legitimaciones han sido caracterizadas como “de tipo racional”, frente a otras “de tipo tradicional” o de “de tipo carismática” (Thompson, 1993). La legitimación de tipo tradicional es frecuente en el sector petrolero, donde prevalecen los saberes “porque las operaciones siempre se hicieron de un modo determinado”. La legitimación carismática, en la que imperó lo afectivo, es más difícil de hallar en el sistema técnico petrolero patagónico. Vale destacar, de todas maneras, que estas legitimaciones son conceptuales y no resultaría apropiado pensarlas en términos absolutos.

Por otro lado, al existir la distinción entre grupos de gestión y de operación, es posible observar una polarización de intereses donde el orden es impuesto. Aquí no es el aspecto estrictamente técnico del sistema el que determina su organización: ella está dada por aquellos que se encuentran en condiciones de imponer el orden y por aquellos que están sometidos a él. Los problemas concretos de la legitimidad proceden de esta división del trabajo entre el equipo de gestión y los operarios; existe aquí por la necesidad de legitimar la imposición de las reglamentaciones de la gestión. En este sentido, se deja traslucir que las operaciones mediante el manual de procedimiento son una clara imposición. Normativamente, ningún operario puede salirse del mismo a pesar de los recurrentes errores que contienen pero, tácticamente sí lo hacen, prevaleciendo en la operación un tipo de legitimación tradicional. Uno de los operarios entrevistados nos reveló que dadas las continuas fallas, se les facilitó un cuaderno de seguimiento del manual para ir modificando el mismo conforme a las operaciones que se realizan efectivamente. En igual sentido los gestores están habilitados para hacer las correcciones que crean pertinentes. Encontramos así acciones que están orientadas a configurar el orden, como en el primer caso, y ante acciones que están específicamente dirigidas hacia la imposición de ese orden. Sabemos que las empresas necesitan disponer de las acciones de las personas para conseguir sus intereses. Vale recordar la definición de dominación de Weber:

“La dominación es la probabilidad de que un mandato con un determinado contenido sea obedecido por un grupo dado de personas”.(11)

La dominación se define por la esperada obediencia de los demás. La obediencia es un resultado, no sólo del poder de las empresas petroleras y su capacidad de administrar un yacimiento, extraer petróleo y otorgar trabajo, sino también es el resultado de la creencia de los operarios en la función tecnológica de los gestores. Debo hacer notar que para Weber sólo con el papel de la fuerza física queda completado el concepto de dominación. Vale decir que las empresas, si bien no utilizan este tipo de violencia para su pretensión a la legitimidad, sí suelen ejercer otro tipo de violencia simbólica, como sanciones o despidos entre las más evidentes y conocidas.

6. Objetivos, riesgos en la tecnología y sociedad petrolera

Si existe una problematización que se ha dado en el sistema técnico petrolero en los noventa y en la década presente, ésta es la que gira en torno de la seguridad y el medio ambiente. Lo llamativo de esto es que los actores del sistema técnico petrolero no lo perciben a partir de un reclamo por parte de los sindicatos o de la comunidad, sino por necesidad o sugerencia de la empresa. Nos dice un obrero:

“Todo esto viene del norte. Nosotros no somos limpios; así somos los criollos, sólo nos interesa que ande”

Ahora bien, si el reclamo viene de otro lugar, surgen varias preguntas: por qué se lleva a cabo en un lugar tan distante del centro de las decisiones, como lo es Caleta Olivia; por qué este reclamo fue asumido por la opinión pública a nivel nacional, cuando surgió el problema de las aves “empetroladas”(12); por qué, en definitiva, puede ser una de las prioridades de las empresas petroleras el cuidado del medio ambiente. En este sentido, una explicación posible es la de considerar al espacio como un conjunto de planos atravesados por procesos sociales diferenciados y operar con la noción de “líneas de fuerza” actuando sobre dimensiones. Una, en la cual se manifiestan las implicaciones de las historias particulares de cada localidad (las aves empetroladas); otra, referida a las “historias nacionales” (la televisación de esas imágenes o los permanentes reclamos ecológicos de diversas organizaciones no gubernamentales) que atraviesan los planos locales y los redefinen a su manera, lo que permite hablar de un espacio común dentro de fronteras bien delimitadas; la última, referida a la “mundialización”, (Greenpeace, los “verdes” y otros grupos militantes sobre problemas globales) como un proceso que atraviesa los planos nacionales y locales cruzando historias diferenciadas, con tendencias a la conjunción y la disyunción de espacios (Ortiz, 1996)(13).

De esta forma, las empresas petroleras trabajan localmente, pero su accionar tiene repercusiones globales, dado que muchas de las certificaciones o premios que obtienen o buscan obtener tienen normas y requisitos definidos internacionalmente. Es importante destacar que si bien los operarios dicen no haber “problematizado” el tema medioambiental, lo perciben como importante y encuentran diversas fallas en los controles, tanto del Estado como de las operadoras petroleras que son responsables de las empresas de servicios que contratan. En Lic. en Seguridad e Higiene argumenta:

“De la ruta, a 5 km. para adentro, cuando vas entrando al campo, la distancia entre el deber-ser y el ser se acorta. Eso me llevó a meterme en esta profesión. Estaba trabajando en el campo y me di cuenta de que en la medida que uno se metía en el campo, los supervisores menos actuaban y había menos protecciones. En el Estado nacional hay lugares en los que se controla menos; en los lugares cercanos a donde están el superintendente, el supervisor (de las operadoras petroleras) y los jefes de cada sector, se controla más. Es una falla de esa organización que evidentemente es común para todos, si bien las políticas que implementan también lo son. Vos notas que hay más falencias en los puntos alejados de las cabinas.”

En cuanto a la seguridad, el problema tiene sus ribetes particulares, ya que no es algo que nos rodea, como el ambiente, o algo separado de la sociedad, que hay que cuidar y conservar. No obstante, comparte aspectos muy significativos con el medio ambiente, dado que parece que hay que temerle porque la ponemos en peligro: miedo al perjuicio, a la enfermedad y a la muerte. Se pueden hacer cuentas sobre su costo o beneficio. Ahora bien, ¿estos miedos son justificados? ¿Se sustentan en riesgos o peligros? Al respecto nos manifiesta un operario de Seguridad e Higiene que trabaja en la industria del petróleo:

“En perforación, en cambio, ves el tema de los actos inseguros. El acto inseguro es aquella condición humana que no condice con los procesos escritos o de seguridad. El 95% de los accidentes ocurre por actos inseguros, no por la tecnología, que puede ser causa del otro 4%. La falta de protección (un matafuego que está descargado, un cable que está mal empalmado), eso sería el 4%. El no uso de una protección, el no respetar un procedimiento, el arriesgarse y tomar una mala decisión, eso tiene que ver con las fallas de las personas y son el 96%. Nosotros somos los que generamos el problema. El desgaste de herramientas es el 4%; eso sería una condición insegura. Si un fierro está mal soldado, todo el mundo sabe que hay que retirarlo y poner una nuevo. Si no traen uno nuevo, es problema de la gerencia que no invierte.”

Se puede observar que las empresas petroleras han centrado su mirada en los peligros y no en los riesgos, dado que esto les permite una orientación objetiva. Las empresas suponen que, dada la evidencia adecuada de los peligros, la seguridad puede demostrase con bastante facilidad. En torno a ello elaboran los manuales de procedimientos y realizan capacitaciones en seguridad. Las empresas no sólo trabajan en la capacitación en seguridad sino que analizan aún como más importante la transformación de viejas prácticas de los obreros y un cambio de mentalidad hacia actos más seguros. En este sentido el Lic. en Seguridad e Higiene comenta:

“Si esa persona comprende y razona qué significa la seguridad para él, ya se han ganado mil batallas, porque después lo trasmite a su compañero de al lado. El supervisor, así, no tendría trabajo, pero sería ideal no tener que tener trabajo porque todo el mundo sepa lo que tiene que hacer. Quizás las nuevas generaciones comprendan mejor el tema, pero se encuentran en el campo con el viejo obrero que dice 'para qué voy a usar el casco si me molesta'. Quizás están en el medio los supervisores, que avalan algunas transgresiones, o tenés el problema que el que manda te presiona con ‘¡dale, dale sacá el trabajo, no importa que uses la máquina que está rota!’. Esas cuestiones están. Son temas difíciles. Lo más complicado es la repetición de accidentes en tareas rutinarias, que ciertamente ocurre.”

El Lic. en Seguridad e Higiene deja entrever en su relato nuevos problemas con los que se encuentra el sistema técnico al trabajar en torno a la seguridad. Uno de ellos es el inconveniente que tienen las empresas para hacer seguir efectivamente los manuales de procedimiento. Estos se encuentran con diferentes tensiones que repercuten en la seguridad del trabajador y también en la productividad de la empresa. Ante esto la empresa busca incentivar a los obreros con diferentes tipos de premios por los días sin accidentes y es común ver en los trailers carteles que indican este hecho. En el apartado “Nuevas categorías de trabajadores en el sistema técnico petrolero” se describe la condición de rutinario que adquiere el trabajo petrolero para el operario de boca de pozo. A pesar de ello se trata por parte de la empresa de imponer un mecanismo de procedimientos en las tareas: A esto el Lic. nos dice:

“El tema del procedimiento de a poco se está implementando, pero molesta. Molesta que se haga el análisis de trabajo a la mañana. Es un trabajo de locos decir qué voy a hacer hoy, voy a llevar la silla hasta al canasto. Paso 1, qué voy a hacer: pararme; qué riesgos tengo, tal; cómo los minimizo, y así siguiendo. Ese tipo de estudio, que se puede hacer en 5 minutos - saber lo que voy hacer y hacerlo seguro - les cuesta horrores”.

Para la seguridad, las prácticas antiguas no poseen los avances tecnológicos y las precauciones con las que hoy se cuentan. Al respecto un operario comenta:

“Quisimos ir a poner un manómetro en una instalación que está a tres metros de alto y no nos dejaron. No señor, la norma dice que ustedes tienen que subir con un equipo adecuado, si te caes de dos metros te vas a raspar, pero si te caes de tres metros ya no y no hablemos de más altura.”

Las nuevas tecnologías han generado una serie de prácticas novedosas para el sector que han repercutido en todo el sistema. Desde una mayor inversión de la empresa en maquinarias para seguridad, hasta la capacitación en su uso para la reducción de accidentes. En torno a ello, el segundo problema que se observa es el uso de máquinas en mal estado, el consentimiento de supervisores ante actos inseguros y la escasez de recursos en seguridad. El Lic. en Seguridad e Higiene relata :

“Yo lo que he visto es que éstos, con un fierro, te pueden armar una herramienta. Tienen un problema, te agarran un fierro y te lo solucionan. No es lo aconsejable, las herramientas caseras se tratan de eliminar, pero la falta de recursos te lleva a ese tipo de estrategias. El americano tiene recursos como el tipo de piso que yo te digo. Agarrás las revistas norteamericanas y tienen unos pisos infernales, no se resbala nadie, no sé cuanto costaría traer eso de Estados Unidos”.

En este sentido se ve reflejada la tensión que encuentra la empresa en lograr mayor productividad y rentabilidad, a pesar de las condiciones adversas que se puedan presentar en el campo, en detrimento de la seguridad. Esto nos dice un obrero:

“Amplían la seguridad, se los ve siempre con estrategias de seguridad, siempre están con cursos. Pero no está claro que mejore; yo lo veo siempre igual. Siempre siguen existiendo los accidentes, la burocracia esa de que, cuando está todo normal, ‘exijamos la seguridad’ y cuando está todo atrasado, ‘no la midamos mucho’. Eso pasa siempre y por eso ocurren los accidentes. La seguridad la tenés que tener en todo momento y en todo lugar, vayas adelantado o vayas atrasado.”

La seguridad se puede presentar como un elemento que tiende a estructurar la metodología de trabajo en el sistema técnico petrolero. Las empresas generan prácticas por fuera de los procedimientos, para obtener más producción, estipulan las formas de contratación para generar disponibilidad full time en los operarios, así también les otorgan telefonía celular para encontrarlos inmediatamente. Estas formas y metodología de disponibilidad y contratación se deberían evaluar las situaciones riesgosas que podrían generar en el sistema.

7. Las TICs y sus repercusiones en el sistema técnico petrolero patagónico

Desde sus albores en el Renacimiento, el desarrollo de las diferentes técnicas de producción ha modificado sustancialmente el mundo de vida, los hábitos, las cosmovisiones, los valores y el medio ambiente de las culturas del globo. En el siglo que comienza, esta tendencia creciente encuentra su expresión plena en la vida social, con su inserción en la mayoría de los ámbitos de la cotidianeidad. Ni la guerra, ni las comunicaciones, ni la ciudad, ni la medicina, ni tampoco la industria, la biología, la imagen, el trabajo, el comercio, la alimentación y la sensorialidad corporal pueden comprenderse hoy sin tener en cuenta las procedimientos técnicos que las componen y organizan. Por lo tanto, no podemos dejar de reconocer que las innovaciones producidas por las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información se han convertido en la corriente de mutaciones más decisiva en la cultura moderna, de sus tradiciones, de sus lenguajes y su sensibilidad.

En su turbulento e insospechado derrotero las nuevas tecnologías, desde la mecanización a la automatización, han modificado el trabajo humano:

“siempre desencadenando debates similares en torno a los temas del desplazamiento de trabajadores, ‘descualificación’ frente a ‘recualificación’, productividad frente a alienación, control administrativo frente a autonomía laboral”(14).

Estas problemáticas también se encuentran presentes en el petróleo en la Patagonia austral y han adquirido auge a partir de la reestructuración empresaria que vive la región desde la década de los noventa. Ante la pregunta de por qué lo habían despedido de YPF luego de 25 años de trabajo solo atinó a decir:

“La tecnología saca puestos de trabajo y la desocupación es mundial”.

Otra respuesta, por parte de un jefe de mantenimiento, más elaborada a esta cuestión crucial nos dice:

“Si bien la tecnología -la automatización- está tendiendo a eliminar la mano del hombre, el mantenimiento no lo puede hacer un robot. El robot hace lo que vos le programás, a lo sumo vos le vas a programar cuándo le vas a hacer el mantenimiento a la máquina, pero cómo se lo vas a tener que hacer, qué le vas a tener que cambiar, eso vos solo lo vas a poder determinar; el criterio lo tiene el humano y no lo tiene la máquina, por más sofisticada que sea.”

Estas respuestas encierran parte de uno de los problemas más álgidos para el mundo del trabajo. Castells (2000), en su análisis de la difusión de las tecnologías de la información lo expresa de esta manera:

“Lo que tiende a desaparecer mediante la automatización integral son las tareas repetitivas de rutina, que pueden precodificarse y programarse para su ejecución por máquinas… No debe resultar sorprenderte que las tecnologías de la información hagan precisamente esto: reemplazar el trabajo que puede codificarse en una secuencia programable y realzar el trabajo que requiere análisis, decisión y capacidad de reprogramación en tiempo real, en un grado que sólo el cerebro humano puede dominar.”(15)

Es evidente que el hacer del operario se constituye en un tiempo y espacio. De esta forma el operario y su obrar son al mismo tiempo pasado, presente y futuro. Aparecen siempre presentes las antiguas prácticas, pero a la vez existe también una proyección en las percepciones de los operarios acerca de las permanentes transformaciones tecnológicas que vive la industria del petróleo. En este sentido, un técnico calificado que trabajó 30 años en YPF y luego de su jubilación se encuentra trabajando en una empresa privada nos dice en torno a esto:

“El cambio de tecnología siempre fue resistido. Por lo general el obrero se resiste… Y cuando es tecnológico, por ahí no lo acepta, cuando no sabe qué es lo que viene. Casi todos los hombres desaprueban lo que no son capaces de hacer”.

Por ejemplo, el control de los equipamientos que se utilizan en el sistema técnico petrolero, antes era realizado de la siguiente manera, según el mismo técnico:

“Veníamos con un palito, se ponía en la oreja, se apoyaba contra la maquina y el ruido que hacía se podía escuchar perfectamente. Yo después adapté un estetoscopio como el que usa el médico y le hice una punta hueca que hacía de caja de resonancia y tocaba donde estaba rota la máquina o donde escuchaba el ruido, y no tenía que desarmar toda la máquina sino sólo donde estaba rota.”

Pero ahora las tecnologías de la información han sistematizado este procedimiento de una forma programable y comunicable. Esta es la experiencia del técnico citado anteriormente:

“Hay un aparatito que es chiquito, lo arrimás y te marca vibraciones aceleraciones, frecuencias determinadas, temperatura, velocidad... Puede censar un montón de cosas: lo enchufás a la PC y te marca curvas, proyecciones, progresiones y estadísticas. Podés tener infinidad de datos”

8. Nuevas categorías de trabajadores en el sistema técnico petrolero

El trabajo se está transformando en el sistema técnico petrolero y van surgiendo nuevas necesidades y capacidades de cada tarea. A las tareas habituales se les ha sumado el cuidado del medio ambiente, la seguridad y el tener presente que el objetivo último del trabajo es el aumento de la productividad. Estas tres variables que surgen principalmente en la última década se analizan en los siguientes apartados. En este momento se hará mención a una nueva categorización a partir de las tecnologías de la información que Castells (2000) define una nueva división del trabajo a partir del paradigma informacional de creación de valor, de conectarse con otros trabajadores distantes en el espacio y por último de toma de decisiones en tiempo real, que si bien en forma incipiente, ya se empieza a traslucir para las actividades de los operarios en el petróleo.

Para la creación de valor el autor menciona seis puntos. El primer punto tiene que ver con “toma de decisiones estratégicas y planificación, efectuada por los mandos”(16). Esta operación se realiza gracias a la tecnología de la información y comunicación en tiempo real y con interacción entre los mandos en la central y los supervisores nacionales y regionales. El segundo y tercer punto habla de “innovación en productos y procesos a cargo de los investigadores” y de “adaptación, presentación y selección del objetivo de la innovación a cargo de los diseñadores.”(17) Estas acciones no se realizan específicamente en la Patagonia austral, si bien participan de una manera lateral, realizando ciertas innovaciones y adaptaciones en los procesos. El cuarto punto hace referencia a la “gestión de las relaciones entre la decisión, innovación, diseño, ejecución, teniendo en cuenta los medios de que dispone la organización para lograr las metas establecidas, a cargo de los integradores”(18). Esta es una tarea propia de los superintendentes regionales, supervisores y hasta los jefes de turno. Uno de ellos nos comenta lo siguiente:

“Uno puede crear los elementos para adaptarlos al medio, ir generando los procedimientos. Esto se hace en base a los fundamentos del instrumental, o sea, lo que el fabricante determina. Vos ves, de acuerdo al lugar, dónde y cómo lo tenés que adaptar. Entonces vos generás un procedimiento de trabajo: para colocar un medidor de flujo en una batería hay que hacer estos pasos, tener en cuenta estas condiciones; en cambio, con una tubería en el medio del campo, no se puede hacer lo mismo que en un taller: Entonces, para el mismo tipo de instrumento las operaciones son diferentes.”

En torno a la dimensión creación de valor en esta nueva división de trabajo a partir de las tecnologías de la información, el quinto punto es “ejecución de tareas bajo su iniciativa y entendimiento propios, efectuada por los operadores”(19). Estas tareas la realizan por lo general las estructuras medias y los operarios de turno. Por ejemplo ante complicaciones en una operación determinada los operadores es recurrente que realicen lo siguiente:

“Perfecto; paramos, analizamos y escuchamos, porque somos todos, estamos todos para actuar. Y sobre eso se trabaja… ¿Vio que en la vida lo que más te ayuda es la experiencia? Nosotros evaluamos todo, miramos todo.”

Los manuales de procedimiento intentan codificar las acciones de los operarios y se han analizado las múltiples dificultades que ello acarrea. Cuando la rutina cambia y surge algún evento por fuera de la codificación programable, un jefe de turno evalúa la situación y dialoga con los operarios para arribar a la solución más conveniente, basándose en la experiencia ante situaciones similares.

Por último el autor menciona la “ejecución de tareas auxiliares y preprogramadas que no se han automatizado o no pueden serlo, realizadas por quienes me atrevo a denominar los operados (o robots humanos)”. Esta categoría polémica nos remite a las actividades seriadas que realizan los turnos en sus tareas de perforación. Los operarios de baja calificación manifiestan que el trabajo petrolero es rutinario y que en el sector no se ha evolucionado tecnológicamente.

“Porque ahora las empresas, para que entre un chico joven exigen que tenga que ser técnico, pero ¿para qué? ¿Para hacer el mismo trabajo que hace cincuenta años? Si hasta ahora siguen haciendo exactamente lo mismo.”

La segunda dimensión (creación de relaciones) hace mención a:

“los trabajadores en red, que establecen conexiones por su iniciativa (por ejemplo, la ingeniería conjunta con otros departamentos de las compañías) y navegan por las rutas de la empresa red; los trabajadores de la red, que están en línea, pero que no deciden cuándo, cómo, por qué o con quién; los trabajadores desconectados, atados a sus propias tareas específicas, definidas por instrucciones no interactivas y de un único sentido”.(20)

Los trabajadores en red se encuentran en la casa central y eventualmente establecen contactos con los mandos superiores nacionales y regionales por tareas de ingeniería. Si es más fluido el intercambio como trabajadores de la red, así lo ilustra el siguiente relato de un encargado de turno:

“Porque uno, como encargado de turno, llega y tiene toda la información ahí. Luego manda a la base la información de los sucedido en su turno… No sé, después, qué hace la empresa con esa información”

Por último se encuentran los trabajadores desconectados. Se evidencia claramente en la opinión de un obrero:

“El trabajo -yo tengo 18 años de petróleo-, que yo conozca, desde hace 18 años hasta ahora no cambió nada. El ‘laburo’ del campo sigue siendo lo mismo; el maquinista sigue haciendo la misma maniobra; el enganchador sigue caminando por la escalera hasta el piso; no cambió nunca. Entonces, ¿para qué me sirve a mí la tecnología? ¿Para qué quiero yo computación, si arriba no esta computarizado? ¿Para qué quiero ser técnico, si lo que hay que hacer es enganchar un fierro y tirarlo al costado?”.

La tercera dimensión se refiere a la capacidad de aportación al proceso de toma de decisiones. En este sentido, es posible diferenciar:

Se observa que las tres dimensiones mencionadas actúan como planos que se interconectan entre sí y que poseen múltiples relaciones. Si bien incipiente, se percibe una tendencia a derribar viejas estructuras organizacionales estancas y reemplazarlas por nuevas, más flexibles y participativas, en las que participen, o potencialmente puedan participar de alguna forma, todos los actores que intervienen en el sistema técnico petrolero. Por otra parte, cabe destacar que el análisis propuesto por Castells tiende a segmentar y quitarle posibilidades de interacción a las personas que realizan la ejecución de tareas auxiliares para la dimensión creación de valor. Su incapacidad de relacionarse con las nuevas formas comunicativas en el proceso de trabajo en la segunda dimensión llamándolos trabajadores desconectados y siendo meros ejecutores a la hora de la aportación al proceso de toma de decisión. En este sentido parece válido darle voz a los operarios y tener en cuenta de qué manera perciben y qué valores rescatan como importantes en el proceso de trabajo en el sistema técnico petrolero.

“Lo social, durante la hora de trabajo, es fundamental porque te descansa psicológicamente un montón. Si vos no te relacionás en las doce horas de trabajo, si no estás charlando, o conversando, o tomando un mate, no podés vivir”.

En la percepción de este operario sobre su práctica cotidiana por dieciocho años no existe una crítica a la rutina en el trabajo petrolero. No la vive como autodestructiva, en el sentido de que:

“los seres humanos pierden el control sobre sus propios esfuerzos; la falta de control sobre el tiempo de trabajo significa la muerte mental de las personas”(22).

Por el contrario, el trabajo que lleva adelante el equipo perforador es coordinado y conocido, hay mutua confianza por la actividad que realiza cada miembro, cada uno depende del ritmo y acción del compañero. Así lo manifiesta un operario:

“Es que discusiones no hay. No tiene que haber porque nosotros armónicamente estamos preparados para trabajar.”

En este sentido, el concepto de “ritmo de trabajo” significa que a fuerza de repetir una operación dada, es posible descubrir cómo acelerar o aminorar la marcha, que variaciones es posible hacer, o bien jugar con los materiales y desarrollar nuevas prácticas. El aprendizaje es similar al de un músico que aprende a manejar el tiempo mientras interpreta una pieza”(23).

De la observación de un equipo perforador nos surge la idea de la orquesta, en la que cada miembro sabe lo que tiene que hacer en un tiempo y momento determinado. Es justamente ese tipo de acción la que las tecnologías de la información tiende a codificar y intenta automatizar, siempre y cuando sea rentable realizar esta operación. Los operarios de los equipos perforadores entrevistados han hecho hincapié en los valores de compañerismo, confianza, amistad y de familia que se encuentran presentes en la actividad. Son recurrentes las metáforas del orden familiar:

“El maquinista viene a ser como el padre, porque es más responsabilidad y las acciones inciden en los demás.”

”Aparte, a más viejo el turno, más amistad hay. Prácticamente es una familia porque vos hacés 10 por 5 (24), estás más con tus compañeros que con tu familia, estamos en la misma casa diez días y todos se tienen que cuidar. Cuando vos estás trabajando, es más familia que tu familia. “

El tipo ideal de “burocracia” de Weber, como asociación imperativamente coordinada, con líneas de autoridad claramente demarcadas y personal asalariado sujeto a reglas codificadas se pone en cuestión a partir de la propuesta de un paradigma informacional que coincidiría en líneas generales con la estructura empresaria que se dispone en los sistemas técnicos petroleros. De todas maneras, las categorías, relaciones y la toma de decisiones observadas en el sistema técnico petrolero continúan “estamentadas”, si bien con una apertura a la comunicación y una mayor flexibilidad entre ellas.

Otra de las formas de relación y comunicación que se desarrolla en el sistema técnico petrolero está marcada por los objetivos de las empresas en lograr la maximización de sus recursos y la automatización del proceso. Es recurrente en los entrevistados mencionar el sistema de representaciones que va constituyendo el sistema técnico petrolero. Una de las ideas que aparece con mayor fuerza es que la industria petrolera no se puede detener (veremos más adelante cómo repercute esto sobre la seguridad y el medio ambiente en el obrar del operario), porque eso significa dinero. Por lo tanto, el funcionamiento tiene que ser continuo.

“Te compraban la máquina pero no los repuestos; había que hacerlos o modificarlos o adaptar algo, porque las máquinas tienen que andar; eso es lo importante. No importa lo que se paga, pero importa que ande; porque es más la plata que se pierde porque la maquina no ande. En el petróleo no se puede parar. Esa es una de las premisas fundamentales de la industria ”.

Los nuevas posibilidades que proporcionan las tecnologías de la información parecen contradecir esta idea central de que si se detiene la industria se pierde plata, dado que desde la perspectiva de los agentes económicos, la productividad no es un fin en sí.

“Las empresas y naciones (o entidades económicas de distinto tipo como las regiones de la Unión Europea) son los agentes reales del crecimiento económico. No buscan la tecnología por sí misma o por el aumento de la productividad para que mejore la humanidad. Se comportan en un contexto histórico dado, dentro de las reglas de un sistema económico (capitalismo informacional) que en última instancia recompensará o sancionará su conducta. Así, las empresas no son motivadas por la productividad sino por la rentabilidad, para la cual, la productividad y la tecnología pueden ser medios importantes pero sin duda no son los únicos. Y las instituciones políticas moldeadas por un conjunto más amplio de valores e intereses, se orientarán, en el ámbito económico, hacia la maximización de la competitividad de sus economías constituyentes. La rentabilidad y la competitividad son los determinantes reales de la innovación tecnológica y el crecimiento de la productividad. Es en su dinámica histórica y concreta donde podemos encontrar las pistas para comprender los caprichos de la productividad.”(25)

Si bien hoy el trabajo es local, el capital es global y la rentabilidad de la producción se calcula con una infinidad de variables que escapan a la Cuenca del Golfo de San Jorge. Seguramente intervienen otras variables, del tipo de la guerra contra Irak, el conflicto en Venezuela o las políticas de restricciones impositivas en diversos países.

9. Conclusión

Las instituciones promotoras del desarrollo y de la integración durante el “estado de bienestar” Keynesiano, como lo era la empresa estatal YPF, vieron impuestas nuevas reglas de juego y un nuevo marco de correlación de fuerzas a nivel internacional. A partir de él, no pudieron ensayar respuestas alternativas satisfactorias. La vida económica e institucional vive procesos de cambio que generaron en forma inmediata consecuencias económicas y socialmente recesivas sobre el espacio regional patagónico, tales como el retroceso del mercado interno, el mayor costo del crédito , la apertura externa y la desocupación como resultado de las privatizaciones y desregulación de las empresas públicas.

Por lo tanto, hay que dimensionar y repensar la “crisis” petrolera, dado que no se trata de una crisis productiva, ni tecnológica en un aspecto estricto o acotado. Estas dos dimensiones han seguido un rumbo de crecimiento sostenido. La producción petrolera en la región aumenta año a año y la incorporación de tecnologías de materiales, de organización y de información y comunicación son constantes en la región. En este sentido, la introducción de nuevas tecnologías en el sector pasó a redefinir el perfil de la demanda de trabajo, en pro de una de alta calificación y especialización permanente, con lo cual los gobiernos de la región se verían en la necesidad de replantear las políticas de educación y de capacitación laboral como medio para adaptar la fuerza de trabajo a las necesidades de los nuevos paradigmas tecnológico y organizacionales introducidos.

De esta manera, el desmantelamiento del estado de bienestar que sostuvo en la mayor parte de los países de América Latina el proceso de industrialización por sustitución de importaciones, las modificaciones en las prácticas tecnológicas y productivas (ohnismo o toyotismo), el pasaje hacia un paradigma tecnológico basado en la microelectrónica, la globalización de las actividades económicas y la paralela creciente transnacionalización de los agentes económicos y la transición hacia sociedades basadas en el conocimiento, provoca nuevos desafíos y exigencias para las firmas petroleras, gobiernos y otros actores sociales en el Golfo de San Jorge de la Patagonia austral. Este trabajo, a partir de las entrevistas realizadas, permite entrever que el peso que la comunidad de Caleta Olivia atribuye a la modernización tecnológica, como una de las causas fundamentales del quiebre del sector productivo, se revela como un fetiche ajeno al quehacer socialmente compartido y, por lo tanto, dificulta el delineamiento de una salida común a la crisis.

Asimismo, la modernización tecnológica sería percibida por gran parte de la población como una de las causantes de los desplazamientos de puestos de trabajo. Los sujetos se sentirían fuertemente extrañados frente al movimiento autónomo de la tecnología. De esta manera, se observa, que los pobladores dejan de concebir el desarrollo en términos de petróleo. El modo actual de producción petrolera con la incorporación de nueva tecnología, la innovación en la producción y la flexibilización de los puestos de trabajo hacen profundizar la vivencia de la crisis, a pesar de que la extracción de petróleo sigue en aumento.

Si comenzamos a pensar que no existe una relación lineal entre modernización tecnológica y desocupación, sino que ésta es producto de relaciones tecnológicas, y por lo tanto, también sociales, podemos acercarnos a comprender otra de sus dimensiones: la política. La comunidad de Caleta Olivia (si pensamos localmente), por ser parte del sistema tecnológico petrolero, está habilitada a dialogar y tiene la capacidad de comprender el cambio tecnológico que se produzca y manifestarse acerca de las condiciones sociales que considere necesarias. Cabe pensar aquí que el estado actual de la tecnología y la percepción de la misma como responsable del desempleo es un problema porque presupone la autonomía de la tecnología y, en tal sentido, oculta la racionalidad económica del actor que toma las decisiones y tiene el poder (no tanto la legitimidad social) de imponerlas. En otro sentido, pensar el estado actual de la tecnología como “no necesario” y, por lo tanto, modificable, nos habla de la posibilidad de que la tecnología pueda ser instrumentada, organizada y restringida políticamente.

Las empresas petroleras de la región realizan una lectura simbólica del contexto en el cual están insertas. De hecho saben y han construido la historia presente del lugar. Historia que tiene que ver con el pasaje de un modelo productivo y modernizador desarrollista a otro modelo desregulado y privatista. Esto se ha dado en parte gracias al proceso de globalización de los mercados, que ha impactado fuertemente en la producción petrolera en la Patagonia Austral. El mismo ha producido la apertura de los mercados internacionales (para cubrir ahora la totalidad del proceso productivo) y esto ha sido viable gracias a la aparición de nuevos paradigmas, políticos, sociales, económicos y tecno-organizacionales intensivos en información. La centralidad que han adquirido estos paradigmas para las sociedades modernas y, en particular, para el Golfo de San Jorge, nos llama al análisis de este fenómeno. Esto pone de relieve una vez más la importancia de tener en cuenta al contexto ecológico, político, social y cultural, porque éste podría acondicionar e impone restricciones a la innovación tecnológica. Como argumenta Gomez (1999):

“Tal contexto no debe ser entendido de manera teatral; es decir, como mero escenario pasivo en el que actúan los agentes del cambio, los cales no son afectados mayormente por tal escenario, sino como un proceso en el que acción y contexto están mutuamente imbricados. Los individuos actúan en las instituciones a las que corporizan, realizan y producen. Si es así, el cambio tecnológico no es una variable independiente dentro de algún otro proceso autónomo (como el de la sociedad capitalista), sino que está entretejido con la práctica social”.

Por lo tanto, es plausible generar discusiones, debates y políticas a partir de un marco de comprensión de las diferentes resignificaciones presentes en los sistemas técnicos petroleros. Además de cuestionar a la eficiencia tecnológica como la única posibilidad de aplicación técnica y comenzar a tener en cuenta las dimensiones económicas, sociales y políticas de la sociedad en el proceso productivo petrolero.

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YOGUEL Gabriel y GUTMAN Graciela. coolaboradora,: Economía de la Tecnología y de la Innovación. Bernal, Bs. As. Carpeta de Trabajo. Maestría CTS UVQ, 2000

(1) Docente-Investigador UNPA-UACO. aiaranciaga@unpa.edu.ar

(2) Prado, M. y Romero, J. “Lo que el viento se llevó. Acerca del estudio de las Pequeñas y Medianas empresas y Microempresas del Complejo Petrolero de la Cuenca del Golfo San Jorge. 1991-1998”. Mimeo. UNPA. 1998. pag. 12

(3) Ibid.

(4) Ibid., Pág. 12-13

(5) Yoguel, G. y Boscherini, F. (1999), “El desarrollo de las capacidades innovativas de las firmas y el rol del ambiente: el caso de firmas industriales argentinas pertenecientes a distintos sistemas locales”. Informe de investigación, UNGS.

(6) “Esta teoría parte de una concepción de la firma según la cual los agentes económicos son sujetos que actúan con un criterio maximizador de ingresos o minimizador de costos. Estos agentes toman sus decisiones en un marco de racionalidad e información perfecta y se mueven en un ambiente sin incertidumbre”. Yoguel, Gabriel y Gutman. G., col., Carpeta de Trabajo: Economía de la Tecnología y de la Innovación Maestría CTS UVQ, Bernal, Bs. As. 2000

(7) Se realizan veinte entrevistas semiestructuradas a :

i) autoridades de empresa y área productiva específica;

(8) Wieland W.: La razón y su praxis. Cuatro ensayos filosóficos. Buenos Aires, Biblos, 1996.

(9) Ibid., Pág. 29

(10) Ibid., Pág.32.

(11) Weber, Max, Economía y Sociedad. México, Ed. FCE, 1999, pág. 53

(12) En el año 1991, el canal con mayor rating del país difundió que una especie de aves de la Patagonia Austral morían ahogadas porque se confundían los piletones de petróleo con espejos de agua. Este hecho obligó a las empresas a modificar el tratamiento y desechos del mineral.

(13) Ortiz Renato, El otro territorio, Buenos Aires. Ed. Unqui. 1996.

(14) Castells Manuel, La era de la información. Economía Sociedad y Cultura. La Sociedad red Vol 1. Ed. Siglo XXI. Segunda Edición. México, 2000. pag. 269

(15) Castells Manuel, La era de la información. Economía Sociedad y Cultura. La Sociedad red Vol 1. Ed. Siglo XXI. Segunda Edición. México, 2000. pag. 271

(16) Castells Manuel, La era de la información. Economía Sociedad y Cultura. La Sociedad red Vol 1. Ed. Siglo XXI. Segunda Edición. México, 2000. pag. 273

(17) Ibid, pág. 273

(18) Ibid, pág. 273

(19) Ibid. pág. 273

(20) Ibid. pág. 273

(21) Castells Manuel, La era de la información. Economía Sociedad y Cultura. La Sociedad red Vol 1. Ed. Siglo XXI. Segunda Edición. México, 2000. pág. 273

(22) Sennet, R., La corrosión del carácter, Anagrama, Barcelona, 2000. Pág. 37

(23) Ibid., pág. 34

(24) El entrevistado se refiere al régimen de trabajo, donde realizan 10 días de actividad en el campo petrolero y 5 días de descanso.

(25) Castells Manuel, La era de la información. Economía Sociedad y Cultura. La Sociedad red Vol 1. Ed. Siglo XXI. Segunda Edición. México, 2000. pág. 107-108