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Jornadas del Este
Panel: La divulgación científica como estrategia de
democratización de los conocimientos
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Introducción
La ciencia y la tecnología dan origen cotidianamente a productos, simbólicos y materiales, que se constituyen en conocimiento estratégico para las elites de poder. Manejar, disponer libremente, determinar con absoluta discrecionalidad con quién compartirán esos datos, esas informaciones, esos desarrollos, aumentan las de por sí generosas cuotas de poder de los poderosos.
La información que circula por los vasos comunicantes de los sectores "de decisión", está alimentada en gran medida y, cada vez más, por los avances científico-tecnológicos. Para decirlo en términos caros a los docentes: los sectores de I+D nutren en ocasiones, voluntariamente; en otras involuntariamente de conceptualizaciones, procedimientos y actitudes a los grupos de decisión.
Una frase-fetiche de la "cultura de la globalidad" insiste en recordarnos que: "Información es poder". Sin embargo, este enunciado resulta vacío de contenido si no se analizan una serie de factores que permiten a una nación, a un grupo, o a un individuo, tener poder y poder ejercerlo efectivamente.
En general, se sostiene que alguien humano animado, o entelequia adquiere poder cuando posee una cierta información que otro/otros no poseen; porque pueden acceder a esa información relevante, digamos vital, con mayor facilidad que otros; o bien porque, además de todo esto, pueden determinar a quién harán conocer esa información, en qué momento, cómo y en qué medida la difundirán, y qué obtendrán a cambio (Dellamea, 1995: 368).
Como ha señalado la experta chilena en diseño de políticas de comunicación, Raquel Salinas, la información que realmente afecta el decurso mundial se canaliza a través de un mercado específico: un mercado de acceso restringido. Un mercado informativo en el que la máxima ganancia posible se obtiene cuando hay una mínima difusión de la información. En este caso, el producto es más caro debido a que es muy difícil acceder a él. Y esto justifica el precio elevado: unos pocos compradores pagan precios muy altos y se aseguran, de esta forma, que solo ellos poseerán esa información. Se adquiere así, un alto grado de dominio, o mejor dicho de control, sobre los datos e informaciones adquiridos. La estrategia comercial es clara, consiste en generar y mantener un acceso restringido, exhaustivamente controlado, y en ocasiones hasta exclusivo, a tales productos (Salinas, 1989).
Este es el típico caso de las redes informativas altamente especializadas en obtener, acopiar, procesar y vender o intercambiar datos científicos, tecnológicos, militares, comerciales, financieros, industriales y económicos en general.
Por otros caminos marchan los llamados mercados genéricos de información, caracterizados por la intención básica de que la máxima difusión posible de los productos informativos asegura la máxima ganancia. En este caso, por lo tanto, la estrategia utilizada es la distribución masiva de la información, que asegura el fácil acceso a la mercadería ofrecida. En este sistema el precio del producto final se abarata notablemente, debido a que los costos de producción, y los márgenes de ganancia que estipulan las empresas productoras y difusoras de información se reparten entre muchos compradores pequeños. Por ejemplo: la producción general de informaciones que recogen, acopian, redactan y distribuyen las agencias noticiosas no especializadas; los medios masivos de comunicación en general, y en especial los diarios y revistas de gran tirada, y los programas y series de televisión diseñados para interesar al mayor número posible de personas (Salinas, 1989; Dellamea, 1995: 374).
Esta situación de dos mercados divorciados, irreconciliables, no constituyen una novedad histórica. Quizá hablemos hoy de este tema, porque el divorcio se ha vuelto ostensible.
Gran parte de lo que llamamos "gap" o brecha científico-tecnológica, hunde sus raíces en este viejo pero renovado problema.
La necesidad sociopolítica de divulgar conocimientos científicos
La década de 1980 marcó con énfasis, para el primer mundo en especial, una necesidad novedosa: que cada vez más un mayor número de ciudadanos, usuarios, consumidores, trabajadores, votantes, en definitiva, accedieran a un cúmulo de informaciones que no poseían. Era necesario que estas personas participaran en plebiscitos, consultas populares, etcétera, donde se les preguntarían acerca de si aceptaban o no la instalación de centrales nucleares en sus territorios; donde se les solicitaba su opinión sobre desarrollos tecnológicos que podrían tener implicancias éticas y morales, entre otras cuestiones que solo podían ser respondidas siempre y cuando las personas contaran con una base más o menos sólida de conocimientos relativamente actualizados. A esa base comenzó a llamársela "cultura científica" (scientific litteracy).
Como dice el periodista científico español, Manuel Calvo Hernando": Se han producido, en estos últimos 50 años, cambios radicales en el mundo, pero esos cambios han sido mucho menores en la comprensión pública de la ciencia. Ni siquiera en las democracias se suele tener en cuenta la necesidad de promover esta comprensión, y en los países que intentan planificar su política científica apenas se encuentran referencias a la participación pública por la vía de la información en los medios de comunicación de masas (y en otros canales y modalidades comunicativas, agregamos nosotros)" (Calvo Hernando, 1997: 12).
"El gran público, esa mayoría más o menos silenciosa, que en los países democráticos influye en el poder público y en sus cambios, vive relativamente pasivo en relación con la fuerza del conocimiento y con las impresionantes posibilidades del desarrollo de la ciencia y la tecnología" (Calvo Hernando, 1997: 12).
Ahora veamos cómo se ha abordado esta cuestión de "crear puentes para acortar la brecha". Realizaremos aquí una simplificación, para mencionar solo algunos ejemplos. Los países centrales vienen desarrollando programas más o menos estructurados para acometer este problema. Principalmente, Gran Bretaña, Francia, los EE.UU y Canadá. Por su parte, algunos países de América Central y del Sur, también han puesto en marcha algunos planes o programas. Como en el caso de Colombia, que desarrolla un "Programa nacional de apropiación pública de la ciencia", o Brasil, que opera a través de las universidades federales y estaduales, así como de los Institutos de Investigaciones agrupecuarias, aeroespaciales, entre otros organismos de investigación subvencionados por el Estado brasileño.
En la Argentina, el único antecedente de acciones comunicativas de divulgación de la ciencia y la tecnología que ha sido encarado como programa, es decir con estructura, organización, objetivos y recursos, ha sido el Programa de Divulgación Científica (CYT), del que hablaremos más adelante.
Divulgar desde el modelo del déficit
Mayoritariamente los programas y planes de divulgación científica, de comprensión pública de la ciencia, de popularización científica, de vulgarización de la ciencia por citar algunas de las denominaciones que recibe la divulgación tienen, subyacente, más o menos implícito, según el caso, un modelo de comprensión pública de la ciencia.
Se trata del modelo "del déficit" que, para decirlo de manera sencilla, concibe un mundo escindido entre "la suficiencia científica" y "la deficiencia del público" (Pepper, 1948, en Gross, 1994).
En consecuencia, el modelo del déficit es, por naturaleza, asimétrico, plantea un flujo único, unidireccional, de la comunidad científica hacia el/los públicos. En la base de este modelo está la idea de que no es necesario tratar de persuadir a los públicos de la necesidad o relevancia de las actividades científicas, sino que los públicos están ya persuadidos, per se, del valor de la ciencia (Gross, 1994).
El modelo del déficit implica un receptor pasivo. Entonces, se espera que los emisores de mensajes científicos destinados a las grandes masas sean muy eficaces, efectivos, en el uso de una retórica particular. Un retórica que permita "acomodar" los hechos y los métodos de la ciencia, a las limitadas experiencias del público y a las, también limitadas, capacidades cognitivas de las audiencias. En este modelo, la comunicación es, entonces, meramente "cognitiva", es decir solo los "conocimientos" son "transferidos". Los aspectos éticos, políticos, sociales se consideran irrelevantes y, en consecuencia, simplemente no se abordan (Gross, 1994).
Los investigadores que planean y llevan a cabo sus estudios con este modelo subyacente han sido muy pródigos en presentar resultados de investigación donde el abismo entre quien sabe y quien no sabe se muestra en su máximo esplendor. Básicamente, estos investigadores han trabajado con metodología de encuestas masivas y con análisis de contenido, para medir cómo se manifiesta esta brecha.
Gran parte de las acciones comunicativas destinadas a hacer llegar conocimientos científicos divulgados a los miembros del público, utilizan como canales a los medios masivos de comunicación, en mayor medida los medios gráficos, por razones de costos; y en menor medida los medios audiovisuales. Por ejemplo, y por citar un caso cercano a nosotros, en la Argentina el Programa de Divulgación Científica (CyT) ha orientado sus esfuerzos, podríamos decir que en un 90 por ciento o más a los medios de comunicación, a los medios gráficos, diarios, revistas y agencias de noticias. El resto de las acciones comunicativas, menos del 10 por ciento, estuvo orientado a la radio, al trabajo con miembros del sistema educativo formal. El trabajo de divulgación en TV fue prácticamente inexistente.
Por poner un segundo ejemplo, también argentino, la Red de Centros de Divulgación de la Universidad de Buenos Aires, que nuclea a los doce centros de divulgación de la Facultades de la UBA que poseen centros este tipo, ha desarrollado un comportamiento similar, con privilegio en los medios de comunicación masiva, y dentro de ellos, los gráficos.
Por varias razones, pero principalmente por motivos económicos, infraestructurales y de recursos humanos debidamente capacitados, ambas experiencias argentinas han cometido el mismo "error". Y digo "error" entre comillas, dado que es interesante preguntarse aquí si ante la imposibilidad de hacer otra cosa, era mejor no hacer nada al respecto.
Porque lo que se cuestiona, es la "supuesta eficiencia de los medios de comunicación masiva" para formar en los miembros de la audiencia una cultura científica articulada, coherente, no "fragmentaria" o de "flash". No la capacidad de los medios para "dar a conocer avances científicos como noticias", ya que eso lo saben/pueden hacer.
Lo que se cuestiona es la eficiencia de los medios masivos de comunicación para "actuar como escuelas sin aulas ni pupitres" en la construcción de una base sólida de conocimientos científicos que permita a las personas operar mejor en sus realidades cotidianas.
Lo que se discute es la posibilidad de que los mediadores de este proceso los periodistas científicos, los divulgadores y hasta los periodistas generales de los medios podrán hallar un camino de concertación entre, por un lado, la lógica de la investigación científica y las modalidades que asume el pensar, el sentir y el actuar de las personas en la vida cotidiana. Y, por otro lado, si podrán dar concierto a dos lógicas también opuestas: el interés del público (que por cierto no conocemos, porque es difícil acceder a él y mucho más mensurarlo, y porque tampoco pareciera interesar demasiado elucidar) y el interés de los medios de comunicación, que más allá de todo son empresas y para existir tienen que ser rentables. Y, como si todo lo dicho fuera poco, lo que se discute también es la posibilidad de someter a la ciencia a lo que en Periodismo denominamos "valores noticia", y que la ciencia salga indemne de ese proceso. Las noticias merecedoras de espacios y tiempo en los medios son noticias porque alguien así lo determina. Quiere decirse con "alguien" los miembros de la comunidad periodística. Estos profesionales comparten un "paraguas axiológico", un conjunto de valores que están disponibles con mucha rapidez para determinar, casi sin margen de duda, qué es noticia y qué no lo es (Tuchman, 1978; Wolf, 1987; van Dijk, 1990; Dellamea, 1995).
En esa escala de valores mediáticos, los principales son: el éxito, lo descomunal, lo insólito, lo desviado de la norma, lo negativo, lo que afecta a muchas personas, lo que afecta a pocas personas o a una persona siempre y cuando estas persona sea "importante", lo que ocurre por primera vez, lo que ocurre por última vez. Vale preguntarse hasta qué punto estos valores no introducen graves sesgos de distorsión en la cobertura de las noticias sobre ciencia y tecnología, lo que equivale también a preguntarse si es posible tratar los acontecimientos científicos y tecnológicos, como otra cualquiera mercancía destinada a ser vehiculizada massmediáticamente.
La propuesta hoy aquí es repensar cómo, desde dónde y para qué divulgar ciencia y tecnología a través de los medios masivos así como de otras posibilidades de comunicar ciencia, de modo que podamos generar opciones de formación profesional, por un lado, de prácticas comunicativas, por el otro, más ajustadas a los intereses, necesidades, demandas y expectativas de la gente.
Bibliografía
Calvo Hernando, Manuel. Manual de Periodismo Científico. Bosch, Barcelona, 1997.
Diezhandino Nieto, Pilar. "Hacia un periodismo de clarificación, orientación, utilidad y servicio". Signo y Pensamiento, Nº 30 (1997) 41-50.
Dellamea, Amalia. El discurso informativo. Géneros periodísticos. Docencia, Buenos Aires, 1995.
Einsiedel, Edn. "Framing science and technology in Canadian press". Public Understunding of Science, 1 (1992) 89-101.
Gross, A. "The roles of rethoric in the public understunding of science". Public Understunding of Science, 3 (1994), 3-23.
Lewenstein, Bruce. "The meaning of 'public undestunding of science' in the United States after World War II", Public Understunding of Science, 1 (1992) 45-68.
Marro, Mabel y Dellamea, Amalia. La Comunicación Social. Elementos, claves y proyecciones.Docencia, Buenos Aires, 1993.
Pepper, S.C. World Hipothesis: A Study in Evidence, 1948; en Gross, A. "The roles of rethoric in the public understunding of science". Public Understunding of Science, 3 (1994), 3-23.
Salinas, Raquel. Comunicación y Poder. Colección Comunicación, Nº 11. PROA y Ediciones Don Bosco, Buenos Aires, 1989. Tuchman, Gaye. Making News. A Study in the Construction of Reality. Free Press, New York, 1978.
van Dijk, Teun. La noticia como discurso.Paidós, Barcelona, 1990
Wolf, Mauro. La investigación de la comunicación de masas. Paidós, Barcelona, 1987.
Yriart, Martín; Marro, Mabel y Dellamea, Amalia. "Learning how to read research papers. A goal for science jornalism students". First World Conference in Science Journalism, Tokio, 1993.
Notas
(1) Ponencia presentada en las Jornadas del Este 1998, preparatorias para las Jornadas de Alfabetización Científica y Tecnológica de la UNESCO 1999. Asociación Mutual Ciencia para Todos, Monte Caseros, República Argentina, 9 de mayo de 1998.
(2) Directora A/C Centro de Divulgación
Científica. Facultad de Farmacia y Bioquímica. Universidad de
Buenos Aires.
Presidenta. Asociación Argentina de Divulgación Científica
(AADC)
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