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Ciencia y Tecnología para la Paz y el Desarrollo

Elsa Beatriz Acevedo Pineda (*)

“Las armas de destrucción masiva han aportado un siniestro telón de fondo sobre el que se representan las luchas del poder internacional”.
DAVID DICKSON

Resumen/Abstract

El cambio tecnológico como elemento importante del desarrollo universal, exige un tratamiento especial, y completamente articulado a las realidades económicas, sociales, culturales y ambientales de cada sociedad.

El excesivo optimismo, así como el completo pesimismo, no representan opciones recomendables, especialmente para las zonas más atrasadas del planeta en sus aspiraciones de desarrollo y en la consolidación de la paz mundial.

The technological change as important element of the world`s develoment, demands a special and fully articulated treatment to the economic, social, cultural and enviromental realities of each society.

The excessive optimisms as well as total pessimism do not represent in any way options that can be recommended in the analysis of the role of science and technology as important variables of develoment for the most undeveloped zones of the globe, as well as for the consolidation of the word´s peace.

La aceleración del cambio tecnológico

Observando el desarrollo de los instrumentos de producción, así como de los aspectos ligados a la fabricación, y al perfeccionamiento de los implementos destinados a la defensa, encontramos una serie de particularidades inmersas, en la historia de la evolución del pensamiento creativo de la humanidad. Creatividad que en numerosas oportunidades, ha puesto el conocimiento en contra del mismo desarrollo humano.

A través de este corto análisis, intentaremos demostrar que la historia de la técnica está sujeta a la evolución del género humano. Y es precisamente esa parte de la cultura material de los pueblos, la que representa una medida interesante de su nivel evolutivo, así como de la capacidad tecnológica de los hombres para transformar su entorno, logrando mejorar sus condiciones de vida, mediante un proceso de innovaciones en constante ascenso.

Es posible afirmar entonces, que la evolución tecnológica depende directamente del nivel de desarrollo alcanzado por el género humano, tanto desde el punto de vista material, como en todo lo concerniente a la magnitud de su riqueza intelectual y espiritual, afectando por consiguiente, la estructura de la conciencia social, en cada uno de los modos de producción, de acuerdo con la capacidad que cada sociedad posee para asimilar el cambio tecnológico, apropiándose de lo mejor de él, para escalar los peldaños que lo conducen hacia nuevos parámetros de modernización.

Hoy es posible constatar, cómo a partir de la simple elaboración de elementos de características aún muy primarias y elementales, el hombre va generando, apropiando, manejando y difundiendo sus propios aportes al know - how mundial. know – how que poco a poco irá adquiriendo características ilimitadas al transferirse, copiarse, innovarse y apropiarse de generación en generación, de sociedad en sociedad, de país en país a través de los lazos invisibles que mueven la economía mundial.

En la dinámica evolutiva de la humanidad, este saber-hacer o saber técnico se mantiene en el tiempo, gracias a su constante y ascendente movilidad. Por esta razón, es posible comprender, cómo de formas aparentemente simples, se fuera pasando hacia otras más complejas, en la creación de respuestas adecuadas, de acuerdo con el nivel evolutivo de cada sociedad, y son estos principios (elementales unos, de alguna complejidad otros), que imprimen la especificidad a cada una de las formaciones sociales en la historia de la humanidad.

Para todos es conocido que, a partir de los más toscos y primitivos instrumentos de piedra, hueso y palo, utilizados para cortar, cavar y golpear, el hombre va desarrollando una serie de destrezas, que a la vez que le procuraron un mejor sustento, perfeccionaron poco a poco, sus actividades socio-laborales, las que hasta hoy constituyen sin lugar a dudas la base del desarrollo socio-económico de cada nacionalidad.

Esta evolución transcurrió vinculada con el nivel de dominio que fue adquiriendo el hombre sobre su entorno, dominio que hoy se ha vuelto en su contra, al demostrarnos la naturaleza, su carácter finito, obligándonos con ello, a cuestionar la orientación de los actuales modelos de desarrollo que consideran al hombre, su pensamiento y su entorno como factores secundarios en los procesos de crecimiento acelerado.

Así la evolución tanto técnica como tecnológica va acompañada de un movimiento constante y ascendente de las formas sociales, económicas, políticas y culturales, entre otras. En este orden de ideas el hombre va configurando, como hemos dicho, su esquema o estructura de pensamiento acorde con cada momento de su desarrollo, generando respuestas, buscando alternativas y asumiendo los retos que se plantean hacia un futuro más global e interdependiente.

Todo ello ha representado para el ser humano un paso más, en su ascenso por los peldaños del anhelado desarrollo. Hoy es posible constatar que estas oleadas de conocimiento, se mueven a una velocidad cada vez más vertiginosa, desafiando constantemente nuestra capacidad de aprehensión de las mismas. La era cibernético – electrónica inunda nuestra vida cotidiana demostrando que la revolución del conocimiento, representa una poderosa fuerza motriz hacia el futuro, así como un elemento fundamental para la transnacionalización, de las investigaciones realizadas en su mayoría en los centros de desarrollo mundial.

Pero esta evolución no es de carácter espontáneo, de hecho ninguna lo ha sido, puesto que todos estos cambios, crecen y se multiplican a través de la búsqueda permanente de la sociedad, por adquirir y en el mejor de los casos, dominar la ciencia y la tecnología, y con ellas su entorno natural y social, garantizando de tal forma, el mejoramiento constante de sus condiciones de vida.

No obstante, el hombre busca satisfacer, a cualquier precio, sus necesidades bien sean estas primarias o secundarias. Las necesidades, por su parte, parecen no tener fin, siendo de carácter ilimitado y encadenadas unas a otras. Esto significa, que la satisfacción de las mismas, obliga al hombre a poner en constante movimiento su ingenio y creatividad, a través del más atrevido y acelerado proceso de innovación tecnológica. Así las innovaciones incrementales, son rápidamente desplazadas por las radicales y las menores por las mayores.

La misma comunidad primitiva demostró cómo el hombre fue aplicando su inventiva, generando alternativas, buscando sobrevivir a un medio que definitivamente le era muy hostil. En estas condiciones, hablar de una estructura tecnológica, perfectamente configurada resulta desatinado, puesto que el mecanismo de respuesta reflejaba un nivel primario de desarrollo de la misma sociedad.

Hoy el panorama es bien diferente, porque la complejidad del desarrollo tecnológico corresponde a formas socio-económicas igualmente complejas, caracterizadas por una ilimitada producción de conocimientos. Vivimos en una época marcada, por los constantes desafíos a la creatividad, así como por la posibilidad de seguir generando, innovando y difundiendo las tecnologías más sofisticadas y competitivas del mundo contemporáneo. La carrera tecnológica, amenaza con dejar rezagados a la mayoría de los países, concentrando y monopolizando la producción, aplicación y difusión de la tecnociencia.

En tales condiciones, parecería ilógico entrar a comparar al hombre primitivo con el de nuestra era cibernético-electrónica, ¿qué podrían tener en común?. Para no complicar mucho la respuesta, podemos empezar diciendo que, guardando las debidas proporciones históricas, ambos han enfrentado el reto de satisfacer sus necesidades más apremiantes, solo que en épocas diferentes. En otras palabras, en correspondencia con los requerimientos del medio, esto ha sido una constante en la historia de la humanidad, que a su vez actúa como elemento de acercamiento entre las diferentes sociedades. Pero el hecho de que el hombre primitivo creara y aplicara la técnica a su favor, constituye la característica diferencial sustancial con respecto al hombre contemporáneo.

Tecnología y poder

Una de las características de la revolución del conocimiento, consiste en la necesidad casi paranoica de producir, vender, contaminar y dominar más. Y es precisamente este último aspecto, el que nos parece más preocupante sobre todo cuando nos referimos a las zonas menos desarrolladas del planeta. Porque precisamente en estas sociedades, el efecto de demostración, traducido en el constante afán de imitar los patrones de vida, producción, consumo y por supuesto de contaminación de otras sociedades más avanzadas, ha venido desarrollando estructuras insostenibles.

Observamos con preocupación, el significado de vivir en un mundo en constante desequilibrio, amenazado además de los riesgos de orden natural, por los tecnológico-militares, implícitos en un ambiente de guerra que nos rodea, semejante al de las guerras mundiales, cuando la ciencia y la tecnología actuaron como “una gigantesca empresa técnica para eliminar de la faz de la tierra a otras culturas, con el concurso de la ciencia y a título de representar a los más aptos, a los que merecían sobrevivir”(1).

Nadie se atreve a negar que hoy, sobre las mayorías hambrientas esparcidas como migajas por todo el globo terráqueo, se cierne la posibilidad de una guerra monstruosa, en la cual millones de seres morirán sin siquiera conocer el enorme significado de poder satisfacer las necesidades básicas para su subsistencia.

Curiosamente este tercer mundo – con cara cada vez más de “cuarto mundo”, representa hoy el terreno más apetecido para la venta de tecnología militar, por parte de los traficantes mundiales, que transnacionalizan sin ningún escrúpulo las más nuevas tecnologías de la muerte. Porque “la primacía tecnocrática del conocimiento científico no sólo ha dado lugar a formas no democráticas de legitimación política, sino que también ha permitido orientar la producción tecnológica en ese mismo sentido(2).” En nuestro caso, representamos un espacio propicio para éste y otros tipos de tráfico ilícito debido a la debilidad propia de nuestras estructuras y a la intensidad de los conflictos internos que nos agobian. Nuestro conjunto de países con zonas de conflicto bien sea de origen étnico, fronterizo, religioso, y político, entre otros, atraen permanentemente la atención de los comerciantes de armas. Además porque: “la creciente carrera armamentista y su extensión a diversas regiones del mundo crearon una situación general propicia para los conflictos regionales, los cuales, a su vez, generan mayor tensión internacional”(3) y mayores ganancias para el complejo bélico mundial. Son precisamente estas convulsiones internas las que más frenan las estrategias de integración latinoamericana bajo principios de unidad en la diversidad.

Y es que los conflictos armados y permanentes, generan una profunda desestabilización interna y desfiguran nuestra imagen a nivel mundial, corroborando la profunda satelización de un conjunto de sociedades, que evolucionan lentamente dentro de las limitaciones propias de estructuras subdesarrolladas dualistas y heterogéneas.

En tales condiciones, la transnacionalización de la tecnología militar, encuentra terreno propicio en nuestra abandonada geografía de atraso, marginalidad, ignorancia y desarticulación interna. El desvío de recursos de inversión social, hacia la compra de tecnología militar aparentemente resuelve el dilema espadas-arados propuesto por Rossetti, pero a un costo social gigantesco.

No obstante lo anterior, reconocemos que existen determinadas circunstancias a través de la historia de la humanidad, que han llevado a algunos pueblos a la necesidad de defenderse, lamentablemente hoy estas necesidades de defensa fácilmente se han transformado en “necesidades de ofensa” a través de agresiones constantes en ciertas zonas estratégicas del planeta. Es el momento entonces, de reconocer en la tecnología militar y el poder de que ella se deriva la más poderosa arma de sojuzgamiento de los tiempos modernos, así como la forma más expedita de obtener “por las malas” los recursos que no se consiguen “por las buenas”.

De otra parte, resulta vergonzoso que sociedades caracterizadas por un sinnúmero de necesidades básicas insatisfechas inviertan en tecnologías de guerra antes que en las de paz y desarrollo, lo cual constituye la más descarada irresponsabilidad histórica, en detrimento del futuro de toda la humanidad y de su valiosa biodiversidad.

Más grave aún cuando los poderosos capitales de algunos países están dedicados a financiar la producción de armamentos de exterminio masivo, y peor que cuenten con el apoyo de personal científico altamente calificado, colocando peligrosamente la tecnología en contra del desarrollo humano sostenible. Recordemos cómo “entre los objetivos del complejo bélico industrial, creado en 1946, se especifica la necesidad de la relación estrecha y permanente entre el ejército y los hombres de ciencia, la industria, los tecnólogos y las universidades civiles”.(4)

A nuestro modo de ver, la tecnología militar lejos de representar un avance en materia tecnológica para el mundo, significa una terrible agresión a los principios humanitarios, además porque hoy no existe argumento alguno que justifique las soluciones bélicas. Es condenable por demás, plantear la posibilidad de “humanizar la guerra”, pues resulta claro que no es factible humanizar una serie de acciones que sólo contribuyen a fomentar el antidesarrollo típico de las zonas marginales del planeta.

Desafortunadamente esta macabra trilogía representada por productores, vendedores y compradores de armamento, lesiona el verdadero concepto de desarrollo tecnológico. Por lo tanto, no podemos dormir tranquilos mientras pueblos enteros sucumben ante los errores de gobernantes, anclados en un pasado bélico como última y única alternativa para retener el poder.

Tecnología y bienestar

Es preciso reconocer entonces en la tecnología, algo más que un producto de destrucción. Y ante el desfile interminable de tanques, armas dotadas con rayos láser, biológicas, químicas, nucleares, gases de todo tipo, armas nucleares, entre otras, debemos empezar una amplia campaña de difusión y exaltación de aquellas tecnologías, que indudablemente han contribuido a elevar la calidad de vida sobre el planeta cuya lista por fortuna es interminable. Resaltando entre ellas las tecnologías verdes, instrumento fundamental para la implementación del paradigma de sostenibilidad ambiental que presupone la orientación del desarrollo tecnológico, hacia su endogenización como elemento competitivo fundamental en el desarrollo actual.

No es posible que las tecnologías de la muerte le roben espacio a las de la vida, en la cual están empeñados un sinnúmero de científicos humanistas en el mundo entero. Considerando que en lugar de borrar del mapa al enemigo, sin dejar rastro alguno, es necesario desarmar los ánimos, buscando otras opciones de carácter científico y tecnológico que contrarresten el hambre, la miseria, el creciente deterioro del medio ambiente, etc como verdaderos enemigos de la dignificación humana. De allí la importancia de incursionar en líneas de investigación estratégicas, tal es el caso de la producción alternativa y diversificada o la reconversión de las economías de escala en manufacturas flexibles en el área industrial, la incorporación del DIES (Desarrollo Industrial Ecológicamente Sostenible), la generación y desarrollo de las tecnologías verdes, además del rescate cultural de las tecnologías autóctonas.

El movimiento humanista considera que las guerras, así como “la razón” de la fuerza que las ampara, además de innecesaria es inmoral especialmente, cuando involucran a la población civil de aquellas zonas geoestratégicas del mapa político contemporáneo.

Pero, discutir sobre lo moral o inmoral de una confrontación bélica es tema de un debate más extenso. Basta decir que hoy para nosotros la trilogía tecnología-paz-desarrollo representa una dimensión especial, en un momento y en un país como Colombia en donde el derecho a la vida y a la seguridad carecen de valor. Lamentablemente ante los mercaderes de la guerra, los anhelos de los pueblos se minimizan hasta perder su razón de ser, bajo la jugosa rentabilidad que se deriva de la transnacionalización de sus actividades.

Desafortunadamente estos principios así como los de soberanía, autonomía, libre autodeterminación, representan para muchos una palabrería pasada de moda, especialmente para los responsables de la hecatombe mundial instigada por la falta de valores humanistas. En tales circunstancias, además del cartel mundial de la droga, el de tráfico de armas representa una amenaza permanente para la estabilidad mundial.

El mundo se estremece hoy, ante la amenaza nuclear que nos ronda permanentemente, no obstante, los numerosos acuerdos internacionales firmados para tratar de eliminar el mismo. Sin embargo, la carrera armamentista continúa engrosando las arcas de los genocidas mundiales, apoyados en el silencio cómplice de todos aquellos que desvirtúan el valor humanista que le atañe a la tecnología en los actuales procesos de globalización.

No pretendemos proponer practicar el determinismo tecnológico, simplemente reconocemos la importancia de la influencia de las innovaciones tecnológicas, en el desarrollo social, económico, cultural, ambiental y naturalmente político de la humanidad. Además, “la autoridad del discurso científico como base para la legitimación de las decisiones políticas”(5), goza de una aceptación cada vez mayor especialmente, en aquellas sociedades que han asumido enfrentar los retos del desarrollo. Por esta razón es fundamental insertar la ciencia y la tecnología dentro de los procesos de cambio social y de pacificación de nuestras sociedades.

A manera de conclusión, podemos afirmar que la tecnología es poder, poder del que la produce y maneja sobre el que la recibe y aplica. Los gobiernos de ese supuesto “mundo de primera” han caído en una peligrosa tergiversación del verdadero sentido de la ciencia y la tecnología como instrumentos vitales de paz, progreso social y desarrollo generalizado, y al convertir la producción de tecnología militar en prioritaria, amenazan cada vez más nuestro proyecto de civilización, y lo peor es que no viviremos para saber quiénes fueron los vencedores.

Notas

(*) Elsa Beatriz Acevedo Pineda
Profesora Titular del Departamento de Humanidades e Idiomas
Directora de CTS+I
Universidad Tecnológica de Pereira
Colombia
Elsa@col2.telecom.com.co

(1) PÁRAMO, GUILLERMO, “La ciencia es un producto cultural sometido al jugo del poder”, En Revista Colombia, Ciencia y Tecnología, Vol. 8, No. 4. (Oct-Dic,1990). Pág.5.

(2) MEDINA, MANUEL y SAN MARTÍN, JOSÉ (Eds), Ciencia, tecnología y sociedad, Barcelona, Anthropos Editorial, 1990. Pág. 165.

(3) A. GLINKIN, América Latina contra el peligro de guerra, Moscú, Agencia de Prensa Novosti, 1987, Pág.14.

(4) PARRA, GASTÓN, Las transnacionales, vehículo singular del imperialismo. Dependencia y subdesarrollo. Bogotá, Plaza y Janés, 1983. Pág. 156.

(5) MEDINA, MANUEL, “La filosofía de la tecnocracia”. En: Ciencia, tecnología y sociedad. Estudios Interdisciplinarios en la universidad, en la educación y en la gestión pública. Barcelona (España), Editorial Anthropos, 1990.

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