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Relaciones entre Universidad y Sociedad en los Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología en Colombia

Elsa Beatríz Acevedo Pineda(1)


El desarrollo de la tecnociencia contemporánea, plantea a la humanidad innumerables desafíos. Por su parte, los estudios de contexto, en la investigación social sobre ciencia y tecnología, exigen abordar las relaciones Universidad – Sociedad, partiendo de un enfoque claramente diferenciado, máxime cuando se trata de un país con graves conflictos como en el caso de Colombia.

El entrante milenio, plantea a las universidades latinoamericanas la necesidad, de enfrentar con originalidad y autonomía nuevos retos. No obstante, en la medida en que se aceleran las demandas nacionales en materia de conocimientos, se hace más notoria la preSENCIA de su presencia, en las estrategias de desarrollo. Por su parte, los cambios mundiales demuestran que la tecnociencia, se consolida cada vez más como variable estratégica para el futuro, exigiendo el protagonismo del conocimiento como acelerador de profundos cambios, en las modalidades y exigencias de la competitividad mundial. En este contexto, el caso colombiano no podía ser la excepción.

La situación de Colombia, diferente, compleja y contradictoria necesariamente, obliga a realizar el estudio de las interacciones universidad – sociedad, desde una óptica específica y debidamente contextualizada. En tal sentido, el análisis diferenciado, adquiere especial relevancia, en un momento en que en la mayoría del territorio nacional, se libra una guerra tan difícil de comprender, como de asimilar. Situación que se ha venido agravando en las últimas décadas, bajo la presión de modelos de desarrollo que han venido profundizando las convulsiones internas, manifiesto a través de la irracionalidad de un conflicto, que terminará ejerciendo un grave impacto desestabilizador a nivel continental.

Por su parte, la lucha armada del país involucra situaciones tanto internas como externas, claramente encadenadas unas a otras, enmarcadas por las características socioculturales de un país, plagado de contradicciones; tan rico como pobre, tan pacífico como violento, tan indiferente como comprometido, tan tolerante como intolerante. Así es la realidad colombiana actual, compleja e indescifrable aún para quienes desde los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad e Innovación (CTS+I), pensamos en la posibilidad de contribuir a la transformación pacífica de un país de agudos contrastes y profundas radicalizaciones.

Por esta razón el estudio social del desarrollo tecnocientífico endógeno, así como la apropiación de lo mejor del conocimiento universal, desempeña un papel importante en el proceso de pacificación nacional. Porque a través del fortalecimiento de una práctica social, económica, cultural, ambiental científica y tecnológica, acompañada de una ética pacifista, podremos revertir los efectos de la crisis que rompe los lazos internos de nuestra nacionalidad.

En los momentos actuales cuando los planes de desarrollo en materia de educación, ciencia, tecnología de otros países latinoamericanos, dedican grandes esfuerzos a superar los retos de la competitividad mundial, en Colombia, seguimos luchando por la paz en medio de la guerra. Esto significa, convivir y diseñar los escenarios de paz en medio de un conflicto de altísimo agregado de conocimientos científicos y tecnológicos, incorporados en el aparato armamentista.

En nuestros campos las semillas han dejado de alimentar a millones de colombianos y de fortalecer nuestra debilitada balanza exportadora. En su lugar, las denominadas minas “quiebra patas”, siembran ahora el dolor y desesperanza dejando miles de mutilados entre ellos, a un altísimo porcentaje de menores de edad.

Frente a este cuadro dantesco, parecería que las tecnologías de la guerra, desplazaran a las de paz y desarrollo. En tales condiciones, los estudios sociales de CTS+I, deben ocupar un lugar privilegiado en la formación humana integral a todo nivel, porque analizan el desarrollo tecnológico, desde un enfoque de innovación social, como estrategia prospectiva de paz social. Dichos estudios, representan hoy, un aporte fundamental en la configuración de la dimensión social de la educación superior.

No obstante la adversidad que enfrentamos, estamos convencidos de la importancia social que la ciencia y la tecnología tienen en el proceso de reconstrucción nacional, a través de una amplia participación de las universidades colombianas, como parte sustancial de nuestro compromiso ético y moral, con las futuras generaciones. Así en medio de la guerra, las instituciones de educación superior, se tienen que transformar en campos de paz, conocimiento y desarrollo, fortaleciendo el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, así como del Sistema Nacional de Innovación, (SNI) o Sistema Social/Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Declaración de Santo Domingo).

El SNI debe representar la suma de los Sistemas de Innovación de cada región o sistemas territoriales de innovación, a través de los cuales se traduce la transversalidad de la ciencia y la tecnología, en los procesos de innovación local. De tal manera que podamos construir, una cultura científica y tecnológica regional, combinando lo mejor del conocimiento mundial con la debida valoración cultural de nuestras tecnologías nativas, producto de la inteligencia ancestral.

En medio de una realidad que conmueve a la opinión pública mundial, es importante modificar el lenguaje de la guerra a través de la generación sostenida de conocimientos de amplio beneficio social. En tal sentido, los enfoques de CTS+I, pueden y deben inducir un cambio en la conciencia social, favorable a la tecnociencia, así como en las apreciaciones relativas a la participación pública con carácter regulador, en un proceso democratizador del conocimiento.

Para abordar acertadamente la problemática colombiana la universidad debe comprometerse con los estudios tanto de macro como de micro contexto. Entendiendo por éste último, las realidades territoriales, regionales, locales, como espacios interdependientes, cuyo papel es claramente diferenciado dentro del macro contexto nacional. Al respecto, conviene resaltar que nuestras regiones aún no logran consolidarse, como protagonistas en la producción social de conocimientos, posiblemente porque el discurso regionalizador no ha sido debidamente apropiado por sus actores sociales.

No obstante, no todas las regiones representan hoy “frentes de batalla”, la magnitud del conflicto nacional, igualmente las involucra y compromete, como resultado de la misma geografía del conflicto que en lugar de disminuir se incrementa cada día más, en zonas que antes parecían “inmunes” a la guerra.

Por lo tanto, los retos para nuestras universidades son completamente diferentes a los que enfrentan otras instituciones de educación superior de América Latina, cuyos países no aparecen “por ahora”, involucrados a nivel continental en el conflicto no obstante, tarde que temprano lo serán por la magnitud del mismo, al incrementarse su preocupante dimensión transnacional.

Además, la tremenda ola de población desplazada que ha generado la guerra, afecta ya no solo a los habitantes de las zonas en conflicto, sino a una buena parte de los trabajadores de la ciencia, que deciden huir del país. Hecho que vulnera sensiblemente la generación de conocimiento de beneficio social para nuestra sociedad.

En consecuencia la educación colombiana, enfrenta además de los retos impuestos por el fenómeno globalizador, los de la marginalidad y el conflicto interno que como hemos dicho amenaza la estabilidad latinoamericana. En nuestro contexto, el saber hacer, se traduce en saber construir espacios y realidades que dignifiquen al hombre, dentro de un enfoque pacificador. Se trata de hacer ciencia con conciencia y responsabilidad social. Para ello la formación superior, debe “invadir” a la sociedad, aplicando en la misma, el conocimiento, generando innovaciones tecnológicas endógenas, despertando la creatividad y la búsqueda de alternativas, a las encrucijadas del subdesarrollo y de la guerra.

El conocimiento aplicado directamente a la solución de los problemas urgentes, contribuye a sofocar la caldera de las presiones sociales. Para lo cual la universidad se debe comprometer con la sociedad, como parte fundamental de su quehacer en materia de docencia, investigación y extensión, dentro de un profundo sentido humanista en su formación integral. Proceso que exige, un permanente ejercicio interdisciplinar, en donde el diálogo de saberes, desplace a la autarquía típica de las islas de conocimiento. Los estudios de CTS+I ofrecen el espacio idóneo para desarrollar esta interacción.

Quedaron atrás los tiempos, en que la universidad esperaba pasivamente, que la sociedad la abordara, en demanda de sus servicios. Ahora es ella quien debe asumir los retos que plantea la competitividad, en el sentido de adoptar posiciones más agresivas, frente a las demandas externas no sólo de carácter productivo sino en materia de innovación social, paz y desarrollo.

La universidad colombiana debe fomentar la creatividad en condiciones de guerra, ampliando las capacidades locales y por ende las nacionales en la producción de conocimientos. Para ello debe estar de cara al país real, no al país estigmatizado como un país de narcotraficantes y de violentos. Porque nuestra violencia, tiene sus raíces en los profundos desequilibrios sociales, propios de un sistema excluyente amparado por las inequidades implícitas en el dilema globalizador. La lectura acertada de esta realidad, exige entre otras cosas elevar la “autoestima” nacional, fomentando una nueva cultura valorativa, de respeto y estímulo a sus comunidades científicas.

En tales condiciones, la investigación en Colombia tiene numerosos problemas por solucionar, basta mirar el entorno y los encontramos en la producción, en la sociedad y aún en la misma estructura mental de nuestros dirigentes, empeñados más en complacer intereses ajenos, que a las más sentidas y urgentes transformaciones internas. Por esta razón, la universidad debe ser participativa, creativa, crítica, constructiva, comprometida, beligerante y profundamente humanizante. Enfocando sus actividades de docencia, investigación y extensión hacia las necesidades más urgentes de su entorno, solucionando problemas, buscando alternativas conducentes a implementar un paradigma de desarrollo basado en la equidad, la convivencia, la paz, la tolerancia y el derecho a la diferencia.

Por su parte, el modelo de desarrollo del nuevo milenio debe responder a una modernización económica con fuertes agregados sociales, culturales y ambientales. La tarea no es fácil, se trata de recuperar el valor de nuestro capital humano, fortalecerlo, estimularlo y respetarlo. De lo contrario, estaremos condenados a ser testigos silenciosos del exilio de nuestros científicos e investigadores, que temen más la falta de estimulo que a la misma guerra interna.

Para lograr un cambio, la universidad debe implementar una estrategia sostenida de capacitación, a través de postgrados e intercambios académicos, que garanticen a través de la movilidad de docentes e investigadores alcanzar nuevos parámetros de calidad y excelencia. En este orden de ideas, el contexto internacional, se manifiesta como un reto para los países que como Colombia, manifiestan una baja inversión en conocimiento para el desarrollo. Los estudios de CTS+I ofrecen una valiosa oportunidad, en calidad de punto de encuentro, reflexión prospectiva, diseño de políticas y estrategias, reguladoras y anticipativas con relación a la tecnociencia.

En consecuencia, sí la universidad colombiana aspira a tener un mayor peso en las estrategias de desarrollo tanto local como nacional, necesariamente debe estimular la generación de un paradigma endógeno de conocimiento, socialmente apropiado basado, tanto en lo mejor de la ciencia mundial como en sus saberes autónomos, locales, alternativos, originales, adecuados y contextualizados. Este hecho exige que la reflexión sobre la realidad nacional se acompañada por la acción inmediata del conocimiento en su transformación.

La universidad contemplativa, encerrada en los eternos debates internos, debe ceder espacio a una universidad activa, anticipativa que resuelve problemas, antes que contribuir a caldear los conflictos existentes. Su legitimidad se traduce, a través del efecto en la producción, en el tejido social, en el rescate de la identidad, los valores culturales, la solidaridad, el respeto por la biodiversidad, la tolerancia política y en el compromiso social de su ciencia y de sus innovaciones tecnológicas.

En Colombia, en medio de la guerra las instituciones de educación superior, necesitan trazar un norte claro en su accionar frente a la construcción de un nuevo reordenamiento social. Y si bien no puede ni debe sustraerse a la magnitud del conflicto, también lo es que no puede convertirse en un nuevo frente de batalla.

En tal sentido, el discurso de la tolerancia, aún tiene mucho que hacer al interior de las mismas, en un momento en que las radicalizaciones representan la vía menos adecuada para poner a la universidad de cara al futuro, y menos cuando se pretende a través de ella diseñar un modelo humanista de desarrollo, como parte de su dimensión científica integral.

Para cumplir con todos los presupuestos anteriores, debe ser excluida de la guerra como parte de la población civil. Desafortunadamente, la realidad demuestra todo lo contrario. En tales condiciones, la ciencia, y la investigación que le debe acompañar, exige grandes esfuerzos en un país que enfrenta una grave problemática social aún por resolver, situación que hace recordar las más oscuras épocas de nuestra democracia continental.

Considerar que la universidad, aisladamente, pueda cambiar a la sociedad, no deja de ser una utopía puesto que se trata de un proceso interactivo de reconocimiento mutuo, a través del cual al lograr traducir los problemas en soluciones, la academia afianza su valoración y respetabilidad por parte de la sociedad, a través de un complejo proceso de diálogo constructivo, tolerante y sostenido.

Lamentablemente, la sociedad poco aprecia, valora y defiende a sus universidades especialmente las públicas, parecería que ambas tomaran caminos diferentes. En ello, entran en juego diferentes factores, inmersos en la misma crisis nacional, en la cual los lenguajes comunicativos, aún no hallan un punto de encuentro a favor del desarrollo del conocimiento, posiblemente porque la sociedad aún no relaciona el mismo con la vida académica nacional y menos con su cotidianidad. Además, la visión de las huelgas y enfrentamientos con la fuerza pública, induce a mirar a las universidades con desconfianza, más como parte causal del problema, que como factor sustancial de su solución.

A lo anterior es necesario agregar que el debate sobre la realidad nacional aún no forma parte integral de la cultura institucional y académica de muchas universidades, salvo en momentos de crisis, como si la misma fuera de carácter coyuntural y no estructural. Esto conduce a pensar en la necesidad de establecer un vínculo sostenido universidad – sociedad a través de los estudios de CTS+I adelantando desde sus contenidos y enfoques un debate amplio y democrático sobre la producción y aplicación del saber científico, en realidades tan convulsionada como la colombiana.

La investigación social propia de los estudios de CTS+I desempeña un papel de liderazgo en contextos ínterdisciplinares, encaminada a visualizar a la sociedad como la suma de elementos materiales e inmateriales, que en determinadas circunstancias puede favorecer o entorpecer la construcción de una conciencia social comprometida con la paz y el desarrollo.

Los estudios de CTS+I representan una excelente oportunidad para zanjar el divorcio entre universidad y sociedad entre formación humanista y formación técnica, a través de contenidos puntuales que permitan elaborar propuestas originales, humanas y dignificantes para Colombia. Es claro que el pensamiento y la acción deben trabajar unidos a través de contextos específicos y que además de rescatar el valor socio cultural de los diferentes espacios regionales, sea capaz de lograr su inserción nacional e internacional, a través de los diferentes escenarios competitivos.

De otra parte, el conocimiento para la paz une, mientras que el conocimiento incorporado en las tecnologías bélicas obstaculiza, desarticula y contribuye a profundizar nuestro atraso y dependencia. Por tal razón, los centros de educación superior son las llamadas a liderar proyectos, reformas y propuestas que respondan a la pacificación del país, mediante una amplia comprensión de las urgencias y prioridades locales, tal es el caso de las agro alimentarias, que en buena parte se encuentran abandonadas, precisamente porque el agro colombiano sufre la doble arremetida, la del conflicto armado, y la de las fumigaciones aéreas a los cultivos ilícitos, mediante el envenenamiento progresivo a través de esta nueva forma de colonización tóxica. En ambos casos la agresión a la sociedad y a la naturaleza utilizando la ciencia y la tecnología, debe constituir tema central en las diferentes agendas investigativas de corte interdisciplinario, en las cuales la dimensión del impacto social y ambiental debe contribuir a la humanización del desarrollo tecnocientífico.

De otra parte, el proceso de internacionalización de nuestro conflicto plantea serios interrogantes a los propósitos de integración regional, interrogantes que se traducen en tema de estudio e investigación social sobre las proyecciones e implicaciones de una guerra que de no contenerse dejará de ser la “guerra colombiana”, para convertirse en el “conflicto latinoamericano” más grave de este milenio.

En este sentido, es importante reconocer que además de la transnacionalización de productos, procesos y conocimientos, existe la de las guerras que pueden sobrepasar las fronteras nacionales, a través de un grave proceso desestabilizador, involucrando a su vez oscuros intereses internacionales, apoyados en la generación y transnacionalización de las tecnologías bélicas. Tal y como ha venido sucediendo en las últimas décadas en el medio oriente.

Queda claro que la magnitud de la problemática colombiana trasciende los espacios tanto internos como externos, exigiendo un gran esfuerzo investigativo. En tal sentido, la universidad es la llamada a liderar interesantes procesos de producción de conocimiento socialmente apropiado, para lo cual debe “asomarse” y mirar la realidad nacional y local, para estudiar entre otros aspectos; en el plano económico, el impacto de modelos económicos de carácter impositivo, así como la urgente necesidad de un crecimiento con equidad social. De la misma manera, los procesos de transferencia, apropiación y generación de tecnologías que aceleren el desarrollo industrial, así como una gestión empresarial de cara al futuro son vitales. Por su parte, los conflictos sociales, tanto agrarios como urbanos, traducidos en el incremento de una marginalidad que rebasa los limites de la miseria, representa nuevos retos investigativos para las ciencias sociales. Los procesos de aculturización y pérdida de identidad tienen un trasfondo cultural, social, económico, ambiental y político bien preocupante; el éxodo de poblaciones indígenas hacia los centros urbanos, las presiones demográficas, como efecto inmediato de la guerra, el narcolatifundismo y las fumigaciones de altísima toxicidad, exigen estudios conducentes a contener esa avalancha de grave impacto socio ambiental.

Aparte de lo anterior, la pérdida de importantes riquezas naturales es alarmante, situación que empieza a preocupar a diferentes investigadores por su impacto sobre nuestra enorme diversidad biológica. Por su parte, el conflicto armado, sus raíces, implicaciones y consecuencias futuras, debe aparecer en la agenda investigativa con carácter prioritario, porque nunca antes se habían reunido tantos investigadores planteando desde diferentes disciplinas posibles soluciones a los problemas de convivencia, paz, violencia y seguridad, así como la problemática ligada a la gobernabilidad y la democracia en un país caracterizado como ingobernable.

Reconocemos con preocupación que aún existe muy baja comprensión de los contenidos sociales y ambientales del desarrollo científico y tecnológico, los cuales se asignan fundamentalmente a los investigadores sociales, cuando en realidad tienen profundas implicaciones técnicas.

Esto sucede cuando las estructuras educativas carecen de enfoques interdisciplinares y la participación pública en ciencia y tecnología no se traduce en socialización y apropiación de las mismas. Por esta razón, es urgente implementar la formación en CTS+I despertando una conciencia crítica sobre el empleo de la tecnociencia.

En consecuencia, los estudios sociales de ciencia y tecnología deben despertar un interés general por los costos sociales y ambientales, inherentes al paradigma dominante. Se trata de “impregnar” tanto a la administración académica como a los docentes, alumnos y a la sociedad en general de la necesidad de apropiarse de sus contenidos, como parte de la gestión universitaria moderna y de la participación pública sobre la ciencia.

Lamentablemente, la fragmentación de saberes al interior de nuestra academia, impide aún convertir los mismos en el hilo conductor de conocimientos integrados en su interior e integradores hacia la sociedad y su entorno cultural.

Bibliografía

1.Declaración de Santo Domingo. La Ciencia para el Siglo XXI: Una nueva visión y un marco de acción. http://www.oei.org/ctsi

2.Conferencia mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo compromiso. http://www.oei.org/ctsi

3.GÓMEZ BUENDÍA, Hernando. ¿”Hacia dónde va Colombia?” Edit. Tercer Mundo Editores. Bogotá, 1999.

4.LUJÁN, José L., LÓPEZ CEREZO, José A. Educación CTS en acción: Enseñanza secundaria y universidad. Ciencia, Tecnología y Sociedad. Una introducción al estudio social de la ciencia y la tecnología. Tecnos. Madrid, 1996.

5.MEDINA, Manuel, SANMARTÍN, José. (Eds.) Ciencia, Tecnología y Sociedad. Editorial Anthropos. España, 1990.

6.GORDILLO, M. Mariano. Ciencia, Tecnología, Sociedad y Educación. http://www.campus-oci.org/ctsi/catedra.htm

7.Ciencia, Tecnología y Sociedad: Una aproximación conceptual. Cuadernos de Iberoamérica. OEI. Madrid, 2001.

Nota:

(1)Acevedo Pineda, Elsa Beatriz. Profesora Titular del Departamento de Humanidades e Idiomas de la Universidad Tecnológica de Pereira, Risaralda – Colombia. Miembro de la Cátedra Colombia de CTS+I.

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