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UNA VISIÓN CONTEXTUALIZADA: EL CASO COLOMBIANO
Tanto Colombia como Cuba son países que enfrentan
innumerables retos, producto de su misma realidad
histórica. En la solución de tan compleja
problemática, sería imposible establecer
un orden de prioridades, como si se tratara de una
camisa de fuerza aplicable a todas las sociedades,
sin tener en cuenta que su infinita diversidad que
exige un análisis tan profundo como diferenciado,
máxime cuando hablamos de dos estructuras socio
económicas profundamente diferenciadas.
No obstante lo anterior, es posible afirmar que en
el campo del desarrollo científico, existen
elementos y necesidades coincidentes, para ambos países.
Tal es el caso de la formación integral de
sus investigadores.
Aparentemente parece una exigencia de fácil
abordaje, pero en realidad la formación integral
de los investigadores, exige un tratamiento profundo,
integral y debidamente contextualizado.
En este orden de ideas, no es lo mismo hablar de
la formación integral de un investigador cubano,
y la de un colombiano, argentino o peruano. El diseño
de los perfiles formativos es completamente diferenciado,
debido precisamente a las características de
cada sociedad.
Por su parte las dimensiones del pensamiento no tienen
sus raíces únicamente en la educación
superior, por lo tanto es importante generar y desarrollar
aptitudes y actitudes favorables a la creatividad
científica y las innovaciones tecnológicas
desde la más temprana infancia, porque el pensamiento
científico es un proceso que acompaña
toda la vida del ser humano, y así el ser humano
no esté inmerso de una manera directa en él
mismo le impactará durante toda su vida.
En este sentido la educación científica
integral, la divulgación, las actividades afines
y otras tantas modalidades participativas, abren espacios
favorables al surgimiento y desarrollo de nuevas estructuras
mentales, que pueden perfilar talentos investigativos
hacia el futuro, teniendo en cuenta que sobre el sector
investigativo de cada país, recae una serie
de tareas de trascendental importancia para la estabilidad
futura de nuestras sociedades.
No obstante si no se siembra la semilla de búsqueda,
de interés, de apertura favorable a nuevos
conocimientos, no existe estructura curricular ni
programa de ciencia y tecnología capaz de crear
actitudes favorables a la ciencia de manera espontánea,
y mucho menos se podrá lograrlo a través
de un decreto gubernamental.
Cada vez se hace más necesario un largo recorrido
de formación integral favorable al conocimiento,
al humanismo científico y a las innovaciones
tecnológicas de alto impacto social, lo cual
implica una amplia participación pública
en ciencia y tecnología.
La investigación por su parte se encuentra
en completa correspondencia con la evolución
histórica de cada sociedad, dependiendo a su
vez de la capacidad de planificar estrategias, tanto
a corto como a mediano y largo plazo. Las cuales deben
necesariamente consultar y dar respuesta a las necesidades
multiculturales de cada una de las regiones de la
geografía nacional, así como a alas
exigencias en materia de formación de investigadores.
En tan compleja planificación en materia la
formación de capital humano, ocupa un lugar
de privilegio, máxime cuando se habla de formación
humana integral, en momentos en que necesitamos mentes
capaces de crear, aplicar y difundir alternativas
científicas y tecnológicas viables,
adecuadas, basadas en principios éticos y de
amplio compromiso social.
La formación integral presupone un alto acopio
tanto tecnocientífico como socio humanístico,
lo que presupone una necesaria confluencia disciplinar,
que sin lugar a dudas enriquece la estructuración
de un pensamiento, capaz de dimensionar la realidad
desde diferentes enfoques.
Por tales razones, el diseño de una formación
integral, es fundamental en la capacitación
de los jóvenes investigadores. En este sentido
la apreciación del contexto histórico,
en todas sus manifestaciones culturales, económicas,
sociales, ambientales y políticas es de vital
importancia, por cuanto representa valiosa carta de
navegación, sin la cual será prácticamente
imposible desarrollar proyectos científicos
y de innovación tecnológica, de alto
impacto social.
Frente a tales circunstancias cabe preguntarse; cómo
exigirle a un investigador que formule y sustente
un proyecto investigativo, que contribuya a la solución
de la problemática de su comunidad, si el mismo
desconoce tanto las características de la sociedad
en la cual vive, así como la dimensión
transversal de su problemática inmediata?
Esto explica el por qué la capacidad de los
investigadores, para plantear y resolver problemas,
es directamente proporcional a su conocimiento, identificación
y compromiso con la problemática de su entorno.
En otras palabras, la respuesta del investigador
depende no sólo de su responsabilidad social,
ética y moral con la solución de los
retos específicas de su realidad socio cultural,
exigiendo además, actitudes claras de compromiso
y pertenencia, así como otros de gran importancia
como la disponibilidad abierta y positiva frente a
la responsabilidad social que implica su quehacer.
En materia de caracterización de talentos
investigativos, surge una complejidad, representada
por su notoria diferenciación con respecto
al statu-quo imperante; ante el cual gran parte de
estos jóvenes inquietos, críticos por
naturaleza, no comulgan con muchas teorías,
y especialmente con el inmovilismo, prefiriendo la
originalidad y el pensamiento autónomo.
Además en la búsqueda constante de
conocimientos y con ellos de las correspondientes
soluciones a problemas vitales, los investigadores
manejan una ostensible ventaja, la cual en ocasiones
presupone el diseño de perfiles de alta complejidad
sicológica, tanto al interior de su grupo investigativo,
como entre las comunidades científicas.
Otro aspecto bien interesante de este proceso, tiene
que ver con el desempeño propio de su trabajo
dentro de la comunidad, cuyo valor estratégico
es innegable, para su formación integral como
investigador, así como en la modelación
de su conciencia social.
Indudablemente no es lo mismo un investigador aislado
en su laboratorio, que aquel que se encuentra en contacto
con las necesidades cotidianas de la sociedad. Esta
experiencia inevitablemente lo lleva a asumir un compromiso
más profundo con la misma.
Indudablemente, el tema relativo a la formación
de investigadores en las condiciones latinoamericanas,
y muy especialmente en las de Colombia, reviste altos
índices de complejidad; empezando por las características
implícitas en la misma actividad investigativa
ligadas a su quehacer específico, así
como las diferentes prácticas, el rigor metodológico,
la normatividad, los reglamentos, protocolos, presentación
y evaluación de proyectos, además de
todo tipo de gestiones valorativas y formativas, administrativas,
de gestión que acompañan la estructura
misma de la investigación.
Además de lo anterior existe un sinnúmero
de factores sicológicos y sociales, inherentes
a la vida misma del investigador, cuya valoración
es difícil, no obstante influyen notoriamente
en el mismo proceso investigativo. Y en el caso colombiano
con mayor razón, teniendo en cuenta la terrible
crisis por la que atraviesa nuestra sociedad.
Además de la ruptura de valores que enfrenta
Colombia, existen otra serie de factores entre los
cuales se encuentran aspectos ligados a los patrones
de conducta de cada investigador, sus valores y principios
unos aprendidos otros construidos, formados o moldeados
dentro del mismo trabajo investigativo.
Esta suma de individualidades y características
diferenciadas, que termina por conformar un grupo
de investigación, merece ser tratada con extremo
cuidado, pues si bien encontramos personalidades abiertas
y sensibles, también es cierto que las hay
conflictivas lo cual dificulta en alguna medida la
integración interpersonal incidiendo por lo
tanto, en el clima organizacional interno de cada
grupo investigativo así como en la producción
social de resultados.
Sin lugar a dudas los aspectos individuales así
como las relaciones interpersonales, representan el
talón de Aquiles, tanto en el estudio como
en la formación y consolidación de comunidades
científicas sólidas y estables. A ello
se suman visiones y niveles de formación diferenciada,
experiencia, visibilidad y reconocimiento social.
Se supone que al interior de cada comunidad investigativa
deben primar lazos afectivos, de integración
pero la verdad es bien diferente, pues no es extraño
que afloren visiones culturales, sociales y políticas
que entren en conflicto. Esta situación es
obvia sí se parte de un hecho real; los grupos
de investigación son ante todo, grupos sociales
conformados por individualidades diferenciadas, la
suma de estas diferencias en lugar de desunir, debería
unir y fortalecer el pensamiento crítico al
interior de las mismas.
Por esta razón se impone la necesidad de una
comunicación humana acorde con la misma formación
integral de los investigadores como seres humanos.
El uso del lenguaje se convierte entonces, en un arma
poderosa bien sea de convicción, o de desunión.
Una conducta intolerante puede generar fisuras interpersonales
graves al interior de un equipo de trabajo.
Todo ser humano es portador de escalas valorativas
y compromisos diferenciados, cómo conciliarlas
se convierte en un verdadero arte y muestra de respeto
hacia nuestros semejantes. Por esta razón los
hilos internos de una comunidad investigativa, deben
ser reforzados a través de la integralidad
de los procesos formativos, y ello incluye actitudes,
aptitudes, valores, compromisos, contenidos, formas
comunicativas, e identidad social con el mejoramiento
sostenido de la sociedad, porque la investigación
y sus resultados deben estar necesariamente integrados
a la misma.
Por esta razón es cada vez más importante
la formación de los jóvenes investigadores,
en lo concerniente a la comprensión del significado
no solo de hacer ciencia en un contexto específico,
sino en el significado de ser científico
e investigador en un país tan conflictivo
y crítico como Colombia. El por qué
y el para qué de su quehacer amerita ser debidamente
dimensionado y contextualizado, así como el
tipo de ciencia y de innovaciones tecnológicas
que necesita ésta sociedad.
Existen además complicados procesos que involucran
elementos formativos y valorativos pasando por factores
sicológicos que deben ser debidamente valorados
en la formación de los investigadores. En tales
condiciones, la visión social en el estudio
y formación de jóvenes investigadores,
adquiere un sentido de arraigo a una realidad, así
como a una serie de condiciones particulares, que
en determinado momento, deben generar compromisos
entre el investigador y la solución de problemáticas
concretas de su entorno. Para transformar su realidad,
el investigador debe aprender a verse reflejado en
ella y a su vez ver a su entorno reflejado en su propuestas
investigativas.
Para ello es necesario desarrollar un conjunto de
habilidades que van más allá de los
aspectos técnicos, conjugando actitudes sociales,
culturales ambientales, e inclusive políticas,
en la solución de conflictos de amplia base
social. Por esta razón la capacidad de análisis,
lejos de inducir al investigador a asumir conductas
pasivas debe convertirlo en transformador integral
y dinámico de la sociedad.
Despertar los niveles de motivación de los
jóvenes investigadores, hacia la problemática
de su entorno, no es difícil por cuanto corresponde
a su imaginario cotidiano del cual le es imposible
sustraerse. Lo que hay que hacer es lograr una toma
de conciencia colectiva, en la cual el joven investigador
puede y debe ir configurando cierto perfil de liderazgo
social.
Es por esta razón que los principios y valores
humanistas, el desarrollo integral de su personalidad,
una elevada autoestima, la facilidad para trabajar
en equipo a través del aprendizaje compartido,
la definición de un esquema de valores solidarios,
representan entre otros elementos importantes en la
formación integral de los jóvenes investigadores.
La formación de investigadores para el cambio
social, involucra en estas condiciones la necesidad
de pensar estratégicamente, de manera transversal
y creativa, así como una alta sensibilidad
social que le permita identificarse, pensar, sentir
y reaccionar de manera constructiva, comprometida
y solidaria.
El compromiso de los investigadores con su entorno,
conduce a la búsqueda, estudio y profundización
de nuevos conocimientos, que le ayudan no sólo
en su crecimiento sostenido, sino en la capacidad
de asumir de manera integral nuevos retos, dentro
de una cultura científica enraizada en su propia
realidad, pensando, actuando y sintiendo como un ideario
propio la necesidad de construir un futuro mejor.
De otra parte la demanda de talento humano formado
integralmente es cada vez mayor, lo que a su vez responde
al desarrollo de nuevas competencias. Es entonces
cuando irrumpe la formación en los contenidos
de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación
(CTS+I), como un enfoque progresista de gran impacto
en todas las etapas educacionales. Para ello es imprescindible
modificar la rigidez de las estructuras curriculares
y formar una escuela nueva de educadores-innovadores.
En estas condiciones el desarrollo de una cultura
científica e investigativa, se asume bajo el
enorme reto de modificar estructuras mentales arcaicas
entronizando la alfabetización científica
de educandos, educadores, investigadores, directivos
académicos de diferente nivel, así como
de los funcionarios de instituciones científicas.
Para ello los contenidos y reflexiones de los estudios
CTS+I son de importante valor estratégico.
Si bien debe prestársele una importante atención
a la formación de jóvenes investigadores,
mucho más debe hacerse con quienes trabajan
en las diferentes instituciones científicas,
cuyas calidades formativas deben ser altamente calificadas.
Por esta razón asumimos una actitud reiterativa
con respecto a la importancia de formación
humana integral de los jóvenes investigadores,
teniendo en cuenta que en el futuro ellos serán
los directores de grupos de investigación,
manejarán unidades académicas investigativas,
laboratorios y centros de investigación, o
se dedicarán a la administración de
las políticas de la ciencia y para la ciencia
o llegarán a ocupar cargos que exige la nueva
diplomacia científica.
La construcción de una verdadera sociedad
del conocimiento, exige una gran cantidad de factores
humanos, técnicos y administrativos. Allí
deben necesariamente estar presentes los lineamientos
CTS+I, actuando como hilo conductor y base teórica
de innegable valor en la apreciación y apropiación
social del conocimiento.
Si se trata de remarcar los aspectos importantes
en la formación integral de investigadores,
indudablemente el pensar, proponer y obrar con identidad
y autonomía ocupa lugar de privilegio, en momentos
en que cuestionamos el papel que desempeñan
las sociedades en el desarrollo del conocimiento contemporáneo.
Por esta razón la formación de vocaciones
científicas tempranas, así como la de
jóvenes investigadores figura en agenda pendiente
de las políticas estatales en materia de ciencia
y tecnología.
En momentos en que el modelo neoliberal de crecimiento
frena el desarrollo y atenta directamente contra la
autonomía de las naciones, es cuando más
se necesita pensar y contextualizar la formación
de capital humano para la investigación, así
como el fortalecimiento de las comunidades científicas,
en un continente donde los cambios estructurales irrumpen
con la intensidad de una fuerza tectónica.
Hacer ciencia con verdadera conciencia social, es
un imperativo para Colombia en las condiciones actuales.
De acuerdo a lo anterior, la formación de
talento humano para la investigación, representa
un proceso integral de enorme complejidad, teniendo
en cuenta que el país sufre el impacto de una
aguda crisis social, política con áreas
manifiestas de conflicto armado permanente, que desangran
al país y lo acercan a un cuarto mundo. La
suma de estos factores aunados a la más profunda
ruptura de principios y valores, hace que la realidad
colombiana sea absolutamente diferente al conjunto
de las realidades continentales.
Surge entonces una tarea vital para el país;
la formación humanista de sus investigadores,
lo cual significa no sólo un aterrizaje forzoso
en una realidad muy compleja, sino el compromiso integral
de los mismos, con la modificación de su entorno,
entendiendo por este la totalidad de su contexto.
En tales condiciones, una visión amplia de
la formación integral exige entre otras cosas;
implementar un accionar, reflexivo, analítico,
comprometido, innovador, propositito, orientado a
la formación investigadores como agentes sociales
de cambio.
El país necesita además transformaciones
importantes al interior de las instituciones que albergan
a las comunidades investigativas. Transformaciones
que deben estar basadas en un enfoque de responsabilidad
social, en lo que concierne al resultado de sus procesos
investigativos.
Por esta razón, implementar un nuevo estilo
de cultura intra y extra institucional, basada en
el conocimiento, implica cambios de fondo en sus instituciones,
especialmente en aquellas interesadas en diferentes
actividades investigativas, incluyendo con carácter
prioritario la generación de ciencia e innovaciones
tecnológicas, en sus agendas programáticas
o planes de desarrollo hacia el futuro.
Al mismo tiempo, reconocemos la existencia en el
país, de un discurso que pregona la importancia
de la competitividad, pero a su vez muy renuente a
implementar los cambios necesarios que la misma exige
en materia de conocimiento, tal es el caso del fortalecimiento
de las comunidades científicas e investigativas
y muy especialmente de la formación integral
de los jóvenes investigadores.
Asistimos a un desfase entre la teoría y la
práctica propio de ambientes caracterizados
por la ausencia de una cultura científica generalizada
y orientadora de una estrategia formativa integral
que comprometa de manera sustancial a su talento humano
investigativo.
De otra parte y en un sentido espacial más
amplio, es un hecho que ya no es posible manejar las
agendas nacionales, bajo estrechos límites
geográficos ni menos conceptuales, cuando quiérase
o no, formamos parte de un todo que nos identifica
y une con otras realidades latinoamericanas.
Por esta razón, es cada vez es más
importante, el surgimiento y desarrollo de un nuevo
pensamiento latinoamericano, capaz de replantear los
estudios y conceptos que tradicionalmente se han manejado
sobre nuestra realidad, los cuales deben ser necesariamente
revaluados e identificados de acuerdo a cada situación
específica y en correspondencia con la enorme
diversidad regional.
Para el caso colombiano, la realidad exige un serio
enfoque académico, investigativo de carácter
sistémico, encaminado a fortalecer una visión
prospectiva acorde a la realidad económica
y socio política, tanto continental como mundial.
Esta situación impone a diario revaluar tareas
teóricas y prácticas basadas en consensos
máxime en el caso del desarrollo tecnocientífico,
en momentos en que el flujo de pensamientos y estudios
socio políticos, toma especial relevancia en
el pensamiento latinoamericano comprometido y contextualizado.
Es precisamente en ese contexto, cuando las proyecciones
futuras de cada país, pueden y deben ser parte
especialmente enriquecedora del pensamiento de unidad
latinoamericana, frente a los procesos globalizadores
del conocimiento actual.
Las nuevas corrientes de pensamiento latinoamericano,
necesariamente deben exaltar nuestras fortalezas como
bloque a nivel estratégico mundial, y ello
incluye el conocimiento científico y tecnológico
de carácter endógeno, capaz de producir
importantes alteraciones en la escala de la competitividad
mundial.
Por su parte, la búsqueda unitaria de una
misión continental y mundial involucra variados
actores sociales, entre ellos a las comunidades científicas
e investigativas, que poco a poco se abren espacio
en la maraña de la globalización, proceso
histórico que bien puede ser capitalizado a
su favor, basados en las ventajas competitivas que
acompaña la producción de conocimientos
endógenos.
Esto significa que los países latinoamericanos
bajo condiciones adecuadas, bien pueden pasar a la
ofensiva, basados en sus valiosos aportes en materia
de ciencia e innovaciones tecnológicas. Porque
la idea de consolidar bloques fuertes no es patrimonio
exclusivo y menos excluyente de las potencias, por
el contrario se puede convertir en una interesante
propuesta de América Latina ante el mundo,
especialmente en materia de producción de conocimientos
de amplio beneficio para la humanidad.
La búsqueda de nuevas alternativas continentales,
de carácter identitario, constituye en las
actuales condiciones el mayor reto hacia el futuro
y eso incluye la revaloración y pertinencia
de las políticas científicas y tecnológicas
de cada nacionalidad, a la luz de los cambios mundiales.
En estas condiciones el pensamiento científico
latinoamericano, debe ser de vanguardia, arrojando
luces en medio de la oscuridad reinante. Se trata
de un pensamiento que hace de la crítica constructiva,
una nueva e interesante plataforma comprometida con
el deseo y urgencia de cambios profundos y por tanto
estructurales hacia modelos sociales diferentes a
los que hasta hoy han prevalecido.
Como actores de importantes cambios, vivenciamos
el derrumbe de paradigmas trasladados, implantados
y ajenos a las motivaciones histórico - culturales
propios, modelos impuestos que nos hacen vivir paradigmas
falseados, en medio de un proceso de fuerte
desarraigo, que se transmite de generación
en generación.
No obstante la agudización de la crisis continental,
sus deficientes y desequilibradas relaciones internacionales,
florecen idearios nuevos como alternativa a un modelo
de desarrollo prácticamente insostenible caracterizado
por la desnacionalización progresiva.
Llegará el momento en que se derriben las
fronteras que separan los países, dando paso
a una sociedad prospera y unitaria, porque tanto los
mapas, como las realidades actuales son susceptibles
de ser modificados, mediante el diseño de nuevos
escenarios de competitividad y colaboración
entre las sociedades. En los cuales el conocimiento,
la investigación y los desarrollos tecnológicos
desempeñarán importante rol en los cambios
que se avecinan.
Por lo anterior la formación de futuros investigadores
en un país como Colombia, debe estar respaldada
por políticas y estrategias acordes a la cambiante
realidad nacional e internacional, implementando la
misma, a través de plataformas conceptuales
y prácticas flexibles, actualizadas y acopladas
a la dimensión y complejidad de nuestra crisis.
En este sentido los requerimientos son de amplia
cobertura, e implican necesariamente importantes transformaciones
tanto de las instituciones de ciencia y tecnología,
como en toda la infraestructura educacional colombiana.
El país exige una revaloración de su
talento humano y en especial de sus comunidades científicas
e investigativas, entre las cuales los jóvenes
investigadores ocupan lugar de privilegio.
Tradicionalmente se ha incurrido en un grave error,
al considerar la formación investigativa, vinculada
única y exclusivamente a políticas de
postgrado. Mucho sería el adelanto en esta
materia, si reconsideráramos semejante falla,
volviendo los ojos a todas las instancias educativas,
sembrando vocaciones y semillas de ciencia a todo
nivel.
Resulta realmente asombroso ver la capacidad y el
potencial que se desperdicia, por falta de una mentalidad
más abierta en materia de formación
integral, al continuar divorciando el campo del conocimiento
del contexto nacional, en las diferentes instancias
de la educación.
El ser humano desde su temprana infancia merece ser
descubierto, formado y potencializado debidamente.
La innovación y la creatividad rondan por todas
partes y merecen ser perfiladas, orientadas y apoyadas.
El cambio de una visión contextualizada al
respecto, significa de por sí una importante
innovación en materia de pensamiento.
La ciencia y las innovaciones tecnológicas
debidamente concebidas, abren la mente y predisponen
actitudes positivas para la formación de futuras
escuelas de pensamiento investigativo. Lo que hoy
es un juego, una diversión, un acto recreativo,
mañana podrá generar una mente abierta
al cambio, a la búsqueda de nuevos procesos
investigativos.
Construir una verdadera sociedad democrática
del conocimiento exige un ejercicio piramidal pero
a la vez transversal. Quienes piensan que la misma
sólo reposa en los resultados y beneficios
de la alta tecnología, se equivocan porque
ella implica delicados procesos socio - culturales,
de formación integral de nuestro talento humano
para la investigación.
LA EXPERIENCIA DE CUBA
En Cuba se puede hablar de una formación organizada
e institucionalizada de los jóvenes investigadores.
En los regímenes anteriores al 1ro de enero
de 1959 tenían acceso a la enseñaza
de algún nivel aquellas familias que económicamente
pudieran sustentar los altos precios de una educación
por lo general elitista. Las escasas escuelas públicas
con limitados recursos, fundamentalmente cubrían
la enseñanza primaria. Ese sistema jamás
hubiese sido capaz de captar y mucho menos encausar
a los jóvenes interesados en la investigación
científica. Era mejor migrar a los EE. UU.
u otra nación para alcanzar desarrollo en cualquier
área del saber. Las pocas instituciones que
existían dedicadas a la investigación
se sustentaban fundamentalmente en el capital privado.
Es a partir del 1ro de enero de 1959, con el Triunfo
de la Revolución que comienza una fase de organización
y desarrollo del sistema educacional al alcance de
todos. El bajo nivel de educación del pueblo
y las pocas instituciones existentes para los fines
de formación educacional era un primer reto.
Un viraje de la historia lo marcó la Campaña
de Alfabetización, donde cientos de miles de
jóvenes de diferentes niveles de enseñanza
inundaron el país para llevar la luz de saber
a cientos de miles de analfabetos. El 22 de diciembre
de 1961, Cuba se declaró Territorio Libre
de Analfabetismo. De ahí comenzaron a
surgir innumerables opciones para los niños,
jóvenes y trabajadores en general.
Estos antecedentes es vital mencionarlos, pues en
fechas tan tempranas como el 15 de enero de 1960,
a poco más de un años del triunfo revolucionario,
el Comandante en Jefe avizoraba que Cuba debía
de desarrollarse a partir del capital humano que fuera
capaz de formar, cuando sentenció El
futuro de Cuba tiene que ser necesariamente un futuro
de hombres de ciencias, un futuro de hombres de pensamiento,
teniendo en cuenta que la geografía de la isla
no la favorecían importantes yacimientos de
minerales que sustentara un desarrollo. Sería
el producto del intelecto humano propio quien desarrollara
el país.
La masificación de la enseñanza gratuita,
la educación para todos los sectores, el seguimiento
de los estudiantes más talentosos se convertía
potencialmente en una verdadera cantera de formación
de investigadores. La institucionalización
del país en la década de los 70 contribuyó
con este fin.
La creación en 1976 del Ministerio de Educación
Superior (M.E.S.) constituyó una medida estratégica
que agrupó a las universidades cubanas y organizó
la formación de los profesionales universitarios.
Desde esa fecha hasta la actualizad, el M.E.S. ha
trazado la política cubana de formación
integrada de los alumnos de la enseñanza superior
que incluye la formación de valores, patriótica,
ética, técnica, ambiental, humanista,
internacionalista entre otros valores que requiere
el profesional de estos tiempos. Otros organismos
del Estado también, cuentan con centros de
educación superior metodológicamente
orientados por el M.E.S. En esta fase culmina la formación
escolar básica de los futuros investigadores.
Un elemento que permanece presente durante la formación
primaria y secundaria de los niños es la creación
de la vocación por la investigación.
Para ello el Ministerio de Educación (MINED),
en coordinación con los demás organismos
del país y las organizaciones de los niños
y jóvenes, encaminan los intereses de las nuevas
generaciones a través de círculos de
interés en diferentes ramas de las ciencias
naturales, exactas y de las humanidades.
Cuando los jóvenes terminan la enseñaza
secundaria (7mo a 9no grado), los estudiantes pueden
optar por continuar sus estudios en los Preuniversitarios
Vocacionales de Ciencias Exactas (I.P.V.C.E.), presentes
en numerosas provincias del país. Esta estrategia
permite que no sea necesario vivir o becarse en la
capital para acceder a estos planteles de excelencia.
Atendidos directamente por las Universidades, los
programas de estudios de este tipo de escuelas tienen
una carga docente adicional a la propia del nivel
preuniversitario (bachiller) en las esferas de la
Biología, Química, Física, Matemáticas
y las Ciencias de la Computación. En estos
planteles se desarrollan los talentos hacia la investigación.
El estudiante opta por las disciplinas que más
vocación tenga. La formación de estos
estudiantes incluye la preparación para la
enseñanza superior. Es importante anotar que
un número importante de los jóvenes
investigadores de hoy, provienen de estos importantes
centros.
Una vez matriculados en la enseñanza universitaria,
los Centros de Educación Superior (C.E.S.)
formadores de profesionales que tributan a los centros
de investigación e innovación tecnológica,
seleccionan los estudiantes de mejores resultados,
talento y vocación por esta actividad y desde
las aulas universitarias forman parte de la cantera
de la Reserva Científica. Por lo general, son
insertados durante la carrera en los centros de investigación
como aprendices con un tutor asignado
que lo atiende en su inserción laboral que
puede durar varios cursos escolares.
Durante todo este tiempo y hasta que defienden su
tesis de diploma universitario una vez finalizada
la carrera, tienen la posibilidad de ir aprendiendo
como se desarrolla la vida científica en los
colectivos de investigación. En coordinación
con las universidades, el centro aspirante a ubicar
en su claustro egresados de este movimiento, puede
proponer modificaciones en los planes de estudio individuales
para hacerlos más afines a los objetivos de
ese centro. Esta flexibilidad en las asignaturas y
materias que recibe el alumno permite una mejor verticalización
con sus temas futuros de trabajo.
Es un principio de la Revolución Cubana la
política el de pleno empleo. Por ello, todos
los egresados de los diferentes centros educacionales
se les ofrece una opción laboral acorde con
los estudios aprobados. En todos los casos pasan sus
dos primeros años en un periodo de adiestramiento
laboral, prorrogable hasta tres. Durante este tiempo
se le asigna un tutor que se responsabiliza con su
formación laboral, ética y profesional
durante esos primeros años.
El adiestramiento de los recién graduados
tiene los objetivos siguientes:
a)Garantizar la formación integral como trabajador,
mediante la identificación con el objeto empresarial,
las proyecciones estratégicas, los objetivos
de trabajo de la entidad laboral y el vínculo
con el objetivo de trabajadores que la integra, así
como la formación de valores éticos
y morales.
b)Asegurar su participación e actividades
de postgrado, así como en cursos, seminarios,
conferencias y otras actividades relacionadas con
el perfil del cargo para el cual están adiestrando.
c)Complementar su formación con actividades
prácticas relacionadas con su perfil profesional,
que le permitan desempeñar el cargo para el
cual se adiestran.
d)Desarrollar una motivación adecuada hacia
el trabajo, a partir de una política sistemática
de preparación, atención y estimulación.
e)Conocer las cualidades, posibilidades y perspectivas
del recién graduado, para su ubicación
definitiva en un cargo determinado.
Al final de este período se le hace una evaluación
conclusiva del desempeño y se analiza el paso
a un empleo fijo, por lo general en la misma institución
donde fue adiestrado. Si no cumple los requisitos
o no existe la capacidad disponible, es ubicado en
otro centro por el Organismo que pertenezca o por
el propio Ministerio de Trabajo y Seguridad Social
(M.T.S.S.).
En el caso de los centros de investigación
este período de adiestramiento se conoce con
la categoría de Reserva Científica.
Esta fuerza fue constituida a partir del año
1991, atendiendo al desarrollo acelerado del Polo
Científico del Oeste de Ciudad de la Habana
y extendida a partir del 1995 a los Polos Provinciales,
al Polo Industrial y al de Humanidades de Ciudad de
la Habana.
Fue concebida por la Dirección de la Revolución
justo cuando desapareció el campo socialista
con el cual estaba comprometidas muchas acciones de
desarrollo donde se emplearían los futuros
profesionales que formaba la Revolución. En
ese momento el Comandante en Jefe valoró: Estoy
seguro de que si no hubiera tenido lugar el período
especial, podríamos contar hoy con un avance
mayor del que contamos en el terreno científico.
Ya teníamos mucha gente con vocación
científica estudiando en las universidades,
aumento de matrículas en algunas carreras y
se estaban graduando. ¿Qué hacer con ellos,
perderlos, enviarlos para la calle? Esto es lo que
origina la idea o el concepto de la reserva científica,
a pesar de que no deseábamos que se inflaran
las plantillas en los centros de investigación
científica; que no los consideraran como un
incremento de plantilla, sino realmente como una reserva
de compañeros que se continúan preparando
para cuando de nuevo cobre impulso el trabajo de la
investigación.
Esta fuerza, compuesta por jóvenes recién
egresados de las universidades cubanas, ha constituido
un factor determinante en los resultados alcanzados
en este período en las investigaciones, la
docencia y los procesos productivos de alta tecnología.
Es una estrategia que ha permitido que todos los egresados
universitarios de alto rendimiento, fueran ubicados
en actividades laborales donde reciben el adiestramiento
laboral específico dentro de los procesos de
investigación y escalados tecnológicos,
que les permite desarrollar los conocimientos y habilidades
que requieren para su trabajo futuro.
Esta fuerza no está conformada por investigadores
propios de los centros que los forman, por lo que
si es una verdadera reserva del país que controla
estatalmente el M.T.S.S.
Los favorables resultados, aconsejan que en las condiciones
actuales y perspectivas, la Reserva Científica
no sólo esté destinada a satisfacer
las nuevas necesidades derivadas del desarrollo de
la actividad científica y productiva en Cuba,
sino que constituye la fuente fundamental para garantizar
la renovación natural del personal científico
vinculado a estas tareas.
Por resolución, la Reserva Científica
tiene como objetivos los siguientes:
a)Garantizar la fuerza de trabajo calificada de nivel
superior que demanda el desarrollo de las investigaciones,
los servicios científico-técnicos y
las producciones de alta tecnología, estando
considerada como la vía de renovación
natural del potencial científico y tecnológico
de las entidades a las que son asignadas.
b)Permitir la detección y selección
de los profesionales que demuestren altas potencialidades
para su desempeño en la investigación
científica, el desarrollo tecnológico
y la docencia.
c)Posibilitar la formación y desarrollo integral
de los jóvenes profesionales que han demostrado
poseer condiciones idóneas para trabajar en
las actividades de la producción científica,
los procesos de alta tecnología y otras tareas
relacionadas con la ciencia y la innovación
tecnológica.
La Reserva Científica es utilizada en todos
los centros de investigación, centros de servicios
científicos y tecnológicos, entidades
del sistema de ciencia e innovación tecnológica,
expresamente autorizadas por el Ministerio de Ciencia
Tecnología y Medio Ambiente (C.I.T.M.A.); así
como excepcionalmente en otras instituciones vinculadas
a los Polos Científicos.
Después de la formación de numerosos
centros de investigación en el transcurso del
periodo especial (1989 - 95), la dirección
de la Revolución comenzó una etapa de
consolidación de la infraestructura existente
y las proyecciones a corto y mediano plazo, y no en
la creación de nuevos centros.
Se exponía claramente que no sería
posible investigar en todas las ramas. ¿Qué
tendríamos que hacer nosotros con la industria
espacial, digamos, para citar un ejemplo? También
sería difícil hoy competir en las investigaciones
sobre la computación o la electrónica,
hay ramas en que es más difícil. En
la propia industria mecánica, las posibilidades
de otros países son mucho mayores que las nuestras.
El país no podía investigar en todos
los campos, de ahí la importancia de determinar
en que áreas se podía ser fuerte y más
especializados como nación, contando con una
importante ventaja: el recurso humano formado por
la Revolución durante varias generaciones.
El sentido de la lealtad al país a su pueblo,
de los deberes con la nación, de luchar y consagrarse
al trabajo, de enfrentarse a los enormes obstáculos
originados por el criminal bloqueo del gobierno de
los EE.UU. contra Cuba, siempre han sido valores fundamentales
que se les ha enseñado a los jóvenes
investigadores desde sus primeros pasos en este campo.
Sin embargo, en el contexto actual los investigadores
solos no deciden el éxito de las investigaciones.
El principio según el cual los resultados científicos
están primero al servicio de la comunidad y
luego de otras naciones, aporta una nueva dimensión
a la actividad científica en Cuba, que va más
allá de engrosar las hojas de vida de sus protagonistas.
Las investigaciones ciclo completo (investigación,
producción e introducción en la práctica)
requieren de una masa de trabajadores capaces de darle
continuidad a cada resultado a lo largo del país.
Por este principio, durante varias décadas
Cuba ha formado una importante masa de trabajadores
con aportes a la economía, a la ciencia y a
favor del desarrollo de una nación. El concepto
de trabajadores de las ciencias incluye a demás
de los investigadores, a tecnólogos, técnicos,
operarios de las industrias, médicos, enfermeras,
psicólogos y muchas otras profesiones que garantizan
que cada ciudadano se beneficie con cada resultado
que haya mostrado su valía a nivel nacional.
Paralelamente a lo expuesto, durante estos años
se fundaron y consolidaron organizaciones en el país
que agrupan a jóvenes y trabajadores que aunque
no trabajen en centros de investigaciones o universidades,
contribuyen con miles de soluciones técnicas
a los problemas de la producción y los servicios.
Entre ellas se encuentran las Brigadas Técnicas
Juveniles, que agrupa a jóvenes hasta los 35
años de edad relacionados con las actividades
de innovación tecnológica y de investigación.
Su misión es contribuir a la formación
de una conciencia científico técnica
en niños y jóvenes motivando a la superación
y a la búsqueda de nuevos conocimientos.
También se fundó la Asociación
Nacional de Innovadores y Racionalizadores, que empezó
a funcionar con los obreros calificados y técnicos
más avanzados en los centros de producción
que hacen aportes originales para que no se detengan
los procesos productivos y de servicios.
El principio de que la ciencia no tiene fronteras,
pero los investigadores sí, ha sido un valuarte
importante en el desarrollo de un capital humano autóctono.
En las dos primeras décadas de la Revolución,
el antiguo campo socialista y en especial la URSS,
brindó una importante ayuda en la formación
de muchos profesionales sobre todo en la educación
de postgrado. A finales de la década de los
80 y a partir de los 90, este intercambio y formación
de profesionales en el exterior tuvo lugar fundamentalmente
en países desarrollados u otros con los cuales
se han logrado importantes acuerdos de colaboración
académica.
Producto de las acciones del bloqueo del gobierno
de los EE. UU contra Cuba, las acciones de intercambio
profesional entre profesionales de ambos países
han sido pocas. Esta absurda postura, en la misma
manera ha impedido que el pueblo estadounidense tenga
acceso a los incuestionables resultados de la ciencia
cubana a favor de la salud del hombre.
No han sido pocas las acciones de robo de cerebros
jóvenes así como la convocatoria a la
deserción, como en ocasiones se
refiere, a las que han sido expuestos los investigadores
cubanos en el exterior. Sin embargo, esa estrategia
de los enemigos de la Revolución y de los que
para desarrollarse necesitan captar jóvenes
talentos en los países con menor desarrollo,
no ha frenado el pujante desarrollo científico
de la nación.
Contrario a esto, cada día se incrementan
los científicos e instituciones de todo el
mundo, incluso de los propios EE. UU., que reconocen
el prestigio de la ciencia cubana y sus resultados
en beneficios de la salud humana, el desarrollo social,
el deporte, la cultura, entre otras muchas esferas.
A varias décadas de la concepción estratégica
del Comandante en Jefe de que el futuro de Cuba debía
ser un futuro de hombres de ciencias, de hombres de
pensamiento, es una realidad. El compromiso con el
desarrollo del país de los hombres de ciencia
en Cuba es un modelo a tener en cuenta para los países
que emprenden el camino del desarrollo, partiendo
de la base de la formación de su propio capital
humano. Es muestra también de que es posible
el intercambio abierto con las comunidades científicas
de cualquier país, sin perder de vista la misión
estrategia del desarrollo de su propia nación
en primera instancia.
El desarrollo del sector de las investigaciones científicas
en Cuba tiene una especial atención a sus antecedentes
históricos. Solo por citar un ejemplo, en el
siglo XIX, el destacado investigador Carlos J. Finlay,
descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla,
se dejó infestar por el mosquito para probar
la veracidad de su teoría.
Poco más de un siglo después, son probados
en voluntarios sanos un prototipo de vacuna contra
el SIDA, otro contra la Leptospirosis y otro contra
el Cólera. Estos voluntarios, en su inmensa
mayoría, fueron trabajadores de los mismos
cetros y los investigadores que desarrollaban los
proyectos.
Los primeros niños en ser vacunados con la
vacuna cubana VA MENGOC - B contra el meningococo
del grupo B, fueron los propios hijos de los creadores
de la vacuna, única en el mundo contra esta
enfermedad.
La enseñanza de la historia del propio sector
es vital para transmitir los valores que nos hacen
más autóctonos. Muchos de esas experiencias
no aparecen en los libros o en la teoría publicada
sobre los mismos resultados, y sin embargo fueron
decisivos en su realización y son parte inseparable
de los valores propios de la comunidad científica
cubana.
Las nuevas generaciones van a tener realmente muchas
más dificultades, más problemas, más
desafíos que las actuales. Hay que pensar en
el siglo XXI en términos de la lucha que hay
que librar contra todos estos fenómenos, las
nuevas enfermedades surgen, se extienden; el cambio
de clima impone a los hombres una lucha tremenda y
muy especialmente a los científicos, en los
dos aspectos, de investigaciones y de asimilación
de la experiencia de lo que han hecho otros países
2.
La experiencia de Cuba ha constatado durante más
de 45 años, que el desarrollo científico
estructurado en un país no es patrimonio único
de los países desarrollados. Se ha demostrado
que un factor determinante es la voluntad política
del país en estructurar estos sistemas de investigación
tecnológica.
A pesar de poseer escasos recursos y en condiciones
económicas difíciles, es posible formar
un sistema autóctono de formación de
hombres de ciencias con la debida pertinencia y compromiso
con su nación, y aportar numerosos resultados
científicos novedosos a nivel mundial, con
la misma o superior calidad científica de los
países desarrollados.
Cuba está abierta a la cooperación
internacional en el marco del respeto mutuo como establecen
los acuerdos internacionales y se opone a las maniobras
de los países desarrollados para la captación
o robo de los jóvenes talentos de los países
subdesarrollados o en vías del desarrollo.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
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Una perspectiva psicológica. Editorial Universidad
de Antioquia. Medellín , Colombia 2005.
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con referencia con referencia al docente universitario
de postgrado. http://www.fundacionlineai.org/ArticulosAnteriores/ReynaSanchez/index.htm
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Un desafío para los países en desarrollo.
http://www.campus-oei.org/salactsi/dellamea5.htm
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2002. Organización de Estados Iberoamericanos
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OEI. Madrid 2002
5-Ética e Investigación Científica.
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7-El contexto de la formación de investigadores.
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8-MOTA Encizo Flavio. Formación de investigadores.
http://www.uag.mx/63/a20-01.htm
9-Tendencias en la formación de investigadores.
http://www.xoc.uam.mx
10- VESSURI Hebe. Desafíos de la educación
superior en relación con la formación
y la investigación ante los procesos económicos
actuales y los nuevos desarrollos tecnológicos.
http://www.camous-oei.org/oeivirt/rie02a06.htm
11- RESOLUCION 9 del 1ro de marzo de 2007 del Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social (M.T.S.S.). Reglamento
sobre el tratamiento a los recién graduados
durante el periodo de adiestramiento laboral. Gaceta
Oficial de la República de Cuba.
12- Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe,
Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité
Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente
de los consejos de estado y de ministros, en el acto
central por el día de la ciencia cubana, efectuado
en la sala universal de las FAR, el 15 de enero de
1997.
13- RESOLUCION CONJUNTA No.1 del 2002 del M.T.S.S.
Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio
Ambiente (CITMA). Reglamento sobre la Reserva Científica.
Gaceta Oficial de la República de Cuba.
14- Brigadas Técnicas Juveniles de Cuba. http://www.btjnac.cu/
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