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Kioto con tu ayuda

Diego Delgado Valor


El Protocolo de Kioto, el tratado que pretende reducir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero, ya ha entrado en vigor, lo ha hecho con ocho años de retraso, desde que fue aprobado en 1997. El retraso se ha debido a las implicaciones económicas y políticas, y a las reticencias y dudas de los sectores que protagonizarán las principales adaptaciones para contener sus emisiones.

Para muchos sectores económicos era impensable hace ocho años que realmente tuvieran que llegar a contabilizar sus emisiones de gases de efecto invernadero, pero van aceptando las medidas para contenerlas, sobre todo en la Unión Europea, unas normativas de obligado cumplimiento.

Los defensores de estas medidas insisten en que no tienen que ser costosas desde el punto de vista del crecimiento económico, porque la eficacia, el ahorro energético y la innovación son elementos asociados a las economías florecientes. Por ahora, el Protocolo de Kioto sólo estipula que los países industrializados deben reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero durante el periodo de 2008 a 2012. Un problema grave viene desde los países en vías de desarrollo cuyas perspectivas de crecimiento son muy fuertes, como China, India o Brasil, pese a que sus emisiones per cápita soy muy bajas por el momento.

España toma medidas

España afronta un gran reto, el cumplimiento del Protocolo de Kioto va a ser más arduo que en otros países europeos que comenzaron antes a planificar sus actuaciones desde el punto de vista medioambiental. El Gobierno socialista ha tenido que poner en marcha un plan de choque para, primero, cumplir la normativa de la UE, y después, alcanzar aunque sea por los pelos, sus objetivos de Kioto. Es decir, que las emisiones españolas no superen en un 15% el nivel de 1990.

El sector de la edificación en España abarca el 16% de toda la energía consumida en este país. Durante el año 2000, casi tres cuartas partes del consumo total de energía dentro del ámbito del sector de edificación, se produjo en los hogares, corresponde a la calefacción la parte más importante, seguida del agua caliente, y el resto a los edificios del sector terciario.

El Ministerio de Vivienda, desde su creación, ha trabajado en tres herramientas que serán aprobadas en breve y que pretenden un equilibrio entre edificación y sostenibilidad. La primera de estas herramientas, afirma María Antonia Trujillo, ministra de Vivienda, es el Código Técnico de la Edificación, que se propone reducir a límites sostenibles el consumo y conseguir que parte de ese consumo proceda de fuentes de energía renovable. La medida implica mejoras en las características de cerramientos de los edificios. También se plantea la necesidad de utilizar sistemas de control que optimicen el aprovechamiento de la luz natural. Este Código Técnico de la Edificación, según Trujillo, plantea la instalación de paneles solares de baja temperatura para su uso en el calentamiento del agua. Además para los edificios de alto consumo eléctrico se incorporarán paneles fotovoltaicos que produzcan electricidad para uso propio o suministro a la red.

La segunda de las herramientas se relaciona con la revisión del actual Reglamento de Instalaciones Térmicas en los edificios. Esta normativa regula las condiciones que deben cumplir las instalaciones de calefacción, climatización y agua caliente sanitaria.

Por último, el tercero de los ejes planteados por el Ministerio de Vivienda consiste en una herramienta informática denominada CALENER (Calificación Energética de Edificios) que va a permitir que los técnicos habilitados y las administraciones competentes, puedan elaborar el Certificado de Eficiencia Energética exigido por la normativa comunitaria. Esta normativa europea establece que cuando los edificios sean construidos, vendidos o alquilados se ponga a disposición del propietario, del comprador o del inquilino dicho Certificado que tendrá una validez de 10 años.

Todos estos proyectos entrarán en vigor de manera escalonada a lo largo de esta legislatura, de forma que se cumplan los compromisos del Gobierno y también se respeten los plazos establecidos en la legislación comunitaria, según informa el Ministerio de Vivienda.

Después de 2012

Los científicos de cambio climático son conscientes de que reducir las emisiones según estipula el Protocolo de Kioto, apenas significa nada en el clima terrestre. La reducción debería ser muy superior a ese 5,2% para ser realmente eficaz en la reducción de la temperatura global del planeta. Pero el Protocolo se considera el inicio del camino que se tendrá que seguir para afrontar el problema.

Por ello, ya se comienza a plantearse el futuro, qué hacer después del primer período de cumplimiento de Kioto (2008-2012). Lo que parece claro es que cualquier compromiso futuro no se basará, como ahora, exclusivamente en objetivos de reducción rígidos, como ahora, para los países desarrollados, sino que contemplará varios enfoques, plazos flexibles y nuevos incentivos, haciendo partícipes también, de alguna manera, a los países en vías de desarrollo.

Sin apoyo de EEUU

Quién no participa en el Protocolo es Estados Unidos que, motivado por sus intereses económicos, decidió que prefería someterse a los criterios de la rentabilidad inmediata que a los ecológicos, y se abstuvo de suscribir el tratado. Los estadounidenses son responsables de casi un tercio de las emisiones de CO2. Así, el trabajo de los europeos es muy importante, pero poco eficaz si el principal contaminador, Estados Unidos, no reducirá sus emisiones. Otra consecuencia negativa para la industria europea es que competirá con la estadounidense, pero con el lastre económico que suponen las nuevas restricciones ecológicas.

Kioto somos todos

Para lograr estos objetivos, cada país deberá buscar energía alternativa y conseguir que en sus sus procesos de producción disminuya el uso de carbón, gas y petróleo. Una de las propuestas es concentrar los esfuerzos en el desarrollo de energías renovables como la eólica y solar, con ventajas ya demostradas. Por ejemplo, el 20 por ciento de la electricidad que se consume en Dinamarca es producida por molinos de viento y sus índices de contaminación son casi nulos.

Los países firmantes que sobrepasen sus cuotas de emisiones podrán comprarles unidades de carbono a los países que emitan menos. Por ello se crearon los certificados de reducción de gases, una especie de bonos de oxígeno que las naciones industrializadas pueden comprarles a los países en vías de desarrollo para ayudarles a financiar proyectos encaminados a la reducción de CO2. Un ejemplo de ellos es Colombia, que actualmente vende bonos a través del Banco Mundial con grandes utilidades. A medio plazo, puede generarle al país ingresos por 125 millones de dólares.

Desde asociaciones de ecologistas y medio ambiente nos sugieren nuestro propio pequeño Protocolo de Kioto.

Este protocolo nos obliga a realizar ese esfuerzo para que entre todos contribuyamos a mantener un mundo habitable para las generaciones actuales, pero especialmente para las futuras.

Enlaces de interés:
Protocolo de Kioto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
¿Qué es Kioto? Madri+d


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