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Roles de Género - Mujeres Académicas - ¿Conflictos?

Lourdes Fernández Rius(1).

Facultad de Psicología y Cátedra de la Mujer
Universidad de La Habana.

Resumen

La creciente presencia de las mujeres en el ámbito de las ciencias, especialmente en las sociedades modernas y de mayor desarrollo, constituye un elemento novedoso por su magnitud y uno de los sucesos más revolucionarios del siglo que finaliza.

Los cambios socioeconómicos de las últimas décadas en Cuba han tenido su expresión específica en el sector femenino. Así, en una población que resulta equitativa entre mujeres y hombres, las primeras ocupan el 42% de la fuerza laboral.

El 65% de los fiscales en el país, el 47% de los miembros del tribunal supremo y el 49% de los que poseen cargos de dirección en el ámbito jurídico, son mujeres. En la medicina , el 53% de los médicos y el 65% de los médicos de familia son mujeres y ellas constituyen el 43% de los profesionales dedicados al quehacer científico.

En la Universidad de La Habana, el 61% del claustro es femenino. Así como el 43% de los docentes Titulares y el 50% de los directivos. De los investigadores el 58% son mujeres así como el 45% de los que dirigen este sector

Detenernos en el incremento de la presencia femenina en los ámbitos científicos y en el impacto que este suceso puede haber ejercido y estar ejerciendo en la economía, la sociedad, la cultura, es una mirada importante e imprescindible.

Sin embargo, me gustaría avanzar en un análisis más cualitativo y detenerme en el impacto del quehacer científico en la subjetivación de los roles de género y las interrelaciones que se van dando en este proceso en mujeres que se desempeñan en este sector.

Las representaciones sociales acerca de lo que significa ser hombre o mujer, propias para una cultura, se incorporan a la subjetividad individual en creciente y activa elaboración.

El diseño de los roles de género desde un paradigma androcéntrico ha conllevado a fuertes dicotomías, rivalidad y desencuentro entre los géneros lo cual ha sido y sigue siendo trasmitido desde las ideas y las prácticas sociales.

Las representaciones dicotómicas de los géneros, imponen tanto a mujeres como a hombres, limitaciones en su crecimiento personal, diseñan subjetividades contrapuestas, excluyentes que atraviesan la propia vida tanto en sus aristas privadas como públicas. Esto promueve una estereotipia que desarticula cualquier empeño por establecer relaciones interpersonales y el desarrollo de una cultura más humanas.

Hoy en día estas nociones y prácticas comienzan a desestabilizarse, a traernos no pocas complicaciones como maneras diferentes de entender lo femenino, lo masculino, lo privado y lo público.

La liberación de las mujeres y su salida al espacio social ha impactado la vida pública y privada. Todo ello también ha influido notablemente en su liberación sexual, en la desmistificación de la virginidad, en la distinción del sexo placer del sexo procreación, en el acceso de las mujeres al control y planificación de la natalidad e incluso en la diversificación de las alternativas sexuales.

Son muchas ya las mujeres que sienten en sí mismas la necesidad de realización social, incluso, con tanta o mucha más fuerza que la gestión de un grupo familiar. Ahora el centro de su autoestima se desplaza del recato, la pasividad y habilidades domésticas a su preparación, destreza e iniciativa ante la vida, al aumento de su autoconfianza, seguridad, independencia y juicios propios.

Si nos detuviéramos en como han sido culturalmente diseñados los roles de género, comprenderíamos que justamente el saber y el poder han resultado históricamente dos espacios a los cuales las mujeres no hemos tenido fácil acceso. Conquistar un saber, mantenerlo y ejercerlo dota de un poder del cual son justamente portadoras las mujeres académicas. En estas mujeres probablemente se sintetizan - al menos potencialmente - las rupturas y discontinuidades más significativas con respecto a los roles de géneros patriarcales y en ellas se expresan importantes emergentes de cambio.

¿Cómo se produce el cambio en estas mujeres? ¿Cómo se piensan a sí mismas? ¿Posee costos el cambio? ¿Cómo subjetivan los roles de género? ¿Cuáles son las estrategias de conciliación de lo público y lo privado? ¿Cómo conquistar - mantener un saber y saber vivir? ¿Cuán amenazante puede resultar desde lo subjetivo una mujer racional, pensante, competitiva para sus congéneres y para el otro género?

Para profundizar en el conocimiento acerca de esta realidad, realizamos un estudio con mujeres académicas universitarias las cuales representan un segmento importante de la población femenina cubana.

La investigación se realizó a través de estudios de casos. La misma pretendió profundizar en la caracterización de la subjetivación de los roles de géneros en estas mujeres, conocer si el mismo se producía atendiendo a modelos tradicionales o no tradicionales y a su vez indagar como este proceso podía estar impactando la vida privada, la vida pública y el desempeño social de estas mujeres.

En el trabajo se presentan los resultados más significativos de esta investigación apoyados en testimonios de las mujeres que colaboraron en la investigación lo cual evidencia las transformaciones que en términos de subjetivación de los roles de género está aconteciendo en las misma. Estos constituyen, sin dudas, puntos importantes de cambio y progreso en este sentido. A su vez, en estas propias mujeres, aún permanecen estereotipos patriarcales con respecto al rol de la mujer, en especial en su condición de madre – esposa, lo cual se continúa viviendo desde lo tradicional. Encontramos aquí, conservación y perpetuidad. Todo ello da lugar a un proceso de progreso en la asunción de los roles de género que es a su vez vivido desde cierto grado de conflicto y contradicción subjetiva de importantes costos psicológicos.

Estamos pues ante un fenómeno dinámico donde entran en colisión puntos de cambio y de permanencia, tanto en el plano de la cultura, de la subjetividad social como de la subjetividad individual.

Continuar estudiando y develando estos puntos de contradicción en el camino de avanzar cada vez más hacia mayores oportunidades de equidad entre los géneros podrá contribuir al perfeccionamiento de las políticas en este sentido, a la educación y sensibilización de mujeres y hombres y definitivamente al mejoramiento del crecimiento personal y de la calidad de vida social y familiar.

El vínculo ciencia y género va resultando cada vez más un tema de especial interés. Una de sus aristas se asocia al hecho de develar la neutralidad de las ciencias con respecto al tema de género y en especial la intención de hacer invisible la presencia de las mujeres en los campos del saber a lo largo de la historia.

A su vez, se aprecia un hecho de especial intensidad: la creciente presencia de las mujeres en el ámbito de las ciencias especialmente en las sociedades modernas y de mayor desarrollo. Esto constituye un elemento novedoso por su magnitud y uno de los sucesos más revolucionarios del siglo que finaliza.

Los cambios socioeconómicos de las últimas décadas en Cuba han tenido su expresión específica en el sector femenino. Las políticas sociales y estrategias de desarrollo económico han considerado siempre a las mujeres a las cuales se les reconocen sus derechos, - integrantes inalienables de los derechos humanos universales - así como su legítimo lugar en la familia y en la sociedad.

En Cuba la presencia de las mujeres en el ámbito laboral, con respecto a la fuerza laboral del país, se elevó de un 13% en 1959 a un 42% en 1997, en una población que resulta equitativa entre mujeres y hombres. Asimismo, se ha elevado la presencia de las mujeres en sectores no tradicionalmente femeninos. El 65% de los fiscales en el país, el 47% de los miembros del tribunal supremo y el 49% de los que poseen cargos de dirección en el ámbito jurídico, son mujeres. En la medicina se aprecia algo similar, así el 53% de los médicos y el 65% de los médicos de familia son mujeres. (Popovsky, P., 1997) En ello también influye el nivel educacional y la creciente autonomía que van alcanzando las mujeres en el país

Deteniéndonos en el ámbito de las Ciencias se puede apreciar como las mujeres constituyen el 43% de los profesionales dedicados al quehacer científico.

El 60% de la matrícula de la Educación Superior, es femenina y la presencia de la mujer en las diversas especialidades o carreras se presenta de la siguiente forma: Pedagogía, 75%; Ciencias Médicas, 71%; Ciencias Sociales y Humanas, 67%; Ciencias Económicas, 60%; Ciencias Naturales y Matemáticas, 60%; Artes, 53%; Ciencias Agropecuarias, 37%; Ciencias Técnicas, 29%. Por su parte las cifras en términos de graduados universitarios están representadas por el 56% de mujeres y las mismas constituyen las dos terceras partes de los técnicos y profesionales del país.

En la Universidad de La Habana, el 61% del claustro es femenino. Así como el 43% de los docentes Titulares y el 50% de los directivos. De los investigadores el 58% son mujeres así como el 45% de los que dirigen este sector. (Inf. Dpto Recursos Humanos, UH, 1999).

Se aprecia una presencia importante de las mujeres en los estudios universitarios lo cual es expresión tanto de un cambio en cuanto a oportunidades en este sentido como de motivaciones e intereses por parte de las mujeres. Indica a su vez la elevación del nivel educacional de las mismas y su presencia en los espacios laborales desde una calificación que resulta más elevada con relación a la de los hombres.

Pienso que detenernos en el incremento de la presencia femenina en los ámbitos científicos y en el impacto que este suceso puede haber ejercido y estar ejerciendo en la economía, la sociedad, la cultura, es una mirada importante e imprescindible. Otro asunto es si hasta aquí puede llegar la reflexión, si solamente es posible mantenernos en las cifras.

Podemos equipararnos, en cuanto a indicadores presenciales, mujeres y hombres en los ámbitos científicos lo cual es en sí mismo un punto importante de avance, sin embargo, esto no necesariamente supone redimensionar paradigmas. Recuerdo un colega que refiriéndose a la Psicología como ciencia y profesión me dijo con disfrute: "Si, la Psicología es una Ciencia y profesión femenina, pero los talentos son y han sido hombres..." Otro amigo, dedicado a la Física, - ciencia tradicionalmente masculina - me dijo en una ocasión: "Las mujeres no pueden rendir bien en las Ciencias, no pueden concentrarse como nosotros, pues tienen una neurona en el ordenador y las restantes en lo doméstico y los hijos, no disponen del mismo tiempo para entregarse horas y horas al trabajo".

¿Cuánto de estereotipo y cuánto de objetividad se imbrican en estas afirmaciones? ¿Se siguen reproduciendo los roles de género patriarcales, aún en condiciones de tanta ruptura en los desempeños en mujeres y hombres?

En esta ocasión, entonces, me gustaría avanzar en un análisis más cualitativo y detenerme en el impacto del quehacer científico en el modo en que las mujeres subjetivamos los roles de género y las interrelaciones que se van dando en este proceso. Esto nos posibilitaría avanzar hacia un análisis más en sistema de este suceso y continuar promoviendo la calidad en el desarrollo y vida humanas en los ámbitos públicos y privados.

Roles de género, lo privado, lo público...

Los roles de género indican a aquel conjunto de comportamientos previstos y asignados a uno u otro sexo desde la cultura, en una sociedad y momento histórico específico.

A través del rol de género, se prescribe como debe comportarse un hombre y una mujer en la sociedad, en la familia, con respecto a su propio sexo, al sexo contrario, ante los hijos, incluido en ello determinadas particularidades psicológicas atribuidas y aceptadas, así como los límites en cuanto al modo de desarrollar, comprender y ejercer la sexualidad, emanando de aquí lo que resulta valioso para definir la feminidad o la masculinidad. Estos valores hacia lo masculino y hacia lo femenino se trasmiten generacionalmente a través de las diversas influencias comunicativas existentes en la sociedad.

La masculinidad tradicional se encuentran muy asociada a la fortaleza tanto física como espiritual, al buen desempeño, la excelencia, la rudeza corporal y gestual, la violencia, la agresividad y homofobia, la eficacia, competencia así como el ejercicio del poder, la dirección y definición de reglas, la prepotencia, valentía e invulnerabilidad. La independencia, seguridad y decisión indican fortaleza espiritual, unido a la racionalidad y autocontrol. El hombre no debe doblegarse ante el dolor, ni pedir ayuda aunque ello lo conduzca a la soledad. Por eso se le prescribe, por lo general, alejarse de la ternura, de los compromisos afectivos muy profundos, de la expresión de los sentimientos.

En el hombre la sexualidad está muy vinculada a su carrera por la excelencia, por ello trata de estar siempre listo sexualmente, "siempre erecto", tener buen desempeño y rendimiento, variadas relaciones, ser activo en el coito y responsable del orgasmo femenino. Requiere a su vez, de la constante admiración femenina como nutrimento de su autoestima, esforzándose más por la demostración de su masculinidad que por su propio crecimiento.

La feminidad tradicional se asocia a la contradicción maternidad - sexualidad. Para la mujer el sexo como placer, visto como algo masivamente asequible, constituye una novedad de las últimas décadas. Mientras, la maternidad continúa vinculada a la protección, tranquilidad, sacrificio, dolor, al borramiento de la identidad personal para integrarse a la identidad de otros. La maternidad se convierte en la exigencia social que da sentido a la vida de la mujer, el eje de la subjetividad femenina, de su identidad genérica y personal. A partir de aquí se le atribuyen características como la sensibilidad, expresividad, docilidad, generosidad, dulzura, prudencia, nobleza, receptividad, acentuándose más en su caso, la orientación hacia los demás. Es como si su identidad se encontrara más conectada a la relación con los otros. Asimismo, se le considera más influenciable, excitable, susceptible y menos agresiva. Su comportamiento es menos competitivo, expresando su poder en el plano afectivo y en la vida doméstica.

Las representaciones sociales acerca de lo que significa ser hombre o mujer, propias para una cultura, se incorporan a la subjetividad individual en creciente y activa elaboración.

El proceso de asunción y adjudicación de los roles de género es complementario. Así, la asunción de un determinado rol hace que también asignemos otro complementario al género opuesto configurándose nuestras expectativas en este sentido.

El diseño y construcción de los roles de género desde un paradigma androcéntrico ha conllevado a fuertes dicotomías, rivalidad y desencuentro entre los géneros lo cual ha sido y sigue siendo trasmitido desde las ideas y las prácticas sociales.

Lo entendido como vida privada y vida pública ha sido visto de modo excluyente desde la sociedad y el pensamiento cotidiano, atravesado por la persistente visión androcéntrica de la cultura que ha insistido - desde las ideas, los sentimientos y las prácticas - no solo en estereotipar los roles de género sino también los desempeños humanos de acuerdo a como históricamente han sido protagonizados por uno u otro género.

Así, la vida privada es asociada al afecto, al amor, la pareja, la familia, la maternidad, al cuidado, a lo emocional, a la reproducción de la vida cotidiana, al trabajo "no productivo" y, por tanto, no remunerado, no visible, no tangible. Relacionado más bien con el tedio, lo repetitivo, lo rutinario. También incluye todo lo concerniente a una parte importante de la socialización humana, el contacto íntimo y la contención emocional. Esta arista de la vida es protagonizada por las mujeres, quienes por su "propia naturaleza" emocional, afectiva, sensible, articulada a su "esencia maternal" deben entonces ser del hogar, fundar y amar a su pareja y su familia. A las mujeres siempre se les ha exigido llevar las riendas de la educación de los hijos, la atención a enfermos, ancianos, al esposo, brindar afecto, desde su condición de madres - esposas, protectoras, sacrificadas, orientadas a los demás a la vez que dejando de ser.

Sin embargo, este quehacer no ha sido, ni lo es hoy, suficientemente valorado por la sociedad e incluso más bien devaluado y tratado como lo cotidiano, lo afectivo, a lo cual se añade que desde las asignaciones culturales la mujer lo vive y experimenta como sacrificio, como lo no calificado, con culpas y no siempre como realización.

La vida pública, por su parte, es asociada a la productividad de riquezas, de ganancias, a lo racional, lo creativo, lo verdadero, exacto. Se trata aquí del trabajo "socialmente útil", de la participación en instituciones u organizaciones sociales. Esto se ha asociado al poder económico, a la excelencia, la capacidad y el buen desempeño, a la competitividad que genera el mercado del trabajo donde se demanda razón, precisión, creatividad, triunfo.

Este ámbito ha sido protagonizado por los hombres, quienes también por "naturaleza" son más racionales, creativos, fuertes, seguros y competitivos para afrontar las vicisitudes que entraña el trabajo fuera del hogar.

Las representaciones dicotómicas de los géneros, imponen tanto a mujeres como a hombres, limitaciones en su crecimiento personal, diseñan subjetividades contrapuestas, excluyentes que atraviesan la propia vida tanto en sus aristas privadas como públicas. Esto promueve una estereotipia que desarticula cualquier empeño por establecer relaciones interpersonales y el desarrollo de una cultura más humanas.

Los cambios...

En las últimas décadas, los fuertes cambios sociales, económicos, científico - técnicos han ejercido su impacto en la cultura universal, con su expresión particular en los contextos socio históricos específicos. Ello se aprecia también en las representaciones acerca de los roles de género afectando, por consiguiente, la naturaleza del encuentro hombre - mujer.

Lo cierto es que hoy en día estas nociones y prácticas - en calma durante milenios - comienzan a desestabilizarse, a traernos no pocas complicaciones como maneras diferentes de entender lo femenino, lo masculino, lo privado y lo público. Estamos pues ante un fenómeno dinámico donde entran en colisión puntos de cambio y de permanencia, tanto en el plano de la cultura, de la subjetividad social como de la subjetividad individual.

El movimiento feminista ha influido considerablemente en el desarrollo de los derechos de la mujer con respecto al acceso al trabajo, a la educación, al sufragio en una larga lucha por reivindicarla de su marginación.

La liberación de las mujeres y su salida al espacio social ha impactado la vida pública y privada. Todo ello también ha influido notablemente en su liberación sexual, en la desmistificación de la virginidad, en la distinción del sexo placer del sexo procreación, en el acceso de las mujeres al control y planificación de la natalidad e incluso en la diversificación de las alternativas sexuales.

El derecho al sexo - placer, induce a las mujeres a desarrollar sectores de su personalidad tradicionalmente aceptados como masculinos. La sexualidad la viven ahora desde la libertad de sus relaciones interpersonales.

La anticoncepción posibilita la planificación familiar, tendiendo a disminuir la fecundidad. La maternidad cada vez más es una derivación del amor y la libertad y menos del fatalismo y la resignación. . Se acentúa así, la autonomía de las mujeres con respecto al hombre.

Estos cambios, unidos al impacto tecnológico en el quehacer doméstico, a la mayor ocupación e independencia de los hijos fuera del hogar, a la disminución del número de éstos y las mayores posibilidades para la incorporación social, debilitan el liderazgo afectivo y doméstico de las mujeres.

Justo en la segunda mitad de este siglo, las mujeres comienzan a acceder a espacios antes vedados para ellas, son cada vez más las que trabajan fuera del hogar, que se convierten en proveedoras contribuyentes o absolutas de sus familias, se independizan económicamente, ocupan responsabilidades y encuentran legítimos espacios de realización en la vida laboral.

La creciente participación pública de la mujer ha traído consigo la ampliación de sus intereses, conocimientos y cultura así como la asimilación de pautas y exigencias de la vida pública. Todo ello ha generado como consecuencia, que lo doméstico y privado vaya abandonando el centro y el monopolio de la vida de la mujer. Cada vez son más las que acceden al poder en espacios públicos Se trata de mujeres que trabajan no solo por razones económicas, sino de mujeres que buscan y encuentran, justamente allí en el espacio público, una fuente importante, novedosa y atractiva de realización en la cual comprometen sus proyectos vitales. A su vez estas mujeres continúan su desempeño en el ámbito privado con las mismas autoexigencias que la cultura tradicional les había planteado hasta entonces.

Son muchas ya las mujeres que sienten en sí mismas la necesidad de realización social, incluso, con tanta o mucha más fuerza que la asunción de la gestión de un grupo familiar. Ahora el centro de su autoestima se desplaza del recato, la pasividad y habilidades domésticas a su preparación, destreza e iniciativa ante la vida, al aumento de su autoconfianza, seguridad, independencia y juicios propios.

La delimitación y diferenciación de los roles de género y sus funciones van tendiendo hoy cada vez más a su flexibilización produciéndose cambios en la noción de lo masculino y lo femenino, de la vida sexual y de pareja, de la familia tradicional y la procreación como su proyecto esencial y se promueve un pensamiento y actuación que relativiza lo que pacientemente había sido entendido hasta entonces como "lo privado" y "lo público". Se genera así un impacto transformador en las normas sociales, en los códigos del patriarcado. "Algo se ha quebrado del equilibrio anterior, donde regía un orden entre los géneros por el cual las mujeres `naturalmente` ocupaban un lugar postergado. Los organizadores de sentido que organizaban lo masculino y lo femenino trastabillan, las demarcaciones de lo público y lo privado vuelven borroso o por lo menos confuso sus límites. En suma, diversas fisuras amenazan con el quiebre del paradigma que legitimó durante siglos las desigualdades de género." ( Fernández, A.M. 1992, pag.12)

Si nos detuviéramos en como han sido culturalmente diseñados los roles de género, comprenderíamos que justamente el saber y el poder han resultado históricamente dos espacios a los cuales las mujeres no hemos tenido fácil acceso. Conquistar un saber, mantenerlo y ejercerlo dota de un poder del cual son justamente portadoras las mujeres académicas. En estas mujeres probablemente se sintetizan - al menos potencialmente - las rupturas y discontinuidades más significativas con respecto a los roles de géneros patriarcales y en ellas se expresan importantes emergentes de cambio.

¿Cómo se produce el cambio en estas mujeres? ¿Cómo se piensan a sí mismas? ¿Posee costos el cambio? ¿Cómo subjetivan los roles de género? ¿Cuáles son las estrategias de conciliación de lo público y lo privado? ¿Cómo conquistar - mantener un saber y saber vivir? ¿Cuán amenazante puede resultar desde lo subjetivo una mujer racional, pensante, competitiva para sus congéneres y para el otro género?

Son lentos los cambios en la subjetividad individual y social lo cual se evidencia en la reproducción de creencias y sentimientos arraigados. A su vez, aún persiste una visión y práctica dicotómica de lo privado y lo público así como de lo que acontece en cada uno de estos estancos cerrados.

Responder a estas interrogantes pasa por la contradicción entre conservación y cambio tanto en el plano social, cultural como familiar y personal, por el reto de progresar en sistema. Esto demanda el desmontaje de estereotipos, la redimensión de conceptos y la continuidad en la promoción de nuevas políticas y no solo añadir desempeños.

Ello se inscribe en el ánimo de continuar promoviendo el crecimiento personal de mujeres y hombres así como el desarrollo de la cultura y la sociedad.

Mujeres académicas, entre lo público y lo privado.....

Para profundizar en el conocimiento acerca de esta realidad, realizamos un estudio con mujeres académicas universitarias las cuales representan un segmento importante de la población femenina cubana. Estas son portadoras de los emergentes de cambio probablemente más significativos de los últimos años por tratarse - como señalaba anteriormente - de mujeres para las cuales la vida profesional y el desempeño en el ámbito público constituye un sentido de vida.

La investigación se realizó a través de estudios de casos. La misma pretendió profundizar en la caracterización de la subjetivación de los roles de géneros en estas mujeres, conocer si el mismo se producía atendiendo a modelos tradicionales o no tradicionales y a su vez indagar como este proceso podía estar impactando la vida privada, la vida pública y el desempeño social de estas mujeres.

Los cambios económicos, sociales, al nivel de las políticas y estrategias de desarrollo resultan imprescindibles para el avance de relaciones de equidad entre los géneros, sin embargo, conocemos que todo esto no resulta suficiente para la consecución rápida de profundas transformaciones en la subjetividad individual. Los cambios en este nivel suelen ser lentos y a largo plazo, sobre todo cuando se trata de sentimientos e ideas profundamente arraigados durante siglos.

En los resultados de este trabajo pudimos conocer que para estas mujeres académicas la vida profesional es altamente significativa y constituye una fuente de gran satisfacción siendo uno de los objetivos centrales en sus vidas que se expresan en sólidos proyectos de superación y enriquecimiento profesional. En su mayoría poseen grados científicos y cuentan con una historia brillante tanto en el ámbito académico como social.

Veamos algunas referencias al respecto: "Mi profesión me reporta la mayoría de las satisfacciones que tengo, mi vida sería muy aburrida sin ella, me siento profesionalmente muy realizada porque he hecho muchas cosas y porque he obtenido reconocimientos" "Profesionalmente me siento muy realizada a la par de ser madre, mi carrera y mi hija están ahí, (...)siento que lo que hago es muy útil, muy importante y sin eso yo no podría vivir, si yo solamente fuera madre, sería una mujer frustrada"

Son mujeres que han desarrollado características como la valentía, la decisión, seguridad, intelecto, cultura, capacidad para el liderazgo público, la independencia y liderazgo económico en el escenario familiar. Se trata de mujeres de excelencia en cuanto a su desempeño profesional cuya subjetividad está caracterizada por intereses cognoscitivos, necesidades de realización profesional y social, sensibilidad y preocupación por problemas sociales, en las cuales la capacidad de reflexión, la autoestima favorable y la necesidad de independencia se articulan con sensibilidad y deseo de realización en la vida privada.

La maternidad continúa apareciendo como eje de la identidad femenina en estas mujeres desde la visión de sacrificio, entrega incondicional, autoanulación lo cual perpetúa la sinonimia "buena mujer - buena madre". Continúan siendo líderes de la vida doméstica y figuras centrales de esta dinámica ejerciendo fuertes funciones de equilibrio familiar. A propósito refieren: "Una madre, hoy en día debe ser una maga" "Mi mayor temor es perder a mis hijas" "Mi mayor satisfacción es mi hija (...) Mi mayor insatisfacción la educación de mi hija" "Mi mayor satisfacción como mujer son mis hijos"

Se evidencia que la maternidad es un elemento constitutivo de la identidad femenina de estas mujeres, aunque el deseo y la práctica de liderar una familia se articulan con el desempeño y realización profesional.

En cuanto a los vínculos amorosos, estas mujeres reclaman un hombre menos tradicional, capaz de transmitir dulzura, sensibilidad, delicadeza. La vida amorosa resulta ser un proyecto importante para ellas y aspiran a relaciones de intimidad, fusión y coparticipación en las que esté presente la independencia y respeto a los espacios personales. Para estas mujeres se va operando una combinación de modelos tradicionales y no tradicionales en cuanto a los vínculos amorosos en un intento por lograr una mejor interrelación entre lo intrasubjetivo y lo intersubjetivo en el ámbito de la pareja.

Analizando la historia personal de estas mujeres se aprecia que en su mayoría han evolucionado desde formas más tradicionales de vivir el amor, los vínculos de pareja y familiares a formas menos tradicionales aunque sin desligarse completamente de lo prescrito desde la cultura para este espacio. Esto no ha dejado de representar conflictos para la vida amorosa de las mismas. En este sentido refieren:

"Quisiera un hombre que no fuera machista, que no interfiriera en mi vida profesional, familiar, amistosa(...)" "Después que me divorcié y tuve dos o tres relaciones decidí que no, que ya no me sentía bien porque era mucho machismo (...) lo que menos me gusta de los hombres es su autosuficiencia. (...) me liberé y después de eso yo soy la que soy y nadie me domina nunca más."

El impacto económico que posee la salida de la mujer al trabajo remunerado y el cambio que supone para la familia la doble jornada femenina, constituyen uno de los puntos más traumáticos en las sociedades contemporáneas, pues se torna conflictiva la exigencia al hombre de mayor participación en el ámbito privado.

No son pocas las polémicas que se generan al interior de la pareja y la relación de ésta con su entorno cuando es la mujer la que posee mejor posición social, laboral y aporta más económicamente a la vida familiar.

La figura masculina deja de ser la proveedora por excelencia ante la paridad en la contribución económica e incluso ante el hecho de que en ocasiones sea la mujer quien aporte más en este sentido, lo cual genera conflictos en cuanto al modo de ejercer el poder tradicionalmente a lo interno de la vida en pareja y familiar. Al hacerse la mujer coprovidente, la autoridad se comparte y se avanza en un proceso que hace tambalear las jerarquías para moverse hacia relaciones más democráticas y de colaboración.

Este hecho contracultural, desde lo tradicional, origina dificultades comunicativas en la pareja, depresión y problemas de autoestima en el caso del hombre, muchas de las cuales no se han concientizado y que se dirimen en el plano de los dobles mensajes, las agresiones, devaluaciones y en detrimento de la vida sexual. Es decir, que el crecimiento profesional de la mujer, su despliegue social exitoso, especialmente si no posee un correlato en la figura masculina, en las condiciones contemporáneas de movilidad de valores, tiene un costo: el estrés familiar y amoroso.

Los cambios que van produciéndose en la subjetividad de estas mujeres generan cambios en sus ideales de masculinidad y de relaciones entre los géneros. Se produce así la búsqueda de un hombre diferente, con respecto a la noción patriarcal de masculinidad, que no se encuentra aún - de modo extendido - en la realidad.

Esto no deja de ocasionar conflictos a algunas de estas mujeres para las cuales su vida amorosa es vivenciada desde la frustración. A propósito dicen algunas de ellas:

"Fracasé en el matrimonio" "El matrimonio no me resultó. ""El matrimonio me ha representado grandes alegrías y enormes frustraciones “

Otras han logrado articular concepciones y estrategias que concilian la autonomía y la vida amorosa desde otras dimensiones: "Para mí lo más importante es la libertad personal (...) no me interesa lo que mi esposo hace en su tiempo. (...)El celo mayor de él ha sido con mi trabajo, él quiere competir y ahí no puede porque pierde (...) él quisiera que todo fuera a través de contar con él, le molesta la independencia y pienso que he logrado mantener la relación porque le he dado poco valor a esas cosas suyas y ha terminado aceptándome como soy y yo he cedido en algunas cosas que para mí no son de principio. (...) Al trabajo le dedico mucho tiempo, a la familia también pero saco el tiempo para mí, mis aspiraciones son mantener unida a mi familia y ser una persona satisfecha conmigo misma."

Sin embargo, en algunas de estas mujeres se continúa reproduciendo una noción de las relaciones intergenéricas en las cuales prevalece la subordinación y la dependencia lo cual resulta un fenómeno no siempre suficientemente consciente o se conciencializa desde el conflicto. Así, al referirse al ideal de hombre o las relaciones de pareja dos mujeres refieren: "Me gustaría que fuera más inteligente que yo (...) lo que más me gusta de los hombres es la seguridad que me brindan" "Al tratar de buscar una relación entre lo que yo pienso científicamente y mi vida privada me doy cuenta que mi identidad femenina está atravesada por la dependencia de mi esposo y eso me molesta pero a la vez no logro la independencia emocional. Estoy en un conflicto de sentimientos contradictorios, me molesta sentirme dependiente pero a la vez esa dependencia me hace feliz."

La asunción de los roles de género en estas mujeres se encuentra en una movilidad entre elementos tradicionales y no tradicionales, sin una real redimensión, proceso que encuentra a su paso muchos conflictos y contradicciones, que tipifican más bien una transicionalidad.

La asunción transicional de los roles de género - si bien representa un emergente de cambio y progreso - supone también limitaciones en la realización de estas mujeres tanto con respecto a la maternidad y la vida amorosa, como a la vida académica, pues se encuentran ante la sumatoria de desempeños que van planteando una sobrexigencia en cuanto a la excelencia en los diversos espacios de sus vidas. Estamos ante mujeres aferradas aún a elementos del rol tradicional de madre - esposa - ama de casa a la cual se añaden proyectos personales y nuevos roles públicos.

Al asumir roles menos tradicionales incorporan elevadas aspiraciones en el ámbito social a la vez que mantienen iguales demandas en cuanto al cumplimiento de los roles tradicionales. La elevada realización profesional aparece con el costo de insatisfacción, endeudamiento y culpas con respecto a la vida privada. Se aprecia así una integración insuficientemente armónica entre sus diferentes espacios de sentido psicológico. Observemos algunas referencias: "Me siento realizada como mujer profesional pero no como mujer integral, el gran problema de la mujer es que para realizarse profesionalmente tiene que renunciar a cosas (...) la mujer realizada es la que puede realizar todo esto sin renunciar a su vida personal, de pareja, de familia(...)" "Mi profesión ocupa el primer lugar dentro de mi vida y creo que no es bueno porque uno subordina muchas cosas, por ejemplo el no haber formado a mi hija correctamente desde el punto de vista afectivo (...) Yo tengo responsabilidad en esto y siento culpa." "(...) no he tenido más hijos por mi profesión, pienso que tendría que separarme de mi trabajo, mi decisión de no tener más hijos ha sido influida por mis aspiraciones en el trabajo, eso me remuerde un poco, me gustaría tener otro hijo pero ya tengo 36 años."

"La mujer académica está satisfecha con su profesión pero es la que peor vive, hemos conquistado el derecho de saber pero malamente hemos conquistado el derecho a vivir. Nos sentimos satisfechas pero sentimos las carencias que sacrificamos."

Hoy, cuando se acrecientan las posibilidades sociales para las mujeres, éstas se encuentran diluidas en un sinnúmero de roles, muchas veces contradictorios y tensionantes que no dejan de ocasionar crisis de sentidos.

En algunas de estas mujeres existen tendencias a asumir la maternidad y la vida familiar en el intento de articular la dedicación a los otros a la vez que la preservación de las necesidades y los espacios personales: "El problema no es dedicarle mucho tiempo a los hijos sino la calidad en la atención (...) Yo he logrado combinar bastante bien las cosas sin trazarme metas espectaculares en mi profesión y sin intentar ser la mejor madre del mundo."

"(...) trabajar es importante pero no es toda la vida, la relación con los hijos es importante pero tampoco es toda la vida (...) cada cosa tiene su lugar, su espacio, su importancia."

Así, conjuntamente con los emergentes de cambio, aún se mantienen otros elementos arraigados tributarios de una feminidad tradicional. Las mujeres - incluso las académicas - como tendencia mantienen el sentimiento del liderazgo doméstico y maternal lo cual hace que junto con la aspiración de realización profesional conserven también aspiraciones de realización en la vida amorosa y familiar desde exigencias tradicionales.

En el proceso complejo de las transformaciones subjetivas, las mujeres avanzan en lo intelectual y lo social, pero sin sólidos recursos psicológicos para satisfacer las exigencias derivadas de aquí, aferradas aún a estereotipos a pesar de la intencionalidad de romper tradiciones.

Las estudiantes, las maestras y las investigadoras que permanecemos en la Universidad vamos y venimos entre deberes y deseos entreverados y excluyentes para las más, que nos rescinden en tiempos y espacios, en trabajo y dedicación, entre la vida privada y la vida pública, entre el ser para los otros en la intimidad doméstica y el ser autónomas con otras dedicaciones." (Lagarde, M.1995, p.98).

Las mujeres, con gran avance en lo social, lo profesional y lo político, con la especificidad contextual que supone este análisis, no lo han hecho mucho en la vida íntima. Algunas siguen tan machistas como antes, otras desde declararse "progre" continúan en lo tradicional, preconizan una igualdad social a la vez que un sometimiento privado, como en un doble discurso. Refiriéndose a los cambios actuales y como los viven las mujeres refiere la antropóloga V. Gutiérrez de Pineda: "Mientras luchan por la igualdad hay ocasiones en las que todavía están recordando y añorando una figura masculina poderosa, protectora y envolvente, las liberaciones son muy complejas y muy lentas, aún nos queda mucho por recorrer, una mujer quiere libertad pero quiere a su vez un hombre protector, es contradictorio...”(Martín, E. 1995, 264 - 265)

Presionadas a adentrarse en un mundo que hasta ahora habían criticado, temen la excesiva integración al mismo. Vivencian fuertes temores ante la tenencia o no de hijos, en la colisión entre la presión de la edad y de la realización social. Desde lo tradicional, vivencian culpabilidad si se atienden mucho a sí misma. Desde el pseudoprogreso, se diluyen en tantos roles que tienen ahora poco tiempo para sí mismas, para sentirse satisfechas o percibir su autocrecimiento, produciéndose más bien un reemplazo de compromisos y exigencias, que una articulación y progreso.

Encontramos también, a una mujer que intenta progresar, pero no pocas veces, desde negarse, desde lo rivalizador con respecto al hombre, lo cual más que a un cambio real, conduce a un endeudamiento doble: con la autorrealización personal y social que pretenden alcanzar y con lo cultural tradicional de su rol, como si su identidad actual pasara por el equilibrio constante entre su vida personal y profesional o social.

Continuamos viviendo en una sociedad de raíces patriarcales cuya cultura sigue influyendo a través de sutiles mecanismos de difícil identificación y desmontaje e instalándose con especial fuerza en la estructura y funcionamiento psicológico.

Se está produciendo un mayor acercamiento de la mujer al modelo masculino que del hombre al modelo femenino. Este alejamiento de la feminidad tradicional no ha dejado de acentuar la desvalorización de funciones importantes para la convivencia humana como la familia, el cuidado y atención de los hijos y de otros familiares, etc.

Al nivel de la subjetividad social, aún sigue persistiendo una práctica dicotómica y sexista con respecto a lo que es entendido como lo privado y lo público, con sus respectivas devaluaciones o valorizaciones según el caso.

Junto al cambio que se opera en una serie de aristas en el desempeño de los roles de género, también se aprecia cierta parálisis en otras, coexistiendo una contradicción entre lo que surge, permanece y caduca de indudable impacto en la vida publica y privada.

Subsiste, una sutil - y a veces no sutil - resistencia en algunos sectores y segmentos sociales a la incursión de la mujer en el ámbito público. A su vez, se sigue perpetuando la existencia de profesiones predominantemente femeninas o masculinas sin que ello sea necesariamente explícito.

Continúa viéndose con suspicacia social - en el caso de la mujer - la soltería como opción, el orgullo por la independencia y los proyectos propios.

Persiste la visión - desde lo social- del rol femenino como desventajoso, cuando se le identifica con la maternidad sacrificada, debilidad, dependencia, inseguridad y limitación intelectual y al rol masculino como privilegiado, cuando se le identifica con virilidad, fuerza, poder, independencia.

Los cambios como los señalados son vistos por el hombre como amenazantes, como el temor a la pérdida de la identidad. Las mujeres exigen ahora más receptividad, respeto y expresividad por parte de los hombres, buscando a la vez independencia y suficiencia externa. Los hombres, claros de los requerimientos femeninos, comienzan a vivenciar la ternura como valor, abriéndose a nuevos espacios hasta entonces para ellos.

Lo cierto es que, para estos cambios no solo no están preparados la mayoría de los hombres, sino tampoco la mayoría de las mujeres, quienes continúan polemizando entre una identidad con la cual no están conformes pero que no tienen fuerza de abandonar y una identidad nueva que les asusta y aún no logran entronizar definitivamente. La redimensión urge en mujeres y hombres, en la cultura, en la sociedad y en las políticas para aliviar las contradicciones que ocasiona el cambio y la transición.

¿Quiénes podrán arriesgarse al desafío de la opinión social y del malestar del propio conflicto interno que entraña romper con la cultura sexista?

Muchas polémicas pretenden hallar solución a partir de la apertura a espacios sociales a las mujeres o domésticos a los hombres, sin profundizar en la real dimensión de la identidad femenina y masculina.

Si las mujeres cambian desde el referente masculino, sin crítica y redimensión de lo tradicionalmente asumido, lo que logran es una sobrexigencia, culpa, sobrecarga y costo psicológico, desde no resolver dialécticamente el conflicto entre lo asignado y asumido.

Desde mantener, las aristas más psicológicamente profundas y afectivas de éste fenómeno, sin redimensionar ambas representaciones y asignaciones de desventajas y ventajas para uno u otro género, no es posible una movilidad de esencia, un real progreso en este sentido, alcanzándose más bien un pseudoprogreso.

No se trata de imitar a los hombres lo cual reeditaría la polémica desde otro ángulo, sino legitimarnos y relacionarnos con ellos desde la equidad. Las mujeres lograran una real transformación en la medida que logren hacerlo desde sí mismas, desde afirmarse como mujeres y seres humanos de este tiempo y alcancen una mirada constantemente crítica de los anhelos de igualdad que les posibilite a la vez actuar consistentemente con respecto a dichas ideas. Mujeres y hombres necesitan redimensionar sus roles desde sí mismos y no desde el otro u otra.

Desde insistir en la dicotomía y la competitividad entre los géneros, se retorna al punto inicial, a un cambio parcial, al desencuentro hombre - mujer, a pesar de las posibilidades económicas y sociales contemporáneas.

En tránsito por el 2000...

Se trata entonces, de integrar en cada uno lo diferente, de buscar lo masculino en lo femenino y viceversa, de integrar al sujeto en una articulación más totalizadora que posibilite el encuentro entre personas y no entre guiones preestablecidos que enfrentan y hacen rivalizar y que perpetúan la parcialidad, disociación y polarización.

Al parecer, no quedan grandes dudas de que se producirá un mayor acercamiento e imbricación entre lo masculino y lo femenino y con ello nuevos modos de encontrarse hombres y mujeres en lo privado y lo público.

La noción de supremacía del varón y de inferioridad de la mujer es injusta e intolerable en un mundo que intenta promover una conciencia de mayor dignidad personal y democracia. Los cambios que necesitamos seguir promoviendo inducen a desmontar el sexismo, el poder basándose en el género, la masculinización de la cultura, la noción de que lo humano es lo masculino, lo público y lo femenino, lo invisible y privado.

La tarea de la reivindicación y conquista de la dignidad femeninas resulta insoslayable en el camino de lograr la legitimación cada vez mayor de su espacio en el ámbito público. Sin embargo, se impone, además, repensar la masculinidad y la feminidad. En ello resulta imprescindible la distribución de funciones de género según diferencias personales y no genéricas así como la alternancia de género en cuanto a lo privado y lo público.

En el ámbito privado el tema transita por la construcción de una vida de pareja en la cual se comparta en lugar de competir, en la que se estimule y apoye en el crecer personal, en lugar de anularse o diluirse la una en el otro o viceversa, en que se defiendan los espacios personales y de pareja, en lugar de la dependencia emocional.

Las liberaciones son lentas, se alcanzan retos pero están aún pendientes otros como lo es la autonomía afectiva de hombres y mujeres. Va produciéndose un proceso en el cual coexisten y luchan valores muchas veces contrapuestos, lo que representa una movilidad hacia nuevas maneras de configurar la vida privada.

Aparece como impostergable la superación de dicotomías masculino - femenino, privado - público lo que posibilitaría extraer los sentimientos, pensamientos y desempeños humanos de estancos estereotipados o privativos de uno u otro género.

Las exclusiones, los estereotipos, solo nos sitúan en un ajuste forzoso a un molde inoperante, pues la realidad es diversa, plural, dialéctica, cambiante.

Esto no solo requiere de transformaciones en la subjetividad individual, sino también social. Requiere de la feminización de la sociedad y la cultura, de la justa valorización de lo doméstico, de lo privado, del trabajo no remunerado, del cuidado y educación de los hijos, de la atención a los miembros de la familia, de la transmisión y contención de los afectos, para que éste no siga siendo el espacio siempre olvidado y depreciado por los hombres y ahora el abandonado por las mujeres, con las consecuencias que para el desarrollo humano y social podría traer, sino para que mujeres y hombres nos integremos a él de modo más fácil, comprometido y democrático. (Martín, E. 1995)

También reclama continuar concibiendo y promoviendo políticas sociales y de desarrollo que contribuyan a una integración menos conflictiva de la vida en este sentido.

Tal redimensión al nivel de la cultura y sociedad puede contribuir a que en lo individual el varón se acerque a lo privado y lo familiar con satisfacción y valoración y no con imposición o para la complacencia hacia la mujer. Puede también contribuir a que la mujer se acerque a lo público sin culpas por alejarse de lo privado y busque su propio espacio sin tener que reeditar el modelo masculino.

"La nueva identidad de hombres y mujeres es que son igualmente personas dentro de la rica variedad complementaria en que debemos educarnos y vivir para realizarnos" (Puerto, C. 1997, p.56,) y recuperar así la pluralidad personal perdida producto de una cultura y educación machistas.

Ello apunta hacia una cultura aliviada de autoritarismo y sexismo. Hacia la creación de condiciones para la superación de la cultura androcéntrica como una de las formas más generalizadas y menos visibles del sexismo. Hacia una masculinidad aliviada de omnipotencia, donde la independencia y la fuerza no se identifiquen con el poder y la competitividad, sino que se articule con la expresividad, apertura, tolerancia al fracaso y al apoyo emocional, con la posibilidad de recuperar los sentimientos, como algo humano y de aceptar la feminidad en tanto apreciación de lo diferente, liberarse de los mitos y chantajes culturales. Apunta también, hacia una feminidad, aliviada de la dependencia y fortalecida en autoestima y seguridad, en la defensa de sus necesidades e identidad personal, en su dimensión activa, emprendedora y a la vez capaz de amar y de definir sus límites.

Las estructuras de valor de una sociedad se reeditan en los ámbitos públicos y privados que definitivamente se interpenetran. Replegar estos temas a lo privado, es enajenarlos de sus auténticas raíces y liberar a la sociedad de su responsabilidad en este sentido.

Este constituye un asunto que cada vez más tendrá que salirse del abanderamiento femenino para constituirse en un asunto de toda la sociedad.

Referencias

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Hoja de Vida

Dra. Lourdes Elena Fernández Rius.
Profesora de la Facultad de Psicología, Universidad de La Habana.
Fecha de nacimiento: 28- abril - 1955, Ciudad de La Habana, Cuba.
Graduada de Licenciatura en Psicología en 1979 y Doctora en Ciencias Psicológicas en 1994 en la Universidad de La Habana.

Imparte docencia de pregrado y postgrado en los temas: "Psicología de la Personalidad", "Psicología del joven y del adolescente", “Educación para la vida amorosa y en pareja", “Adolescencia, género y pareja”, “Personalidad, Género y Relaciones de pareja”, “Género, pareja y familia”, “Comunicación familiar”, “Investigación en pareja y familia”, “Género y mujeres académicas”, “Investigación cualitativa”

Ha impartido docencia de postgrado en el CIDEP, Veracruz, en la Universidad Veracruzana y en la Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, México, en la Universidad Nacional de Heredia, Costa Rica, en la Universidad Nacional de San Agustín, en el Hospital Psiquiátrico “Moisés Heresi” y el Colegio Prescott , Arequipa, Perú, en la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, Colombia, en "Jhon Jay College" y "Hunter College", CUNY, New York, Estados Unidos, en la Universidad de Carleton, Ottawa, Canadá.

Es profesora invitada del Master de Estudios Sociales Aplicados en la RED ALFA que coordina la Universidad de Zaragoza en España y del Diplomado de Agentes de Igualdad de Oportunidades para mujeres, adscrito a dicho Master. Ha brindado conferencias en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Universidad de Salamanca y en la Universidad Complutense de Madrid.

Posee experiencia de investigación en Relaciones de Pareja e Identidad y Relaciones de género en adolescentes y jóvenes. Subjetividad de la mujer trabajadora en Cuba. Mujeres académica. Género, vínculo y vida amorosa, así como experiencia tutorial en tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado.

Forma parte del Grupo de Orientación a la Pareja y la Familia. Coordina un programa de Orientación Psicológica para la vida amorosa y de pareja desde una perspectiva de género, colabora con la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana, pertenece a la Cátedra de Sexología y Educación Sexual, a la Sociedad Cubana de Educación Sexual, a la Sociedad de Psicólogos de Cuba.

Es autora de libros y artículos como: "Amor y amistad: un problema para investigar" "Personalidad y relaciones de pareja", "Etica, Profesión y Humanismo.", "La Etica Profesional: su expresión en el quehacer del psicólogo." "El psicólogo y la moral de su profesión: ¿qué piensan estudiantes y especialistas?" ""La ciencia, la moral y el científico." "Del sexo y el amor: ¿hablamos con los hijos”, "Sexo y amor hacia el 2000”, “Roles de género. ¿Feminidad versus masculinidad?", "Amor, sexo y el fin del milenio", “Roles de género y Relaciones de pareja “, “Mujeres académicas, conflictos de roles.”

Ha participado en numerosos eventos científicos nacionales e internacionales.

Notas

(1) III Congreso Internacional Multidisciplinario sobre Mujer, Ciencia y Tecnología. Universidad de Panamá. 27, 28 y 29 julio del 2000.

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