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Construcción de la Democracia y la Paz desde la Universidad
Una propuesta para orientar las relaciones de la universidad con los distintos sectores de la sociedad

Manuel González Ávila(1)

Primer Seminario Sobre Voluntariado Universitario. Programa EPSUM. Dirección General de Extensión Universitaria. Guatemala, 28 de marzo de 2001.

Los puntos de partida en el cambio universitario

Los acelerados cambios que ocurren en el mundo y la firma de los Acuerdos de Paz han generado un sinnúmero de preguntas cuyas respuestas son necesarias para orientar la sociedad guatemalteca y sus instituciones. Para las que corresponden a las instituciones universitarias, algunas de las más pertinentes son éstas:

¿Qué características de ciudadano y sociedad deseamos para Guatemala?

¿Qué tipo de sociedad esperamos construir los guatemaltecos y qué relaciones deseamos tener con el resto del mundo?

¿Para los universitarios cuáles son los retos que plantea el subdesarrollo social, político, educativo, científico y tecnológico de Guatemala?

¿Cómo afectan los cambios mundiales de orden económico, político y cultural a las condiciones de vida y el futuro de los guatemaltecos?

¿Puede decirse que el conjunto de los Acuerdos de Paz es la base de un proyecto de desarrollo para el país? ¿Si ello es así, se han conversado los acuerdos suficientemente entre los guatemaltecos para poder realmente llevar sus contenidos los a la práctica? ¿Qué mecanismos se han abierto o habrá que abrir para canalizar las opiniones de los ciudadanos y buscar la legitimación de las decisiones sociales relacionadas con dichos acuerdos?

¿Qué podemos esperar los guatemaltecos de la firma de los acuerdos si persiste la imagen de que logramos hacer importantes documentos y, sin embargo, continuamos con las mismas actitudes excluyentes y valores de siempre? ¿Sirve de algo el proceso si no hay un cambio cultural fundamental? ¿Pueden hacerse los cambios necesarios en la universidad para acercarla a sus fines si no es dentro de procesos que apuntan a la paz y la democracia?

¿Cuáles son los valores que subyacen en las conductas de los universitarios? ¿Son esos valores los más coherentes con la construcción de la paz y la democracia? ¿Cuáles pueden ser los valores de una nueva Universidad coherente con la Sociedad y consigo misma? ¿Cómo se aprenden y enseñan las actitudes y valores democráticos que demandan los retos actuales?

¿Es cierto, como se ha dicho, que la única manera de alcanzar la paz es resolver las desigualdades económicas y sociales, así como respetar los derechos humanos y favorecer la democracia? ¿No se necesita una nueva forma de entender y practicar la democracia? ¿Fuera de los discursos demagógicos y las frases aprendidas superficialmente, qué es la democracia en esencia?

Todas estas preguntas contienen retos para el movimiento universitario de Guatemala. Las respuestas a la mayoría de ellas exigen modificaciones en los procedimientos usuales de la vida universitaria. Las respuestas que paulatinamente encontremos a ellas y las acciones coherentes junto con el resto de los sectores sociales podrían marcar un importante punto de inflexión en la historia de Guatemala.

Guatemala entre la globalización y la posguerra

Guatemala continúa siendo un país con profundas desigualdades. Las manifestaciones más graves de la desigualdad son la pobreza, las deficiencias educativas, los índices de salud y enfermedad, las relaciones excluyentes interétnicas y de género, el escaso desarrollo democrático en las organizaciones de la sociedad civil, los partidos políticos y las instituciones del Estado, la depredación de medio ambiente, y otras. A todo ello hay que agregar la pervivencia de una cultura de agresión y una desvalorización generalizada del ser humano que tiende a ver a éste como un medio o un consumidor. Una compilación reciente de algunos temas relacionados con este punto puede verse en la obra “Guatemala: Las Particularidades del Desarrollo Humano”, volúmenes I y II(2). El punto más serio es que la dirigencia de Guatemala, al igual que la de muchos países del resto del mundo, cultiva y vive un estilo de civilización que estimula la desigualdad aun cuando demagógicamente diga lo contrario. Las desigualdades sociales crecen en Guatemala, así como también crecen las desigualdades entre los países del Norte y los del Sur.

Los retos para el movimiento universitario guatemalteco vienen entonces desde las condiciones de vida que tenemos en el país y las presiones que de distintas naturalezas –con las correspondientes conexiones internas -- que nos llegan desde el exterior. Ambas fuerzas obligan a la reflexión y a introducir modificaciones en la vida universitaria.

Aun cuando los Acuerdos de Paz contienen únicamente los resultados de las negociaciones realizadas entre los adversarios del enfrentamiento armado de Guatemala -- los acuerdos fueron negociados en secreto entre las dos partes --, representan lo más cercano a un proyecto nacional que este país ha logrado realizar. Sin embargo, la participación tan sólo periférica de la sociedad civil durante las conversaciones y negociaciones debe ahora buscar mecanismos idóneos para legitimar los acuerdos. Es cierto que los Acuerdos de Paz han logrado expresiones de apoyo generalizado en los medios de comunicación y en publicaciones de muchas organizaciones e instituciones. Raramente se sabe de alguien que se manifiesta en contra de ellos. Pero eso no significa que la sociedad los conozca en todas sus implicaciones, que los haya hecho suyos o que los ha adoptado como propios con el compromiso de realizarlos.

Es preciso legitimar los Acuerdos de Paz como una base para diseñar y construir el país de nuestros hijos. Es valioso reconocer, por lo tanto, que constituyen una oportunidad para dejar el conformismo y la autoexclusión. Esa oportunidad es lo insustituible de los acuerdos. Esta es una condición que podemos aprovechar en las universidades para enfocar nuestra responsabilidad y nuestras acciones. Nosotros, como instituciones universitarias, tenemos por delante la tarea de estudiar, comprender y practicar los mecanismos y los métodos fundamentales de la democracia para impulsar los Acuerdos de Paz. Aquí no cabe el autoritarismo, el paternalismo y la demagogia, sólo las relaciones humanas en el marco del respeto. Esto hay que aprenderlo y enseñarlo.

Para Guatemala, a los tanteos y aprendizajes propios de las condiciones de la paz formal y la democracia incipiente, se suman los desafíos de los procesos de globalización o mundialización desde una posición de desventaja. Globalización es un concepto que se está convirtiendo en un mito que parece imponerse fatalmente. Se nos dice que la globalización es algo inevitable. Escuchamos a nuestros hijos tararear canciones de moda en varios idiomas extranjeros. De repente, tenemos acceso a una supuesta unidad mundial que democratiza el consumo, una supuesta igualdad humana por el hecho de que todos podemos ahora consumir las mismas cosas sin salir de nuestro país. A veces nos sorprendemos a nosotros mismos observando programas televisivos elaborados en otro idioma, en otro continente, o realizando búsquedas de temas de nuestro interés en Internet. Desempacamos un aparato electrodoméstico norteamericano hecho en Singapur, con instrucciones de uso en 8 idiomas.

Un autor define la globalización como un conjunto de procesos económicos capitalistas que han llevado a la integración de megamercados regionales cuya dinámica implica el impulso de procesos de desnacionalización y transnacionalización de las relaciones entre el capital y el trabajo(3). Otro, haciendo referencia a los cambios estructurales recientes en el mundo que han dado lugar a tanta concentración e intensidad del capital en tan pocas naciones y tan minoritaria población, señala la desmaterialización creciente de la producción: cada vez se requiere menos materias primas por unidad de productos, lo cual se manifiesta en la tendencia a la caída de los precios reales de las principales materias primas, la mayoría productos de exportación del Tercer Mundo. Después de subrayar la cada vez mayor acumulación tecnológica basada en el conocimiento, el mismo autor indica que la automatización y robotización de la producción provoca que el trabajo pierda valor relativo frente al capital. Ambos procesos provocan un deterioro permanente y estructural del valor relativo de las ventajas comparativas del Sur en la producción y el comercio mundial. Y agrega que estos fenómenos coinciden con una transnacionalización y globalización del sistema de producción, financiamiento y comercialización que permite por primera vez la posibilidad de un mercado global, un sistema de mercado del que no se puede prescindir ni marginarse, incluso para aquellos países con más capacidad de autarquía(4).

No todos ven peligros en los procesos de globalización. Un autor de los que está más claramente adscrito a la ideología neoliberal, en un documento señalado sus colegas como "más optimista que muchos de los otros miembros" de su Instituto de Globalización y la Condición Humana en la Universidad de McMaster, enfatiza sobre las ramificaciones “homogenizantes y civilizantes” de la globalización en el campo de la cultura. Hace destacar las relaciones entre la globalización económica, la amenaza que presenta a la noción tradicional de soberanía nacional y las perspectivas para el desarrollo de la sociedad civil, el Estado de Derecho y el gobierno democrático. Indica, además, que como resultado de la globalización económica, estamos presenciando la aparición de una nueva forma de capitalismo, cualitativamente diferente del capitalismo del laissez-faire del siglo XIX y el capitalismo dirigido del siglo XX. Este autor aplaude el efecto positivo de la globalización en la promoción de la democracia a escala global(5).

En las muchas concepciones disponibles sobre la globalización, el común denominador parece ser de que se trata de un proceso que hace a la distancia geográfica un factor de importancia cada vez menor en el establecimiento y sostenimiento de las relaciones económicas, políticas y socioculturales de larga distancia y que no respetan fronteras.

Aunque algunos fijan los principios de la globalización en la década de los 80, otros hablan de hace varios siglos y hasta del nomadismo de los primeros miembros de la especie humana. Es claro que la diseminación de personas, productos, experiencias, culturas, símbolos, y sus efectos, han tenido lugar desde hace mucho tiempo. Hoy día la aceleración globalizadora generada por la innovación tecnológica (flujo de capitales a la velocidad de la luz, informática en la propia casa, Internet, tecnología de las comunicaciones) y la hegemonía de la ideología neoliberal es un perfecto ejemplo del principio de que “si los seres humanos definen situaciones como reales, tales situaciones se vuelven reales en sus consecuencias”.

Las consecuencias y las respuestas de los pueblos ante ese proceso son también variadas y entrelazadas entre sí. El movimiento del poder desde los gobiernos y los estados hacia las corporaciones transnacionales ha reducido el significado de las fronteras territoriales y ha producido una nueva comprensión de la geografía del poder en el mundo. Este ha pasado a corporaciones menos susceptibles a los mecanismos de deducción de responsabilidades y de dar cuentas. El punto importante aquí es que el neoliberalismo puede verse como una de las causas importantes de la globalización junto con el desarrollo tecnológico, pero eso no significa que todas las consecuencias de la globalización encajan en la agenda neoliberal. Las consecuencias siguen al hecho de que las tareas tradicionales de los estados se cumplen cada vez menos al transformarse de guardianes de bien público nacional a guardianes neoliberales del capital internacional privado. Los gobiernos limitados a una jurisdicción territorial han perdido autoridad porque las fronteras funcionan cada vez menos(6).

Las presiones económicas y culturales desde hace varios decenios han llevado a varios de nuestros países a un consumismo que dice “lo quiero todo”, a un empobrecimiento deshumanizado, a violencia e inseguridad, corrupción e impunidad. Vivimos un individualismo grosero y una moralidad que aplaude el fusilamiento y cierra los ojos ante actos de barbarie. Con sólo abrir el periódico --y muchas veces en los mismos ambientes universitarios-- nos encontramos con expresiones inequívocas del deseo de dominar con abuso, así como las actitudes que de otras maneras minan la construcción democrática. Alguna de estas actitudes se manifiestan en la búsqueda del privilegio, la adulación, la corrupción, las prácticas de política sectaria, la componenda política en las elecciones de autoridades y representantes...

En nuestro país, rara vez se reconoce que la pobreza degrada a toda la sociedad, es fuente de inestabilidad, amenaza la paz. Persiste el descontento de mayorías y problemas en las relaciones interétnicas, pero esto parece ajeno a los dirigentes. El ciudadano común se siente victimizado e incapaz de tomar acciones.

Las conflictivas y contradictorias consecuencias de este proceso pueden demostrarse en los distintos órdenes. Se ha incrementado el déficit social, el déficit democrático, el déficit de seguridad y el déficit ambiental. Pero hay respuestas de los pueblos ante la globalización de imágenes y valores norteamericanos y europeos. Comunidades enteras refuerzan sus propias raíces e identidades locales. Exploran emociones y valores espirituales, demandan descentralización del poder.

El argumento de la coherencia de la Universidad con el contexto social y su época

Algunas de las acciones concretas que han sido mencionadas ordinariamente como propuestas para introducir los cambios necesarios en las universidades latinoamericanas son, entre otras, la actualización de los temas caducos, la incorporación de nuevos temas y cursos, la creación de nuevas carreras y la modificación de las carreras que han caído en incoherencia o falta de impacto. En Guatemala hay ejemplos concretos que dejan ver necesidades de ajustes universitarios en relación con administración, mercadotecnia, bioingeniería, bioenergética, derecho consuetudinario, ingeniería genética, informática y robótica, filosofía, lingüística, geología, ciencias de la educación, paz y democracia, políticas de desarrollo, derechos humanos, seguridad ciudadana, por mencionar algunas. En un sentido probablemente más inclusivo la Universidad requiere de una nueva definición de sus políticas educativas, de investigación y extensión para encontrar una mayor coherencia con respecto a las condiciones del medio nacional y las presiones y oportunidades del ambiente internacional.

Para orientar sus acciones frente a un futuro deseable y posible, la Universidad muy especialmente necesita una redefinición de sus funciones con la percepción de la realidad local y el contexto global. Pero a la vez, para ese futuro y para el presente, el país necesita que la Universidad muestre caminos para el ejercicio cotidiano de la democracia. El por qué y cómo hacerlo en un medio que por mucho tiempo ha sido antidemocrático. Para ello la Universidad necesita empezar por sí misma.

El argumento político-formal

El Art. 82 de la Constitución Política de la República menciona las principales responsabilidades de la Universidad de San Carlos con respecto al Estado: señala que la Universidad de San Carlos de Guatemala es una institución autónoma con personalidad jurídica. En su carácter de única universidad estatal le corresponde con exclusividad dirigir, organizar y desarrollar la educación superior del Estado y la educación profesional universitaria estatal, así como la difusión de la cultura en todas sus manifestaciones. Promoverá por todos los medios a su alcance la investigación en todas las esferas del saber humano y cooperará al estudio y solución de los problemas nacionales.

Una ética global y una imagen dialogada de calidad académica

Ante todo no hay que olvidar que la construcción de la historia es un producto humano, no es casualidad ni se da porque sí o porque así son las cosas. Requiere esfuerzo, aprendizaje y diálogo auténtico. El objetivo es levantar las acciones solidarias, estar y hacer juntos, ensanchar las lealtades grupales, educarnos para las responsabilidades colectivas y actuar para transformar las macroestructuras mundiales. Se trata de entender que el bien propio y el común están representados por la existencia del otro que también es un interlocutor válido y que la realización de esa existencia mía con el otro requiere condiciones del espíritu (valores, símbolos) y de acción (instituciones políticas y medios económicos)(7).

El problema es dual: el qué y el cómo. La mayor parte de los compromisos de los Acuerdos de Paz de 1996 en Guatemala, y casi todas las iniciativas para introducir cambios en la Universidad se refieren al qué. Con seguridad, sin embargo, la construcción de una cultura democrática (pues es la cultura con todo lo que ella implica: comunicación, estructuras y relaciones políticas, actitudes observadas en la práctica social, donde se hace concreta la esencia de la construcción democrática) necesita del aprendizaje y el ejercicio de nuevos métodos y formas de relación. Por lo tanto, y no obstante nuestras costumbres y tendencias a proponer los qués, parece ser más importante la definición de los cómos. Por ejemplo, a pesar de la gran trascendencia que puede tener la modificación de los organismos que dirigen la Universidad, la forma como habrán de tomarse las decisiones para ello determinará en gran medida las prácticas subsiguientes. Si es autoritaria, su marca continuará en las prácticas posteriores. Si, por el contrario, es abierta, incluyente, plural y respetuosa de las percepciones, necesidades e intereses ajenos, esas características quedarán grabadas en las mentalidades y costumbres institucionales.

Consideremos por un instante los cambios tan fundamentales que podemos tener en la vida universitaria si incorporamos la reflexión y una nueva práctica referida al cómo en los procedimientos universitarios: los de aprendizaje, investigación y extensión, así como también en los de selección de autoridades y representantes. Sería otra la voz universitaria ante los acontecimientos que vive el pueblo y ante las acciones del gobierno, ante la corrupción, la impunidad y el egoísmo de muchos líderes sociales, ante la indiferencia y la complicidad ante el abuso y la violencia. En ese sentido, esta presentación reúne algunos pensamientos sobre dos aspectos, la cultura institucional y el diálogo, que son dos aspectos que consideré importantes para la reflexión sobre la Universidad y su contribución al país porque son puntos cuya comprensión facilita el involucramiento o el compromiso personal en cambiar el statu quo y para promover avances en la calidad académica.

La cultura institucional o las fuerzas invisibles en la Universidad

La cultura institucional puede entenderse como el conjunto de manifestaciones que responden a identidades, creencias, valores y mentalidades; son actitudes, reglas y costumbres que se enraízan en una institución, la caracterizan y la distinguen de otras instituciones similares. La cultura institucional no es evidente; para entenderla es necesario aguzar nuestra observación sobre ella y estudiarla. Puede pasar desapercibida para el ojo desprevenido. La inconsciencia sobre la cultura que practicamos nos impide ver más allá de nuestro pequeño entorno, dificulta visualizar las posibilidades. Por esto, la inconsciencia de la cultura que practicamos limita la iniciativa y la creatividad. La situación actual puede ser aceptada por cada uno de nosotros como que las cosas “son así”, sin darse cuenta que estamos en medio de una crisis precisamente porque estamos en esa crisis. La cultura institucional involucra una "atmósfera" o ambiente que condiciona la iniciativa, la creatividad y las relaciones entre las personas y, por lo tanto, afecta la calidad académica y el proceso democrático que en última instancia es una forma de relación entre las personas.

Como parte de su cultura propia, la Universidad guatemalteca ha cultivado una actitud que margina la reflexión y la duda. Todo el mundo parece tener certeza. Una incuestionable fe en mi verdad. Valoramos la aparente claridad de las ideas y exposiciones lo cual muchas veces esconde bien extendidos dogmatismos y autoritarismos.

Los primeros pasos en la dirección correcta pueden esperarse en la duda y la pregunta. No puede haber una contribución real si la crítica se enfoca desde nuevas (o viejas) posiciones dogmáticas como lo hemos visto recientemente por la prensa en pronunciamientos sobre la Universidad de San Carlos. Los momentos actuales del país necesitan preguntas inteligentes, no respuestas preelaboradas, esquemáticas o dogmáticas, las que vienen a ser imágenes en espejo, a veces del signo opuesto y otras veces del mismo signo que las imágenes que vemos en la vida política del país.

La información y el conocimiento son valiosos, no hay duda de eso. Por mucho tiempo las universidades han cultivado el conocimiento. Sin embargo, para propiciar cambios sociales o institucionales necesitamos conocimiento y algo más. Necesitamos opiniones razonables, valores, actitudes, decisiones, propuestas y acciones. Necesitamos propuestas y acciones con una ética coherente. Tenemos experiencias que respaldan la noción de que para gestar iniciativas o, más modestamente, para propiciar aceptaciones auténticas, el conocimiento no es suficiente. Para eso, es necesario tocar lo que en nuestro interior es del mayor valor y las preocupaciones más profundas nuestras y de los demás.

La cultura institucional puede ser un campo inicial de acción en la estrategia de transformación, pero también puede constituir un formidable obstáculo si no se comprende su importancia.

El diálogo, el conocimiento y la lógica en la calidad académica

Si vamos a construir una coexistencia cívica y la democracia, es necesario partir de la creación de espacios en donde practicamos procesos democráticos genuinos y no los que aparentan serlo porque simplemente usan el voto y la encuesta. Es necesario crear espacios de búsqueda y deliberación superando la concepción de que la lucha política consiste en campos de batalla de intereses particulares o sectarios. La creación de espacios democráticos presupone un cuestionamiento crítico a sí mismos; significa partir de la perplejidad, la confusión y la duda para poder llegar a la reflexión, al diálogo y, cuando hablamos de la construcción de un proyecto nacional, para llegar a la internalización de la democracia. Esto implica llevar la democracia desde la discusión demagógica fuera de mí o de mis responsabilidades hacia mi propia práctica cotidiana con otros individuos y grupos. Esto exige más diálogo que lógica porque lo que se espera es un producto moral y político, no únicamente conocimiento.

Por supuesto que la internalización de la democracia no puede tomar la forma de una nueva doctrina cargada de dogmas y ritos porque sería contraproducente: a todas las desconfianzas mutuas se agregarían otras. Lo que buscamos entonces es una nueva ética, un nuevo estilo, un nuevo espíritu en nuestra práctica.

La persistente búsqueda de la calidad académica es esencial en una institución universitaria. La discusión de este tema remite a la Universidad a sus principios y sus fines, por lo cual no tiene sustituto. Ya sea que se dé el caso de que coexistan varios criterios sobre la calidad académica o que se exprese intolerancia hacia algunos de ellos, lo importante es que las controversias sean discutidas. Es necesario someterlas a un proceso dialogado de reflexión, por cuanto se refieren a un tema fundamental de las instituciones educativas y el diálogo puede ayudar a aclarar algunas de las falacias y dogmatismos. Esta es, entre otras, una buena razón para buscar la más amplia participación posible en un proceso de cambio educativo. De manera que si la intención es provocar cambios que tengan importancia institucional, la estrategia general del cambio habrá de pasar por periodos de discusión que permitan encontrar las diferencias y los puntos de convergencia con respecto a lo que la Universidad debe ser y hacer.

La deliberación sobre los problemas de naturaleza ética y moral es esencial para estimular cambios favorables en la calidad académica. Ese diálogo es el principio obligado si respetamos la finalidad de hacer una construcción compartida de la institución. Más bien, sin esa discusión todo intento de cambiar favorablemente algo fundamental en el aspecto académico parece destinado al fracaso. No tiene sentido.

Nuevos procedimientos para tomar decisiones y acciones

Para construir una nueva ética, un nuevo estilo, un nuevo espíritu en nuestra práctica necesitamos aprender nuevos modelos de aprendizaje, de relación con los demás, de interacción con las autoridades y líderes, de hablar, de decidir y actuar. Esto lleva a la necesidad de impulsar también nuevas formas de organizarse. En síntesis, estamos hablando de nuevas formas de relacionarse y de búsqueda de la realización como individuos y ciudadanos. Esto es una forma de hacer política muy distinta de la que estamos acostumbrados a ver y que necesita del concurso de todos los que confiamos en la naturaleza humana.

Algunos de los principios que debieran regir la orientación de los nuevos programas universitarios, ya sean de adentro o de fuera de los recintos universitarios, pueden ser estos(8):

Propuesta: el diálogo genuino

La democracia requiere una ciudadanía deliberante. Esto requiere a su vez, foros en los que se estimula la deliberación. Pero qué ha pasado con los foros en el país y la Universidad. No han desaparecido totalmente pero evidentemente los olvidamos o hubo iniciativas concretas para reducirlos al mínimo.

Dos lugares idóneos para ejercer el diálogo público son las instituciones educativas y los medios de comunicación. Pero de varias maneras los dos se han convertido en enemigos del diálogo. Los medios, especialmente la televisión, presentando un desfile de cabezas parlantes que nos inundan de trivialidades y juicios de “expertos” que para colmo de males llenan los tiempos de transmisión con valores culturales ajenos y la defensa oficiosa de figuras de la política tradicional. Por otro lado, las escuelas y universidades parecen tener la intención de despojar a las nuevas generaciones de su voz cívica y política para hacerlos espectadores mudos del drama nacional.

¿Cuál es la propuesta? Es incorporar más diálogo genuino a nuestra cultura, en nuestra actividad diaria dentro y fuera de la universidad, en los ambientes cotidianos de nuestros salones de clase y en la interacción con las comunidades. El énfasis está en lo genuino, en las condiciones y características en que se hace el diálogo, en la identificación y eliminación de las subordinaciones que se dan o se buscan en otras formas de hablar tales como el debate. El objetivo del diálogo no es persuadir de nada a otros. La persuasión implica una arrogancia que no construye socialmente. Tampoco es el intercambio basado en las aclaraciones – cátedra y anticátedra --, otra forma de arrogancia más propia de quien pontifica ante ignorantes que de quien busca acuerdos. El diálogo es indagar qué hay en las mentes, qué preocupaciones e intereses mueven a las personas, sabiendo de antemano que cada individuo tiene su propia y singular identidad y cosmovisión, aun cuando en muchos aspectos comparte con otros esa identidad y cosmovisión. ¿Cómo podemos encontrar lo que es común en medio de esa diversidad? Con más diálogo. En el foro público que permite expresar no sólo lo que yo pienso, sino lo que pensamos nosotros. Así es como se crea un mundo público, una comunidad. Una advertencia: tengamos presente que ese esfuerzo siempre quedará inconcluso porque es proceso sin fin, continuo. Pero sin él no hay principio.

De varias importantes formas, la deliberación es el primer paso para pensar y actuar con una nueva ética. Cuando se hace sobre los propósitos de la educación y la ciencia en la Universidad, es la reflexión dialogada sobre la naturaleza de la democracia que, a su vez, levanta preguntas sobre lo que entendemos como ciudadano, público, política, paz, construcción democrática, poder con solidaridad. Indaga sobre la realización de nuestras potencialidades como personas y nuestro futuro como nación.

Referencias

(1) Profesor e Investigador, Departamento de Educación, Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

(2) Guatemala: Las Particularidades del Desarrollo Humano. Volúmenes I y II. Compilado por Edelberto Torres-Rivas y Juan Alberto Fuentes K. F & G Editores. Guatemala. 1999

(3) Mario Roberto Morales. En las redes del neoliberalismo. Azacuán. Guatemala. Julio-Agosto, 1998

(4) Xabier Gorostiaga. Comenzó el siglo XXI. El norte contra el sur. El capital contra el trabajo. Ponencia. Congreso Latinoamericano de Sociología. La Habana. Mayo, 1991

(5) Gary B. Madison. Globalization: Challenges and Opportunities. Globalization Working Papers. 98/1. http://www.humanities.mcmaster.ca/~philos/mad.htm

(6) Ruud Lubbers and Jolanda Koorevaar. The Dynamic of Globalization. Seminar. Tilburg Uiversity. November, 1998.

(7) Vicencs Fisas. Una comunidad con una ética global. En: Cultura de Paz y Gestión de Conflictos. Ediciones UNESCO. París, 1998 e Icaria Editorial, Barcelona, 1998

(8) Lourdes Lara y Manuel González. CAPEDCOM, Puerto Rico y Universidad de San Carlos de Guatemala. Febrero, 2001.

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