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Las lógicas de la ciencia y la tecnología en el contexto de la gobernabilidad democrática

Jesús Sebastián*

Artículo publicado en el número monográfico sobre "Ciencia y tecnología para una gobernabilidad democrática" de Cadernos de gestâo tecnológica. Nº 47 NPGCT. Universidad de Sao Paulo. Brasil. (2000). Pp: 8 - 23

*Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC).
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). España.

Resumen

Existen numerosos ángulos desde los que se pueden analizar las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la gobernabilidad. Sin embargo, en pocas ocasiones se ha abordado el análisis de las lógicas que participan en estas relaciones, quizá porque se ha considerado que pertenecen a esferas muy diferentes, tanto por sus contenidos como por sus actores. La cuestión principal no está en las relaciones entre la ciencia y la tecnología, cuya caracterización ha ido evolucionando con el tiempo hasta que la ciencia y la tecnología han llegado a converger en numerosos campos en un ámbito prácticamente único, sino en la vinculación con la gobernabilidad. A su vez, la cuestión no es tanto la existencia de las vinculaciones, como el reconocimiento y la valoración de las mismas por parte de las cúpulas políticas.

Existe un reconocimiento tácito, que está explícito en todos los discursos políticos modernos, del valor del conocimiento y del poder de la tecnología. Sin embargo, cuando se pasa a la acción y a la adopción de prioridades, la investigación científica y tecnológica quedan relegadas en numerosos países en un ámbito sectorial periférico sin mayor importancia. Existen puentes conceptuales y reales que se han ido tendiendo y que pueden considerarse como una aproximación hacia una integración del sistema científico técnico, con sus propias lógicas, con el conjunto del sistema social. Expresiones como ciencia y tecnología para el desarrollo, ciencia y tecnología para la competitividad, ciencia y tecnología para la calidad de vida, encierran el reconocimiento de interrelaciones e impactos.

La construcción del puente entre la ciencia, la tecnología y la gobernabilidad requiere comprender bien las lógicas de esta última, no solamente en el ámbito local y nacional, sino también en su dimensión internacional y mundial.

En una primera aproximación se deberá consolidar el papel instrumental de la ciencia y la tecnología como proveedor de conocimientos y tecnologías para favorecer la gobernabilidad, es decir para favorecer la democracia, equidad, seguridad, cohesión social y bienestar del conjunto de la sociedad. Probablemente, más que un puente, la meta a la que habría que aspirar y el marco lógico que habría que construir es considerar la ciencia, la tecnología y la gobernabilidad más que como un triángulo, como círculos concéntricos que se contienen unos a otros.

El eje ciencia-tecnología-gobernabilidad

El objetivo de este artículo es determinar los elementos y argumentos que permiten caracterizar un eje que enlace la ciencia, la tecnología y la gobernabilidad, configurando un espacio de interacciones, compromisos y responsabilidades entre los actores implicados en los procesos de generación de conocimientos y tecnologías y en los procesos políticos que fundamentan la gobernabilidad democrática.

El eje propuesto supone un cambio cualitativo sobre el históricamente establecido entre la ciencia, la tecnología y el poder.

La profundización en el conocimiento de las lógicas que intervienen en las relaciones entre la ciencia, tecnología y gobernabilidad permite superar y ampliar los marcos conceptuales en los que se ha basado la justificación del desarrollo científico y tecnológico y abrir nuevos espacios al papel de la ciencia y la tecnología.

Las dos principales relaciones de la ciencia y la tecnología han sido, por un lado, su asociación con el desarrollo, habiéndose generado en los años 60 y 70 toda una conceptualización en las relaciones entre ciencia, tecnología y desarrollo. Posteriormente, en los años 80 y 90, el modelo económico dominante introdujo la competitividad como referencia para el desarrollo científico y tecnológico.

La ampliación de las aplicaciones e impactos de la ciencia y la tecnología, el creciente protagonismo de las demandas sociales, la profundización en los procesos de dualización social, tanto en los diferentes países como en el nivel global y los requerimientos de mayores cotas de eficacia y eficiencia en la administración de los recursos públicos, plantean múltiples oportunidades para el afianzamiento de las relaciones ciencia-tecnología-gobernabilidad. Probablemente este enfoque permite ampliar la dimensión política del desarrollo científico y tecnológico, contribuyendo no solamente a fundamentar nuevos apoyos para este desarrollo, sino también para incrementar el rigor y la eficacia en la toma de decisiones y en la acción de gobierno.

No existen muchos antecedentes que analicen las relaciones de este eje. The Office of Technology Assessment (OTA) de los Estados Unidos celebró un seminario sobre "Technology and Governance in the 1990's" en el que se abordaron aspectos sectoriales como la reducción de armamentos, el medio ambiente en el nivel global, la competitividad de la economía americana y las reformas de los sistemas de salud y la educación.

Algunos países han instaurado la participación de los ciudadanos en decisiones políticas relacionadas con la ciencia y la tecnología a través de paneles en las llamadas "Consensus Conferences".

En la Conferencia Científica de la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en 1996 en Chile y dedicada al tema "El gobierno de la ciencia y la tecnología", se avanzó en una reflexión que de alguna manera invertía el tema de la Conferencia, planteándose no solamente los aspectos relacionados con el gobierno de la ciencia y la tecnología en los países iberoamericanos, sino también los impactos de la ciencia y la tecnología en la gobernabilidad, especificándose que en el contexto latinoamericano, gobernabilidad debería ir acompañada con el adjetivo de democrática.

Las aportaciones previas y las circunstancias actuales plantean varias preguntas sobre las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la gobernabilidad, ¿se pueden estructurar en un sistema o son ámbitos independientes y no miscibles?. Ciencia, tecnología y gobernabilidad tienen, en cualquier caso, sus propias lógicas internas que condicionan sus relaciones.

Por una parte, la ciencia se asocia con el conocimiento y con un método y práctica de análisis: la investigación científica. La ciencia incluye el conocimiento de la naturaleza y de la acción del hombre y de la sociedad. Ha construido sus propias reglas y ha tendido a considerarse autojustificativa, valorando el conocimiento en sí mismo y no necesariamente asociado a su aplicación y utilidad. Sin embargo, si bien el conocimiento siempre ha sido fuente de poder, el progresivo incremento del valor económico del conocimiento científico y su implicación en los actuales procesos de innovación han supuesto un cambio radical en los modos de su producción y en su apropiación.

Los avances de la ciencia a través de la investigación científica son fundamentalmente la responsabilidad de un actor colectivo, la comunidad científica, dotada de un sistema de valores construido en buena parte a su medida y basado en el reconocimiento mutuo y la evaluación de los pares. La naturaleza de la ciencia y de la comunidad científica ha tendido históricamente a blindar un espacio dotado de cierta autonomía. Autonomía que cada vez es más limitada en función de que el desarrollo científico es cada vez más dependiente de factores externos, que están considerados en la política científica y se expresan habitualmente a través de las modalidades y procedimientos de financiamiento de la investigación.

En cualquier caso, el desarrollo de la ciencia y la cultura de la investigación científica está todavía muy influenciado por lógicas internas, encontrándose actualmente un gradiente que va desde la defensa de la libertad de investigación y del desarrollo autónomo del conocimiento científico hasta la subordinación a demandas externas, tanto para propiciar el desarrollo tecnológico como para la satisfacción de las demandas sociales.

La tecnología se asocia con la aplicación del conocimiento y con el dominio de procedimientos y técnicas con una base científica o empírica, situados en la base de la producción de bienes y servicios. Se justifica por su aplicación y papel en los procesos de innovación y se valora, esencialmente, por su impacto económico. El dominio de la tecnología es un factor fundamental en la competitividad de las empresas y de los países, siendo una fuente de poder político, económico y militar.

La producción de tecnología no es fruto de una comunidad explícita, sino que tiene una base más amplia en la que se incluyen científicos, tecnólogos, ingenieros, industriales e, incluso, usuarios. En el desarrollo tecnológico, al contrario que en el desarrollo científico, dominan lógicas externas, sean estrategias empresariales o estrategias de políticas públicas sectoriales, especialmente en los ámbitos de la defensa, en el espacial y, en general, en las llamadas nuevas tecnologías.

Las relaciones en el binomio ciencia-tecnología han sido objeto de numerosos análisis. La interdependencia entre la ciencia y la tecnología es un fenómeno que se acelera a lo largo del siglo XX hasta converger en diferentes ámbitos temáticos. Expresiones como "cientificación de la tecnología" y "tecnificación de la ciencia", adjetivos como "precompetitiva" o "estratégica" aplicados a la investigación científica y comentarios sobre la "privatización del conocimiento", señalan una progresiva interrelación entre los conocimientos científicos y los desarrollos tecnológicos.

La convergencia se hace patente en algunas áreas como la biotecnología, biomedicina, electrónica, informática y en las relaciones entre las tecnologías de la información y la investigación en humanidades y ciencias sociales. La fusión de conocimientos científicos de la física, química, biología y matemáticas genera multitud de tecnologías horizontales que, a su vez, abren nuevos campos a la investigación científica.

En su núcleo central, la ciencia y la tecnología son espacios diferenciados con lógicas complementarias, pero existe un gradiente desde la independencia hasta la fusión que genera un espacio de interrelación y sinergia, con una lógica propia, la lógica del sistema científico-técnico (SCT). La evolución de las lógicas del SCT ha facilitado la conformación de los sistemas de innovación como expresión más avanzada de la integración de elementos científicos, tecnológicos, económicos y sociales que, generalmente, giran en torno a las relaciones bidireccionales del binomio oferta-demanda. Los sistemas de innovación incorporan la dimensión social, la sociedad como agente activo en los procesos de innovación y como beneficiaria del desarrollo científico y tecnológico. Es esta dimensión social la que permite el enlace con la gobernabilidad.

Gobernabilidad es un concepto relativamente difuso. La edición electrónica del diccionario de la Real Academia Española la define como "cualidad de gobernable", enfatizando las condiciones para el gobierno, las capacidades y habilidades para ser gobernado y las capacidades para resolver conflictos sociales.

La gobernabilidad se asocia con las relaciones entre la Sociedad y el Estado, fundamentalmente a través del poder político. Las relaciones entre la Sociedad y el Estado en un sistema democrático implican la participación de la sociedad a través de un pacto y un esquema de consenso en torno a las reglas de juego, especialmente el respeto a las Instituciones y la aceptación de las decisiones tomadas democráticamente.

La gobernabilidad democrática se fundamenta y se orienta a favorecer una convivencia en la que todos ganen a través de la libertad basada en la pluralidad y en la tolerancia, la equidad, la seguridad, tanto jurídica como de satisfacción de los derechos a la educación, la salud y las necesidades básicas, la cohesión social y el bienestar.

La desarticulación social es uno de los mayores frenos a la gobernabilidad democrática, la cual se ve amenazada por numerosos problemas que constituyen, simultáneamente, una dificultad y un reto. Los problemas son de índole social, económica y cultural, incluyendo la pobreza, la exclusión, la corrupción, la violencia y los sistemas sociales paralelos existentes en algunos países, como el narcotráfico.

Los actores implicados en la gobernabilidad son muy variados y heterogéneos. En realidad es el conjunto de la sociedad, fundamentalmente la sociedad organizada. Las organizaciones sociales constituyen los cimientos de la gobernabilidad democrática y la densidad de la red de estas organizaciones es uno de sus factores determinantes. El tejido constituido por las Instituciones públicas y privadas, sindicatos, organizaciones empresariales, medios de comunicación y todo el conjunto de organizaciones intermedias, que nuclean intereses y canalizan opiniones, es fundamental para la articulación de una sociedad democrática y para la gobernabilidad.

Junto al substrato que constituyen las organizaciones sociales, los actores responsables de crear las condiciones para la gobernabilidad democrática y del gobierno son los partidos políticos, que canalizan la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones, tanto en el poder legislativo como en el ejecutivo. La pluralidad y representatividad del sistema de partidos políticos constituye una de las claves de la gobernabilidad.

Una vez caracterizados los tres componentes del eje que se ha propuesto, se pueden analizar las lógicas que relacionan el binomio ciencia-tecnología con la gobernabilidad. La intensidad de estas relaciones es muy dependiente del nivel de desarrollo científico y tecnológico de los países.

Organismos internacionales, como el Banco Mundial y la UNESCO, enfatizan el valor del conocimiento y el desarrollo de la sociedad del conocimiento, el poder de la tecnología, como fuente de innovaciones productivas y base de los procesos de globalización y el papel del cambio tecnológico en las innovaciones sociales. La ciencia y la tecnología están en el discurso de la modernización y de la articulación internacional. Sin embargo, este reconocimiento dialéctico no siempre se traduce en políticas públicas adecuadas para la generación, difusión y uso de la ciencia y la tecnología.

En los países más desarrollados, las relaciones entre la ciencia-tecnología y la gobernabilidad puede que, en algunos casos, no sean muy explícitas, pero están presentes en el conjunto de las políticas, como consecuencia de la asimilación e internalización de la ciencia y la tecnología en las dinámicas sociales y económicas.

En 1973 en Estados Unidos se creó la Office of Technology Assessment, dependiente del Congreso para, entre otros objetivos, decodificar la ciencia y la tecnología, haciendo la información especializada más asequible para la toma de decisiones. Posteriormente, como consecuencia del crecimiento de la ola neoliberal, se cerró esta Oficina. En la Unión Europea, el Tratado de Maastrich señala la política científica y tecnológica como una política común, reconociendo el valor estratégico de la ciencia y la tecnología en la construcción del espacio político europeo y avanzando en el diseño de instrumentos que asocian el desarrollo científico y tecnológico con las demandas sociales y las prioridades políticas.

Sin embargo, en los países de menor desarrollo existe un problema de reconocimiento práctico de las relaciones entre la ciencia-tecnología y la gobernabilidad. Relaciones que tienen una doble cara. Por un lado, el papel de la ciencia y la tecnología para facilitar la gobernabilidad y, por otro, la articulación del sistema cientifico-técnico en los esquemas y políticas de gobierno. Se constata una contradicción evidente entre el discurso político, en el que suele haber un reconocimiento tácito del papel estratégico de la ciencia y la tecnología y la práctica de las políticas públicas, que raramente consideran suficientemente el desarrollo científico y tecnológico y el fomento de la innovación. Existen problemas de institucionalidad, de ubicación en el organigrama gubernamental, de articulación y de financiación. Ciencia y tecnología suelen ser una posterioridad y el papel del gobierno como motor de la innovación suele ser anecdótico.

Si se reconoce la importancia del conocimiento, del desarrollo tecnológico y de la innovación, ¿por qué no se salta la barrera de las decisiones políticas?. Probablemente los problemas están en el interior del sistema científico-técnico y en la percepción de la ciencia y la tecnología por la sociedad.

Los desequilibrios en el eje ciencia-tecnología-gobernabilidad.

La conformación de los sistemas científicos se ha efectuado en la mayoría de los países de menor desarrollo en ausencia de una demanda externa al propio sistema y, en general, la tecnología ha sido adquirida en el extranjero, a través de procedimientos desconectados con el sistema científico nacional y con escasa capacidad de asimilación y mejora como consecuencia de la debilidad de las actividades de investigación en los sectores productivos. Hay pocos ejemplos en América Latina de desarrollos científicos y tecnológicos basados en políticas explícitas relacionadas con objetivos sociales y políticos. La energía nuclear en Argentina y los desarrollos en determinados sectores, como el aeronáutico, la informática y la energía en Brasil, son algunos de los casos.

Las condiciones del desarrollo científico y tecnológico en América Latina han favorecido que los sistemas científico técnicos se hayan constituido como sistemas autónomos y poco permeables. En ausencia de políticas explícitas y de demandas externas, el sistema tiende a girar sobre sus propios intereses y reglas lo cual, en cualquier caso, tiene la ventaja de preservar una cierta infraestructura y actividad científica que constituye un activo importante para los países.

La obsesión por la autonomía de las Universidades, que se justifica en determinados contextos políticos, puede jugar también en contra de una necesaria articulación de estas Instituciones con la sociedad y favorecer una percepción por parte de ésta como Instituciones lejanas y centradas en sus propios intereses.

La percepción de la sociedad con relación al sistema científico-técnico juega un papel importante en la armonización del eje ciencia-tecnología-gobernabilidad. Existen problemas en la misma percepción de la ciencia y la tecnología, tema que requiere analizarse con mayor profundidad desde las ciencias sociales. Pese a que actualmente hay una gran cantidad de medios para la difusión de la ciencia, existe una relativamente escasa cultura y educación científica en el conjunto de la sociedad. El pensamiento científico no consigue, en general, penetrar en el pensamiento intuitivo de los ciudadanos, quienes están desconectados de sus códigos. La ciencia y la tecnología se perciben como una caja negra, que puede generar esperanzas de solución a problemas, pero también amenazas y recelos sobre sus impactos, en algunos casos poco fundamentados, pero que se asumen colectivamente y se consolidan en el tejido social.

Aún existiendo una percepción sobre la importancia de la ciencia y la tecnología, no se relaciona su desarrollo con un esfuerzo nacional, existiendo el problema adicional motivado por la falta de confianza en las capacidades propias para generar ciencia y tecnología. Se admite que la ciencia y la tecnología es fundamentalmente una actividad de los países más desarrollados e incluso la duda sobre la idoneidad del gasto en I+D por parte de los países de menor desarrollo está propagada por los fundamentalistas de las políticas económicas neoliberales.

Por otra parte, los políticos no perciben en general las demandas de la ciencia y la tecnología, conceden escasos réditos políticos a corto plazo a los gastos en I+D y no los asocian en términos prácticos con la gobernabilidad.

La consolidación del eje ciencia-tecnología-sociedad requiere la integración de las lógicas del sistema científico con las lógicas del sistema social. En los últimos cincuenta años se han establecido puentes y en algunos países se ha logrado la integración.

En los años 50 y 60 del siglo XX se llegó a elaborar un sólido marco conceptual en torno a la ciencia y la tecnología para el desarrollo. Los avances científicos y tecnológicos fueron la base de la expansión industrial y económica en los países más desarrollados y la generación de capacidades para la I+D y la transferencia tecnológica figuró entre las prioridades de la agenda de la cooperación internacional, especialmente de la cooperación Norte-Sur, liderada por los Organismos del Sistema de Naciones Unidas.

La irrupción de la competitividad como paradigma de las políticas económicas incorpora entre los fundamentos para el desarrollo científico y tecnológico el objetivo de la competitividad. Se pone el énfasis en la investigación aplicada y la innovación y adquieren una importancia creciente las empresas del sector privado como agentes activos, no simples demandantes, del sistema científico-técnico.

Un tercer marco de relaciones entre la ciencia y la tecnología y la sociedad se abre con la apreciación del objetivo de la calidad de vida como objetivo del desarrollo científico y tecnológico. Este marco incorpora la dimensión social y justifica el esfuerzo en I+D en la mejora de las condiciones de vida y el bienestar de los ciudadanos.

La sucesiva complejidad en cuanto al papel de la ciencia y la tecnología se traduce en un cambio conceptual en su institucionalización y organización. Los sistemas científicos (SC) evolucionan hacia los sistemas científico-técnicos (SCT), éstos hacia los sistemas ciencia-tecnología-industria (SCT) y éstos, a su vez, hacia los sistemas nacionales de innovación (SNI). Los SNI incorporan el concepto de innovación como un proceso social y constituyen un avance sustancial en las relaciones ciencia-tecnología-sociedad. La profundización en estas relaciones implica una progresiva dilución de la ciencia y la tecnología en el conjunto del tejido social y, probablemente, su desaparición como sistema en los países con mayor grado de madurez, al estar totalmente permeado e interrelacionado con la sociedad. La creciente internacionalización del desarrollo científico y tecnológico contribuye además a reducir el adjetivo de nacional en los sistemas de innovación.

El valor de la conceptualización de los sistemas es que facilita a los países con menor desarrollo en ciencia y tecnología una referencia para la acción de las políticas orientadas a su fomento. Es con este significado de tipo operacional con el que cabe proponer una evolución hacia un sistema ciencia-tecnología-innovación-gobernabilidad (CTIG).

El sistema ciencia-tecnología-innovacion-gobernabilidad

Los sistemas CTIG implican la consideración de la ciencia, la tecnología y la innovación como insumos para la gobernabilidad y a la gobernabilidad como motor de sus desarrollos. Implican, a su vez, la necesidad de elaborar un marco conceptual y un discurso que sea entendido por la sociedad y asumido por el poder político.

En las relaciones ciencia-tecnología-innovación-gobernabiliadad se pueden considerar tres dimensiones: primera, las oportunidades que ofrece la ciencia y la tecnología para favorecer la gobernabilidad. Segunda, las demandas que la gobernabilidad plantea a la ciencia y la tecnología y tercera, las dificultades que ofrecen la ciencia y la tecnología a la gobernabilidad.

Dentro de la dimensión de las oportunidades, la ciencia y la tecnología tienen un papel instrumental con relación a algunos de los objetivos de la gobernabilidad. Se pueden señalar cuatro ámbitos que, a su vez, encierran numerosas posibilidades de interacción.

El primer ámbito se refiere a la contribución de las ciencias sociales a la comprensión de los problemas y aspiraciones de la sociedad, así como a la conformación de una ciudadanía democrática. La contribución de las ciencias sociales es especialmente relevante para el diseño de políticas y la definición de objetivos relevantes para mejorar la integración y cohesión social.

El segundo ámbito incluye la contribución de la ciencia y la tecnología en los sistemas educativos, tanto a través de la actualización de los contenidos docentes como para la mejora de los métodos didácticos, incluyendo las oportunidades que ofrecen los avances en las tecnologías de la información, especialmente, en la educación a distancia y en el acceso a la información a través de internet. La extensión de la cultura científica y sus valores relacionados con la racionalidad, el rigor y el espíritu crítico contribuyen a las funciones del sistema educativo y a la formación de una ciudadanía activa en las innovaciones sociales.

El tercer ámbito se relaciona plenamente con la satisfacción de las demandas sociales, aspecto que está en el corazón de la gobernabilidad. Actualmente son indiscutibles las oportunidades que ofrecen el conocimiento científico y las tecnologías en los campos más relevantes desde el punto de vista de las demandas sociales, como la salud, vivienda, transporte, vida urbana, servicios públicos, condiciones de trabajo y medio ambiente. El desarrollo y utilización de tecnologías sociales tienen un impacto directo en la calidad de vida y contribuyen a favorecer la gobernabilidad.

El cuarto ámbito incluye las oportunidades que ofrece la ciencia y la tecnología en la mejora de la gestión del conocimiento y de los procesos productivos y en la innovación de bienes y servicios. El nivel científico y tecnológico se relaciona con el desarrollo económico y, en consecuencia, con los niveles de vida de la población.

Las oportunidades que ofrecen el desarrollo científico y tecnológico para favorecer la gobernabilidad, requieren políticas activas para fomentar este desarrollo, a través de las políticas científicas y tecnológicas, además de facilitar su difusión en el conjunto de las políticas públicas.

La segunda dimensión de las relaciones entre la ciencia y la tecnología con la gobernabilidad se refiere a las demandas que plantea esta última. Las oportunidades que se han descrito anteriormente constituyen ya un marco de referencia para elaborar demandas concretas. Adicionalmente, se pueden señalar cuatro tipos de demandas explícitas.

La primera se refiere a los datos científicos para la toma de decisiones y opciones políticas con menor riesgo, especialmente en temas con implicaciones tecnológicas, que a su vez tienen una creciente importancia en la mayoría de las políticas públicas, considerando tanto el papel de los Estados como promotores, como el de responsables de la regulación. Este campo se relaciona con la prospectiva y evaluación tecnológica.

El segundo tipo de demandas incluye las que se formulan para el manejo de crisis, tanto a través de la previsión y prevención, como producidas por accidentes ocasionales, especialmente en los ámbitos de la salud y del medio ambiente. Existen numerosos ejemplos de demandas explícitas de ciencia y tecnología ante grandes crisis, como las ocurridas en España con ocasión del síndrome tóxico producido por aceite de colza desnaturalizado y el derrumbe de la presa de la mina de Aznalcóllar.

El tercer tipo de demandas se relaciona con la disminución de las amenazas a la gobernabilidad. Cada país puede evaluar las principales amenazas y formular demandas de conocimientos científicos y tecnologías para contribuir a resolver problemas concretos como, por ejemplo, en aspectos como la pobreza, la inequidad, la inseguridad, la marginación, la corrupción, la desnutrición, los desequilibrios demográficos, la vida en las megaciudades y la violencia. El caso de las agendas para la ciencia y la tecnología desarrolladas por el CONICIT de Venezuela suponen una innovación importante en el diseño de prioridades científicas fundamentadas en temas relacionados con la gobernabilidad.

El cuarto tipo implica demandas de ciencia y tecnología para la propia gestión gubernamental. Desde este punto de vista, el Estado puede ser el primer agente de la modernización y de la innovación a través de su aparato organizativo y funcional.

El abanico de demandas que se han señalado muestra a la gobernabilidad como demandante explícito y usuario activo de ciencia y tecnología, favoreciendo las interrelaciones e impactos mutuos.

La tercera dimensión se refiere a las dificultades y dilemas que plantea la ciencia y la tecnología a la gobernabilidad. Se traducen en implicaciones éticas a la hora de fomentar determinados desarrollos científicos y tecnológicos como, por ejemplo, en el ámbito militar y de la biología humana y a la hora de aplicar tecnologías con fronteras difusas, como las implicaciones de la informática en la protección de la confidencialidad de datos personales. Los dilemas se plantean en un amplio rango de temas, desde los impactos de la adopción de determinadas tecnologías sobre el empleo y los modos de producción y comercialización, hasta los derivados de los costes que implican la generalización de ciertas tecnologías sanitarias y las consecuencias de la generalización de tecnologías biológicas, como la producción de plantas transgénicas.

Estas dificultades y dilemas obligan a la toma de decisiones políticas en temas donde no hay consensos entre los grupos sociales e implican retos para la gobernabilidad. Es quizá en estos casos donde, si bien los problemas vienen derivados del desarrollo científico y tecnológico, la ciencia y la tecnología son a su vez, quienes pueden ayudar a que la toma de decisiones sea más acertada, mediante la profundización en los conocimientos, la evaluación de las alternativas y de los riesgos y la adecuada definición de las prioridades en las políticas científicas y tecnológicas, aún asumiendo que en ciencia y tecnología es muy difícil poner límites, puesto que lo que se puede hacer en investigación se acaba haciendo, independientemente de las prioridades, las normas y otro tipo de consideraciones. El carácter autoacelerado del cambio tecnológico y el papel cada vez más protagónico de las empresas privadas como productoras de conocimiento y tecnologías incrementarán previsiblemente en el futuro los dilemas que la ciencia y la tecnología plantea a la gobernabilidad.

Consecuencias de la vinculación ciencia-tecnología-gobernabilidad.

La consolidación de las vinculaciones de la ciencia y la tecnología con la gobernabilidad tiene consecuencias sobre numerosos factores, como la institucionalización de las actividades relacionadas con la ciencia y la tecnología, la naturaleza de las políticas públicas para la I+D, las lógicas de la comunidad científica, la cultura política y el papel de la sociedad.

Una primera pregunta que puede formularse es sobre la adecuación de la organización institucional actual de la ciencia y la tecnología para el cumplimiento de las nuevas misiones, que plantea unas estrechas relaciones con la gobernabilidad. Existe una gran variedad en la organización institucional de la ciencia y la tecnología en los diferentes países. En la mayoría de los que tienen un alto desarrollo científico y tecnológico existe un Estado con una fuerte capacidad para la promoción y la orientación de las actividades de I+D, un conjunto de Organismos en el sector público, incluyendo las Universidades, que garantizan unas capacidades científicas y tecnológicas y un sector empresarial que genera y transfiere conocimiento y produce innovaciones. En los países de menor desarrollo, este triángulo de actores no está equilibrado y sus interacciones son débiles.

Los planteamientos que se manifiestan en este artículo implican no solamente la necesidad de articular e integrar la ciencia y la tecnología con el sector productivo, sino también, y muy especialmente, con las organizaciones sociales y las instituciones públicas. Esto nos lleva a modelos organizativos con una mayor participación y heterogeneidad, incluyendo lo que Ignacio Avalos, ex Presidente del CONICIT de Venezuela, define como los "impares", en adición a los "pares", que han sido casi los únicos actores con voz en el concierto de la organización de la ciencia y la tecnología.

La función social de la I+D no queda suficientemente reflejada en el modelo institucional de los sistemas nacionales de innovación, donde el peso de las empresas es muy intenso y no representa la variedad de intereses y demandas del conjunto de la sociedad. Los nuevos modelos organizativos deberán ser más abiertos. La creciente importancia de las redes como modelo organizativo de la I+D, facilita la existencia de estructuras flexibles, híbridas y participativas en las que tienen cabida numerosos actores heterogéneos.

Una adecuada relación entre la ciencia y la tecnología y la gobernabilidad requiere que las políticas públicas para la I+D contemplen las oportunidades que ofrecen el desarrollo científico y tecnológico, las demandas sociales que requieren generación y utilización de conocimiento científico y tecnológico y los dilemas que se han indicado anteriormente. A través de las políticas para la I+D, el Estado ejerce su papel de promotor, facilitador y orientador de las actividades de I+D, así como su papel concurrente en el financiamiento de las mismas. El conjunto de las políticas públicas constituye una fuente de demandas e insumos para las actividades científicas y tecnológicas.

Los objetivos de la gobernabilidad plantean la pregunta de qué ciencia y qué tecnología responden más acertadamente a los mismos y, en consecuencia, cuales son las prioridades más adecuadas. Junto al diseño de las prioridades, las políticas científicas y tecnológicas deben garantizar la sostenibilidad de los esfuerzos en I+D, considerando el impacto que estas actividades tienen en el medio y largo plazo y la vulnerabilidad de las organizaciones científicas. El Estado debe, además, garantizar la apropiación social del conocimiento y su difusión, regulando la tendencia creciente a la apropiación privada del mismo, especialmente en áreas de gran impacto como, por ejemplo, la referida al genoma humano.

El contexto de la gobernabilidad abre la puerta a unas nuevas políticas científicas y tecnológicas basadas en la colaboración y la cultura de la cooperación entre los actores, más que en la cultura de la competitividad. La valoración del conocimiento tácito, la integración y la búsqueda de las sinergias entre las capacidades existentes serán probablemente los vectores dominantes en el futuro para contribuir a una mayor eficacia y eficiencia de las actividades de I+D promovidas desde el sector público, superando políticas que contribuyen más a la dispersión de los esfuerzos que a su potenciación mutua.

El papel de la comunidad científica adquiere una especial relevancia como interfase entre la ciencia y la tecnología y la sociedad. El progresivo reconocimiento de la motivación y dedicación que exigen las actividades de I+D y la ampliación de esta comunidad por la creciente incorporación de investigadores en empresas del sector privado, especialmente en las áreas científicas y tecnológicas más dinámicas, marcaran algunas nuevas características en la sociología de las comunidades científicas y en su vinculación con la gobernabilidad. La aceptación de la pertinencia social de la ciencia y la tecnología entre los códigos de la comunidad científica, la fundamentación ética de las investigaciones y su papel proactivo y compromiso con la evaluación de los impactos de los desarrollos científicos y tecnológicos, son los aspectos en los que las comunidades científicas pueden contribuir a favorecer la gobernabilidad, a través de su función de interfase con los poderes públicos y con la sociedad.

La articulación de la ciencia y la tecnología con la gobernabilidad requiere finalmente su integración en los valores y en la cultura, suponiendo un compromiso de científicos, legisladores, gobernantes, partidos políticos, agentes sociales, medios de comunicación y educadores. La meta última consiste en pasar de un modelo de relaciones entre la ciencia, la tecnología y la gobernabilidad basado en un triángulo desequilibrado, a un modelo de círculos concéntricos, donde la tecnología contenga a la ciencia y la gobernabilidad a la tecnología y la ciencia.

La dimensión internacional de la gobernabilidad

Los límites de la gobernabilidad no terminan en las fronteras nacionales ni en las de los bloques geográficos de integración. La globalización de las finanzas, de los modos de producción y comercialización y de las comunicaciones imponen nuevos escenarios para la gobernabilidad democrática y el desarrollo de las sociedades. En una escala global, el modelo de crecimiento demográfico, la concentración del poder político, económico, de la información y de las comunicaciones, la dualización de los países y de la sociedad dentro de éstos, los fenómenos de radicalización y xenofobia y los crecientes procesos de exclusión que señalan los indicadores del desarrollo humano, plantean grandes incertidumbres sobre la gobernabilidad a escala mundial.

En estas condiciones sigue vigente la pregunta que formulaba Ricardo Petrella, director del Programa FAST de la Unión Europea, hace unos años sobre qué ciencia y qué tecnología son las apropiadas para un mundo de 8.000 millones de personas en el 2020, con los correspondientes problemas de viabilidad, sostenibilidad, calidad de vida y, en consecuencia, de gobernabilidad global.

La concentración de las capacidades científicas en unos pocos países y las lógicas e intereses en la determinación de las prioridades para el desarrollo científico y tecnológico que existen actualmente, suponen una limitación real, no para contestar a la pregunta, sino para poner en acción la respuesta. Respuesta que debe pasar dentro de la necesaria legitimidad democrática por movilizar a las comunidades científicas y a las sociedades, para exigir que el desarrollo de la ciencia y la tecnología contemple las incertidumbres que se han señalado y se oriente a favorecer la inclusión social, la solidaridad y la gobernabilidad a escala global, objetivos que, en cualquier caso, dependen fundamentalmente de decisiones políticas.

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