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CÁTEDRA CTS+I Argentina-Uruguay
Primer Seminario OEI-UBA
Lic. Adriana A. Stagnaro
Antropóloga. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de
Buenos Aires.
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Los campos de producción y acción intelectual que se interesan en el estudio de las dimensiones sociales de la ciencia y la tecnología denominados por Steve Fuller (1992,1997) Alta Iglesia y Baja Iglesia, ambos pertenecientes al movimiento(1) Ciencia, Tecnología y Sociedad, presentan según Fuller características diferentes en cuanto a la historia social de su conformación, a los compromisos normativos de tipo teórico y metodológico y a los intereses, ya sean académicos o profanos de los propios investigadores.
La tensión existente entre ambos campos o iglesias, denominación esta última que se hace comprensible en base a la forzada analogía con los procesos de secularización de la etapa moderna del cristianismo (Fuller,2001:90), pone de manifiesto la doble capacidad y tendencia de nuestra cultura occidental de, por un lado valorizar y alentar la producción aislada y autónoma de conocimiento-poder; y por el otro de aspirar a su distribución y apropiación por parte de la sociedad, dentro de un marco democratizador de las esotéricas prácticas científicas.
Se pueden rastrear los orígenes y antecedentes de la Alta y Baja Iglesia en la década de los 60, puntualmente en el año 1962, con la publicación del libro de Kuhn, La Estructura de las Revoluciones Científicas y todo el torrente de reflexiones producido a partir de ella, desde las márgenes epistemológicas, históricas, sociológicas y antropológicas, que van a alimentar a la Alta Iglesia. Por su parte, la aparición del libro de Rachel Carson, La Primavera Silenciosa, en el mismo año, representante de la Baja Iglesia, expresa el espíritu crítico respecto de la ciencia, compartido también por Steve y Hilary Rose, Rustum Roy y otros, que abrirá el posterior camino hacia el pensamiento crítico respecto de la tecnología, desde un marco explicativo alternativo al ingenuamente optimista y valorativamente neutral anteriormente imperante.
Si bien ambas esferas comparten conceptos centrales de tradiciones intelectuales que sirvieron de sustento a la conformación del movimiento CTS, como la ya citada postura kuhniana y los aportes post-kuhnianos, los principios de la Escuela de Edimburgo (Bloor, Barnes, Shapin) y de la de Bath (Collins, Pinch) y del constructivismo social de la escuela de París (Callon y Latour), las que convergen en el rechazo del apriorismo filosófico y en el interés por la dimensión social de la ciencia y de la tecnología, las aguas comienzan a separarse cuando se analizan los diferentes enfoques e intereses y actitudes de los investigadores. Así la Alta Iglesia, comporta una mirada desde las ciencias sociales tendiente a desenmascarar los procesos sociales que han sido ocultados en las versiones purificadas de los descubrimientos científicos, características de la narrativa internalista de la historia de la ciencia, de la epistemología y de los relatos de los propios científicos. Se interesa por el estudio de la ciencia telle qu´elle se fait(Callon y Latour ), o sea en el proceso mismo de su conformación, prestando especial atención a las prácticas tanto materiales como retóricas de los científicos en el laboratorio, locus específico de los procesos tecnocientíficos de nuestra sociedad contemporánea. Entre otros temas de indagación encontramos las controversias científicas, los estudios semióticos de los textos científicos, el análisis de las conversaciones informales de los científicos registradas por el observador participante, el estudio cuantitativo y distributivo de las publicaciones, el sistema de conformación de las redes de actores, los que a pesar de su heterogeneidad(2), comparten el estilo académico, las búsqueda de mayor y mejor conocimiento y el reconocimiento de los pares que resulta de la calidad teórica y metodológica de las investigaciones.
La Baja Iglesia por su parte, al preguntarse originariamente por el impacto de la ciencia y de la tecnología sobre la sociedad, ha abordado con mayor frecuencia el análisis empírico de los procesos y productos tecnológicos desde perspectivas filosóficas, históricas, sociológicas y antropológicas, abandonando las unidades analíticas del modelo jerárquico y lineal ( la ciencia descubre, la tecnología aplica y ambas impactan sobre la sociedad) para proponer otro multilineal e interactivo (Barnes,1982) que permita entender cómo los grupos sociales moldean e interpretan culturalmente la producción de los artefactos tecnológicos o las controversias científicas, actuales o pasadas.
Hasta aquí considero que tomando en cuenta los compromisos teórico-metodológicos de estos dos campos, no obstante la heterogeneidad de los diversos enfoques , Alta y Baja Iglesia comparten un objetivo central: la crítica a la postura de la tradición heredada, que examina a la ciencia y a la tecnología desde el atalaya positivista, racionalista y asocial, edificado sobre el principio de que la autoridad de la naturaleza es previa e independiente de la autoridad de la sociedad (Edge, 1995).
Por otra parte, la divergencia se presenta en la dimensión de los intereses y posicionamiento de los actores pertenecientes a cada campo, como así también en la representación y evaluación que tienen y hacen de su actividad. En tal sentido se identifican dos corrientes con objetivos divergentes: el académico estrecho, por un lado y el político amplio, por el otro. Retomando la distinción planteada por Fuller (1997, 2001), la Alta Iglesia, fiel a la doctrina académica, intenta mantener insondable la comunidad de intérpretes de las Sagradas Escrituras, integrando las tendencias opuestas bajo el manto homogeneizador de una sola trayectoria. Para soslayar las encontradas posiciones, sus integrantes no incluyen la dimensión política en la forma de hacer investigación, relegándola a la esfera personal y apegándose a las reglas, lo que se traduce en el rechazo de los académicos a participar activamente en política y gestión, considerando relevante a la acción práctica , siempre que se base en conocimiento de alta calidad consagrado por el hábitus académico (Bourdieu,1984).
El movimiento de la Baja Iglesia, por su parte, incita al debate y a la acción, reclutando a la sociedad en general para expedirse sobre problemas centrales de las consecuencias de la interpelación de la tecnociencia a los sujetos en la vida cotidiana. Orientada más hacia la creencia que a la justificación, piensa que si el conocimiento es una cuestión de creencia, nunca puede lograr una justificación plena a través de procedimientos de evidencia y experimentación, salvo a través de la fuerza (social) del compromiso y de la evaluación crítica y reflexiva tanto de los contenidos (inciertos) del conocimiento científico y tecnológico, como de sus consecuencias, por parte de los expertos y de los no expertos. Este enfoque crítico se sustenta en un impulso democrático que estimula a desmitificar y poner en tela de juicio el estatus privilegiado intocable de la práctica científico-técnica, que la sociedad occidental, tanto central como periférica le ha cedido, en principio, para operar aislada, autónoma y silenciosamente.
Se entiende así, que las agendas de la Baja Iglesia incluyan cada vez más, la reflexión sobre temas involucrados con problemas éticos; sobre el tipo de educación y formación de los jóvenes científicos e ingenieros y de la población en general; sobre la forma de participación de la sociedad civil para ejercer el escrutinio público y la toma de decisiones para orientar el curso de las futuras acciones y elecciones. Resumiendo: refundar el contrato social entre ciencia y sociedad, para que ésta última reasuma su autoridad y responsabilidad.
No obstante, teniendo en cuenta las enseñanzas del movimiento CTS, entiendo que ya no podemos hablar de una autoridad social específica e inmaculada, sino de una autoridad social ya mezclada y ensamblada irreversiblemente con el conocimiento- poder , con que la magia de la tecnociencia la ha ungido. El desafío consiste entonces no sólo en la capacidad para revelar la carencia de habilidad de los científicos en cuestiones de interés público,... deseando hacer a los científicos más modestos y a los no científicos más audaces en su participación en temas políticos (Fuller, 2001:80), sino principalmente en la capacidad para conocer de tal forma el proceso de producción tecnocientífica, de modo que a través de su contextualización e interpretación, el mismo proceso pueda ser cambiado en su rumbo o reorientado.
Representación e intervención, entendimiento y reforma del conocimiento y del poder surgen desde un principio, como objetivos y medios simultáneos dentro de la instancia de la racionalidad moderna. Resta nuestro esfuerzo conceptual y teórico para reelaborar las hipótesis de nuestro antiguo background y analizar las nuevas formas de autoproducción de conocimiento-poder desde un marco cultural (Rabinow,1992) que nos permita entenderlas en su conformación, desarrollo y consecuencias, y así poder orientarlas hacia un curso democrático de distribución en oposición a las formas concentradas y encriptadas con que se nos presentan, dejándonos en principio desprotegidos y sin respuestas.
Este desafío entonces, constituye el material necesario para construir el puente por donde puedan los pensadores de la Alta y Baja Iglesia transitar y reencontrarse en el diálogo creativo.
He seleccionado dos trabajos provenientes de la perspectiva antropológica en CTS, donde a mi entender los autores encaran el desafío planteado. Ellos son French DNA: Trouble in Purgatory de Paul Rabinow y Mice into Wormholes/A Comment on the Nature of No Nature de Dona Haraway.
Paul Rabinow (1999) considera el surgimiento de la industria biotecnológica, o de las nuevas genéticas en el Proyecto Genoma Humano, como formas-eventos del mundo contemporáneo, donde la forma es un nuevo modo de existencia, un nuevo ensamblado que cataliza actores previamente existentes, temporalidades y espacialidades generador de nuevas prácticas y discursos. El evento, no ya considerado como la relación entre un acontecimiento y un sistema simbólico dado, sino como lo que sucede en el mundo, sin la referencia a algún sistema cultural o semiótico previo o subyacente, porque lo que está pasando se da en situaciones donde no existe un sistema de referencia estable donde incluirlo o relacionarlo. Ejemplo de este tipo de nueva forma-evento estudiado por el autor desde un enfoque etnográfico, consiste en la alianza de dos organizaciones francesas, el Centre dEtude du Polymorphisme Humain, dirigido por el Premio Nobel Jean Dausset y por Daniel Cohen; y la Association Française contre les Myophaties a cargo de Bernard Barataud.
Durante la década del 60 Dausset y otros científicos especialistas en sangre, demostraron que las proteínas encontradas en la superficie de los glóbulos blancos, el sistema de antígenos del leucocito humano (HLA), cuya función era todavía desconocida, presentaban una enorme variabilidad de individuo a individuo. Emergieron entonces tres líneas de investigación consistentes en: a) clasificación de los grupos HLA, b) descripción de su transmisión hereditaria, y c) desarrollo de las reglas de trasplante. La hipótesis del HLA hacia fines de los años 60 sostenía que la aceptación o rechazo de órganos en los trasplantes dependía de la histocompatibilidad de los genes responsables de la existencia de esos antígenos específicos que no eran individuales, sino conjuntos variantes dentro de una compleja matriz. La hipótesis era plausible pero necesitaba, para su verificación y aplicación, de una infraestructura institucional, ya que debían contar con una amplia población en la que los donantes de sangre representaran el espectro completo de variabilidad para que los antígenos fueran identificados. A ello se agregaron otras variables, entre ellas que los órganos provenientes de parientes cercanos eran más aceptados social e inmunológicamente que aquellos provenientes de donantes anónimos, lo que implicaba aspectos sociales y éticos.
Dausset necesitaba asegurarse un sistema organizado de donantes, organizados por familias, con un registro sistemático y un compromiso estable de responder a las demandas . Creó un sistema innovativo a través de la prensa escrita y la televisión para identificar y movilizar a la ciudadanía hacia su causa. Basado en la solidaridad y en la confianza en el progreso de la ciencia, el sistema fue exitoso y aseguró el material experimental para el tipeado de la variabilidad del HLA.
En 1978, Daniel Cohen ingresa al laboratorio de Biología Experimental dirigido por Dausset, para hacer trabajos en inmunogenética. Advirtiendo que el sistema de recolección de sangre era vulnerable por su carácter artesanal, y dada la enorme competencia que existía en ese tema de investigación por parte de grupos de científicos norteamericanos, con muchos más recursos y financiamiento que los franceses, propone a Dausset implementar una innovación tecnológica, para mantener sus ventajas en los avances de investigación ya logrados. Su idea consistía en desarrollar un método mejor para asegurarse el material, debido a que el sistema de recolección de sangre era limitado en cantidad, costoso y dependiente de la red de relaciones personales que Dausset había implementado a través de los años, no sin un gran esfuerzo. Concretamente su propuesta era la siguiente: a través de las nuevas técnicas de ingeniería genética, inmortalizar la producción de células de glóbulos blancos, a través de la inyección de un virus causante de cáncer (Epstein-Barr) que provocaría la división celular indefinida. El problema de la obtención del material sería resuelto, a través de la producción de material auto-replicado, el que podría ser usado cuantas veces fuera necesario. En otras palabras, reemplazar el modelo de HLA por uno de DNA. Para ello era necesario implementar un proyecto de genoma, pero no estaban solos: varios centros norteamericanos se enfrentaban en una violenta competición por obtener el primer mapa genético. Cohen y Dausset desarrollaron entonces una estrategia de alianza con otros laboratorios norteamericanos, teniendo éxito en 1986, cuando lograron que 50 laboratorios tomen parte en un proyecto de colaboración internacional para la investigación del DNA. En 1990 Francia anuncia su intención de comenzar un programa de investigación del genoma humano, disponiendo de un presupuesto de un millón y medio de dólares, que lucía muy magro ante los doscientos millones del presupuesto norteamericano. Pensado en términos de competencia, Francia no podía enfrentar a Estados Unidos en la carrera por la obtención del mapa entero del genoma humano.
Esta situación cambia con el assemblage de la actuación de la Association Française contre les Myophathies, como actor no gubernamental, y con la figura de Bernard Barataud que con gran energía consigue aunar a grupos de pacientes de distrofías musculares y a las familias de apoyo, dado que tenía un hijo de tres años diagnosticado con distrofia muscular de Duchenne, enfermedad degenerativa y fatal que ataca los músculos. Emprende entonces como director de la asociación una campaña tendiente a la investigación de los genes causantes de enfermedades, con el fin de identificar al gen provocador de la distrofia muscular. Pero los norteamericanos se adelantan, y en 1986 anuncian el descubrimiento del ese gen ubicado en XP21 del cromosoma X. A partir de este acontecimiento, su plan fue apoyar la investigación en genética, pero era necesario obtener la mayor cantidad de fondos por parte de la ciudadanía . Con el Telethon llega a reunir 50 millones de dólares en un año y sumas similares en los subsecuentes cinco años por parte del público. La asociación gana suficiente autonomía y poder de decisión para orientar la agenda de investigación en genética de Francia.. En 1988, conoce a Daniel Cohen en el laboratorio de Dausset, cristalizándose un acuerdo entre el laboratorio y la asociación, generándose un nuevo locus de producción genética.
Según Rabinow, este nuevo modelo combinó de un modo inusitado la investigación de punta, la práctica clínica y el activismo de los grupos de pacientes. Asimismo, creó una forma diferente de investigación basada en el sector privado, ocupando e inventando un nuevo espacio entre el estado y el mercado, representando al sistema estatal de salud y a su esquema de investigación como un feudo insensible. Por su parte, la asociación produce y genera una red de aliados para apoyar el proyecto científico de realizar un mapa del genoma humano, como el mejor camino para descubrir los moldes genéticos de las distrofias y contribuir a una mejor comprensión de los modelos genéticos de la salud y de la enfermedad. Su estrategia consiste en luchar contra las burocracias estatales y advertirles de sus enormes responsabilidades, al mismo tiempo que ven a la industria como partner inevitable, no obstante ser cautelosa en las alianzas con ella, manteniendo firme su estatus de organización sin fines de lucro.
Concluyendo, esta forma-evento contemporánea, donde se ensamblan distintos conocimientos y poderes, prácticas y discursos, saberes y capital, acciones y representaciones, en un equilibrio inestable, constituye el locus o sitio etnográfico de investigación para Rabinow. Su aporte es la descripción de la multiplicidad de elementos entrelazados de distintas áreas y campos sociales, como también el análisis de las prácticas distintivas por parte de los sujetos y la interpretación de los diferentes discursos y categorías de análisis nativas emergentes, con cierto grado de compromiso o activismo conceptual. Pero, más allá de esto convoca a la reflexión y cuestionamiento del significado e implicaciones de esas prácticas.
Donna Haraway (1997), presenta un análisis incisivo y crítico de la tecnociencia entendiéndola como una forma de vida, una práctica, una cultura, una matriz generativa, dentro de la cual millones de sujetos son interpelados, lo quieran o no. A través de la mirada metafórica del Onco Mouse TM, roedor por primera vez patentado y modelo in vivo transgénico del cáncer de mama, se va a introducir en los dramas de la tecnociencia, para mirar con asombro cómo mis compañeros mamíferos, mis parientes homínidos se incuban ellos mismos y su descendencia humana y no humana en el medio cultural de la tecnociencia Desde ese lugar de observación etnográfico, comenzará a desenmarañar la práctica cultural y la cultura práctica del Nuevo Orden Mundial Inc.
Onco Mouse TM es al mismo tiempo varias cosas: un experimento, una invención, un modelo animal para una enfermedad, un transgénico, una mercancía en los circuitos del capital transnacional, una máquina para construir otros instrumentos de formación de conocimiento y vender dispositivos de laboratorio, una patente de la Universidad de Harvard, que autorizó su uso comercial a Du Pont. Representa la simbiosis entre industria y academia en biotecnología. La adquisición de Onco Mouse por Du Pont encarna el mundo dentro del cual somos interpelados. Pero, este tipo de interpelación se diferencia del concepto althusseriano de ideología, entendida como llamado a los sujetos a su existencia como tales, y la consecuente constitución de los individuos concretos en sujetos, en la medida que se reconozcan a sí mismos en el discurso social. Haraway amplía ese significado de interpelación al reconocerle un doble filo en su potente capacidad para llamar a los sujetos a su existencia, pero acordándoles asimismo la capacidad para reconfigurar los términos de su propia constitución en el discurso, como también los contenidos y objetivos mismos, ya que aquellos que no se reconocen en él, son los que adquieren la responsabilidad y el poder para redefinirlo, reformarlo y moldearlo nuevamente.
En su representación de la tecnociencia, presta entonces atención a las narrativas, imágenes y deseos de los sujetos que intervienen en su constitución y acción, como también a su reconfiguración materializada, a ese mundo material y sólido, condensado en el espacio y tiempo de las redes de conocimiento y poder. Esa nueva forma de presentarse el poder en las sociedades industrializadas, conforma lo que ella denomina New World Order Inc. Mundo donde el público fue considerado como entidad pasiva, con actitudes o comprensiones, pero no como actores capaces de intervenir desde un principio en las prioridades y agendas de investigación de vastas áreas de práctica social.
La libertad tecnocientífica tiene entonces lugar en la práctica democrática contestataria y en los fines logrados por la actividad de los ciudadanos. Es civilidad en sentido fuerte
El objetivo de este trabajo es poner en evidencia que la distinción entre Alta y Baja Iglesia de Fuller, si bien interesante para el trazado de mapas sociales de las tendencias dentro del movimiento CTS, de algún modo reproduce y actualiza las categorías dicotómicas clásicas de razón-práctica; teoría-experiencia; ciencia básica-ciencia aplicada; ciencia-tecnología; ciencia sociedad; conocimiento-poder, subyacentes en las lógicas divergentes de conformación de los dos polos. Con la presentación de las dos contribuciones de Rabinow y Haraway, he querido demostrar cómo estos dos autores de fuerte impronta en el movimiento CTS, el primero de clara adscripción al campo académico y la segunda más vinculada al activismo, han sabido atravesar el puente y desprenderse del corsé clasificatorio, para plantear una mirada más libre, creativa y reflexiva.
Finalmente quiero plantear mi postura, de que tanto un academicismo estrecho como un activismo vacío de contenidos, no constituirán nunca la ansiada tensión creativa en el movimiento, debiendo tener siempre presente quienes queremos alimentarla, la necesidad de superar las viejas identidades para construir un nuevo abordaje de activismo conceptual y enfoque teórico-político.
BARNES, Barry. 1982. The Science-Technology Relationship: A Model and a Query. En: Social Studies of Science. London, Sage, Vol. 12, p.166-172.
BOURDIEU, Pierre. 1984. Homo Academicus. Paris. Minuit.
EDGE, David. 1995. Reinventing the Wheel En: Handbook of Science and Technology Studies. Jasanoff, Sheila y otros eds. London, Sage. p.3-23.
FULLER, Steve. 1992. STS as a social movement En: Science, technology and Society. 91. P.1-15
FULLER, Steve. 1997. Constructing The High Church-Low Chuech Distintion in STS Textbooks. En: Technoscience. Volume 10, Number 3.p.13-16.
FULLER, Steve. 1997. Epistemología Social y la reconstitución de la dimensión normativa de los estudios en ciencia y tecnología. En: Ciencia, Tecnología y Sociedad. Lecturas Seleccionadas. Gonzalez García, Marta I, López Cerezo, José Antonio y Luján, José Luis Eds. Barcelona, Editorial Ariel. p. 85 a 97.
FULLER, Steve. 2001.¿ Se han extraviado los estudios de la ciencia en la trama kuhniana?: sobre el regreso desde los paradigmas a los movimientos. En: Desafíos y tensiones actuales en Ciencia, Tecnología y Sociedad. Ibarra A. y López Cerezo, J.A. Eds. Madrid. Editorial Biblioteca Nueva. OEI.
HARAWAY, Donna. 1997. Mice into Whormholes. A Comment on the Nature of No Nature. En: cyborgs & CITADELS. Anthropological Interventions in Emerging Sciences and Technologies. Gary Lee Downey y Joseph Dumit Editores.Santa Fe. USA. School of American Research Press. Pp 209-243.
LATOUR, Bruno.1983. Give Me a Laboratory and I wil Raise the World En: Science Observed: Perspectives on the Social Study of Science. Knorr-Cetina,K. y Mulkay M. eds. London. Sage p. 141-170.
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RABINOW, Paul. 1999. French DNA: Trouble in Purgatory. Chicago, University of Chicago Press.
(1) El movimiento como modelo alternativo al de paradigma kuhniano, para describir y caracterizar al campo de los estudios sociales de la ciencia y de la tecnología (Fuller,2001: 82), es más dinámico y abarcativo, permitiendo a los investigadores de esas áreas desprenderse de las constricciones disciplinares, que los inhiben de tratar reflexivamente temáticas epistemológicas, éticas y políticas, e incluir en el debate sobre la ciencia y sus consecuencias a otros actores sociales externos a la comunidad de expertos, generando así una tensión productiva. Este es el sentido de la propuesta de Fuller de poner a Kuhn patas arribas, o sea cuestionar el modo privilegiado de hacer ciencia normal en CTS característico de la Alta Iglesia y ahondar en los enfoques divergentes y heterogéneos que reintroducen la dimensión política y la intervención de la sociedad mayor.
(2) Latour (1983) en su crítica a la distinción entre estudios de nivel micro y macro, del dentro y afuera, advierte la heterogeneidad y falta de características comunes entre los estudios de controversias, de las micronegociaciones que tienen lugar dentro de las disciplinas científicas, del estudio de indicadores , o del análisis del discurso, constatación que según él, no daría lugar a la postura que propugna adoptar metodologías diferentes, porque de ser así lo único que se logra es reproducir la antigua problemática de los enfoques internalistas y externalistas en el estudiode la ciencia y de la tecnología.
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