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La educación en valores en las primeras edades.

Ester Casals/ Carme Travé
Programa de Educación en Valores (PEVA)
Universidad de Barcelona

Desde las diferentes disciplinas científico-técnicas que estudian el comportamiento de las personas, las investigaciones que explican las estrategias y/o mecanismos cognitivos que posibilitan las relaciones entre nosotros y los aprendizajes que hacemos, se consensua en definir los primeros años de vida de nuestra especie como determinantes para que la integración de los sujetos en las sociedades sea adecuada a las normas, costumbres y valores ético-morales que dichas sociedades postulan como válidos y prioritarios para su propio progreso económico y cultural.

Partiendo de estos presupuestos, entendemos la Educación en Valores como el proceso que ayuda a las personas a construir racional y autónomamente sus valores(1). O sea, capacitar el ser humano de aquellos mecanismos cognitivos y afectivos, que, en completa armonía, nos ayuden a convivir con la equidad y comprensión necesarias para integrarnos como individuos sociales y como personas únicas, en el mundo que nos rodea. Se trata de trabajar las dimensiones morales de la persona para así potenciar el desarrollo y fomento de su autonomía, racionalidad y uso del diálogo como mecanismo habilitador en la construcción de principios y normas, tanto cognitivos como conductuales. Dichas dimensiones, a su vez, posibilitaran la equidad y empatía necesarias en dicho proceso, para que las formas de pensar y actuar se nos presenten parejas, en una relación simétrica frente a la resolución de conflicto de valores.

La Educación en Valores no se cuestiona los cambios significativos que se están dando a nivel personal ni social. Presupone que, si los valores económicos priman y devalúan los valores psicológicos y afectivos que nos ayudan a ser personas con criterios de autoreflexión hacia nosotros mismos y el mundo que nos rodea, a ser capaces de poder comprender al Otro como si de nosotros mismos se tratase, puede ser que, en un futuro quizás no muy lejano, viviremos en una sociedad despersonalizada y egoísta.

Hemos dicho que los valores son propios de las personas y que están por todas partes, es decir, todas nuestras acciones y pensamientos están llenos de valores. Este es un hecho que ha pasado, pasa y pasará siempre. Pero como profesionales de la educación no dejamos de sorprendernos de esta vuelta del VALOR dentro del ámbito educativo. Por esta razón nos preguntamos: ¿Qué ha pasado? ¿Por qué esta necesidad de educar en valores? (No olvidemos que hasta hace relativamente pocos años hablar de valor se consideraba “carca”). ¿Tendrá razón Lyotard(2) cuando dice que la crisis de los grandes relatos ha dejado a la persona sin historias comunes? Puede ser. Quizás esta necesidad de fomentar la Educación en Valores es debido a los cambios sociales, culturales y educativos. La evolución de las tecnologías es, hoy por hoy, un triunfo del Hombre, pero, quizás, este triunfo, que nos aporta un bienestar económico y cultural, hace que dejemos de lado sin pensar demasiado, la dimensión Humana de la persona. Pensamos que es por este motivo que hay colectivos de intelectuales que reflexionan sobre el ser humano que queremos para nuestro futuro.

Hemos citado a Lyotard como autor que intenta explicar el paso de la modernidad a la postmodernidad caracterizando esta última como la pérdida de la fe en los metarelatos abriendo el camino hacia los pequeños relatos, es decir, esas formas de conocimiento local que son internas a las comunidades dentro de las que pasan. Es la modernidad la que reconoce la incertidumbre, la complejidad, la diversidad, la subjetividad, etc. Se da cuenta que los dualismos que dominan el pensamiento son inadecuados para comprender el mundo que nos rodea, es decir, un mundo con muchas causas y efectos que interactuan de maneras complejas y que nos da diversas realidades. Por esta razón podemos decir que el mundo y el conocimiento son construidos socialmente, todas las personas nos podemos considerar como participantes activos en este proceso. Por esta razón y como educadores que somos hemos de ser conscientes de nuestro rol y de la manera como ayudamos a nuestros alumnos a construirse también socialmente. Es por esta razón que consideramos la educación moral como una construcción en la cual la escuela, la familia, los iguales, tienen un papel muy importante.

Podríamos atrevernos a comentar como lo hace Lyotard, que el individuo está en crisis, sin ánimo de ser catastrofistas, sino todo lo contrario, ya que la crisis subjetiva nos puede aportar nuevos elementos en la creatividad del pensamiento y con ellos abrirnos nuevos retos, posibilidades y expectativas, que nos ayudarán a respondernos las nuevas preguntas que nos esta suscitando. La Educación en Valores pretende adaptar las necesidades derivadas de dicha crisis y reorganizarlas en función de las expectativas educativas que de ella se derivan.

Uno de los elementos de análisis que queremos aportar en este escrito es, la reordenación del concepto de Infancia que, hasta ahora, tenemos elaborado, bien individualmente bien, colectivamente. Puesto que la sociedad está en constante proceso de cambio, las necesidades intelectuales y las prioridades también son cambiantes. Por lo tanto y como consecuencia de ello, el concepto de infancia o de niño, también debe reestructurarse progresivamente. Así pues, entendemos que no podemos trabajar desde los presupuestos de la Educación en Valores, con el concepto de un niño pasivo, una “tábula rasa”, el cual puede ser inoculado o instruido según determinados postulados educativos. El niño que desde nuestra disciplina se pretende, es un niño activo, con potencial cognitivo y afectivo, preparado para ir descubriendo sus posibilidades psíquicas, afectivas y sociales, con la ayuda de la información y conducta de todos los adultos involucrados en su educación.

Por ello creemos de importancia capital, ofrecer desde la institución educativa los conocimientos, procedimientos y actitudes que hagan posible la construcción de criterios morales propios, derivados de la razón y el diálogo. Y pensamos que todo este trabajo se debe iniciar ya con los más pequeños, es decir, en la educación infantil(3).

Pero, el problema con que nos encontramos los educadores en nuestra práctica docente, es que mientras nadie discute que la Educación en Valores debe empezar en las primeras edades y que es importante tenerla en cuenta, no dejando de lado otros aspectos psicológicos, sociológicos y afectivos, los referentes didácticos y la bibliografía al respecto son muy escasa, pues es muy limitado el material escrito sobre educación en valores en esta etapa educativa.

Esto hace que si los educadores y maestros no tienen referencias sobre esta temática es difícil que puedan hacer un análisis y reflexión sobre su propia práctica educativa, ya que no cuentan con modelos de posibles actividades sistematizadas para poder realizarlos con sus alumnos y alumnas. Estos referentes no deberían ser “recetas” sino materiales que les ayudarían a reflexionar sobre su propia realidad y poder ir construyendo una metodología y un ritmo de trabajo adecuado a su escuela y a sus necesidades. Decimos que no se tratarían de “recetas” ya que debemos tener en cuenta que en la educación en general y concretamente en el tema que estamos tratando las recetas y los métodos “mágicos” no existen como modelos a imitar a la perfección. Lo que sí es viable y aconsejable es el poder conocer diversas experiencias y formas diferentes de tratar esta temática pero es cada institución y cada educador el que reflexionará y diseñará cómo sistematizar el trabajo de los valores en su entorno atendiendo las necesidades sociales e individuales de los niños y niñas que forma parte de su entorno educativo. Además, hemos de reflexionar sobre el tema y ser responsables del “modelo” de reflexión y de intervención didáctica que construimos. También debemos tener en cuenta que el modelo al que lleguemos no podemos darlo nunca por acabado ni podemos pensar que no se puede mejorar ya que como profesionales de la educación sabemos que la tarea educativa es un tipo de tarea que está continuamente en constante progreso y con la cual debemos adoptar siempre un proceso de cuestionamiento, de diálogo, de reflexión, ... y de autoreflexión, para así ir construyendo el día a día y mejorar nuestra práctica docente.

Pero aunque no existan demasiadas referencias bibliográficas al respecto sabemos que la Educación en Valores es muy trabajada en las primeras edades aunque no se hace de forma sistematizada, por lo tanto explícita y en pocas ocasiones se reflexiona sobre los valores que transmitimos a los niños y niñas, sea con nuestro tono de voz, con los juegos que proponemos, en las actividades programadas que llevamos a cabo, en la hora de la comida, cuando cambiamos los pañales o los peinamos, etc.

Trabajamos en valores constantemente, puesto que los transmitimos consciente o inconscientemente, en todas las actividades que proponemos a los alumnos o en nuestra relación con ellos. Nuestra intención no es cargar al maestro y la maestra de educación infantil con más actividades educativas, ya que conocemos lo exhaustivo que es. Queremos transmitirle el mensaje La educación en Valores no la podemos entender sino es desde la transversalidad. Es decir, aprovechando que la edad de los niños y niñas nos lo permite, debemos partir de los currícula y programaciones de aula para poder marcarnos los parámetros adecuados para trabajar la educación en valores en un sentido globalizador e integral, puesto que, como ya hemos dicho, los valores son una cualidad exclusiva de las personas y en todas nuestras acciones, sentimientos, intereses, prioridades, ... hay presentes, seamos o no concientes, una serie de valores que nos condicionan tanto a nivel personal como en nuestra relación con los otros.

Lo importante es no dejar de pensar y reflexionar sobre qué valores queremos transmitir y reflexionar si son estos los que transmitimos o quizás transmitimos los contrarios. Es decir, quizás quiero que unos niños y niñas sepan escucharse unos a otros y yo soy el primero que no los escucho a ellos. Quizás me gusta que me den los buenos días y yo no se los doy a ellos. Estas son situaciones que se dan, provocadas muchas veces, por la rutina de la cotidianeidad y que nos pueden pasar a nosotros. Solamente reflexionando en el día a día podemos darnos cuenta de ello y re-pensar nuestra tarea de educadores y educadoras.

Así pues, el retorno de la importancia de la educación en valores, es para nosotros una necesidad y, desde nuestro bagaje educativo vemos muy positivamente el interés que esta suscita.

No nos debe asustar como podemos concretar objetivos, o concretar metodologías orientadas en esta línea. Tal y como hemos dicho en otro momento, siempre se está educando en valores. Sólo nos lo debemos creer nosotros mismos y reflexionar sobre ello. Nuestra manera de entender el mundo y los otros es un potencial que estamos transmitiendo a nuestros alumnos, a nuestros hijos,... Este potencial lo transmitimos con la finalidad que nuestros niños y niñas sean los adultos del futuro. Es decir, personas comprometidas con su sociedad: solidarias, justas, sinceras, capaces de ponerse en el lugar del otro, honradas, etc. y, lo que es más importante, que sepan dar continuidad a la educación en valores.

El resultado de nuestro trabajo ha de ser pues, el resultado de cada día, de la paciencia, de la interacción, del dominio de conocimientos... y es un resultado que se irá evaluando procesualmente, es un trabajo de “hormiguita”, es la maduración lenta de un fruto, pero de un fruto muy importante, delicado y especial: es el fruto de la calidad de Humanidad del futuro.

A continuación sugerimos algunos ejemplos de actividades orientadas en la línea de la Educación en Valores. Son sencillas y seguramente, en algún momento se habrán desarrollado en las aulas de educación infantil, sino las mismas, similares. Creemos que, el verlas impresas de forma sistematizada, puede aportar seguridad al docente que las desarrolle y por consiguiente, aportarle expectativas en la creatividad de otras nuevas.

EJEMPLOS

La cesta de los tesoros

Edad: 6 a 10/12 meses(4)

Objetivos Generales:

Objetivos Específicos:

Material

Cesta baja, de unos 35 cm. de diámetro aprox., con pared vertical de unos 8 cm. aprox. de altura, de fondo plano y sin asas, hecha de esparto y sólida. En su interior depositaremos objetos naturales: piñas, piedras, limones, naranjas, esponja natural, etc., y/o también podemos depositar en ella objetos confeccionados a partir de materiales naturales, como por ejemplo, objetos de madera, de tela, de piel, llaves, objetos de cartón,...

Metodología

Se llena la cesta totalmente de objetos para así poder ofrecer a los niños un gran surtido donde puede encontrar lo que más le interese. Dicha cesta se coloca en el suelo de la clase y procuraremos que todos nuestros alumnos se interesen por ella. Quizá será necesario que el educador/a haga un primer intento para llamar la atención de los niños y niñas.

Aconsejamos no alargar la actividad en demasía. Sugerimos que entre 10/15 minutos diarios es suficiente. Además, trimestralmente podemos reconvertir la cesta con nuevos objetos.

Orientaciones didácticas:

La finalidad de esta actividad es que a partir del material que se le ofrece, el niño o la niña pueda potenciar sus capacidades de interés por el mundo que le rodea a partir de la estimulación de sus cinco sentidos: el tacto (forma, peso, textura), el olor (olores diferentes), el gusto (las posibilidades de descubrimiento mediante la acción de chupar los diferentes objetos), el oído (diferentes sonidos, más o menos graves o agudos), la vista (dimensiones, tamaños, luminosidades,...)

A partir de este juego, entre ellos procederán a efectuar sus primeras interacciones sociales, mediante el intercambio de los objetos y/o la posesión indiscriminada de un objeto determinado, o bien el deseo por un objeto que tiene su compañero/a, etc.

Evaluación

El educador/a deberá observar cómo se desenvuelve la actividad procurando intervenir lo mínimo posible, y anotar aquellas conductas que considere relevantes para poder ir confeccionando un seguimiento de sus alumnos que será de gran interés para conocer mejor las posibilidades psicológicas, afectivas y relacionales de cada uno de los niños y niñas de su grupo clase.

Transmisión de valores:

Aunque de manera muy incipiente, los alumnos están empezando a conocer determinados mecanismos de conducta y actitud, pero, lo que pretendemos con esta actividad es que sea el/la docente quién reconozca que con ella, está educando en valores puesto que:

Pasar lista

Edad: a partir de 2/3 años

Objetivos generales:

Objetivos específicos:

Material:

Fotografías tamaño carnet de cada niño y niña y de la maestra, cartulinas de diversos colores, gomets de papel de seda, un sobre de carta, cinta adhesiva, clips.

Construimos una casita bastante grande con cartulina, que colgaremos en la pared del aula y que esté cerca de donde nos sentaremos todos en círculo.

La casita tendrá ventanas, puerta, etc.

En el tejado podemos enganchar gomets de colores y formas diversas, podemos hacer cortinas con papel de seda en las ventanas, etc.

A un lado de la casita engancharemos el sobre de manera que quede con la solapa abierta para que podamos poner las fotografías de los niños y niñas que han venido, cuando hemos acabado de pasar lista.

Engancharemos cada fotografía de los niños de clase y de la maestra en un trozo de cartulina, dejando un espacio en la parte inferior para escribir el nombre de cada uno.

Metodología:

Después de desayunar y cuando creemos que todos los niños y niñas han llegado a la escuela, la maestra dice: ¡Vamos a pasar lista!

Seguidamente, todos los integrantes del grupo clase y la maestra se sientan en el suelo haciendo un círculo.

La maestra dice: ¿Empezamos?

Hemos de procurar que todos los niños y niñas se vean y que no se distraigan demasiado.

Cogemos las fotografías de dentro del sobre y nos sentamos. Cogemos una fotografía y la enseñamos: ¿ha venido Sara?, (por ejemplo)

Si dicen que sí y es cierto que Sara ha venido, les preguntamos, por ejemplo, si tiene el pelo largo o corto, les invitamos a tocarse su pelo para que vayan entendiendo el concepto de diferencia y también proporcionaremos elementos de autoreflexión hacia la propia imagen y la de los otros.

Si es un niño o niña que lleva gafas o audífonos, resaltaremos la diferencia y el que esta supone, intentado hacerlos responsables hacia el cuidado que todos hemos de tener con estos utensilios personales y por qué son necesarios, etc.

Si responden que no y es cierto que Sara no ha venido, entonces les preguntaremos qué hacemos con la fotografía de Sara.

Ellos dirán: ¡La ponemos en la ventana! (la de la casita)

Entonces, un niño o niña del grupo se levanta y cuelga la fotografía en la ventana con un clip.

Seguidamente les proponemos pensar: ¿Por qué no ha venido Sara? ¿Está enferma?

Seguramente todos responderán que sí.

A continuación haremos una pequeña explicación de lo que significa estar enfermo, como nos sentimos cuando estamos enfermos, como encontramos en falta a Sara, ... es una buena amiga, la queremos, etc.

Nosotros pensamos que con esta metodología podemos ir potenciando la autoestima y la empatía del niño como sujeto individual que es y capacitarlo en las habilidades y estrategias de relaciones sociales.

Si cuando se pregunta si ha venido Sara contestan que no ha venido y no es cierto, deberemos procurar que el grupo clase la tenga más en cuenta. Es decir, la haremos levantar para que todos la vean y les haremos preguntas sobre esa niña y a ella sobre los compañeros. Las preguntas, entre otras, pueden ser: ¿Quién es Sara?, ¿Quién es amigo o amiga de Sara?, ¿Os gusta su peinado?, ¿Os gusta jugar con ella?, Sara, ¿te gusta sentarte en la mesa de María y Juan?

Según sean las respuestas podemos quitar importancia al hecho de que hayan contestado erróneamente. Quizás se han distraído y no la han visto.

Pero si intuimos que Sara es una niña no demasiado grata para el resto del grupo clase o que ella no se siente bien dentro del grupo clase, deberemos pensar estrategias educativo-didácticas para que su aceptación sea generalizada, así mismo como su autoaceptación.

Seguimos pasando lista hasta llegar a su fin. Seguidamente pasamos a otra actividad.

Es importante que a lo largo de la jornada hagamos alusión a los niños y niñas que hemos dejado en la ventada de la casita, con algún comentario o pregunta directa.

Orientaciones didácticas:

Es una actividad divertida que interesa y capta la atención de los niños y niñas. Se juega con las fotografías de todos y esto les ayuda a ir desarrollando las capacidades morales del reconocimiento del otro y, además, empezar a entender la diferencia de estos otros como una característica individual.

Pensamos que según la edad de los niños y niñas esta actividad puede estar dirigida con intenciones docentes encaminadas a consolidar y ampliar los objetivos educativo-morales que nosotros nos hemos propuesto e incluso procurar otros más concretos. Por este motivo nuestra metodología de pasar lista puede continuarse y/o remodelarse en el ciclo de parvulario.

Evaluación:

Como en todo el ciclo de Educación Infantil, la evaluación de esta actividad debe entenderse como el resultado de un proceso de observación diario que, junto con el resto de actividades, nos orientará para poder establecer con un argumento válido, cómo es cada alumno/a, como interactúa, como se relaciona, etc, dicha evaluación debe interpretarse como un documento que nos ayudará en el quehacer educativo diario pero, que, en ningún caso, pueda servir para pronosticar categóricamente sobre cualquier niño o niña.

Transmisión de valores:

Seguimos confeccionando este apartado, precisamente para que el/la docente sea autoconsciente de los valores que con su intervención y actitud en dicha actividad, está transmitiendo:

Hoy el cuento lo explica...

Edad: 2/3 años en adelante.

Objetivos generales:

Objetivos específicos:

Material:

- Un cuento de la librería de clase.

Metodología:

Un día a la semana, por ejemplo el martes, y hasta final de curso, pedimos a un niño o niña voluntario para llevarse a casa un cuento de la librería que previamente habrá elegido.

Una vez en casa los padres le ayudan explicándole el cuento: el texto, el dibujo, los colores,... haciendo que el niño o niña también comente los colores y que intente recordar algo del texto, cuanto más estructurado, mejor. Los padres incluirán los elementos que consideren importantes. Es decir, cada día un poco más complejo, pero no dedicarán demasiado tiempo a dicha actividad para no cansar al niño y, sobretodo, es importante que no le exijan más de lo que él o ella cognitivamente pueda comprender ya que entonces se sentirá inseguro y se negará a continuar.

Cada viernes el niño o la niña devolverá el cuento al colegio procurando que esté en el mismo estado de conservación con el que se lo llevó.

Este día, por la mañana la educadora propondrá que es el momento de explicar el cuento. Nos sentaremos todos en el suelo formando un círculo y el/a educador/a preguntará al niño si quiere explicarlo. Éste, cogerá el cuento de su bolsa, y con la ayuda del/la docente, se dispondrá a explicar el cuento. El/la alumno/a se ubicará en un lugar en el círculo, donde todos sus compañeros puedan verle perfectamente y sostendrá en sus manos el cuento con la ayuda del/la maestro/a. Página a página, irá explicando el cuento a sus compañeros/as, escenificándolo con gestos, con sonidos onomatopéyicos, con palabras, cantando, etc., y la intervención del/la docente será muy escueta, sólo propondrá alguna pregunta sobre el cuento para agilizar el diálogo, si la ocasión lo requiere, o los alumnos se muestran distraídos o indiferentes.

Orientaciones didácticas:

Con esta actividad se pretenden fomentar el desarrollo de las capacidades cognitivas y sociales que habilitarán a los niños y niñas, hacia la responsabilidad, el compromiso y el respeto de sus pertenencias y las de los otros, así como implicarlos en el proceso de relaciones sociales que cualquier intercambio tiene implícito. Además, se pretende ir ampliando sus capacidades de comunicación, tanto gestual como verbal y su memoria.

Cuando decimos que un niño o niña voluntario elegirá el cuento, queremos decir que el/la profesora, habrá de actuar de acuerdo con sus criterios: o bien, por orden de lista, o bien, por qué creemos que ese niño o niña concreto, debe de realizar alguna actividad para estimular su autoestima, su capacidad de adaptación, su relación con los otros, etc., pero, siempre, de tal forma, que el niño o niña crea que, realmente él o ella, han sido el o la voluntaria.

Con relación al respeto por la propiedad privada, deberemos haber convenido anteriormente con los padres y madres la importancia de transmitir a sus hijos e hijas dicho valor, ya que consideramos esta actividad idónea para iniciar al niño o niña en su conocimiento.

Evaluación:

Evaluación global y continuada, al igual que en las actividades anteriores que se han presentado en este articulo.

Transmisión de valores:

Los valores implicados en esta actividad son muchos. Pero nuestro objetivo principal es que el/la docente sepa reconocerlos, e incluso, reconocer otros que aquí no se han especificado.

BIBLIOGRAFÍA

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Buxarrais, M. R.; Martínez, M.; Puig, J. M.; Trilla, J. (1995). La educación moral en primaria y en secundaria. Madrid: MEC/Edelvives.

Buxarrais, M.R. (1997). La formación del profesorado en educación en valores. Bilbao: Desclée De Brouwer.

Casals, E.; Defis, O. (Coord.) (2000; 2a. ed.). Educación infantil y valores. Bilbao: Desclée De Brouwer.

Casals, E.; Travé, C. L’educació en valors: Educar per a la vida a In-fàn-ci-a. (En prensa).

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Defis, O.; Casals, E. (1999). Monográfico “Educar en valores en la escuela infantil” en Aula de Innovación Educativa. Barcelona: Graó.

Del Carmen, M.; Aguilar, A.; Rodríguez, I.; González, P.; González, M. J.; Infantes, M. R. (1995). Programa de educación en valores para la etapa infantil. Málaga: Aljibe.

Domínguez, G. (1996). Los valores en la educación infantil. Madrid: La Muralla.

García Moriyón, F. (Ed.) (1998). Crecimiento moral y filosofía para niños. Bilbao: Desclée De Brouwer.

Leighton, C. J. (1992). El desarrollo social en los niños pequeños. Egocentrismo y altruismo. Barcelona: Gedisa.

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Martínez, M. (1998). El contrato moral el profesorado. Condiciones para una nueva escuela. Bilbao: Desclée De Brouwer.

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Puig, J.M.; Martínez, M. (1989). Educación moral y democracia. Barcelona: Laertes.

Notas

(1) Bufarais, M. R.; Martínez, M.; Puig, J. M.; Trilla, J. (1995). La educación moral en primaria y en secundaria. Madrid: MEC/Edelvives.

(2) Lyotard, J.F. (1984). La condición posmoderna. Madrid: Cátedra.

(3) Siguiendo las directrices de nuestro Sistema Educativo cuando hablamos de educación infantil nos referimos a la etapa que va de los 0 a los 6 años.

(4) Esta actividad puede adaptarse para niños y niñas de hasta dos años de edad. En vez de una cesta utilizaremos cajas de cartón que contengan cada una objetos temáticos, por ejemplo, en una de ellas, gorros de diferentes formas, en otra, botellas de plástico de diferentes formas y/o tamaños, rellenas cada una de arena, arroz, agua coloreada, etc., con la finalidad de que los niños y niñas, interactuen entre si, al intercambiarse los diferentes objetos y seguir estimulando su interés por el aprendizaje, mediante el descubrimiento de nuevas posibilidades (nuevos objetos).

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