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Monografías virtuales
Ciudadanía, democracia y valores en sociedades plurales

Línea temática: Medios de comunicación y valores democráticos 

ISSN 1728-0001

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Familias, medios de comunicación y valores democráticos

Moderador: Dr. Salvador Cardús. Universidad Autónoma de Barcelona

La situación planteada ante la reciente guerra en Iraq, impensadamente, pone de especial actualidad a nuestro foro virtual acerca de los medios de comunicación y los valores democráticos. Y, por supuesto, obliga a pensar cual debe ser el papel de la familia en este contexto. Pero aun teniendo el conflicto como telón de fondo, nuestra discusión debería ser capaz de analizar esta compleja relación de una manera distanciada, pensada también para los períodos, por decirlo de alguna manera, de "normalidad" en la política internacional. Una "normalidad", no nos vamos a engañar, que sugiere períodos en los que la barbarie, simplemente, queda bien ocultada a la vista del público, pero que no desaparece del mundo.

Para iniciar el Foro, creo que puede tener interés el establecer unos primeros puntos de discusión en forma de breves afirmaciones algo contundentes, para luego, con la colaboración de todos, matizar hasta donde haga falta.

1. Los medios de comunicación han irrumpido desde hace tiempo en nuestra vida cotidiana y, como transportadores de nuevos contenidos y pautas culturales, se han convertido -con voluntad o sin ella- en agentes educativos de primer orden. Hasta aquí, ninguna sorpresa, aunque algunos aun se pregunten -con una cierta ingenuidad- si los medios de comunicación son ciertamente educativos. Y es que tal pregunta, apunta a otra cuestión implícita en ella: ¿se trata de agentes colaboradores o los medios de comunicación son competidores con la familia y, claro está, con la escuela? Es decir, la cuestión de fondo se refiere al hecho que los medios de comunicación, en especial la televisión, a menudo suelen considerarse más bien como competidores educativos, incluso más potentes que la propia familia.

2. Desde mi punto de vista, para poder analizar correctamente los modos de tal relación, lo primero que habría que considerar es que la educación no se fundamenta en modelos de aprendizaje retóricos, sino prácticos y vividos como experiencias. Ciertamente, los modelos retóricos tienen su influencia en la construcción de nuevas expectativas, pero no tienen la misma fuerza educativa que los estilos de vida. Así pues, afirmo sin reservas que la familia, a pesar de la competencia televisiva, dispone de armas educativas superiores en fuerza a las de los medios de comunicación, siempre que no renuncie a usarlas, como sucede tan a menudo.

3. Si se atiende a tal principio, la competencia entre familia y medios de comunicación ya no es una cuestión de discusión entre los valores morales transmitidos por unos y otros, sino principalmente de revisar la incorporación y los usos de los medios de comunicación por parte de la familia. Es decir, el problema ya no está tanto en los contenidos de los medios como en las maneras de acceder a tales contenidos en la família. El "cómo vemos la televisión" se convierte en el problema principal a considerar y no el de "qué vemos en la televisión". Dicho de otra forma, el problema de la televisión -por seguir con el medio más importante- está en qué cosas no nos deja hacer, qué alternativas se pierden en la experiencia familiar, qué conflictos de fondo disimula su consumo sobreabundante, etc.

4. Quizás en este punto sea conveniente revisar las razones de la "mediafobia" que suele ser habitual entre educadores. Puede ser que se trate de una manera de vengarse de las dificultades que los medios de comunicación crean a los antiguos agentes de educativos. Quizás también se trate del hecho que los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales, introducen unos nuevos códigos de comunicación que no son los tradicionales que ha dominado la escuela o con los que los padres se sienten cómodos. Probablemente, los medios de comunicación inician a nuestros hijos e hijas en unos conocimientos no formales que nos incomodan. Tal como la calle -como espacio educativo sin control formal- ha hecho durante décadas, donde se aprendían conocimientos prácticos fundamentales para la vida de cada día pero incómodos -políticamente incorrectos- para los mayores, ahora, casi desaparecida la calle como espacio de socialización en muchas grandes ciudades, los medios de comunicación han tomado el relevo. En cualquier caso, las actitudes a la defensiva de los educadores ante los medios no perjudican a los medios sino a los propios educadores.

5. En este sentido, aunque se puedan considerar a los medios de comunicación como competidores de la familia y la escuela, lo cierto es que éstos se han convertido en las instituciones disciplinadoras más adecuadas y eficaces para ordenar una sociedad compleja como la actual. Aunque parezca una provocación, hay que darse cuenta que sin instrumentos como la televisión, el desorden y la violencia crecerían de manera insoportable. Quizás sí que provoquen algún tipo de violencia social, pero las investigaciones que sostienen tal cosa encuentran tales correlaciones porqué es lo único que andaban buscando. Como sociólogo, no me convencen en absoluto tales vinculaciones simples. ¿Qué pasaría si se estudiasen los niveles de violencia en caso de familias a las que se les retirase el aparato televisivo en según qué condiciones de vida y niveles de formación? ¿Y cómo se ordenaría el mercado económico o como se trasladarían los mensajes políticos, sin medios de comunicación?

6. Quizás ahora ya podamos incluir alguna consideración acerca de los valores democráticos. Si cuando pensamos en ellos nos referimos a su expresión retórica en forma de discurso, habría que decir que aun con unos medios de comunicación influyentes ocupados en hacer propaganda de tales valores -en realidad, la mayoría suelen hacer tal difusión de valores abstractos- no se conseguiría gran efecto, realidad que también puede comprobarse sin mucha dificultad. Y es que no se puede confundir la educación, un proceso la solidez del cuál debe vincularse a la experiencia, con la propaganda, un mecanismo de seducción eficaz solo en el corto plazo que dura la campaña publicitaria. En cualquier caso, los valores democráticos deben educarse inscritos en los estilos de vida y en las maneras de hacer las cosas cotidianas. Especialmente, en las maneras de resolver los conflictos, de construir y defender el interés general y de utilizar el diálogo de manera comprometida, como expresión de la fuerza de los argumentos y de la flexibilidad necesaria para la vida en comunidad.

7. En realidad, me refiero al hecho que los valores democráticos no pueden ser un mero corpus de principios retórico, sino una cultura pública desarrollada sobre la experiencia cotidiana y convertida en una tradición que se proyecta hacia el futuro. Unos valores democráticos son, asimismo, un lenguaje, una manera de hablar de los conflictos de intereses, y por esa razón, habrá que transmitir el uso correcto de esos lenguajes. Por supuesto, unos valores democráticos son unas instituciones que funcionan según unas reglas y que hay que conocer. Por ejemplo, nunca he comprendido por qué no forma parte de los programas escolares la enseñanza del funcionamiento de la justicia, la historia y el propósito de sus diversos códigos y, en fin, las garantías que nos asisten.

8. En definitiva, habría que poner en relación los tres elementos de nuestro debate de las siguientes maneras:

  • las familias deberían incorporar estilos democráticos al tomar ciertas decisiones, siempre que los participantes en ellas tuvieran algún tipo de responsabilidad en las consecuencias
  • los medios de comunicación deberían favorecer una cultura democrática general, denunciando con rigor su ausencia y respetando ellos mismos las reglas que se derivan de tal compromiso
  • las familias deberían relacionarse con los medios de comunicación de manera crítica pero no con actitudes negativas y a la defensiva
  • debería incorporarse una educación práctica de las exigencias democráticas en los propios marcos institucionales que las garantizan. Así, las visitas escolares a los parlamentos, ayuntamientos, juzgados, etc. y el conocimiento directo de su funcionamiento podrían ser muy útiles, derivando en la organización de "juegos de rol" que permitirían experimentar, de manera práctica, las dificultades de tales exigencias

Espero que estas ideas breves permitan abrir un debate fructífero y que, con las aportaciones de todos, lleguemos a unas conclusiones útiles para todos.

 

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