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Entrevista al profesor Miquel Martínez 1(Universidad
de Barcelona)
¿Cómo relacionarías los tres conceptos
que dan título al monográfico: Universidad,
profesorado y ciudadanía?
Para empezar, creo que es imposible concebir una universidad
sin pensar en la función de formar ciudadanos. Así
relacionaría en primera instancia los tres conceptos
planteados. Considero impensable que un profesor y profesional
de la universidad no entienda que su tarea, además
de formar profesionales, consiste en promover y atender la
formación de sus estudiantes en tanto que ciudadanos
y ciudadanas. Por ello pienso que estos tres conceptos van
juntos en la medida en que uno implica al otro. Es imposible
pensar una universidad, como institución de máximo
nivel en la formación cultural, científica y
tecnológica de un país, que no asuma su función
en la formación de ciudadanía activa. Entre
otras razones porque en ella están estudiando, conviviendo
y están formándose algunos de los futuros y
futuras líderes y probablemente la mayoría de
hombres y mujeres que cuando se incorporen al mundo laboral
serán trabajadores y empresarios de alta calificación,
que sin duda tomarán decisiones de implicación
social y ciudadana y que en gran medida ejercerán las
funciones de referentes de la comunidad.
Sin embargo, y a pesar de que no concibamos la tarea del
profesorado sin que éste tome conciencia que está
formando personas a la vez que profesionales, la realidad
y el pensamiento de muchos profesores y profesoras no coinciden
con el nuestro. Para algunos todo lo anterior corresponde
a la familia de los estudiantes o a otras instituciones generalmente
de carácter inferior a la universidad. Obviamente es
posible y necesario formar en la ciudadanía sin hacer
referencia a la universidad. Hay otras instancias sociales
educativas formales y no formales que también cumplen
con la función de formar ciudadanos y ciudadanas. Sin
embargo, esto no exime a la universidad de su responsabilidad
en la formación de personas entrenadas y convencidas
de que deben implicarse en proyectos colectivos y de que deben
procurar el bien común además del bien particular.
Queda mucho por hacer, pero evidentemente la relación
entre los tres conceptos debe ser la de mutua implicación.
Cada vez somos más que pensamos así.
Las nuevas reformas de Educación Superior
que se avecinan en la mayoría de países, ¿crees
que incorporan algún criterio vinculado con la formación
ciudadana?
Pienso que las nuevas reformas de Educación
Superior, especialmente en el caso europeo, pueden sernos
útiles como una excusa para la formación ciudadana.
No tanto porque de forma explícita se diseñen
para tal objetivo sino porque formar un profesional competente
hoy es difícil de imaginar si no es con una serie de
aprendizajes vinculados con actitudes y valores. Creo que
se trata de un proceso de aprovechamiento del discurso en
relación con la competitividad que puede generar un
ambiente propicio a una renovación pedagógica
en la universidad que incorpore la necesidad de abordar la
formación universitaria también desde un enfoque
de formación ciudadana. Efectivamente, por desgracia
las reformas han estado planteadas pensando de forma casi
exclusiva en profesionales competitivos, pero hoy en día
esta formación, afortunadamente, no puede abordarse
sin requerir a la vez aprendizajes éticos.
Creo, en definitiva que, por primera vez, quizás las
reformas en la universidad van a incorporar el trabajo sistemático
sobre el aprendizaje de actitudes y valores que se atribuían
a otros niveles educativos y que hoy se vinculan acertadamente
al aprendizaje para toda la vida y, por lo tanto, también
a la formación universitaria.
¿Qué condiciones deberían darse para
que las razones de formación ciudadana tengan sentido
en la Educación Superior?
Creo que hay que ser muy realista. Las razones para que la
formación ciudadana adquiera importancia deben ser
aún instrumentales. Es decir, razones de interés
para lo que la formación universitaria fue pensada,
esto es, la formación de profesionales, científicos,
tecnólogos, humanistas y artistas. Quiere esto decir
que difícilmente vamos a convencer a los responsables
de las políticas en Educación Superior para
que se preocupen por la formación ciudadana si no es
porque ésta contribuye mejor al objetivo clásico
de la Educación Superior. Pero esto no es nada negativo,
sino que en el fondo nos viene bien a los que estamos interesados
en la formación de ciudadanos desde la universidad.
Así pues, la primera condición es ser consciente
de esta realidad y aprovecharla adecuadamente.
La segunda condición es no improvisar la formación
ciudadana, lo cual implica pensar en la formación del
profesorado universitario. Si pensamos que deberíamos
preocuparnos en formar profesionales con un buen nivel y no
sólo científico, conviene apostar y promover
activamente acciones orientadas a formar profesionales competentes
como tales y consecuentemente en su dimensión ciudadana,
ética y política.
La tercera condición sería no reducir el tiempo
dedicado a la docencia a enseñar cómo superar
unas pruebas de contenidos informativos. Necesitamos métodos
de enseñanza y de evaluación más complejos;
eso implica nuevas maneras de organizarse en la universidad.
Esto nos hace pensar en generar condiciones para trabajar
en equipo y en abordar la dedicación profesional del
profesorado de forma diferente y más completa en función
de la tarea también más compleja y menos instructiva
que la que hasta ahora la ha caracterizado.
La cuarta y última condición sería la
de adquirir conciencia de la importancia de la tutoría
en la universidad entendida ésta en el marco de un
plan de acción tutorial de la Facultad y no como un
mero horario de atención que garantiza la consulta
puntual e interesada del estudiante.
Éstas son a mi parecer cuatro condiciones importantes
para conseguir que la formación ciudadana tenga sentido
y pueda abordarse con el rigor universitario que debería
caracterizarla.
Sin duda el profesorado tiene algo que hacer en todo este
cambio que resulta paradigmático. ¿Cómo
ves en este sentido la formación del nuevo profesorado
universitario?
Creo que como he dicho antes el profesorado tiene mucho que
hacer. Dicho esto creo que la formación del nuevo profesorado
debe centrarse en todo aquello que le ayude a hacer mejor
su tarea. Se trata de pensar en todo aquello que le permita
estar más cómodo en el aula, le permita conocer
los procesos de aprendizaje de sus estudiantes, que no son
solamente informativos y conceptuales sino también
procedimentales, actitudinales y éticos. En todas estas
cuestiones hemos de aprender y debemos avanzar mucho más.
Hace falta identificar los buenos docentes universitarios
con autoridad moral investigadora de cada una de las áreas
y aprovecharlos como garantía del buen hacer y del
compromiso que proponemos con la formación ética
y ciudadana en nuestras universidades.
Formar al profesorado universitario para la formación
ciudadana de sus estudiantes a través de expertos en
ética y pedagogía únicamente puede ser
un error. Tienen que ser los mejores profesionales de cada
ámbito científico los que asuman parte de esta
formación dirigida al resto del profesorado, pues son
ellos quienes junto a pedagogos o especialistas en ética
pueden llevar a la práctica la formación ciudadana
que pretendemos para los futuros expertos y profesionales.
Creo, pues, que hace falta más complicidad entre estos
profesionales.
Cada vez se alzan más voces para que la carrera
docente del profesorado sea incentivada como lo es la carrera
de investigación. ¿Lo consideras una buena opción
para mejorar la calidad en la Educación Superior?
Pienso que es muy importante insistir en la necesidad de
incentivar la docencia. Pero no creo que sea bueno separar
la docencia de la investigación. Una cosa es pensar
en dos dimensiones del ejercicio de la docencia universitaria
y otra bien distinta es tratar de separarlas. Es decir, un
buen docente no puede estar alejado del ámbito de la
investigación y un buen investigador está desaprovechado
si no tiene alguna dimensión docente.
Por ello pienso que a partir de un mínimo reconocimiento
que comporte incentivos docentes y de investigación,
deberíamos pensar en incentivar la dimensión
académica del profesorado universitario que incluya
las dos facetas del profesorado mencionadas. Ya he defendido
otras veces que más que estar a favor de lo que en
España se conoce como incentivos relativos a los diferentes
tramos docentes o de investigación, creo que a partir
de un mínimo de tramos cumplidos, por ejemplo dos de
cada tipo, nadie debería poder obtener un tercer tramo
que no fuese académico, es decir, doble. Estoy convencido
de que a partir de un mínimo docente e investigador,
el profesorado universitario debe incentivarse por su doble
esencial e indisociable dimensión: la dimensión
académica.
Esto es muy importante para lo que comentábamos antes.
Un investigador preocupado por la dimensión docente,
probablemente estará más próximo al análisis
del impacto de los desarrollos de tipo científico y
tecnológico sobre el hecho social. De la misma manera,
un docente alejado del ámbito de la investigación
y la tecnología, probablemente no será un buen
referente para que sus alumnos concedan importancia a la dimensión
ciudadana que pretenda por el simple hecho de proclamar la
bondad de la misma sin más implicación autentica
y real en el ámbito profesional del que se trate.
¿Qué opinión te merecen las universidades
virtuales, cada vez más de moda, en relación
con la formación ciudadana?
Creo que tanto las universidades virtuales como las presenciales
cambiarán su atributo y su modelo por el de una universidad
mixta que intentará integrar todas las posibilidades
y evitar todas las limitaciones de los dos sistemas de aprendizaje
y de gestión del conocimiento. Los dos tipos de universidad
merecen alabanzas y críticas. Vale la pena decir que
hay universidades presenciales que en este sentido, el de
la formación ciudadana, son más virtuales que
las llamadas propiamente así.
De todas formas creo que las universidades presenciales reúnen
potencialmente más requisitos para trabajar todo lo
relacionado con las actitudes y los valores. Pero esto no
quiere decir que el hecho de ser presencial lo garantice,
ni que el hecho de ser virtual lo niegue.
En el modelo mixto que planteo creo que deberíamos
pensar e investigar qué prácticas de enseñanza
y de aprendizaje son las más adecuadas para contribuir
a la formación tanto de buenos profesionales como de
excelentes ciudadanos y ciudadanas. Éste es quizás
uno de los retos de la investigación en Educación
Superior más urgente y a la vez importante que debemos
abordar.
Nota:
1 El Dr. Miquel Martínez
Martín es Catedrático de Teoría de la
Educación de la Universidad de Barcelona (España).
Es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación
por la Universidad de Barcelona. Miembro del Grupo de investigación
en educación en valores y desarrollo moral (GREM) de
la Universidad de Barcelona. Actualmente es director del Instituto
de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona.
Su experiencia se ha desarrollado en torno a la práctica
escolar, la formación del profesorado y la docencia,
investigación y política universitaria. Entre
las obras más significativas de las que es autor o
coautor podemos señalar: Inteligencia y Educación;
Educación moral y democracia; Educación moral
en primaria y secundaria; El contrato moral del profesorado;
Un lugar llamado escuela: en la sociedad de la información
y la diversidad.
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