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II Experiencia
La enseñanza de valores éticos en las carreras
científico-técnicas. Experiencia del grupo de
innovación docente en educación en valores en
los estudios científico-técnicos en la UPV (Universidad
Politécnica de Valencia)
Félix Lozano, Alejandra Boni, J. Carlos Siurana
y Carola Calabuig
No basta con enseñar a un hombre una especialidad.
Aunque esto pueda convertirle en una especie de máquina
útil, no tendrá una personalidad armoniosamente
desarrollada. Es esencial que el estudiante adquiera una comprensión
de los valores y una profunda afinidad hacia ellos. Debe adquirir
un vigoroso sentimiento de lo bello y lo moralmente bueno.
De otro modo, con la especialización de sus conocimientos
más parecerá un perro bien adiestrado que una
persona armoniosamente desarrollada.
(Albert Einstein, 1952, The New York Times.)
1. Introducción: ¿por qué la educación
en valores en los estudios científico-técnicos?
Los modelos de enseñanza-aprendizaje tradicionales
están siendo cuestionados con detenimiento por los
nuevos fenómenos históricos y con la transformación
de la sociedad en las últimas dos décadas. Como
reconoce Miquel Martínez: El debate sobre la
formación en el siglo XXI plantea, sobre todo en los
niveles superiores, cuestiones que afectan a conceptos como
ciudadanía, ética, moral y valores (Martínez,
2002, p. 23). En nuestras sociedades de capitalismo avanzado
y democracia, donde el desarrollo de la economía y
de la ciencia y la tecnología ha alcanzado unos niveles
inimaginables hace unas décadas, los retos que se nos
presentan exigen no sólo sujetos bien informados, sino
personas y ciudadanos bien formados.
Cuestionarse el sentido y el significado que tiene la formación
del siglo XXI es también preguntarse cómo queremos
que sea el mundo en este siglo nuevo. Es en este sentido en
el que tenemos que hablar de formación global e integral:
global porque el alumno debe conocer todo su entorno;
la especialización en su parcela de conocimiento no
basta para ser un buen profesional, sino que se requieren
unas nociones elaboradas de los medios, los fines, las consecuencias
y el contexto en el que se aplicará su conocimiento
específico; e integral porque debe desarrollar
todas las potencialidades humanas, es decir, no sólo
el conocimiento lógico-matemático, sino también
las habilidades, las capacidades, los sentimientos y los valores.
El papel de las universidades y las escuelas de formación
superior es, en este sentido, crucial. Su tarea, como reconoce
la declaración de Bolonia, no se reduce a la formación
de buenos técnicos o profesionales, sino también
ciudadanos responsables que trabajen por un mundo mejor. Para
ello debemos superar el paradigma de la instrucción
y pasar al de la educación en sentido global y con
pretensión universalista, en el que se desarrollen
tanto los contenidos como las capacidades, las actitudes y
los valores.
2. ¿Qué es la educación en valores?
Si no es a partir de los valores no hay posibilidad
alguna de llevar a cabo un proceso educativo. No existe el
hombre biológico, desnudo de cultura, de valores desde
los cuales exige ser interpretado. Acercarse al hombre, conocerlo,
entenderlo, significa interpretar el mundo de significados
o valores a través de los cuales todo hombre se expresa,
siente y vive; y el sistema de actitudes ante la vida que
le dan sentido y coherencia (
) Por ello los valores
son contenidos, explícitos o implícitos, inevitables
en la educación (Ortega, P. et al., 1994, p.
15).
La anterior cita subraya que cualquier actividad educativa
está condicionada por los valores. Podemos considerar
que la experiencia educativa es un proceso complejo en el
que intervienen cuatro elementos (Schwab, 1973), que son:
- El profesor, que planifica la agenda de actividades y
decide qué conocimientos deberían tomarse
en consideración, qué metodología educativa
emplear, cómo evaluar, cómo relacionarse con
los alumnos, etc.
- El que aprende, donde influye la motivación por
aprender, la percepción que tiene el alumno sobre
la institución educativa, sobre el profesor (comportamientos,
pedagogía), sus expectativas, las creencias sobre
sí mismo, sus temores, etc.
- El currículo, que comprende los conocimientos,
habilidades y valores de la experiencia educativa que satisfagan
criterios de excelencia que se aplican en el área
de estudio.
- El medio o contexto en el que tiene lugar la experiencia
de aprendizaje.
Todos estos elementos que configuran la experiencia educativa
están influidos por los valores de las personas; están
presentes en la selección de contenidos que realiza
el profesor, en el diseño de las metodologías
educativas que se aplicarán, en el comportamiento de
los actores educativos en el aula y fuera de ella, en los
contenidos del currículo, etc.
Acerca de lo que es un valor, tradicionalmente ha habido
mucha discusión entre dos tendencias filosóficas
que han pretendido explicar el origen del mismo: el objetivismo,
que indica que los valores existen fuera del hombre, y el
subjetivismo, que sostiene que el hombre crea el valor según
sus deseos, intereses o ideas. Un intento de superación
de ambas concepciones nos lo ofrece la psicología cognitiva,
que entiende que un valor es un concepto ideado y elaborado
por el sujeto para entender, codificar y representar el mundo
(Buxarrais, 1997, p. 80).
El modelo de educación en valores por el que se apuesta
en nuestro trabajo es el de los valores éticos, basados
en la ética cívica (Cortina, 1997) y se propone
como meta colaborar con el alumnado en el proceso de construcción
significativa de los valores mediante dos principios esenciales:
autonomía y razón dialógica (Puig y Martínez,
1989). A través de la autonomía se apuesta por
los procesos de autoconocimiento, de análisis crítico
y de toma de conciencia que faciliten la construcción
de la personalidad moral del individuo.
La razón dialógica incide en la esfera pública
y supone que la persona trata con esas cuestiones a través
del diálogo basado en la argumentación, que
reconoce los diferentes puntos de vista sobre una misma realidad
e intenta acercarse a ellos mediante el entendimiento y la
comprensión (Payá, 1997, p.186). Educar
en valores significa encontrar espacios de reflexión
tanto individual como colectiva, para que el alumnado sea
capaz de elaborar de forma racional y autónoma los
principios de valor, principios que le van a permitir enfrentarse
críticamente a la realidad (Buxarrais, 1997,
p. 79).
La justificación de una metodología de enseñanza-aprendizaje
que tenga en cuenta los valores morales se sustenta en varios
argumentos:
- No existen modelos morales absolutos, por lo que se precisan
unos criterios morales propios y razonados. Unos criterios
elaborados reflexiva y dialógicamente que nos permitan
llegar a acuerdos sobre los valores básicos y centrales
que permitan una convivencia pacífica y el progreso
de la sociedad.
- La vivencia permanente del conflicto de valores. Todas
las personas han tenido la experiencia de que nuestros valores
se vean cuestionados y criticados en otros contextos, a
la vez que hemos sido críticos con otras escalas
axiológicas. Esa experiencia nos ha hecho ser conscientes
de que debemos cuestionar, fundamentar y defender con argumentos
nuestros propios valores si queremos vivir en una sociedad
en paz.
- El progreso tecnológico y científico nos
enfrenta a problemas y situaciones desconocidas hasta ahora.
Los nuevos avances en biotecnología, robótica,
medicina y otras ciencias nos sitúan en situaciones
nuevas a las que debemos responder con el desarrollo coherente
de los valores morales que hacen la vida digna.
- También la necesidad de apreciar, mantener y profundizar
en la democracia, como el mejor sistema conocido de organizar
la convivencia pacífica, nos incita a transmitir
a través de la educación superior los valores
que dan sentido y legitimidad a la democracia. Este último
argumento queda especialmente recogido en el artículo
27.2 de la constitución española: La
educación tendrá por objeto el pleno desarrollo
de la personalidad humana en el respeto a los principios
democráticos de convivencia y a los derechos y libertades
fundamentales (Constitución Española,
art. 27.2).
- La educación en valores no es una disciplina independiente
de los contenidos o habilidades que buscamos en nuestras
asignaturas propias, sino un enfoque transversal. Es decir,
no tiene que ver con qué enseñamos, sino con
cómo lo hacemos; o por utilizar la terminología
del Informe Delors (1996), tiene que ver con el aprender
a ser y el aprender a vivir juntos.
Según propone M.ª Rosa Buxarrais (1997, pp. 83-84)
los objetivos fundamentales de la educación en valores
éticos son que los alumnos:
- Desarrollen las estructuras universales del juicio moral
y guíen su razonamiento moral por las ideas de justicia
y responsabilidad.
- Adquieran competencias para dialogar correctamente que
predispongan a la participación democrática
y a alcanzar acuerdos justos.
- Construyan una imagen de sí mismos y del tipo
de vida que quieren llevar de acuerdo a los valores personales.
- Fomenten las capacidades y adquieran los conocimientos
necesarios para el diálogo crítico y creativo
con la realidad.
- Adquieran las habilidades necesarias para hacer coherente
el juicio con la acción moral.
- Reconozcan y asimilen los valores universales y los Derechos
Humanos.
- Comprendan, respeten y construyan normas de convivencia
que regulan la vida colectiva.
Conseguir estos objetivos no es tarea fácil ni breve.
Existen diferentes estrategias pedagógicas para la
promoción de la educación en valores en el aula
(Pascual, 1995; Ojalvo, 2001; Martínez, Buxarrais et
al, 2002). La mayoría de ellas están pensadas
para ser aplicadas en los niveles preuniversitarios. El reto
del Grupo de Innovación Docente en Educación
en Valores de la UPV consiste, precisamente, en reflexionar
sobre ellas y adaptarlas al contexto universitario científico-técnico.
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ESTRATEGIAS PARA LA EDUCACIÓN
EN VALORES ÉTICOS
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Estrategias para el análisis y la comprensión
crítica de los temas moralmente relevantes
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- Construcción conceptual
- Comentario de texto
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Estrategias para el desarrollo del juicio moral
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- Discusión de dilemas morales
- Diagnóstico de situaciones
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Estrategias de autoconocimiento, expresión y
desarrollo de la perspectiva social
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- Ejercicios autoexpresivos
- Clarificación de valores
-Role playing
-Role model
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Estrategias orientadas al desarrollo de las competencias
autorreguladoras
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- Habilidades sociales
- Autorregulación y autocontrol de la conducta
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Tabla 1: Estrategias para la educación en valores
éticos en el aula.
Fuente: Buxarrais (1997, p. 104).
La experiencia de los autores de este trabajo permite afirmar
que una de las técnicas que más se adaptan al
contexto universitario científico-técnico es
el dilema moral, pudiendo emplearse tanto en asignaturas donde
el profesor tiene más libertad para realizar su planificación
docente (asignaturas de especialidad, de libre elección)
como aquéllas en las que pueden darse más restricciones
(troncales, obligatorias). Lo único que se precisa
es dedicar una sesión de tres horas para el desarrollo
de la dinámica, que puede también ser utilizada
en la introducción de la asignatura, para motivar la
reflexión sobre los contenidos de la misma.
El dilema moral se enmarca en la teoría del desarrollo
del juicio moral que elaboró L. Kohlberg (1977) y que
sostiene que el aprendizaje de valores y el desarrollo del
juicio moral se puede realizar a lo largo de toda la vida,
siempre y cuando se utilicen los procedimientos adecuados
y siendo consciente de que a edades superiores serán
más lentos y difíciles. Con los procedimientos
adecuados será posible alcanzar una moral posconvencional,
lo que consideraremos una de las metas de la educación.
El dilema moral consiste en la discusión sobre una
situación que presenta un conflicto de valores que
atañen a la decisión de una persona. Esta situación
puede ser hipotética o bien tener relación con
el contexto del alumno, pudiéndose adaptar a las particularidades
de cada asignatura. El alumno debe pensar en la mejor solución
y basar su decisión en razonamientos morales y lógicamente
validos.
Se suele comenzar con una reflexión individual para,
tras ello, realizar una exposición en grupos reducidos
o en plenario, para continuar con la discusión y, por
último, realizar un resumen de posturas y conclusiones.
La técnica del dilema moral ayuda al desarrollo del
juicio moral, ya que la situación de conflicto obliga
a cuestionarse juicios más o menos automatizados y
a dar respuesta a nuevos interrogantes y dudas surgidos durante
el proceso de reflexión, que aumentarán la amplitud
y riqueza de la decisión (Buxarrais, 1997, p. 112).
3. La educación en valores de la ética cívica
3.1. ¿Qué es la ética cívica?
La ética de los ciudadanos o ética cívica
es la ética de la sociedad civil, entendiendo por sociedad
civil la dimensión de la sociedad no sometida
directamente a la coacción estatal (Cortina,
1998, p. 354). Está formada por un núcleo de
valores que constituyen la base sobre la que se sustenta la
convivencia pacífica de los ciudadanos en sociedades
pluralistas. De hecho, una sociedad pluralista sólo
es posible donde existe una ética cívica, es
decir, donde los ciudadanos ya comparten unos mínimos,
que son los que les permiten tener una base común para
ir construyendo desde ellos, responsablemente y en serio,
un mundo más humano. Estos mínimos tienen dos
características:
- Ya son compartidos en las sociedades con democracia liberal.
Por eso no se trata de ver cómo los consensuamos,
sino de descubrir aquello que ya hemos aceptado
en nuestra vida cotidiana.
- Son la condición para que tenga sentido cualquier
acuerdo legítimo que tomemos en una sociedad democrática
y pluralista.
La ética cívica es hoy un hecho en las democracias
occidentales. No porque todos los ciudadanos de estas democracias
respetemos en la actualidad los derechos humanos y los valores
que inspiran las constituciones, sino porque hemos aceptado
ya determinados valores, derechos y actitudes que constituyen
unos mínimos compartidos. Tales mínimos
podrían concretarse, por el momento, en el respeto
a los derechos humanos de la primera, segunda y tercera generación,
en los valores de libertad, igualdad y solidaridad y, por
último, en una actitud dialógica, posible por
la tolerancia activa, no sólo pasiva, del que quiere
llegar a entenderse con otro, porque le interesa ese entendimiento
con él (Cortina, 1994, p. 104). Aunque estén
más desarrollados en nuestras democracias, defender
estos valores no significa quedar atrapado por la visión
occidental del mundo, como defenderían los autores
relativistas.
Puesto que son la base de los derechos humanos, son también
una aspiración legítima de cualquier sociedad
y de la humanidad en su conjunto. La ética cívica
contiene, además de los valores-guía de cada
una de las generaciones de derechos humanos libertad,
igualdad, solidaridad otros valores importantes, como
el respeto activo, el diálogo, la responsabilidad
y la justicia.
La ética cívica es una ética de mínimos
referida a lo justo, a lo exigible para una convivencia
pacífica, frente a las diversas éticas de
máximos, referidas a los diversos ideales de vida
buena.
3.2. Valores centrales de la ética cívica
En la actualidad podemos afirmar que la historia de la ética,
que ha caminado paso a paso con la historia de la humanidad,
ha logrado justificar racionalmente seis valores morales fundamentales:
la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto activo,
el diálogo y la responsabilidad la unión
de todos ellos constituiría, a su vez, el valor de
la justicia. Estos valores son la base de lo que hoy
conocemos como ética cívica. Veamos ahora brevemente
en qué consisten esos valores:
Libertad. La libertad es el primer valor a tener en
cuenta porque es el presupuesto para la existencia de todos
los demás. Cuando la ética nos dice lo que debemos
hacer en conciencia, la libertad para escoger entre varias
posibilidades tiene que presuponerse. La libertad es, pues,
la condición de posibilidad del sentido de cualquier
enunciado que se refiera a lo que debemos hacer. Podemos distinguir
tres modos de entender la libertad:
- Libertad como participación. Se refiere
con esto a la libertad política de la que gozaban
los ciudadanos en la Atenas de Pericles. Libertad significaba
participación en los asuntos públicos,
derecho a tomar parte en las decisiones comunes, después
de haber deliberado conjuntamente sobre todas las opciones
posibles.
- Libertad como independencia. En el inicio de la
modernidad, es decir, en los siglos XVI y XVII, aparece
un nuevo concepto de libertad ligado al surgimiento del
individuo; es la libertad como independencia.
En la modernidad empieza a entenderse que los intereses
de los individuos pueden ser distintos de los de su comunidad,
e incluso pueden ser contrapuestos. Por lo tanto, conviene
establecer los límites entre cada individuo y los
demás, como también entre cada individuo y
la comunidad, y asegurar que todos los individuos dispongan
de un espacio en que moverse libremente sin que nadie pueda
interferir. Así nace la libertad de conciencia, de
expresión, de asociación, de reunión,
de desplazamiento, etc. Es la libertad que nos permite disfrutar
de la vida privada: la vida familiar, el círculo
de amigos, las asociaciones en las que participamos voluntariamente,
nuestros bienes económicos, garantizados por la propiedad
privada.
- Libertad como autonomía. En el siglo XVIII,
con la Ilustración, nace la idea de libertad entendida
como autonomía, según la cual, libre es la
persona autónoma, es decir, la que es capaz de darse
sus propias leyes. Una ley no es una simple acción,
sino una universalización válida para una
infinidad de acciones similares y que legitima cada una
de ellas. El uso crítico de nuestra razón
nos lleva a reconocer principios universales en las leyes
que nos damos libremente a nosotros mismos (por ejemplo,
ser coherentes, ser veraces, ser solidarios). Ser libre
entonces significa saber detectar esos principios universales
y aprender a incorporarlos en la vida cotidiana.
Igualdad. Tiene distintas acepciones: igualdad de
todos los ciudadanos ante la ley, igualdad de oportunidades,
e igualdad en ciertas prestaciones sociales. Todas estas nociones
son políticas y económicas y hunden sus raíces
en una idea más profunda: todas las personas son iguales
en dignidad, hecho por el cual todas merecen igual consideración
y respeto. La igualdad exige proteger el derecho a la educación,
a la atención sanitaria, al trabajo, a la vivienda,
a la jubilación, etc. El valor de la igualdad exige
que se vaya aprendiendo a degustar cómo los demás
son iguales a él, sea cual fuere su raza, sexo, edad
o condición social. El racismo y la xenofobia son obstáculos
ante la conciencia de la igualdad, pero también el
desprecio al pobre la aporofobia, al anciano,
al discapacitado.
Solidaridad. Constituye una versión secularizada
del valor fraternidad, que es el tercero de los que defendió
la Revolución Francesa. Si la fraternidad hacía
referencia a que todos los seres humanos somos hijos de un
mismo padre, la solidaridad suprimirá el aspecto religioso
de esta idea, pero mantendrá la idea de sentirse ligado
al resto de la humanidad. La verdadera solidaridad toma en
consideración a todos los afectados por la acción
de una persona o de un grupo, y solicita que actuemos por
una idea de justicia. Pues bien, la solidaridad tiene que
ver con el esfuerzo por llevar la libertad, la igualdad y
el resto de valores morales a aquellos que no pueden disfrutar
de esos valores.
Respeto activo. En las democracias liberales se entiende
que uno de los valores sin los que no es posible la convivencia
es la tolerancia. Ciertamente es mejor que la intolerancia
de quienes se empeñan en imponer su voluntad, pero
la sola tolerancia implica una relación de superioridad
hacia la persona tolerada, por lo que puede convertirse
fácilmente en indiferencia, en desinterés por
los demás, dejando que cada cual piense como
quiera con tal de que no moleste. El respeto activo,
en cambio, es el interés por comprender a los otros
y por ayudar a llevar adelante sus planes de vida. En un mundo
de desiguales, sin un respeto activo es imposible que todos
puedan desarrollar sus proyectos de vida, porque los más
débiles rara vez estarán en condiciones de hacerlo.
Diálogo. Desde Sócrates, en la tradición
occidental se tiene al diálogo como uno de los procedimientos
más adecuados para encontrar la verdad, porque partimos
de la convicción de que toda persona tiene al menos
una parte de verdad que sólo dialógicamente
puede salir a la luz. Las soluciones dialogadas a los conflictos
son las verdaderamente constructivas, siempre que los diálogos
reúnan una serie de requisitos señalados por
la ética discursiva. El que se toma el diálogo
en serio:
- Ingresa en él convencido de que el interlocutor
puede aportar algo, por eso está dispuesto a escucharlo.
- Está dispuesto a modificar su posición
si le convencen los argumentos del interlocutor.
- Está preocupado por buscar una solución
correcta y, por tanto, por entenderse con el interlocutor.
Entenderse no significa conseguir un acuerdo total,
pero sí descubrir todo aquello que ya tenemos en
común.
- La decisión final ha de atender intereses universalizables,
es decir, los de todos los afectados.
Responsabilidad. La humanidad ha realizado enormes
avances tecnológicos, pero la propia tecnología
ha generado nuevos problemas y desafíos. La responsabilidad
hace referencia al hecho de que se le pidan cuentas a una
persona por las consecuencias negativas de algo que ha realizado
o dejado de realizar, o se le reconozcan las consecuencias
positivas. La responsabilidad, como valor ético, tiene
que ver con las consecuencias justas o injustas. Cuando atribuimos
a una persona responsabilidad ética pensamos que la
persona puede controlar su comportamiento a través
de cuatro capacidades:
- Libertad de elección, es decir, capacidad
de preferir una acción frente a otras posibles.
- Reflexión, que consiste en la capacidad
de valorar racionalmente los motivos de su acción.
- Anticipación, que es la capacidad
de considerar las consecuencias previsibles de la acción.
- Sentido de la justicia, esto es, la capacidad
para distinguir lo justo de lo injusto.
Cuanto mayor es el poder que una persona tiene, mayor es
también su responsabilidad.
Justicia. Históricamente ha recibido muchas
formulaciones, siendo la más clásica la de Ulpiano,
al decir que la justicia consiste en dar a cada uno
lo suyo. Las tradiciones liberal y social que confluyen
en la Declaración Universal de los Derechos Humanos
acabarán reconociendo que la justicia consiste en dar
a cada uno las condiciones para vivir en libertad y en igualdad.
En realidad la justicia es un valor que articula los restantes:
el respeto a la libertad y su potenciación, el fomento
de la igualdad, la realización de la solidaridad, el
respeto a las diversas formas de vida, la toma de decisiones
comunes a través del diálogo de manera responsable.
Cuando se da todo eso, entonces se da la justicia.
4. Metodología de trabajo del grupo de educación
en valores de la UPV
La andadura de este grupo se inició en el mes de junio
de 2001 cuando los profesores Lozano y Boni impartieron un
curso (que se repitió en 2002) de Formación
de Profesorado Universitario sobre la temática de los
valores: ética profesional para docentes en primer
lugar, y educación en valores en estudios científico
técnicos en segundo lugar. En septiembre de 2002 se
propuso a los asistentes al segundo curso y a otras personas
sensibilizadas en esta cuestión que formaran un grupo
interdisciplinar de docentes interesados en llevar a la práctica
la educación en valores en sus asignaturas. Este equipo
de personas quedó constituido formalmente como Grupo
de Innovación Educativa en Educación en Valores
en el mes de noviembre de 2002.
La razón por la cual el grupo recibe esta denominación
es porque desde el Instituto de Ciencias de la Educación
(ICE) de la UPV se apoya la formación de equipos estables
de profesores que busquen compartir experiencias para mejorar
sus actividades docentes y constituirse a su vez en formadores
de formadores de las experiencias de innovación educativa
que desarrollen. Bajo esta filosofía de trabajo, y
con la clara vocación de incentivar una educación
integral en el alumnado desde el campo de los estudios científico-técnicos,
se ve conveniente que el grupo adopte esta denominación
y reciba del ICE el apoyo oportuno para llevar a cabo las
iniciativas innovadoras que quiera desarrollar.
El grupo, formado por 23 personas, se compone principalmente
de profesores de la Universidad Politécnica de Valencia
que quieren formarse para poner en práctica en sus
respectivas actividades docentes la perspectiva de la educación
en valores, evaluarlas y sistematizarlas. También forman
parte del grupo otras personas que no son docentes: un miembro
del equipo técnico del Centro de Cooperación
para el Desarrollo de la UPV y un miembro de la ONGD Ingeniería
Sin Fronteras. Se trata en general de profesorado joven y
que mayoritariamente soporta elevada carga docente.
Los departamentos de la UPV que cuentan con más de
un miembro representado en el grupo son: Dpto. Proyectos de
Ingeniería (cuatro profesores); Dpto. Ingeniería
Electrónica (cuatro profesores); Dpto. Organización
de Empresas, Economía Financiera y Contabilidad (dos
profesores); Dpto. Estadística e Investigación
Operativa (dos profesores); Dpto. Ingeniería Rural
y Agroalimentaria (dos profesores). Con un profesor cuentan
los siguientes departamentos: Dpto. Ingeniería Mecánica
y de Materiales, Dpto. Expresión Gráfica, Dpto.
Informática de Sistemas y Computadores, Dpto. Ingeniería
de la Construcción, Dpto. Física Aplicada, Dpto.
de Idiomas y Dpto. Ingeniería Química y Nuclear.
El perfil de los profesores integrantes del grupo es altamente
interdisciplinar. Las materias que imparten los profesores
van desde la estadística, la electrónica, el
dibujo normalizado, la ingeniería hidráulica,
la economía de la empresa, la química de los
materiales y los proyectos medioambientales, hasta la ética
aplicada, los fundamentos de la cooperación para el
desarrollo o el idioma francés, entre otras. En general
predomina la docencia en materias científico-técnicas,
en las cuales aparecen mayores dificultades para trabajar
determinados valores, en concreto los morales.
4.1. Metodología de trabajo
El grupo celebró su primera reunión a principios
de noviembre de 2002, momento en que se organizó y
definió el funcionamiento interno que quería
tener. Desde entonces se reúne periódicamente,
una o dos veces al mes, siendo la dinámica de las reuniones
de trabajo variable, pero sustentada en los siguientes elementos
básicos:
- La lectura de textos y discusión interna de
los mismos. Se han realizado análisis de textos
filosóficos relacionados con la naturaleza y función
de los valores propuestos por la ética cívica:
libertad, igualdad, solidaridad, diálogo, respeto
activo, justicia y responsabilidad.
- El intercambio de experiencias respecto a las
particularidades en la impartición de las asignaturas
que tiene cada miembro del grupo.
En este sentido, ya se han presentado y discutido en diversas
reuniones propuestas de iniciativas que algunos profesores
del grupo pretenden desarrollar o están realizando
ya en sus asignaturas. Entre ellas destaca la presentación
de una metodología para desarrollar el valor cooperación
y responsabilidad en las prácticas de la asignatura
de Ingeniería Hidráulica en la Escuela Técnica
Superior de Ingenieros Agrónomos, así como una
metodología para desarrollar el valor de autocrítica
y compromiso social en la docencia de Estadística
para estudiantes de la facultad de Administración y
Dirección de Empresas. Así mismo, los coordinadores
del grupo mantienen periódicamente reuniones con expertos
en la temática de la educación en valores de
otras universidades, tanto del Estado español como
de otros países de Europa e Iberoamérica, para
recibir asesoramiento metodológico y compartir las
experiencias que en el grupo de Valencia se van desarrollando.
Hay que subrayar que se está trabajando en un campo
muy novedoso; estamos hablando de educación en valores
en estudios universitarios y además en disciplinas
científico-técnicas, donde no es fácil
encontrar experiencias sistematizadas.
Además de estas acciones, en algunas reuniones se
trata ex profeso el diseño de los posibles cursos de
autoformación que cubran determinadas necesidades formativas
de los miembros del grupo y que no es posible abarcar con
la autoformación en las sesiones habituales. Las inquietudes
principales se dirigen a las metodologías y técnicas
pedagógicas específicas que posibiliten la puesta
en práctica de los conocimientos adquiridos en la formación
de tipo teórico. A pesar de encontrarnos en una universidad
que trata de promover en el ámbito institucional los
procesos de enseñanza-aprendizaje (con la perspectiva
del desarrollo de conocimientos, habilidades y actitudes),
y que de hecho proporciona instrumentos de apoyo como programas
específicos de ayuda a la enseñanza, el profesorado
en general ha expresado cierto miedo a poner en marcha las
iniciativas que pretende debido a la escasa formación
que se tiene en el ámbito de la educación en
valores.
En enero de 2003 tuvo lugar el primer curso de autoformación
del Grupo de Innovación Docente, titulado Educación
en valores en los estudios científico-técnicos.
Con 16 horas de duración, alternó la exposición
teórica con los ejercicios prácticos y el debate;
la docencia fue impartida por dos miembros del grupo doctores
en filosofía y por una experta en educación
en valores en el contexto universitario integrante del Centro
de Perfeccionamiento Pedagógico de Educación
Superior de la Universidad de La Habana, Cuba (CEPES).
Los objetivos específicos del curso fueron: aumentar
el conocimiento sobre los valores de tradición
democrática, analizar los valores de responsabilidad
y diálogo como parte esencial del quehacer profesional
en la ingeniería, y conocer metodologías
pedagógicas para la educación en valores.
El curso fue evaluado muy positivamente por los asistentes
y, como complemento del mismo, se realizará en junio
de este mismo año otro taller de 8 horas que incidirá
en las técnicas pedagógicas aplicadas al contexto
universitario.
5. Conclusión: perspectivas de futuro
La gran conclusión que podemos extraer de nuestra
experiencia es que este tema es tan necesario como urgente
y difícil. Tenemos que seguir trabajando. Para el futuro
se pretende continuar con las reuniones de discusión
teórica sobre valores, así como con las presentaciones
y discusión de las propuestas de intervención
que está desarrollando el profesorado perteneciente
al grupo.
En concreto, para el curso académico 2003-2004 se
pretende pasar a la acción, poniendo en práctica
cada miembro del grupo la formación adquirida en las
reuniones y seminarios formativos. Esta aplicación
a la docencia reglada de cada profesor estará tutorizada
por los coordinadores del grupo, planteándose también
la posibilidad de una tutorización virtual. También
se pretende durante estos primeros meses fomentar el intercambio
de experiencias con otros profesores de enseñanzas
técnicas del país, teniendo en cuenta que se
ha puesto en marcha un curso de formación de formadores,
con docencia semi-presencial, concebido para introducir herramientas
y estrategias propias de la educación para el desarrollo
en la actividad docente de profesores universitarios y miembros
de organizaciones que trabajen en el campo de la cooperación
al desarrollo.
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