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La sociedad de la información y la diversidad,
contexto para repensar la educación en valores
Basilio Florentino, Elena Noguera, María Rosa Sales
y Silvia Torguet(1)
Los autores nos presentan algunas de las características
socioeducativas actuales relacionadas con los fundamentos
de la sociedad de la información y la diversidad. Su
objetivo es contribuir, desde la educación en valores,
a caminar hacia la «sociedad del conocimiento y la convivencia».
La realidad actual y las vivencias cotidianas han quedado
inmersas en un esquema de relaciones en el que dominan las
formas más variopintas de las tecnologías de
la información y de la comunicación. Estos acontecimientos
ocurren en un mundo plural y diverso. Culturas y formas de
vida diferentes se combinan y conviven en un contexto de desarrollo
tecnológico global con claros matices homogenizadores.
Las culturas minoritarias refuerzan sus rasgos más
identitarios y los potencian como una forma de preservar la
integridad de su existencia. Identidad y globalidad se admiten
o se objetan, pero al mismo tiempo, forman parte de una misma
realidad en la que la singularidad y la diversidad se complementan
y se conjugan. En este escenario, lleno de incógnitas
y expectativas contradictorias, de ilusión y de temor,
nuestro trabajo como profesionales de la educación
se alimenta de la esperanza y pretende convertir en reto,
en la medida de lo posible, aquello que produzca temor. Por
ello, nuestro objetivo último es contribuir, desde
la educación en valores, a caminar hacia la «sociedad
del conocimiento y la convivencia».
Partimos de que la tecnología es neutral, pero no
el uso; y es en todo lo relacionado al uso donde la educación
en valores debe jugar su papel. Proponemos analizar las competencias
individuales y sociales que la nueva sociedad exige a la ciudadanía.
Prestar atención al concepto de educación que
hemos de adoptar desde las instancias educativas, como base
para la conformación de los valores y actitudes que
nos lleven a una ciudadanía socialmente competente,
así como al diseño de una intervención
pedagógica que nos permita progresar en la transformación
de la sociedad de la información y la diversidad a
la sociedad del conocimiento y la convivencia.
Hemos iniciado el trabajo nombrando algunas de las características
socioeducativas actuales relacionadas con los fundamentos
de la sociedad de la información y la diversidad.
Globalización: nuevos parámetros y menos
referentes claros
Actualmente, no hay duda que vivimos en una sociedad de cambios
progresivos. Manuel Castells identifica tres factores que
coinciden históricamente a partir de 1968, y que a
lo largo de estos últimos años han hecho posible
que hoy se pueda afirmar que estamos en un mundo cualitativamente
diferente. Estos factores son: la revolución tecnológica
de la información; la crisis en las formas clásicas
del capitalismo y del estatismo y el resurgimiento de diferentes
movimientos sociales y culturales, guiados por criterios que,
por un lado, defienden a las minorías, a la diferencia
y a la conservación del ecosistema; y por otro, rechazan
a la autoridad establecida, que se justifica a sí misma
porque es la autoridad.(2)
Cada vez más, y de acuerdo con las diferentes teorías
de la globalización y cambio social global, el mundo
contemporáneo se encuentra marcado por un cambio profundo
en relación al significado del concepto distancia.
La distancia se reduce cada vez más y las relaciones
se producen en ausencia de la interacción física.
Aun así, estas comunicaciones hacen evidente la necesidad
de una interdependencia para solucionar problemas, realizar
y coordinar acciones a nivel global.
Tal y como nos comenta Seyla Benhabib(3):
Como consecuencia del desarrollo mundial de los medios
de transporte y comunicación, en la emergencia de
mercados laborales internacionales, capitales y financieros,
con los efectos multiplicadores e incrementadores de las
actividades locales a escala global... hoy la confrontación
real de diferentes culturas ha producido no solo una comunidad
de conversación, sino una comunidad de interdependencia.
Es a este nivel de confrontación real que los temas
de más presión moral emergen en la escala
global actual.
Aguilar, D. y Vega, F.(4) reafirman la idea mencionada:
El proceso de mundialización de las comunicaciones
y la generalización del uso de las tecnologías
del satélite, la televisión por cable, las
autopistas de la comunicación, las redes y bancos
de datos... no solo han disminuido las distancias y relativizado
el tiempo, sino que han generado una nueva forma de entender
el mundo y la realidad circundante, una nueva sintaxis del
lenguaje y nuevos modelos de pensamiento.
La realidad cotidiana (lo que vemos, sentimos y compartimos)
se enmarca cada vez más en un entorno más amplio,
en un espacio geográfico de contactos y relaciones
humanas que se extienden a nivel mundial. La información
y la comunicación fluyen y varían de manera
constante. En este sentido, necesitamos puntos para fortalecernos
como personas, que tengan en cuenta todos los espacios y las
circunstancias que enriquecen nuestra identidad y, a la vez,
nos posibiliten comprender y experimentar la dimensión
internacional de nuestra realidad.(5)
Aceleración y desarrollo de las tecnologías
de la información y de la comunicación (TIC)
Los procesos globalizadores hacen de este fenómeno
un hecho permanente y cotidiano en nuestras vidas. Hace apenas
una década, hablar de globalización o tecnología
de la comunicación era solo un asunto de expertos.
Sin embargo, hoy día estos procesos han impregnado
tanto nuestro quehacer diario que se ha constituido en un
asunto de dominio público. Actualmente, la mayoría
de las acciones institucionales, de diferentes campos profesionales
y de la vida productiva, pasan necesariamente por procesos
de globalización. Cada día leemos o escuchamos
sobre diferentes fusiones, que van desde pequeñas empresas
como pequeños supermercados o tiendas de muebles, hasta
grandes empresas nacionales e internacionales. El trasporte
aéreo y marítimo, la banca y la energía
son algunos ejemplos de esto.
Somos protagonistas de una gran revolución que despierta
incertidumbre. Sin embargo, la información a favor
y en contra que circula sobre estos procesos, permite desvelar
intereses a la par que ayudan a posicionarse, en su defensa
o en su crítica.
Una de las causas que hace que sea posible una situación
como la descripta, se encuentra en el desarrollo y el control
de la tecnología de la información. Es normal
escuchar a los expertos hablar del desarrollo progresivo de
este campo; ya no nos sorprendemos cuando un ordenador personal
que cuenta con la más avanzada tecnología a
los tres meses queda obsoleto. La aceleración tecnológica
marca nuestra época: el ordenador ha pasado de ser
solo una herramienta de trabajo a constituir el lugar de ocio
junto con la televisión, el video, el equipo de música,
la cámara y el móvil, entre otros. A su vez,
ha pasado a ser un medio de relaciones sociales y se ha convertido
en elemento básico e indispensable para acceder a las
fuentes esenciales de la era informacional. El campo profesional
o la actividad productiva que hoy se desarrolle al margen
de las nuevas tecnologías tienen una importante asignatura
pendiente que superar.
Si hacemos referencias a Internet, una de las principales
vías de información, veremos que la situación
es similar. La línea telefónica ya no es suficiente
para conectarnos. El caudal de información supera el
canal de transmisión y lo vuelve estrecho e insuficiente.
La línea telefónica tradicional ha dejado de
ser eficaz y se debe utilizar la línea adsl o la fibra
óptica. Pero estos medios también quedarán
desbancados en poco tiempo.
Este progreso, tanto en la concentración de la tecnología
como en la sofisticación de los medios que la hacen
posible, ha traído una limitación al acceso.
Es una limitación que afecta, incluso, a los países
exportadores de tecnología. Pero la situación
se agrava cuando se refiere a países en vías
de desarrollo, porque en el contexto actual quien no cuente
con un ordenador actualizado y conexión a Internet,
es una persona excluida de la sociedad informacional.
El motor de cambio es la revolución tecnológica
y sus consecuencias que, en esencia, consisten en la convergencia
acelerada entre la microelectrónica, las telecomunicaciones,
la radiodifusión, los multimedios y las tecnologías
de la información y la comunicación, todo ello
en un proceso que genera nuevos productos y servicios, así
como nuevas formas de gestión empresarial. Pero el
campo económico no es el único afectado. Según
Castells existe una nueva forma de relación entre economía,
Estado y sociedad, que llevará a cambios fundamentales
en todos los aspectos de nuestras vidas. Entre otras cosas,
dichos cambios incluyen la difusión y asimilación
de los conocimientos, el comportamiento social, las prácticas
económicas y empresariales, el compromiso político,
los medios de comunicación, la educación y la
salud, y el ocio y el entretenimiento.
Dentro de las tic el elemento más revolucionario es
Internet. El ambiente de información y comunicación
en el que estamos inmersos crea un «hábitat informático»
(recordemos que «comunicación» viene de «comunidad»).
Asistimos a la creación de una nueva comunidad alrededor
de una red de redes de ordenadores capaces de comunicarse
entre ellos en el espacio virtual. Internet es un medio de
comunicación, de interacción y de organización
social sin límites de tiempo ni espacio. Nos topamos
con un reto ¿cómo sincronizar lo global y lo local?
Quizás sea la relación entre las tic y el ocio
lo que despierte una mayor inseguridad e incertidumbre. Tal
vez, una de las razones se encuentre en que este vínculo
es inherente a la juventud. Se realizan diversos estudios
sobre cómo viven los jóvenes y su experiencia
en este entorno tecnológico, se organizan congresos
para hablar de la relación de la infancia y el entorno
audiovisual... ¿Qué está sucediendo?
No decimos «nuevo entorno» porque, a diferencia
de los adultos, para los jóvenes el contexto actual
es el natural. Queremos salvar esta distancia con la intención
de no prejuzgar y actuar con conocimiento de causa ante unos
parámetros que invaden con gran poder atractivo. Nos
referimos básicamente al individualismo, la interacción
y la realidad virtual.
Hablamos de individualismo en dos sentidos. En primer lugar,
refiriéndonos al medio que se acerca cada vez más
a las características del usuario, define tipologías
de público y atiende a una persona que, en la medida
de que el mundo multimedia satisfaga sus necesidades a través
de la interacción y la realidad virtual, tenderá
hacia el aislamiento. Sin duda se abren nuevas formas de relación
interpersonal, entretenimientos, posibilidades y, por supuesto,
nuevos riesgos. En este aspecto nos parece oportuno resaltar,
en la relación tic-ocio, la retroalimentación
a través de la publicidad directa o indirecta que lleva
a un consumismo voraz. En este consumo, la población
infantil y juvenil toma un relevante protagonismo, tal y como
explican Castells y Bofarull(6):
(
) esta sociedad consumista, monstruosidad que entre
todos hemos engendrado, ha pervertido la dinámica
natural de las leyes de la oferta y la demanda, de tal manera
que la secuencia clásica: necesidad-demanda-producciónconsumo
se ha transformado ahora en producción-demanda (creación
de la demanda)-consumo, en la que la «necesidad»
pasa a un segundo plano. Los objetos de consumo ya no cuentan
por su valor de uso, sino por su valor simbólico,
y ahí las nuevas tecnologías electrónicas
tienen un lugar preferente.
Las tic nos hablan de información y comunicación.
Nos parece importante acostumbramos a diferenciar explícitamente
las dos posibles vertientes. Entendemos a la comunicación
como un proceso que puede ser interactivo, participativo y
democrático. La información, por otra parte,
es solo una parte del proceso comunicacional que consiste,
predominantemente, en flujos unidimensionales entre emisores
activos y receptores pasivos.
Habitualmente somos más conscientes del uso de las
tic en la vertiente comunicativa (teléfono, móvil,
Internet...), porque comunicarse supone un acto de reflexión.
En cambio, somos menos conscientes en el uso de las tic en
la vertiente informativa, dado que adoptamos una actitud de
receptores pasivos. Sin embargo, la información a través
de los medios de comunicación: prensa, radio, Internet
y la tv (esta cuenta con un lugar preferente), adquiere un
importante papel en el proceso de socialización al
tener la capacidad para forma hábitos de conducta(7),
así como en el proceso de construcción personal,
al capacitar para crear estados de opinión, articular
discursos y generar conocimiento(8).
Podríamos decir que todas y todos nos atrevemos a
hablar, con supuesto conocimiento de causa, sobre cualquier
tema de actualidad política, incluso como tema recurrente
a primera hora de la mañana. Pero cuando oímos
a expertos en uno u otro tema, caemos en la cuenta de nuestra
ignorancia. En los distintos medios de comunicación
oímos lo mismo (con matices) repetidamente, lo que
alimenta una falsa sensación de estar muy informados.
Miquel de Moragas(9) lo explica de la siguiente manera:
En el mundo contemporáneo hay un proceso de multiplicación
de canales de difusión, pero de gran concentración
de producción de la información. Esto crea
un espejismo de mucha cantidad de información, porque
se ha multiplicado el número de canales. Pero si
analizásemos todos los informativos de este mediodía
de todas las televisiones europeas, sería espectacular
la coincidencia de las fuentes de información. El
poder real del mundo de la información hoy ya no
está en la censura (que también hay), sino
en el dominio de la producción de contenidos.
Los medios de comunicación educan porque, en los adultos
crean opinión y estilos, y en los más jóvenes,
sobre todo, modelos a imitar(10). A esto se le agrega que
no toda información refleja necesariamente la verdad.
Una aproximación a la misma viene dada por la contrastación
de tal información en diferentes medios. Al respecto,
Internet nos da nuevos instrumentos para afrontar la necesidad
de contra-información. Esta debe ser lo más
rigurosa posible pero, como dice Moragas, hay que tener cuidado
de no olvidar el contenido de las redes de comunicación.
Es decir, recordar que la producción de contenidos
es de todo tipo: audiovisuales, formativos, informativos,
etc. Y por tanto, la contra-información no se puede
hacer de forma particular, sino de manera articulada. Un ejemplo
cercano de contra-información ha sido la opinión
pública mundial que se desarrolló sobre los
planes bélicos de Estados Unidos. En este ejemplo se
aprecia el efecto de las comunicaciones por Internet y el
creciente poder de un movimiento que, paradójicamente,
empezó siendo considerado antiglobalizador, pero que
ha encontrado en uno de los principales signos distintivos
de la globalización (la facilidad y rapidez de las
nuevas telecomunicaciones) una de sus armas más poderosas.(11)
Globalización, identidad y multiculturalidad
La globalización conlleva, indirectamente, la pérdida
de preeminencia de uno de los principales productores históricos
de identidad: el Estado-nación. La globalización
modifica, por lo tanto, el papel de los productores tradicionales
de identidad. En consecuencia, las identidades culturales
tradicionales del planeta tienden a configurarse como el resultado
del encuentro entre las culturas autóctonas y los elementos
transnacionales de las culturas de los países con más
poder político y económico.
Esto supone que unas culturas nacionales acontezcan globales
y, en consecuencia, sean hegemónicas a escala mundial.
Un determinado nivel de transculturalización afecta
a las identidades culturales tradicionales. En muchos estados
del planeta, se manifiesta una evidente tendencia a la reconstrucción
de realidades identitarias más cerradas y al crecimiento
de la diversificación identitaria en el seno de cada
comunidad nacional. El conjunto de las sociedades conviven
en una dinámica de múltiples hibridaciones.
Es evidente que estos fenómenos contienen elementos
contradictorios, pero el panorama no es necesariamente negativo.
El encuentro de culturas es, por excelencia, un buen instrumento
para establecer o afianzar ligaduras positivas entre realidades
diferentes y lejanas. La universalidad de las redes informáticas
en una sola dirección es negativa, pero también
puede comportar la posibilidad interactiva de escuchar, de
mirar y de intervenir desde cualquier lugar del planeta. El
mundo es global y la identidad cultural de cada región
o país forma parte de una red que tiende a compartir
ideas, estéticas similares, emociones próximas.
Empero, esto no significa, de manera obligatoria, que tenga
que menguar la importancia de la dimensión local en
la producción de bienes culturales.
Las tensiones entre universalismo y particularismo, globalización
y regionalización, transnacionalismo y tribalismo,
homogeneización cultural y defensa de las identidades
particulares, eran vistas habitualmente de manera dicotómica
o disyuntiva. Benjamin Barber observa y teoriza sobre estas
tensiones, que él denomina «Jihad versus
Mcworld». Para este autor estas posturas representan
las dos caras del mismo fenómeno globalizador, que
reduce al planeta a la dimensión simbólica de
aldea global, que produce una civilización mundial
norteamericanizada. Este cosmopolitismo desenfadado del Mcworld
anunciado por Fukuyama es el que, en realidad, provoca
las reacciones identitarias de toda clase y, la Jihad, las
luchas contra los intentos de disolución de las identidades
culturales. Las luchas multiculturalistas por el reconocimiento
de las identidades, las nuevas reclamaciones nacionales a
favor del derecho a la diferencia se convierten, de esta manera,
en el verdadero desafío contra una determinada versión
globalizadora de las actuales democracias liberales. Tenemos
que pasar del monólogo al diálogo entre culturas
diversas. La ética de la diferencia y el diálogo
intercultural acontecen una respuesta válida, si bien
difícil, a los retos de un futuro donde hace faltan
redefinir la identidad cultural que representará el
punto de anclaje necesario para contrarrestar la homogeneización
cultural derivada de la globalización y para evitar
los posibles choques que comportaría.(12)
Las migraciones junto a otros factores provocan unas relaciones
sin precedentes entre las culturas. Todas las sociedades se
van convirtiendo en multiculturales y por lo tanto, hace falta
potenciar al respeto mutuo entre ellas como el eje de la convivencia
durante el siglo xxi. Si los conflictos económicos
han marcado tanto el pasado histórico, es posible que
también las tensiones entre culturas caractericen los
próximos siglos. Nos encontramos con unas visiones
pesimistas que prevén violencias entre las diversas
áreas culturales del planeta, y otras optimistas sobre
el progreso de un pluralismo cultural, que reconocerá
las diferencias y buscará fórmulas de respeto
mutuo y de cooperación intercultural. La primera condición
para la paz entre las culturas es el reconocimiento de la
irreductibilidad de las unas con las otras. Las culturas,
desarrolladas en muchos casos a partir de matrices religiosas,
son diversas e iguales en dignidad, están en evolución
y son susceptibles de expresar la dignidad de las personas
y de las comunidades humanas. También están
expuestas a evoluciones negativas, a retrocesos integristas,
a prácticas represivas o alienadoras. La segunda condición
para la paz entre las culturas es la variedad de valores que
pueden compartir las unas con las otras, y el consenso que
pueden establecer sobre los derechos y deberes de las personas
y las comunidades humanas. Cada cultura pone el acento en
unos valores específicos, pero entre todas ellas se
pueden consensuar valores de referencia para la vida auténticamente
humana.(13)
Tanto para unos como para otros puede ser muy enriquecedor
tener en cuenta, escuchar y atender diferentes maneras de
ver y comprender las cosas. Como escribe S. Agacinski(14)4:
Es mejor reconocer esta evidencia empírica: la humanidad
es diversa y no uniforme, y más vale intentar comprender
y regular los conflictos inherentes de esta diversidad...
Si reconocemos que el ser humano nos es casi siempre extraño,
y que es necesario, sin embargo, respetarlo y vivir en paz,
tendríamos mejores armas para hacer frente al sexismo
y al racismo. Vivir juntos se basa en la posibilidad de
hacer pactos.
Y ciertamente pactar es muy diferente y más creativo
que someter y guerrear. Para cualquier ser humano la madurez
intelectual se basa en aceptar plenamente la diferencia del
otro. Este aspecto de la diferencia merece ser tratado más
profundamente y lo enlazaremos con el principio apuntado por
C. Sagan: «la miseria humana evitable es fundamentalmente
la ignorancia sobre nosotros mismos». Por lo tanto, tendremos
que continuar y profundizar en el trabajo de conocernos más
y así hacernos más responsables de nuestros
actos(15).
Hace falta que nos situemos a favor de auténticos
cambios políticos, mentales y culturales. Un cambio
que conciba el interés hacia el otro, como «otro
bueno» y potencie más lo que nos une que aquello
que nos separa. Si incentivamos más el acto de compartir
que el de competir, trabajamos a favor de todos/as nosotros/as.
Las posibilidades son varias. La convivencia es prácticamente
inexistente y entonces, nos encontramos frente una sociedad
cosmopolita, en la cual cada grupo acepta una jerarquía
de valores y nada tiene en común con los demás;
un grupo impone a los otros a través del poder político
su proyecto de vida feliz, con lo que nos encontramos ante
una sociedad moralmente monista; o bien, intentamos ver si
hay valores que comparten todas las doctrinas, aunque no coincidan
en el conjunto de su cosmovisión, y entonces estamos
ante una sociedad moralmente pluralista.(16)
Sociedad de la información y la diversidad
La información es la pieza clave del acelerado proceso
de cambio actual. A través de la comunicación,
la información posibilita el conocimiento que, utilizado
con sabiduría, provoca el desarrollo y la evolución.
Como dice Gabriel Ferraté(17), los pilares de la nueva
sociedad son la virtualidad, la ubicuidad y la globalidad.
Las tres características son permeadas por contextos
plurales. En las tres, tiene cabida hablar de diversidad:
diversidad de escenarios, de espacio y tiempo, de personas,
culturas, valores, de religiones... por tanto, la diversidad
es también una característica fundamental de
la nueva sociedad: la sociedad de la información.
Hemos visto como las tecnologías de la información
y la comunicación constituyen el eje de toda la actividad
social y económica del presente, y resultan imprescindibles
para el futuro. El poder, el éxito, estará en
manos de quienes, sobre la base de una tecnología avanzada,
sepan controlar la generación, el procesamiento y la
transmisión de la información.
Actualmente, el acceso a la información constituye
una de las primeras fronteras en la aldea global (denominada
por algunos autores como «brecha digital»). Hablar
de frontera o de brecha significa que, mientras de un lado,
unos gozan de los privilegios tecnológicos e informacionales,
del lado opuesto, hay otros excluidos y marginados. La brecha
digital existe dentro y entre países, tanto a nivel
local como global.
En 1998 se inició el camino hacia la Cumbre Mundial
sobre la Sociedad de la Información (cmsi) que debería
celebrarse en dos fases, la primera en 2003 y la segunda en
2005. Los ejes temáticos a trabajar fueron básicamente
tres: definir cómo puede entenderse a la sociedad de
la información; cómo asegurar una distribución
equitativa de sus usos, tenencias y beneficios y, por ultimo,
qué aplicaciones se deben explorar en función
de problemas y necesidades concretas. En síntesis,
los grandes temas son: visión, acceso y aplicación.
La sociedad de la información del siglo xxi es compleja
y diversa por definición. Con el propósito de
trabajar las múltiples expectativas sobre la diversidad
global, el comité organizativo de la cmsi ha previsto
la participación, contribución y compromiso
de los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, las
organizaciones no gubernamentales y Naciones Unidas.
Entre los aportes de las distintas entidades a la fase preparatoria
de la cumbre, se destacan, por ejemplo, los argumentos de
la unesco, de las Naciones Unidas y de la Sociedad Civil.
Esos argumentos, que presentamos a continuación, son
los que de alguna forma justifican nuestro trabajo: construir
una ciudadanía basada en valores emergentes que favorezcan
la convivencia en la diversidad, para crear juntos la sociedad
del conocimiento.
La unesco se pregunta, por ejemplo ¿qué pasaría
si resulta que un día se cumple el viejo ideal de la
«información para todos» sustentada
en el crecimiento de redes y aplicaciones de las nuevas tecnologías
de información y comunicación? ¿Habríamos
logrado vencer el reto de acceso equitativo que nos plantea
la sociedad de la información? ¿Asistiríamos
acaso a la democratización del derecho a estar informados?
¿Qué pasaría...? Incluso si se alcanzara
tan apreciable meta, hoy imprescindible, todavía estaríamos
al principio del camino. ¡No es suficiente! El auténtico
objetivo de la nueva cultura en el siglo xxi es avanzar hacia
la formación de sociedades del conocimiento.
La sociedad de la información debe ser moldeada de
tal manera que evolucione hasta transformarse en la sociedad
del conocimiento; donde se respete la inmensa diversidad de
culturas e identidades, así como la universalidad,
individualidad y la interdependencia de los derechos humanos.
Este es el argumento de las Naciones Unidas.
La sociedad civil sostiene, por su parte, que es fundamental
ocuparse de las persistentes desigualdades dentro de las naciones.
Deberíamos pensar las principales causas de la marginación
en términos de «barreras» de diversos tipos:
políticas, sociales, económicas, técnicas,
educativas y de género. El reto de cerrar brechas y
abrir oportunidades en la sociedad de la información
no solo se vincula al «acceso», sino a una participación
democrática y equitativa en todos los aspectos del
desarrollo de las tic por parte de los diversos grupos y de
los países menos desarrollados(18).
No podemos dejar en manos de la técnica y la economía
de mercado el futuro de la sociedad del conocimiento. Es imprescindible
trabajar la dimensión humana y ética para alcanzar
sociedad del conocimiento y la convivencia en su plenitud.
Sabemos que es una tarea difícil, pero llena de esperanzas.
Hoy, en la era de la globalización, la característica
principal de la información es su sinónimo de
mercancía. En la industria de la comunicación
o mediática, lo que cuenta son los criterios comerciales;
se imponen los criterios de rentabilidad sobre los de interés
público. Por otro lado, se concentra el control sobre
canales y medios de comunicación. Por su carácter,
cada vez más estratégico, ha emergido una poderosa
industria transnacional que experimenta un proceso de cuasi-
monopolización, que sitúa al sector en la punta
en la economía globalizada.
El peligro está en que las megas corporaciones que
dominan el mercado mundial de la comunicación no solo
son dueñas de los canales por donde circulan los mensajes,
sino que también acaparan una porción creciente
de la producción y difusión de los contenidos.
Estas acciones minan la pluralidad de las fuentes y la diversidad
de perspectivas, obstruyendo la democracia en la comunicación
y favoreciendo el llamado «pensamiento único».
Así las cosas, es necesario repensar la educación
en valores trabajando la dimensión humana y ética;
lo que supone garantizar el acceso a la información,
a la alfabetización en y para las tecnologías
de la información y la comunicación, la inclusión
social y la convivencia basada en una democracia participativa
que garantice la dignidad de todas las personas.
Basilio Florentino Morillo
Licenciado en Educación, por la Universidad Autónoma
de Santo Domingo, República Dominicana. Doctor en Pedagogía
por la Universidad de Barcelona. Miembro colaborador del Grupo
de Investigación de Educación Moral (grem),
del Departamento de Teoría e Historia de la Educación
y del grupo «Valores y tecnologías de la información
y la comunicación» del Instituto de Ciencias de
la Educación (ice) de la Universidad de Barcelona.
Ha sido responsable del sistema de consulta por Internet del
programa de educación en valores de la oei y tutor
en el postgrado «La práctica de los valores en
contextos educativos» de la oei y la Universidad de Barcelona.
Profesor invitado en República Dominicana por la Pontificia
Universidad Católica Madre y Maestra para impartir
la asignatura «Ciudadanía y democracia» en
el postgrado de Educación Cívica.
Elena Noguera Pigem
Profesora asociada de la Facultad de Pedagogía de
la Universidad de Barcelona, a cargo de las clases de «Fundamentos
pedagógicos de las nuevas tecnologías»,
«Pedagogía de la comunicación» y «Prácticum
de Iniciación». Tutora del Máster de educación
en valores a distancia de la oei y la Universidad de Barcelona.
Magister en Documentación Informatizada y Telemática
para el Profesorado y doctora en Educación Moral y
Democracia, ambos de la Universidad de Barcelona. Tesis doctoral
sobre «Educación moral y en valores utilizando
proyectos telemáticos». Miembro del grem y del
grupo «Valores y tecnologías de la información
y la comunicación» del Instituto de Ciencias de
la Educación, ambos de la Universidad de Barcelona,
miembro de la red telemática educativa internacional
iearn y coordinadora del proyecto telemático «Atlas
de la diversidad».
Rosa María Sales
Maestra de Educación Primaria. Magister en Educación
en Valores del Instituto de Ciencias de la Educación
(ice) de la Universidad de Barcelona, dentro del Programa
de Educación en Valores (peva). Coordinadora del grupo
de trabajo «Valores y tecnologías de la información
y la comunicación», tutora de formación
del proyecto telemático «Atlas de la Diversidad»
y asesora en centros escolares por el ice de la Universidad
de Barcelona.
Silvia Torguet
Maestra de Educación Primaria y licenciada en Psicopedagogía
por la Universidad de Barcelona. Doctoranda en el programa
de Educación Moral y Democracia, y miembro del grem,
en la misma universidad.
(1) Miembros del grupo de trabajo «Valores y tecnologías
de la información y la comunicación» del
que también forman parte las siguientes personas: Lluïsa
Sales, Dolors Rius, Anna Mackay y Laura Cugat. Dicho grupo
pertenece al programa de educación en valores (peva)
del Instituto de Ciencias de la Educación (ice) de
la Universidad de Barcelona.
(2) M. Martínez (1999): «Propostes sobre educació
en valors per a lelaboració dun projecte
educatiu descola en societats plurals i democràtiques»
en AA.VV. Per una ciutat compromesa amb leducació,
v.2, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/ Institut dEducació,
pp. 32-66.
Estas ideas también están expresadas en el
primer apartado del escrito: M. Castells (1999): «Génesis
de un nuevo mundo» en Revista de Occidente, enero,
n.º 140, Madrid.
La primavera de 1999 Manuel Castells realizaba un trabajo
conclusión de fin de milenio. Se trataba del tercer
volumen de la trilogía de su autoría La Era
de la Información: economía, sociedad y cultura,
Madrid, Alianza Editorial.
(3) S. Benhabib (1995): «Cultural Complexity, Moral
Interdependence, and the Global Dialogical Community»
en M. Nussbaum y J. Glover (eds.), Women, Culture and Development:
A study of Human Capabilities, Oxford, Oxford University
Press, citado en F. Robinson (1997): «Globalizing Care:
Ethics, Feminist Theory, and International Relations»
en Alternatives. Social Transformation and Human Governance,
v. 22, n.º 1, Enero-Marzo, Colorado, Lynne Rienner Publishers,
pp.113-133.
(4)D. Aguilar y F. Vega (1996): «Posibilidades educativas
del hipertexto», XV Seminario Interuniversitario de Teoría
de la Educación. Tecnologías y Formación
Permanente, Universidad de La Laguna, noviembre.
(5)N. Lorenzo y E. Noguera (1996): «Missatges llunyans,
una realitat compartida: unes experiències de comunicació
internacional a la Xarxa Telemàtica Educativa de Catalunya»
en M.A Aguareles y B. Gros (coord.), Monogràfic
Telemàtica i Educació. Revista Temps
dEducació, n.º 16, Divisió
Ciències de lEducació de la Universitat
de Barcelona, pp. 23-36
(6) P. Castells e I. Bofarull (2002): Enganchados a las
pantallas, Barcelona, Planeta Prácticos, p. 19
(7) P. Castells (2003): [en línea] consulta realizada
el 23 de enero del 2003, disponible en http://diariovasco.com/edicion/portada.html
(8) Proyecto educativo de ciudad (2003): Medios de comunicación
y sociedad de la información, marzo.
(9) M. Moragas (2003): «Laccés a la informació
és un dret bàsic» en revista El temps,
Valencia, Edicions del País Valecià, S.A. n.º
971, p. 33.
(10)M.R. Buxarrais (2003): «La influència dels
mitjans de comunicació en la vida qüotidiana dels
nois i noies de lESO»: [en línea] consulta
realizada el 28 de marzo del 2003, disponible en www.senderi.org
boletín nº 13, artículo de opinión.
(11) F. de Carreras (2003): «La democracia de la ciudadanía
mundial», artículo publicado en El País,
jueves 20 de febrero.
(12)A. Castiñeira (1999): «Les tendències
polítiques en el llindar del canvi de segle»,
Debats Tecnològics. Al llindar del nou mil.leni,
Col.legi dEnginyers Tècnics Industrials
de Barcelona, n.º 11, Barcelona, octubre, pp. 18-27.
(13)F. Martí (1999): «Migracions i cultures»,
Debats Tecnològics. Al llindar del nou mil.leni,
Col.legi dEnginyers Tècnics Industrials de
Barcelona, n.º 11, Barcelona, octubre, pp. 49-55.
(14) S. Agacinski (1998): Política de sexo,
Madrid, Taurus, p. 144.
(15) B. Anguera (1999): «Homes i dones en el llindar
del nou mil.lenni» en Debats Tecnològics. Al
llindar del nou mil.leni, Col.legi dEnginyers Tècnics
Industrials de Barcelona, n.º 11, Barcelona, octubre,
pp. 35-41.
(16) A. Cortina (1994): La Ética de la sociedad
civil, Madrid, Anaya-Alauda.
(17)G. Ferraté (2002): Aprender y enseñar
en la nueva sociedad [en línea], consulta realizda
en marzo del 2003, Disponible en http://www.uoc.edu/culturaxxi/esp/articles/ferrate0602/ferrate0602.html
(18) J.L. Exeni (2002): «Retos y oportunidades de la
sociedad de la información», documento de trabajo
elaborado a petición de la unesco/San José para
la reunión de consulta en Honduras para la fase preparatoria
de la Cumbre mundial sobre la Sociedad de la Información
(cmsi), punto 2.2 «La unesco/ y la sociedad del conocimiento»
en p. 9 y, punto 2.3.1 «La Sociedad Civil y su aporte
a la cmsi en p. 12 [en línea], consulta realizada
en noviembre del 2003, disponible en: http://www.rnw.nl/informarn/html/trabajo.htm
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