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Cambiar la institución educativa para formar en valores(1)

Juan Samaniego

Las palabras breves

“Ha sonado el timbre de inicio de semana. Es lunes y por tanto, los jóvenes estudiantes se apuran y se forman en columnas, en el patio principal de la institución, para cantar el Himno y escuchar unas palabras breves del habitual minuto cívico.

Han cantado el Himno y se aprestan a escuchar las palabras breves. Ellas llegan cargadas de mensajes referidos a valores: “debemos ser solidarios... respetuosos, amigos del orden y la honestidad... debemos respetarnos unos a otros, ser buenos estudiantes, bien presentados y participar con entusiasmo para que nuestra institución contribuya a tener un país mejor....”

Mientras escuchan, uno que otro alumno se pregunta sobre el pelo largo que les obligaron a cortarse, sobre el profesor con quien no se aprende nada y que sigue inamovible año tras año, sobre el reglamento de estudiantes elaborado por todos menos con participación de los estudiantes. Y lo que es peor, posiblemente algún estudiante recuerda al compañero expulsado que cuestionó una decisión del consejo directivo y que nunca tuvo la oportunidad para decir su verdad....

Al rato, terminan las palabras breves y todos los estudiantes se dirigen a sus aulas, no sin reconocer, en silencio, la tremenda distancia entre aquellas palabras breves que acababan de escuchar y la vida cotidiana en la institución”.

El conjunto de reflexiones que se sugieren en este trabajo, dan cuenta justamente de esta terrible distancia entre la retórica sobre los valores y la organización y vida escolares, en muchas de nuestras instituciones educativas y, a partir de ello, se propone la necesidad de generar cambios sustanciales en la organización, toma de decisiones y clima de una institución para hacer viable un proyecto de formación en valores.

Proyecto de sociedad y formación en valores

El debate pedagógico de los últimos años sobre las finalidades de la educación, ha considerado la urgente necesidad de incorporar en el currículo escolar la formación y práctica en valores. Tal proposición se ha argumentado en la imperiosa contribución que las instituciones educativas deben dar a la problemática social, en la cual los derechos y prácticas de convivencia fundadas en el respeto y la equidad, se yerguen únicamente como buenos propósitos.

Diversas experiencias sobre currículo y formación en valores en los últimos años, han generado importantes lecciones que dan cuenta de i) los límites de la formación en valores reducida a discursos de corte ético y moralizador, que no se expresan efectivamente en la vida cotidiana de la institución educativa, y ii) la estrecha vinculación entre formación en valores y proyecto de sociedad y vida pública y privada que se busca construir.

A partir de dichas lecciones, podemos afirmar que la formación en valores que un sistema educativo promueve no es relevante si carece de un norte que señale el modelo de sociedad que se quiere construir. No es, por tanto, una suerte de “eje transversal” -como se diría ahora- que promulga valores “neutros” o principios éticos universales, que pueden ejercerse de manera individual, sin la presencia de un “otro”. Formar en valores conlleva un conjunto de prácticas y contenidos éticos y filosóficos que dan cuenta de modelos de relación entre individuos que interactúan y participan en un espacio social determinado.

Desde esta perspectiva, la formación en valores es un ejercicio permanente de concreción en la cotidaneidad de la “sociedad que queremos”. Educar en valores tiene que ver, por tanto, con aquel tipo de aprendizaje humano que permite apreciar valores, es decir, incorporar prácticas y actitudes que den paso al cumplimiento de derechos y responsabilidades de las personas. En otro sentido, que favorezcan la construcción y profundización de la democracia.

La formación en valores en sociedades como las latinoamericanas, tiene relevancia en la medida en que contribuye a fortalecer la construcción de un proyecto nacional que amplíe el proceso de democratización de la esfera de las relaciones políticas, en las que el individuo es tomado en consideración en su papel de ciudadano, a la esfera de las relaciones sociales, donde el individuo es tomado en consideración en su diversidad de papeles y status específicos como padre, madre, hijo , cónyuge, empresario, trabajador(2) .

Una propuesta de formación en valores, por tanto, guarda estrecha relación con distintas maneras de concebir la construcción de la democracia, tanto en las esferas públicas como privadas de las personas.

Formación en valores y escuela

La relevancia de una propuesta de formación en valores se expresa en las maneras como ésta concibe y promueve una suerte de “transición” de un sistema fundado únicamente en la democratización de la vida pública a otro que toque las puertas de la vida privada. En este sentido, un proyecto orientado a democratizar la sociedad pasa fundamentalmente por la familia y la escuela.

A nuestro criterio, dos son los obstáculos que debe enfrentar una propuesta de formación en valores en una institución educativa para contribuir a democratizar la esfera de la vida privada y cotidiana de las personas: el no reconocimiento del otro como igual y diferente y la no aceptación de la norma como reguladora de la convivencia social.

Desde esta perspectiva, la formación en valores supera la enseñanza discursiva y se sitúa en la promoción y creación de espacios educativos que estimulen el ejercicio de relaciones de convivencia basadas en el “respeto al otro” y en la construcción colectiva de normas.

Dicha enseñanza discursiva de valores suele expresarse en la cotidianeidad escolar como piezas retóricas de corte moralizador que no se compadecen con formas represivas, no participativas y degradantes de las propias expresiones culturales de los niños, niñas y jóvenes estudiantes, que caracterizan buena parte de la vida escolar y colegial.

El eje fundamental de una propuesta de formación en valores no puede ser, por lo tanto, la ampliación de formas y medios para difundir un discurso sobre valores sin suscitar cambios concretos en la estructura y vida de una institución educativa para posibilitar vivencias reales que permitan interiorizar valores.

Construcción del clima institucional

Buena parte de los sistemas educativos han acumulado históricamente un conjunto de deficiencias en la formación académica de niños y jóvenes. Dramática distancia entre calidad y equidad, contenidos irrelevantes, limitaciones en el desarrollo del pensamiento, ausencia de propuestas de los jóvenes en los escenarios públicos, son algunas de las expresiones de los graves problemas que acusa la educación.

La exacerbada centralización de decisiones, entre otras causas, ha debilitado la capacidad de gestión y toma de decisiones de las propias instituciones educativas, lo cual ha devenido en estructuras, normas y prácticas institucionales atentatorias a la formación integral de niños y jóvenes y al ejercicio de derechos, base fundamental de una propuesta de formación en valores.

En efecto, en buena parte de instituciones educativas, el ejercicio del poder de la autoridad de directivos y maestros se sustenta más en prácticas represivas e intolerantes -que generan miedo y cumplimiento “formal” en los alumnos- que en la interiorización de la importancia del cumplimiento de la norma, como base fundamental de la construcción de la democracia.

Al respecto, la norma que verdaderamente está interiorizada, no solamente enseña lo que hay que hacer sino también porqué hay que hacerlo. En ese momento, la construcción colectiva de normas adquiere un sentido pedagógico.

Tamaño propósito demanda necesariamente la generación de un clima institucional que estime la individualidad, respete las diferencias y forje identidad generacional, como pilares para la construcción de la democracia.

Si el clima de una institución educativa se expresa en las formas de relación interpersonal y de mediación de conflictos entre directivos, maestros y alumnos, y en las maneras como se definen y se ejercen las normas que regulan dichas relaciones, la formación en valores requiere de espacios, procesos y prácticas donde la mediación positiva de conflictos, la participación en la construcción de normas y la no discriminación por ningún tipo de motivos, constituyan el clima de una institución educativa.

Los valores más allá de preceptos morales

La formación en valores en una institución educativa integra varios aspectos. No se circunscribe -como se ha dicho- a la retórica desde la perspectiva del adulto, sino que integra propósitos y acciones para difundir información crítica, de interacción con procesos sociales concretos vinculados con la problemática particular de la niñez y juventud y el involucramiento de directivos, maestros y alumnos en la resolución de conflictos, que faciliten la asunción de actitudes de convivencia positiva, en todo momento y espacio de la vida escolar.

A nuestro parecer, los ámbitos temáticos que deben constituir los ejes de organización de una propuesta de formación en valores en escuelas y colegios podrían ser los siguientes: importancia de la individualidad y desarrollo de la autoestima; respeto por las diferencias, equidad de género y valoración de la identidad generacional. Dichos ámbitos temáticos se fundamentan en una triple perspectiva:

La construcción y formación en valores desde los referentes consustanciales al joven: su yo, su sexualidad, sus diferencias y manifestaciones generacionales, permite que dicha construcción se enriquezca y encarne en la propia dinámica de los jóvenes, en forma de respuestas a sus preocupaciones fundamentales.

Calidad de la educación como aspecto consustancial a la Formación en valores

La calidad de la educación está íntimamente relacionada con la capacidad de una institución para tomar decisiones en función de indicadores y resultados. Es muy común observar deficiencias en la enseñanza que no son enfrentadas por la carencia de estrategias de rendición de cuentas, entre otras. Desde esta perspectiva, un proyecto educativo que encamina a una institución a rendir cuentas y tomar decisiones de acuerdo a los resultados académicos y formativos que logra, constituye un mecanismo de fortalecimiento de la calidad de la educación, por cuanto, transparenta sus potencialidades y limitaciones.

Mejorar la calidad de la educación requiere de la capacidad de una institución educativa para generar condiciones que articulen la estructura, administración y organización a los fines pedagógicos y a los requerimientos de la formación en valores. Calidad de la educación es, por tanto, un aspecto consustancial de la formación en valores.

A partir de lo señalado, entendemos la formación en valores como aprender a convivir y reconocerse a sí mismo y al “otro” como portador derechos y responsabilidades y a interiorizar la importancia del cumplimiento de la norma como reguladora de la vida democrática. Tal aprendizaje es la construcción individual y social de un proyecto de vida y de comportamiento ético y ciudadano.

El Proyecto Educativo Institucional fundado en valores

Los graves problemas que acusa la educación han generado en el debate educativo, la necesidad de afrontarlos, entre otras, desde la perspectiva del mejoramiento de las condiciones de gestión y gerencia institucional. En tal contexto, se han desarrollado diversas propuestas que apuntan a fortalecer la gestión escolar, a través del diseño y aplicación de proyectos educativos institucionales.

En el contexto de lo señalado en este trabajo, consideramos que tanto los procesos curriculares en aula como las vivencias cotidianas al interior de una institución, deben articularse para lograr una educación en práctica de valores, más allá de la mera reflexión discursiva y generalizada sobre su importancia. Dicha articulación requiere, sobre todo, repensar la institución educativa. El diseño y puesta en marcha de un Proyecto Educativo Institucional fundado en valores es una herramienta idónea para repensar y cambiar la institución.

Desde esta perspectiva, El Proyecto Educativo Institucional define estrategias y mecanismos que garanticen la consecución de principios que, a nuestro entender, constituyen los claves para la formación en valores, de cara a la construcción de la democracia y la participación. Algunos de dichos principios son los siguientes:

Respecto a normas institucionales y participación:

En cuanto relaciones entre actores y transparencia:

Estrategias de un proyecto educativo fundado en valores

El Proyecto Educativo Institucional, además de principios, define las estrategias y sus mecanismos de implantación para consolidar un clima institucional adecuado para la formación en valores. A nuestro juicio, las estrategias que define una institución deberían propender al logro de indicadores como los siguientes:

Ámbitos de estrategia

Ejemplos de indicadores de clima institucional en el aula

Organización institucional y participación de actores.

a. El maestro genera consensos con los alumnos sobre las actividades de aprendizaje que se instrumentan.

b. El curso tiene una directiva elegida democráticamente, que rinde cuentas y asume críticas.

c. Los alumnos participan en procesos de autoevaluación disciplinaria.

Definición y aplicación de normas.

a. Los alumnos participan en la definición de normas de relación, de cumplimiento de tareas y de autoevaluación académica, de acuerdo a sus condiciones etáreas.

b. El incumplimiento de normas genera sanciones previamente establecidas.

c. El maestro cumple con las normas que rigen en la institución.

d. Las normas y prácticas de relaciones en el aula valoran las diferencias que existen entre unos y otros.

e. Las sanciones no atentan contra la autoestima de los alumnos.

Toma de decisiones y resolución de conflictos.

a. Los maestros resuelven conflictos de acuerdo a normas establecidas y al carácter formativo de asumir consecuencias. Hay mediación de conflictos.

b. Los alumnos aprenden a resolver conflictos respetando los derechos de toda persona. Asumen positivamente la importancia de cumplir las normas.

c. Las evaluaciones académicas expresan lo que realmente saben los alumnos.

Transparencia y difusión de resultados

a. El aula es un espacio que estimula la consecución de logros establecidos. Los estudiantes tienen conciencia de los resultados que logran.

Ámbitos de estrategia

Ejemplos de indicadores de clima institucional fuera del aula

Organización institucional y participación de actores.

a. En las instancias de dirección institucional tienen espacios de participación los alumnos y padres de familia.

b. En las instancias de dirección institucional hay participación equitativa de género.

c. Los procesos administrativos se subordinan a los requerimientos pedagógicos.

Definición y aplicación de normas.

a. Las normas que define la institución no atentan contra las expresiones particulares y culturales de los jóvenes.

b. La institución revisa y evalúa con frecuencia el sentido de sus normas y reglamentos.

Toma de decisiones y resolución de conflictos.

a. El uso de los espacios físicos de la institución propicia equidad de género.

b. Maestros, directivos y alumnos aprenden a resolver conflictos sin apelar a condiciones jerárquicas. El diálogo suplanta a cualquier forma de maltrato.

Transparencia y difusión de logros

a. La institución difunde resultados académicos de inicio y finalización del período escolar, entre sus alumnos y padres de familia.

b. Las decisiones institucionales sobre los docentes se toman de acuerdo a logros visibles de aprendizaje.

Digamos, por último que todo proyecto de formación en valores requiere de un esfuerzo honesto y creativo de maestros, alumnos y padres de familia por revisar las prácticas institucionales, su estructura, organización y procedimientos, y ponerlos al servicio de la práctica de valores.

No bastan las palabras breves con que suelen iniciarse los minutos cívicos, no basta la retórica de corte moral con las que solemos cansar a los estudiantes. Es necesario cambiar las instituciones, volverlas forjadoras de participación, de respeto y de valoración por toda expresión de identidad y diferencias individuales y grupales. Volverlas, en suma, generadoras de un clima que posibilite el ejercicio de valores en lo cotidiano, en las aulas, los patios, en las instancias de decisión. Instituciones que cambian para transformarse en espacios protectores de derechos y responsabilidades de niños, jóvenes, maestros y padres de familia. Instituciones, en suma, que aportan de manera sustancial a la construcción de un proyecto de sociedad que cree en la democracia.

Notas

(1) Ponencia presentada en el Encuentro Internacional de Educación en Valores, Universidad Andina – OEI, enero del 2001.

(2) García, Mauricio, Familia, escuela y democracia: los pilares de la participación de los niños y adolescentes, en Derecho a Tener Derechos, 1999, Montevideo: UNICEF, IIN.

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