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Algunas precisiones necesarias
Hablar de familia en la actualidad
nos lleva a hablar de diversidad. Más allá
del casi obligado plural con que debemos referirnos
a la institución familiar, es cierto que las
definiciones de familia por más variadas que
sean descansan hoy en la relación interindividual,
dando la idea de que la familia es ante todo un proyecto
relacional que no hace referencia necesariamente a
lazos de sangre. Precisamente Schaffer (1990 en Isabel
Solé i Gallart, 1998) señala que la
naturaleza de las relaciones interpersonales son el
factor clave del desarrollo del niño en la
familia, más incluso que la propia estructura
familiar.
Esto es precisamente lo que queremos
rescatar en nuestra intervención: la naturaleza
de la relación interpersonal como factor clave
del desarrollo del niño en la familia. La familia
sigue siendo, a pesar de los ataques y dudas que se
ciernen sobre ella, el nudo esencial de la constitución
de la personalidad de los niños. Prácticamente
todas las definiciones, más allá desde
donde se posicionen para estudiar a la familia, hacen
referencia a los factores comunes: habitación
común, descendencia común, mismo techo,
mismo apellido, mismos padres, mismo grupo, misma
historia.
Podríamos decir que dos aspectos
fundamentales marcan a la familia de hoy: es el niño
que la define, ya sea por su ausencia o por su presencia.
Por otro lado, la historia de las personas dentro
de las familias no es tan lineal como antaño:
el ciclo de vida familiar no es tan previsible, y
una misma persona puede pasar por muy diferentes etapas
de su vida en cuanto a la familia: celibato, pareja,
familia monoparental, familia compuesta, etc..
Por otro lado, la familia se ve
amenazada en lo que tiene de más fundamental:
dar a sus miembros la identidad de base suficientemente
reaseguradora para afrontar los acontecimientos de
la vida. La familia antes tomaba a cargo dimensiones
muy particulares de la experiencia humana: tiempo
de vida, de aprendizaje, de educación, de reproducción
y ahora está cediendo algunas de estas funciones
a otras instituciones.
De todos modos, y con variantes
respecto a etapas anteriores, la familia es claramente
el primer contexto de aprendizaje para las personas,
en este sentido, es importante aclarar que en su seno
aprenden no sólo los niños sino también
los adultos. En la familia se ofrece cuidado y protección
a los niños, asegurando su subsistencia en
condiciones dignas. También ella contribuye
a la socialización de los hijos en relación
a los valores socialmente aceptados.
Las familias acompañan la
evolución de los niños, en el proceso
de escolarización, que es la vía excelente
para ir penetrando en otros ámbitos sociales
diferentes a la familia. Esta, a través de
estas funciones apunta a educar a los niños
para que puedan ser autónomos, emocionalmente
equilibrados, capaces de establecer vínculos
afectivos satisfactorios.
En esta intervención haremos
expresa referencia a la que anotamos como segunda
función básica de la familia, esto es,
la función socializadora, que conecta al niño
con los valores socialmente aceptados. La enculturación
como así ha dado en llamarse consiste en la
transmisión de representaciones y valores colectivos,
indispensables para el desarrollo y la adaptación
de los niños.
Partimos de que los valores, las
reglas, los ritos familiares están al servicio
de la estabilidad familiar, funcionan como sello de
identidad para las distintas familias, están
al servicio del sentido de pertenencia. Por otro lado,
existen fuerzas internas y externas, como el proceso
evolutivo de los miembros de una familia, los conflictos,
las crisis que funcionan como agentes de cambio. Del
equilibrio entre ambas fuerzas resultará el
sano crecimiento de la familia.
Desde una perspectiva evolutivo-educativa,
podemos decir que la familia supone:
- un proyecto vital de existencia en común
con un proyecto educativo compartido, donde hay
un fuerte compromiso emocional,
- un contexto de desarrollo tanto para los hijos
como para los padres y abuelos,
- un escenario de encuentro intergeneracional,
- una red de apoyo para las transiciones y las
crisis(1).
Desde esta perspectiva, la familia
aparece como el mejor contexto para acompañar
a la persona para transitar los cambios que implica
necesariamente la vida.
En cuanto al proyecto educativo
familiar es en general de orden implícito,
se trata de un contrato familiar donde se "inscribe"
la forma en que se organizan las familias, como se
dividen las tareas, qué expectativas se tienen
de los miembros de la familia. Los valores, actitudes
y expectativas que de esta forma se transmiten constituyen
lo que algunos autores (Cremin, 1976; Bloom, 1981)
han llamado "currículum del hogar".
Este currículum del hogar no está escrito
-a diferencia del escolar- pero cuenta con objetivos,
contenidos, "metodologías" que determinan
la seña de identidad de cada familia, y contribuyen
a generar aprendizajes en sus miembros . Las familias
se diferencian entonces no sólo por los contenidos
sino también en los estilos con que transmiten
estos contenidos (Martínez, 1996).
El tema de los estilos educativos
adquiere entonces importancia fundamental a la hora
de educar en valores.
En ese sentido se distinguen varios
estilos educativos (Baumrind, 1971 y Maccoby y Martín,
1983 en Coloma, 1993), que vienen determinados por
la presencia o ausencia de dos variables fundamentales
a la hora de estudiar la relación padres-hijos:
el monto de afecto o disponibilidad paterna a la respuesta
y el control o exigencia paterna que se pone en la
relación padres-hijos. De la atención
de estas dos variables surgen cuatro tipos de padres:
- Autoritativo recíproco, en los cuales estas
dos dimensiones están equilibradas: se ejerce
un control consistente y razonado a la vez que se
parte de la aceptación de los derechos y
deberes de los hijos, y se pide de estos la aceptación
de los derechos y deberes de los padres.
- Autoritario-represivo, en este caso si bien el
control existente es tan fuerte como en el caso
anterior, al no estar acompañado de reciprocidad,
se vuelve rígido, no dejando espacio para
el ejercicio de la libertad de parte del hijo.
- Permisivo-indulgente, en este caso no existe control
de parte de los padres, que no son directivos, no
establecen normas. De todos modos, estos padres
están muy implicados afectivamente con sus
hijos, están atentos a las necesidades de
sus hijos.
- Permisivo-negligente, en este caso, la permisividad
no está acompañada de implicación
afectiva, y se parece mucho al abandono.
La educación de los
valores en la familia
Partimos de que los valores son
elementos muy centrales en el sistema de creencias
de las personas y están relacionados con estados
ideales de vida que responden a nuestras necesidades
como seres humanos, proporcionándonos criterios
para evaluar a los otros, a los acontecimientos tanto
como a nosotros mismos (Rokeach, 1973 en García,
Ramírez y Lima , 1998) . Es así que
los valores nos orientan en la vida, nos hacen comprender
y estimar a los demás, pero también
se relacionan con imagen que vamos construyendo de
nosotros mismos y se relacionan con el sentimiento
sobre nuestra competencia social.
Según otros autores (Schwartz,
1990) los valores son representaciones cognitivas
inherentes a tres formas de exigencia universal: las
exigencias del organismo, las reglas sociales de interacción
y las necesidades socio-institucionales que aseguran
el bienestar y el mantenimiento del grupo.
De esa manera, según Schwartz
los sistemas de valores se organizan alrededor de
tres dimensiones fundamentales: el tipo de objetivo
(trascendencia o beneficio personal; conservación
o cambio), los intereses subyacentes (individuales
o colectivos), el dominio de la motivación
(tradición, estimulación, seguridad).
Las teorías implícitas que todos los
padres tienen y que se relacionan con lo que los mismos
piensan sobre cómo se hacen las cosas y por
qué se hacen de tal o cual manera ofician "de
filtro" en la educación en valores.
Estas ideas y teorías implícitas
se montan sobre experiencias, sobre lo que se ha vivenciado.
Si bien se podría decir que
la familia no es el único contexto donde se
educa en valores, es una realidad que el ambiente
de proximidad e intimidad que en ella se da la hace
especialmente eficaz en esta tarea.
Existe en la literatura una extensa
discusión sobre cómo se educa en valores:
¿los pequeños interiorizan los valores
familiares? ¿o los niños son agentes activos
en el proceso de construcción de valores, en
el entendido que la relación padres-hijos es
una relación transaccional, esto es de ida
y vuelta? Nosotros estamos con la segunda posición,
afiliándonos así a las nuevas perspectivas
constructivistas. En ellas se concibe a la relación
entre adultos y niños de doble sentido, aunque
se acepte que esta relación es asimétrica.
Esto significa que no sólo
cambian y se influencian los valores de los niños,
sino también los de los adultos, por ejemplo,
luego de tener hijos una persona puede privilegiar
más el valor de la seguridad que el de reconocimiento
social.
Un marco teórico para
comprender la educación en valores en la familia
La familia muestra a sus miembros
lo que espera de ellos teniendo en cuenta lo que se
ve como deseable y valioso en la sociedad. Bronfenbrenner
(1987) propone un modelo que incluye cuatro sistemas
para entender la realidad en la que están incluídas
las familias:
En el nivel del macrosistema,
se ubican las creencias de una cultura, las leyes
que regulan una sociedad, los mitos y los valores
que se aprecian en un determinado grupo social. En
él también residen los mensajes que
se transmiten en los medios de comunicación
social, los clichés, los estereotipos y lo
que es valorado como deseable respecto a lo que puede
considerarse una "buena familia".
En el nivel exosistema se
ubican todas las influencias de agentes externos que
tiene la persona, que aunque no estén en directo
contacto con ella, tienen impacto sobre la misma.
En el tema que nos ocupa, los valores manejados por
la familia extensa y por los amigos tienen influencia
en los padres, ya sea para tomarlos como ejemplo y
reproducirlos en su propia familia o para vivirlos
como reto y conflicto.
El autor reserva el concepto mesosistema
a la relación existente entre dos o más
sistemas que tienen estrecha influencia en la persona.
El ejemplo más claro de relación a nivel
del mesosistema lo constituye la relación entre
familia y escuela. En general justamente, a la hora
de elegir el centro educativo para los hijos uno de
los aspectos a tener en cuenta es la compatibilidad
de los valores asumidos por ambas.
Por último, en el microsistema
es donde residen las relaciones más próximas
e íntimas que una persona tiene con el entorno,
en palabras del mismo Bronfenbrenner el microsistema
"constituye un patrón de actividades,
roles y relaciones interpersonales que la persona
en desarrollo experimenta en un entorno determinado,
con características físicas y materiales
particulares". La familia es un ejemplo claro
de microsistema.
Este marco teórico permite
la lectura abierta de la educación en valores
en otros contextos de socialización: es un
hecho que la televisión, el mundo de internet
y de los ordenadores condicionan en parte los valores
que son transmitidos desde la familia . De cómo
administren los padres estos medios, como eduquen
a sus hijos en la lectura del lenguaje audiovisual
y en el espíritu crítico depende la
educación en valores en general.
Este marco teórico permite
estudiar a la familia como un sistema, inmerso dentro
de otros sistemas. La palabra sistema pone acento
justamente en la familia como conjunto de elementos
en continua interacción. En un sistema, y por
lo tanto, en las familias cada elemento afecta a otros
y es a su vez afectado por aquellos, en una especie
de equilibrio circular que una vez establecido tiende
a mantenerse, esto es lo que se llama aptitud de homeostasis,
que es la tendencia del sistema a permanecer igual
a sí mismo.
De todos modos, los sistemas también
tienen aptitud para el cambio Los modos de relación
no son considerados desde esta perspectiva en forma
lineal, sino que son multilaterales, cada elemento
influye al otro, y este al primero, el esquema es
entonces de naturaleza circular.
Todas estas características
de las familias en tanto sistemas interesan a la hora
de estudiar a la familia como educadora en valores.
Ciclo de vida familiar y valores
Las familias, como las personas
atraviesan diferentes etapas, recorriendo un ciclo
evolutivo (Vidal, 1991).
En general se pueden distinguir
tres grandes tiempos en la vida de una familia: el
tiempo de constitución, que abarca cuestiones
tales como elección de la pareja, matrimonio
y cohabitación sin hijos, el tiempo de expansión,
esto es de la llegada de los hijos, que implica la
transición a la paternidad y la vida con hijos
de edad preescolar y escolar, y por último
un tiempo de reducción, cuando los hijos se
emancipan, la pareja vuelve a quedar sola y sin actividad
laboral.
En general, las etapas que se inscriben
dentro de estos tiempos se definen en relación
a estos factores: cambios en la composición
familiar, cuando miembros se anexan o se pierden,
cambios en la composición en relación
a las edades y cambios en la situación laboral
de los miembros de la familia.
A grandes rasgos se pueden describir
las siguientes etapas:
- constitución de la pareja, cuando la mujer
y el hombre llegan a la pareja cada uno tiene una
serie de expectativas sobre como debe ser una pareja.
Estas expectativas tienen que ver con valores sobre
cómo tienen que ser las cosas dentro de una
pareja, y en general no se dicen de forma explícita.
Estas formas de concebir las cosas pueden ir desde
como se deben relacionar hombre y mujer, hasta la
repartición de las tareas domésticas
¿quién cocina, lava los platos, hace
los mandados, quién ayuda a quién?.
En esta etapa el éxito en la separación
con las familias de origen es crucial, y cuanto
más aglutinadas sean las familias de origen,
mayor dificultad traerá consigo la separación,
ya que separarse en ciertos casos puede asimilarse
a aniquilación y a traición.
- nacimiento de los hijos (con las primeras etapas
de vida preescolar y escolar), supone el tener resuelto
el lugar que va a ocupar el hijo que llega, el modo
de participación de los padres y de sus familias
está vinculado con la relación de
los padres entre sí y de cada uno con su
familia de origen: Aquí se pone en juego
cómo se debe educar a un niño o a
una niña, y en general lo que se quiere de
los hijos, si esto se define por repetición
o por oposición a lo que los padres han vivido
ellos mismos en tanto hijos; cuanto se asigna externamente
a ese hijo que llega, desde la misma manera de esperarlo,
del lugar que se le asigna, desde el nombre que
se le pone, etc.
La cuestión del nombre: si
el mismo ya existe en la familia, si es un nombre
a "estrenar", tiene que ver con las expectativas
y valores que los padres ponen en juego desde el inicio
en la relación con ese hijo: se va a llamar
como el abuelo, como el tío, y por qué,
para llenar un espacio que ha quedado vacío,
si se quiere repetir la historia de alguien que ha
sido muy inteligente, muy afectuoso, muy exitoso en
la familia. La distribución de tareas en el
cuidado de los hijos es un tema fundamental en la
educación, quién se levanta de noche,
quién lo baña y quién le da de
comer definen valorizaciones, formas determinadas
de encarar los vínculos.
- adolescencia de los hijos ,que se estudia en
forma separada de las etapas anteriores, por el
impacto que tiene tanto en los adultos como en los
mismos adolescentes. En esta etapa los hijos se
plantean el por qué, el para qué,
el sentido de la vida, qué quieren hacer,
cómo quieren vivir. A través de estas
preguntas, el adolescente también "mueve"
a los padres, y los lleva a replantearse sus propias
opciones al respecto. Pueden darse conflictos de
valores, enfrentamientos, con la diferencia que
el adolescente tiene tiempo por delante para resolver
estos temas, mientras que los padres no. Esta etapa
puede resolverse mediante el control férreo
de parte de los padres o por el contrario, por una
indiscriminación entre padres e hijos, que
funcionan como amigos.
- partida de los hijos del hogar parental, es también
una etapa movilizadora para los padres, porque coincide
con la disminución de la potencia en el hombre,
la pérdida de la capacidad de reproductora
en la mujer, la transición de una vida laboral
activa a la jubilación. Cómo se viva
esta etapa va a depender de cuán diferenciados
hayan estado los subsistemas parental y conyugal,
como para poder permitir al hijo partir sin culpa.
- pareja nuevamente sola, que se ha dado en llamar
etapa del "nido vacío", en ella
se suelen invertir los roles, los hijos deben cuidar
de sus padres, de cómo se hayan sentido cuidados,
protegidos y atendidos los hijos como tales dependerá
como puedan vivir esta etapa.
Estas etapas pueden variar: en algunas
culturas o en algunas subculturas el ingreso a la
vida adulta se hace sin transitar prácticamente
por la adolescencia, en otros casos, no se puede hablar
de nido vacío, ya que las nuevas unidades familiares
se construyen en presencia de por lo menos una de
las familias de origen, a tal punto que algunos autores
han hablado de "nido repleto".
Cada una estas etapas implica el
cumplir con determinadas tareas, implica conflictos
básicos a resolver, que de no enfrentarse en
su momento, se arrastran a etapas posteriores.
Valores y reglas
Las reglas familiares son en general
implícitas y provienen de las familias de origen
y se transmiten de generación en generación.
Las reglas pueden funcionar como vehículos
concretos de expresión de los valores, ya que
en general responden a una determinada escala de valores,
sea esta explícita o no. También pueden
responder a la tradición y ser el principal
obstáculo para el cambio. Las reglas familiares
constituyen indicadores comunicacionales por excelencia.
A través de ellas se determina quién
habla con quién, quién tiene derecho
a qué, cómo se expresan los afectos,
qué se penaliza, que se premia, a quién
le corresponde hacer qué.
Las reglas en todo caso deben ser
flexibles, cambiar a lo largo del ciclo familiar y
estar al servicio del crecimiento de los miembros
del grupo.
Es interesante detenerse en el análisis
de las reglas y sus características.(Gimeno,
1999)
En primer lugar, las reglas tienen
diferentes contenidos: las hay organizacionales o
instrumentales, son las reglas que regulan los horarios,
las tareas domésticas, las rutinas.
Las reglas más importantes
para la teoría sistémica son las que
regulan las interacciones entre los miembros, cuáles
son las distancias a tener con los miembros de la
familia extensa, con los amigos, los vecinos y también
la intimidad y la forma de expresar el afecto entre
los miembros de la familia nuclear
Existen reglas que hacen referencia
a las formas de apoyo y se vinculan al cuándo
se pide ayuda a quién y cómo.
Otras reglas regulan la manera de
proceder ante los conflictos, cómo se enfrentan,
y en el caso de hacerlo, cómo se resuelven.
Si la regla básica de una familia es "no
tenemos conflictos", se sancionará a todo
aquel que intente denunciar uno.
Por último, los secretos
familiares que existen justamente porque son violatorios
de escalas de valores o constituyen un riesgo para
el prestigio familiar, son regulados mediante reglas.
Cuanto se cuenta, a quién, con quién
se comparte el secreto, con quien se hacen alianzas
en tal sentido, todo ello depende de la aplicación
de ciertas reglas.
Las reglas cuando están al
servicio de las metas y los valores familiares contribuyen
al crecimiento de la familia, pero si su número
es excesivo pueden resultar un factor estresante:
La consistencia de las reglas esto es, reglas claras
que indican a las personas los límites entre
lo que se puede y lo que no, colaboran para dar seguridad
a los hijos.
Algunos autores como Stenberg (1992
en Gimeno, 1999) hablan de poder ejecutivo, legislativo
y judicial en la familia, pidiendo prestados términos
jurídicos, haciendo referencia a la aplicación
de reglas en la familia. El poder legislativo se encarga
de enunciar normas, el poder judicial determina si
ha habido incumplimiento de las mismas, y el poder
ejecutivo es quien se encarga de que las normas se
cumplan.
En las familias de corte tradicional,
el padre representa el poder legislativo, mientras
que a la madre, que en general está en mayor
contacto con los hijos, corresponden los otros dos
poderes.
Investigaciones relacionadas con
el tema
Las investigaciones relacionadas
con la educación en valores en la familia han
sido criticadas muchas veces por descuidos de orden
metodológico. Las que han trabajado directamente
con los hijos puede decirse que son las que han aumentado
la validez y fiabilidad de los resultados, al tratar
de las relaciones entre sus representaciones y los
valores finales a los que adhieren los hijos.
Cuando se ha solicitado a las personas
que asocien el concepto de familia a una serie de
valores que tengan relación con el bienestar
familiar la gran mayoría de ellas señalan
como importante el valor de la seguridad, seguidos
por los valores de respeto, tolerancia, solidaridad,
responsabilidad, etc (Salcedo, 1992; Orizo, 1996;García
y Ramírez, 1997 en García, Ramírez
y Lima, 1998)
Se han realizado también
estudios transculturales sobre las representaciones
que los adolescentes se han formado de la relación
padres-hijos en el marco de la familia y a la vez
sobre los valores de los mismos padres. En esas investigaciones
realizadas con adolescentes españoles, polacos,
ingleses, colombianos y portugueses se pone énfasis
en la relación entre los valores de los adolescentes
y sus representaciones de las actitudes y comportamientos
educativos parentales por un lado, y por otro, en
la relación entre los valores de los adolescentes
y los padres por otro (Musitu y Fontaine, 1998).
Se trabajó con dos instrumentos
en el caso de los adolescentes: evaluación
de la representación que tienen los adolescentes
sobre sus padres y por otro la escala de valores inspirada
en la teoría de Schwartz ya mencionada. En
el caso de los padres, sólo se aplicó
ésta última.
En forma muy resumida, podemos decir
que existen interacciones significativas, aunque de
poca intensidad, entre la representación del
adolescente en cuanto los roles y las funciones de
sus padres y de su propio sistema de valores. La dimensión
principal de los adolescentes relacionada con el factor
comprensión, es la que presenta mas correlación
con los diferentes valores. Los hogares donde predomina
la armonía, el bienestar, el afecto refuerzan
los siguientes valores:
- universalidad entendida como la comprensión
la tolerancia, la estima y la protección
de todas las personas y de la naturaleza,
- benevolencia, entendida como la preocupación
por la preservación del bienestar de las
personas próximas
- la seguridad, o valoración de la integridad,
armonía y equilibrio tanto a nivel interpersonal
como social
- el conformismo, entendido por la restricción
de acciones o pulsiones que puedan resultar dañinas
para los otros o que violen las expectativas o normas
sociales.
Estos valores fueron encontrados
en los cinco países estudiados.
La armonía familiar, la comprensión
y el apoyo aparecen como dimensiones centrales para
la formación de sistemas de valores que se
refieren a estados finales de la existencia y a comportamientos
deseables. Estos resultados ilustran la relación
que existe entre los valores característicos
de cada sociedad y los valores individuales de sus
miembros. La transmisión de valores parece
darse en forma principal a través de la familia
siendo entonces el clima familiar con todos sus componentes
socio-afectivos lo que da sentido a los valores, sin
descuidar, como hemos dicho que hay otros agentes
que intervienen en la transmisión de valores:
los pares, los medios de comunicación social,
las instituciones educativas, etc..
Existen otras investigaciones de
los mismos autores que relacionan las funciones de
la familia y la pertenencia social. La familia como
refugio del individuo es vivida más frecuentemente
en medios socioeconómicos medios y altos, mientras
que la transmisión de valores tradicionales
predomina en el seno de las clases desfavorecidas
Mientras que estas clases valorizan el conformismo
respecto a la norma social, las clases media y alta
valorizan la iniciativa, la curiosidad, la autonomía
y la creatividad.
En nuestro país existen investigaciones
que pueden colaborar para dar luz en este tema. Una
investigación dirigida por Rita Perdomo (1998)
realizada con adolescentes montevideanos a principios
de la década de los 90 estudia lo dicho y lo
no dicho por los adolescentes poniendo énfasis
en su inserción social y sus dificultades.
Uno de los capítulos de la
encuesta realizada a adolescentes entre 15 y 19 años
está dedicado a la toma de decisiones en el
hogar. Ante la pregunta : ¿quién decide
las cosas más importantes en tu casa? , en
el total de los encuestados predominó la respuesta
el padre y la madre (un 33 % del total) ubicándose
la respuesta "todos en familia" en el tercer
lugar con un 19%.(2)
Esto podría hablar de una
tendencia a la democratización de los vínculos
familiares, esta tendencia es de anotar se da en todos
los estratos socioeconómicos, y se vincula
con la facilitación de la comunicación
y la comprensión entre los miembros de la familia.
Es verdad que esta investigación no tenía
como objetivo fundamental el estudio de los valores,
e incluso los autores dejan claro que expresamente
formularon esta pregunta en forma vaga, no dejando
claro en su formulación qué querían
decir con "las cosas importantes en tu casa",
dejando librado a la interpretación de cada
adolescente. esta expresión.
Así las cosas importantes
de la casa podrían ser la adquisición
de bienes materiales, decisiones respecto a la educación
de los hijos, o aspectos cotidianos tales como distribución
de tareas, horarios, etc.. De todos modos, más
allá de las interpretaciones personales, esta
pregunta indagaba acerca de la percepción que
los adolescentes tienen sobre las figuras de autoridad,
la distribución del poder, los mecanismos de
control que operan en una familia, aspectos que vimos
están relacionados con la educación
en valores.
Reflexiones finales
De acuerdo al modesto recorrido
realizado a través de teorías, propuestas
de autores e investigaciones, parece claro que aún
la familia, a pesar del debate frecuente sigue siendo
vehículo privilegiado en la transmisión
de valores.
Los cambios operados al interior
de la familia desde los años 70, han dejado
de lado el modelo racional, con una fuerte y rígida
división de roles entre hombre y mujer y entre
padres e hijos. Los padres optan por una educación
para la libertad, valorizando la comunicación,
el diálogo, la tolerancia. El estilo autoritativo
recíproco descripto en este mismo artículo
es el que según las investigaciones actuales
aparece como el más indicado para favorecer
el crecimiento del hijo en todas las dimensiones.
Más allá de la forma que adquiera, la
familia sigue siendo la institución cuya función
fundamental es responder a las necesidades y las relaciones
esenciales para el futuro del niño y su desarrollo
psíquico. La familia aparece como la instancia
primera donde se experimenta y organiza el futuro
individual donde se dan las contradicciones entre:
"pertenecer a" y a la vez lograr la autonomía,
parecerse y diferenciarse. Esta tensión paradójica
se resuelve con la marca individual de cada persona,
pero es verdad que la familia se instituye como un
lugar de resiliencia, en el sentido que brinda un
espacio para resistir a esta tensión y resolverla
favorablemente. La familia es el lugar de la construcción
de identidad, sin el otro, es imposible que exista
el yo, sin lazos o relaciones no existe psiquismo
unificado. La familia constituye entonces el compromiso
de cada uno con un proyecto relacional que se construye
en un determinado tiempo y espacio y que define por
lo tanto los valores que en cada unidad familiar se
ponen en juego. La familia se constituye así
como el primer paso importante hacia la cultura, al
organizar el sistema de valores, la manera de pensar
y de comportarse de sus miembros, de acuerdo a la
pertenencia cultural
Más allá de la estructura,
la historia, la cultura, la composición de
la familia sus funciones primeras siguen siendo las
mismas: favorecer lo mejor posible a nivel de las
relaciones, las condiciones necesarias y suficientes
de un dispositivo que permita favorecer la capacidad
psíquica de cada uno de sus miembros para producir
sentido a fin de inscribir su existencia en su historia
y la de los otros. La relación padres-hijos,
a través de la educación en valores,
constituye la primer y fundamental escena de esta
meta a lograr. (Lefebvre, 2000)
Bibliografía
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psíquico y estructura familiar: Montevideo:
Ciencias.
Notas
(1) Hablamos aquí tanto de
las crisis normativas, estas son las esperadas dentro
del ciclo vital de una persona: casamiento, obtención
del primer empleo, cambio de empleo, jubilación;
como de las crisis no normativas, que implican "quiebres"
inesperados: divorcio, accidentes, enfermedades.
(2) Es de anotar que el segundo lugar
lo ocupa la respuesta que ubica a la madre en un 24
%como quien decide las cosas importantes. Es de hacer
notar que en un 13% de los encuestados la madre era
en realidad la "jefa del hogar". Por otro
lado, la distribución homogénea en todos
los estratos sociales de la respuesta "todos
en familia" con una pequeña disminución
en el estrato bajo se explicaría en estos casos
por las problemáticas y ausencias en la estructura
familiar más frecuente en estos sectores.
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