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Muñoz Rubio, Julio
Naturaleza humana y teoría darwinista

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Revista Digital Universitaria [en línea]. 10 de junio 2009, Vol.
10, No. 6

Introducción

Darwin y su adopción de las ideas hegemónicas del mundo

Papel ingrato el que por decisión propia me toca jugar en esta ocasión.
Ingrato porque siendo yo un evolucionista y un darwinista convicto y confeso,
y partícipe activo en la celebración de los 150 años de
la publicación de El Origen de las Especies y los 200 años de
su nacimiento, me impuse la tarea de hacer una crítica a un aspecto de
la teoría de Darwin en el que se muestran deficiencias importantes: el
de su teoría de la naturaleza humana.

Ciertamente, la teoría de Darwin, como ya se ha señalado en innumerables
ocasiones, tiene la virtud de haber abierto numerosas líneas de investigación
en biología, reforzando las que ya existían, haber establecido
muchas verdades y con todo ello transformado radicalmente nuestra visión
del mundo.

La teoría de Darwin, ante todo, ha unificado como ninguna otra, nuestro
conocimiento del mundo vivo, de manera análoga a como dos siglos antes
Newton había unificado el conocimiento del movimiento de los cuerpos.
Sus logros, a 150 años de distancia, son innegables.

Uno de los propósitos de Darwin, al emitir su teoría, era justamente
ofrecer una explicación coherente y válida del funcionamiento
y origen de todas las especies y organismos sobre la Tierra, y esto desde luego
incluía e incluye al ser humano. Si el modelo evolutivo de Darwin, basado
siempre en explicaciones materiales y en leyes naturales, encontrara excepciones
aquí y allá, se vería enormemente debilitado. Por ello
tenía necesariamente que abarcar al ser humano en su explicación.

¿Y cuál es la explicación que Darwin ofrece para el origen
del ser humano en la Tierra? Para entenderlo debemos recordar la tesis general
de Darwin:

1- En la naturaleza existe un continuo proceso de variación. Las
variaciones en los organismos se heredan.

2- Al mismo tiempo existe una situación de escasez permanente en
el mundo por causa del desequilibrio permanente entre la población
y los recursos.

3- En esta situación, se genera inevitablemente una lucha por la
existencia, una guerra de todos contra todos.

4-Sobreviven solamente las variedades mejor adaptadas a las condiciones
permanentemente hostiles, las cuales son seleccionadas por la naturaleza.

5- En consecuencia, el comportamiento de todo individuo es egoísta,
agresivo y territorial.

Aquí lo que encontramos es, curiosamente, una tesis muy particular acerca
de la naturaleza humana, que es extendida al conjunto del mundo vivo.

¿Cuál es esa visión? ¿Cuáles son sus raíces?
Se trata, ante todo, de una visión del ser humano prevaleciente a partir
del siglo XVI, es decir, coincidente con el surgimiento del capitalismo. Observemos
algunos ejemplos de esto:

Thomas Hobbes (1588-1679), uno de los primeros intelectuales del capitalismo
observó en 1651 en su obra cumbre: Leviathan (2001):

Así, hallamos en la naturaleza del hombre tres causas principales
de discordia. Primera, la competencia, segunda la desconfianza, tercera, la
gloria (p.102)

La condición del hombre… es una condición de guerra de
todos contra todos, en la cual cada uno está gobernado por su propia
razón, no existiendo nada, de lo que pueda hacer uso, que no le sirva
de instrumento para proteger su vida contra sus enemigos. De aquí se
sigue que, en semejante condición, cada hombre tiene el derecho a hacer
cualquier cosa, incluso en el cuerpo de los demás. (pp. 196-107)

Para Hobbes, en consecuencia, la sociedad requiere por fuerza de una estructura
autoritaria que someta al ser humano y lo controle para evitar el desboque de
los egoísmos y violencias inherentes al mismo. Algo más de un
siglo después, en 1776-1778, en su clásico La Riqueza de las Naciones,
Adam Smith (1954) expresó en un tono sombrío:

… el individuo no se propone, por lo general, promover el interés
público, ni sabe hasta qué punto lo promueve. Cuando prefiere
la actividad económica de su país a la extranjera, considera
únicamente su seguridad, y al dirigir la primera de tal forma que su
producto tenga el mayor valor posible, piensa sólo en su propia ganancia,
y en este como en muchos otros casos, es conducido por una mano invisible
a promover un fin que no entra en sus intenciones. (p.398)

Esta división del trabajo, de la cual se derivan tantas ventajas,
no es originalmente el efecto de la sabiduría humana… Es consecuencia
necesaria, aunque lenta y gradual, de una cierta propensión en la naturaleza
humana… la propensión a permutar, cambiar y negociar una cosa
por otra. (p. 400)

Y desde luego no podemos dejar de citar a Thomas Malthus (1979), uno de los
principales influyentes en la obra de Darwin, quien en su Primer Ensayo sobre
la Población, de 1798, mencionó:

...la capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor
que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre. La población,
si no encuentra obstáculos aumenta en progresión geométrica.
Los alimentos tan sólo aumentan en progresión aritmética.
(p.53)

Para añadir en una de las ediciones posteriores de la misma obra que:

El hombre no puede vivir en medio de la abundancia. No todos pueden participar
en los dones de la naturaleza. Si no existieran leyes que regularan la propiedad,
cada uno tendría que defender y amparar sus bienes. (1986, p. 296)

Todas estas ideas deben sonar muy familiares para la mayoría o para
todos los lectores. Hemos crecido y vivido escuchándolas, aprendiéndolas
y desde luego reproduciéndolas en muchos casos, aunque no necesariamente
sepamos de dónde o cómo surgieron. En una ojeada superficial parecen
ser tesis lógicas, obvias, naturales, es decir, inherentes al ser humano,
inmodificables. Son tesis parecidas a imperativos morales como “ama a tus
padres”, “respeta a tus maestros” o “la patria es primero”.
La obviedad de tales sentencias parece tan grande que uno debería aceptarlas,
no importando si los padres son maltratadores e injustos, si los maestros son
autoritarios o si nadie entiende qué es la “patria” y por qué
tiene que ser “primero”. La mayoría de la población
acepta ideas como estas porque no parece haber de otra, porque se difunden acríticamente
y porque se descargan desde los centros del poder hegemónico, con todo
su autoritarismo.

Tal es el caso de las tesis mencionadas arriba sobre la naturaleza humana.
Para la primera mitad del siglo XIX esas tesis tenían un consenso amplio
y aparentemente universal, son ideas que flotaban en el aire permanentemente,
que casi nadie cuestionaba, y en esta situación, a Darwin no le costó
trabajo adoptarlas para su trabajo. El principio de selección natural
es una extensión de estas concepciones al mundo vivo.

Así las cosas, cuando Darwin (1981) enfrentó el reto de explicar
la evolución del ser humano, expresó cosas como éstas provenientes
de El Origen del Hombre (1871): En primer lugar hago notar su idea de la continuidad
animal-hombre:

No obstante, la diferencia en la mente entre el hombre y los animales superiores,
aun cuando es grande es una diferencia de grado, no de clase. (p.105).

Y en seguida la aplicación al humano, de su modelo basado en la selección,
lucha, escasez, egoísmo y guerra de todos contra todos:

Se puede ver que, en el estado más rudo de la sociedad primitiva,
los individuos de mayor sagacidad, los que hubiesen inventado y llevasen mejores
armas o lazos, y los que hubieran sido los más hábiles en defenderse,
serían precisamente los que alcanzarían mayor descendencia.
Las tribus compuestas de mayor número de individuos con semejantes
dotes serían las que más se multiplicarían t suplantarían
a otras tribus. (p.159)

...si un hombre que fuera miembro de una tribu y que fuera más sagaz
que los demás, inventase un nuevo lazo, arma o cualquier otro medio
de ataque o defensa; el más simple auto-interés, sin necesidad
de gran fuerza de raciocinio, impulsaría a los demás miembros
de la tribu a imitarlo, lo cual sería beneficioso... Si el nuevo invento
fuese verdaderamente importante, la tribu aumentaría en número,
desarrollo y dominio sobre las otras. Si tales hombres procrearan hijos que
heredaran su superioridad mental, la probabilidad de dar a luz a algunos miembros
aun más ingeniosos sería todavía mayor... (p.161)

Como se puede ver, entre estas tesis de Darwin y las de Hobbes, Smith y Malthus
hay un claro hilo conductor que supera la prueba del paso del tiempo y eso parece
conferirle un carácter objetivo. Veremos que no existe tal objetividad.

La refutacion marxista a la ideologia del capitalismo

Pero ¿es que estas ideas de Darwin, y de muchos de sus antecesores y
contemporáneos son realmente tan obvias, universales y naturales? ¿Quiénes,
dónde, cuándo y cómo las producen, legitiman, validan y
transmiten?

Debemos hacer un alto en el camino antes de seguir con el análisis de
estas ideas darwinianas para recordar que las ideas no surgen simplemente de
la capacidad de pensamiento que todos tenemos, ni expresan un estado de cosas
natural de la organización de la sociedad y el mundo; no son el espejo
de éste. Las ideas, tesis y visiones del mundo son el resultado de las
relaciones sociales, y cuando digo relaciones sociales quiero decir relaciones
no entre individuos aislados ni abstractos, porque estos no existen. Me refiero
a las relaciones de individuos viviendo en la sociedad de clases; relaciones
entre clases sociales concretas.

Las clases sociales dominantes construyen sus ideas, las legitiman y transmiten
al conjunto de la sociedad, presentándolas como si fueran ideas universales,
válidas para cualquier momento de la historia, para cualquier contexto.
En este momento se produce la ideología. De acuerdo con lo que Karl Marx
(1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) expresaron en 1845 en su obra La
Ideología Alemana, la ideología es una falsa representación
del mundo dada por el predominio y la sobrerrepresentación de la idea
por sobre la realidad, es decir es una inversión de las relaciones entre
el pensamiento (las ideas) y el mundo exterior. En ese proceso el sujeto pensante
impone a la realidad la idea preconcebida que de ella tiene en vez de formarse
una idea de la realidad a través de un proceso transformador y activo
de conocimiento de la misma. Estos procesos no están por fuera de las
relaciones entre clases. Es la burguesía como clase dominante la que
impone une representación ideológica del mundo que va de acuerdo
con su muy particular idea preconcebida de cómo el mundo es. Es decir,
una idea que va de acuerdo con sus muy específicos intereses. Como consecuencia,
en el proceso de generación de la ideología, las leyes de un periodo
muy concreto y acotado de la historia, son erróneamente consideradas
como leyes eternas, universales y objetivas.

Desde luego eso no quiere decir que las ideas de las clases dominantes y en
especial de la burguesía, sean siempre falsas. A veces pueden contener
un alto valor de verdad, por ejemplo: Darwin construyó su teoría
de la evolución adoptando también una concepción dinámica
y materialista, la cual es la base también de la visión burguesa
del mundo y que constituye una de las verdaderas aportaciones revolucionarias
de la burguesía. Tampoco quiere decir que las únicas ideas del
mundo existentes en un período de la historia sean las de la clase dominante.
En los hechos subsisten ideas tanto de formaciones sociales del pasado como
otras que se generan en franca oposición a las de la clase dominante.
En el capitalismo subsisten las ideas religiosas del Medioevo, coexistiendo
con las ideas laicas de la burguesía y también con ideas socialistas
o anarquistas que buscan encontrar una forma alternativa al capitalismo para
la organización social futura.

Parece entonces que un comportamiento humano agresivo egoísta, territorial,
sexista, racista y clasista, es el comportamiento único y universal del
ser humano.

No es así. El capitalismo es un sistema competitivo en el que las empresas
que lo constituyen se encuentran en una guerra permanente (como se puede constatar
a partir de la recesión económica actual) y esto impulsa a los
intelectuales e ideólogos del sistema a postular que ese comportamiento
empresarial y mercantil, corresponde a un comportamiento natural del ser humano,
que el ser humano es competitivo y egoísta por naturaleza, como lo constatamos
en las opiniones de Hobbes, Smith y Malthus arriba citadas. Se intenta, de este
modo, convencer a la gente de que este es el sistema normal y natural del comportamiento
humano, que no hay manera ni mecanismo para superar o modificar ese estado de
cosas, pues no hay manera de alterar lo que la naturaleza ya dictó.

En la medida en que el capitalismo adopta a la sociedad patriarcal como uno
de sus pilares organizativos, desarrolla por otra parte una concepción
de la sexualidad humana que sirva no a los deseos de placer que se encuentran
en todo ser humano, sino a los intereses de ese patriarcado y su forma de transmisión
de la propiedad privada.

Pero en el caso que nos ocupa, las ideas de Darwin acerca de la naturaleza
humana, aunque acertadamente tienen la base materialista y dinámica propia
de toda su teoría, se encuentran atravesadas por las concepciones ideológicas
capitalistas. Es este el aspecto conservador de su teoría.

Darwinismo y naturaleza a inicios del siglo XX

Pero al fin, a partir de 1871, año de la publicación de El Origen
del Hombre, se tenía una teoría científica como nunca se
había tenido acerca de la naturaleza humana y si bien los sectores conservadores
de la sociedad contemporánea a Darwin, la rechazaron enfática
y visceralmente, por razones místico-religiosas y dogmáticas que
nada tenían que ver con su carácter científico, ya no se
podía impedir que se abriera una nueva rama dentro de la ciencia y del
evolucionismo: el darwinismo social.

A continuación mencionaré algunos casos de teorías socialdarwinistas,
desde fines del siglo XIX hasta fines del XX e inicios del XXI, aclarando que
en un espacio de las dimensiones de este artículo es imposible mencionarlos
a todos.

Uno de los primeros darwinistas sociales fue Francis Galton (1822-1911). Primo
de Darwin, estableció en su obra Genio Hereditario (1869), la tesis de
que la inteligencia, al igual que el conjunto de características anatómicas
y fisiológicas del ser humano, es una propiedad heredable, y seleccionable
por la naturaleza. Para mostrarlo hizo extensos análisis estadísticos
sobre las capacidades de las personas y mostraba verdaderos árboles genealógicos
de familias célebres para mostrar como el genio, la inteligencia, el
talento, la sensibilidad iban apareciendo continuamente en los sujetos a lo
largo de distintas generaciones. Para Galton, como para el conjunto de los partidarios
del darwinismo social, las condiciones sociales en las que ciertos seres humanos
vivían eran la consecuencia directa de la inteligencia humana o de su
ausencia en esos círculos, y no al revés. De acuerdo con esta
idea, la pobreza, la indigencia, la falta de educación y de salud, serían
el producto de una falta natural de capacidad entre ciertos grupos de seres
humanos, en contraste con un grupo minoritario, ciertamente, pero merecedor
de la riqueza y la cultura merced a su natural preparación e inteligencia.

Cesare Lombroso (1835-1909), científico italiano, en su momento llegó
a la conclusión de que los niveles y grados de violencia en el ser humano
se podían conocer a partir de las características biológicas
de las personas. Mediante este razonamiento, llegó a postular la teoría
del “criminal nato”. De acuerdo con esta, existirían personas
que, por su naturaleza biológica tendrían inserta la característica
de la criminalidad, y que ninguna acción correctiva social podría
alterar lo que la naturaleza dictó. Lombroso fue más allá
y concluyó que en los rasgos y expresiones faciales y corporales se podía
encontrar científicamente a los criminales natos. Para ese efecto visitó
las cárceles italianas en innumerables ocasiones, haciendo dibujos de
las caras y otras partes del cuerpo de las y los presos, y reportando descripciones
de los rasgos comunes a los presos por una u otra causa: asesinos, ladrones,
violadores, ¡sexoservidoras!, etc. Obviamente todos ellos, así
como las personas honestas, serían la consecuencia de un proceso de selección
natural, no un resultado de las fallas de la estructura de la sociedad.

Las teorías del coeficiente intelectual (IQ) también tienen su
base en postulados de la teoría darwinista de la evolución. Alfred
Binet (1857-1911) y Cyril Burt (1883-1971), científicos estadounidenses,
fueron los principales defensores de la elaboración de tests cuantificables
para medir la inteligencia de las personas. Dependería de las respuestas
dadas a cuestionarios para medir las capacidades intelectuales como se podría
averiguar el grado de inteligencia de las personas y sus aptitudes para dedicarse
a una u otra actividad.

El caso de estas pruebas de inteligencia y aptitud es muy interesante pues
durante varios lustros, al inicio del siglo XX, sus resultados arrojaban una
supuesta evidencia de la inferioridad intelectual de africanos, afro-americanos,
judíos, orientales, indios, chicanos, y en general todas las personas
pertenecientes a poblaciones distintas a las anglo-sajonas. Nunca se tomó
en cuenta que la estructura de las pruebas aplicadas estaba muy lejos de ser
objetiva y las preguntas contenidas en ese test, por ejemplo, las dirigidas
a niños, estaban fuertemente sesgadas, de manera que solamente los respondentes
anglo-sajones podrían contestarlas correctamente, pero sin que sus respuestas
pudieran dar cuenta de ninguna superior capacidad mental inherente a ellos,
y por lo tanto ninguna capacidad inferior atribuible a las poblaciones no anglo-sajonas.
A pesar de eso, a partir de los resultados de esa pruebas, el gobierno “democrático”
de los Estados Unidos, consideró que no podía permitir la entrada
de personas de inteligencias y capacidades “inferiores”, para vivir
en ese país, pues la mezcla de individuos de otras poblaciones con individuos
anglo-sajones, o la proliferación de poblaciones no anglo-sajonas, traería
como consecuencia un debilitamiento de la población estadounidense; una
disminución de su aptitud para la supervivencia, y por lo tanto el peligro
de su extinción, dado que la selección natural comenzaría
a actuar sobre esas poblaciones “mezcladas” para eliminarlas en la
lucha por la existencia. El cierre de las fronteras de Estados Unidos a esas
poblaciones y culturas es una de las primeras expresiones de “limpieza
étnica” del siglo XX, que tan frecuentemente se han venido dando
y cuya última expresión la constituye el inmisericorde bombardeo
del ejército israelí sobre la población palestina en la
franja de Gaza, durante diciembre de 2008 y enero de 2009.

Pero me adelanto. La operaciones de limpieza étnica tuvieron su manifestación
más espectacular –si es que se pudiera usar ese término-,
necrófila, cruel y trágica durante el período del tercer
Reich en Alemania (1933-1945). Fue el gobierno nazi, con Adolf Hitler a la cabeza,
quienes, como se sabe, exterminaron a más de 6 millones de personas,
entre judíos, comunistas, homosexuales y gitanos, en las cámaras
de gas de los campos de concentración instalados en varias partes de
Europa. Lo importante a señalar aquí es que el propio Hitler,
en su obra Mi Lucha, publicada entre 1925 y 1928 utilizó en algunos pasajes
de su obra, un lenguaje biologicista, basándose en la idea de la necesaria
supervivencia del más apto, como una ley indestructible que le daba el
fundamento para emprender las campañas de exterminio contra los judíos.

Obviamente, ninguna práctica, por racista que fuera puede alcanzar permanentemente
los niveles de violencia y brutalidad como el practicado por los nazis en los
campos de exterminio, y así las cosas, una vez finalizada la segunda
guerra mundial, con la derrota de aquellos, las prácticas y las teorías
socialdarwinistas tuvieron que adoptar, en muchos casos, formas mucho más
racionales y “suaves” que las conocidas en los tiempos del auge del
nazismo.

Genocentrismo, Sociobiología y Psicología Evolutiva

A este hecho, de carácter político y moral, se le sumó
otro, aparentemente de carácter científico. En 1953 los investigadores
estadounidenses James Watson y Francis Crick descubren la estructura tridimensional
del ácido nucleico: ADN. Al fin, después de casi un siglo de investigaciones
en genética, se descubrían las unidades últimas responsables
de la transmisión de las características de un individuo a las
generaciones siguientes: los genes. Con este descubrimiento, lo que entre otras
cosas sucede es que numerosos estudiosos de la conducta animal y la conducta
humana, postulan que al fin se tiene una idea precisa de los lugares concretos
en los que se encuentra contenida la conducta humana. La naturaleza humana,
se postula, no es otra cosa que la naturaleza biológica, ratificada con
el auge de la biología molecular propiciados por el hallazgo de Watson
y Crick.

Y es de este modo como a mediados de la década de los 70 del siglo pasado,
se abre la era de lo que podemos llamar el “determinismo biológico
en la era de la genética molecular” y que tiene su expresión
más acabada en la práctica de la sociobiología.

Sus principales proponentes son dos: el entomólogo de la Universidad
de Harvard Edward O. Wilson y el zoólogo de la Universidad de Oxford,
en Inglaterra, Richard Dawkins. El primero de ellos publica en 1975 un largo
y pesado texto intitulado Sociobiología: La Nueva Síntesis, en
el cual se lleva a cabo un extenso análisis de las especies animales
sociales: insectos y vertebrados, principalmente y se concluye con el caso del
ser humano. En esta obra y en otras como Consiliencia, escrita en 1998, se repiten
una serie de tesis claramente ideologizadas y naturalizadas, sobre el funcionamiento
del capitalismo y transferidas automáticamente al mundo animal. Se afirma
que el ser humano es egoísta, territorial, agresivo, sexista y jerárquico
en la construcción de su sociedad y las mujeres ocupan un lugar inferior
en la escala social. Considérense las siguientes tesis:

...la cultura , independientemente de sus puntos de contacto con el lenguaje,
que es único, difiere de la tradición animal sólo en
grado. (Wilson, 1975, p. 168)

La humanidad es, decididamente, una especie territorial. (Wilson, 1998, p
185)

Todos los mamíferos incluyendo a los humanos, forman sociedades basadas
en una conjunción de intereses egoístas. (Wison, 1996, p.126)

En 1978 Wilson dedicó un libro especialmente a analizar al ser humano
de acuerdo con los principios de la sociobiología, en esa obra, intitulada
precisamente Sobre la Naturaleza Humana, en donde ponía énfasis,
en esos términos biologicistas, en las particularidades de la conducta
humana. Y más tarde, en 1996 se expresaba de este modo acerca de la determinación
biológica de la cultura:

La cultura está profundamente enraizada en la biología: Su
evolución está canalizada por las reglas epigenéticas
del desarrollo mental, las cuales, a su vez, están prescritas genéticamente.
(p. 126)

Como se puede constatar a partir de citas como esta y otras análogas
que abundan a lo largo de esta obra, las consideraciones sobre el carácter
agresivo y guerrero del ser humano siguen apareciendo, se le confiere un carácter
adaptativo biológico y además se postula al gen como la unidad
de selección, también de las conductas humanas, lo cual no es
sino una consecuencia de la “genetización” de la biología,
dada por el auge de la biología molecular desde 1953.

Exactamente en esa misma dirección, en 1976, Richard Dawkins publicaría
la que hasta la fecha sigue siendo considerada su obra cumbre: El Gen Egoísta,
obra que se convirtió en un verdadero best seller y alcanzó cuotas
de popularidad poco comunes para una obra científica. En ella Dawkins
postula al gen como la unidad de selección natural, la supervivencia
o desaparición, por tanto, es la de los genes; la lucha por la existencia
se da en realidad entre ellos y son por lo tanto ellos los que muestran un carácter
inherente e inalterablemente egoísta dado su auto-interés en sobrevivir.
Los individuos son meramente el vehículo portador de los genes, y su
comportamiento egoísta, territorial, agresivo, belicista y jerárquico
está determinado por los intereses de los genes mismos.

En ese sentido expresa:

Somos máquinas de supervivencia – robots ciegamente programados
para preservar las moléculas egoístas conocidas como genes.
(Dawkins, 1976, p. V)

Como si fueran exitosos gangsters de Chicago, nuestros genes han sobrevivido...
en un mundo altamente competitivo.(1976, P.V)

Ahora bien, hasta el momento no he hablado casi nada acerca de la idea de la
sexualidad humana defendida por el darwinismo social y las prácticas
del determinismo biológico, pero es un tema ineludible. En pocas palabras,
tenemos aquí una nueva expresión de ideología que incorpora
el pensamiento de la visión patriarcal a la sexualidad humana. Esta debe
ser, necesariamente un comportamiento heterosexual, monogámico, reproductivista
y falocrático, porque el fin que se persigue es el de la reproducción
biológica. Dentro de esta visión del mundo, ya milenaria pero
tan hegemónica especialmente en la Inglaterra victoriana, la mujer ocupa
un lugar secundario y pasivo en la vida sexual, ya Darwin (1981) en El Origen
del Hombre lo admitía:

Las mujeres parecen diferir del hombre en cuanto a disposición mental,
principalmente en su gran ternura y su menor egoísmo... el hombre ...se
deleita en la competencia, y esto lo conduce a la ambición, la cual
se convierte fácilmente en egoísmo. (p. 326)

Edward Wilson repetirá ¡en 1998!, en su obra Consiliencia, estas
tesis misóginas propias más bien del siglo XIX:

El instinto sexual óptimo del hombre... se basa en la autoridad y
los celos, mientras el de la mujer en la timidez y la selectividad. Los hombres
son más proclives que las mujeres a la pornografía y a la prostitución.
En el cortejo se espera que los hombres hagan énfasis en el acceso
sexual exclusivo y garantías de paternidad, mientras que consistentemente
el énfasis de las mujeres es en las garantías de recursos y
de seguridad material. ( p. 184)

Y dentro de esta concepción, la sexualidad humana no es ni búsqueda
de placer, ni encuentro amoroso, ni admiración de la belleza ni experiencia
liberadora, porque ni el placer ni el amor ni la belleza ni la libertad existen
para el determinismo biológico como esferas autónomas ni mucho
menos independientes con respecto a la reproducción. Es, por el contrario
el interés reproductivo el que, según la sociobiología,
“inventa” todas estas categorías como señuelos para
propiciar la reproducción. La libertad humana queda negada con estos
puntos de vista.

Una de las pruebas más claras de lo anterior se tiene en relación
al problema del incesto. Al respecto Wilson (1975) manifiesta en su Sociobiología:

La categoría del comportamiento humano que nos otorga la prueba más
completa de la hipótesis de la adecuación genética es
la evasión del incesto. A partir de… un gran cúmulo de
evidencias anecdóticas extraídas de otras sociedades, es evidente
que el cerebro humano está programado para seguir una regla simple:
No tener interés sexual en aquellas personas a las que se conoce íntimamente
durante los primeros años de vida. (p.191)

En las anteriores palabras se evidencia un punto de vista reproductivista.
Si el incesto está universalmente vedado ello se debe a la alta probabilidad
de engendrar progenie con malformaciones genéticas, maladaptaciones que
harían al individuo inviable por la selección natural. Sin embargo,
una cosa es la sexualidad con fines reproductivos y otra la sexualidad con fines
placenteros. Wilson confunde: una cosa es la relación sexual entre hermanos
o entre padres e hijos y otra la relación entre personas que crecieron
juntas; una cosa es la relación sexual que busca la reproducción
y otra la que busca el placer. En el segundo caso no habría por que evitar
que parientes muy cercanos pudieran tener contacto sexual: no es el interés
el producir progenie. Además, si tomamos en cuenta lo que en el casi
100% de los casos es el móvil de la sexualidad: el placer, no tendría
por qué haber restricción biológica alguna a la relación
entre personas del grado que sea de parentesco, menos aun con los métodos
anticonceptivos tan eficaces que existen en la actualidad. Y si la evasión
del incesto está genéticamente programada ¿cuál
es el sentido de leyes que lo prohíben? ¿Para qué?

A partir de inicios de la década de los 90 del siglo XX, comienza a
tener auge la última de las expresiones de la ideología burguesa
en la explicación biologicista de la naturaleza humana: la psicología
evolutiva. Sus defensores sostienen las tesis básicas del determinismo
biológico y del darwinismo social para explicar el origen de la mente
humana: fundamentalismo darwinista basado en el programa adaptacionista estricto,
naturalidad de las leyes del mercado, del egoísmo humano, defensa de
las reglas patriarcales en la organización social y la sexualidad, y
sumisión de las mujeres frente a los hombres. Todo esto bajo la visión
genocéntrica ya criticada arriba.

Como ejemplo de la defensa del patriarcado y de la elevada carga ideológica
de la psicología evolutiva, muestro un par de citas de la obra Cómo
funciona la Mente, de Steve Pinker (1976), psicólogo estadounidense,
en las que se muestra la biologización e inevitabilidad de la organización
familiar monogámica y patrilineal y la reducción del amor a los
intereses de replicación dictados por los genes: Las metáforas
de familia tienen un mensaje simple:

traten a ciertas personas tan amablemente como tratan a sus hermanos de sangre.
Todos nosotros entendemos la presuposición. El amor de familia viene
naturalmente; no así el amor de la no-familia. Este es el hecho fundamental
del mundo social que lo conduce todo: desde el cómo crecemos hasta
el surgimiento y la caída de imperios y religiones. (p. 429)

Los padres aman a sus hijos por encima de todas las demás personas,
los primos también se aman entre ellos, pero no tanto como los hermanos…
Los programas mentales para el amor familiar fueron calibrados en el curso
de la evolución, de modo que el amor se correlacionara con la probabilidad,
en el ambiente ancestral, de que un acto amoroso obtuviera como recompensa,
copias de genes para los actos amorosos. (p.431)

Conclusión: por un darwinismo dialéctico

El error básico de todo el darwinismo social es el de trazar un continuo
a lo largo de la evolución y suponer que, al ser la teoría darwinista
una teoría, universalizadora, toda característica de cualquier
ser vivo tiene que cumplir rígidamente con el modelo darwinista ortodoxo
y que la evolución es un simple proceso de acumulación y desacumulación
de formas, tamaños, funciones, y todo tipo de características
cuantificables, sin reparar en el hecho de que dentro de la evolución
se presentan con inusitada frecuencia cambios de cantidad en calidad, cambios
cualitativos y no solamente cuantitativos, es decir, procesos después
de los cuales la entidad o proceso resultante es cualitativamente distinto a
lo existente previamente y no puede ser juzgado ni única ni principalmente
de acuerdo con las reglas y leyes de los entes o procesos que existían
antes del proceso mencionado, sino que es necesario entenderlos mediante otras
reglas y leyes. En la adopción de ese principio no se desecha ninguno
de los componentes revolucionarios del darwinismo, sino que se les refuerza,
eliminando sólo a los elementos ideológicos, de falsa conciencia,
de esa teoría.

Es solamente la comprensión de este principio dialéctico lo que
nos permite entender que el ser humano no sólo es una especie biológica
más, sino que manifiesta al mismo tiempo, un comportamiento cualitativamente
distinto al de las demás especies, en particular especies animales. Es
el caso del ser humano uno de esos importantes cambios cualitativos ocurridos
en la evolución tal y como en su momento lo fueron el paso de reproducción
asexual a sexual, el surgimiento de la nutrición autótrofa a partir
de organismos heterótrofos, la aparición de la multicelularidad
desde la unicelularidad o la conquista del medio terrestre a partir del acuático,
para mencionar algunos solamente.

El debate entre los evolucionistas a este respecto está abierto. Autores
como Gould, Lewontin, Rose, Levins, Lerner, entre otros,2 han puesto el acento
en la oposición a las visiones deterministas biológicas del ser
humano y han producido un rico debate que demuestra que una teoría tan
completa y acertada como la de Darwin nuca dejará de ser polémica
entre los mismos evolucionistas. Al fin y al cabo la ciencia no puede ser dogma
de fe. Por mi parte, participante activo en este debate (Muñoz, 2006),
afirmo que dentro del evolucionismo (como dentro de toda la ciencia) es imprescindible
reflexionar acerca de la intervención de los elementos ideológicos
que ensombrecen el panorama del evolucionismo y que construyen edificios teóricos
fundamentalmente equivocados como lo ha sido históricamente el darwinismo
social y sus puntos de vista biologicistas sobre la naturaleza.

 

MUÑOZ Rubio, Julio, "Naturaleza humana y teoría darwinista".
Revista Digital Universitaria [en línea]. 10 de junio 2009, Vol. 10,
No. 6 [Consultada: 21 de junio de 2009]. Disponible en Internet: <http://www.revista.unam.mx/vol.10/num6/art38/int38.htm>;
ISSN: 1607-6079.

25 de junio de 2009

 

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Convocatorias Centro de Altos Estudios Universitarios de la OEI

CONACYT habilita la cuarta convocatoria de la Cátedra CTS en modalidad virtual: Educar para participar. Educación CTS

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología – CONACYT y la Organización de los Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), invitan a presentar postulaciones para participar de la 4ta. edición de la Cátedra: "Ciencia, Tecnología, Sociedad’ (CTS), la cual será en modalidad virtual u abierta a nacionales de todos los países iberoamericanos.

2º Día GeoGebra de Cabo Verde

Hace justo un año se creaba el Institituto GeoGebra de CaboVerde en la Universidad de Cabo Verde. Para conmemorarlo la universidad ha programado para el próximo 30 de julio la celebración del segundo Día GeoGebra de Cabo Verde que se realizará en la sede que tiene la universidad en la Isla de San Vicente - Concelho de Santa Catarina de Santiago.

X Escuela de Educación Matemática Miguel de Guzmán 2018: “La resolución de problemas como parte esencial del quehacer matemático”

Desde 2005, la Real Sociedad Matemática Española (RSME) y la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas (FESPM) promueven anualmente la Escuela Miguel de Guzmán de Educación Matemática. La organización recae en la Comisión de Educación de la RSME y una de las sociedades federadas a la FESPM.
En esta ocasión se va a celebrar en La Laguna, Tenerife entre los días 11 y 13 de julio.

Seminario sobre Modelización Matemática

Se realizará del 1 al 3 de junio de 2018, en el Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Salamanca. Con una duración de 16 horas, y un máximo de 20 participantes.
Organizado por la Federación Española de Sociedades de Educación Matemática (FESPM) y la Associação de Professores de Matemática (APM) de Portugal. Este encuento que además cuenta con el apoyo de División Educativa CASIO, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y el Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología. Universidad de Salamanca es un resultado de la Cátedra Ibérica CTS+I

II Jornadas de Ingeniería y Sociedad – JISO 2018 – Temática de las Jornadas: “Tecnologías para el desarrollo inclusivo sustentable”

En la Argentina existe la Universidad denominada Universidad Tecnológica Nacional, donde trabajamos el grupo que fue a hacer la presentación en Oviedo, que tiene por objetivo principal la formación de Ingenieros. Esta Universidad cuenta con más de 30 sedes (Nosotros las denominamos regionales) por todo el país. En todas las Regionales se dicta una materia, que es la que pertenecemos nosotros, denominada Ingeniería y Sociedad. Desde hace unos 6 años, se comenzaron a realizar estas Jornadas (La impulsora de las mismas fue la Regional Buenos Aires), para comenzar a analizar, debatir, reflexionar sobre la enseñanza de la Ingeniería desde nuestra Asignatura.

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