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Patrimonio Cultural y Turismo: una visión iberoamericana

Edgardo García Carrillo
Coordinador Nacional de
Patrimonio Cultural y Turismo del
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/México

Turismo masivo y sus efectos en el patrimonio cultural

Durante la segunda mitad del siglo XX se apostó por el desarrollo del turismo masivo como alternativa para la captación de divisas. Hoy es la tercera fuente de recursos para la economía mexicana. Al amparo de una política de fomento y desarrollo del turismo creció un modelo que promovió a México como un destino de sol y playa. Así, Acapulco, Puerto Vallarta, Los Cabos, Cancún y Huatulco, por ejemplo, han representado una manera de generar empleos y de significar un impacto en las economías locales. Pero hablando de impactos, habría que considerar aquellos de carácter ambiental, social y cultural.

Paradójicamente, si por algo se identifica a México y otros países iberoamericanos en el mundo es por su cultura y por su patrimonio. No obstante, por mencionar el caso mexicano, menos del diez por ciento del turismo que se ejerce en nuestro país tiene una motivación cultural. Ello demuestra, justamente, el impacto que ha tenido una promoción de México hacia el turismo masivo, dirigido principalmente hacia centros vacacionales de sol y playa. Al mismo tiempo, los mismos estudios nos obligan a señalar la necesidad de contar con más y mejores indicadores para analizar, evaluar y dar seguimiento al turismo vinculado con las culturas.

En general, el crecimiento del sector turismo en el mundo está ligado a la creciente posibilidad de viajar con base en dos factores: los avances en los medios de transporte y el poder adquisitivo. Acaso por ello el impulso del turismo masivo se ha dirigido más hacia aquellas economías con población que puede significar una importante canalización de divisas. No obstante, esta promoción también ha buscado satisfacer gustos específicos y costumbres de consumo que convirtieron al turismo en una industria sin chimeneas.

En general, quienes participamos en el sector cultura hemos considerado al turismo como una permanente amenaza por las implicaciones que tiene el modelo masivo impulsado durante las últimas cuatro décadas. En efecto, fenómenos derivados de un ejercicio irresponsable de la actividad turística han generado problemáticas sociales como el comercio ambulante, la alteración de modos de vida de las comunidades, afectaciones al patrimonio cultural y especulación en el uso del suelo.

Estos fenómenos también han mostrado un campo que no es atendido por quienes trabajamos a favor del patrimonio cultural ni por quienes promueven el turismo y la prestación de servicios, lo cual se manifiesta en falta de planeación, de capacitación, de orientación y hasta de educación. Aquí podemos advertir que el terreno donde confluye la preservación del patrimonio cultural con el turismo tiene su mayor impacto en el entorno del patrimonio.

Los sitios con patrimonio cultural, sea arqueológico, histórico, paleontológico o intangible se ven afectados cuando el turismo se ejerce de manera irresponsable, pero quizás son más vulnerados cuando se carece o no se respetan los reglamentos de imagen urbana, de usos de suelo, planes de desarrollo urbano que consideren la conservación del patrimonio como eje para el desarrollo local, los usos y costumbres tradicionales -como lenguas, tradiciones y festividades- o cuando los centros históricos se convierten en zonas inhabitadas o inhabitables, se fomenta el comercio ambulante o se carece de estrategias de transporte público que respeten el patrimonio.

Ello demuestra que es necesaria la articulación de políticas públicas entre los distintos niveles de gobierno y entre diversas dependencias con el fin de preservar el patrimonio cultural y su entorno. En ese entorno es donde más impacta el turismo y es, justamente en ese campo, donde también el turismo puede significar un factor de beneficio local. Es ahí donde la relación entre turismo y patrimonio cultural se hace indispensable, lo cual significa repensar el ejercicio del turismo y los servicios que éste implica para establecer planes específicos acordes con las características del patrimonio o de las culturas que se visitan.

El turismo es un hecho de la cultura

El turismo es una actividad esencialmente cultural y también es una acción social. Mediante el ejercicio del turismo se produce interacción social y, por ende, cultural. De hecho, toda acción de turismo significa el conocimiento de otros, sean pueblos, comunidades, naciones o culturas.

Sin embargo, las formas de abordar las políticas hacia el turismo, incluyendo la formación de profesionales en este campo, le han dado -en la mayoría de los casos- sólo un enfoque económico o técnico. Se aborda el turismo como empresa, como industria sin chimeneas, cuando sus fundamentos son esencialmente culturales y sociales. Podríamos decir que se trata de una actividad social con impactos económicos y culturales. Esta es la vertiente del turismo que bien puede ayudarnos a visualizarlo desde la perspectiva de las industrias culturales.

Pero en esa percepción también somos responsables quienes participamos en las instituciones culturales, ya que nos hemos negado la relación y la articulación con el sector turismo. Generalmente rechazamos al turismo partiendo del prejuicio de que se trata de una amenaza o bien que el turismo no tiene que ver con nuestras actividades.

En torno al turismo existe una oferta cultural considerable, se genera consumo y se proporcionan servicios. Si las obras protegidas por derechos de autor en México generan casi el 7 por ciento del PIB, imaginemos al turismo cultural en una perspectiva de desarrollo sustentable, tal como lo señala el economista Ernesto Piedras:

"Las industrias protegidas por los derechos de autor generan en total 6.7 % del PIB. Además tienen una tasa de crecimiento mayor a la de toda la economía y constituyen un sector con grandes capacidades de desarrollo que lo posicionan por encima de otras industrias que son de fundamental importancia para nuestra economía, como lo es la industria de la construcción que generó 4.3% (…) Si tomamos en cuenta que la industria turística incluye en su cálculo de participación en el PIB una serie de elementos culturales como los museos, zonas arqueológicas, espectáculos musicales, etcétera, las industrias protegidas por derechos de autor se ubicarían como la tercera industria más importante del país, después de la industria maquiladora y petrolera"1

El turismo como industria cultural definirá la manera de diseñar políticas públicas y programas de gobierno en las economías del siglo XXI, pero también definirá modelos de desarrollo comunitario, con respeto a la diversidad y al medio ambiente. Es momento de que en las instituciones académicas y culturales se analice sistemáticamente el turismo como un hecho de la cultura.

Patrimonio cultural y turismo en las políticas públicas

El tema del vínculo entre el turismo y el patrimonio cultural como factor de desarrollo no es para menos ni para que no lo consideremos como un elemento de primera importancia en las políticas culturales de los distintos gobiernos. Tampoco es la solución mágica de los problemas económicos. Se trata de apostar a una manera distinta de visualizar el ejercicio del turismo como una vía para la educación hacia el patrimonio cultural y su apreciación. Se trata de generar modelos locales y regionales de desarrollo con base en el patrimonio cultural.

Es pertinente aclarar que no se pretende la comercialización del patrimonio cultural, sino de identificar y promover los usos sociales del mismo. Así lo señala María Morente, investigadora de la Universidad de Málaga:

"El patrimonio se conforma ya también una ciencia social y de acción. La declaración jurídica no es ya el único acto constitutivo de la naturaleza patrimonial, sino que se hace imprescindible la aceptación social, el reconocimiento. (…) El objeto patrimonial ha dejado de ser la meta y el objetivo de las actuaciones públicas, para convertirse en su medio. La propia UNESCO en sus programas, al igual que otros organismos internacionales, ha dejado de prestar una atención concreta al patrimonio (con esta denominación), para focalizar su atención preferente en las nuevas políticas estructurantes. El interés del objeto y el bien se encuentra subordinado a la necesidad de elaborar líneas estratégicas y planificaciones capaces de alcanzar fines más altos: la mejora de la calidad de vida, la preservación del medio ambiente y del planeta, la integración, la igualdad o la paz."2

Lo anterior implica un proceso esencialmente educativo, de sensibilización hacia los valores del patrimonio cultural y su significado. Los usos sociales del patrimonio trascienden el ámbito jurídico. Por supuesto, contar con leyes y reglamentos que protejan el patrimonio cultural es esencial para definir políticas que lo preserven; pero nuestras sociedades cada vez se reconocen más complejas y diversas, lo cual nos indica que el patrimonio cultural también es diverso y adquiere distintos significados en su contexto social y cultural. No sólo se constituye como un eje de las identidades de las naciones sino también como elemento para las identidades locales y regionales.

Hoy se incorporan nuevos elementos que definen el carácter del patrimonio cultural, como la arquitectura vernácula, el patrimonio industrial, las expresiones del patrimonio cultural inmaterial; también la visión de conjunto como el paisaje cultural o las áreas naturales protegidas.

El nuevo siglo plantea otras formas de ejercer el turismo considerando la diversidad cultural y la autenticidad de los pueblos. El turismo cultural habrá de distinguirse por la interacción cultural que representa la experiencia de aprendizaje sobre otras culturas. En ese sentido, la acción educativa que representa esta vertiente va más allá del carácter recreativo de la actividad turística.

Como factor de desarrollo, es deseable que generemos las condiciones sociales y las políticas para acompañar esas experiencias educativas intrínsecas en el turismo cultural que favorezcan la organización comunitaria en la prestación de servicios para los visitantes, sin que ello signifique la pérdida de valores que constituyen la autenticidad de los pueblos.

Las amenazas hacia la preservación del patrimonio cultural no provienen del turismo en sí, sino de las políticas erróneas hacia la promoción del turismo masivo, combinadas con la ausencia de reglamentos y planes de manejo para la canalización del turismo y sus beneficios.

Adicionalmente, compartiremos los retos de diseñar estrategias regionales donde los diversos niveles de gobierno participen en la tarea de identificar riesgos y proponer maneras de ejercer el turismo desde una perspectiva regional, adecuada a las características de las poblaciones locales y su patrimonio, así como generar indicadores para evaluar la capacidad de carga de los sitios culturales y en general el impacto del turismo en pueblos, comunidades y ciudades desde las perspectivas económica, social y cultural.

En fin, la necesaria interrelación entre el patrimonio cultural y el turismo involucra nuevos y diversos campos de trabajo interdisciplinario para el análisis y el estudio del turismo desde una perspectiva social y cultural. De igual manera, es indispensable recuperar e impulsar las nociones y los conceptos sobre el desarrollo regional con un enfoque participativo e incluyente por parte de las diversas dependencias en los tres niveles de gobierno, pero fundamentalmente a través de la acción comunitaria y local.

El contexto iberoamericano

La cooperación iberoamericana nos plantea una visión de conjunto sobre el ejercicio del turismo hacia las culturas y el reto de incorporar esta vertiente en los planes del desarrollo local. El contexto internacional nos coloca en una oportunidad extraordinaria de conformar estrategias continentales e iberoamericanas para desarrollar ejes del turismo cultural.

El contexto iberoamericano nos da la oportunidad de fortalecer dos campos inmensos de nuestro conocimiento: cultura y comunicación. En estos dos ejes de la cooperación contamos con problemáticas semejantes y factores identitarios que favorecen la comprensión de los procesos culturales que nos identifican, amén de las ventajas del lenguaje. Este puede ser un punto de análisis para partir hacia la conformación de programas de acción iberoamericana sobre cultura, turismo y desarrollo que, a manera de aportación al debate, se enuncian enseguida:

  • Diseñar planes de desarrollo de la región Iberoamericana para el turismo cultural (por ejemplo, sur de México-Centroamérica, cuya identidad cultural está marcada por las culturas mayas).
  • Conformar una Red Iberoamericana de Patrimonio Cultural y Turismo (para realizar estudios e investigaciones en este campo y su difusión).
  • Sistematizar acciones para la identificación integral del patrimonio cultural inmaterial de Iberoamérica.
  • Articular intercambios de experiencias en rutas e itinerarios referentes a ciudades históricas, fortificaciones, misiones y caminos reales.
  • Impulsar una acción iberoamericana para el mayor conocimiento, análisis y posicionamiento del patrimonio mundial en Iberoamérica.

Este Seminario Iberoamericano de Turismo, Cultura y Desarrollo convocado por la Organización de Estados Iberoamericanos y la Agencia Española de Cooperación Internacional abre la posibilidad de profundizar en la conformación de nuevas perspectivas para nuestras culturas desde el turismo y con perspectivas de desarrollo sustentable. Aprovechemos la oportunidad de comunicarnos para fortalecer nuestros mejores propósitos de desarrollo con base en el turismo cultural.

Notas:

1 Piedras, Ernesto. ¿Cuánto vale la cultura? Conaculta, México, 2004. p.82

2 El concepto actual de patrimonio cultural, artículo publicado por María Morente, en PH Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico N° 58. Junta de Andalucía, España, pág. 43.