Boletín Nº 52
26 de junio de 2010

Campaña mundial para la erradicación de las bolsas de plástico de “usar y tirar”

Ahora hace un año, con motivo del Día Mundial de los Océanos que se celebra cada 8 de junio, Achim Steiner, director general del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) pidió la prohibición de las bolsas de plástico de “usar y tirar” en todo el mundo, ante el daño que causan a mares y océanos.

Desde entonces se han alzado muchas voces contra esta propuesta, tildándola de radical; algunos la han atribuido a un intento de los supermercados de suprimir un servicio gratuito e incrementar sus ganancias; otros han denunciado que su prohibición comportaría la pérdida de muchos puestos de trabajo… ¿Son justificadas estas críticas? ¿Se trata de un problema menor y resulta exagerado pedir su prohibición?

Es preciso recordar que billones de bolsas y otros objetos desechables de plástico son fabricados cada año en el planeta y que tras una brevísima utilización, terminan, en general, extendiéndose por la naturaleza –campos, ríos, mares- en donde permanecen sin degradarse cientos de años, obstruyendo desagües, dañando la flora y la fauna y contaminado los lugares más recónditos del planeta. Se estima, por ejemplo, que cada año, más de un millón de aves y cien mil mamíferos y tortugas marinas mueren debido a la ingestión de los restos de plástico arrojados al océaño. Particularmente llamativa resulta la formación de enormes islas flotantes de residuos plásticos cuya densidad y tamaño crecen continuamente: en el Pacífico Norte hay una cuya superficie supera ya la de la Península Ibérica.

El llamamiento del PNUMA por la erradicación de las bolsas de plástico dista mucho, pues, de ser una exageración. Al contrario, es preciso y posible lograr que ello suceda lo antes posible. Diversas iniciativas educativas y legislativas han avanzado en esa dirección en varios países: desde llamamientos ciudadanos a rechazar su uso y promover la utilización de bolsas de larga duración hasta la introducción de impuestos o la prohibición directa. Como educadores debemos potenciar estas iniciativas. Se puede discutir la conveniencia, en función de las circunstancias de cada país, de recurrir a la prohibición o de introducir un impuesto que se traduzca en un coste que desaconseje el uso de las bolsas. “Tax or Ban” (“impuesto o prohibición”) es el dilema actual, según sostiene el Worldwatch Institute, además de promover el rechazo consciente de la ciudadanía; pero la acción es necesaria y urgente, como lo son tantas otras medidas para hacer posible un futuro sostenible (ver en www.oei.es/decada/ciudadanas.pdf una amplia relación de  tales medidas). La acción educativa resulta ahora más necesaria debido a que, como señalábamos en el boletín 32 (¿Crisis financiera o crisis global?), la actual crisis económica, que se está traduciendo en recesión y pérdida de millones de empleos, está llevando a muchos a pensar que no es el momento de adoptar medidas rigurosas en defensa del medio ambiente, porque las exigencias económicas que esas medidas comportan podrían agravar la crisis. Sin embargo, como afirmábamos en dicho boletín -cuyo contenido cobra cada día mayor relevancia-, estos planteamientos constituyen un nuevo ejemplo de miopía “cortoplacista” que ignora el auténtico origen de la crisis actual y las posibles vías de solución. Porque, como han expresado numerosos expertos, la crisis económica y la crisis ambiental son dos aspectos de una misma problemática y se potencian mutuamente. Colaboremos, pues, a que se escuche el llamamiento del PNUD contra las bolsas de plástico y crezca la respuesta ciudadana para erradicarlas; sigamos impulsando otras iniciativas como la sustitución de las bombillas incandescentes por las de bajo consumo… y contribuyamos, muy particularmente, a que los responsables políticos se comprometan para lograr en la próxima Convención del clima que tendrá lugar en México, sin más dilaciones, un acuerdo ambicioso, justo y vinculante de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Cualquier demora en la adopción de estas y otras necesarias medidas de protección socioambiental, como algunos proponen, solo contribuirá a agravar y multiplicar las crisis. Su solución no pasa por ignorar los retos a los que nos enfrentamos y seguir reincidiendo en los mismos comportamientos de consumo depredador y de crecimiento insolidario e insostenible que han conducido a esta crisis. Es preciso y posible, como ha explicado Ban Ki-Moon, convertir la crisis en oportunidad para una profunda remodelación del sistema productivo, para potenciar economías que satisfagan las necesidades básicas de toda la humanidad, al mismo tiempo que protegen el planeta, contribuyendo a construir un mundo sostenible.

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 52, 26 de junio de 2010
http://www.oei.es/decada/boletin052.htm

 

Adhesión a la Década

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