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¡A humanizar educando!

15 de noviembre de 2016

Ana Cerini. Paraná. Entre Ríos. Argentina. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Reflexionar sobre la formación docente con una mirada humanizadora, inclusiva, integral y dialogante, que brinde una formación de base solvente, con actitudes de acogimiento y recepción, ayudará a los alumnos a apropiarse con interés de aquellos conocimientos que sus profesores les brinden.

Hace ya bastante tiempo que se vienen efectuando reformas en la formación de base de los docentes. Hago referencia específica a los profesorados, siendo posible realizar el mismo análisis para la formación de maestros. Primeramente, se achicaron los contenidos y se qui-taron todas las filosofías del pensum, como si estas no tuvieran ningún valor.

Esta medida -que marchaba al son de los tiempos haciéndose eco del acontecer mundial con su desprecio a lo filosófico- la consideré errada, ya que un docente siempre tiene que tener la impronta de poder entender las realidades que tienen lugar en su tiempo, interpretándolas desde sus aconteceres, pero en la profundidad esencial de sus significaciones y posibles consecuencias. Los antiguos docentes traían una carga importante de materias filosóficas, que les permitía entender las razones de los cambios y prepararse para ayudar en tales tran-ces a sus alumnos.

Hace algunos años, ello se cambió nuevamente al ver lo limitado de la formación y se in-cluyó a la epistemología, la cual podemos considerar bastante “light” al momento de efec-tuar la comprensión de los aconteceres y sus esencialidades. Hasta la fecha, si bien veo mu-chos deseos de una modificación, aún se sigue desarrollando este formato.

Siempre he pensado que los planes de estudio, y más aún sus currículos, deben ser lo sufi-cientemente flexibles como para efectuar la adecuación a las realidades contextuales donde los alumnos se hallan insertos. En mi provincia, durante mucho tiempo fue así. No obstan-te, al ser promulgadas las últimas leyes educativas, el Consejo Federal de Educación fue limitando los espacios de definición institucional. De este modo, cuando antes había varias horas dedicadas a tal accionar, definiendo las diversas instituciones educativas según la necesidad contextual, actualmente son tan sólo dos horas semanales dedicadas a estos espa-cios tan importantes como para que los alumnos y sus familias sientan que la educación los está contemplando, y que se encuentra atendiendo las prioridades que viven, sienten y para las que se hallan preparando.

La formación de base es fundamental. Dará ella la impronta al docente que egrese, quien desde allí, junto al ímpetu inicial, se lanzará a desarrollar creativamente la actividad de en-señar. Así, ha sido nuestra experiencia inicial como docentes, queriendo llevar todo lo nuevo y renovador que habíamos aprendido, a todos los lugares en los que nos correspondiera integrarnos.

Debo destacar que previamente a nuestro egreso, nos habían formado para que el docente censara su zona de trabajo- como necesidad imperiosa, conociendo a sus alumnos, sus fa-milias, sus necesidades, expectativas y modos de pensar y a aquellos que por alguna razón desconocida por la escuela no asistían a clase. Tal práctica permitía invitar a los alumnos y entusiasmar a sus familias para que los enviaran. Los tiempos han cambiado y ya los docente no censan, solo lo hace un personal pago externo al sistema educativo, que asume tal actividad solo circunstancialmente. Se pierden así oportunidades interesantes de establecer puentes con las familias y la comunidad.

Analizando los textos de Álvaro Restrepo, sobre el V Seminario de CTS en Aveiro, vemos que entre las ponencias presentadas al respecto, muchas propendían por una formación in-tegral inicial. Dicha formación inicial debe contemplar cuestiones vinculadas a cubrir las necesidades que señalábamos: base filosófica profunda, unida al conocimiento de la cultura y sus tiempos; vinculación con el contexto que rodea a la institución educativa, con sus necesidades, ideales y esperanzas; al igual que una fuerte idoneidad conceptual y riqueza en sus saberes. Es necesario que la “formación docente alcance calidad, validez transversal y transnacional” como indica Ángel Vázquez.

Es necesario señalar también que no es suficiente sólo con los contenidos que se incluyan. Éstos deben ir acompañados de una fuerte formación de actitudes indispensables, de modo tal que el docente sea alguien que se complazca en lograr efectuar un “recibimiento” de sus alumnos a modo de “acogida”, como requiere Levinas. Destacamos que quien se siente esperado, querido y recibido, actuará de un modo diferente a aquel que se siente como no reconocido, no querido ni esperado. El desarrollo del pensamiento crítico debe ser atendido y desarrollado siempre, pero sin dejar de lado lo que venimos señalando.

Como indica Mariano Martin Gordillo: “educar es mucho más que enseñar: es humanizar.” Este debe ser el lema que nos motive a actuar y a reflexionar al construir planes de forma-ción docente. Las actitudes a desarrollar son claves. También se debe tener presente que como lo enuncia el pedagogo francés contemporáneo Olivier Reboul: “educar es moralizar”.

Seguramente si nos planteáramos cuestionamientos a la formación tradicional, cambiaría-mos tal vez nuestro enfoque, pero no olvidaríamos que ¡estamos humanizando!

Dice mi amigo el reconocido pedagogo Prof. Hugo País en una nota que publicara recien-temente denominada “¿Se nos cae la estantería de la educación?” que para revertir esta situación y adaptarla a las nuevas necesidades de nuestro tiempo, es importante que haya acogida, como señaláramos previamente, encuentro y diálogo.

El encuentro de personas siempre es enriquecedor. En él, cada uno da de sí lo más rico que posee y, dialogando, une su espíritu con el de quien interactúa, compartiendo enfoques, pareceres, significaciones y sentidos.

He estado analizando las nuevas formas tecnológicas de educación en el nivel terciario o universitario como lo hacen en otros países. Es interesante pensarlo como complemento y fortalecimiento de la profesión, pero no lo veo como parte de la formación de base. Ésta, en mi parecer, requiere del encuentro, algo que virtualmente no es posible lograr con facilidad, puesto que no hay una cercanía física que le favorezca. Virtualmente tal vez pueda lograrse un encuentro entre dos personas, pero no vivir tal experiencia comunitariamente, entre varios.

Me pregunto si a diario buscamos propender hacia diversas formas de encuentro, si nos hacemos tiempo para esto… Siempre corriendo, sin mostrar demasiado interés y profundi-dad por cada uno de los alumnos que ¡tenemos que formar!

Entiendo que toda clase debe ser necesariamente dialogada. Tengamos presente que muchas veces aprendemos de nuestros alumnos, porque hasta con algunas preguntas nos indican por donde debemos reflexionar y descubrir nuevas vertientes, que tal vez sin su planteamiento no las hubiéramos pensado.

Ya en la Paideia de la antigua Grecia, nuestro querido colega Sócrates reflexionaba junto a sus alumnos, llevándolos a descubrir lo importante y verdadero, a partir del diálogo, mien-tras transitaban por los caminos atenienses.

Hoy, pedagogas, como la española María Victoria Gordillo en “Desarrollo Moral y Educa-ción”, nos insisten en que volvamos a Aristóteles, mostrándonos que consideran muy rico ese pensar.

Nada de lo vivido en la historia de la educación debe ser desechado…para poder enrique-cernos, descartando los fracasos, y favorecer a nuestros alumnos quienes se encuentran en un tiempo especial de formación para ser mejores ciudadanos, mejores personas, mejores científicos, mejores protagonistas del tiempo, innovadores y creadores. Para ello, es necesa-rio generar actitudes de afecto, de recepción, de diálogo, además de una amplia formación de base o inicial, que incluya filosofía e historia y el conocimiento de las naturalezas esen-ciales de cada quien y de cada que. Desde aquí, se podrán incluir creativamente todas las nuevas tecnologías, aprendiendo a discernir lo que es bueno, de lo que no sirve o es super-fluo, aprendiendo a buscar, a abrir sus oídos al pensamiento de los demás y poder ubicar las razones y fundamentos de determinado modo de pensar, buscando lo verdadero. Que sepa escuchar y sepa dialogar, sin imponer, argumentando en las disidencias, y buscando juntos lo bueno como todo docente recto debe hacer.

Cuando hago referencia al pensar y al obrar de los antiguos griegos no digo que debamos imitar en exactitud todo lo que ellos hicieron, ya que en esos tiempos no educaban a los esclavos ni las mujeres, porque su cultura no les permitía ver esa realidad y sus derechos. Hoy, con una mirada amplia, basada en un paradigma inclusivo, entendemos que es necesa-rio efectuar las descentralizaciones necesarias, haciéndonos cargo de que haya un mínimo común para la movilidad transversal, pero que no afecte la vinculación contextual que le dará el reconocimiento de la sociedad y de sus miembros, quienes ponderarán a sus docen-tes ante sus hijos y los instaran a concurrir.

El vínculo entre docentes y padres es otro punto a considerar: la escuela no reemplaza la formación primera que es la parental. La escuela completa y sistematiza lo que ellos deben inculcar. Si la familia se torna ausente -como suele acontecer- en lo relativo a formación en valores, la escuela sólo puede alcanzar metas limitadas. Si no trabajan juntos padres y do-centes, puede estarse sembrando negativamente en el corazón de hijos y alumnos, lo cual es sumamente difícil de revertir.

No olvidemos tampoco el seguimiento y formación en servicio de los docentes recién egre-sados que se encuentran transcurriendo su primer año de trabajo. Allí, deben centrar su atención los supervisores y directivos para alentarlos, reflexionar en conjunto, y no permitir que caigan en actividades rutinarias, faltas de gusto y sentido, o sea burocráticas, que sólo logran esclerosar la maravilla de la educación que humaniza.

Tengamos presente que una escuela inclusiva, creativa, humanizadora “se construye desde la formación docente” como ha dicho la Prof. Schamle, coincidiendo con nuestro pensamiento, en un congreso educativo reciente de la FHAyCS, UADER.

Si atendemos a las reflexiones que estamos sugiriendo, podremos ser mejores con toda se-guridad y brindar mejores frutos como resultado de nuestro accionar.

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