OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

Calificación y evaluación en ciencias

30 de julio de 2018

Zózima González Martino. Uruguay. IBERCIENCIA – Comunidad de Educadores para la Cultura Científica. Habitualmente se considera que evaluar es sinónimo de calificar, de enjuiciar la capacidad y rendimiento de los estudiantes. En este trabajo, intentamos mostrar una nueva orientación de la evaluación como instrumento de mejora del proceso de enseñanza y el proceso de aprendizaje de las ciencias.

El término “evaluación” hace referencia al proceso de aplicación de pruebas estandarizadas a los alumnos, con el fin de medir niveles de logro de objetivos pedagógicos. La evaluación resulta ser, más que la medida objetiva y precisa de ciertos logros, la expresión de expectativas en gran medida subjetivas, con gran influencia en el comportamiento de los estudiantes y aún de los docentes.

Toda evaluación se traduce en una clasificación y en una diferenciación. Las evaluaciones tienen, como resultado, una formalización y objetivación de diferencias en la calidad y cantidad de aprendizajes desarrollados, en la calidad del trabajo docente, etc.

Es necesario romper con la habitual identificación entre evaluación y calificación de los estudiantes, fundamentando una propuesta de evaluación como instrumento de mejora del aprendizaje, de la enseñanza y del propio currículo (aunque aquí nos hemos centrado en el primer aspecto).

Lo esencial es orientar la evaluación como ayuda para la consecución- en el tiempo que sea necesario-, de los logros perseguidos y que la calificación suponga tan sólo el reconoci­miento de dichos logros.

La evaluación se ha ido transformando en el instrumento que moldea los procesos educativos; es importante observar de manera más reflexiva los supuestos que la sustentan y formular preguntas como: ¿por qué…para qué…cuándo…quién…cómo se evalúa?

Los criterios de evaluación deben ser el punto de partida de la práctica del aula conocimientos que el alumnado debe adquirir y aplicar en los contextos indicados.

La evaluación tiene utilidad técnico-pedagógica; favorece el aprendizaje desde la reflexión y la valoración sobre las propias dificultades y fortalezas.

Es recomendable incorporar estrategias de aprendizaje que permitan la participación del alumnado en la evaluación de sus logros, como la autoevaluación y la co-evaluación.

La alfabetización científica implica otorgar sentido al mundo que nos rodea. El objetivo es desarrollar herramientas básicas para mejorar la calidad de vida, que evolucionen a ser capaces de tomar decisiones conscientes y responsables a partir de la comprensión de las variables incidentes en esa realidad.

El análisis crítico de todas estas concepciones abre el camino a un replanteamiento global de la evaluación, que pasa a ser considerada un instrumento de intervención y no de simple constatación.

La evaluación, como instrumento de aprendizaje, debe extenderse a los aspectos conceptuales, procedimentales y actitudinales del aprendizaje de las ciencias, rompiendo con su habitual reducción a aquello que permite una medida más fácil y rápida: la rememoración repetitiva de los "conocimientos teóricos" y su aplicación igualmente repetitiva a ejercicios de lápiz y papel.

Se trata de ajustar la evaluación ‑es decir, el seguimiento y la retroalimentación‑ a las finalidades y priorida­des establecidas para el aprendizaje de las ciencias.

Los estudiantes han de poder cotejar sus producciones con las de otros equipos y ‑ a través del profesor/ director de investigacio­nes‑ con el resto de la comunidad científica; han de ver valorado su trabajo y recibir la ayuda necesaria para seguir avanzando o para rectificar, si necesario.

Una orientación constructi­vista del aprendizaje permite que cada actividad realizada en clase por los alumnos constituya una ocasión para el seguimiento de su trabajo, la detección de las dificultades que se presentan, los progresos realizados, entre otros. La evaluación se convierte así en una evaluación formativa, sustituyendo a los juicios terminales sobre los logros y capacidades de los estudiantes. Es necesario evaluar procesos y no solamente resultados, incluir los resultados previstos y los no previstos, los efectos observables y los no observables, la dimensión ética.

Esta forma de evaluación se produce en un contexto de trabajo colectivo; es, en sí misma, una innovación, una forma de conocimiento y acción anti autoritaria, dado que entra en tensión con las estructuras en las que se integra. La evaluación debe estar al servicio de los procesos de cambio.

No elimina la necesidad de actividades de evaluación individuales que permitan constatar el resultado de la acción educativa en cada uno de los estudiantes y obtener información para reorientar convenientemente su aprendi­zaje.

Evaluar no es sinónimo de calificar.

Tradicionalmente se viene utilizando la evaluación en educación casi exclusivamente para dar calificaciones sobre el rendimiento escolar, con claras funciones de jerarquización y clasificación.

Se conoce como calificación al acto de calificar a algo o a alguien. Significa puntuar las cualidades o capacidades de un objeto o individuo, realizar un juicio de valor o establecer el nivel de suficiencia de los saberes que los alumnos evidencian al realizar pruebas o exámenes o determinados ejercicios.

El examen o las pruebas son vistos como simples instrumentos de calificación de los estudiantes… supone tensión bloqueadora.

Los alumnos han de ver debidamente valoradas todas sus realizaciones, todos sus productos colectivos o individuales y no solamente aquellas planteadas como pruebas.

Si bien las calificaciones no deberían ser eliminadas, porque sirven un lenguaje universal de aprovechamiento académico, sería recomendable que vinieran acompañadas de una retroalimentación profunda.

La búsqueda de objetividad puede tener consecuencias negativas. Con objeto de garantizar la objetividad, la evaluación se limita a lo más fácilmente medible, evitando todo lo que pueda dar lugar a respuestas imprecisas. Ello supone dejar de lado aspectos fundamentales del trabajo científico (los planteamientos cualitativos, necesaria­mente imprecisos, conque se abordan las situaciones problemáti­cas, la invención de hipótesis...) que, al no ser evaluados, dejan de tener importancia para los estudiantes.

Tras esa búsqueda de "objetividad" subyace la idea de que sólo una parte de los alumnos está realmente capacitada para seguir con éxito estudios científicos. Estas expectativas negativas pueden determinar, en gran medida, el fracaso de un elevado porcentaje de estudiantes.

Es conveniente proporcionar valoraciones de las tareas que ayuden a los estudiantes a conocer si están progresando adecuadamente o no.

La calificación debe ser una estimación de los logros de cada estudiante, una indicación de su grado de consecución de los logros que persigue; no puede tener una función comparativa y discriminatoria, en la que la valoración de un estudiante depende de los resultados de los demás.

Toda calificación ha de ir acompañada de propuestas de actuación para su mejora y de la comunicación de expectativas positivas en ese sentido.

Una califica­ción se integra coherentemen­te en la propuesta de evaluación como instrumento de aprendizaje; su asunción genera expectativas positivas que se traducen en mejores resultados y en una nueva forma de enfocar las relaciones entre profesores y estudiantes, más de acuerdo con la propuesta de aprendizaje como investigación dirigida.

Los criterios y estándares de evaluación suponen una formulación evaluable de las capacidades expresadas en los objetivos generales, asociadas a los aprendizajes fundamentales de este área y a las competencias que el alumnado debe desarrollar.

Para el desarrollo de competencias es conveniente seleccionar metodologías diversas impulsoras de la interacción, la cooperación y la participación. Se sugiere, entre otras, el aprendizaje cooperativo, la resolución de problemas, el trabajo por proyectos, el aprendizaje por tareas.

Se intentará una metodología constructiva mediante el planteo de situaciones problema, las cuales exijan del alumno una gran actitud crítica y reflexiva para la toma de decisiones. Instancias de discusión grupal, talleres, debates, entre otras.

Se plantea una evaluación continua. Permite poner la atención en los objetivos no logrados y diseñar acciones, desarrollar estrategias pedagógicas remediales con el propósito de mejorar el desempeño de los alumnos en esos ámbitos más débiles.

En la medida que se crea una cultura evaluativa, la prueba pasa a tener un peso mayor que el currículo en la cotidianeidad del proceso pedagógico en el aula. Requiere que exista una concordancia entre currículo, enseñanza y evaluación.

En ese momento, la prueba tiende a transformarse, en los hechos, en el currículo real.

La finalidad última del área será el desarrollo de actitudes y valores, teniendo un papel destacado en el currículo la curiosidad, el interés y el respeto del alumnado hacia sí mismo y hacia las demás personas, hacia la naturaleza, hacia el trabajo propio de las ciencias experimentales y su carácter social, así como la adopción de una actitud de colaboración en el trabajo en grupo.

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac