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Carlos Vogt: “La ciencia es demasiado importante para que quede sólo en manos de los científicos”

22 de febrero de 2017

Manuel Crespo (IBERDIVULGA). Carlos Vogt lleva años persiguiendo el objetivo de unir el quehacer científico con la sociedad, esos dos elementos que en algunas ocasiones parecen distantes el uno del otro, como si no hubiera ningún punto de conexión posible entre ellos. Sin embargo, de acuerdo con el Secretario de Educación Superior del Estado de San Pablo, Brasil, la construcción de una cultura científica en la sociedad no sólo trae beneficios para esta última, sino que además permite que la ciencia crezca y vaya abriendo nuevos caminos. La sociedad necesita de la ciencia tanto como la ciencia necesita de la sociedad. Eso es, al menos, lo que se desprende del discurso del entrevistado

Vogt es, además, el coordinador general y uno de los tres fundadores, junto con el periodista Alberto Dines y el investigador José Marques de Melo, del Laboratório de Estudos Avançados em Jornalismo (Labjor), radicado en la Universidad Estadual de Campinas. Creada en 1994, esta institución se dedica a la capacitación de profesionales en tareas de divulgación de la ciencia. El primer curso, un posgrado en periodismo científico, fue inaugurado en 1999. Hoy Labjor cuenta con dos posgrados y una maestría. Además de la formación de profesionales, la institución también produce revistas de divulgación científica, ComCiência entre ellas. Estas publicaciones sirven también como laboratorios de estudios prácticos para los alumnos de los posgrados. Más de un motivo, entonces, para preguntarle a Vogt sobre la construcción de la mencionada cultura científica, un espacio en el que los investigadores y el público no especializado pueden dialogar para motorizar, ciencia mediante, el avance sostenido de la sociedad hacia el progreso.

Pregunta: Uno de los temas sobre los que usted trabaja con insistencia es la construcción de una cultura científica en el seno de la sociedad. ¿A partir de qué principios se edifica esta cultura?

Respuesta: Yo creo que “cultura científica” puede entenderse de tres maneras que están en encerradas en la expresión misma: cultura de la ciencia, por la ciencia y para la ciencia. Es importante comprender estos tres conceptos porque caracterizan el fenómeno cultural de la ciencia que se desarrolla en la sociedad, de acuerdo con una dinámica que yo suelo mostrar como un dibujo en espiral, una manera de identificar y establecer límites para lo que entendemos por espacio del conocimiento. Esto puede ser una contribución interesante. Todo el fenómeno científico, cuando lo observamos en el momento en que la ciencia empieza a constituirse como una institución, está muy ligado a las grandes transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales de nuestras sociedades. En ese sentido, la ciencia es, al mismo tiempo, una expresión de estas transformaciones y una de las razones que las explica. Es tanto una consecuencia como una causa de las transformaciones. En la actualidad, nuestro desafío es entender cómo el fenómeno científico está integrado al mundo cotidiano y cómo, a la vez, es responsable de los grandes cambios de la humanidad. Hoy la ciencia es motivo de discusiones cotidianas, gracias a la expansión de la tecnología en la vida diaria. Esta cotidianización de la ciencia tiene una importancia vital para entender determinados patrones del comportamiento actual del hombre respecto de la ciencia.

P: ¿Se puede pensar en una cultura científica a nivel iberoamericano?

R: Cuando hablamos de sociedad, hablamos de condiciones de regularidad, de comportamientos, de patrones, de relaciones, de estándares, de valores. Es decir, estamos hablando de un espacio organizado. Aun cuando sufre procesos de desorganización, estos procesos ocurren en el interior de una dinámica de funcionamiento regular. De modo que hablar de una red iberoamericana es entender que la ciencia tiene, ahí también, un rol sumamente importante en la caracterización de un espacio social que ya no es necesariamente nacional, sino que reúne condiciones de dibujo mucho más amplias y más ricas. Nuestras sociedades se identifican por valores compartidos. La ciencia es un hecho cultural que trasciende las fronteras nacionales. Es preciso trabajar para consolidar esa identidad común, sin que por eso se pierdan las características de origen de cada uno de los países integrantes de la región.

P: En este proceso de construcción, ¿cuánta atención se les debe prestar a los jóvenes?

R: La atención debe ser total. En las sociedades contemporáneas, donde el conocimiento no sólo es un hecho epistemológico sino también económico, donde el conocimiento tiene un valor agregado muy grande, es fundamental que la educación tenga una relevancia que permita despertar la pasión por la ciencia. Yo digo siempre que, así como es importante cuidar la formación del joven como posible científico a futuro, también es vital asegurar que la ciencia genere atracción en los no profesionales, en la gente común que vive en contacto con la ciencia. Esto último sólo se logra con educación, y desde muy temprano.

P: ¿Qué rol deben cumplir, entonces, las escuelas?

R: El rol de motivar, justamente. En específico, pienso que las iniciativas educacionales deben hacer uso, desde el punto de vista metodológico, de las tecnologías actuales de comunicación e información. La enseñanza debe estar construida sobre el uso intensivo de Internet, de la televisión, de los medios electrónicos. La tecnología hoy es fundamental porque define los estándares y los valores de los niños. La escuela debe ser una continuación de la vida que los estudiantes llevan fuera de ella.

P: En este sentido, ¿cuán importante es la capacitación de docentes sin titulación?

R: La falta de profesores titulados es, por lo menos en Brasil, un problema muy grande. En Brasil las escuelas superiores privadas se quedaron con la responsabilidad de la formación de profesores para los niveles medios de educación. Las escuelas públicas en general están más comprometidas con la formación de investigadores. Lo que necesitamos, sin embargo, es tener profesores muy calificados para trabajar con los jóvenes desde los comienzos de la carrera educativa. En ese sentido, el uso de las nuevas tecnologías para una educación semipresencial —o incluso virtual— puede ser una manera muy activa de extender la educación pública. De esta manera obtendríamos, al mismo tiempo, la manutención de la calidad de enseñanza y la ampliación del alcance de la capacitación. Creo que enseñar también es divulgar, en dos sentidos: para dar a conocer, simplemente, y para ayudar a que nazca el amor por la ciencia. Debemos trabajar para que los niños empiecen a encontrar en la ciencia una forma de placer.

P: En específico, ¿qué se está haciendo en Brasil para apuntalar la construcción de una cultura científica?

R: Existe todo un movimiento desde el punto de vista de las políticas gubernamentales. El gobierno brasileño incluso creó una secretaría para la divulgación científica, con especial énfasis en iniciativas para la formación de competencias. Labjor es un ejemplo de eso. Aquí contamos con dos cursos de posgrado y una maestría para la formación de investigadores en gestión de cultura científica. Esto le da solidez a la actividad. Se empieza a dejar sentado que la comunicación de la ciencia cumple un rol fundamental en nuestra sociedad.

P: ¿Por qué es necesario comunicar la ciencia?

R: La comunicación de la ciencia es lo que torna a la ciencia posible. Si un descubrimiento permanece secreto, aislado, no tendrá la posibilidad de someter lo que enuncia a condiciones de verificabilidad que se encuentren fuera del espacio en el que el descubrimiento es formulado. Hoy ya sabemos que no hay verdades ontológicas, sino verdades probables. Es verdadero lo que es más probable de ser verdadero. La comunicación otorga sociabilidad a la ciencia y permite que sea apreciada, transformada o modificada.

P: Ni el español ni el portugués son lenguas de primer orden en el circuito internacional de la ciencia. ¿Cuál es, en nuestra región, la relación entre lengua y comunicación de la ciencia?

R: Se trata de un fenómeno de una naturaleza muy amplia. En ese sentido, creo que el Espacio Iberoamericano del Conocimiento (EIC) puede ayudar a que tanto el español como el portugués adquieran una institucionalidad más importante en tanto herramientas de comunicación científica. El EIC puede ayudar a extender las condiciones de uso en un escenario de cooperación entre culturas. La preeminencia actual del inglés se debe sólo a una circunstancia histórica. Pasó con el latín en su momento, pero no hay nada intrínseco a la lengua que diga que la lengua a utilizar deba ser ésta o aquélla. Lo único intrínseco es la exigencia de que la lengua utilizada sea lo suficientemente rica en vocabulario y en sintaxis como para ser efectiva en el acto de la comunicación.

P: Los investigadores iberoamericanos suelen quejarse de que el sistema universitario los somete al aislamiento. ¿Cómo debe operar la divulgación científica en un ambiente que la resiste?

R: La endogamia del sistema académico es un fenómeno universal. Aunque sí se podrían desarrollar nuevas formas de salida para el científico, no me parece que el sistema pueda cambiarse totalmente. Estamos hablando de instituciones muy conservadoras. Yo diría que muchas universidades son radicalmente conservadoras. El circuito académico es un fenómeno muy ritualizado. Lo importante es trabajar para que ese ritual funcione de manera eficiente. No puede ser un ritual vacío, que sólo se justifique por su condición de ritual. En ese sentido, la divulgación es la mejor herramienta para crear las condiciones de alteridad calificada indispensables para que la ciencia avance. La comunicación permite la búsqueda de expresiones más sencillas que suavicen la complejidad de los conceptos propios de la ciencia, lo que a su vez lleva a una participación más activa de la sociedad. No sólo es necesario comunicar para que la gente se entere de los beneficios que trae la ciencia a la sociedad, sino también para asegurar la dinámica misma del desarrollo de la ciencia. La divulgación no sólo está para informar, sino para crear las condiciones para que surja un comportamiento crítico y reflexivo por parte del público, a través de sus representaciones organizadas, en el hecho de la ciencia. Hubo en Brasil un periodista de fútbol que decía que un penal es algo demasiado importante para dejarlo en manos sólo de los jugadores. Yo diría, entonces, que la ciencia es algo demasiado importante para que quede sólo en manos de los científicos.

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