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Charlatanería y cultura científica en el siglo XIX. Vidas paralelas

23 de agosto de 2018

Un libro de Irina Podgorny. A uno y otro lado del continente americano abundaron los estafadores, impostores, publicistas que cargaban un cajón con pájaros disecados, libros, libretas y unos pocos instrumentos y que lograron que se les abrieran las puertas de las oficinas del gobierno, de los museos y de las asociaciones científicas nacionales. La historia de la ciencia no puede evitar toparse con ellos: en todos los tiempos han surgido charlatanes que han buscado obtener provecho político, ideológico o económico: falsos cónsules, naturalistas, poetisas y sabios abundan en la prensa y las revistas científicas, en los programas de fiestas de la alta sociedad y conferencias, en los discursos de bienvenida y en los juicios en los tribunales. Curiosamente, la historiografía no habla de ellos, como si no los viera, o, cuando los nombra, repite sus palabras sin cuestionarlas. En definitiva, la historia está plagada de ejemplos de charlatanes.

Los Libros de La Catarata /OEI. Serie Ensayos y Sociedad

Proyecto "Alta Divulgación" de la Cátedra CTS+I con el apoyo de la Consejería de Economía e Innovación de la Junta de Andalucía y el Proyecto de investigación "Políticas de Cultura Científica" (FFI2011-24582) de Ministerio de Economía y Competitividad de España

La autora Irina Podgorny

Doctora en Ciencias Naturales e investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en el Museo de La Plata, Argentina. Ha recibido los premios Estímulo y Georg Forster y es autora de varios libros.

Fragmento de la introducción

El 30 de marzo de 1883, el periódico La patria argentina publicaba un suceso singular ocurrido en el museo del comendador Guido Bennati (1827-1898) y protagonizado por Hermann Burmeister –director del Museo Público de Buenos Aires-, Florentino Ameghino –paleontólogo de nota-, Ignacio Pirovano –renombrado cirujano, profesor de la Cátedra de Medicina Operatoria y Estanislao Zeballos –abogado, connotado naturalista viajero. Un representante de las damas de la Sociedad de Beneficencia los acompañaba para “presenciar la abertura de una chulpa o momia titicaqueña” que, volvía a la vida para reírse de la democracia, de los supuestos adelantos del siglo del progreso. La crítica política combinaba la forma de “Some words with a mummy” de Edgar Allan Poe con la de una crónica de la vida científica de Buenos Aires, pero, además de recurrir a personajes reales, reemplazaba a la egipcia “Allamistakeo” por un cuerpo seco, hallado en los alrededores del lago Titicaca. La momia argentina, por su parte, se reía de los sabios locales quienes, lejos de experimentar con la electricidad, caían sugestionados por las artes magnéticas de un charlatán. Y era cierto: más de un sabio local se había rendido a los pies de Bennati, el dueño de este salón situado a pocos metros del Museo Público y donde, desde el 16 de enero, se exhibía una colección de Historia natural que pasaría al recuerdo como “museo incásico”, la fantasía de una mente soñadora. (Lascano 1889, 108-9)

El “Museo Bennati” o “Museo Científico Sud-Americano”, sin embargo, no era una ficción: publicitado en las mismas páginas que las máquinas agrícolas, los tratamientos hidroterapéuticos, los tónicos importados, los dentistas en gira por el mundo y el estudio de Teresa Meraldi, profesora de música vocal e instrumental, de declamación y mímica que enseñaba a magnetizar y a desmagnetizar teórica y prácticamente, en cinco sesiones y a precios módicos a pocos pasos de ambos museos, era una muestra viajera de paleontología, arqueología, antropología y los tres reinos de la naturaleza. (Bennati 1883, Ameghino 1883) La entrada, que incluía el catálogo, costaba diez pesos. Mostraba ídolos, utensilios, armas, vestidos e instrumentos de música de la raza indígena, minerales de varios estados sudamericanos, vegetales de gran importancia para la medicina, la tintorería y la alimentación; pieles, animales disecados, reptiles conservados en espíritu de vino, un león vivo y domesticado que vivía en compañía de un corderito y fósiles antediluvianos. Eso sin contar las seis momias de mujeres y la séptima de un hombre, todas procedentes de la Sierra del Perú, el Lago Titicaca, los cerros Illimani y Corocoro y de una caverna a 14 mil pies de altura en el cerro de Sajama, también en Bolivia, unos “verdaderos museos de joyas, entre los que sobresalían magníficos collares formados con cuentas de lapislázuli” (Ameghino 1883, 999). Mientras otra “india embalsamada, con sus adornos y vestidos” presidía la entrada del salón, a su derecha, en un mostrador, dos indias bolivianas recibían a los visitantes vendiéndoles el billete de entrada.

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Índice

0. Introducción
1. La Orden Imperial Asiática de Moral Universal
2. La verdad del magnetismo
3. “Soy un charlatán”
4. De los Apeninos a los Andes: La Comisión o Sociedad Médico-Quirúrgica Italiana
5. El bombardeo de Alvear
6. Rutas fluviales
7. Salta
8. Coda y final

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PVP: 13 euros (IVA incluido)
96 páginas
Formato: 13,5x21 cm
ISBN: 978-84-9097-072-0
Ref: ID157

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