OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

Cotidianidad: el maltrato de todos los días…

17 de enero de 2017

Pedro Antonio Ruiz Martínez, Cancún, México
IBERCIENCIA: Comunidad de educadores para la cultura científica
Nuestra cotidianidad, tiende a presentar relaciones de poder desiguales, de una persona sobre otra, y genera entornos violentos, cuyas consecuencias son desfavorables para todos los implicados. Las víctimas padecen una baja autoestima y bajo autoconcepto; los agresores se socializan con una conciencia de anonimato que afecta al desarrollo moral.

En nuestra cotidianidad, la violencia se manifiesta de manera normal, como parte de nuestra convivencia diaria, por tanto, nuestra vida común a partir de lo personal, familiar, escolar, relacional entre iguales y contextos sociales de participación, tiende a presentar relaciones de poder desiguales, de una persona sobre otra; ya sea, mediante fuerza física, inteligencia, posesión de objetos y afectos o emociones, sin diferenciar si se es hombre o mujer.

En este sentido, hemos sido testigos de grandes avances y cambios presurosos desde diversas perspectivas y niveles, y con ello, se ha experimentado variedad en todos los órdenes: políticos, sociales y económicos, generando consigo, modificación y adecuación de valores, cultura y modo de pensar de las personas, de las comunidades e incluso de generaciones. En la mayor parte de nuestras sociedades, las desigualdades sociales, renuentes a desaparecer, suelen originarse por su organización estructural político y socioeconómico; por tanto, fomentan la violencia y parecen incrementarse cada día. No obstante, en el desarrollo histórico de todas las civilizaciones, el empleo de la fuerza física para imponer y dominar la voluntad de sus adversarios ha sido ha sido factor decisivo. Si bien casi siempre se ha intentado justificar tal comportamiento con argumentos morales e incluso éticos, la historia del ser humano avanza en paralelo a la cultura de la violencia.

El primer paso para una adecuada comprensión del comportamiento violento es diferenciar entre agresividad y violencia, ya que ambos términos son distintos. La agresividad 1 se entiende como un rasgo innato del ser humano, es decir, es la capacidad de respuesta del organismo para enfrentar situaciones externas de peligro. Por tanto, a partir de esta perspectiva, la respuesta agresiva es similar a la de los animales, y representa una actitud adaptativa, como una de las tantas estrategias de afrontamiento de que disponen los seres humanos.

No obstante, la desadaptación misma del ser humano de la naturaleza, para ir adaptándose a un mundo artificial construido por él mismo y que este cimentado en ciertos rasgos, ha puesto las características a toda sociedad o a todo grupo social; así como aquel llamado cultura. De esta forma, la cultura incluye los estilos de vida, los derechos, los sistemas de valores, las ideologías, las tecnologías, las artes y las letras.

Cuando la cultura pone de manifiesto con especial énfasis la agresividad natural del ser humano, ocasiona un desarrollo desmesurado de violencia y, por costumbre, se traduce en acciones intencionadas o amenazas de acción, cuya intención, en la mayoría de los casos, es generar daño a otros seres humanos. Estos hechos o agresiones suelen presentarse mediante la utilización de distintos objetos; ya sean éstos, herramientas de corte, para diseccionar y golpear, etcétera; así como, enfrentamiento físico, emocional u hostil en función del objetivo por alcanzar de la agresión. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS), divide la violencia 2 en tres categorías generales, según las características de los agresores:

la violencia autoinfligida (comportamiento suicida y autolesiones), la violencia interpersonal (violencia familiar, que incluye menores, pareja y ancianos; así como violencia entre personas sin parentesco), la violencia colectiva (social, política y económica).

En la actualidad, la violencia en la educación primaria, en la educación secundaria y de Bachillerato se incrementa y es más grave que antes. Asimismo, la violencia hacia profesores es un fenómeno especialmente significativo en el contexto educativo. En este suceso, interviene la persona con el rol de agresor y, sin querer serlo, el individuo que se convierte en víctima.

Dentro de esta estructura psicosocial de poder entre agresor y víctima, Milgram, citado en Blanco, Caballero y de la Corte, (2004, 23-32) considera que la burocracia es un atributo inmerso en las instancias supra – individuales (grupos, instituciones, organizaciones, etcétera), como la estructura, la cohesión, el pensamiento, el contexto o ambiente grupal, entre otros. Ésta es una de las razones por las cuales se establece la realidad del grupo, siendo este, un rasgo significativo entre ellos. Ahora bien, si partimos de la realidad propia de cada organización, grupo o institución, más allá de la que define y caracteriza a cada integrante de la misma, será necesario analizar los rasgos y características que definen esa realidad en algún momento, por si acaso, uno o varios de ellos nos brinda una clave para entender la violencia y el terror.

El acuerdo obligado entre la burocracia y la eficacia radica en la forma de adquirir su estructura, cuyo objetivo no sólo es ordenar los aspectos que forman parte de una organización, sino hacerlas productivas, obtener mejores resultados y mantener su funcionalidad, cuyo enfoque logre alcanzar los objetivos preestablecidos. En la figura a continuación, se destaca los aspectos en común entre burocracia y estructura: ambas muestran su interés por la organización, la autoridad y el poder, tanto explícito como implícito, por establecer normas y tareas. Asimismo, ambas, la burocracia y la estructura, fijan atribuciones a un estilo especial de práctica a las actividades dentro de una organización, y con ello, definen las relaciones formales e informales dentro de ella.

Todo educando tiene derecho a vivir en un entorno de convivencia y participación libre de violencia. Con el propósito de desarrollar cada una de sus capacidades, destrezas y habilidades; ser capaces de realizar todo tipo de actividades en un ambiente seguro donde no exista coacción e intimidación.

El problema de violencia en nuestro entorno social y educativo es complejo, y tratar de explicarlo conlleva a tener presente todas las teorías relacionadas a este suceso. Desde la perspectiva de Bandura (1976) citado en Van Hasselt, Vincent B. and Hersen, Michel. (1999; 44), es de interés establecer estrategias de prevención; ya que, la transgresión de normas y la coacción son aprendidas, así como se aprenden los comportamientos y conductas humanas por imitación.

A partir de lo anterior, no podemos hablar de una sino de múltiples causas de la violencia en el ámbito educativo, entre los cuales, destacan:

  • Los procesos de poder e identidad dentro del grupo: los compañeros y/o amigos ejercen cierto rango de influencia, y con ello, pueden forzar a un integrante del grupo a llevar a cabo una conducta antisocial, como pegar o robar. Este deseo de impresionar logra proporcionar jerarquía de superioridad entre ellos, originada por una falta de control de la conciencia social, debido al mínimo riesgo de ser atrapado, además de considerar a la víctima como más débil, quieren alardear y ser reconocidos. Pretenden lograr atención y adhesión. Puestas, así las cosas, para Blanco, Caballero y de la Corte (2005) consideran la influencia del grupo como sigue:
  • Rasgos educacionales: la estructura curricular, las estrategias de evaluación, la enseñanza expositiva y el enfoque pedagógico suelen ser violentos al comparar un alumno con otro. Actitud generalmente practicada por padres y docentes. Asimismo, educandos con rendimiento suficiente requieren mayor apoyo. Éstos suelen provenir de un ámbito cultural y económico vulnerable desde el punto de vista social. Mientras que los educandos con rendimiento excelente o sobresalientes muestran un comportamiento menos violento.
  • Rasgos del entorno: influye la ubicación del centro; ya sea, su entorno socioeconómico, como cultural. Tasa de desempleo, consumo de sustancias nocivas para la salud: alcohol, drogas, etc. valoración del poder y del éxito. Glorificación de la masculinidad (machismo), sensacionalismo, violencia en los medios masivos de comunicación, entre otros. Las actividades desarrolladas dentro de su tiempo libre es otro factor clave.

Los educandos con extracción social fuera de aquellas normas o estructuras establecidas por un grupo o aula, así como, sus habilidades cognitivas y bases lingüísticas o culturales, se encuentran sujetos a un mayor riesgo en cuanto a conducta antisocial se refiere.

  • Aspecto afectivo: la falta de afecto, la desintegración familiar, la baja autoestima y las mínimas oportunidades; así como, el nulo sentido a la vida o perspectivas a futuro se convierte para muchos, desafortunadamente, en un callejón sin salida, en el cual, la violencia interpersonal se vive en un medio de convivencia cotidiano. En este caso, el aprecio al dinero como a las posesiones, se ha transformado en ídolos de nuestro tiempo, junto al consumismo desenfrenado de nuestra sociedad, puede generar absentismo, una conducta violenta, abandono escolar e incremento de la delincuencia y vandalismo.
  • Profesión docente: la falta de reconocimiento social del desempeño y profesión docente promovido por la sociedad, medios de comunicación y la familia, incide en una creciente falta de respeto y credibilidad.

Por consiguiente, y a modo de conclusión, el ámbito escolar no es ajeno a la violencia vivida en la sociedad, y llega a los educandos mediante el proceso de socialización marcado por sus modelos y valores. De esta forma, en una sociedad con mínima igualdad de oportunidades, la coacción aparece donde algunos enfrentan la desigualdad de posibilidades económicas, físicas y psicológicas.

No obstante, en una sociedad democrática la ley del más fuerte no se puede imponer. Es imprescindible aprender a convivir y brindar solución a conflictos de manera pacífica, para hacer frente a las tensiones sociales, a través del empleo de estrategias de comunicación efectiva y de negociación.

Participar o involucrarse en la vida social de los educandos, las familias y sus iguales, en necesario para identificar conflictos, cuya solución no la podemos brindar solos.

Ante esta sociedad multicultural en la que vivimos, y en ocasiones sobrevivimos, la educación es un medio, una estrategia, pero nunca un fin, el cual, debemos emplear para conseguir en las generaciones siguientes una cotidianidad plena, donde la convivencia sana, el respeto y la aceptación de personas de igual o diferente forma de ser coexistan. Por tanto, recae en la educación un papel protagónico en la formación de nuestro futuro, basado éste en el amparo y vivencia de los derechos humanos.

 

Referencias Bibliográficas

Blanco, Amalio; Caballero, Amparo. y de la Corte, Luis. (2005). Psicología de los grupos. Madrid, España. Pearson Educación, S.A.
Organización Panamericana de Salud. (2002). Informe mundial sobre la violencia y la salud, resumen. Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud, Washington, D.C. [en línea]. México. [fecha de consulta: 18 noviembre 2016]. Disponible en: http://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/world_report/es/summary_es.pdf
Renes Ayala, Víctor. (Coord.). (2003). Violencia y sociedad. Documentación social. Revista de estudios sociales y de sociología aplicada. No. 131. Abril – Diciembre. Madrid, España. Caritas Española, Editores.
Sanmartín, José. (2013). La violencia y sus claves, 6ª edición actualizada. España. Grupo Editorial Ariel Quintaesencia.
Van Hasselt, Vincent B. and Hersen, Michel. (1999). Hanbook of psychological approaches with violent offenders. Contemporary strategies and issues. The plenum series in crime and Justice. New York. Springer Science + Business media, LLC.
Yubero Jiménez, Santiago; Larrañaga Rubio, Elisa; Morales Domínguez, J. Francisco. (Coords.) (2003). La sociedad educadora. Dimensiones psicosociales de la educación. España. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla – La Mancha.
Yubero Jiménez, Santiago; Larrañaga Rubio, Elisa; Blanco Abarca, Amalio. (Coords.). (2007). Convivir con la violencia: un análisis desde la psicología y la educación de la violencia en nuestra sociedad. Colección estudios, 107. España. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla – La mancha.
Zaczyk, Christian. (2002). La agresividad: comprenderla y evitarla. Barcelona, España. Editorial Paidós.


Ver: Christian Zaczyk (2002). La agresividad: comprenderla y evitarla. Barcelona, España. Editorial Paidós. Pág. 19 - 22

Ver: Organización Panamericana de la Salud (2002). Informe Mundial sobre la violencia y la salud. Washington, D.C. Disponible en: http://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/world_report/es/summary_es.pdf

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac