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Cuando digas malaya, malaya va a ir lejos

21 de agosto de 2017

Edwin Oswaldo Flores Lazo. San Miguel, El Salvador. IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica.
Se hacen una serie de reflexiones sobre el enfoque de educación sostenible y las implicaciones que tiene tanto a nivel personal y colectivo.

Se han desarrollado una gran cantidad de ciencias para comprender el ecosistema y todo lo referente a los recursos naturales que nos rodean. Se han generado una gran cantidad de avances y procesos para comprender el funcionamiento y equilibrio del hombre en relación a su medio ambiente, no obstante, nunca como ahora esos principios vuelven a ser insuficiente para los nuevos desafíos, la comprensión hasta ahora alcanzada exige nuevas adaptaciones para lograr el reto de una educación con enfoque sustentable.

Se han creado una serie de esquemas y propuestas para entender el valor nutritivo de los alimentos, pirámides y sistemas de calificación de sus propiedades, pero no se ha establecido o difundido en la curricula un sistema que permita distinguir los alimentos orgánicos de los transgénicos que circulan de igual modo y con diferentes consecuencias.

Se desarrolló una metodología para enseñar la clasificación de los animales y las propiedades de los mismos para el consumo del hombre, pero hasta el momento, no se ha elaborado estrategias educativas que permitan analizar e investigar de dónde vienen los animales que consumimos a diario, cuáles son los sistemas de alimentación, los procesos de crianza hormonal utilizados, las condiciones de las granjas de donde vienen y cómo puede estar asociado con una gran cantidad de enfermedades que han repuntado más que nunca como la diabetes, cáncer , por sólo mencionar algunas de las más comunes de las que se han realizado un par de estudios, que no trascienden por intereses políticos y económicos de grandes transnacionales involucradas.

Se ha creado una sociedad llena de excesos con una forma de vida consumista que invita a tener el último modelo, a consumir una gran cantidad de productos, a comprar, comer, desechar si no se consume y volver al ciclo nuevamente. Todo se considera desechable y todo se puede comprar en los estantes o al alcance de un clic. Es más fácil encontrar una “comida rápida” que encontrar platillos saludables y sustentables para nuestra alimentación, es lo que vende y es lo que se busca, siempre se crean las necesidades y posteriormente, la demanda crea la oferta acorde a las necesidades creadas.

Ahí vamos incluso cambiando bombillas ahorradoras en nuestras casas, porque es lo único que nos han enseñado que funciona, cuando hay problemas graves también de fondo como la poca sostenibilidad que tienen el ganado no sólo por su daño ocasionado al medio ambiente a través del estiércol, sino también por la cantidad de comida y agua que destinamos al crecimiento de los mismos, sin mencionar la ocupado para el proceso de leche y otras utilidades de las mismas, pero que no se menciona porque roza con los intereses políticos y económicos de grupos más grandes y poderosos que deciden incluso cómo debemos gestionar el ahorro de energía.

¿Quién decide lo que consumimos? Hemos elaborado en nuestra familia o en la vida personal un esquema con los alimentos que necesita nuestro cuerpo para poder vivir de manera saludable, o nos dejamos llevar por lo que nos dicen los gurús de los medios sobre qué comer cada vez que necesitan potenciar el consumo de carne, pescado o pollo, dependiendo lo que se mueva generalmente tras los intereses de grandes compañías quienes deciden usualmente cual es el alimento de moda. Si quieren que la gente consuma pescado te dicen las propiedades que tiene, luego se pasan a las carnes, cuando quieren disminuir la carne y orientarse hasta otro producto te dicen que encontraron E. Colí en el producto, y así sucesivamente iremos como carambola de producto en producto a expensas de los intereses mezquinos de estos grupos.

La educación para el desarrollo sostenible se ha convertido en la apuesta de los objetivos del milenio y deberían ser parte de nuestros programas educativos de ahora en adelante, ya que como bien dice Parker y Wade “La educación para el desarrollo sostenible no solo amplía la educación formal con la formación y el aumento de la conciencia pública, sino que también considera cómo el aprendizaje enraizado en la socialización podría requerir ser cuestionado o preservado” (Parker y Wade, 2012: p. 23)

La educación para el desarrollo sostenible permitirá a las personas tomar decisiones responsables en su relación al medioambiente, es una educación no para una moda pasajera sino para toda la vida, un proceso que sin duda es integral y transformador de la sociedad en la medida que todos nos involucremos. La educación se convierte, por tanto, en un catalizador para generar conciencia y preocupación sobre los temas ambientales que nos ocupan en la actualidad como el cambio climático, la deforestación, la seguridad alimentaria, nutrición, pobreza, el uso responsable de recursos hídricos y de energías en una sociedad donde haya distribución responsable para todos.

Tenemos leyes de medio ambiente que son maravillosas en lápiz y papel que no han sido suficiente para detener la tala de árboles desmedida en muchos de nuestros países, el desarrollo de una urbanización equilibrada con el medio ambiente de tal forma que las futuras generaciones tengan al menos un área verde donde ir al menos a correr, y no alrededor de los bloques de una colonia llena de cemento. Esto no sólo es culpa de ministros y políticos poco visionarios sobre sustentabilidad, sino también de ciudadanos carentes de información que no hemos sabido exigir y construir espacios sostenibles en nuestros entornos respectivos.

Por supuesto este enfoque incluye que se debe incidir en el manejo y fabricación de transportes, diseños de construcción, la forma en que producimos energía, el uso de los recursos hídricos, la forma y los insumos que consumimos a diario y desarrollar junto a ello ciudadanos que con nuevos ojos puedan desarrollar un enfoque verde de las ciudades y una cosmovisión más en comunión con la naturaleza.

En mi pueblo nuestros abuelos suelen decir una frase: “cuando digas malaya, malaya va a ir lejos” entendiéndose que una vez que perdemos las oportunidades, difícilmente podremos volver a tenerlas al alcance. Si no aprendemos que sólo un planeta tenemos y si lo destruimos no tendremos otro para aprender lo que necesitamos para vivir de forma sustentable con nuestra tierra. No tengo todas las respuestas, pero sin duda empiezan por mí y por nosotros mismos. Si queremos cambiar el planeta el enfoque de desarrollo sostenible te dice que primero debemos cambiar la forma en que vivimos.

Nota: La Comunidad de Educadores para la Cultura Científica es una iniciativa de adhesión libre y gratuita de la OEI a través de IBERCIENCIA. Abierta en julio de 2009, desde 2012 funciona con el decidido apoyo de la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía


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