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Cuando enseñas ciencia, también divulgas ciencia

6 de junio de 2018

Mónica Gerena. Villa Carlos Paz, Argentina. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
La Enseñanza de la Ciencia y la Divulgación de la Ciencia son áreas de trabajo diferentes. Sin embargo, es posible pensar

Para todos los docentes de ciencia hay una pregunta esencial: ¿Qué visión, modelo de ciencia le estoy ofreciendo a los estudiantes en mis clases? Podría plantearse, más simplemente, de la siguiente manera: ¿Qué ciencia hago llegar a los estudiantes?

Aplicada a la tarea de planificar una clase, secuencia didáctica o unidad didáctica, la pregunta puede simplificarse, aún más, en estos términos: ¿estoy acercando o alejando a mis alumnos de la comprensión y de la valoración de la ciencia? La trascendencia de este interrogante, va más allá de que una selección apropiada de contenidos. Se refiere al modo en que se propone y habilita la interacción entre los estudiantes y los contenidos, las destrezas y los valores científicos que se intentan ofrecer.

Desde la Didáctica de la Ciencia se proponen modos, estrategias, reflexiones para que la interacción propuesta pueda darse de formas apropiadas, en relación a la Naturaleza del conocimiento científico. Las herramientas didácticas son muy valiosas a la hora de diseñar mis clases, sin embargo, hay una idea que, por su potencial creativo, intento no abandonar ni sustituir como orientadora de mis decisiones. Esta idea se podría expresar diciendo que, cuando se enseña ciencia, también, se está divulgando ciencia. Lo anterior, supone, que el docente cumple el rol de un divulgador científico, en el sentido de ser el responsable de poner a consideración de un público, los alumnos, un fragmento del mundo de la ciencia de un modo atractivo, que invite a conocerlo.

Para muchos alumnos, por diferentes razones, los docentes de ciencias son la única oportunidad de tener un nexo consciente con el conocimiento científico. En este sentido, la escuela representa una oportunidad insustituible para construir conocimientos científicos, pero también, para entrar en contacto y comprender qué es la ciencia y reflexionar sobre su rol en las sociedades actuales. En este contexto es importante recrear el rol de un divulgador, no para reducir la ciencia a un entretenimiento momentáneo. Se trata de recuperar la esencia y el espíritu de la buena divulgación, de pensar cada clase como un encuentro que debe entusiasmar, despertar el interés por aprender, recuperar el valor del conocimiento en un contexto social, ayudar a reconstruir los sinuosos caminos de la construcción de ideas científicas y permitir la reflexión sobre las relaciones del conocimiento con los valores humanos.

El divulgador tiene un tiempo y un espacio determinado, para producir un documental, dar una disertación o escribir un artículo, en los que debe transmitir ideas de manera creativa y perdurable, porque, quizás, nunca vuelva a tener contacto con ese público. Del mismo modo, la idea del docente – divulgador, permite pensar cada clase como un espacio acotado de tiempo, donde se deben comprender ideas científicas de un modo particular. Cada clase debe ser pensada como una acción de divulgación, como un acto de comunicación, en el que la ciencia es la protagonista y los estudiantes, un público activo y participante.

El aula, un espacio para probar y ensayar

Sin lugar, a dudas, que la tarea docente no es lo misma que la de divulgación. Fundamentalmente, porque debe pensarse desde la cotidianeidad y de las múltiples demandas de las instituciones educativas, que muchas veces llevan a la inercia y la rutinización de la tarea. Sin embargo, sigo confiando en esta idea, para alimentar mis expectativas y generar desafíos para ejercer mi tarea docente de manera más creativa, productiva y gratificante.

Quizás, se puede comenzar por generar espacios diferentes dentro de la actividad escolar, en los que el trabajo colaborativo puede ser un gran aliado.

Quizás, pueda plantearse con pequeñas intervenciones o modificando algunos aspectos de las clases. Se trata de probar y ensayar, y porque no de realizar investigación didáctica.

Un ejemplo que puede ilustrar esta idea, se presentó en una clase de Biología. El objetivo estaba centrado en comprender qué implica el estudio de la anatomía y fisiología de las estructuras del cuerpo humano y cómo se llega este conocimiento.

La clase comenzó con una pregunta en relación a la existencia de certezas sobre el conocimiento del cuerpo humano. Los alumnos no vacilaron en afirmar que los órganos y sistemas del cuerpo humano estaban entre los saberes más indiscutidos de la ciencia moderna.

El desafío del docente era demostrar la provisionalidad de estos conocimientos, como un aspecto clave que caracteriza a la ciencia. La dinámica siguió con la propuesta de lectura de un artículo: ¿Qué es y dónde está el mesenterio, el "nuevo órgano" del cuerpo humano identificado por los científicos? (Disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-38497857), publicado en la BBC Mundo el 3 de enero del 2017.
La primera sorpresa fue la actualidad del artículo y se preguntaron cómo una estructura del cuerpo humano, que ya era conocida desde hace mucho tiempo, llega a ser considerada un nuevo órgano. Las preguntas estaban servidas sobre la mesa, sólo había que hacerlas surgir, despertar el apetito por el conocer.

Luego de esto se produjo una interesante discusión acerca de cómo es el estudio de un nuevo órgano desde la anatomía y la fisiología, pero también sobre cómo son validados los nuevos conocimientos en ciencia y qué influencia pueden tener en el contexto de la medicina. El objetivo de la clase estaba cumplido. Planificar considerando la perspectiva de la divulgación permitió generar una dinámica diferente por el interés que se logró despertar en los alumnos.

La analogía del divulgador científico, es una opción que, implica pensar el rol del docente de ciencias como un diseñador de experiencias que puedan despertar el interés por comprender el complejo, controvertido y fascinante mundo de la ciencia, pero también, permitan acercar a visiones más acordes con la Naturaleza de la Ciencia. Cada contenido tiene matices, aspectos, cuestiones que vale la pena enseñar y pueden ser el inicio de pequeñas innovaciones en el aula, que permitan ser educador y divulgador de la ciencia.

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