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¡Cuidar todo o nada!

20 de octubre de 2016

Patricio Elías Guzñay Lema. IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
Santo Domingo de los Tsáchilas, Ecuador. IDD - Conacce – Aicode.
Cuando se cuida algo, eso debe entenderse de manera colectiva y no solo individual o externa. Lo mismo pasa con el desarrollo sostenible. Hace mucho tiempo atrás era una utopía, mientras que en la actualidad las diversas catástrofes, cambio climático y desolaciones han propuesto en los países nuevos estrategias de cuidado.

El desarrollo sostenible, ya desde antes, se ha determinado como la satisfacción de: “las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Informe titulado «Nuestro futuro común» de 1987, Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo). El desarrollo sostenible ha emergido como el principio rector para el desarrollo mundial a largo plazo.

En 1992, la comunidad internacional se reunió en Río de Janeiro – Brasil, para discutir los medios para poner en práctica el desarrollo sostenible. Durante la denominada Cumbre de la Tierra de Río, los líderes mundiales adoptaron el Programa 21, con planes de acción específicos para lograr el desarrollo sostenible en los planos nacional, regional e internacional. Esto fue seguido en 2002 por la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, en la que se aprobó el Plan de Aplicación de Johannesburgo. Dicho Plan se basó en los progresos realizados y las lecciones aprendidas desde la Cumbre de la Tierra, y previó un enfoque más específico, con medidas concretas, metas cuantificables y con plazos y metas.

Las mismas Naciones Unidas ha establecido la agenda 2030, donde ha propuesto los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), siendo estos: 1) fin de la pobreza, 2) hambre cero, 3) salud y bienestar, 4) educación de calidad, 5) igualdad de género, 6) agua limpia y saneamiento, 7) energía asequible y no contaminante, 8) trabajo decente y crecimiento económico, 9) industria, innovación e infraestructura, 10) reducción de las desigualdades, 11) ciudades y comunidades sostenibles, 12) producción y consumo responsables, 13) acción por el clima, 14) vida submarina, 15) vida de ecosistemas terrestres, 16) paz, justicia e instituciones sólidas, 17) alianzas para lograr los objetivos.

Estos 17 ODS y las 169 metas que anuncian en otro apartado, demuestran la magnitud de esta ambiciosa nueva agenda universal. Con ellos se pretende retomar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y lograr lo que con ellos no se consiguió; sin dejar de lado la realidad de los derechos humanos de todas las personas y alcanzar la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas. Los objetivos y las metas son de carácter integrado e indivisible, y conjugan las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental. Estos pilares serán la sostenibilidad económica, siendo la recepción de ingresos para la creación de empleos; la sostenibilidad ambiental referida a la protección de la naturaleza y la conservación de los recursos; y la sostenibilidad social y cultural, donde se resalta el respeto de valores y tradiciones en un mantenimiento de los equilibrios sociales.

Es aquí en nuestro mundo actual donde el desarrollo sostenible afronta inmensos desafíos. Una gran cantidad de ciudadanos siguen viviendo en la pobreza y privados de una vida digna. Asimismo, van en aumento las desigualdades, tanto dentro de los países como entre ellos. Existen enormes disparidades en cuanto a las oportunidades, la riqueza y el poder. La desigualdad entre los géneros sigue siendo un reto fundamental. Es sumamente preocupante el desempleo, en particular entre los jóvenes. Los riesgos mundiales para la salud, el aumento de la frecuencia y la intensidad de los desastres naturales, la escalada de los conflictos, el extremismo violento, el terrorismo y las consiguientes crisis humanitarias y desplazamientos forzados de la población, amenazan con anular muchos de los avances en materia de desarrollo logrados durante los últimos decenios. El agotamiento de los recursos naturales y los efectos negativos de la degradación del suelo, la escasez de agua dulce y la pérdida de biodiversidad, aumentan y exacerban las dificultades a las que se enfrenta la humanidad. El cambio climático es uno de los mayores retos de nuestra época y sus efectos adversos menoscaban la capacidad de todos los países para alcanzar el desarrollo sostenible. El aumento de la temperatura global, la elevación del nivel del mar, la acidificación de los océanos y otros efectos de cambios climáticos, están afectando gravemente a las diferentes zonas de cada país. Peligra la supervivencia de muchas sociedades y de sistemas de sostén biológico del planeta.

La pregunta que todos debemos hacernos es ¿qué herencia dejaremos a nuestras futuras generaciones? Dado que el desarrollo sostenible puede satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para entender sus propias necesidades, existe una propuesta de la Agencia internacional de cooperación y desarrollo – Aicode, ante las Naciones Unidas; la creación de un observatorio internacional de economía sostenible en la región de Lambayeque-Perú [unglobalcompact.org]. Esta pretende establecer una reserva forestal y permitir la investigación para el cuidado de la biodiversidad.

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