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Salud | Comunidad

Del riego de desastres a la resiliencia

8 de agosto de 2018

M. Sc. Bertha García Cienfuegos
Universidad Nacional de Tumbes, Delegada Red Universitarios de América Latina y El Caribe en Gestión del Riesgo de Desastres- REDULAC/RRD, Capitulo Perú.
En las últimas décadas pocos conceptos han adquirido tanto protagonismo como la resiliencia, entedida como la capacidad de un sistema de responder a los cambios y seguir desarrollándose, en efecto este término se acuñó en el Marco de Sendai 2015- 2030, que establece la necesidad de invertir en la reducción del riesgo de desastres para la resiliencia; en este contexto es preciso desarrollar desde nuestras regiones, naciones y localidades, estrategias y acciones que fortalezcan la resiliencia, como Sistemas de Alerta Temprana, Plataformas Regionales y locales de Defensa Civil, Brigadas comunitarias, erradicando fehacientemente los factores subyacentes del riesgo.

Millones de personas en el mundo se ven regularmente afectadas por catástrofes (sequías, inundaciones, actividad volcánica, deslizamiento de tierra, ciclones, terremotos, tsunamis, incendios forestales, etc.); pudiendo destruir vidas y anular años de desarrollo en pocas horas o incluso segundos; Según el Informe de Evaluación Global de la UNISDR sobre la Reducción del Riesgo de Desastres (GAR13), en lo que va de este siglo, las pérdidas directas generadas por los desastres ascienden a unos $2,5 millones de millones (billones) de dólares americanos; resultando evidente que se han subestimado en al menos un 50 por ciento las pérdidas directas a causa de inundaciones, terremotos y sequías.

En lo que respecta a América Latina y el Caribe se estima que, en las últimas cuatro décadas (1970-2010) 200 millones de personas fueron afectadas por desastres a causa de peligros naturales, socio naturales y/o antrópicos. En América Latina, entre los años 2005 y 2012, más de 240.000 personas han fallecido por desastres dejando más de 57 millones de afectados y por encima de los 85 mil millones de dólares americanos en pérdidas. 

Por ello, es preciso mejorar la capacidad de las familias, las comunidades y las instituciones para proteger a las personas y los medios de vida mediante medidas que eviten (prevención) o limiten (mitigación y preparación) los efectos negativos de los peligros y prevenirlos de manera fiable y oportuna; asimismo desarrollar desde nuestras regiones, naciones y localidades, estrategias y acciones que fortalezcan la resiliencia, como Sistemas de Alerta Temprana, Plataformas Regionales y locales de Defensa Civil, Brigadas comunitarias, erradicando fehacientemente los factores subyacentes del riesgo.

Estrategias de resiliencia

Según el nuevo marco conceptual para la aplicación del Marco de Sendai 2016, resiliencia es la capacidad que tiene un sistema, una comunidad o una sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse, transformarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficiente, en particular mediante la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas, por conducto de la gestión de riesgos.

La estrategia de resiliencia se basa en cuatro aspectos fundamentales:

-Creación de un entorno favorable, basado en el fortalecimiento institucional y gestión del riesgo.
- Vigilancia para salvaguardar, implica la implementación de sistemas de información y de alerta temprana.
-Aplicación de medidas de reducción del riesgo y de la vulnerabilidad, propiciando entornos de protección, prevención, mitigación y construcción de los medios de vida con tecnologías, enfoques y práctica.
- Preparación y respuesta, ante las crisis generadas.

En este contexto, la reducción del riesgo de desastres pretende aumentar la resiliencia ante desastres naturales como terremotos, inundaciones y ciclones, entre otras perturbaciones y crisis, a través de la identificación y la gestión eficaz de los riesgos.

El propósito subyacente de los esfuerzos por la reducción del riesgo de desastres influye definitivamente en la política, la planificación y las actividades relacionadas con la manera de identificar, diseñar e implementar la asistencia para el desarrollo. En la práctica, esto se consigue a través de la creación de una cultura basada en los riesgos, estableciendo procesos de análisis de riesgos y vulnerabilidad, mejorando la capacidad, la tecnología y facilitando el acceso a la información sobre riesgos.

Marcos de Acción en Reducción de Riesgo de Desastres

De acuerdo a lo indicado líneas arriba, hay una evolución en cuanto a los resultados esperados de los Marcos de Acción en Reducción de Riesgo de Desastres, en el Marco  de Acción de Hyogo, 2005-2015 el resultado esperado , estuvo enfocado a la reducción sustancial del riesgo de desastres y de las pérdidas ocasionadas por los desastres tanto en vidas, medios de subsistencia y salud como en bienes económicos, físicos, sociales, culturales y ambientales de las personas, las empresas, las comunidades y los países. La diferencia sustancial entre los mismos radica considerablemente, pues, el Marco de Sendai 2015 - 2030 refuerza aún más el concepto de resiliencia tanto a nivel local como global (centrándose menos en la gestión de desastres post-evento y más en la relación entre RRD y planificación del desarrollo), y enfatiza la necesidad de afrontar los riesgos subyacentes.

Por otro lado, la tercera prioridad del Marco de Acción de Sendai establece que es necesario invertir en la reducción del riesgo de desastres para la resiliencia, por ello el aplicativo del Marco ya sea a nivel mundial, nacional y subnacional, esta enfocado a potenciar, como corresponda, las inversiones públicas y privadas para la resiliencia a los desastres, en particular a través de lo siguiente: medidas estructurales, no estructurales y funcionales para la prevención y reducción del riesgo de desastres en instalaciones vitales, en particular escuelas y hospitales e infraestructura física; mejor construcción desde el principio para resistir las amenazas mediante técnicas de diseño y construcción adecuadas, que incluyan los principios de diseño universal y la normalización de los materiales de construcción; el reforzamiento y la reconstrucción; el fomento de una cultura de mantenimiento; y la toma en consideración de las evaluaciones del impacto económico, social, estructural, tecnológico y ambiental.

Asimismo, promover la incorporación de la evaluación, la elaboración de mapas y la gestión del riesgo de desastres en la planificación y gestión del desarrollo rural de, entre otras cosas, las montañas, los ríos, las zonas costeras propensas a inundaciones, las tierras áridas, los humedales y todas las demás zonas propensas a sequías e inundaciones, incluso determinando las zonas que son seguras para los asentamientos humanos y preservando al mismo tiempo las funciones de los ecosistemas que contribuyen a reducir los riesgos.

Por tanto, es preciso, reforzar la resiliencia gracias a la reducción del riesgo de desastres; concluyo con 4 frases importantes que favorecen la resiliencia: Yo tengo, Yo soy, Yo estoy, Yo puedo (Grotberg, 2002).

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