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Derechos y responsabilidades, pilares de la ciudadanía digital

16 de agosto de 2018

Celia Rosa Fierro Santillán, CDMX, México.
IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica.
Más de la mitad de la población de México se comunica a través de dispositivos digitales; pero no necesariamente son ciudadanos digitales. El concepto de ciudadanía implica derechos y responsabilidades. Más que dar instrucciones sobre lo que se debe o no se debe de hacer, debemos practicar diariamente el uso correcto de internet y las TIC, no tener miedo a equivocarnos, sino corregir conforme se presentan situaciones, esto es aprendizaje.

Se estima que actualmente el 53% de la población mundial tiene acceso a internet. En México 85 millones de personas son usuarios de internet, esto representa el 60% de la población. Podemos afirmar que más de la mitad de la población de México y el mundo usa cotidianamente la red. Sin embargo, no necesariamente estos millones de personas son ciudadanos digitales.

Como sociedad enfrentamos un fenómeno para el que no estamos preparados. Por un lado, los adultos actuales, ya sea padres o docentes, somos migrantes digitales, crecimos con acceso restringido a internet o sin él, aprendimos a usar la red durante la juventud o en la edad adulta, cuando muchos de los procesos cognitivos ya estaban formados. No nos formamos como ciudadanos digitales, simplemente porque no era parte de nuestra realidad. Por otra parte, los adolescentes y niños nacidos después del año 2000 han tenido una interacción mayor con los dispositivos digitales, las TIC e internet. Sin embargo, solo por eso ¿Son ciudadanos digitales?

 El concepto de ciudadanía implica derechos y obligaciones. Podemos hablar de derecho al libre acceso de contenidos de todo tipo o derecho a subir a la red cualquier tipo de contenido. Estos derechos constituyen un ejercicio de la libertad de expresión. Sin embargo, es válido preguntarnos ¿Se debería subir a la red cualquier tipo de contenido? ¿Qué pasa cuando se trata de contenidos no aptos para menores de edad? y ¿En base a qué se determina lo que es apto y no apto para cierta edad? Entramos entonces al terreno de las responsabilidades o deberes como ciudadanos digitales.

Algunas investigaciones muestran que la edad en que los niños tiene su primer teléfono celular con acceso a internet a es cada vez más temprana. En Europa los niños obtienen su primer celular entre los 9 y los 11 años, mientras que en Norteamérica es a los 8 años y en Latinoamérica a los 12 años en promedio. Los padres y maestros no aprendimos ciudadanía digital porque no era necesario. Los niños no saben ciudadanía digital porque nadie se las ha enseñado. Estamos así ante un problema que requiere nuestra atención inmediata. Si no somos capaces de generar y transmitir ciudadanía digital en el corto plazo las ventajas que nos ofrecen los medios digitales pueden superadas por los problemas asociados a ellos.

¿Cómo hacer que los niños y adolescentes sean conscientes de que no solo tienen derechos, sino también deberes y responsabilidades al usar los medios digitales? Como muchas otras cosas, con la práctica cotidiana. Más que hablar sobre el tema o dar instrucciones sobre lo que se debe o no se debe de hacer, es importante practicar diariamente el uso correcto de internet y las TIC, no tener miedo a equivocarnos, sino corregir conforme se presentan situaciones no contempladas, esto es aprendizaje.

En cuanto al uso de teléfonos celulares en el aula, no debiera prohibirse. Una de las razones por las que los padres compran estos dispositivos a sus hijos es para mantenerse comunicados. Apagar el celular durante las seis u ocho horas que los estudiantes permanecen en la escuela los mantiene incomunicados y el teléfono deja de cumplir su función. En el otro extremo están los adolescentes que dejan de atender la clase porque están jugando, viendo videos o chateando a través de su teléfono celular. ¿Cuál es el comportamiento de un buen ciudadano digital en este caso? El dispositivo móvil debiera mantenerse encendido durante la clase, pero no debiera usarse para hacer algo distinto a los propósitos de la clase. La prohibición fomenta que los adolescentes sientan más ansiedad por usar el teléfono. La falta de atención a la clase molesta al docente. Tan importantes son los derechos de los estudiantes a estar comunicados como los derechos de los docentes a que su clase sea atendida con interés y respeto. Parece simple pero en la práctica no lo es. Cada docente enfrenta el reto de atender los casos particulares que se le presenten sin caer en un extremo (prohibición total) o el otro (alumnos que no atienden la clase sino al celular).

En cuanto al uso de redes sociales como Facebook o Whatsapp, son una excelente herramienta para mantener comunicación con el grupo. Fomentando su uso con fines académicos mostramos a los estudiantes que las redes sociales no solo permiten la interacción con familiares o amigos, sino también permiten intercambiar ideas sobre el curso, las tareas, la forma de preparar exámenes, etc. Nuevamente, se debe tener cuidado de llevar a cabo buenas prácticas de ciudadanía. Se puede poner en debate algún tema, haciendo énfasis de que el lenguaje debe ser correcto en cuanto a signos de puntuación, ortografía y gramática, evitando los modismos propios de las redes sociales. Al mismo tiempo se debe enfatizar que al comentar o debatir con un compañero se debe argumentar correctamente, sin caer en insultos, burlas, etc. Practicar la tolerancia y el respeto al mismo tiempo que la libertad de expresión. Podemos estar en desacuerdo en cuanto a las opiniones pero debemos mantener siempre el respeto al otro como persona. Al practicar cotidianamente esto a través de un grupo de Facebook o Whatsapp estamos ejerciendo ciudadanía digital. Aprendemos haciendo.

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