OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

El arte de evaluar

11 de diciembre de 2018

Celia Rosa Fierro Santillán,
Ciudad de México, México.
IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
La evaluación implica valorar los conocimientos, la actitud y el desempeño de los estudiantes a lo largo de un curso. Evaluar puede ser todo un arte ¿Cuándo deberíamos dar mayor importancia al conocimiento de los estudiantes? ¿Cuándo debiéramos dar más peso al esfuerzo y la constancia? ¿Cómo medir efectivamente el desempeño de cada estudiante? Estas preguntas no son nada fáciles de responder. Evaluar es todo un arte

La primera reflexión que deberíamos tener al establecer criterios de evaluación son los objetivos del curso y el nivel de compromiso por parte de los estudiantes. Por ejemplo, si se trata de un curso de artes plásticas en la escuela primaria puede ser que el objetivo principal sea que los niños descubran el arte, aprendan a expresarse a través de la pintura o la escultura y despertar su creatividad. En este caso ¿Cuáles serían los criterios de evaluación? Bastaría con tener un comportamiento adecuado en el salón de clase y cumplir con las actividades propuestas por el profesor para tener una buena nota. Sin embargo, para un estudiante de artes plásticas a nivel universitario no deberían aplicarse los mismos criterios, aunque siga siendo importante fomentar la creatividad y la expresión a través de la pintura o la escultura. Los objetivos del curso cambian a medida que aumenta el nivel escolar de los estudiantes. Se espera un mayor nivel de compromiso en estudiantes de mayor edad y mayor grado académico, sin importar cuál sea la materia que se está evaluando.

Actualmente la educación media superior es obligatoria en muchos países de Iberoamérica. Para acceder a un empleo es necesario tener como mínimo estudios de bachillerato, esto debe garantizar que la población en general sabe leer, escribir, tiene conocimientos sobre la historia, geografía y recursos naturales de su país. Adicionalmente debieran tener una cultura científica general, tener capacidad de observación, relacionar causas y efectos, alejarse del pensamiento mágico que les impida buscar soluciones realistas a problemas económicos, de salud y de logística en su vida cotidiana. Sin embargo, la realidad nos muestra que a pesar de haber pasado por 9 años de educación básica y 3 de educación media superior muchos adultos jóvenes no poseen tales conocimientos ¿Cómo ha influido la forma de evaluar estos cursos para generar esta realidad tan poco deseable? 

En los cursos se pierde de vista el objetivo de cada materia y su interacción con otras. Los exámenes ponen énfasis en los conocimientos recién adquiridos. La mayoría de las veces estos conocimientos son segmentados, disociados de otros conocimientos de la misma materia, no parece haber un esquema u orden superior en el que estos conocimientos se unan armoniosamente con otros de la misma materia y en forma trasversal con otras materias. Porque la realidad se nos presenta siempre como un todo, sin un enunciado, sólo como una situación que hay que enfrentar con todos los conocimientos que poseemos en ese momento.

¿Debemos evaluar actitudes? Si porque las actitudes que se practican día tras día construyen la cotidianidad, nos forman como personas. No es necesario ser amable para aprobar un curso de matemáticas. La cortesía no hace que resolvamos mejor o peor un sistema de ecuaciones con varias incógnitas. Pero la cortesía y mejor aún, la ciudadanía es deseable en todas las personas para construir una sociedad en donde reine el respeto y la tolerancia. En el sistema escolar los estudiantes aprenden rápidamente el valor de las notas finales de una materia. Si no damos un peso a las actitudes y por ejemplo un estudiante obtiene un 10 en un examen copiando los resultados de un compañero o del libro sin esforzarse en adquirir el conocimiento. ¿Qué estamos fomentado? La cultura de la mentira y la corrupción que tristemente impera en algunos países de América latina. Si por el contrario damos todo el peso al examen, que además tiene un nivel por encima de lo trabajado en las clases y como resultado de ello tenemos estudiantes que al final del curso están estresados y fracasan en el examen ¿Qué mensaje estamos transmitiendo? Que no hay valor en el esfuerzo cotidiano de resolver ejercicios, ser puntual en las clases y participar activamente. En este caso estaríamos generando frustración y un sentimiento de incompetencia y desánimo en los estudiantes.

¿Debemos evaluar las aptitudes? Si porque no todos los estudiantes están aptos para tomar una clase. Imaginemos por un momento que debemos tomar obligatoriamente una clase en un idioma con el que nunca hemos tenido contacto, por ejemplo, sánscrito y que además se trata de la materia que menos nos interesa o atrae, por lo tanto, sabemos casi nada de ella ¿Estaríamos aptos para tomar la clase? Lo más probable es que no entenderíamos casi nada de ella debido a las dos dificultades antes señaladas. Es una receta segura para el fracaso escolar. Entonces ¿por qué permitimos que estudiantes que han reprobado materias previas se inscriban a cursos superiores? Es muy común que quienes han reprobado matemáticas I se inscriben a matemáticas II y nuevamente fracasan solo por falta de una estructura matemática. No estar apto para un curso no significa que un estudiante no tenga la inteligencia necesaria para cursar una materia. Simplemente significa que en este momento de su vida no cuenta con los conocimientos previos que requiere el curso. Debe hacerse de esos conocimientos y entonces estará apto para entender y adquirir los nuevos conocimientos, e incorporarlos a su base de conocimientos. La nota final del curso debe considerar el que tan apto está el estudiante para seguir adquiriendo los conocimientos que dependen de los este curso.

¿Debemos evaluar los conocimientos? Si, porque, aunque no basta con poseer los conocimientos disociados de una materia, adquirir este conocimiento es uno de los objetivos fundamentales de impartir una materia. Las formas de evaluar si el estudiante posee o no dichos conocimientos no debe limitarse solo a un examen, se deben tener en cuenta otros aspectos como el dominio de procedimientos, manejo de instrumentos, confianza y desempeño al desarrollar una tarea. Se debe buscar un equilibrio adecuado de las distintas actividades en las que el estudiante demuestra dominio de los conocimientos de la materia.

¿Debemos evaluar el desempeño? Si, porque es la forma de incentivar las conductas que nos construyen como personas. La puntualidad, la limpieza en el trabajo, el orden, la constancia, la buena escritura y ortografía son competencias deseables en todo ser humano y con mayor razón en aquellos que esperan ser profesionistas en el futuro. Pero estas son sólo las bases. La nota final de un curso debería considerar que tan eficientemente resuelve el estudiante las cuestiones propias de la materia.

Al establecer los criterios de evaluación de un curso debemos ser cuidadosos de estos y otros aspectos, por eso es todo un arte. Sobre todo, debemos tener cuidado de no cometer excesos ni en un sentido ni en otro. Reconocer el esfuerzo de los estudiantes, pero también su nivel de desempeño. 

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac