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El reto de formar lo humano en ingeniería

27 de junio de 2018

Mirtha Dalila Lugo. Universidad Nacional de Itapúa / Universidad Autónoma de Encarnación. Cátedra CTS – Paraguay. Para IBERDIVULGA sobre el Foro Iberoamericano de Ingeniería y Sociedad digital
La ciencia debe estar al servicio de los ciudadanos, de su bienestar y de su progreso. Sin embargo, vivimos en sociedades cada vez más tecnificadas y dependientes de la tecnología para el bienestar y la supervivencia, social e individual; aquí es donde las carreras de ingeniería deben asumir el reto de formar también al profesional para dar mejores respuestas a los problemas que permean a la sociedad.

Me he deleitado con el acto de apertura del Foro Iberoamericano: Ingeniería y Sociedad Digital. Tanto las dos primeras conferencias como el panel presentado luego, me han resultado significativos en un momento en una de las carreras para la cual trabajo, se encuentra en proceso de reforma curricular. Y allí van algunas reflexiones que he tomado particularmente, a propósito de este reto de formar lo humano en Ingeniería o mejor, en el ingeniero.

Somos cada vez más dependientes de la tecnología. Hacemos cada vez más cosas gracias a la tecnología, importantes y trascendentes, siempre y cuando hagamos lo que se espera de nosotros.

No estamos usando la tecnología para lo que necesitamos, sino para lo que nos orientan a hacer y en el contexto de la formación de profesionales en educación superior, retomo la pregunta ¿qué hace que un ingeniero sea un buen ingeniero? Hay rasgos de la formación profesional de un ingeniero que deben propiciar su atención a lo social, que tienen que ver con los efectos sociales de la ingeniería y entonces, ¿debemos incluir en la formación de los ingenieros, estos componentes sociales? ¿Qué clase de contenidos deberíamos incluir en un programa de formación en ingeniería?

Si la innovación nos acerca a un mundo que nos va a permitir ser más humanos – como lo mencionaban algunos panelistas - la tecnología 4.0 nos permitirá dejar de hacer muchas tareas tecnológicas y dedicarnos a ser más humanos, habría que educar en el talento y en las habilidades que son estrictas y diferencialmente humanas.

Una idea que hasta llegó a preocuparme es la que mencionó que la cuarta revolución industrial a la que estamos avanzamos permitiría un cambio en el enfoque de las profesiones. Y no es que desaparecerían algunas, sino que se verían en la necesidad de innovar sus perfiles profesionales para nuevos empleos como los que ya se están desarrollando: community manager, conductores de drones, gestores de big data e internet de las cosas, gestores de “muerte digital”, hackers blancos, ciber seguridad y muchos otros “nuevos empleos” que podrían ir surgiendo. Todo esto, implicaría formar fuertemente, además, en innovación, experiencia personal y relaciones humanas. Debo confesar que si bien, escucho de estas realidades, las veía como un tanto lejanas al contexto en el que me desenvuelvo.

Y, si bien, existe una preocupación en la sociedad “por debajo del Ecuador” como dijo el Dr. Bazzo, aunque la educación para la ingeniería comienza mucho antes, no es posible trasladar las responsabilidades de formación a los niveles previos, sino ocuparnos de la formación del futuro ingeniero. Necesitamos promover una cultura para el desarrollo tecnosocial – lo dijo enfáticamente el Dr. Bazzo y me adhiero nuevamente a su planteamiento - en todas las profesiones, pero mucho más en la ingeniería. La educación tecnológica y especialmente en las áreas de ingeniería debe atender los problemas generados por la misma ingeniería.

Implementar innovaciones educativas es un desafío para la formación de las carreras de ingeniería. Introducción a la Ingeniería o Tecnología y Desarrollo puede ser un eje o disciplina; pero la interdisciplinariedad y el trabajo por proyectos son indispensables como didáctica. El ingeniero debe seguir haciendo técnica pero transversalizada por lo humano y salir a ver qué hay fuera de las aulas. Ahí están los problemas cuyas soluciones deben observar para volver a las aulas y laboratorios en busca de las soluciones - en equipo y con ayuda de las herramientas tecnológicas que tienen disponibles.

Hay que enseñar ética a los ingenieros; también hay que enseñarles a anticiparse: ¿qué pasaría si…?. Antes de diseñar el proyecto deben preguntarse las alternativas, mirando hacia adelante: no enseñarles a hacer cosas solamente para ganarse la vida.

¡Finalmente – como lo mencionó Mariano Martín Gordillo – estamos ante un uso interesante de las preposiciones! La educación ante las nuevas tecnologías, la educación sobre y para las tecnologías… El mayor reto de formar lo humano en los ingenieros pasa primero por ser el docente que debe orientar ese cambio, más, cuando somos producto de un “ciclo hostil”, de transición por o para la era tecnológica. Conocer, manejar, valorar y participar deben ser el alma de todo sistema educativo (Martín Gordillo). En ese sentido, la educación del ingeniero no puede dejar de atender esos infinitivos. Y ese, creo, es el reto que tenemos los docentes que estamos organizando las nuevas propuestas de currículos para las futuras generaciones de ingenieros. La gente tiene que soñar, sino, las cosas no suceden (Niemeyer)

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