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El trabajo colaborativo – Una herramienta para la calidad de la Educación

25 de julio de 2018

Zózima González Martino. Montevideo. Uruguay
IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica
Este trabajo refiere a la necesidad de que la educación y la sociedad se conozcan y acompañen los cambios que se van dando. El rol del docente también cambia y requiere actualización y formación permanente, se presenta los beneficios que el trabajo colaborativo aporta a los docentes y a la sociedad en su conjunto. 

Nuestras prácticas cotidianas, aunque cueste percibirlo, transcurren en un flujo de velocidades extremas. Las prácticas disciplinarias de encierro, de fijación de individuos a lugares se han alterado. En la sociedad de la información el sujeto ya no es una inscripción localizable sino un punto de conexión con la red.

La revolución tecnológica sacudió las estructuras culturales instaladas. Las transformaciones que acontecen en la sociedad afectan “lo que la escuela hace y produce”. Todo lo que sucede en la sociedad “se siente” en la escuela.

En estas nuevas condiciones no es raro constatar que el lenguaje y la cultura de la escuela no coinciden con los de los niños, adolescentes y jóvenes. Cada uno de esos ámbitos parece obedecer a lógicas y dinámicas disímiles que no se complementan y, a veces, hasta se contradicen y entran en conflicto.

La apertura de la escuela a su entorno conecta el mundo escolar con los entramados culturales, sociales, vecinales y solidarios. La escuela necesita abrir sus ventanas y refrescar sus principios educativos, sus contenidos curriculares, sus prácticas pedagógicas y didácticas y, en especial, su relación con el medio en el que habita.

Para que la educación sea eficiente, se requiere que la sociedad se integre al proceso educativo y haga saber sus necesidades. La sociedad, en su conjunto, demanda políticas educativas que promuevan el cambio en las aulas, fomenten el conocimiento científico y despierten la vocación por el saber científico.

Atender la diversidad, construir las condiciones necesarias para que cada ciudadano efectivamente vea cumplido su derecho a la educación, formar ciudadanos capaces de desempeñarse activa y productivamente en la sociedad son, entre otras, exigencias del mundo actual.

La interdisciplinariedad y el trabajo colaborativo son parte de la cotidianeidad a construir como indicadores de aprendizajes significativos.

Ser profesionales de la educación requiere un proceso de aprendizaje continuo. Las habilidades requeridas al docente del siglo XXI son construidas con diversos colectivos. Los docentes, la comunidad educativa junto con diferentes actores sociales, construyen la cultura científica tomando como referencia las vivencias y prácticas de la vida cotidiana.

Estamos en presencia de un nuevo rol del docente. Ya no es el depositario principal de la información. Debe decidir qué, cómo, cuándo enseñar y ser acompañantede sus alumnos en sus procesos de aprendizaje. Debe tener amplio conocimiento de la materia que imparte y estar constantemente investigando y/o actualizando sus conocimientos para adaptarlos a las necesidades del momento. Se espera también que conozca las nuevas aplicaciones informáticas en materia de formación para lograr sus objetivos académicos.

Al mismo tiempo, el docente ejerce un rol de transmisor de valores; sus alumnos aprenden por imitación e incorporan modelos de conductas para su aprendizaje de modo consciente o inconsciente.

Esta complejidad de las tareas y funciones requiere formación permanente, actualización e información de diversas realidades y contextos. Es necesario orientarse hacia la diversidad para evitar criterios absolutistas, buscar e identificar las controversias que añaden un valor agregado al problema.

Es necesario modificar las estrategias pedagógicas desvalorizadas, tener en cuenta la forma de ver el mundo que tienen las actuales generaciones, construir nuevos vínculos de comunicación, de confianza, de interés por la búsqueda del conocimiento.

Pensamos en un docente productor y consumidor de su producción colaborativa sobre la que se vuelve- en tanto sujeto-, para analizarla, criticarla y transformarla.

Las redes sociales, los grupos y foros habilitan nuevas formas de profesionalización y desarrollo de una cultura científica para todas las personas en su ejercicio pleno de ciudadanía, lo que implica poner en juego habilidades y capacidades científicas habilitantes de una participación plena.

La inmersión en diferentes contextos de aprendizaje por el trabajo colaborativo con otros docentes, permite ampliar el campo de conocimiento y mejorar el campo de aprendizaje individual. Se construye de manera voluntaria, sin más herramientas que la propia motivación por llegar a un saber

Formar parte de una comunidad de docentes permite sentirse acompañado, sostenido, interpelado, aprobado o cuestionado. Posibilita el desarrollo personal a través de la apropiación de creencias, emociones y motivaciones presentes en los demás integrantes y en el colectivo. Promueve estrategias de socialización al integrar contenidos y recursos metodológicos. Permite obtener respuestas, producir conocimiento, promover prácticas exitosas, construir una nueva territorialidad. Genera multiplicidad de posibilidades para la resolución de problemas.

Promueve en los integrantes de la comunidad una actitud proactiva, que posibilita la fijación de metas, el intercambio de propuestas, aprovechar las oportunidades y superar los obstáculos que se vayan presentando.

En el inter-juego de actores, las discusiones y los consensos ponen en relieve que el conocimiento de la población se logra con educación y formación continua.

Esta nueva forma de trabajo supone una “estrategia diferente” basada en una metodología centrada en la “práctica social“. El conocimiento científico se construye desde la formación académica y también desde los saberes populares. La construcción de la cultura científica es un proceso permanente, en constante crecimiento y, al propio tiempo, es flexible en el sentido de poder aprender y des – aprender tomando en cuenta la realidad vivida y cambiante.

La cultura, como forma de vida, es más amplia que la dimensión cognitiva; abarca instituciones, normas de conducta individuales y colectivas, tradiciones, creencias. Las virtudes, que con el pasar del tiempo y que poco a poco adquiere un hombre, deben ser cultivadas y, a la vez, compartidas para que de esa manera este ser humano pueda retribuir en algo a esa colectividad a la que pertenece.

Cada persona tiene que cooperar con los demás para sobrevivir y para ser. La educación debe atender el principio fundamental de la vida comunitaria, basada en el principio de solidaridad.

Cooperación y enriquecimiento son términos inseparables tras los cuales subyace una concepción pedagógica de confianza, reciprocidad y tolerancia. La cooperación permite sobrepasar las intuiciones egocéntricas iniciales y tener un pensamiento móvil y coherente.

El trabajo en grupo, en determinados momentos, tiene cualidades y ventajas que lo hacen imprescindible. Permite integrarse en un colectivo, a compartir las ocupaciones, a coordinar los esfuerzos, a encontrar vías para solucionar problemas y a ejercer responsabilidades.

Las condiciones intelectuales de la cooperación se cumplen cuando, en un grupo, cada integrante del mismo es capaz de comprender los puntos de vista de los demás y adaptar su propia acción o contribución verbal a la de ellos. Es necesario incorporar procedimientos que faciliten la interacción, la gestión del proceso de trabajo, la cooperación interpersonal y el sostenimiento del grupo en los objetivos propuestos.

La interacción entre pares resulta genuinamente significativa y se torna relevante para resolver problemáticas que supongan el descubrimiento y apropiación de ideas nuevas y complejas en un proceso común. La mediación con los pares es el medio adecuado para desplegar el potencial individual y grupal, incrementar los logros, la cohesión y la solidaridad en tanto práctica social.

En el acontecer del trabajo compartido se van estableciendo modos de reciprocidad, de contribución, de colaboración, de cooperación, que no fueron predefinidos a priori. Modos que van configurando y reconfigurando el espacio relacional, en tanto conjunto de conexiones que se articulan con lo que cada uno pone en juego: conocimientos, ideas, afectos y su disponibilidad de dar y tomar lo del otro para cultivarlo y cultivarse.

Los beneficios del trabajo colaborativo son múltiples, promueve la innovación, construye vínculos saludables, permite acceder a nuevos recursos. Resignifica el conocimiento cotidiano. Conjuga disciplinas científicas y no científicas, lo que acredita una apropiación más adecuada y vigorosa de los conocimientos, como herramientas estratégicas dentro y fuera de los contextos educativos.

Para el docente también resulta positivo, recupera la autoridad pedagógica, se siente seguro, mejora su calidad de vida y su desempeño laboral retroalimenta la planificación desde la experiencia y la reflexión con enfoques interdisciplinarios.

Los conocimientos se construyen durante toda la vida, desde las primeras edades, no sólo desde la formación académica sino también desde los saberes populares. Es un proceso permanente y en constante crecimiento que juega un papel relevante para la vida.

La configuración actual de la sociedad –en red– nos obliga a una nueva concepción de la docencia, como una profesión en la que es imprescindible la relación enriquecedora con los demás, no sólo para la transferencia de conocimientos sino para encontrar una fuente de motivación y aliento en la motivación y el aliento de los demás.

Sólo formando ciudadanos participativos y críticos será posible formar una sociedad donde todos sus actores estén comprometidos con la educación. Compete a todos los actores sociales y de las instituciones iniciar un proceso de cambio de mirada, de reconstrucción de una nueva profesionalidad, con el fin de legitimar, crear confianza y posicionar al docente en su rol.

De nada sirve que hablemos a nuestros alumnos de las bondades de trabajar en equipo y de la importancia de relacionar los aprendizajes, si los docentes no damos el ejemplo con nuestras acciones

No podemos dar lo que no tenemos, ni liderar procesos que no conocemos.

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