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El trabajo colaborativo entre docentes

14 de agosto de 2018

Adalberto Raul Pino Rojas. Iberciencia
Desde hace tiempo se vive en la educación de Ecuador la actividad de las redes, es decir, medios y métodos a través de los cuáles se pretende conectar personas de distintas disciplinas profesionales para cooperar y enriquecerse mutuamente con la divulgación de información, el intercambio de información, la búsqueda de solución a problemas comunes, o aportar a solucionar problemas de otros pero dentro del campo de disciplinas afines.

En Ecuador se han formado también los conocidos “círculos de estudio” entre docentes de un mismo circuito y de acuerdo al subnivel educativo al que pertenezcan. La idea de hecho es buena, pero se topa que con el óbice de que el docente debe participar de esta actividad fuera de sus horas laborables, ante lo cual no existe una buena predisposición, por todo el contexto peyorativo que se vive en el campo profesional de la educación.

Los pretextos para no hacer bien las cosas son: ganamos poco, ya cumplimos 30 horas de clase, debemos cargar con un abundante trabajo administrativo, presentar múltiples informes etc. Por lo tanto, no hay tiempo para preparar correctamente los aportes a estos encuentros y así pierden calidad y profundidad. Se cumple lo prescrito por la autoridad pero, falta empoderamiento y entusiasmo. Por lo dicho, veo que no se obtiene los resultados apetecidos. Puesto que, si los aportes no son de calidad, para aprender y progresar o para resolver efectivamente problemas reales y latentes, entonces caemos en la mediocridad y cumplir por cumplir.

Hoy por hoy las redes virtuales de todo tipo ayudan a formar igualmente grupos virtuales, para colaborar a distancia y desde distintas experiencias, tanto educacionales, como culturales e incluso étnicas. Los grupos en la red se han multiplicado por miles y en todo el mundo existe una conectividad en casi todas las áreas de interés humano. En educación existen igualmente muchas, en la zona americana los problemas casi son idénticos, aunque las soluciones no siempre, pues los contextos socioeconómicos, sociofamiliares y culturales difieren.

Por otro lado, el caso de Ecuador, un país que tiene dentro de sí mismo diferentes regiones con marcadas diferencias, a saber: de clima, de modos de producción, de cultura, de economía etc.

 Un grupo humano de jóvenes de una ciudad como Guayaquil con dos y medio millones de habitantes, con clima caluroso, ambiente tropical, desarrollo económico comercial y de industria es muy diferente a la pequeña parroquia de 1.500 habitantes en la que trabajo. Más allá de su ambiente rural, con gente cuyo medio de subsistencia es ser obrero de la construcción para los varones y empleada doméstica para las mujeres y en donde ronda como un fantasma el sueño de la migración.

No abona para que sus pobladores jóvenes pongan en la educación la esperanza de salir de su situación, de hecho, no pocos adultos se expresan que un albañil y más un migrante gana mucho mejor que un docente, por ejemplo.

Ven que el acceso al trabajo luego de salir de la universidad no está garantizado, hay que contar con influencias. Con esa mirada no se inyecta el ideal de la superación por la vía del estudio.

El ambiente descrito genera una forma de ser y actuar de sus niños y jóvenes, por tanto, lo que se necesita debe ser algo similar y cercano, caso contrario las respuestas pueden resultar erradas. De ahí que, las redes de maestros, la colaboración de profesionales, son para el docente de hecho entusiasmante, de no ser, porque la realidad existencial marcada por lo laboral y todo aquello de deviene de ahí, se convierte en un obstáculo, muy pocos o nadie, quiere dar de su tiempo personal o familiar , para un trabajo cooperativo de calidad, noto que lo que se obtiene ahora mismo es de poca monta, en cuanto a rigor académico y calidad de información, pues, lo contrario demanda de un trabajo esforzado, de una investigación de campo, de una inversión de tiempo y quizá de recursos, que el docente de nuestro medio considera que carece.

Finalmente, creo que debemos continuar formando redes, grupos, participar en círculos profesionales. Los que mejor resultados dan son aquellos que lo forman voluntarios, no asalariados, pues su motivación es intelectual, su generosidad es altruista y su pago es intangible. Del trabajo en red dentro del contexto del Ministerio de Educación siempre hay algo bueno que rescatar, aunque poco, y por ello, conviene insistir en el derrotero de la cooperación y aprendizaje mutual.

Manteniéndose lejos a aquellos intereses que suelen aparecen en los grupos humanos al ser cooptados por lo político. Si la actividad se mantiene pura el resultado aunque limitado vale el esfuerzo.

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