OEI | Ciencia | Red | Formación | Contactar |

Inicio | Opinión | Reportajes | Noticias | Entrevistas | Multimedia

Salud | Comunidad

El último macho está en el museo

24 de junio de 2018

Cecilia Draghi NEXTCIENCIA UBA. Hoy son todas hembras y no requieren al sexo opuesto para reproducirse. Se trata del gorgojo conocido científicamente como Naupactus cervinus, que es una plaga de importancia mundial. Ataca frutales y cultivos, así como plantas ornamentales. Investigadoras argentinas reconstruyeron la historia de este insecto que habita el país, y conquistó el planeta.

No se los ve más andar por los lugares que solían frecuentar. Los machos del gorgojo, llamado Naupactus cervinus, desaparecieron. El último es una pieza de museo y fue colectado en la década del 50. Cuando años atrás, desde la Argentina se llevó esta muestra de la colección a Estados Unidos, no podían creer que se tratara de él. Poco y nada se parece a la que fuera su pareja, y hoy no lo necesita más para reproducirse. Actualmente, todas son hembras, y conquistaron el mundo como importantes plagas agrícolas. Una bacteria parece ser la sospechosa de este cambio. La historia de este insecto que no deja de deparar sorpresas es descubierta por investigadoras argentinas, quienes acaban de publicar en PLoS ONE.

“Hoy, N. cervinus es asexual. Se perdieron los machos debido a la alteración de su ecosistema. El que está forma parte de la colección del Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Son fantasmas. Ya no son necesarios para la reproducción”, precisa la doctora en Biología Marcela Rodriguero, desde el Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (IEGEBA UBA-CONICET). Ella, con un equipo de científicas, escribieron la historia evolutiva de este gorgojo que ataca frutales como naranjos y plantas ornamentales, y que, últimamente, cambiaron la alfalfa por la soja, entre otros cultivos.

La historia se remonta al Pleistoceno, período que se extiende desde hace unos dos millones de años hasta unos diez mil años atrás. Ya en ese entonces, existía este insecto que hoy hace temer al campo, porque sus ejércitos femeninos adultos devoran las hojas, mientras que sus larvas carcomen las raíces. “Naupactus cervinus es nativo de la Selva Paranaense (una selva subtropical húmeda en el sureste de Brasil, este de Paraguay y noreste de Argentina); y expandió su rango hacia el sur durante el Pleistoceno a través de los bosques en galería a lo largo de los ríos Paraná y Uruguay, que actuaron como corredores naturales”, describieron Rodriguero, Sonia Wirth, Josefina Alberghina, Analía Lanteri y Viviana Confalonieri en PLoS ONE.

Más tarde, cambios ambientales dejaron a las poblaciones de gorgojos del Delta del Paraná sin conexión con las otras ubicadas más al norte. “Quedaron aislados del resto y se diferenciaron mucho. Cuando las condiciones climáticas lo permitieron, volvieron a la selva dando lugar a una zona de contacto secundario. Muchos de los que hoy están allí son el resultado del cruzamiento entre especímenes de la selva brasileña y los del Delta. Actualmente, todas son hembras que se reproducen sin necesidad del macho, pero tienen en su genoma la huella de un evento de reproducción sexual pasado”, puntualiza Rodriguero, investigadora del CONICET.

Vírgenes al acecho

Biológicamente se conoce como partenogénesis, -del griego parthenos, que significa virgen-, a esta forma de multiplicarse sin sexo, sin requerir la fertilización masculina. Las gorgojas se arreglan solas y eso les da algunas ventajas. “Pueden migrar sin requerir ser acompañadas por un macho, a quien luego por ahí tampoco lo elegirían para aparearse. No pierden tiempo ni energía en el cortejo ni resultan expuestas a predadores naturales durante la cópula. Es decir -resume-, sortean un montón de obstáculos”.

Esta capacidad de tener su prole sin ayuda externa, las hace multiplicarse de modo notable de generación en generación, y les permitiría convertirse en una plaga de temer. “Esta especie hoy colonizó el mundo y soporta condiciones adversas, sobrevive –remarca- en lugares donde no debería hacerlo. Si bien debe haber alguna adaptación que permite la supervivencia en zonas no idóneas para el establecimiento, la partenogénesis colabora en la colonización porque permite que esa característica adaptativa perdure a través del tiempo”.

A estas millones de vírgenes que no alcanzan a medir dos centímetros no todo les sonreiría a futuro. No tener sexo tiene sus desventajas, además de las ya imaginables. “Esto puede ser una trampa sin salida en caso de un cataclismo o desastre ambiental. Si bien, en el corto plazo es bueno, a la larga puede no serlo porque el sexo genera variabilidad. Además, al no reproducirse sexualmente les cuesta deshacerse de mutaciones perjudiciales o deletéreas”, subraya.

Ellas llegaron lejos

La bacteria Wolbachia es conocida por los biólogos por su capacidad para manipular la reproducción de sus hospedadores.

Solas, estas castas plagas llegaron lejos al llevar a cuestas todo lo que necesitan para perdurar, al menos por ahora. Una sola hembra deja una numerosa descendencia, y esta característica -que las hace superpoderosas- al parecer es debido a una bacteria: Wolbachia, conocida por los biólogos por su capacidad para manipular la reproducción de sus hospedadores.

¿Por qué esta especie de gorgojo que se reprodujo sexualmente dejó de hacerlo? “Creemos que Wolbachia participó en la partenogénesis de N. cervinus, pero aún no lo podemos probar concluyentemente, en parte debido a que la bacteria no se puede cultivar, lo que complica la realización de cualquier experimento”, observa la científica, que desde hace años no le pierde pisada a esta bacteria, objeto de su tesis doctoral. “Empecé estudiando Wolbachia, pero el hospedador (N. cervinus) resultó tan interesante como la infección. Y terminé reconstruyendo la historia del gorgojo”, evoca.

Si bien aún desconocen cómo hace la principal sospechosa de llevar al gorgojo a ser solo gorgoja y multiplicarse solita, los estudios muestran que cuando disminuye la densidad de Wolbachia en estos animales, los huevos no logran eclosionar. “Ya los machos no son necesarios para la reproducción, con lo cual la bacteria se vuelve imprescindible. Pues si ésta desaparece, por ejemplo, porque asciende en demasía la temperatura ambiental, estos gorgojos mueren como especie”, señala.

Desde hace años, Rodriguero viene realizando investigación puramente básica en los laboratorios de Exactas UBA; y, en este sentido, ella destaca: “Este conocimiento resulta útil para comprender la historia evolutiva de la biodiversidad de la selva Paranaense, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta, y resulta necesario para la aplicación de políticas de conservación”.

Por ahora, ellas están vivitas y haciendo de las suyas. Con un pasado reconstruido por parte de las científicas, estas diminutas gorgojas no dejan de sorprender.

Palabras clave:

subir

  
Diseño y contenidos por asenmac