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¿Frankenstein académico?

27 de agosto de 2018

Ana Ma. Gurrola Togasi. Escuela Nacional Preparatoria. UNAM. Ciudad de México. Comunidad Educadores Iberoamericanos por la Cultura Científica. IBERCIENCIA
El trabajo colaborativo docente es una actividad compleja, para poder llevarse a cabo es necesario que se esté convencido de que el producto final será mejor si se realiza de forma colaborativa. Se describe la experiencia colaborativa en la creación de programas de Química de la ENP-UNAM.

La Escuela Nacional Preparatoria (ENP), institución en la que trabajo, se encuentra en este momento implementando los nuevos programas de estudio. Su elaboración corrió a cargo de comisiones conformadas por los propios profesores de la ENP, yo participé en las comisiones que elaboraron dos de los cuatro programas de Química.

El proceso inició con la revisión de algunos programas de Química de México e Iberoamérica con la finalidad de conocer las tendencias actuales en la enseñanza de las Ciencias, posteriormente se eligieron los contextos en los que se abordarían los contenidos disciplinares, por ejemplo, los dispositivos móviles, la automedicación y la contaminación ambiental entre otros.

La elaboración de los programas se llevó a cabo mediante la formación de equipos colaborativos más pequeños que se ocuparon de desarrollar cada unidad temática. La metodología de trabajo consistió en búsquedas bibliográficas que sustentarán las propuestas de cada unidad, que se estructuraron colaborativamente en sesiones de trabajo presencial y en línea.

Cada equipo presentó en plenaria su unidad temática, las que fueron analizadas por la comisión con la finalidad de emitir comentarios y propuestas de modificación y mejora. Una vez que las unidades fueron modificadas, se asignaron a un equipo en específico para llevar a cabo una revisión más minuciosa que finalmente ayudó a la conformación de la propuesta final de cada programa.

La experiencia vivida en este proceso de revisión curricular, me ayudó a comprender que colaborar es una de las actividades más complejas a las que me he enfrentado. Los grados académicos, años de antigüedad docente y el acervo de conocimientos en una asignatura no garantizan el logro de resultados dentro de un equipo de trabajo. Para lograr el éxito es necesario que existan algunos requisitos, el primero de todos es estar convencido que el producto final será siempre mejor si se realiza en colaboración, continuando con la capacidad para escuchar lo que los otros tienen que decir y reconocer que sus ideas son valiosas y dignas de ser tomadas en cuenta.

Durante este proceso modifiqué más de una vez mi punto de vista sobre la forma de abordar contenidos que he enseñado desde hace 27 años. Las explicaciones y argumentos de mis compañeros, me convencieron de que existen muchas formas de enseñar y de la necesidad de abrirse a nuevos contenidos. La colaboración me llevó a una re estructuración de mi tarea docente.

Hace unos meses escuche al Dr. Gerardo Gamboa, investigador de la UNAM, decir en una conferencia que la colaboración implica confrontar puntos de vista e ideas, no significa que siempre estemos de acuerdo en todo, pero sí implica tener la capacidad de crear acuerdos y consensos. Colaborar también significa asumir responsabilidades y compromisos con la tarea y el equipo de trabajo, requiere identificarse con los compañeros y defender la autoría compartida del producto final.

Antes de que los programas fueran aceptados, pasaron por la revisión de otros compañeros de la ENP, de escuelas, facultades e institutos de investigación de la UNAM. La mayoría de los comentarios fueron constructivos y orientaron a la comisión para mejorar el programa de estudios, sin embrago, también existieron algunos que descalificaban la propuesta sin dar ninguna orientación de mejora. En este caso, fue muy satisfactorio ver como todos los miembros de la comisión asumieron la autoría del programa de estudios sin importar la unidad que hubieran desarrollado.

Me parece que esta elaboración compartida es una diferencia significativa entre el trabajo colaborativo y el trabajo cooperativo, en este último cada persona del equipo contribuye con una parte de la tarea, pero no contribuye a las aportaciones de otros miembros. El trabajo final, en el mejor de los casos, es una suerte de rompecabezas ya que se obtiene un producto estructurado. En otros muchos casos se crea un “Frankenstein” compuesto por partes inconexas que provienen de las más variadas fuentes. En ambos casos los miembros del equipo no desarrollan habilidades fundamentales para la vida actual como la empatía, el respeto, la tolerancia y la toma de decisiones consensuadas.

Las largas horas de trabajo colaborativo unió a los miembros de las comisiones, se estrecharon los lazos de amistad con los viejos amigos y se crearon nuevos. Ahora que los programas ya han sido aceptados y se están implementando, continuamos funcionando como una comunidad académica a través de las redes sociales que nos permiten comunicar noticias importantes, materiales didácticos, invitaciones a participar en eventos e información personal.

Como equipo de trabajo hemos comprendido que la colaboración puede generar productos académicos más “orgánicos”, mejor integrados y en muchos casos evitar los tan temibles “Frankenstein”

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