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¡Hoy, no estoy viviendo el mañana que me imaginaba ayer!

24 de octubre de 2016

Alida R. Labarca. Maracaibo, estado Zulia Venezuela IBERCIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.
En un mundo tan acelerado como en el que vivimos, el futuro es hoy. Como dice Gordillo (2016), el futuro es “un puzzle con numerosísimas variantes de configuración”, que puede aplicarse no solo a las distintas disciplinas del contexto educativo, sino a todas las áreas del saber; tanto en el ámbito formal como informal.

Cuando yo era una niña, me resultaba casi imposible imaginarme como sería mi vida en el futuro; considerando que vivía en el campo, en una casa en la que cuando se hacía de noche nos alumbrábamos con una lámpara de gasolina y, por supuesto, como es lógico no había televisión, solo la radio (la cual funcionaba con una batería del tamaño de las que usan actualmente los autos). Así que, cuando mucho, lo más lejos que llegaba a imaginarme era el año 2000.

Pasaron los años y nos mudamos a la ciudad, donde tuve mi primer encuentro con los avances científicos y la tecnología, tales como la electricidad y el alumbrado eléctrico. Dejamos de usar la plancha de hierro que se calentaba con carbón para usar la “moderna” plancha eléctrica y, por supuesto, la televisión. No obstante, en la escuela aún la ventilación de las aulas se lograba con grandes ventanales. Después llegarían los ventiladores, que más tarde serían sustituidos por los aparatos acondicionadores de aire que funcionaban con motores reciprocantes o centrífugos. En la actualidad, funcionan con motores más amigables con el ambiente (las llamadas “unidades rotativas”).

Unos pocos años después, la tecnología se fue adueñando de la casa y de la escuela. Ya en el liceo, podíamos usar una balanza analítica en lugar de la balanza simple. Finalmente, llegué a la universidad y todo iba bien hasta que llegué al tercer semestre. Ahí comenzaron mis dificultades, porque para resolver mis exámenes de cálculo o física, usando la famosa Tabla de Allen, no lograba terminarlos en el tiempo estipulado por el profesor, con la consecuente calificación por debajo del límite máximo. Por supuesto, que esa situación no duró mucho tiempo, pues logré adquirir una calculadora de las que llamaban “científica”. ¡Felizmente, logré obtener mi título de licenciada en educación con un buen promedio!

Pero ahí no termina la historia, porque todo docente que se precie de serlo no debe quedarse solo con los conocimientos obtenidos en el pregrado y decidí continuar mi formación académica. Sin embargo, resulta que cuando cursé estadística en el pregrado, hacía las operaciones matemáticas con mi calculadora. Pues ahora, tenía que ver estadística de nuevo, pero a otro nivel y debía hacer todo el procedimiento en un computador; con el agravante de que yo no sabía ni como se encendía. Así que me tocó pedirles a mis hijos que me enseñaran.

Con esto no pretendo contar la historia de mi vida, ni las dificultades que pasé durante mi formación académica, la cual continúa aun estando jubilada, sino evidenciar con un ejemplo concreto que para quienes tenemos más de 40 años, el futuro se ha tardado en llegar, pero las nuevas generaciones crecen a la par que evoluciona la tecnología. Para quienes nacieron en el siglo XXI, el futuro es hoy. Nosotros hemos tenido que aprender en el camino, cuando algunos de ellos hasta son producto del desarrollo de esas tecnologías, por ejemplo cuando el embrión que les dio origen fue concebido in vitro.

Hace 30 años para comunicarnos con alguien, si no teníamos teléfono, debíamos enviar una carta que se podía tardar días, semanas o meses en llegar; según cuán lejos era el lugar de destino. Hoy, podemos comunicarnos a miles de kilómetros de distancia en tiempo real, gracias a las llamadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

El uso de las TIC, ha facilitado enormemente no solo las comunicaciones, sino que se ha convertido en una excelente aliada como herramienta en los procesos educativos. La aparición, desarrollo y avance de ellas, ha generado nuevas formas, estilos y métodos de enseñanza y aprendizaje; la educación a distancia por ejemplo. Todo esto, gracias a una de las mayores fuentes de información disponible, Internet. No obstante, el reto es cómo aprovechar tanto la una como la otra para que el proceso sea exitoso.

Esa dupla ha llegado a convertirse en “una poderosa herramienta para ayudar a la difusión del conocimiento” (Pérez, 2003) y, por ende de la educación, en tanto que minimiza el tiempo empleado en la búsqueda de la información. Gracias a esa combinación se puede participar en foros, videoconferencias, grupos de discusión y tener acceso a libros, revistas y artículos científicos que, de otra manera, jamás podríamos haber consultado.

Sin duda alguna, la evolución y desarrollo de la ciencia y la tecnología han traído grandes beneficios a la humanidad, pero también es cierto que en el ámbito formal de la educación ha traído algunos inconvenientes de tipo ético. Por eso, es realmente importante, involucrar a todos los actores del proceso en el fomento y desarrollo de los valores, así como adaptar las estrategias de evaluación a las exigencias del método didáctico; porque, en educación “la clave ya no será la cantidad de conocimientos adquiridos sino aprender cómo usarlos” (Rivera, 1999).

Para concluir, quiero aclarar que cuando digo “hoy no estoy viviendo el mañana que me imaginaba ayer”, es porque algunos años antes de jubilarme me visualizaba metida en mi propio taller de diseño, elaborando vestidos exclusivos para mí. En su lugar, en mi lucha por tener un ambiente más sano y a la sustentabilidad de los recursos de la naturaleza, actualmente transformo materiales de desecho en objetos de provecho contribuyendo así a alargar su vida útil. Además, cada tanto me pongo delante del computador a escribir artículos como éste y, mientras espero que lleguen las observaciones de un proyecto de investigación que tengo en proceso, reviso las asignaciones de un grupo de estudiantes que atiendo en un diplomado a distancia.

El mensaje es que no hay edad límite para aprender. Una vez que comienza, el proceso de aprendizaje no termina nunca y debemos aprovechar todos los recursos que tengamos a la mano para facilitar el proceso.

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