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La Biorriqueza: hacia un modelo sostenible

15 de octubre de 2016

Álvaro Restrepo. IBERDIVULGA. La sostenibilidad es uno de los puntos esenciales tratados desde el área de ciencia de la OEI. El desarrollo de sistemas de innovación sostenibles es una cuestión trascendental para el ámbito iberoamericano, y su aplicación en el aula se convierte en una necesidad. Es así que se ha buscado tanto su introducción el aula como el fomento de la discusión alrededor del mismo. Por lo anterior, esta emisión constituye una herramienta perfecta para dicho fin.

La serie el ladrón de cerebros, es una iniciativa del Ministerio Coordinador del Conocimiento y Talento Humano del Ecuador, que busca difundir los avances científicos en este país. La importante iniciativa que constituye el programa conducido por el divulgador Pere Estupinyà enriquece la labor investigativa en el espacio iberoamericano. Las propuestas allí presentadas son innovadoras y responden a las necesidades locales y nacionales. Asimismo, presentan la compatibilidad entre las culturas ancestrales y la cultura científica, siendo su interacción una fuente de riqueza nacional, no solo económica también social y de conocimientos.

En este sentido, es un dialogo de saberes que busca aportar al bienestar de la población por medio de la innovación. Constituye, en cierta forma, una visión CTS+I. Ello se ve reflejado en el capítulo biorriqueza (capítulo 2) en el que se encuentran varias propuestas de desarrollo, entre estas la bioprospección, que se refiere a la exploración de la naturaleza en busca de organismos y sustancias con posibles usos para el beneficio del ser humano. Varios científicos ecuatorianos exponen sus proyectos y la manera en que contribuyen al mejoramiento de la vida de las personas. Así, hallamos investigadores tales como Javier Carvajal, microbiólogo y maestro cervecero; Vladimir Morocho y José Miguel Andrade Morocho, investigadores de plantas medicinales y hongos empleados por la comunidad de los Saraguros; y Valeria Ochoa, ingeniera química ambiental.

El capítulo muestra, de forma apasionante, los aportes increíbles de un país iberoamericano al mundo. Encontramos por ejemplo una biorrefineria capaz de descomponer la tagua, conocida como el marfil vegetal. Con unas 300 a 400 toneladas de residuos de tagua producidas mensualmente en las actividades industriales, la propuesta es sumamente útil. Se trata de la formación de combustible a partir de biomasa residual y no destinada a alimentos, a través del uso de microorganismos. Es un paso gigante para pasar a una economía post-petrolera sin afectar los recursos alimentarios.

Enseguida, se hallan los esfuerzos por la protección y análisis de las plantas utilizadas por los pueblos indígenas en el Ecuador para evitar la biopiratería. Ello va de la mano de un modelo de economía social, el cual permite retribuir a la comunidad e investigadores su compromiso y esfuerzos. Es una propuesta importante si se considera que el Ecuador posee más de 5000 plantas consideradas útiles, de las cuales el 60 por ciento son medicinales. Por último, vemos los esfuerzos por lograr la biorremedación en la que se pretende utilizar agentes biológicos (bacterias, plantas, encimas) para transformar contaminantes que pueden ser perjudiciales o tóxicos para el medio ambiente en productos benignos. Tal es el caso de derramamientos de petróleo, que pueden ser remediados por medio de la intervención bacteriana. En este sentido, el programa nos lleva más allá de lo normal y nos muestra que los límites de la ciencia residen en los límites del pensamiento humano.

 

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