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La Ciudad: un espacio de aprendizaje interdisciplinario

29 de abril de 2016

Sandra Bibiana Villa Vargas. Bogotá, Colombia. IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
La complejidad de los problemas contemporáneos y las necesidades del sistema educativo develan la importancia de anexionar los diferentes saberes de la escuela mediante la utilización de ambientes de aprendizaje que promuevan la interdisciplinariedad y permitan hacer un uso eficiente y contextualizado del conocimiento.

Las actuales condiciones sociales han llevado a niños y jóvenes a experimentar nuevos escenarios de aprendizajes sociales, ambientales, culturales y tecnológicos. En muchas ocasiones el papel de la escuela queda relegado frente a las necesidades educativas contemporáneas; vivimos en el afán de llenar el cerebro de nuestros niños de información, más que de conocimiento y segmentamos el currículo en un buen número de asignaturas, siendo esto contradictorio con el actual mundo globalizado que exige el desarrollo de conocimientos interdisciplinarios.

Es por lo anterior, que las grandes transformaciones de la educación en los últimos años, suponen el establecimiento de nuevas modalidades y estrategias de formación y socialización, que le confieren a la Pedagogía un claro sentido social que rebasa los escenarios escolares, dirigiéndose a la atención de problemas asociados con la exclusión, los conflictos socio-educativos y el desarrollo humano de los sujetos y las comunidades, en escenarios que no son necesariamente escolares. (Duarte, 2003)

Se trata entonces de abrir la puerta a nuevos escenarios de aprendizaje que fomenten la interdisciplinariedad y motiven en los estudiantes el deseo por aprender, por conocer, por hacer parte de su proceso de aprendizaje y sentirse parte de él, es decir; contextualizar el conocimiento y enseñar para la vida.

Los ambientes de aprendizajes informales y formales cobran vida cuando existe un propósito y un uso consciente por parte de los estudiantes en los mismos. El ambiente común en el que converge la escuela y  la familia es la ciudad, y está cuenta con gran número de escenarios de aprendizaje, representados en centros interactivos, humedales, museos, bibliotecas, bioparques, patrimonio histórico y centros económicos entre otros. La ciudad despliega nuevos saberes para todos aquellos que la habitan; se aprende de la ciudad, en la ciudad y con la ciudad. Ella misma constituye un factor decisivo de la irrigación del conocimiento en las sociedades contemporáneas” (Rodríguez, 1999)

La ciudad constituye un importante escenario de aprendizaje, no de tipo formal, como el que puede surgir en aquellas instituciones especializadas para tal fin, como es el caso de los museos; tal vez, lo relevante en muchas ocasiones es lo que no puede ser percibido de manera directa, en este caso; se trata del conocimiento informal, aquel que surge a partir de la observación cotidiana, de la cantera que ha consumido la mitad de la montaña, de la quebrada que lleva consigo las evidencias de una civilización con escasa cultura ambiental, o el hombre que de manera descontrolada usa el pito de su carro, estas y muchas otras situaciones que ocurren en la ciudad se convierten en interesantes y valiosas herramientas de apoyo en la construcción del conocimiento científico, histórico, social, habilidades comunicativas y múltiples saberes que generalmente son segmentados en el aula.

Así mismo, los museos permiten apropiarse de conocimientos disciplinarios, que son complementados a través de los procesos de interacción del estudiante con sus pares, su familia, los funcionarios que acompañan su proceso pedagógico y todo aquello que subyace como resultado de dicha actividad y que enriquece de manera significativa el quehacer pedagógico.

Visto de esta forma, resulta claro; que los conceptos científicos surgen en las aulas pero no para perecer en ellas, sino para buscar una aplicabilidad en la ciudad, para plantearse nuevos interrogantes y reaccionar de manera crítica como ciudadanos en su contexto social, ambiental, político y económico.

Es de reconocer, que la conceptualización de los ambientes educativos desde la interdisciplinariedad, enriquece y hace más complejas las interpretaciones que sobre el tema puedan construirse, abre posibilidades cautivantes de estudio, aporta nuevas unidades de análisis para el tratamiento de problemas escolares y sobre todo, ofrece un marco conceptual con el cual comprender mejor el fenómeno educativo, y de ahí poder intervenirlos con mayor pertinencia. (Duarte, 2003)

Para los estudiantes, ir a la ciudad implica; aprender de su cultura, comportarse como ciudadano, reconocer el impacto ambiental, comunicarse, utilizar el GPS, descubrir el legado histórico, emplear los medios de transporte, observar la desigualdad social …. Es una oportunidad de ser libre para aprender aquello que resulta más significativo y de adquirir aquellos conocimientos y competencias que el sistema educativo propone.

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