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La ciencia se aprende, se enseña y se hereda

20 de marzo de 2016

Nicolás Loizaga de Castro. Resistencia, Chaco, Argentina.
IBERCIENCIA: Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
La ciencia es “un artefacto cultural” que se ha generado y se genera en aquellas culturas que valoran el conocimiento científico como un elemento cultural importante. La ciencia se aprende, se enseña y se hereda. Pero, para que haya ciencia necesitamos científicos; una comunidad de científicos generadores de nuevos conocimientos científicos y conectados con las sociedades en las que viven.

Entender la educación como una acción intencional de transmisión cultural implica que el docente debe estar dispuesto a reconocer y valorar su propia cultura y la gran diversidad de culturas que están presentes hoy, en el siglo XXI. La transmisión cultural del curriculum exige del docente saberes disciplinares, saberes pedagógicos y saberes didácticos que posibilitan: la transmisión de un conocimiento o un saber, el desarrollo de una capacidad, corregir y apuntalar una habilidad, guiar una práctica.

En este sentido, el curriculum de ciencias propone un amplio abanico de conocimientos y saberes para ser enseñados y aprendidos. Pero, muchas veces, el docente no cuenta con los recursos necesarios (tiempo, espacios físicos, espacios institucionales, entre otros) y en la vorágine que implica cumplir con el programa de estudio, evaluar y calificar se pierde de vista la meta: transmitir cultura. La ciencia es parte de la cultura en las sociedades que así han ido configurando su acervo dándole un espacio. El primer espacio ganado por la ciencia es haber logrado estar incluida en el curriculum. Pero, no basta con enseñarla. También, hay que tratar de despertar la curiosidad por la ciencia en los educandos que podría derivar en una vocación científica.

El club de ciencias es ese espacio físico e institucional que posibilita al docente ir más allá del curriculum, en el sentido que no debe seguir un programa estricto y prescripto. Juntos, docente y educandos que participan en un club de ciencias pueden volcarse a la tarea de diseñar y aplicar investigaciones que pueden estar relacionadas con “la ciencia pura” o “la ciencia aplicada”, que pueden surgir de los mismos intereses que plantean los educandos, o pueden generarse a partir de problemáticas sociales, ambientales, culturales que atraviesan la escuela y provocan pensar una respuesta para lograr una solución, o al menos, para comprender por qué esa problemática se ha instalado.

Sí. El club de ciencias es ese espacio democrático donde se puede aprender, enseñar y heredar la ciencia las nuevas generaciones. Implica un desafío, también, porque no es un espacio validado por la curricula, sino que está configurado como “espacio extracurricular” para los educandos, y ad honorem para el docente asesor. Al menos, así se lo implementa en la jurisdicción donde me desempeño como docente. Pero, seguramente en otras jurisdicciones los clubes de ciencia son espacios curriculares alternativos para los educandos y las horas de dedicación del docente están rentadas. Esta particular situación hace más valorable aún la vocación de enseñar ciencia por parte del docente que se hace cargo de un trabajo no rentado, y la vocación científica de los estudiantes que participan en forma voluntaria de las actividades propuestas en el club.

Finalmente, podemos decir entonces que al participar de un espacio alternativo, no rentado, estamos enseñando la cultura del esfuerzo, del trabajo; la cultura de dedicarse a hacer actividades constructivas y positivas porque nos mueve la vocación por la ciencia y no el interés económico o la obligación del curriculum prescripto.

 

Comunidad de Educadores para la Cultura Científica

La comunidad es un espacio gratuito a la que os invitamos a uniros.

   

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