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La evaluación también es aprendizaje

1ro de diciembre de 2018

Ernesto Ezequiel Angulo Julio. Panamá, República de Panamá. IBERCIENCIA Comunidad de educadores para la cultura científica
Un verdadero sistema de evaluación debe estar enfocado al aprendizaje de los estudiantes y no a su castigo.

Tradicionalmente los exámenes se convierten en fuente de estrés para los estudiantes. Se toma como una herramienta para probar al estudiante si “aprendió” o no. Sin embargo, la mayoría de los exámenes consisten en una serie de preguntas que lo que realmente prueban es si los estudiantes lograron memorizar conceptos y procedimientos sin determinar si realmente logran aplicar dichos conceptos para solucionar situaciones de la vida real.

En el primer aspecto relacionado con el estrés, los exámenes se convierten en instrumentos inquisitivos que buscan demostrar si los estudiantes hicieron su trabajo, memorizaron y si aprendieron `procesos o no. Si vamos a la base del aprendizaje significativo y para la vida, lo que deberíamos buscar es realizar evaluaciones que nos permitan averiguar si los estudiantes son capaces de aplicar lo aprendido a situaciones de la vida real. En lugar de preguntas que busquen la repetición de los conceptos aprendidos, en ocasiones hasta textualmente, se debería trabajar con casos reales o simulados que permita la solución a situaciones de la vida real. En lugar de cuestionar conceptos adquiridos deben permitir el uso de aprendizajes anteriores que junto con los nuevos aprendizajes puedan aplicarse a procesos de la vida cotidiana.

En la vida real podemos referirnos a libros, Internet, consulta a compañeros y tantas otras alternativas que nos permiten acumular la información necesaria para resolver situaciones. Entonces por qué razón debemos someter a los estudiantes a una mera repetición de conceptos que nos deja ver si memorizaron los contenidos pero no nos permite evaluar si los saben aplicar efectivamente para la vida y en beneficio de la sociedad que al final es el propósito de la educación.

El propósito de la educación es preparar ciudadanos democráticos, participativos y útiles a la sociedad, pues entonces debemos preparar evaluaciones que permitan a los estudiantes aplicar sus aprendizajes resolviendo situaciones reales o simuladas que bien podrían ser reales para darles la oportunidad de aplicar lo aprendido en la solución de situaciones que pudieran aparecer en su vida o la de otros.

La educación no solo se recibe en el aula de una institución educativa. Estamos aprendiendo a diario en cada cosa que hacemos. Por ende tenemos que acercar la educación llamada formal a las situaciones de la vida real integrando el entorno a los contenidos académicos de las distintas materias. No podemos aislar los contenidos del medio en el que se desenvuelven nuestros estudiantes. Debemos integrarlos y hacer que los contenidos aprendidos se conecten con el diario vivir y las situaciones que nos afectan para buscar soluciones efectivas que impulsen el desarrollo de nuestra sociedad.

Otro elemento que podemos integrar al tema de las evaluaciones es el de la interdisciplinariedad. ¿Por qué no desarrollar proyectos que integren varias asignaturas – si no todas – para que los estudiantes puedan aplicar aprendizajes combinados? Al final de cuentas la vida no está segmentada. No es un aula de clases que tiene horario separado para cada materia. La vida nos presenta situaciones que requieren de todos nuestros conocimientos, además de pensamiento crítico, capacidad de análisis, discriminación de hechos y otros que no pueden medirse en un examen a no ser que se detallen proyectos y situaciones que requieran un análisis integral con el fin de buscar soluciones integrales a las situaciones o casos propuestos.

Tenemos que desarrollar un sistema educativo capaz de preparar ciudadanos listos para trabajar en pro de un desarrollo social sostenido, preocupado por los problemas sociales y sensibilizado hacia una mejora constante de la sociedad en la que vive. Esto solo puede lograrse variando los sistemas de evaluación por aquellos que garanticen la puesta en práctica de lo aprendido aunado a los valores, principios éticos y responsabilidad social que debe ser estandarte de todo ciudadano útil.

Dado que la vida no se circunscribe a ir a un puesto de trabajo de poner en práctica los conceptos académicos adquiridos, si no que involucra la interacción de cada individuo con su entorno incluyendo su vida como individuo, vida familiar, y la social, pues entonces tenemos que integrar todos estos conceptos en el principio de formación integral. Sin embargo, esta formación integral tiene que ser funcional y no solo un concepto retórico del sistema educativo. Por ende, hay que ponerlo en práctica y hacerlo efectivo poniendo a los estudiantes a trabajar en pro de su entorno solucionando situaciones que contemplen la suma de todas las áreas de aprendizaje académico (ciencias, matemática, humanística y comercial) así como los conceptos humanos, éticos y de valores antes mencionados.

Tengamos siempre presente que el actuar humano es uno y en constante transformación moldeado por las experiencias adquiridas en su día a día y en la aplicación de sus conocimientos a esas situaciones.

Busquemos entonces integrar al sistema educativo a ese vivir real y más aún, desarrollar un sistema de evaluación que le permita al estudiante, más que ser juzgado, darse cuenta de sus debilidades, rectificar, reconocer sus fortalezas, y lo más importante, identificar para sobreponerse a sus debilidades.

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