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La evaluación, un camino de reflexión constante

23 de octubre de 2018

Ana Ma. Gurrola Togasi. Comunidad de Educadores Iberoamericanos por la Cultura Científica. IBERCIENCIA. Escuela Nacional Preparatoria. UNAM. Ciudad de México
La evaluación tradicional se basa principalmente en la medición de conocimientos teóricos a través de exámenes abiertos o cerrados, dejando de lado aspectos cualitativos. Existen instrumentos de evaluación cualitativos que ayudan a los estudiantes y a profesores a reflexionar sobre su desempeño y a tomar medidas para mejorar.

La evaluación es uno de los temas más espinosos de la tarea docente, hay quienes insisten que debe ser una actividad totalmente despersonalizada e inclusive anónima. Esta postura se limita al simple hecho matemático de calcular un promedio sin tener en cuenta quién es el alumno y como ha sido su desempeño a lo largo de un ciclo escolar.

Este tipo de evaluación, que por cierto es muy común en las escuelas de todos los niveles, suele aplicarse al final del periodo o ciclo escolar, razón por la que no proporciona la oportunidad al estudiante de identificar lo que ya ha aprendido, en qué nivel de competencia se encuentra y lo que tiene que hacer para mejorar su aprendizaje.

La evaluación debe ser ante todo un elemento integrado al proceso de enseñanza aprendizaje, debe guiar al estudiante y al profesor sobre las acciones a seguir para mejorar. Mediante la evaluación de nuestros alumnos los profesores podemos identificar si las estrategias didácticas diseñadas por nosotros son las más adecuadas para el aprendizaje de ciertos contenidos y realizar las adecuaciones convenientes.

Los instrumentos de evaluación deben sobrepasar el examen de conocimientos, ya sea abierto o cerrado, incluir instrumentos cualitativos que evalúen otro tipo de competencias y habilidades como el trabajo colaborativo, la expresión oral y escrita de ideas, la creatividad, el esmero en el desarrollo de una tarea y la comprensión lectora, entre otras.

La evaluación está íntimamente ligada al estilo de enseñanza de cada profesor, si tenemos una concepción tradicional y enciclopédica de la enseñanza, seguramente diseñaremos exámenes de conocimientos lo más extensos y exhaustivos posible. Nos preocuparemos por no omitir uno sólo de los contenidos del programa de estudios de la asignatura, haremos preguntas sobre datos exactos, diagramas de pasos en un orden específico y ejercicios numéricos que sólo acepten una respuesta.

Por otro lado, si consideramos que la educación en un proceso de construcción de significados, de desarrollo de habilidades para toda la vida y no sólo la adquisición de contenidos conceptuales, usaremos otro tipo de instrumentos de evaluación como las guías de observación en el desarrollo de un proyecto, una rúbrica para evaluar una exposición oral, un portafolio de actividades para cerrar un tema del programa de estudios o preguntas de autoevaluación del alumno.

Me parece pertinente preguntarnos ¿por qué los profesores siguen usando estrategias e instrumentos tradicionales de evaluación? Creo que la respuesta es multifactorial, un factor importante es la precarización del trabajo docente. Los profesores se ven en la necesidad de trabajar en varias instituciones educativas, atendiendo muchos grupos numerosos. Indudablemente que esta situación ocasiona que el docente aplique exámenes de opción múltiple que son relativamente fáciles y rápidos de calificar, de manera que pueda cumplir con la entrega de calificaciones en tiempo y forma.

La falta de una formación y actualización docente adecuadas es otro factor que influye en las estrategias de evaluación del aprendizaje. Los profesores necesitan conocer los procedimientos para diseñar y aplicar instrumentos de evaluación diferentes al examen de conocimientos, ampliar sus horizontes sobre los aspectos que son susceptibles de evaluar y que retroalimentan al estudiante para el desarrollo y consolidación de habilidades para la vida como es el trabajo colaborativo, el acceso, búsqueda y manejo de información y la elaboración de diversos productos académicos basados en TIC como los organizadores gráficos, infografías e historietas.

Es importante mencionar que algunos estudiantes se resisten a ser evaluados de formas diferentes al examen de conocimientos. La coevaluación y la autoevaluación son formas que no siempre les agradan, en el primer caso consideran que sus compañeros no tienen las capacidades para evaluarlos adecuadamente, mientras que en el segundo caso no han desarrollado las habilidades para analizar sus estrategias de aprendizaje y establecer relación entre estas y los resultados obtenidos.

Algunos de mis estudiantes no entienden por qué en clase de química evalúo sus estrategias de estudio, su actitud en clase, su disposición al trabajo colaborativo, el esmero en la realización de una tarea o la organización de los miembros del equipo durante una exposición oral. Desde su punto de vista, lo importante es que aprendan sobre la estructura de la materia y la nomenclatura química, sólo por poner un ejemplo.

A lo largo de los años he encontrado una fuerte oposición a reflexionar, a pensar sobre lo que hacen y establecer responsabilidades sobre su propio aprendizaje. Los resultados negativos se pueden deber a un apagón, el retraso del transporte público, el divorcio de sus padres o la mala voluntad del profesor; pero pocas veces reflexionan sobre sus estrategias de organización del tiempo o de estudio.

Uno de los objetivos de mi trabajo docente es ayudar a los estudiantes a ser reflexivos, autónomos y a no evadir las consecuencias de sus actos. Yo vivo en México y si bien es cierto que los mexicanos tenemos rasgos de carácter positivos como la solidaridad, demostrada de manera particular en los sismos, también tenemos problemas para organizarnos y cumplir en tiempo y forma con nuestras responsabilidades.

No es raro encontrar filas enormes de autos en los centros de verificación vehicular la última semana, mientras que al inicio de cada periodo no hay afluencia.

La autoevaluación basada en evidencias demostradas, es una poderosa arma para favorecer la reflexión, el establecimiento de metas y de estrategias para alcanzarlas. Los jóvenes que analizan objetivamente su desempeño e identifican aquello que debe mejorarse, suelen ser exitosos en la vida y no sólo en el ámbito académico.

La evaluación debiera ser más un camino de reflexión constante, que un balance numérico para promovernos al siguiente nivel escolar.

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