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La humanidad que viene

11 de julio de 2018

Por María del Rosario Vidal. Concordia (E.R.) – República Argentina. Centro Formación Profesional N° 2 sobre el Foro Iberoamericano de Ingeniería y Sociedad Digital.
Pensar en la sociedad de la información, o en una aldea global, no representaría novedad conceptual en el ámbito de estudios universitarios. Sin embargo, el empoderamiento desde la virtualidad, el dominio sobre las redes de datos, y el desplazamiento del ser humano por ser humano y no robot, mantienen el debate siempre vigente.

El foro Ingeniería y Sociedad Digital, se ha ofrecido como un espacio iberoamericano de estudio, que permite trazar redes de trabajo e intercambios, producir interrogantes y reflexiones sobre la realidad social impactada por la transformación digital, la divulgación científica, la democratización del conocimiento, el compromiso ético en la producción de tecnología y la promoción del género humano, anticipando escenarios posibles, conceptualizando riesgos y roles emergentes.

La hipótesis de los tres entornos propuesta por el Investigador Jorge Echeverría puede aportar una línea de entendimiento respecto a las modificaciones producidas por el advenimiento de la tecnología en la vida de las personas: su plano individual, físico, biológico; el ambiente o entorno que se habita; el mundo virtual del que se participa. Representa un entramado que da sentido a las acciones mediadas tecnológicamente, con mayor o menor conciencia de sus consecuencias y efectos colaterales.

Javier Echeverría recorre someramente la historia de internet en América Latina, sería muy interesante analizar en paralelo la conducta social de los usuarios de las redes en esa evolución. La tecno-servidumbre definida por Echeverría, resulta -sin dudas-de una construcción colectiva que toma sentido y se refuerza en el uno a uno que va sumando a la comunidad. Sin embargo, creo que la participación fue inconsciente hace unas décadas, cuando los primeros usuarios se constituían partícipes necesarios, y aún hoy lo sigue siendo: se desconoce el poder que se otorga.

La naturaleza racional del ser humano lo lleva a hacerse preguntas al respecto, pero ello no alcanza para la concientización y mucho menos para asumir una resistencia, porque todas las ocupaciones económicas, tecnológicas o sociales de las personas le exigen una identidad tecno a diario. Ese individuo conserva el impulso vital mientras tenga acceso al propio registro – digital o no-de usuarios y claves de acceso web. ¿Cómo nutrir la reflexión y el pensamiento que preserva el real sentido de la vida si hasta los afectos están involucrados?

La preponderancia de la inmediatez y el sostenimiento del status quo socialmente irresponsable, son factores que solo se pueden atender con un acompañamiento cultural coherente con los valores humanos a fin de influenciar en las trayectorias de vida. En este sentido, el concepto de lo público no empieza en la nube, el cuidado de lo público tampoco, todo empieza en la vida real y ello representa una oportunidad. ¿Es posible alinear las buenas costumbres con la tecno-ética? Sabemos que la responsabilidad social es equitativa: ¿Dónde empieza la de los intelectuales, la de los técnicos e ingenieros que están en el ojo de la tormenta? La reconstrucción del sistema de valores humanos, pregonado ciertamente sin tregua pero aún disperso y servil en el accionar, es una visión de futuro que hay que trabajar como contrapunto a la alienación en las sociedades digitales. De igual manera que como empezó esta realidad virtual que nos ocupa: uno a uno y de persona a subsistema.

El poder otorgado – constituido en fortaleza de los “señores del aire”-se instala en un recovo muy lejano de la imaginación del usuario común. En América Latina, el accionar tecno­educativo transita principalmente por la provisión de equipamiento tecnológico (pretendiendo atender con ello las múltiples pobrezas sociopolíticamente generadas), la comprensión de la inteligencia distribuida y sus implicancias en los diferentes aspectos del desarrollo económico entre otras líneas; la sumisión como decisión personal a través de un “aceptar” aún no está en la agenda, tampoco el análisis del contrato digital que se valida. La responsabilidad social como temática abordada, tiene mayor visibilidad en el cuidado del ambiente y el empleo de tecnologías sustentables, bastante lejos se está de problematizar el republicanismo y la democracia en la nube como gestión de soberanía. Aún así, solo se trata de una opinión, y en todo caso no pretende ser categórica sino más bien una lectura respecto a los puntos de partida.

Una sociedad virtual formada por identidades digitales, sistemas autómatas y tecno­personas artísticamente dominantes, confronta la supervivencia del género humano como lo conocemos. Todas las actividades vinculadas con la producción de los entornos que lo hacen posible quedan expuestas a la observación y reconocimiento de la comunidad científico-social en función del interés y avance que proponen sobre las tecno-masas. El hacer, resolver, implementar, descifrar, controlar, crear, fabricar, realizar, entre muchas otras actividades colocan a las ingenierías en situación de ser interpeladas desde un reclamo de sustentabilidad.

Como realidad compleja, requiere múltiples instrumentos de atención estratégica a corto plazo, pues como lo ilustra el mismo desarrollo histórico de la world wide web, la variable ya no es el tiempo sino la velocidad. Los territorios ocupados en alfabetizar digitalmente a la población probablemente serán alcanzados por las nuevas urgencias sin tener real conocimiento de la virtualidad que los domina. La transformación social y comunicacional, puede complejizar aún más las condiciones de exclusión si no se asumen compromisos y acciones. La formación profesional tiene un rol preponderante desde esta perspectiva: la definición de capacidades y desarrollo de competencias que permitan flexibilizar el desempeño y cualificar el trabajo en función de la diversidad que hace al trabajador no automatizable.

Ha sido un gusto escuchar las conferencias y mesa redonda, como participar con este humilde aporte.

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